martes, 28 de mayo de 2013

De Silvios Rodríguez, papeles manchados y abstinencias sexuales






Afronto el día harto de falsos poetas. Hace tiempo que supe desterrar de mis pensamientos y mi vida a los falsos profetas, pero hoy ha llegado el momento de empezar a desenmascarar a los falsos poetas. Me pongo demasiado intenso y decido masturbarme. Sólo para que se me pase el disgusto...


Abro el facebook y veo mi muro infectado de frases pseudopaulocoelhistas (por llamarlas de alguna manera) y de aspirantes a poner un anuncio en los periódicos que diga “Método infalible para mejorar su vida y para que todo le vaya bien. Pregúnteme cómo, tengo todas las respuestas. Y si no las encontramos, miramos en mi facebook”. Y ya que estoy en el facebook, me relajo un poco, miro tus fotos y decido masturbarme. Sólo para emplear el tiempo...


Escribo cartas de amor por dinero. Soy así de sucio. Vendo un sentimiento a cambio de unas monedas que me permitan comer y seguir dedicándome a mis vicios. Pienso que masturbarme sigue siendo gratis y decido hacerlo. Sólo por aprovechar la oferta...


Como por placer, pero cuando tengo que comer por la única razón de alimentarme, se convierte en un trámite pesado y engorroso. En esos momentos sueño con manjares que me motivan y me recuerdan que hay tiempos mejores, en los que comer por placer nubla cualquier almuerzo frugal de compromiso con mi propio cuerpo. Soñar con ciertos placeres me pone cachondo y decido masturbarme. Sólo para aplacar mi excitación...


(Christina Hendricks...)


Enciendo mi televisión. La mantengo encendida casi todo el día y una gran parte de la noche. Pero no veo tele porque está de moda despreciarla. Sólo veo series que bajo de internet. En ellas Betty Draper mata las palomas de su vecino con un rifle y Tony Soprano llora por sus patos huidos. Betty Draper me pone muy bruto, pero me gusta mucho más Joan Holloway, el personaje que interpreta Christina Hendricks. La imagino diciéndome cosas al oído mientras me tomo una copa en el Bada Bing y no me queda otra que masturbarme. Sólo porque es Christina...


Pienso en salir de casa. Descarto la idea porque temo encontrarme en medio de alguna conversación extraña en la que no tenga ganas de aportar nada porque no posea nivel suficiente para hacerlo. Como la vez que tuve que discutir contigo sobre el sentido de “Te doy una canción” de Silvio Rodríguez. A ti te parecía una canción preciosa que un poeta como Silvio Rodríguez le canta a su amada. A mí, mientras te miraba las tetas, me parecía una canción que usaban mis amigos en los campamentos para ligar con las chicas. Me susurraste aquello de “Cómo gasto papeles recordándote” al oído con intención de cantármela al oído y te dije que aquellos papeles que se gastan recordando son los kleenex del que se masturba pensando en ti. Te aterraste y tuve que justificar que llevo todo el año en curso sin acostarme con nadie por lo que todo me lleva a la masturbación, tus tetas y los papeles que gasto recordándote...


Me vuelvo a casa apesadumbrado por el tiempo que hace que no me acuesto con nadie y veo el paquete de kleenex encima de la mesa. No me queda otra que masturbarme. 

Sólo por gastar papeles recordando cómo era hacerlo contigo...




B.S.O. I: "Te doy una canción" (Silvio Rodríguez)

B.S.O. II: "Ay poetas" (La Cabra Mecánica)




martes, 21 de mayo de 2013

La increíble y aterradora historia del día que decidió escribir un relato sin utilizar ni un solo adverbio acabado en -MENTE



Decidió escribir algo que no contuviera palabras terminadas en -MENTE.








Le aterraba ver que todas las cartas que le enviaba estaban llenas de -MENTE.

Lo intentó y desterró la MENTE de lo que escribía.

Lo consiguió y acabó escribiendo algo sin MENTE.

Nadie lo entendió y desde entonces, ni escribe, ni tiene MENTE.







Precuela de la historia:

Escribía relatos.

No le importaba lo que escribía, 
sólo lo hacía para conseguir 
que todas se enamoran de él por sus letras.

Buscaba que leyeran sus historias 
para que todas perdieran la MENTE al hacerlo 
y follaran con él.

No lo conseguía.

No tenía suficiente MENTE para hacerlo.









Bonus track de la historia:

Le acabó explotando la MENTE.

(Pero lo hizo sin recurrir a los adverbios terminados en MENTE )









martes, 14 de mayo de 2013

Cuestión de fe



Yo era ateo. 




Yo era ateo. Y no simplemente un ateo sin más, sino un ateo irreverente y beligerante. Mi vida pasó por multitud de etapas donde fui creyente, descreído, pajillero, agnóstico, pecador atormentado, blasfemo... Para acabar siendo ateo convencido. Un ateo irreverente y beligerante.

Yo era ateo hasta que conocí tu boca. Desde aquel día, comencé a ver luz en el universo. 

Yo era ateo hasta el día que tu boca rozó la mía. A partir de ese roce, la luz del sol, las fases de la luna, las mareas, los vientos y toda la naturaleza, cobraron sentido.

Yo era ateo pero conocí tu boca y mi duda es más que razonable desde entonces. 

Yo era ateo pero ahora vivo terriblemente atormentado pensando en la eternidad que no existía antes de aquello. Tu boca es infinita y cuando me besas siento de golpe todo lo que he hecho mal, y busco la redención de tus labios una y otra vez.

Yo era ateo y ahora ya no creo en mí. Devuélveme tu boca y líbrame de este sufrimiento.




Yo era ateo.




B.S.O.: "Tu boca" (Christina Rosenvinge)






miércoles, 8 de mayo de 2013

Respuestas sin preguntas




V se había colado en aquella rueda de prensa. Sin saber bien de qué iba, ni por qué, pero una vez que se acomodó en la silla nadie pareció percatarse de su intromisión. Empezó la rueda de prensa y los medios comenzaron a preguntar por un orden establecido por el moderador que iba señalando con el dedo a personas que habían levantado previamente la mano, y que, tras indicar nombre y medio de comunicación, soltaban el interrogante a la protagonista de todo aquello.

- ¿Se puede decir que este es su proyecto más personal?
- Si. Sin duda estoy un momento clave de mi carrera. Todo lo que me ha pasado en la vida ha hecho que me encontrara en disposición de mostrar al público todo lo que antes estaba guardando. Creo que este nuevo proyecto es más íntimo y maduro, es el más personal, y espero que guste tanto a los que me han seguido siempre como a la gente que no les interesaba previamente y que, espero, ahora pueden encontrar en este trabajo algo diferente que les atraiga.

V se había colado en aquella rueda de prensa porque últimamente, aburrida de pasear por la ciudad sin rumbo, había tomado la muy humana costumbre de acercarse a todos los sitios donde veía que había revuelo, gente acumulada, curiosos. No sabe muy bien cómo se había colado, pero allí estaba, escuchando aquello que no sabía muy bien de qué iba.

- ¿Cree que todo lo que ha pasado en su último año está reflejado en este nuevo trabajo? ¿Cómo afronta su carrera tras los cambios que ha dado su vida estos meses atrás?
- Bien, he indicado previamente que no estábamos aquí para hablar de mi vida privada, perdone. Pero sí, este trabajo es muy personal y, obviamente, está influido por todo lo que pasa en mi vida, y por todo lo que veo a mi alrededor, es inevitable.





V se había colado en aquella rueda de prensa y encontró algo inesperado: Una mesa donde alguien (bastante guapa y amable, por cierto) contestaba cortésmente a todo lo que se le preguntaba, con una sonrisa y con una aparente posesión de la verdad muy curiosa. V pensó que quizás había encontrado el lugar que estaba buscando y las respuestas en aquella rueda de prensa donde se había colado y, superando su enfermiza timidez, se lanzó al vacío y levantó la mano con miedo, dispuesta a preguntar.

- Usted -le indicaron enérgicamente mientras le señalaban con el dedo desde la mesa central.
- ¿Yo?
- Sí, usted, la del suéter violeta.
- Pues mire, quería saber...
- Perdone, sabe usted las reglas ¿Nos dice medio y nombre? Y recuerde que sólo se permite una pregunta por persona, por favor.
- Esto... Medio no tengo... Y mi nombre... Me pueden llamar V.
- ¿Perdone? ¿Usted no debería estar aquí o me lo parece a mí?

Se escuchó un runrún en la sala y V sintió como todo el mundo murmuraba mirándola de reojo. Tuvo miedo del tono de voz de aquella persona que manejaba la rueda de prensa con poder de decir quién y cuándo se puede preguntar. Agachó la cabeza aterrada y pareció emitir un suspiro o una leve disculpa entre dientes mientras comenzaba a agacharse de vuelta a su asiento.

- No se preocupe, haga la pregunta -Intervino la protagonista del acto y su voz amable y la sonrisa que ponía en la distancia parece que daba fuerzas a V para no llegar a asentar su trasero en la silla de vuelta al anonimato y la empujó a recuperar la verticalidad y llenar sus pulmones de aire como paso previo a lanzar la pregunta- Pero, por favor, ¿Cómo te llamas?
- V. Muchas gracias. Me llamo V.
- Encantada V, y la pregunta es...

V se vio en la oportunidad de su vida. Se encontró frente a la posibilidad de obtener todas las respuestas que estaba buscando. O, al menos, poder formular las preguntas. Carraspeó y, sin vencer del todo la timidez pero con un arresto impropio de su personalidad pública, lanzó la pregunta con un pequeño hilo de voz casi inaudible que provocó que tuviera que repetirla por dos veces, con el consiguiente murmullo de los asistentes:

- En una sociedad donde todo está controlado y organizado, ¿Por qué no hay algún sitio donde poder encontrar amigos para mí? ¿No existe ninguna manera o ninguna figura que pueda colmar mi necesidades puntuales de amistad? ¿

Se creó un gran silencio, seguido por alguna risita extemporánea, hasta que el moderador del evento acudió al rescate de la situación.

- Perdone, pero creo que no es el foro adecuado ni lo que nos ha traído aquí hoy preguntas como esas. ¿De verdad está preguntando usted por qué no existen amigos para usted cuando los necesita? ¿Está preguntando si no hay manera de conseguirlos?
- Si, exactamente... No me salían las palabras.
- Bueno, no es el momento...
- Perdona, déjame -interrumpió la protagonista de la rueda de prensa- Si no les importa voy a intentar responder a nuestra querida V.




¿"Nuestra querida V"? ¿Aquella desconocida con tanta atención en torno a ella la estaba llamando “Querida V”?

- ¿Quieres saber si se pueden conseguir o no amigos para ti cuando los necesitas?
- Si.
- Existen, mi querida V, y se llaman acompañantes. Se trata de un servicio generalmente usado más por los hombres que por las mujeres, pero puede buscar un acompañante y pagarlo cuando quieras. Mismamente, en casi cualquier diario encontrarás muchas opciones.
- ¿Por qué no existen personas a las que pueda contar mis penas cuando lo necesite?
Existen, mi querida V, y se llaman psicólogos. Y más baratos que los psicólogos, se llaman barmans.
- ¿Personas que me puedan indicar hacia dónde va mi vida? ¿Para qué estamos aquí?
- Bueno, esa es más compleja, pero en resumen, para lo primero están los orientadores sociolaborales y para lo segundo, curas o consejeros espirituales.


El silencio y el estupor se habían apoderado de todos los presentes en aquella rueda de prensa. Ni siquiera el moderador, seguramente curtido en mil batallas, parecía saber reaccionar ante aquello y su expresión facial parecía más de un fan obnubilado ante V y su presencia, que la de alguien que debe controlar una rueda de prensa.

Se había generado una situación muy cinematográfica en la cual, dos personas a cierta distancia, se miran intensamente, en silencio, ajenas a todo lo que pasa a su alrededor. Y a su alrededor, el silencio fue tornándose en murmullo, luego en algarada, hasta que el moderador reaccionó buscando la siguiente pregunta entre los asistentes. 

Antes de que nadie volviera a levantarse, la protagonista del acto (V no, la interrogada) se excusó diciendo que había sido un placer, pero que le requerían más compromisos y que el acto había terminado. Se levantó del escenario y, sin dejar de mirar a V, salió por un lado de la sala con un gesto casi imperceptible que V interpretó claramente como una invitación a que la siguiera.

En instantes, la escena cambió, y las dos se encontraron en el asiento trasero de un lujoso coche en marcha, con cristales tintados.

- ¿Quieres tomar algo?
- Agua, sólo agua, por favor.
- Pues yo necesito algo más fuerte -dijo ella mientras le acercaba un botellín de agua a V.
- Para mí el agua es lo suficientemente fuerte.
- ¿No bebes?
- No debo.
- ¿No debes?
- No bebo.

El coche marchaba a gran velocidad, aunque V sólo lo intuía por lo rápido que pasaban las cosas tras el cristal ya que la estabilidad y la comodidad de aquella parte de atrás con nevera y totalmente aislada del conductor, no lo indicaban de ninguna manera. No se preguntó nada. No era el momento. No sabía nada y nadie le había dado opción a preguntar. Pegó un trago de la botella que acabó con más de la mitad del agua de un tirón.


- Nadie nos dijo que iba a ser así, ¿Verdad?
- ¿Cuándo?
- Cuando eres pequeña, o luego, no te avisan.
- ¿No te avisan de qué?
- De que todo esto iba a ser así.
- No, no nos avisaron.
- No nos dieron un jodido manual de instrucciones.
- No sabíamos que podríamos llegar a necesitarlo.
- Quizás no. Y quizás no lo hubiéramos leído nunca, pero por lo menos sabríamos hoy que lo tuvimos y no le hicimos caso.
- No nos dieron manual de instrucciones.
- No nos avisaron que esto sería así.


V volvió a pegar un trago al botellín de agua y la acabó. En otras ocasiones pensaría cómo en dos tragos había acabado con ella y eso le haría pensar muchísimas cosas y estaría entretenida con aquel pensamiento un buen rato, pero en aquel momento y en aquellas circunstancias, no sabía si no pensaba porque no podía pensar o si, simplemente, le había desbordado la situación hasta desparramar sus pensamientos. Estaba pensando.


- Tú no sabes quién soy yo, ¿Verdad?
- No -respondió V extrañada.
- Da igual, yo tampoco sé quién eres tú, aunque eso es más lógico.
- ¿Sí?
- Si. Pero no es importante.
- Ya sé que no soy importante.
- No quería decir eso.
- Da igual.
- ¿No vas a preguntarme nada más?
- No.
- Yo nunca he preguntado demasiado. Hasta ahora. Siempre he tenido miedo a las respuestas. 
- Yo tengo miedo a las preguntas y no conozco las respuestas.
- Las respuestas están en las preguntas. Por eso me dan miedo las preguntas.
- ¿Nunca habías querido preguntar por miedo a las respuestas?
- Me acabas de hacer una pregunta...
- Lo siento...
- No te preocupes, me gusta. Me ha gustado mucho lo que has hecho hoy, allí, en la rueda de prensa. Y quiero compartir algo contigo.



Paró el coche y V fue invitada a bajar. Bajó el chófer, que era una chica negra con uniforme y gorra al estilo de Oteliña, aquella que tuvo Cela y que se hizo famosa por un anuncio donde el nobel gallego la instaba a comer porque estaba muy flaca. Puso un papel en la mano izquierda de V y, mirándola a los ojos, le dijo que ahí estaban las respuestas, lo único que debía saber. Que su jefa había sido educada en un modelo de sociedad falocéntrica, como todos, y lejos de considerarlo un problema, lo había convertido en una gran virtud que la ayudó a comprender todo. La falsa Oteliña cerró la mano de V sobre el papel y volvió a subir al coche. En ese momento se bajó el cristal de la ventanilla de atrás:

- Eso es lo único que necesitas saber. No busques respuestas. No te hagas preguntas. No me hagas mucho caso.

El coche arrancó dejando una gran polvareda tras de sí en otra escena puramente cinematográfica. V miró a su alrededor y no reconoció aquel lugar. Pero lo urgente era leer el papel que tenía en su mano izquierda. Una frase, sólo ocho palabras:



V sonrió y tuvo ganas de gritar y preguntar al viento, pero recordó lo de guardarse las respuestas para sí misma y no formular preguntas. Pero a partir de ese día, todo cambió, y V siempre supo que viviría una gran duda en su interior: 

¿Qué hacer si el malo y la chica son la misma persona?

Pero aprendería a vivir con ello...







B.S.O.: "Mata al malo y pilla a la chica" (Siniestro Total)






miércoles, 1 de mayo de 2013

El twitter con el puzzle



La única capacidad que no querría perder nunca, es la de sorprenderme a mí misma. Es fácil de decir, pero es uno de los mayores retos que alguien puede tener. Te puede sorprender el mundo, la gente que te rodea, las circunstancias, el clima, la historia, una obra de arte, el color de sus ojos… Pero eso no vale de nada. 

Nada vale una mierda si no te sorprendes tú. Si tú no eres la mayor sorpresa que puedes encontrar. Día a día. Cuando más tranquila estás, cuando la rutina te llama, no hay más que sorprenderse. Sin buscar la sorpresa, encontrándola.

Probablemente esté diciendo una obviedad, pero si sabes que te vas a sorprender o te montas el equipo y el escenario necesarios para hacerlo, dejes de sorprenderte. 




Por eso no es tan fácil. La sorpresa es un estado emocional resultado de un hecho inesperado. Si busco el hecho, no existe la sorpresa, por mucho que el hecho sea maravilloso e imprevisible. Bajarle las bragas y ver lo que hay sería una sorpresa en el colegio, pero tras muchas bragas bajadas, lo que te puede sorprender es un color extraño del pubis, una depilación estrambótica, o un pene donde no esperabas que hubiera un pene.

Las sorpresas se rigen por mecanismos bastante simples: Si estás de espalda y no ves, ni oyes, ni esperas nada, llega alguien y te sorprende. Si sabes que eres muy guapa no puede sorprenderte que gustes a esa persona. Te puede sorprender que te lo diga, si es muy tímida. Sobre todo si es muda. Pero si eres guapa, lo sabes y no te sorprende que te lo digan. Te sorprendería no gustar o que te dijeran lo fea que eres. Si buscas adrenalina disparando a alguien no te sorprenderá matarlo si apuntas bien. Te sorprenderá, quizás, siendo muy liviana la teoría, lo que sientes al matar a una persona. Pero sólo la primera vez. Una cantidad de sangre inesperada si ya has matado a alguien disparando al mismo sitio y la misma distancia, un retroceso más fuerte de lo normal del arma…


Creé una cuenta de twitter en la que simplemente iba poniendo etapas de la resolución de un puzzle. No es que tuviera una cuenta y fuera haciendo un puzzle, sino que creé una específicamente para ello. Y tuve muchos seguidores. Muchísimos. 

Le conté que el twitter era mío. 
No lo sabía. 
Se sorprendió.

Le hablé de la sorpresa que me había llevado con la reacción. Esperaba que me siguieran, aún sin saberlo (aunque algunos estaban avisados y los necesitaba para ganar más seguidores) los que estaban al corriente y eran cómplices del asunto porque era una cosa diferente y rara.

No sabía qué interés podría despertar, pero lo hice.
Y empezó a llegar gente. Y gente. Y después, más gente…
Y cuando creía que estaba todo lleno, llegó más y más gente.
No paraban de aparecer seguidores sin saber muy bien porqué.
Y eso me sorprendió. 
Mucho.

Pero la verdadera sorpresa me la di yo: ¿Cómo podría sospechar que iba a conseguir seguir adelante durante tanto tiempo con tamaña tontería?

Todos me decían que era una gilipollez, pero me seguían en el invento. Y como ellos, muchísimas personas desconocidas que no sé cómo fueron llegando allí. 




Pasó el tiempo con un crecimiento cada vez más bestia y desmesurado de followers. Ya casi ni era sorpresa ver el número de nuevos adeptos a la causa que aparecía cada día. “El twitter del puzzle” nombraban en televisión como una frikada más del ciberespacio y como reflejo claro de la estupidez (o no) de la raza humana.

Y ahí estuve… Día a día. Una pieza nueva cada día.

Poniendo piezas. Recibiendo apoyos que no sé muy bien para qué. A la gente le apasiona hacerse notar y sentirse partícipe de chorradas extrañas. Fui poniendo una pieza todos los días, regularmente. Sin fallar ninguno.


Nadie sabe que el puzzle estaba hecho y me limitaba a poner las fotos ordenadamente. Nadie lo sabrá jamás. Nadie podrá verlo terminado. Ya no existe.

Y eso no es ninguna sorpresa para mí, pero lo sería para mucha gente.




B.S.O.: Surprise, surprise (The Rolling Stones)



jueves, 25 de abril de 2013

La mujer que mató a Paulo Coelho (Remake con montaje del director y escenas eliminadas)




Introducción a la versión Abril de 2013:
Esta pretende ser una versión ampliada, corregida y aumentada del volumen final ya publicado aquí en Marzo de 2012: El hombre que mató a Paulo Coelho (Capítulo final). A su vez es algo totalmente diferente y que no tiene nada que ver, más allá de la sana costumbre, que nunca perdemos de vista desde el consejo de redacción de cabezadeavestruz, de meternos con el Señor Conejo, Metaforaman o como ustedes tengan a bien llamar al personaje que responde al nombre de Paulo Coelho (O eso dice él).

La historia en este caso se centra en una chica que, al despertar un día de resaca, descubre que su vida sólo tendrá sentido el día que asuma que ella mató a Paulo Coelho. Evidentemente, la historia está basada en hechos ciertos y cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia si no que es totalmente intencionado.



Había escuchado esa frase millones de veces. Aquello de que “Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás”. Cerré los ojos. Metí la cabeza debajo de la almohada y la apreté contra mí con mucha fuerza. No quería salir al mundo, no quería volver a despertar. No quería ser persona con esa frase en mi mente. Necesitaba encontrar alguna cabeza de caballo cortada por mi cama para empezar a sentirme bien y afrontar el día con confianza, lejos del temor a esa frase, aterrada porque acababa de meterme en un pánico sin sentido, que me hará caminar todo el resto de mi vida con miedo a que me persiga, con pavor a que mi nuca sienta su aliento. “Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás”.




No sé por qué, de no encontrar la cabeza de caballo cortada que me hiciera gritar como una histérica, con razón y excusa, para mejorar el día que aún no había tenido poder para empezar, pasé a recordar como las nutrias duermen de la mano por si las corrientes las llevan lejos, para así amanecer y despertar juntas donde quiera que hayan llegado. Hace tiempo descubrí la imagen y el concepto. Me parece hermoso, mágico, tierno y devastadoramente emocionante. Las nutrias se agarran de la mano, duermen, y cuando despiertan siguen juntas, por muy lejos que les haya llevado la corriente. 

Yo no sé nadar, pero una vez lo intenté y salí despavorida de la piscina cuando vi a Paulo Coelho con un gorro de silicona lleno de frases suyas, tirándose en mi misma calle para empezar su chapuzón. No he vuelto a pisar una piscina desde entonces. Sigo atemorizada por aquella imagen y me cago en las bragas sólo de imaginar sacar la cabeza del agua para tomar aire y encontrar frente a mí una de las maravillosas frases del brasileño que me dice cómo tengo que hacer para vivir mejor y más feliz. Prefiero encontrarme con una pareja de nutrias que, aunque muchos no lo crean, es infinitamente más higiénico. Física y moralmente.

Prefiero las nutrias aunque

A mí no me guste dormir rozando a nadie. 
A mí no me guste despertar.
A mí no me guste la coleta de Paulo Coelho.
A mí no me guste encontrarme con gente que adora a Paulo Coelho.
A mí no me guste la gente.
A mí no me guste que me manden powerpoints con fotos de amaneceres, frases de Paulo Coelho y música de Enya.


Pero, sobre todo,
A mí no me gusta Paulo Coelho
LO ODIO


A mí no me interesa sentir que soy imbécil porque no sigo sus consejos para ser más feliz.
A mí no me interesa que diga que el “Ulises” de Joyce hizo mucho mal a la literatura.
A mí no me interesa que siga haciendo daño a la literatura.


Pero, sobre todo,
A mí no me interesa enamorarme de alguien a quién le guste Paulo Coelho.
LO ODIO.



Con la mierda de resaca que llevo, lo peor que puedo hacer es seguir pensando en el metaforaman brasileiro porque así no va a haber quién me haga afrontar el día. Y mucho menos, imaginármelo enamorado de mí, diciendo aquello de “Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás”, corriendo tras de mí, echándome su curativo y filosófico aliento putrefacto en mi nuca. Quiero que mi nuca sea mordida y soplada por brutos personajes que me encuentre en un bar rockero donde nadie tenga el menos interés por leer, y menos al Señor Conejo. Quiero que cuando sienta un aliento en la nuca sea salvaje y sucio, y no lleno de paz espiritual y acento portugués, almibarado con música del Circo del Sol y bellos paisajes naturales pasando diapositiva tras diapositiva. Tiemblo cada vez que veo que alguien le atribuye esa frase.

Tengo que ir a verla de inmediato porque como siga así me voy a follar a cualquiera con tal de que Paulo Coelho se olvide de mí y me deje morir en paz. Necesito verla, para morir en paz, enamorada como una nutria, durmiendo en la corriente, de su mano. Sin ser inmortal porque el cabrón del brasileño se haya empeñado en enseñarme su amor por mí y todo lo bello que hay en el mundo.

Voy a buscarla. A la cosa más bella del mundo...


(Elipsis temporal)


Llego a a verla y me la encuentro mil veces más bella de lo que la recordaba. Sonrío levemente, sin que se me note demasiado. En esa media sonrisa disimulada e inevitable se puede resumir mi vida. Luego ya sonrío sin disimulo con toda la cara y todo mi cuerpo para que ella sea consciente de que me alegro mucho de llegar y verla.

Hola, ¿Cómo estás? Tenía muchas ganas de verte. Estás guapísima. Creo que podría pasarme la vida mirándote sin cansarme. Quien dice la vida entera, dice siempre. Dame la mano por si nos lleva la corriente mientras soñamos y así podremos despertar juntos.

Y me sonrió. 
Y en esa sonrisa forzada me di cuenta de que ella estaba enamorada de Paulo Coelho. De sus libros, de sus citas y aforismos. 
Y aquella media sonrisa disimulada que pongo siempre al encontrarla porque la veo más bella de lo que tenía en mente en la que se puede resumir mi vida, se tornó en mueca sangrienta con deseos de venganza...




Y como esta es una historia que tiene su parte sucia y despreciable (Paulo Coelho) y sus partes bellas y luminosas (la media sonrisa que puede resumir mi vida, las nutrias de la mano durmiendo en la corriente de un río) decidí no enamorarme nunca de ella para no obligarla a vivir siempre. Y como recordé que no soy escritora y no tengo ese poder, me volví a la (Elipsis temporal) y aproveché para sepultar con saña a Paulo Coelho bajo todas las diferentes ediciones de “El Alquimista”, sólo por el placer de escuchar en su agonía una última frase, una última enseñanza, un último soplo de luz vital que me guardaría para mí y no dejaría que contaminara el mundo.

Y con esa media sonrisa que resume mi vida, más la media sonrisa de ver al Señor Conejo sangrando aplastado bajo sus letras, junté una sonrisa entera.

Y me quedó bella. Y me sentí bien. Y me creí nutria.

Y salí a buscar un escritor al que enamorar para no morir nunca...





domingo, 21 de abril de 2013

Terminará el domingo...





Terminará el domingo y yo seguiré esperando la canción que me habías prometido.

No sé hacer canciones.

No hace falta saber. Ponle música a lo que ven tus ojos.


Hice el movimiento de taparme los ojos con las manos y sonreí. Cuando volví a la normalidad y recuperé la visión, ella ya no estaba allí. Me asusté. Me asusté como hacía mucho tiempo que no me asustaba. Me asusté y me sentí estúpida por estar siempre jodiendo las cosas con mis bromas. Y estuve asustada hasta que sentí sus labios en mi espalda.




¿Por qué no me quiere más?

Te quiero más de lo que podemos soportar las dos.

Yo puedo soportar todo. Hasta el peso de tus tetas.

Yo no puedo soportar que bromees con mis tetas cuando estás echándome en cara que va a terminar el domingo y sigues esperando la canción que dices que te había prometido.

Me lo habías prometido.

Me confundes con otra.

Nunca.


Lloré de impotencia porque sabía que me estaba mintiendo. Lloré esperando que terminara el domingo y que se olvidara de todo aquello. Lloré porque no creo en las canciones. Lloré porque no creo en la poesía. Lloré porque tengo motivos de sobra para haber perdido la fe. 


No creo en la poesía ni en las canciones.

¿Por qué? Eso es muy duro. Tú no eres así.

Tú no sabes como soy.

Te quiero y eso implica saber cómo eres.

Te gustan mis tetas y eso implica creer que me quieres y que sabes cómo soy.

Eres una cínica.

Tengo mis motivos.

Dime alguno.

Podría enumerártelos pero llegaríamos al domingo que viene.

Dime dos o tres.


Recordé cómo un día le pregunté a mi librero por qué todas las hojas de los libros que vendía estaban arrugadas y amarillentas, y me confesó que sólo compra y vende libros que hacen llorar y que dejan poso de lágrimas y tristeza en sus páginas. Lloré y recordé que no quise hacerle ver que regentaba una librería erótica porque seguramente él ya lo sabía.


Rimbaud acabó vendiendo armas en África hastiado de escribir. 

Vale, dime otra.

Sidnead O´Connor acabó poniendo anuncios para follar con hombres peludos. 

¿Quién es Sidnead O´Connor?

Un buen día, Mark David Chapman compró un ejemplar de “El guardián entre el centeno”, escribió en él "Esta es mi declaración" y firmó como "Holden Caulfield", mató de cuatro tiros a John Lennon, y se quedó leyéndolo hasta que le detuvo la policía.

Me gustó mucho ese libro. 

Es un libro para adolescentes.

¿Alguna vez piensas en mí de verdad?

Constantemente, y eso me impide hacer más cosas, como aprender a tocar la guitarra para hacerte una canción.

¿Alguna vez piensas?



Terminará el domingo y yo seguiré masturbándome envuelta en sudores y calurosas preguntas.

Terminará el domingo...




B.S.O. I: Nothing compares 2U (Sidnead O'Connor)

B.S.O. II: God (John Lennon)



miércoles, 17 de abril de 2013

Relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse



Nota del Editor: Con motivo de la última visita de una delegación de cabezadeavestruz a la Biblioteca de Alejandría, comprobamos con no cierto estupor, que ese dicho habitual en nuestro entorno que dice que la noche que no sales es la que pasan las cosas más extraordinarias y tus amigos lo pasan mejor que nunca, es un concepto universal y que viene de los albores de los tiempos. Tras quitarnos la cara de sorpresa y comprar algún souvenir, hicimos el viaje de vuelta dispuestos a iniciar una gran investigación al respecto de tan curioso fenómeno en cuanto llegáramos, solicitando una beca del Ministerio de Cultura. Como de costumbre, cuando abrimos el procesador de texto, habíamos olvidado todos nuestros propósitos e hicimos como de costumbre: Escribir palabra tras palabra para ver dónde nos llevaba el asunto que nos proponía burlón el folio en blanco. Reproducimos a continuación, prácticamente sin censura, el texto surgido hace un rato, cuando nos pusimos a escribir un poema de amor a una chica que no nos hacía caso, a la que mandamos un caluroso saludo desde esta isla caribeña donde estamos gastando el dinero de la beca, en un resort con una pulsera de todo incluido que no nos deja teclear más, al menos correctamente.




Llegué al bar de costumbre. Solo, como todas esas veces que no encuentro con quién salir. Me acerqué a la barra y pedí un Johnnie Walker con Coca-Cola Light.

-Tengo Zero
-¿Que tienes cero Coca-Colas? Qué mala previsión para un jueves, ¿No?

Ni puta gracia tenía el chiste. Eso decía su cara.

-Jajaja
-Ni puta gracia te ha hecho el chiste, ¿No?
-No mucho, la verdad... ¿Quieres Zero entonces?
-Light.
-No tenemos.
-Pues Coca-Cola normal, me es igual.

Tuve la tentación de soltarle el discurso aquel que explica por qué tomo los cubatas con Coca-Cola Light que se remite a una cuestión de sabor, que no lo hago porque esté en plena operación bikini (aunque no me vendría mal planteármelo) y que si no hay light me es indiferente Zero o normal porque es una cuestión de gusto, no de calorías, y si la publicidad y leitmotiv de la Coca-Cola Zero es que sabe igual que la Coca-Cola normal casi que me la suda totalmente, pero pasé del tema porque ya había comprobado el poco interés que tenía en escucharme al ver que no estaba mientras pensaba esto y al recordar la cara de acelga que había puesto con el chiste que había abierto nuestra relación.

-¿No vienen tus colegas hoy?
-¿Quiénes?
-Tus colegas, con los que sueles venir.
-Bueno, estoy esperando... 

Mentí cual bellaco. Me sorprendió gratamente que se acordara de mí. Al instante pensé que se acordaba de alguno de mis amigos y que yo era un daño colateral porque en aquel sitio llamaba un poco la atención en cualquier caso.

-Esto está un poco flojo hoy, ¿No?
-Como todos los jueves últimamente.
-Ya, la crisis.

Análisis al nivel del mejor tertuliano. Sin duda mi conversación tenía muchísimo nivel esa noche.

-Pues hoy no está mal del todo.
-No sé, no sé...





Y de repente me vi solo. Sin nadie a quién soltarle mi explicación sobre por qué tomo Coca-Cola Light y que si no hay me da igual Zero o normal. Sin nada más que hacer que beber y escuchar la música mirando a todas partes por ver si mis ojos detectaban otra mirada y en un cruce de estos a alguien le daba lástima y se acercaba a mí viéndome sólo y desesperado... Pero vamos, que esos son mis típicos pensamientos de todas las noches, sean como sean y no dejan de ser lo que son: Pajas mentales Pensamientos. Sonaba “Boys don´t cry” de The Cure. Acompasé la canción con algunos movimientos de mis labios y de mi cabeza.

-Perdona ¿O no la quieres?

La camarera. Sus tetas. Otra vez. Quizás no me había fijado antes. Mentira, siempre me fijo en las tetas. Faltaría más. Eran ellas otra vez.

-¿Dime?
-Tu vuelta... ¿O no la quieres?
-Claro.
-Estás empanado, tío.

¿Me acababa de llamar “empanado”? ¿Esa cabeza que sobresalía de aquellas tetas me acababa de llamar “empanado”? ¿En un bar donde ni siquiera tenían Coca-Cola Light? ¿Querría ligar conmigo? ¿Debería preguntarle a qué hora sale? ¿Debería dejar que me lo propusiera ella?

-Jejeje
-Qué borde eres, ¿No?
-¿Yo? No he dicho nada.

Dije mientras me empezaba a enamorar perdidamente de ella.

-Esa risita...

Y puso esa maravillosa cara de acelga que tanto me gustaba desde que me enamoré de ella segundos antes.

-Perdona, se me ha escapado la risita en “e”.
-¿En “e”?
-Si, tengo una teoría sobre las risas y acabo de meter la pata.
-¿Por qué me miras las tetas cuando hablas?
-Perdona, no lo puedo evitar...
-No, tranquilo, me gusta, pero quiero que sigas hablando, sólo trataba de hacerte ver que era consciente de que me las estás mirando y eso me pone mucho...

(Nota del Editor: Parte de esta conversación se ha colado y no ocurrió realmente. Pedimos disculpas pero como tardaban mucho en traernos la bebida y el creativo del grupo se aburría, ha quitado el sitio en el teclado al mono hipernicotinado que normalmente escribe en cabezadeavestruz y ha empezado a inventarse cosas. No volverá a ocurrir, sinceras disculpas. Vuelve el mono habitual en cuanto se encienda el siguiente cigarro y retoma la historia desde la teoría de las risas)

-¿Teoría de las risas?
-Bueno, de las letras empleadas y de la duración.
-Estás colgado, tío...
-Puede ser, jajaja.
-Jajaja.
-Esa risa ha sido correcta y sincera, ¿Ves?
-Mira, no me vengas con gilipolleces, ¿Me explicas lo de las risas?

No sonó bien el tono de esa última frase, y la cara de acelga que me tenía enamorado fue más de acelga que nunca. Y, claro, lo de contigo pan y cebolla me parece bien, pero hartarse de acelgas... Además, tengo otra teoría, aunque esa no la expongo casi nunca en público, que dice que un buen par de tetas no garantizan un buen servicio detrás de una barra, y aunque hagan más agradable casi todo. Hay cosas que ni las mejores tetas del universo pueden disculpar cuando hablamos de tomar copas.

-Pues el “jajaja” es la risa correcta.
-Ya... ¿Y?
-A ver. A la hora de elegir letra para reír hay que ser cuidadoso. La risa en “i” resulta ridícula y sólo es aceptable en conversaciones con personas de poca edad y sugieren picaresca y demandan taparse la boca al emitirla. La risa en “e” denota falta de costumbre y superioridad. Es la risa emitida por tu jefe cuando te demanda que le sigas el rollo y te rías con él. La risa en “o” es antinatural en castellano porque suena a barbaridad o en su defecto es de Papá Noel, y de la “u” nos olvidamos por razones obvias. O sea que la única risa válida es en “a”.
-¿Y para eso tanto?
-Luego está lo del tamaño, que quieras que no, importa...
-Jijiji
-Bien empleada, jijiji...
-¡Oye, que parece que quieres ligar conmigo, no soy tonta!
-¿Ves? Funciona.
-Háblame del tamaño.
-Picarona...
-Gilipollas...
-Vale. Jajajaja, con cuatro sílabas, resulta excesivo y puede denotar risa cansina e incluso falsa. Dos sílabas denotan sarcasmo y pueden llegar a ser malinterpretadas, amén de quedarse cortas, y no digamos un solo “ja” que mostraría desaprobación o reto, algo totalmente alejado a lo que queremos expresar con la risa. De más de cuatro sílabas puede indicar falta de salud mental o que se te ha quedado pegado el dedo...
-¿Pegado el dedo?
-Claro, todo esto es teoría de la risa escrita. ¿No te lo había dicho?
-Estás como un puto cencerro, jajaja...

Y me resultó fascinante cómo aplicó mis enseñanzas a la conversación oral cuando todo lo que había desarrollado se refería al medio escrito y a la secreta ambición de poder utilizarlo en una conversación con ella vía WhatsApp cuando me dé su teléfono o metiendo mi cabeza entre sus tetas, para lo que no necesitaré su WhatsApp. Me resulta muy curioso comprobar ahora cómo estoy narrando la noche, dando una teoría sólo válida para el caso de tener que escribir las risas, y ustedes están leyendo el lenguaje oral pero convenientemente escrito sin convertirse en letras que indiquen lo que quiero decir con esa teoría...

(Nota del editor: Volvemos a pedir disculpas. El mono ha vuelto a ir a por tabaco y el reflexivo del grupo se ha puesto a continuar la historia y le acaba de dar un derrame cerebral intentando explicar cómo se narra algo que es lenguaje oral en un medio escrito, salvando la frontera de la pantalla que habla desde la oralidad pero escrita...)

(Nota del mono: El editor ha sufrido un colapso extraño. No volverá a ocurrir. No me separaré del teclado hasta que acabemos con esto, lo juro por mi padre. Por cierto, a mi padre lo conocen: Es el emoticono ese del monete que se tapa la boca pícaramente en el WhatsApp, vamos, el que se ríe con la “i”, pero no quiero volver al tema de las risas que nos liamos, nos habíamos quedado en el canalillo y las magníficas ubres de la camarera (Sí, los monos decimos “ubres” y no “tetas”, cosas simiescas que tampoco ha lugar que las explique ahora).)

-¿Las tetas otra vez?
-¡Uys! Sí, perdona...
-Nada, ya sabes. O sea que la risa válida y correcta es con “a” y tres sílabas.
-¡Correcto! Veo que has estado atenta y te has enterado de todo lo que he explicado.
-Por supuesto ¿Qué te habías creído? Soy una camarera y me entero de todas las conversaciones aunque no lo parezca.
-Perdona, no cumples el requisito básico de lo que yo considero el barman escuchador o el camarero psicólogo.
-¿Por qué? ¿Por mis tetas?
-Exactamente. Está mal que lo diga yo, pero ya que lo has dicho tú.
-Mis tetas no implican falta de inteligencia.
-Evidentemente, pero tampoco se requería demasiada inteligencia para comprender la teoría de las risas. Quizás un poco para aguantar mi conversación, pero por lo cansina, no por nivel demasiado elevado.
-Vamos, que alguien con buenas tetas no puede llegar a tu nivel intelectual...

Estaba sacando las cosas de madre. Parecía ella más obsesionada con sus tetas que yo mismo, que no podía evitar fijarme cada vez más, hasta el punto que había momentos en los que debía subir la mirada porque empezaba a olvidar cómo era su cara de acelga que tanto me había asustado, enamorado, despreciado, fascinado...




-Estás un poco obsesionada con el tema de tus tetas. Y luego dices que soy yo...
-Claro, no dejas de mirarlas y toda la conversación gira en torno a ellas.
-Porque tú quieres.
-Porque puedo...

Y dijo eso sosteniéndose las tetas con las manos y haciendo un ligero movimiento de alzarlas al cielo. Con mi fascinación por ellas no pude evaluar si era un comentario – movimiento jocoso, pícaro, agresivo, o de cualquier otra clase, porque no podía mirar su cara de acelga en esos momentos. 

-Pareces orgullosa de ellas.
-Puedo estarlo, ¿No?

¡Alarma! Pregunta trampa. Si respondía lo que creía al respecto, que es estúpido que alguien se sienta orgullosa u orgulloso de su cuerpo porque hay un gran componente genético del que no podemos atribuirnos ningún mérito y lo único que se podría hacer es felicitar a los progenitores, eso suena mal. Y si respondía que tiene mucho mérito construirse unas tetas así, asumiría y le haría ver que era consciente de que eran obra de un hábil cirujano y que el mayor mérito que tendría sería haber juntado el dinero para comprárselas y, en el mejor de los casos, la disciplina suficiente para trabajar en el gimnasio su mantenimiento, y eso, malo también. Aunque todo ello es estúpido porque yo, de natural humilde y de origen tímido y poco experimentado, soy de los que no valora la procedencia de las cosas mientras merezcan la pena. Algo así como encontrarse un billete de cinco euros en el suelo, que te da igual que acabe de salir del cajero y esté nuevito o que se le haya caído a alguien tras haber dado una tourné por Austria, pasando por Italia, moviéndose durante meses por Bégica, llegado a Francia y vía Portugal haber acabado en aquel lugar con mucha suciedad y algún que otro deterioro. No sabía qué responder...

-Claro.
-Claro, ¿Qué?
-Que sí, que claro.
-¿Claro que me puedo sentir orgullosa de ellas?
-A mí me encantan.
-Ya, ya me he dado cuenta. Mira, ven...

Y nos fuimos a la esquina de la barra, un poco apartados de la poca clientela del bar. Y con evidente intención de epatarme (Nota del mono: Siempre quise usar el verbo “epatar” en un relato y por fin lo he conseguido, felicítenme) metió su mano derecha de manera pícara por el escote y dejó al aire y ante mí, su maravilloso seno derecho. Tragué saliva y asumí que mi cara había pasado de normal (dentro de la normalidad que puede tener una cara como la mía) a la acelga, pasando por la babosa de río y a palidez aristocrática del que está a punto de darle un vahído. Se la guardó y creo que llegué a oír un sonido que provenía de su párpado izquierdo que bajaba y hacía un movimiento que podría llegar a ser un guiño. Y digo podría, porque evidentemente no lo vi.




-Bonita, ¿No?
-Ghdiedoeufden hasjhyue gtygbde...
-¿Cómo?
-Impresionante.
-Jajaja, joder tío, te acabo de enseñar una teta, podría decir algo más. No sé por qué me ha dado por ahí, pero... Ufff... Joder... Jajaja... ¿Ves? Hasta me estoy riendo de manera correcta.
-Pues no lo sé, no te estoy leyendo y no sé si estás riendo correctamente. Sólo tengo ojos para tu teta y no he querido distraerme leyendo lo que dices. Además, no podría valorar ahora eso.
-¡Jajaja! Venga, no me digas que no es la teta más maravillosa que has visto últimamente.
-Si, señora, si.
-¿O me vas a decir que puede haber alguna mejor por aquí?
-No, evidentemente, no hay demasiada gente por aquí hoy. Y menos con tetas. Y menos con esas tetas. Aunque yo creo que hay una mejor...
-¿Serás capullo? ¿Cuál?
-Tu teta izquierda.
-¿Cómo?
-Es una cosa personal, pero aún sin conocerla más que por su apariencia y por referencias que me ha dado su amiga de al lado, estoy convencido de que es mejor. Mejor, si cabe, ya sabes... Mejorando lo presente.
-¿Y por qué crees eso?
-Tengo querencia a las tetas izquierdas. Será porque soy diestro y el movimiento natural de mi cuerpo se dirige antes a ella que a la otra. A veces he pensado si los zurdos tienen querencia por las tetas derechas o no.
-No te la pienso enseñar. Ya has visto demasiado. Es más, no sé por qué coño he hecho lo que he hecho y estoy aquí hablando contigo.
-Porque hay poca gente en el bar y te aburres.
-Pues mira, sí. Voy a servir una copa allí, que me están pidiendo...

Y me sentí perdido. Perdido, solo y abandonado. Extraño como un naufrago en el Manzanares (Nota del mono: Joaquín Sabina patrocina esta historia y teníamos que meterlo como parte de la banda sonora), vacío como una isla sin robinsón...

Pasaron las horas y no se acercaba a mí. Seguía poniendo alguna copa, cargando cámaras de refrescos, hablando con el DJ, moviendo botellas, sonriendo a algún cliente... Pero para mí nada. Horas interminables, aunque luego me dí cuenta que fueron minutos, no muchos, aunque se me hicieron eternos. Su ausencia. 

Mi erección. Mi calentura. 

Fui a tomar aire para ver si se me pasaba un poco. Intenté cruzar mi mirada con la suya para que viera que salía y volvía cuando me fumara un cigarro y que no pensara que la abandonara, porque para abandonar tetas como aquellas estaba yo ahora... Pero no me vio.

Me fumé el cigarro y volví a entrar directamente al baño. Me encerré y dudé si volcar lo que me quedaba de farlopa de la noche anterior y meterme un tiro potente que me pegara un subidón, mear y salir rápido o meneármela de manera salvaje. Opté por mear...

Pero mi erección seguía ahí. Mear me resultó difícil y la excesiva fricción de los dedos en mi polla me hizo encontrar la excusa para hacer lo que tenía que hacer. Así pues, cerré el pestillo, me senté en el baño y continué con las fricciones hasta que empecé a sentirme un poco acalorado y turbado, comencé a estar muy bien y parecía que estaba sintiendo aquellas tetas en mi cara y su entrecortada respiración en mi faz de acelga. Casi podía oír su voz llamándome a gritos...

Hasta que me dí cuenta de que era su voz que me llamaba a gritos:

-¡Oye! ¿Qué haces ahí dentro? Está prohibido consumir drogas en este local, sal antes de que tenga que llamar al portero.
-No esttttoy consumieeeendo drogggas...
-¡Abre!
-Esssppeeeera un mmommento...
-¡Abre o la liamos!

Abrí. Aturullado abrí apresuradamente. No sin antes recomponerme un poco e intentar guardarme el miembro en el pantalón, empresa que resulto ardua y difícil.

(Nota del mono: Aquí dejaremos esto abierto para crear una ilusión extraña en usted y que no sepa si la dificultad de recogida de esa polla era debido a su descomunal tamaño en erección o a la tendencia de ir a la moda de su dueño que hace que últimamente vista pantalones muy ajustados como un buen moderno.)

-¿Dónde tienes la coca? No la habrás tirado, tonto, que venía a que me invitaras a una...
-Umm... Sí, ahora te pongo una...
-¡Jajaja! Ya veo... ¿Y eso es que tienes guardado un gran paquete de ella o te he sorprendido y te alegras de verme a mí y a mis amigas?




(Nota del mono: Pedimos disculpas por lo facilón, básico y manido de este diálogo. Evidentemente queda zafio y feo, pero el desarrollo de la conversación fue así de estúpidamente típico y convencional, y la escena en cuestión entró en una serie de vericuetos más o menos sórdidos, morbosos, extraños y calurosos, por lo que haremos una elipsis de la que saldremos indicando que hubo una felación en ese baño a cambio de un par de generosas rayas de farlopa y que cada uno por su lado, primero ella y luego él, salieron del baño disimulando, con los colores subidos al rostro, respingues de nariz y caritas de felicidad picaronas, similares a haber emitido una risa en “i” de más de tres sílabas a la manera del emoticono del monete que se tapa la boca con las dos manos en el WhatsApp)


-Vamos a cerrar ya mismo, ¿Te pongo la última?
-Sí, claro.
-Invito yo.
-Gracias.
-¿Por qué me miras así?
-¿Cómo te miro?
-No sé, no me miras las tetas, estás embobado mirándome la cara... Y debo de tener una carita de narices...
-Estás preciosa.
-Uyuyuy... Déjate de chorradas de esas, que no te pega.
-¿Y qué me pega?
-No sé, pero esas cosas no.
-No me conoces.
-Es verdad, pero te he chupado la polla y tú me has visto una teta. Nos conocemos más de lo que puedes conocer a mucha gente a nuestro alrededor y creemos que son conocidos.
-Aún falta que me enseñes mi teta preferida.
-No creo. Está muy dolorida de los achuchones que le has metido antes aunque te dije mil veces que no me apretaras tan fuerte.
-La emoción, ya sabes...
-Sí, la emoción, ya... Lo que pasa es que los tíos no sabéis tocar en condiciones una teta. Os creéis que hay que apretar cada vez mas fuerte, utilizar los pezones como si fueran granos que se pueden arrancar o diales de radio sintonizando los 40 Principales. Y no. No es así...
-Yo sé tocar tetas. Soy un auténtico profesional del tema. Siempre me ha encantado hacerlo bien. Antes no era un momento significativo para juzgarlo, era una situación extraña, pero déjame que te lo demuestre ahora cuando salgas. Además estoy deseando ver a mi teta preferida y luego mimar a las dos juntitas.
-¿Te queda coca?
-Ya has visto que he volcado.
-Bueno, pero podías tener más, ¿Yo qué sé?
-¿Qué pasa? ¿Que si no tengo más coca no hay teta para el nene?
-Dicho así queda feo, pero sí, algo de eso hay.
-Es cierto, suena feísimo.
-¿Te doy un vaso de plástico? Vamos a cerrar...


Y en ese momento, fundido a negro, empiezan a subir los títulos de crédito y parece que acaba el relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse, en el que me quedó por conocer a su teta izquierda, probablemente su mejor teta. 

Sólo probablemente...





B.S.O. I: Boys don't cry (The Cure)

B.S.O. II: Así estoy yo sin ti (Joaquín Sabina)

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