Mostrando entradas con la etiqueta Alcohol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alcohol. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de septiembre de 2018

Nuestros DÍAS DE VINO Y ROSAS







Podría ser cualquier día.
Cualesquiera.
Un día cualesquiera. Un día cualquiera.
Si no hubieses pasado tanto tiempo fuera recordarías mucho más de lo que recuerdas ahora. Más de lo que necesitas y quizás, también, más de lo que necesitas.
Sólo depende cómo lo mires.
De qué día sea hoy.
Podría ser cualquiera.

No recuerdas bien las películas que has visto.
Pero las disfrutaste.
Para eso están.
Para vivirlas.
Y me gustas por ello.

Igual que ya he rebasado el cupo.
No tengo más espacio para respetar a gente que cuando se habla de “Días de vino y rosas” solo tenga de referencia una frase de una canción de Ismael Serrano.
No puedo más con ello.
Me gustaría emborracharme con quien entienda esto.
Con quien recuerde a Jack Lemond en la película de Blake Edwards.

Aunque sea alguien que nunca haya visto la película.
Pero sepa que existe.
Cualquier día.
Cualesquiera.









martes, 17 de noviembre de 2015

El sexo al ritmo de la Marcha Radetzky





Érase una vez, en un reino muy muy lejano, una chica que vivía con sueños y aspiraciones de princesa. Una princesita que quería cambiar todo lo que veía a su alrededor, pero que no conseguía cambiar siquiera a sí misma. Una preciosa damisela que añoraba con melancolía ser querida y amada como todas las amigas le decían que tenía que ser querida y amada.

Érase una vez, en un poblado muy muy cercano, una joven que moría por cumplir sus afanes y deseos. Una chica que quería cambiar todo lo que le hacía infeliz por cosas bellas que la hicieran sentir bien dichosa. Una chica que peleaba por ser más querida y amada de lo que todas sus amigas le decían que debía ser.

Érase una vez, en una discoteca de reggaeton muy cerca de nuestras protagonistas, un príncipe azul y engreído que sentía en su interior que era capaz de ser feliz, repartir alegría y hacer sentir bien junto a él a cualquier chica o cualquier princesa que anhelara una vida mejor. Un chico que follaba al compás de la Marcha Radetzky en las mañanas de resaca. Un principito que utilizaba la Marcha Radetzky para hacer sentirse únicas y especiales a cualquier chica que encontrara en su discoteca de reggaeton cuando después se la llevaba a casa.

Érase una vez, una mañana que no era la de Año Nuevo. Una mañana de resaca como otra cualquiera tras una noche de perreo, bailes sudorosos, y alcoholes de dudosa procedencia. Esa mañana, esa neblina de los restos de la noche anterior, una princesita, una chica y un príncipe azul engreído, se encontraron aún borrachos de mañaneo, en una cama conocida pero extraña. Aquella mañana se amaron y buscaron la felicidad al ritmo de la Marcha Radetzky. Encontraron orgasmos y cariños que les hicieron ser mucho más dichosos, verse más cerca de sus sueños, sentir que podían cambiar el mundo desde sí mismos, creer que la vida merecía la pena vivirla.



Érase una vez, después de todas estas cosas que os he contado de chicas, princesas y principitos azules, alguien que se masturba al compás de la marcha Radetzky en una mañana de vuelta de fiesta de una discoteca de reageton. Érase una vez, la misma persona. Érase una vez, unos armónicos cariños y orgasmos en mi cama.

Érase una vez, todas estas y muchas más cosas. Siendo la misma persona de diferentes formas. Sintiéndome bien conmigo mismo. Teniendo en mi cama, tras mucho alcohol, todo lo que necesito para ser feliz, una vez que, sin ser la mañana de Año Nuevo, pulso el play y suena la Marcha Radetzky.





lunes, 27 de enero de 2014

El cuento de Yurima, la Princesa que se atasca



Oda a Carlota Casiraghi

"Un día, cuando aún era bien pequeña,
Carlota me dijo que no hay mayor fidelidad
que la que hay que tener a los propios sentires.


Miré sus ojos y supe que yo ya no tenía escapatoria,
por mucho tiempo que pasara,
por mucho que cambiara al crecer,
por más que lo más fiel que hubiera existido en mi vida
fuera Carolina, su madre."






Erase una vez, un tiempo en el que todos los cuentos debían empezar con “Érase una vez”:

En aquellos tiempos, las tardes de los domingos en invierno tenían su encanto especial. A muchos les deprimían porque no eran capaces de disfrutarlas pensando en el inevitable lunes posterior. A otros les mataba porque la oscuridad invernal hacía que el fin del domingo y del fin de semana llegara antes al teñirse la tarde de noche mucho más temprano de lo deseado.

Pero luego estábamos los demás. Los que llevábamos gafas de sol perpetuas y pensábamos que cualquier oscuridad nos beneficiaba aunque asumiéramos que había personas que brillaban más al sol. Éramos los taciturnos, los amantes de lo diferente, los que no dábamos un domingo por perdido, aunque fuera de invierno.

Una de esas tardes conocí a Yurima. Me llevaron a su morada M&M. Luego resultó que, como sucede con todas las princesas, tampoco era su morada, sino que estaba de prestada. A M&M los conocí una noche de sábado. O quizás de viernes. Se apiadaron de mí y de mi tristeza porque supieron reconocer rápidamente en mi cara la pena del que está de fiesta en los momentos que todo el mundo está de fiesta, justo cuando a algunos nos resulta más difícil. Sobre todo a los que somos de Domingos por la tarde. Los que somos de todos los días. Los que padecemos la maldición gitana, de beber el lunes y ya tener que beber toda la semana. Nos caímos bien. Incluso nos caímos bailando. O quizás fui yo el que caí. No recuerdo bien aquello, lo cual siempre es una buena señal. Si sé que les confesé que soy del tipo de personas que guarda mecheros que no funcionan por todos los cajones. Y no les pareció mal. Ahí empezamos a entendernos. Todo antes de conocer a Yurima.

Yurima era la princesa que se atasca. Nunca aprendí zapoteco para saber si tenía sentido lo que me decía. Tampoco tenía mucho sentido que me dijera que era una princesa virgen. Sólo sé que era una princesa en un mundo de sapos por besar y eso me hizo alejarme del lugar. Como tantas veces. Empecé a repasar en mi mente aquellos años en los que era digno de una princesa. Prometí escribirle un cuento, como a todas las princesas que conocí cuando era digno de ellas. Pero M&M seguían cuidando de mí y no me dejaban olvidar que los domingos se han hecho para beber y ser bebidos. Entonces se me ocurrió aquel cuento que me quedó reducido a pequeño intento lírico:



Oda a Carlota Casiraghi.

"Eres la hija que siempre quise tener con tu madre.
Eres la madre que añoro que críe a mis hijos.
Eres la niña inalcanzable que se convierte en mujer inaccesible
sin solución de continuidad ni mirarme siquiera un instante.

Soy un anhelo por querer ser mejor si tú me lo pides.
Soy el que no conoces y nunca conocerás.
Soy un secreto que no te interesa."


Ni Yurima, convertida ya en la Princesa Tarasca, ni M&M, embriagados ya de mi verborrea de anfibio principesco, entendían nada. Por eso optamos por seguir hablando. Hablamos mucho. De amor y revolución. Quizás sea lo mismo y tengamos que levantarnos en armas una y otra vez porque no lo entendemos todavía. Les confesé que de un tiempo a esta parte, antes de que nos conocíeramos, había decidido tener conversaciones para vivir. Que mi vida cambió cuando decidí buscar en las conversaciones motivos que me hicieran vivir. Y, sobre todo, que tenía miedo a no encontrarlos, pero que pensaba hablar mucho para conseguirlos. Era la última oportunidad que le daba a la vida. A mi vida que pedía encontrarla en las conversaciones, ya que llevaba años fuera de palacio. Años infiltrado en movimientos revolucionarios demandando ante los prostíbulos una distribución más justa del amor.

Pero, sobre todo, bebimos. Como se debería hacer todos los domingos por la tarde. Beber y beber hasta que te hartes. O hasta que se harten de ti.

Entonces todo se enredó. No sabría decir si fueron mis ademanes de sapo con ínfulas de príncipe, o mis ínfulas simplemente, que no sé bien qué significa pero me parece una bella palabra y un bonito motivo para que todo se enrede. Me dijeron que ya era suficiente. O mejor dicho, yo lo noté. Les prometí que iba a escribir un cuento sobre ella, pero a ella le daba igual. A ellos les gustó la idea, pero querían irse a casa. Yo no pude faltar a mi promesa, pero seguí bebiendo aquella noche hasta encontrar una boca que no fue la de Yurima, porque sé que en aquella boca, esa boca de aquella princesa, me hubiera atascado. Aunque no sepa qué significa tarasca... De la princesa que se atasca.





"Carlota es la madre de los niños
que nunca tendré
Y con eso seré feliz
aunque no aprenda nunca francés"


Erase una vez, un tiempo en el que todos los cuentos debían empezar con “Érase una vez”:

En aquellos tiempos, las tardes de los domingos en invierno tenían su encanto especial. A muchos les deprimían porque no eran capaces de disfrutarlas pensando en el inevitable lunes posterior. A otros les mataba porque la oscuridad invernal hacía que el fin del domingo y del fin de semana llegara antes al teñirse la tarde de noche mucho más temprano de lo deseado.

Y luego estábamos los demás...


miércoles, 28 de noviembre de 2012

La increíble historia real de una noche desconocida, disfrazada de historia desconocida de una noche real (Con eróticos resultados…)


Habían pasado las horas. 
Los días. 
Las duchas y los olores. 

N se dispuso a contar, como tantas otras veces, las anécdotas de aquella noche a los amigos que se interesaban y no tuvieron la ocasión de verlas. Como tantas otras veces, pero mucho más rebuscado y extraño. Más extraño y totalmente diferente. 

N se dispuso a contarlo porque sabe que la distancia y el reposo de aquel momento es la adecuada para analizar y tener presente todos los detalles valorándolos en su dimensión correcta y no es excesiva como para que se difuminen o se pierda el interés y haya que volver a ellos cuando no sean más que retales difusos de una noche más de drogas, cariños, amistad, risas y aventuras (Con eróticos resultados…).

He aquí la reproducción, más o menos literal, de todo lo acontecido aquella noche de autos (porqué demonios se llamará “de autos” a las noches o los días) en la que su temprana desaparición y una teta perdida en el teléfono despertó el mayor de los intereses a todos los amigos de N, desde sus ojos, los que, aunque turbados por ciertas sustancias y el cansancio de la acumulación de fiestas, son los únicos que pueden dar testimonio veraz de aquella noche (Con eróticos resultados…):




“¿Que estaba raro yo aquella noche? Coño, como todas las últimas noches…  Francamente, no sé si estoy pasando un buen o un mal momento en mi vida, pero supongo que la rareza de todo lo que me rodea en los últimos tiempos hace que cada día, y cada noche –sobre todo cada noche- sea cada vez más extraño, alternándose momentos fascinantes, como la madrugada del viernes que nos ocupa, con momentos sin más y con pasividades vitales de lo más tenebrosas. ¿Cómo coño no voy a estar raro con la que tengo encima? Ahora, lejos de verlo como una losa o una desgracia, la actitud ante ello me está llevando por vericuetos maravillosos o simplemente interesantes, cumpliendo aquello que siempre he dicho que la actitud que tiene uno ante las cosas se transmite fuera de él y atrae o espanta ciertas cosas, y si está de bien la cosa y no se le da mucha importancia, se ve envuelto en circunstancias que en otras ocasiones, con una actitud neutra, depresiva, eufórica, ansiosa… o de cualquier otro tipo, condicionaría lo de alrededor y lo que tiene que venir. Pues claro que estoy raro últimamente, pero como estoy tan extraño y voy suelto para no pensar y pasa lo que pasa.

Todo surge de un momento de rarezas. De aquellos que le entra a uno cuando en instantes concretos de las noches largas de farra, ayudado por el alcohol y la farlopa, sin duda, empieza a separarse un poco de la línea oficial de la noche. 


(Para los no instruidos indicaremos que la línea oficial de la noche se refiere a estar haciendo lo pactado más o menos tácitamente por un grupo que sale de fiesta esa noche, siguiendo los ritmos, participando en las conversaciones, mimetizándose con el grupo y siendo uno sin más). 

Ese momento salida de la línea oficial de la noche siempre ha estado presente en mí. Incluso cuando uno está en estado óptimo o también llamado normal o estándar. Pero llegó a esa noche. Y entre lo disperso y extraño del ambiente, el exceso de farlopa y copas que llevaba y una escasa disposición a hablar de nada, la salida de la línea oficial de la noche implicó salir más de la cuenta de aquel garito a la calle a fumar.

Más veces de las normales.

Cuando sales mucho de un garito a fumar, tú solo, debes plantearte que o bien tienes un problema con la nicotina, o bien te aburres dentro del sitio, o bien tus amigos no fuman, o bien estás inquieto, o bien todas las anteriores son correctas. En aquel momento, ni yo mismo sabía por qué salía tanto a fumar, pero objetivamente fueron muchas veces y muy continuadas.

En una de ellas (concretamente la última de la noche del viernes) pasó algo. Se acercaron un par de tetas. Perdón, se acercó una tía, pero yo sólo veía un par de tetas, aunque eso es típico a esas horas de la noche cuando todo está un poco nublado por las consabidas copas y farlopa, y cuando uno está solo fumando, sin hacer nada, no puede menos que fijarse, por aquello de que en algo hay que entretenerse más que oír las conversaciones casposas de los porteros. 

Y en eso que las tetas hablan. Y no sólo hablan, sino que me hablan a mí. 

Cuánto tiempo sin venir por aquí, ¿No?
¿Cómo? No tenía una respuesta ingeniosa ni adecuada porque el fin de semana anterior había estado allí, y el anterior, y el anterior… Pero cualquiera se muestra con valor como para discutir con esos pequeños detalles a unas tetas…
Que hacía mucho que no venías por aquí…
Bueno, no sabría decirte… ¡Bien! Tío, te lo estás currando, eres encantadoramente gilipollas e ingenioso.
Pues yo hace mucho que no te veía. Vale, esto ayuda…
Puede ser...

Recapitulación mental: La tía (Vamos a mirar más allá de las tetas) me habla porque me recuerda. Normalmente nunca sé si es bueno o malo cuando me recuerdan por algo que yo no tengo presente, pero (Vamos a volver a mirar a las tetas) qué demonios me importaba eso ahora. Con tener cuidado y que no sienta que no tengo ni puta idea de quién es ya me vale en ese momento.

¿Qué? No estás demasiado hablador, ¿Me das un pitillo? Esto está aburrido, ¿No?
Buah… Como siempre, pero es pronto.
¿Pronto? Yo estoy hasta las narices ya… ¿Qué fumas? ¿Qué tabaco es este?

Pues sí que habla, lo mismo no tengo problemas con mi incapacidad para recordarla o mi ausencia total de gracia natural para fascinarla o por lo menos quedar bien… Y el cigarro se me está acabando, a ver qué hago ahora…

¿Estás con gente o solo?
Con gente, ahí dentro, claro…
¿No fuman?
Sí, pero supongo que ahora me tocaba a mí.
Pues yo solita, que estoy hasta las narices de mi gente. SOLITA” ¡Alarma! ¿Querría decirme algo con eso? ¿Por qué “solita” y no “sola” o “he pasado de mis colegas porque me aburría”?
Pues quédate con nosotros, sin problemas. Somos todos estupendos y divertidos. Si te apetece, ya sabes. Y tranquila, todos los demás son más encantadores y divertidos que yo, no te guíes por mí. ¡Olé! Me hinché al sentir que había tenido una respuesta más o menos ingeniosa y que daba lugar a diálogo con la quedaba más o menos bien… Orgullo y satisfacción.
Pues si tú molas mucho... Ahora sí que estoy satisfecho y orgulloso, pero qué hago.
Gracias, será que vienes borracha.
Tío, que ya te he visto más de una vez…
Siempre borracha.
¿Qué pasa? ¿Me estás llamando borracha o no me crees? Vaya, la jodí… Con lo bien que iba…
No te creo…
¿No? Ven que me lo vas a demostrar…  Y ahí se abrieron los mares y me vi en el abismo. Caería de bruces en el fondo del pantano o sería una playa del Caribe con el todo incluido en la pulsera.
Vamos donde tú quieras. ¡Órdago! O quizás fuera la farlopa… O la situación que estaba viviendo últimamente y la actitud y todo ese rollo que ya hemos hablado. 
Pues vamos, que vivo ahí al lado.
¿Así, sin más? ¿Cómo? Descolocado estoy, pero como últimamente todo suele ser así o mejor, pues será así. Voy a decirles a estos que me piro… 
Y me agarró la chaqueta…
Luego vuelves, es ahí al lado… ¡Ah! Vale, que tampoco me va a secuestrar ni nada… Ya me extrañaba a mí… ¿Tienes farlopa? ¡Aaaaah! Ahora sí, ya sabemos qué quiere…
Algo queda.
Algo tengo por casa yo también…

(Y aquí haremos una elipsis en la narración para saltar al descansillo del segundo piso donde a una broma mal planteada me respondió arrinconándome contra la pared desconchada de aquel inmueble y plantándome un beso succionador en mi boca previo a un ¿Te crees ya que molas o no? Que acabó con todos mis prejuicios y me llevó a otro mundo diferente donde nada importaba y todo lo que había fuera de aquellos labios pasaba a importar una mierda. Y explicaré sin muchos detalles como la conversación en el pequeño trayecto desde la puerta del bar hasta ese descansillo del segundo piso de aquel inmueble próximo fue tensa por no saber qué decir para no cagarla, y cómo fui buscando un momento de intimidad para tomar por primera vez un trozo de esa pastilla revitalizante que usan los tíos que necesitan cumplir bien con sus funciones vitales, que llevaba encima y que encontré con la excusa de mear en un césped por allí cercano esperando darle la espalda y poder ocultar mi acción)

Pasa, ponte cómodo.
Estoy muy cómodo. ¿No me ves?
¿Con toda esa ropa?
¿Y tú?
¿Me preparas una lonchita? Allí en la mesa de la habitación tienes un CD negro si quieres…
¿Un CD negro? 
Sí, para que las hagas allí... Voy al baño un momento.

Curiosos pensamientos. Siempre se cumple el cliché de ir al baño cuando una chica me lleva a su casa. Siempre. Vaya a pasar lo que vaya a pasar, siempre se va al baño al llegar. A veces he pensado que en todas las casas hay un circuito cerrado de televisión que se controla desde el cuarto de baño y que esa costumbre es una acción estándar para controlar nuestros movimientos y ver qué hacemos antes de pasar a la acción. Esto lo sumé al interrogante que me surgió al pensar qué tipo de persona tiene una caja de CD rotulado con edding negro con el aparentemente único objetivo de ser utilizado como apoyadero para hacer rayas y demás, encima de su mesilla de noche. Empecé a agobiarme un poco por los cubatas tomados y las rayas aspiradas, además de acordarme que me había tomado un trozo de pastillita mágica y que no sabía muy bien cómo funcionaba o no (tómala media hora antes me habían dicho algunos), ni cómo me iba a afectar y me senté en la cama mientras volcaba polvo blanco en el CD negro que ella había dicho, por si por algún caso, por raro que fuera, me estuviera vigilando por un circuito cerrado de televisión desde el cuarto de baño.

¿Ya estás?
Albornoz negro. Semi-cerrado. Erección. Posible, aunque no confirmada por razones obvias de visibilidad, cara de imbécil embobado por mi parte. Ya están…
Raya ella, raya yo. ¿Te has guardado algo para que me haga una aquí? 

Si amigos. Ese “aquí” se refería al compañero de entre mis piernas. Y sí, lo dijo acompañando el “aquí” con un apretón de su mano allí. ¡Uau! ¿Ya estás así? ¡Qué prisa, chico! Pues bueno…

Y empujó mi espalda a la cama y se colocó entre mis piernas haciéndome una mamada espectacular sin siquiera bajarme los pantalones más allá de las rodillas ni abrirse el albornoz mientras el amargor de la última raya que todavía rondaba por el agujero derecho de mi nariz era absorbido en un desesperado intento hacia dentro y me bajaba por detrás de la garganta, como tantas otras veces, pero con una tía chupándome la polla.

Estaba en la gloria. Lógico. Pocas veces mientras me la chupan no estoy en la gloria. Bueno, a decir verdad, hay alguna que otra vez en mi historial, pero claro, son las menos por suerte ya que quizás sea un afortunado que siempre me encuentro con gente que, o sabe chuparla muy bien, o a mí me lo parece. Alguna vez me rasparon con los dientes y no fue agradable. Alguna boca me encontré que no era del todo amplia y otras demasiado holgadas. Incluso algún piercing lingual mal aprovechado me hizo no pasarlo del todo bien. Pero esas veces son las menos. Pocas veces mientras me la chupan no estoy en la gloria.
Lógico. 
Estaba en la gloria.

Traté de incorporarla y besarla para… No sé muy bien qué. Si algo me gusta del sexo es no saber bien qué. Si tuviera un manual de instrucciones que siguiera en cada momento, seguramente me aburriría constantemente y dejaría de tener gracia el asunto. Traté de incorporarla y con sus manos e inusitada fuerza, sin sacarse la polla de la boca ni dejar de chupar, volvió a empotrar mi espalda contra la cama, sin dejar su tarea. Primer estímulo de la noche: Las riendas las llevaba ella. 
Como si no me había dado cuenta aún…

¿Te corres rápido?
¿Cómo?
Que si te corres muy rápido…
Uff, no sé…
Bueno, da igual.

Y en ese momento sí que pensé que me corro rápido. O que me iba a correr pronto. Supongo que decirlo fue lo que aceleró el asunto. ¿Qué debía hacer? Creo que como sigas así me voy a correr rápido, sí.
No importa, creí entender que decía con la boca llena acelerando el ritmo.
Me corrí. Mucho. Y no sabía qué decir. Rico, dijo ella. Y supe menos qué decir. Muy, muy rico. Voy al baño y me toca.

Entendido. Ahora tenía que ejercitar la lengua yo. Abre el segundo cajón de la mesilla y elige el que más te guste la oí decir desde lejos. Te dejo que escojas tú. 

Antes de que pudiera pensar qué habría de elegir ya había abierto un cajón lleno de vibradores y demás parafernalia sexual que, francamente, me abrumó por su cantidad y variedad. Probablemente es la impresión unida al desconocimiento, pero aquello me turbó bastante.

¿Ya? Había vuelto del baño desnuda y se acercaba a la mesilla.
Emm… No sé…
Deja. Metió sus manos en el cajón y cogió un vibrador negro de lo más corriente que había por allí a primera vista. Este es mi prefe cuando estoy con gente. Gente. En otros momentos reflexionaría el sentido que puede tener hacer una frase en esos instantes en las que están incluidos el concepto de gente y un vibrador preferido.

Se echó en la cama y me arrastró encima suya. Su cuerpo estaba frío. El mío también. Pero fue cuestión de un instante. Al rato, sin saber muy bien cómo, se empezó a masturbar con nuestro amigo de la mesilla.
Quiero comértela mientras me follo.
Tus deseos son órdenes creí bromear, aunque luego supiera que no era así.
Si, me vuelve loca…

Y volví a sentir mi polla en su boca. Y me volví más loco aún. La imagen era brutal. Y la sensación más aún. ¿Funcionaba tan bien el pedazo de pastilla que me había tomado o simplemente la excitación por la situación era tan potente que había anulado el efecto alcohol en mi libido masculina? Qué mas daba en aquel momento.

Agárrame las tetas. ¡Por favor! ¡Fuerte! Dios, cuánto hace que no hago deporte y qué oxidado estoy, pensé en aquellos momentos en los que todo costaba más de lo normal.
Me vas a follar, ¿Verdad?
¿Quieres?
¡Claro, cabrón! ¡Fóllame ya! Te quiero dentro…

Y ahí que fui, sustituyendo al siempre fiable amiguito negro que había cogido del segundo cajón de la mesilla y me introduje entre sus piernas. Algo estaría haciendo bien porque sus primeras palabras llenas de deseos imperativos pasaron a ser gemidos acompañados de fuertes arañazos en mi espalda. 
Claro que esto es una suposición.

Nos dimos la vuelta. Más de dos o tres veces. Me dijo que parara y pidió que se la metiera a cuatro patas y allí que fui. O intenté ir porque muy disgustada me dijo que así no y me dio la vuelta para quedar los dos enfrente del espejo que ocupaba la pared contraria a donde estábamos mirando hasta ese momento. No sé cómo pero salió de mí un momento (o me sacó, para ser exactos) encendió una luz tenue y suave de tono anaranjado y volvió a acoplarse en mí para seguir como dos locos salvo que, en este momento, mirándonos en el espejo que teníamos delante.




¿Quieres grabarme?
¿Cómo? No voy a desarrollar ahora la extrañeza que me produjo eso y todo lo que pasó por mi cabeza en ese instante en el que escuché o creí escuchar ¿Quieres grabarme? Entrecortando sus gemidos cada vez más acelerados.
Que si quieres grabarme...
No sabía responder y me sentí amoroso diciendo Lo que quiero es correrme y que te corras. Entiendo que al común de los mortales le parecerán esas palabras cualquier cosa menos amorosas, pero fue así. 
Sí, dale, no voy a aguantar más. Córrete en mi espalda, o en mi boca, o… ¿Dónde quieres correrte?
No sé…
¡¡¡Vengaaaaaa!!!

Y nos corrimos. Por allí. No sabría decir muy bien dónde. Al menos yo. Y quedamos rendidos el uno frente al otro. Amorosamente (ahora sí está mejor dicho, creo) agarró una manta sin moverse demasiado y nos tapó a los dos. Pasó el tiempo. ¿Cuánto? No soy muy de calcular en esos momentos. Pensamientos. Muchos. Placidez interrumpida. Bienestar. Inquietud. ¿Me debería ir ya? ¿Habría más? El móvil había sonado alguna que otra vez. El mío. WhatsApps de los amigos abandonados supuse. Volvió a sonar en esos momentos. 

Seguramente te echan de menos...
O a ti, que no es el mío, mentí conscientemente
El mío está apagado.
Bueno, da igual, ya se habrán ido…
¿Te quieres ir?
¿Quieres que me vaya? 
Ni de coña. Déjame que haga una cosa.

Me cogió al amigo de entre mis piernas y empezó a secarlo con un pañuelo de papel. Uff, te he dejado empapado dijo entre sonrisas buena señal amiguete… Si quieres voy al baño y me limpio, ¿Qué vas a hacer? No, deja, sólo quiero secarte un poco y que te pongas… ¡Tío! Qué rápidamente te pones, eres una joya… Me sentí tan tramposo como cuando robaba dinero de la banca mientras jugaba al Monopoly para luego no saber cómo explicar que nunca me quedara sin él aunque pasara mucho tiempo de partida sin cobrar nada y muchos se quedaran medio arruinados. ¿El pedazo de pastillita? Probablemente, si no de qué… Aunque cosas más raras se han visto y me he visto. ¿Me la dejas? Claro, toda tuya… Se alargó hacia la mesilla y cogió mi chivato con farlopa que había dejado allí tras las rayas iniciales en el fascinante CD rotulado de negro. ¿Puedo? Por supuesto. Y se puso una raya en mi compañero de entre mis piernas. ¿Te mola que haga esto? ¿Te lo han hecho alguna vez? Claro, volví a mentir cual tramposo de Monopoly one more time. Y ahora (snifff) a mí me pone muchísimo que te la hagas encima de mí. Eso sí lo había hecho alguna vez, fíjate, pero ahí no preguntó. ¿Dónde? Donde quieras. Su pecho izquierdo. Me gusta mucho. Si pudiera, a todas las tías con las que me meto en la cama les pondría una raya de coca en la teta izquierda y sería muy feliz. Pero ni siquiera lo pregunto nunca. Es más, normalmente ni me pongo con tías. Al menos estando desnudos y a otra cosa. Luego aquí, me dijo señalando el lado derecho de un precioso pubis casi totalmente depilado salvo por unos pocos pelos cortitos en forma de bonometro que salían de su clítoris dirección a su ombligo. Como quieras. Luego… Ahora te vas a enterar, si me dejas… ¡Marcha, marcha! Pensé mientras mezclaba un con mucho gusto con un morreo ansioso que volvió a despertar las hostilidades en aquel campo acolchado del placer.

Espera. Y se separó de mí. ¿Prometes no decir nada? 
¿Nada de qué? 
Olvidarás y si te cruzas con ella nunca decir que lo has visto
Claro, si ni siquiera sé lo qué es ni de quién hablas
Sí sabes quién es… Pero me fío de ti. 
No deberías, le dije sonriendo. 
Oye, no me jodas, dijo mientras volvía a la cama con una especie de tablet o pantalla de esas que tan en boga están ahora mismo. Déjate de cachondeo, prométemelo… 
Sí, lo prometo, soy una tumba.

Arrancó la tablet. Toqueteó con aquellos maravillosos dedos y de repente, en la pantalla, apareció una chica siendo follada salvajemente como hacía un momento habíamos hecho nosotros. A lo perrito, mirándonos fijamente. ¿Qué demonios…? Además, aquella imagen parecía esta misma cama o muy parecida. ¿Es aquí? Si, no le dirás nada si la ves, ¿No? Porque sabes quién esClaro, tranquila… 

Mentí, no tenía ni idea quién era. Pero tampoco sabía quién era ella y allí estaba. 

¿Esto es lo que querías que hiciera cuando me dijiste que grabara? 
No, esto está hecho bien, con la cámara y ellos colocados en buen sitio, grabado lo mejor posible. Me pone follar viendo esto. ¿Te apetece? 
Me pone, y ahí no mentí, creo… 

Follamos haciendo el loco mientras recolocábamos la tablet de un sitio a otro ante la incapacidad de ver bien los dos a la vez aquello. Pero era brutal. Los gemidos de la pantalla y los suyos. Mi respiración y las tetas colgando de su amiga. Sus movimientos y mi excitación. Volvimos a morir del gusto. Al menos yo, claro. Y ella parecía, pero eso nunca lo sabe un tío al cien por cien.

¿Tu amiga sabe esto? Pregunté cuando recuperé el resuello. 
Claro. ¿Para qué te crees que lo grabamos?
¿Ella hace lo mismo? 
No. A ella no le pone verse… Rio pícaramente… No, a ella le gusta verse conmigo.
¿Y ese video existe?
Claro. Ella lo utiliza mucho, dice.
¿Me lo enseñas?
Ni de coña.
Pero si ella lo utiliza con otros… Y acabo de verte de miles de maneras y a ella también…
Es diferente.
Bueno, no insisto. Mentí. Deseaba ver aquel vídeo como nada en el mundo en aquel instante. Volvería a ello cuando pudiera. No hizo falta: Te dejo verlo pero sólo una parte. ¡Bien! me dije infantilmente para dentro. Lo que sea. Con una condición... Miedo. Mucho miedo sentí ahí, no sé por qué. Me imaginé grabando algo, haciendo algo extraño de lo que tras la resaca me acordaría y me daría miedo o vergüenza, imaginé mi cara de orgasmo rulando por internet, pensé en el segundo cajón de su mesilla… Pero, sobre todo, pensé en mi incapacidad para no decir que no en ciertos momentos y me aterré. Quiero que grabes mientras te la chupo y me masturbo. Vale, no parecía difícil. Claro, pero yo no sé utilizar estos trastos… No, con mi móvil. Es más cómodo...

Me volví a poner tremendamente cachondo. 

Y llegó la parte cómica de la noche: Su móvil sin batería. El cargador que no tiene cable suficiente para colocarnos bien y en acción, los cambios de postura, la excitación creciente. Usa el tuyo, me dijo. No, mejor no, no me fío de ti. Hazme una foto, déjame. Cogió mi móvil y me lo volvió a dar. Le hice una foto. De su pezón, de su cuerpo en plena acción. ¡Déjame ver lo que haces! Y cogió el móvil con una mano sin parar de masturbarse. Creo que se olvidó un poco de mi amiguito. Se dedicó a ella y reventó. 
Y yo miraba. 
Y reventé. 
En ese mismo pezón previamente fotografiado de mala manera y con torpeza que tanto placer le produjo verlo...

Pensé que me hace falta un curso de fotografía para saber captar imágenes en estados alterados y totalmente puesto de farlopa y alcohol. 

Pensé que eso no existe o al menos no he visto nunca un anuncio al respecto.

Pensé tanto que me quedé dormido y evité el teching típico de las noches de farra tan intensas.

Me desperté con el cuerpo molido. Repasando los mensajes en el WhatsApp de los colegas a los que abandoné. Ninguno me lo echa en cara. Tampoco yo lo hubiera hecho. Desaparecí de una manera como podría haberlo hecho de otra, pero no me despedí. 


Ellos me entienden… Recibieron aquel pezón perdido en sus teléfonos en un momento extraño que no recuerdo cuál fue. 

(Con eróticos resultados…)"




B.S.O. I: Muérdeme (Los Romeos)

B.S.O. II: Arañas mi piel (Los Romeos)

B.S.O. III: Teching (Piratas)

B.S.O. IV (Resumen de todo): Mi vida rosa (Los Romeos)







martes, 26 de junio de 2012

Me aterra pensar que Elisabeth Shue pueda estar ahora colgando fotos de gatitos en Instagram



¿Recuerdas el verano aquel? Era como este, pero sólo hacía calor normal, no como dicen de este que bate records ahora. O éramos niños y no nos importaba tanto porque te encantaba provocar que te hiciera aguadillas en la piscina.

No era fresco aquel verano. 



No era fresco, pero para nosotros, que éramos niños y disfrutábamos de la piscina y de la inocencia de los días sin clase, no tenía nada que ver con este que está invadido por el pesimismo existencial del infierno de los termómetros desbocados.

Por aquel entonces, alguien de nuestro entorno la conoció. ¿Se tiene entorno cuando se es niño? Lo cierto es que alguien nos habló de ella. Era la novia de Karate Kid. ¿Qué era Kárate Kid? Nadie sabía como se llamaba, pero ya existía. No sé si para nosotros, que éramos niños que jugaban inocentemente en la piscina, pero existía. Pero en nuestro entorno ¿Hay entorno cuando se es feliz en una piscina haciéndose aguadillas? Había gente mayor que la descubrió. 




Años después, otro verano aún más caluroso, la conocimos un poco más. Era un verano con unas temperaturas peores que las del verano cuando apareció la novia de Karate Kid, pero aun así era mejor que este que vivimos ahora que, según parece, es el peor de la historia. 

Aquel verano ya no nos metíamos tanto juntos en la piscina. 

Empecé a sospechar que no te apetecía igual que antes provocarme para que te hiciera aguadillas. Y tú hablabas de Tom Cruise. Y yo, no sé si por despecho por no provocarme para que te hiciera aguadillas o porque ese verano hacía mas calor que en el que apareció la novia de Karate Kid pero menos que en este infernal que estamos viviendo hoy, desprecié al chico de las bebidas y descubrí a una chica con la que jugaba en el agua, aunque no le provocara que le hiciera aguadillas. No sabía su nombre, aunque sí el de Tom Cruise (y bien que lo supe tiempo después) pero la amé sin saberlo, aunque meses después no la recordara y descubriera que me fijé en ella simplemente por despecho a ese Tom Cruise al cual consideraba culpable de que ya no quisieras provocarme para hacerte aguadillas en la piscina. 

Cuando tú tenías ojos sólo para Tom Cruise, yo la miraba en Cocktail jugando en el agua, y luego la olvidé.

Luego llegó con ganas de Regreso al Futuro cuando yo ya sólo miraba al pasado. 

Cuando mi mente estaba en las temperaturas de aquel verano en el que me provocabas para que te hiciera aguadillas. Y allí estaba ella, en esos veranos que eran mucho peores a aquel primero, aunque mejores que este invadido por el aire subsahariano, y jugaba con Michael J. Fox en la segunda y la tercera parte de una trilogía de un Regreso al Futuro que evocaba a mi pasado provocado por ti, por tu deseo de ser presa de mis aguadillas.


Hasta que pasó lo que siempre pasa: 

Todo empieza en una copa. 
Todo comienza con el alcohol... 






Y dejé por fin de pensar en las aguadillas y me sumergí en mi vida disoluta hasta conocerla guiando al memo de Nicolas Cage en su viaje a la autodestrucción en la mágica e inevitable Las Vegas.

Y ahí te encontré por fin: SERA. La prostituta más bella que conocí jamás. La meretriz más comprensiva que nunca existió. La compañera de caída más comprensiva que pueda aparecer tras unos billetes sin importancia.

Busqué en mis bolsillos algo con lo que traerte a mi lado. Maldije el día en el que supe dónde estaba Las Vegas y lo difícil que podría ser llegar a ti. Desesperé de angustia al saber que nunca podría beber hasta la muerte porque nunca estarías a mi lado.

SERA





Estos días se subasta España para que un tal Sheldon Adelson construya por aquí Eurovegas. Todos ponen el grito en el cielo porque se le pone una alfombra roja a alguien para que traiga juego y vicio a costa de lo que sea, haya que modificar las leyes que haya que cambiar o quitar.

Yo no lo recibiré. No tiene mi apoyo. Sé que no podrá traerme a SERA.

Sabiendo que SERA no existe. 

Como no existe aquel verano que era como este, pero sólo hacía calor normal, no como dicen de este que bate records ahora. 

Como no existe la piscina en la que te encantaba provocar que te hiciera aguadillas en la piscina.

Como no existes tú.

Hubiera preferido que nunca hubiera existido Nicolas Cage, pero no soy yo quién decide las cosas. Ni siquiera cuando hacía aguadillas bajo provocaciones de Elisabeth Shue.

Ahora tengo miedo de que todo esto sea MENTIRA

Que Las Vegas sean un lugar utópico donde nadie ha estado jamás. Que el niño del Kárate regrese al futuro para tomarse unas cockteles con alguien desconocido y que ese no seas tú porque no eres más que un recuerdo tramposo, de algo no vivido.


¿Recuerdas aquel verano? 

Dicen en todos los informativos que este que estamos empezando a vivir es peor que nunca. 

Quizás no existan los informativos o sean MENTIRA

Yo sólo sé que Elisabeth Shue si existió. Al menos en mi cabeza. Como todo esto que te cuento.



Y lo peor de todo, es que estoy aterrado porque pienso que Elisabeth Shue puede estar ahora colgando fotos de gatitos en Instagram...




sábado, 28 de agosto de 2010

La vida puede ser maravillosa


Hoy me vuelvo a enamorar.

Sé que no es sano, que no merece la pena dejarse llevar por pasiones enfermizas, pero no puedo evitarlo. Detrás de cada sentimiento hay un nombre, un mito, una figura…

Hoy me vuelvo a enamorar.
 
Puedo engañarme con el alcohol, como hacía Tikhonenko, pero el amor no entiende de brebajes. El bueno de Valery pertenece a una extirpe diferente, a la de aquellos que llegaron del frío con las maletas llenas de vodka.

Valery Tikhonenko jugaba como los ángeles pero no era el mejor. Jugaba como los dioses, pero bebía como los demonios. Cuando se juntaba con sus amigos en la pista inspiraba verdadero pavor, pero en las distancias cortas, tras unos chupitos de vodka, deseabas haberlo conocido mucho antes. Eran otros tiempos, todo era diferente.

Hoy me vuelvo a enamorar.

Puedo engañarme con el tabaco, como hacía Paspalj, pero el amor no entiende de humos. Podía ser un pasota desgarbado que defendía con los brazos en jarra. Podía ser cualquier amigo al que detestas por tener todo aquello que tú nunca podrás tener, pero que sólo lo usaba cuando estaba a gusto y en ataque.
Podía llamarse Zarko Paspalj y ser un fumador empedernido. Podía ser zurdo cerrado, y lejos de ser un problema, convertirse en una de sus mejores cualidades. 


Puede que se haya hartado de ganar con Yugoslavia y con Serbia, y haber nacido en Montenegro, pero lo que más recuerdo de él son sus brazos y su extrañísima mecánica de tiro. Dicen de él que no se duchaba durante algunos días previos a los partidos para que en el cuerpo a cuerpo, sus rivales lo pasaran mal. Su aspecto desaliñado no ayudaba a contradecirlo.

Hoy me vuelvo a enamorar. 

Puedo creerme Stacey King y decir a todo el que quiera escucharme que" Siempre recordaré esa noche en la que Mike y yo nos compenetramos para meter 70 puntos entre ambos", tras el partido Cavs-Bulls en el que Jordan metió 69 puntos, pero hoy me voy a enamorar, y me apetece más creerme Charles Barkley y proclamar que “No me suicidaría porque soy una de mis personas favoritas.”


El gordo Barkley también dijo que “El sexo y el golf son las únicas cosas en las que aun siendo malo en ello, puedes pasar un rato agradable”, pero sigue sin interesarme demasiado el golf.
 
Hoy me vuelvo a enamorar.
 
Me interesa la música. Toda historia de amor tiene una. La de hoy me suena a hierba, a Reggae. Hoy fumo marihuana prescrita médicamente, a causa de las migrañas, Como Kareem. En California es legal la prescripción médica del cannabis. Puedo engañarme con el cannabis, como hace Kareem, pero el amor no entiende de recetas médicas. Su nombre original era Ferdinand Lewis Alcindor Junior. Se cambió a Kareem Abdul-Jabbar (‘noble y poderoso sirviente’), años después de haberse convertido al Islam, después de leer la biografía de Malcon X.

Quiero leer todo lo que caiga en mis manos. Quiero cambiar de nombre. Quiero ver la escena de "Aterriza como Puedas" en la que interpreta a un piloto de avión, pero un niño lo reconoce y le dice que su padre siempre asegura que no suda lo suficiente la camiseta, lo que provoca su enfado, o ir más atrás en el tiempo y revisar “Juego con la Muerte”, la última película de Bruce Lee que hubo que terminar con dobles y montajes suyos. De Lee, no de Kareem, que sigue vivo.
 
Hoy me vuelvo a enamorar
 
Ayer sonaba el "Knockin´On Heaven´s Door" de Bob Dylan. Hoy coloco una foto de Dennis Rodman en mi habitación de adolescente, hoy me vuelvo a enamorar. Una noche del año 1992, fue encontrado sentado en su camioneta con un arma cargada en el estacionamiento de la cancha de los Pistons. Rodman declaró en una de sus autobiografías que esa noche fue cuando asesinó al viejo Dennis, y dejó al nuevo Dennis salir.
 
Puedo engañarme con el sexo, como Dennis Rodman, pero el amor no entiende de ejercicios físicos. Dice que se ha acostado con más de 2000 mujeres, entre ellas Carmen Electra y Madonna. Así es el hombre que decía que sólo hacía una cosa que no hacían los demás: "Saltar tres o cuatro veces por un rebote". Así es el Gusano.
 
Hoy quiero poner los posters en la pared, aunque tenga otras prioridades, aunque estén allí desde siempre.
 
Hoy me vuelvo a enamorar.
 
Y pase lo que pase, siempre tendré en cuenta que “La vida puede ser maravillosa”.

Hoy comienza el Mundial: Andrés, That´s Entertainment!

Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!