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viernes, 17 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 17): Bailar de lejos, ¿no es bailar?


(“Love From a Distance”, René Magritte).


Bajó el volumen de la radio para poder hablar con él por Skype. Por fin llegó el momento:

- ¡Hola!, ¿Cómo estás?
- "Bailar de lejos no es bailar, es como estar bailando solo..."
- Tú siempre tienes una canción para todo.
- En este caso es muy cierto.
- "Tú bailando en tu volcán..."
- Esto así no va a funcionar.
- Funcionará si nosotros queremos.
- Los amores a distancia no suelen funcionar.
- No suelen, pero pueden.
- Los amores a distancia no son amores.
- Un amor real puede con todo.
- ¡Bésame!
- Estás muy lejos...

Subió el volumen de la radio: "...Bailando tú en el polo" sonó al instante mientras apagaba el ordenador.



jueves, 3 de marzo de 2016

El cómo bailas no es lo que más me gusta de ti. Pero no dejes de hacerlo, por favor.









- ¿Cómo puedes hacer algo mientras escuchas a Battiato en italiano?
- Y tú, ¿Cómo puedes hablarme sabiendo los deseos que despiertas en mí?
- ¡Touché!
- Follemos.
- Tampoco es eso...
- ¡Hagamos el amor!
- Quita esa música y bailaré para ti.
- Quiero follar antes.
- ¿Cómo puedes pensar en follar mientras hablamos?
- ¿Cómo podría no hacerlo?
- Touché otra vez.
- ¡Hagamos el amor!
- Fóllame de una puta vez, que no te enteras de nada.

Y follamos como si no hubiera un mañana. Pero sí lo había. Y Battiato en italiano fue interrumpido por el despertador que les dijo que ya estaba bien por esa noche. Ninguno de los dos sabíamos quién lo había puesto, pero una vez que sonó, nos cortó todo el rollo.

No volvimos a follar.
Nunca más.

Battiato no sabe nada del tema, pero algún día lo mataré porque necesito echarle la culpa a alguien. O follar con otra para olvidar cómo hacíamos el amor...






viernes, 24 de octubre de 2014

Dance me to the end of love




Nunca quise llegar a este punto. Al menos de manera consciente no lo recuerdo. Por supuesto que hay algo mágico, que atrae y que fascina. Pero en la historia de la vida de cualquier persona, este punto debería quedar reservado para verlo en alguna película, no para vivirlo en primera persona.

La sublimación del amor cuando llega la muerte. O morir por amor. Pero morir porque el amor alcanzado es a lo más alto donde se puede subir. Acostumbrados estamos a escuchar que alguien muere por amor pero de manera muy negativa y sentimos lástima por la persona fallecida. Yo nunca debí llegar a asumir que tras la belleza más inmensa sólo cabía la muerte porque no podría soportar después de aquello seguir vivo sin volver a sentirlo. Porque sentirlo otra vez, sería imposible.

¿Se puede sentir la plenitud, la belleza o la sublimación de todo cuando llega la hora de acabar, de morir?

¿El momento más bello puede ser el que precede al final de todo?



Leonard Cohen, escribió “Dance me to the end of love” cuando tuvo el conocimiento de que en algunos campos de concentración durante el Holocausto nazi, junto a los crematorios, se hacía tocar música clásica a ciertos presos mientras sus compañeros eran exterminados. Explicaba Cohen, que “el verso ‘Llévame bailando hasta tu belleza con un violín en llamas’ alude a la belleza de la consumación de la vida al final de la existencia y al apasionado elemento de la consumación. Pero es el mismo lenguaje que usamos cuando nos rendimos al enamoramiento, de ahí la canción (…) no importa que todo el mundo conozca la génesis de la canción, porque si el lenguaje viene de ese recurso apasionado, éste será capaz de abarcar cualquiera actividad apasionada”. Se inspiró en un momento hermoso, un rasgo de belleza previo al final de todo, una hermosa flor que surge en medio de los peores momentos de una de las mayores mierdas de la historia de la humanidad.

La historia no escrita de mi vida es un camino en el que nunca he sabido bien dónde ir, pero en el que he estado completamente seguro de hacia quién. Como no está escrita tampoco he sabido nunca usarla. Usarla como a mí me hubiera gustado o cómo el mundo hubiera necesitado. Y de ahí el sufrimiento. No saber dónde ir, pero sí hacia quién.

Cuando empezaron a sonar los acordes y el lala lalalala lalalala lalaláde las coristas supe que era el momento. De tenderte la mano, agarrar la tuya y acercar tu cuerpo al mío para mecernos al compás de una de las más bellas canciones jamás escritas para que dos cuerpos se dejen llevar y se hagan uno bajo el influjo de la música. “Dance me to your beauty with a burning violin” y así hasta que me lleves contigo hasta el final del amor. El único final posible. Aunque no hayamos tenido ningún inicio que merezca la pena reseñar. A pesar que gran parte de mi vida es la historia de ese amor.

Se puede sentir el momento más bello cuando es imposible caer más bajo en la mierda simplemente porque sabes que se va a acabar. Hubo un tiempo en el que ella me quería como a nada en este mundo. O así lo sentía yo. Era el momento en el que supe que cada día estaba más fuerte para afrontar mi pasado. Lo que nunca supe era que afrontar mi pasado y con ello llegar al culmen de mi vida en el presente, implicaría no tener más futuro que ninguno. Por eso gocé como nunca bailando Dance me to the end of love a la vez que me estremecía saber que cuando llegara el último acorde tendríamos que separar nuestros cuerpos y todo habría acabado para siempre. Al menos para mi cuerpo.

La historia que escuchó Leonard Cohen sobre los cuartetos de cuerda que estaban obligados a tocar en algunos campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, mientras los prisioneros entraban a los hornos crematorios dio origen a que un día escribiera “Dance me to the end of love”. Una canción o un poema no es más bello o mejor porque sepamos de dónde viene o qué lo inspiró, pero nos da pistas que hace que lo podamos sentir más o menos. Aquella frase, "dance me to your beauty with a burning violin" refiriéndose a la belleza de la consumación de la vida, al término de esta existencia y al elemento pasional en esa consumación.




Leonard Cohen nunca conoció a Diana. Tampoco tiene la mayor importancia. Creo que nadie conoció ni conocerá a Diana como yo lo he hecho. Conociéndome a mí mismo a su lado. Por eso toda nuestra historia llega a culminarse aquel día que bailamos “Dance me to the end of love” sin saber qué día era, ni qué estábamos haciendo más allá de comulgar una primera, última y perfecta e irrepetible vez. De una vez y para siempre. Siempre que ya será nunca. Porque yo no puedo seguir queriendo más de lo que ya lo he hecho. Y ya no hay nada más allá.

Reconozco en ese baile lo único que tiene sentido. Lo único a lo que puedo aferrarme. Todo en mi vida ha sido y es provisional. Todo es pasajero. Nunca considero que lo que hago o vivo sea definitivo porque si no tendría que afrontar el hecho de que no hay nada más. Todo salvo ese baile. Salvo bailar con ella “Dance me to the end of love”. 

"Baila conmigo hasta el fin del amor. Oh, déjame ver tu belleza cuando los testigos se hayan ido.” 

Aunque sepa que te pone, como a muchas otras, tener espectadores mientras nos amamos. Eso no tiene importancia. Cuando suena la canción y tu cuerpo y el mío son la misma cosa, entregada a bailar hasta el fin del amor. Hasta el final de todo.

Diana algún día creerá entender todo esto. Ahora no es importante. La vida sigue y el futuro existe cuando el presente deja que pensemos en él. Yo ya no estoy. Ha acabado la canción. Nada tiene sentido ya, al final del amor. Al que hemos llegado bailando siendo uno.


Y al que no volveremos jamás.

Porque ya no voy a estar.




B.S.O.: Dance me to the end of love (Leonard Cohen)

 

lunes, 25 de noviembre de 2013

La chica que pensaba que si no existieran Dire Straits el mundo no lo hubiera notado y otras cosas del querer


Lleva un tiempo que cada vez que mira a un hombre sólo siente escalofríos por imaginarse entre sus brazos.Todo eso le pasa después de la operación. Le rebanaron un trozo de la pierna izquierda porque estaba gangrenada. Todos pensamos que eso sólo pasa en las películas de guerra, pero no, se siguen gangrenando las cosas. Las cosas del cuerpo humano. Afortunadamente, no fue como en las películas y no hubo que amputar. También se gangrenan las mentes, pero para eso no hay cura, ni nuestra chica sabe de ello.

Desde que le falta un trozo de pierna no para de pensar en todas aquellas noches que pasó bailando como si tuviera una guitarra imaginaria a los acordes de la música que sonara en el bar. Era su magnética y particular forma de bailar. Llamaba la atención porque además, era muy atractiva. Hoy no lo hace porque no sabría si le miran por su atractivo o porque llama la atención el movimiento de una pierna al que le falta un trozo, seguir los acordes de alguna canción. 



Alguno pensará que para acompañar una guitarra no hace falta mover la pierna gangrenada, pero sólo hay que fijarse en los grandes de la guitarra a los que se imita cuando se hace el mongolo en la pista de baile o, como se llama actualmente, Air Guitar, para percatarse del error.

Bailaba mucho. 

Más bien, rasgueaba el aire mucho. El "Money for Nothing" de Dire Straits. Ese riff guitarrero clásico. Ese que todos conocemos y todos hemos acompañado alguna vez.


Le gustaba perderse en noches raras de las que no puedes esperar nada que son de las que no puedes escapar. Salir corriendo siempre es un error. Esperar sin más es el único argumento de la obra, como diría Gil de Biedma. Aunque Don Jaime lo decía de envejecer, morir. Envejecer camino a la muerte es lo que hace uno cuando espera en una noche de la que no espera nada pero en la que tiene que mantenerse. Hacía air guitar en medio de las pistas con el "Money for Nothing" casi todas las noches que salía. Antes de perder un trozo de pierna. 

Perder un trozo de pierna, haberse enamorado de él y pensar que si Dire Straits no hubieran existido el mundo no lo hubiera notado produjo en ella algo así como encontrarse una alcantarilla con un cartel que indicara “Por aquí se va al País de las Maravillas”.

El País de las Maravillas se abrió ante sus ojos con una luz que mostraba un mundo donde estaba claro que si Dire Straits no hubieran existido, no lo hubiera notado. Le preguntan en la aduana qué es lo que le pasó en la pierna y ella dice que nada. No se siente obligada a contar su historia a nadie. Ni siquiera a mí. A veces sospecho que ni ella misma sabe qué pasó. Lo único que tiene seguro desde entonces es que si Dire Straits no hubieran existido, el mundo no lo hubiera notado.

Con ello vive y a ello se agarra cuando llegan las ausencias en su cuerpo y en su mente. Y su cuerpo y su mente, dejaron de ser un error en cuanto comprendió que hay mucha música que bailar y hay mundo que anhelar, exista quién exista y viva quién viva.

Y con eso, con su visado para el País de las Maravillas que tiene una alcantarilla por aduana, y las ganas de seguir siendo la que nunca ha sido, tira para adelante con una leve cojera. Con la cojera que dan los años de excesos en las discotecas haciendo air guitar al ritmo del riff del "Money for Nothing" de Dire Straits más que las operaciones para salvarle de la gangrena, pasea por la vida sonriendo a una alcantarilla que probablemente no lleve a ningún sitio, pero tras la cual sabe que no existen ni habrán existido nunca los Dire Straits.

A esa chica la conocí en un momento de debilidad de mi mente. En una época en la que no entendía por qué existían los Dire Straits, si sin su existencia el mundo hubiera sido prácticamente igual…



B.S.O.: "Money for Nothing" (Dire Straits)

martes, 6 de septiembre de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 17): Vestirse para las ocasiones y mirar atrás



No iba vestida para la ocasión.

Ni la música ni la conversación iban con ella. Se apartó discretamente a una esquina del salón. La gente parecía feliz en la fiesta. No encajaba allí, pero no podía irse. No en ese momento.

Cruzó la sala donde todos bailaban y aparentaban estar felices. Repartió sonrisas a diestro y siniestro para no parecer desubicada y llegó al balcón. Se asomó discretamente y recordó porqué estaba allí. Miró la luna y encontró la respuesta.

Volvió a cruzar la sala. Todos seguían bailando y aparentando estar felices. No repartió sonrisas aunque pudiera parecer desubicada.

No encajaba allí, pero nadie lo hacía realmente. Sólo ella lo sabía. La gente parecía feliz en la fiesta. La esquina del salón estaba ahora ocupada por dos que se besaban como si no hubiera un mañana. Y ella se maldijo por abandonar la esquina antes de tiempo. 


Fuera de aquellos besos, ni la música ni la conversación iban con ella.

Tampoco podía pasarse la noche entera preguntándole a la luna si puede volver atrás. Además, no iba vestida para la ocasión.

No podía quedarse ni volver a cruzar el salón. Tampoco podía irse, ni asomarse a encontrar respuestas en la luna.

Se quedó en medio de ninguna parte, rodeada de gente. Como tantas otras veces. En su esquina del salón se besaban, en la fiesta bailaban y aparentaban ser felices, y la luna había desaparecido.

No iba vestida para la ocasión. Tampoco podía volver atrás.

Se puso una copa, empezó a bailar y aparentó ser feliz.

Aunque de reojo mirara la esquina del salón.

Aunque no fuera vestida para la ocasión…



martes, 27 de abril de 2010

Microrrelatos sin Pudor (Volumen 5): Cuando Harry perdió a Sally

Casi nadie baila hoy en día. Todo el mundo quiere ser DJ, y las que no, al menos amigas del DJ. Yo siempre había seguido la teoría que aprendí en la infancia que dice que las niñas bonitas no pagan dinero. No entiendo porqué de repente todos quieren ser DJ. Porqué casi nadie baila. Y no hay ni rastro del barquero. Lo más moderno que he conseguido hacer ha sido comprarme una Polaroid, justo ahora que han dejado de fabricar sus películas. En eso consiste ser moderna: Revitalizar al máximo algo que hace muchísimo hubiera criticado por estar anticuado y verlo como lo más avanzado que existe. Bailar no es moderno, pero ser DJ sí. Paradojas de la modernidad. Y el barquero sigue sin aparecer.

Me gusta jugar con la Polaroid. Hacerme fotos mientras te amo. Ni la mejor de las películas podrá reflejar completamente cómo nos amamos. Por eso, quizás, hayan dejado de fabricarla. Hay quien dice que no la fabrican porque no es moderno pero, ¿Hay algo más moderno que tener algo que ya no se fabrique? Sé que hay quien guarda la película de la Polaroid como oro en paño. Yo la gasto amándote. No soy totalmente moderna. Y ni siquiera tengo fotos del barquero que no aparece.


Mi Polaroid hace tiempo que es lo único que te une a mí. Me da igual. Soy consciente de que quieres estar conmigo porque tengo una Polaroid con la que jugar cuando nos amamos y porque es moderno estar con una chica que no entiende por qué la gente ya no baila y por qué todos quieren ser DJ ahora. Aunque hace tiempo que con la Polaroid jugamos los dos pero sólo amo yo. Quiero retener este momento. Quiero desear salir en las fotos contigo.
Aunque se acabe la película.
Aunque no aparezca el barquero.

Ya está tardando...


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