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martes, 19 de julio de 2016

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 41): La juventud y las ganas





Ella era aún joven. 
Al menos así lo pensaba. 
También los demás.

Sí, todo indicaba que ella era aún joven. Pero tenía mucho acumulado. "Vive deprisa" le dijeron y ella hizo caso. "No hay tiempo que perder" escuchó también y actuó en consecuencia. 
Y se cansó. 

Tanto, que se puso a mirar con detenimiento. Como nunca había hecho. Y de repente apareció aquello. No sabía si se lo había dicho alguien, si lo había leído por ahí o lo había visto en alguna película, pero comenzó a retumbar en su cabeza:

Una cosa os voy a decir: Llegadas ciertas edades es una estupidez quedarse con las ganas.

De repente se sintió mayor. 
Y sin ganas. 
Todo se iría al traste si miraba hacia atrás.

Pero como tantas otras veces se dijo a sí misma: Yo no soy estúpida. Guardó el libro, apagó la película o le cerró la boca al que hablaba, es un detalle que da un poco igual. Se lanzó a no quedarse con las ganas. Ahora sólo necesitaba saber qué era aquello que representaba la juventud y las ganas. 

Pero esa ya, es otra historia...




lunes, 27 de diciembre de 2010

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 13): La Sombra de Carmina Ordóñez es alargada


Como todos los días de resaca (Que últimamente son más que los otros) se metió de lleno en su ya típica conversación con la estupidez:
Todos tenemos un pecado original.
Yo no
Tú también.
Porque tú lo digas…
Punto sin retorno. 
Conversar con la estupidez implica ciertos riesgos. El mayor de ello es meterse en bucles perniciosos que no llevan a más sitios que la destrucción del mundo tal y como lo conocemos.
¿Te has enterado de que ha muerto Enrique Morente?
¿Quién?
¿Enrique Morente?
¿Quién es Enrique Morente?

Se pasó la mano por el pelo con resignación. Lo mejor de pasarse la mano por el pelo es que le daba tiempo a pensar. Aunque no supiera bien en qué. También es bueno tener una pistola a mano, pero es delito.


Hoy me he acordado de Carmina Ordóñez
¿Por qué?
Me suele pasar bastante a menudo.
A mí no… Y mira que creía que nos conocíamos bien...

Una nunca llega a conocer a fondo la estupidez. Se cree superior, pero siempre tendrá algo con que la sorprenderá. Y eso es muy triste. Aunque la sombra de Carmina Ordóñez siga siendo muy alargada.
Se dio la vuelta y se dispuso, como tantas otras veces, a empezar a leer “Guerra y Paz”. Las pistolas deberían ser legales según qué momentos…


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