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martes, 4 de junio de 2013

El cuento de los días que sería mejor no salir de la cama



Once upon a time, conocí a una chica que creía tener todas las respuestas y que salía al mundo con decisión y seguridad.




Como siempre, lo primero que hacía todas las mañanas era abrir el Play-boy y masturbarse antes de afrontar el día. Pero esa mañana encontró un post it rosa cuando abrió la revista que llevaba escrito:

“¿Sabes que la masturbación no es la respuesta para todas las cosas?”



Salió a la calle más turbada de lo normal por lo vivido al iniciar el día y recordó que no tenía tabaco, aunque hacía tiempo que no fumaba habitualmente. Al llegar al estanco y pagar lo adquirido, sintió en la nuca la pregunta de la estanquera, que no era ni la de Vallecas ni la de Amarcord, sino un señor con bigote y aparente interés cero en la vida en general: 

“¿Recuerdas cuando se fumaba en las películas?”




Azorada por el calor, la posible fiebre que estaba incubando, y lo confuso del día, llegó frente a mí buscando consuelo sin contarme bien lo que pasaba y no pude menos que confesarle toda la verdad:

"No hay nada más bello que una tía vestida con sólo una camisa blanca de hombre. Siempre seré un perdedor porque nunca he usado camisas. Y mucho menos, blancas. Aunque sabe Dios que he tenido mañanas posteriores a grandes noches en las que no he podido desear nada más que tener a mano una camisa blanca para que te vistas sólo con ella para desayunar."

Para rematar preguntándole:

“¿Por qué el blanco siempre hace gordo y el negro estiliza?”



Decidió no volver a hablarme, olvidar todo lo que estaba pasando y meterse en la cama a pasar la fiebre confiando que mañana fuera un día mejor.

Y colorín colorado, se durmió sabiendo que el sueño todavía no había llegado...



jueves, 31 de enero de 2013

Método para dejar de fumar al estilo de Jeremy Irons.







Franky siempre había sido una persona muy peculiar. Peculiar es una palabra sencilla y no puede abarcar todo lo que podríamos decir de Franky como persona, pero las palabras, como para tantas otras cosas, se quedan cortas para expresar certeramente lo que siempre había sido Franky.

Peculiar y pintoresco. Dogmático y creativo. Raro. Pero con mucha personalidad. Tanta como para pasarse media vida estableciendo teorías que a todos nos parecen más o menos descabelladas, cuando no absurdas, y hacerlas ley de vida. O para crear comportamientos y rutinas en base a su peculiar (¿Otra vez peculiar? ¿No hay otra palabra?) manera de enfrentarse al mundo.

Recuerdo bien cuando le dio por dejar de fumar. Sin decírselo a nadie, a su bola, sin que se notara demasiado. Sin que se notara más que por una cosa: Se iba mimetizando progresivamente con el Jeremy Irons atormentado y enfermizo de sus mejores películas.

Recuerdo que mi padre, analfabeto funcional para el cine, siempre reconocía a Jeremy Irons en cuanto salía en la pantalla de la televisión y decía aquello de “Este hombre ya va a empezar a pasarlo mal” refiriéndose al que él llamaba “El que hizo Kafka, y estaba fabuloso el tío”.

Mi padre era así, en muchos aspectos como Franky ¿Peculiar? Algún día tendré que mirar seriamente lo de apuntarme a un cursillo de incremento vocabulario o meterme de lleno en el acopio y estudio de palabras polisémicas que palíen ciertas carencias tan peculiares como esta que me abruma ahora mismo. Como no poder encontrar el término adecuado para definir a Franky en el aspecto que estoy contando y que la única palabra que me cuadre, cuadre perfectamente con un padre cuasi analfabeto cinematográficamente que a pesar de ello conoce a Jeremy Irons aunque lo llame “El que hizo Kafka, y estaba fabuloso el tío” y que en todas sus apariciones vaya a sufrir, a pasarlo muy mal y, sobre todo, a arrastrar una existencia atormentada y apesadumbrada en la película de turno.

Quizás debería compatibilizar mi curso de vocabulario con una visionado intensivo de la filmografía de Jeremy Irons, porque todo lo que me viene a la mente cumple a rajatabla con la teoría de mi cinematográficamente analfabeto padre: Kafka, Herida (Damage), Madame Buterfly, La casa de los Espíritus, Belleza Robada, Lolita... 

Jeremy el atormentado, sin duda. 

Algún día alguien le tendrá que hacer un homenaje en tonos grises, con música barroca de fondo, tipo “El Atormentado Jeremy Irons y sus tribulaciones”.




- He inventado el método definitivo para “dejar” de fumar.
- ¿Sí o qué? ¿Y cómo es el asunto? ¿Y por qué dices el “dejar” entre comillas?

Se creó un silencio incómodo entre los dos. ¿Cómo era posible que yo viera las comillas de “dejar” si estábamos hablando? Quizás, así, escrito todo parece una tontería sin importancia, pero estas letras son reflejo de una situación hablada, donde las comillas no salen. El silencio amenazaba con explotarnos en la cara y el fantasma de la atormentada presencia de Jeremy Irons planeaba por encima de nosotros con cara de no entender nada de lo que estábamos hablando, de las comillas de “dejar” y de que su vida fuera una tortura psicológica que amenazaba con derrotarlo. ¿Debía romperlo yo de alguna manera? ¿Proponer sexo en ese momento era adecuado aunque los dos supiéramos que era una mera excusa para romper el silencio incómodo?

- El “dejar” entre comillas es porque realmente no quiero dejar de fumar.
- Entonces, ¿Para qué un método para dejar de fumar?
- “Dejar” de fumar, perdona.
- Vale, “dejar” de fumar, ¿Para qué?
- Yo no quiero dejar de fumar. Yo sólo quiero “dejar” de fumar sin más. Quiero volver a los tiempos donde fumar tenía sentido. No excederme en el fumar porque sí. No fumar sin más. Quiero “dejar” de fumar, y para ello, no hay mejor método que fumar siempre con un sentido y un por qué.
- ¿Porque "te gusta" no vale?
- No. Sabes que acabo fumando como un condenado y no recuerdo si me gusta o no, sólo fumo. Como tú.
- Tienes razón. Dime.
- Sólo fumar cuando se hace algo bien. Cuando se cumple.
- ¿Cómo?
- Solamente fumar tras una razón clara. Sólo fumar cuando me haya “ganado” el cigarro. Convertir el acto de fumar en una recompensa.
- O sea, a ver si lo entiendo: ¿Sólo vas a fumar cuando hagas algo bien? ¿Cuando te digan que está bien hecho? ¿Cuando pienses que te lo mereces? ¿Cuando consigas algo?
- No, no... Esto es válido para todo el mundo. Piensa: ¿Cuál es el cigarro que más apetece? ¿Cuál es el cigarro al que más le cuesta renunciar todo el mundo que quiere dejar de fumar?
- ¿El de después de comer?
- Exacto. El de después de comer, el de después del sexo, el de después de cagar, el de después de hacer algo placentero...
- ¿El de después de cagar? Tengo que decirte que para mucha gente es al contrario, por la mañana temprano...
- Bueno, eso son detalles.
- Y uno de mis mejores amigos no perdona el cagar con el cigarro, ni antes ni después.
- Olvídame. Tú casi no fumas y no quieres “dejarlo”...

Y tras su evidente enfado, se dispuso a contarme, con todo lujo de detalles su maquiavélico plan que cambiaría el mundo del tabaco y de nuestras relaciones con él. Todo el mundo hace algo. Algo que merece la pena. Y si no lo hace, para qué plantearse “dejar” de fumar o nada. Cada cual debe coger su tarea principal, su desarrollo personal y ponerlo antes del cigarro. Así se podría provocar una simbiosis importantísima entre el fumar y el desarrollo personal. Fumar sólo al terminar de enlazar los cuatro acordes principales de la canción que estás escribiendo, un cigarro tras terminar de grabar la toma adecuada de lo que estás creando, el pitillo de después del punto que cierra ese párrafo maravilloso...



Fumar así haría que forzáramos nuestra creatividad aunque fuera por la necesidad de fumar. Nos obligaríamos a trabajar en lo que nos hayamos metido aunque sea simplemente por las ganas de echarnos un cigarro.

El cigarro de después nos llevaría a multiplicar el antes de manera brutal.

Sólo fumar tras hacer algo bien o tras el sexo.

- ¿Cuánto llevas sin follar? -le dije sin pensarlo demasiado.
- ¿Es una proposición?
- No, es curiosidad.
- Ni me acuerdo...
- Pero, ¿Estás llevando a cabo tu método para “dejar” de fumar?
- Claro. Me va genial.
- Hace siglos que no escribes nada bueno...
- Más hace que no follo.
- Entonces casi ni fumarás. Eso es bueno.
- Qué va, fumo un montón más que antes.
- ¿Y eso?
- Me masturbo compulsivamente...

Se creó un silencio incómodo que estuve a punto de romper agarrándole el paquete y proponiéndole sexo por compasión, pero no hubiera estado bien.

- Pero... ¿Tanto?
- Más

Empecé a hilar todo. Su progresiva mimetización en Jeremy Irons tenía un porqué.

- ¿Fumas más que antes?
- Mucho más. Me la pelo constantemente.
- Pero...
- Tranquila... Puedo “dejarlo” cuando quiera.

Volvieron las comillas. Esta vez las acompañó con unos dedos que hicieron el típico gesto de entrecomillar pero que a mí sólo me transmitieron una frenética actividad en su entrepierna.

- Hablando de Jeremy Irons: ¿Qué cara pondría en una cena romántica, a la luz de las velas, con Amaia Montero cantándole eso de “Te voy a escribir la canción más bonita del mundo”? No sé, acabo de pensarlo...

Franky era así. ¿Peculiar?

Y se hacía muchas pajas últimamente (No le quedaba otra)




B.S.O.: "Qué bien me lo paso" (Los Enemigos)



miércoles, 28 de noviembre de 2012

La increíble historia real de una noche desconocida, disfrazada de historia desconocida de una noche real (Con eróticos resultados…)


Habían pasado las horas. 
Los días. 
Las duchas y los olores. 

N se dispuso a contar, como tantas otras veces, las anécdotas de aquella noche a los amigos que se interesaban y no tuvieron la ocasión de verlas. Como tantas otras veces, pero mucho más rebuscado y extraño. Más extraño y totalmente diferente. 

N se dispuso a contarlo porque sabe que la distancia y el reposo de aquel momento es la adecuada para analizar y tener presente todos los detalles valorándolos en su dimensión correcta y no es excesiva como para que se difuminen o se pierda el interés y haya que volver a ellos cuando no sean más que retales difusos de una noche más de drogas, cariños, amistad, risas y aventuras (Con eróticos resultados…).

He aquí la reproducción, más o menos literal, de todo lo acontecido aquella noche de autos (porqué demonios se llamará “de autos” a las noches o los días) en la que su temprana desaparición y una teta perdida en el teléfono despertó el mayor de los intereses a todos los amigos de N, desde sus ojos, los que, aunque turbados por ciertas sustancias y el cansancio de la acumulación de fiestas, son los únicos que pueden dar testimonio veraz de aquella noche (Con eróticos resultados…):




“¿Que estaba raro yo aquella noche? Coño, como todas las últimas noches…  Francamente, no sé si estoy pasando un buen o un mal momento en mi vida, pero supongo que la rareza de todo lo que me rodea en los últimos tiempos hace que cada día, y cada noche –sobre todo cada noche- sea cada vez más extraño, alternándose momentos fascinantes, como la madrugada del viernes que nos ocupa, con momentos sin más y con pasividades vitales de lo más tenebrosas. ¿Cómo coño no voy a estar raro con la que tengo encima? Ahora, lejos de verlo como una losa o una desgracia, la actitud ante ello me está llevando por vericuetos maravillosos o simplemente interesantes, cumpliendo aquello que siempre he dicho que la actitud que tiene uno ante las cosas se transmite fuera de él y atrae o espanta ciertas cosas, y si está de bien la cosa y no se le da mucha importancia, se ve envuelto en circunstancias que en otras ocasiones, con una actitud neutra, depresiva, eufórica, ansiosa… o de cualquier otro tipo, condicionaría lo de alrededor y lo que tiene que venir. Pues claro que estoy raro últimamente, pero como estoy tan extraño y voy suelto para no pensar y pasa lo que pasa.

Todo surge de un momento de rarezas. De aquellos que le entra a uno cuando en instantes concretos de las noches largas de farra, ayudado por el alcohol y la farlopa, sin duda, empieza a separarse un poco de la línea oficial de la noche. 


(Para los no instruidos indicaremos que la línea oficial de la noche se refiere a estar haciendo lo pactado más o menos tácitamente por un grupo que sale de fiesta esa noche, siguiendo los ritmos, participando en las conversaciones, mimetizándose con el grupo y siendo uno sin más). 

Ese momento salida de la línea oficial de la noche siempre ha estado presente en mí. Incluso cuando uno está en estado óptimo o también llamado normal o estándar. Pero llegó a esa noche. Y entre lo disperso y extraño del ambiente, el exceso de farlopa y copas que llevaba y una escasa disposición a hablar de nada, la salida de la línea oficial de la noche implicó salir más de la cuenta de aquel garito a la calle a fumar.

Más veces de las normales.

Cuando sales mucho de un garito a fumar, tú solo, debes plantearte que o bien tienes un problema con la nicotina, o bien te aburres dentro del sitio, o bien tus amigos no fuman, o bien estás inquieto, o bien todas las anteriores son correctas. En aquel momento, ni yo mismo sabía por qué salía tanto a fumar, pero objetivamente fueron muchas veces y muy continuadas.

En una de ellas (concretamente la última de la noche del viernes) pasó algo. Se acercaron un par de tetas. Perdón, se acercó una tía, pero yo sólo veía un par de tetas, aunque eso es típico a esas horas de la noche cuando todo está un poco nublado por las consabidas copas y farlopa, y cuando uno está solo fumando, sin hacer nada, no puede menos que fijarse, por aquello de que en algo hay que entretenerse más que oír las conversaciones casposas de los porteros. 

Y en eso que las tetas hablan. Y no sólo hablan, sino que me hablan a mí. 

Cuánto tiempo sin venir por aquí, ¿No?
¿Cómo? No tenía una respuesta ingeniosa ni adecuada porque el fin de semana anterior había estado allí, y el anterior, y el anterior… Pero cualquiera se muestra con valor como para discutir con esos pequeños detalles a unas tetas…
Que hacía mucho que no venías por aquí…
Bueno, no sabría decirte… ¡Bien! Tío, te lo estás currando, eres encantadoramente gilipollas e ingenioso.
Pues yo hace mucho que no te veía. Vale, esto ayuda…
Puede ser...

Recapitulación mental: La tía (Vamos a mirar más allá de las tetas) me habla porque me recuerda. Normalmente nunca sé si es bueno o malo cuando me recuerdan por algo que yo no tengo presente, pero (Vamos a volver a mirar a las tetas) qué demonios me importaba eso ahora. Con tener cuidado y que no sienta que no tengo ni puta idea de quién es ya me vale en ese momento.

¿Qué? No estás demasiado hablador, ¿Me das un pitillo? Esto está aburrido, ¿No?
Buah… Como siempre, pero es pronto.
¿Pronto? Yo estoy hasta las narices ya… ¿Qué fumas? ¿Qué tabaco es este?

Pues sí que habla, lo mismo no tengo problemas con mi incapacidad para recordarla o mi ausencia total de gracia natural para fascinarla o por lo menos quedar bien… Y el cigarro se me está acabando, a ver qué hago ahora…

¿Estás con gente o solo?
Con gente, ahí dentro, claro…
¿No fuman?
Sí, pero supongo que ahora me tocaba a mí.
Pues yo solita, que estoy hasta las narices de mi gente. SOLITA” ¡Alarma! ¿Querría decirme algo con eso? ¿Por qué “solita” y no “sola” o “he pasado de mis colegas porque me aburría”?
Pues quédate con nosotros, sin problemas. Somos todos estupendos y divertidos. Si te apetece, ya sabes. Y tranquila, todos los demás son más encantadores y divertidos que yo, no te guíes por mí. ¡Olé! Me hinché al sentir que había tenido una respuesta más o menos ingeniosa y que daba lugar a diálogo con la quedaba más o menos bien… Orgullo y satisfacción.
Pues si tú molas mucho... Ahora sí que estoy satisfecho y orgulloso, pero qué hago.
Gracias, será que vienes borracha.
Tío, que ya te he visto más de una vez…
Siempre borracha.
¿Qué pasa? ¿Me estás llamando borracha o no me crees? Vaya, la jodí… Con lo bien que iba…
No te creo…
¿No? Ven que me lo vas a demostrar…  Y ahí se abrieron los mares y me vi en el abismo. Caería de bruces en el fondo del pantano o sería una playa del Caribe con el todo incluido en la pulsera.
Vamos donde tú quieras. ¡Órdago! O quizás fuera la farlopa… O la situación que estaba viviendo últimamente y la actitud y todo ese rollo que ya hemos hablado. 
Pues vamos, que vivo ahí al lado.
¿Así, sin más? ¿Cómo? Descolocado estoy, pero como últimamente todo suele ser así o mejor, pues será así. Voy a decirles a estos que me piro… 
Y me agarró la chaqueta…
Luego vuelves, es ahí al lado… ¡Ah! Vale, que tampoco me va a secuestrar ni nada… Ya me extrañaba a mí… ¿Tienes farlopa? ¡Aaaaah! Ahora sí, ya sabemos qué quiere…
Algo queda.
Algo tengo por casa yo también…

(Y aquí haremos una elipsis en la narración para saltar al descansillo del segundo piso donde a una broma mal planteada me respondió arrinconándome contra la pared desconchada de aquel inmueble y plantándome un beso succionador en mi boca previo a un ¿Te crees ya que molas o no? Que acabó con todos mis prejuicios y me llevó a otro mundo diferente donde nada importaba y todo lo que había fuera de aquellos labios pasaba a importar una mierda. Y explicaré sin muchos detalles como la conversación en el pequeño trayecto desde la puerta del bar hasta ese descansillo del segundo piso de aquel inmueble próximo fue tensa por no saber qué decir para no cagarla, y cómo fui buscando un momento de intimidad para tomar por primera vez un trozo de esa pastilla revitalizante que usan los tíos que necesitan cumplir bien con sus funciones vitales, que llevaba encima y que encontré con la excusa de mear en un césped por allí cercano esperando darle la espalda y poder ocultar mi acción)

Pasa, ponte cómodo.
Estoy muy cómodo. ¿No me ves?
¿Con toda esa ropa?
¿Y tú?
¿Me preparas una lonchita? Allí en la mesa de la habitación tienes un CD negro si quieres…
¿Un CD negro? 
Sí, para que las hagas allí... Voy al baño un momento.

Curiosos pensamientos. Siempre se cumple el cliché de ir al baño cuando una chica me lleva a su casa. Siempre. Vaya a pasar lo que vaya a pasar, siempre se va al baño al llegar. A veces he pensado que en todas las casas hay un circuito cerrado de televisión que se controla desde el cuarto de baño y que esa costumbre es una acción estándar para controlar nuestros movimientos y ver qué hacemos antes de pasar a la acción. Esto lo sumé al interrogante que me surgió al pensar qué tipo de persona tiene una caja de CD rotulado con edding negro con el aparentemente único objetivo de ser utilizado como apoyadero para hacer rayas y demás, encima de su mesilla de noche. Empecé a agobiarme un poco por los cubatas tomados y las rayas aspiradas, además de acordarme que me había tomado un trozo de pastillita mágica y que no sabía muy bien cómo funcionaba o no (tómala media hora antes me habían dicho algunos), ni cómo me iba a afectar y me senté en la cama mientras volcaba polvo blanco en el CD negro que ella había dicho, por si por algún caso, por raro que fuera, me estuviera vigilando por un circuito cerrado de televisión desde el cuarto de baño.

¿Ya estás?
Albornoz negro. Semi-cerrado. Erección. Posible, aunque no confirmada por razones obvias de visibilidad, cara de imbécil embobado por mi parte. Ya están…
Raya ella, raya yo. ¿Te has guardado algo para que me haga una aquí? 

Si amigos. Ese “aquí” se refería al compañero de entre mis piernas. Y sí, lo dijo acompañando el “aquí” con un apretón de su mano allí. ¡Uau! ¿Ya estás así? ¡Qué prisa, chico! Pues bueno…

Y empujó mi espalda a la cama y se colocó entre mis piernas haciéndome una mamada espectacular sin siquiera bajarme los pantalones más allá de las rodillas ni abrirse el albornoz mientras el amargor de la última raya que todavía rondaba por el agujero derecho de mi nariz era absorbido en un desesperado intento hacia dentro y me bajaba por detrás de la garganta, como tantas otras veces, pero con una tía chupándome la polla.

Estaba en la gloria. Lógico. Pocas veces mientras me la chupan no estoy en la gloria. Bueno, a decir verdad, hay alguna que otra vez en mi historial, pero claro, son las menos por suerte ya que quizás sea un afortunado que siempre me encuentro con gente que, o sabe chuparla muy bien, o a mí me lo parece. Alguna vez me rasparon con los dientes y no fue agradable. Alguna boca me encontré que no era del todo amplia y otras demasiado holgadas. Incluso algún piercing lingual mal aprovechado me hizo no pasarlo del todo bien. Pero esas veces son las menos. Pocas veces mientras me la chupan no estoy en la gloria.
Lógico. 
Estaba en la gloria.

Traté de incorporarla y besarla para… No sé muy bien qué. Si algo me gusta del sexo es no saber bien qué. Si tuviera un manual de instrucciones que siguiera en cada momento, seguramente me aburriría constantemente y dejaría de tener gracia el asunto. Traté de incorporarla y con sus manos e inusitada fuerza, sin sacarse la polla de la boca ni dejar de chupar, volvió a empotrar mi espalda contra la cama, sin dejar su tarea. Primer estímulo de la noche: Las riendas las llevaba ella. 
Como si no me había dado cuenta aún…

¿Te corres rápido?
¿Cómo?
Que si te corres muy rápido…
Uff, no sé…
Bueno, da igual.

Y en ese momento sí que pensé que me corro rápido. O que me iba a correr pronto. Supongo que decirlo fue lo que aceleró el asunto. ¿Qué debía hacer? Creo que como sigas así me voy a correr rápido, sí.
No importa, creí entender que decía con la boca llena acelerando el ritmo.
Me corrí. Mucho. Y no sabía qué decir. Rico, dijo ella. Y supe menos qué decir. Muy, muy rico. Voy al baño y me toca.

Entendido. Ahora tenía que ejercitar la lengua yo. Abre el segundo cajón de la mesilla y elige el que más te guste la oí decir desde lejos. Te dejo que escojas tú. 

Antes de que pudiera pensar qué habría de elegir ya había abierto un cajón lleno de vibradores y demás parafernalia sexual que, francamente, me abrumó por su cantidad y variedad. Probablemente es la impresión unida al desconocimiento, pero aquello me turbó bastante.

¿Ya? Había vuelto del baño desnuda y se acercaba a la mesilla.
Emm… No sé…
Deja. Metió sus manos en el cajón y cogió un vibrador negro de lo más corriente que había por allí a primera vista. Este es mi prefe cuando estoy con gente. Gente. En otros momentos reflexionaría el sentido que puede tener hacer una frase en esos instantes en las que están incluidos el concepto de gente y un vibrador preferido.

Se echó en la cama y me arrastró encima suya. Su cuerpo estaba frío. El mío también. Pero fue cuestión de un instante. Al rato, sin saber muy bien cómo, se empezó a masturbar con nuestro amigo de la mesilla.
Quiero comértela mientras me follo.
Tus deseos son órdenes creí bromear, aunque luego supiera que no era así.
Si, me vuelve loca…

Y volví a sentir mi polla en su boca. Y me volví más loco aún. La imagen era brutal. Y la sensación más aún. ¿Funcionaba tan bien el pedazo de pastilla que me había tomado o simplemente la excitación por la situación era tan potente que había anulado el efecto alcohol en mi libido masculina? Qué mas daba en aquel momento.

Agárrame las tetas. ¡Por favor! ¡Fuerte! Dios, cuánto hace que no hago deporte y qué oxidado estoy, pensé en aquellos momentos en los que todo costaba más de lo normal.
Me vas a follar, ¿Verdad?
¿Quieres?
¡Claro, cabrón! ¡Fóllame ya! Te quiero dentro…

Y ahí que fui, sustituyendo al siempre fiable amiguito negro que había cogido del segundo cajón de la mesilla y me introduje entre sus piernas. Algo estaría haciendo bien porque sus primeras palabras llenas de deseos imperativos pasaron a ser gemidos acompañados de fuertes arañazos en mi espalda. 
Claro que esto es una suposición.

Nos dimos la vuelta. Más de dos o tres veces. Me dijo que parara y pidió que se la metiera a cuatro patas y allí que fui. O intenté ir porque muy disgustada me dijo que así no y me dio la vuelta para quedar los dos enfrente del espejo que ocupaba la pared contraria a donde estábamos mirando hasta ese momento. No sé cómo pero salió de mí un momento (o me sacó, para ser exactos) encendió una luz tenue y suave de tono anaranjado y volvió a acoplarse en mí para seguir como dos locos salvo que, en este momento, mirándonos en el espejo que teníamos delante.




¿Quieres grabarme?
¿Cómo? No voy a desarrollar ahora la extrañeza que me produjo eso y todo lo que pasó por mi cabeza en ese instante en el que escuché o creí escuchar ¿Quieres grabarme? Entrecortando sus gemidos cada vez más acelerados.
Que si quieres grabarme...
No sabía responder y me sentí amoroso diciendo Lo que quiero es correrme y que te corras. Entiendo que al común de los mortales le parecerán esas palabras cualquier cosa menos amorosas, pero fue así. 
Sí, dale, no voy a aguantar más. Córrete en mi espalda, o en mi boca, o… ¿Dónde quieres correrte?
No sé…
¡¡¡Vengaaaaaa!!!

Y nos corrimos. Por allí. No sabría decir muy bien dónde. Al menos yo. Y quedamos rendidos el uno frente al otro. Amorosamente (ahora sí está mejor dicho, creo) agarró una manta sin moverse demasiado y nos tapó a los dos. Pasó el tiempo. ¿Cuánto? No soy muy de calcular en esos momentos. Pensamientos. Muchos. Placidez interrumpida. Bienestar. Inquietud. ¿Me debería ir ya? ¿Habría más? El móvil había sonado alguna que otra vez. El mío. WhatsApps de los amigos abandonados supuse. Volvió a sonar en esos momentos. 

Seguramente te echan de menos...
O a ti, que no es el mío, mentí conscientemente
El mío está apagado.
Bueno, da igual, ya se habrán ido…
¿Te quieres ir?
¿Quieres que me vaya? 
Ni de coña. Déjame que haga una cosa.

Me cogió al amigo de entre mis piernas y empezó a secarlo con un pañuelo de papel. Uff, te he dejado empapado dijo entre sonrisas buena señal amiguete… Si quieres voy al baño y me limpio, ¿Qué vas a hacer? No, deja, sólo quiero secarte un poco y que te pongas… ¡Tío! Qué rápidamente te pones, eres una joya… Me sentí tan tramposo como cuando robaba dinero de la banca mientras jugaba al Monopoly para luego no saber cómo explicar que nunca me quedara sin él aunque pasara mucho tiempo de partida sin cobrar nada y muchos se quedaran medio arruinados. ¿El pedazo de pastillita? Probablemente, si no de qué… Aunque cosas más raras se han visto y me he visto. ¿Me la dejas? Claro, toda tuya… Se alargó hacia la mesilla y cogió mi chivato con farlopa que había dejado allí tras las rayas iniciales en el fascinante CD rotulado de negro. ¿Puedo? Por supuesto. Y se puso una raya en mi compañero de entre mis piernas. ¿Te mola que haga esto? ¿Te lo han hecho alguna vez? Claro, volví a mentir cual tramposo de Monopoly one more time. Y ahora (snifff) a mí me pone muchísimo que te la hagas encima de mí. Eso sí lo había hecho alguna vez, fíjate, pero ahí no preguntó. ¿Dónde? Donde quieras. Su pecho izquierdo. Me gusta mucho. Si pudiera, a todas las tías con las que me meto en la cama les pondría una raya de coca en la teta izquierda y sería muy feliz. Pero ni siquiera lo pregunto nunca. Es más, normalmente ni me pongo con tías. Al menos estando desnudos y a otra cosa. Luego aquí, me dijo señalando el lado derecho de un precioso pubis casi totalmente depilado salvo por unos pocos pelos cortitos en forma de bonometro que salían de su clítoris dirección a su ombligo. Como quieras. Luego… Ahora te vas a enterar, si me dejas… ¡Marcha, marcha! Pensé mientras mezclaba un con mucho gusto con un morreo ansioso que volvió a despertar las hostilidades en aquel campo acolchado del placer.

Espera. Y se separó de mí. ¿Prometes no decir nada? 
¿Nada de qué? 
Olvidarás y si te cruzas con ella nunca decir que lo has visto
Claro, si ni siquiera sé lo qué es ni de quién hablas
Sí sabes quién es… Pero me fío de ti. 
No deberías, le dije sonriendo. 
Oye, no me jodas, dijo mientras volvía a la cama con una especie de tablet o pantalla de esas que tan en boga están ahora mismo. Déjate de cachondeo, prométemelo… 
Sí, lo prometo, soy una tumba.

Arrancó la tablet. Toqueteó con aquellos maravillosos dedos y de repente, en la pantalla, apareció una chica siendo follada salvajemente como hacía un momento habíamos hecho nosotros. A lo perrito, mirándonos fijamente. ¿Qué demonios…? Además, aquella imagen parecía esta misma cama o muy parecida. ¿Es aquí? Si, no le dirás nada si la ves, ¿No? Porque sabes quién esClaro, tranquila… 

Mentí, no tenía ni idea quién era. Pero tampoco sabía quién era ella y allí estaba. 

¿Esto es lo que querías que hiciera cuando me dijiste que grabara? 
No, esto está hecho bien, con la cámara y ellos colocados en buen sitio, grabado lo mejor posible. Me pone follar viendo esto. ¿Te apetece? 
Me pone, y ahí no mentí, creo… 

Follamos haciendo el loco mientras recolocábamos la tablet de un sitio a otro ante la incapacidad de ver bien los dos a la vez aquello. Pero era brutal. Los gemidos de la pantalla y los suyos. Mi respiración y las tetas colgando de su amiga. Sus movimientos y mi excitación. Volvimos a morir del gusto. Al menos yo, claro. Y ella parecía, pero eso nunca lo sabe un tío al cien por cien.

¿Tu amiga sabe esto? Pregunté cuando recuperé el resuello. 
Claro. ¿Para qué te crees que lo grabamos?
¿Ella hace lo mismo? 
No. A ella no le pone verse… Rio pícaramente… No, a ella le gusta verse conmigo.
¿Y ese video existe?
Claro. Ella lo utiliza mucho, dice.
¿Me lo enseñas?
Ni de coña.
Pero si ella lo utiliza con otros… Y acabo de verte de miles de maneras y a ella también…
Es diferente.
Bueno, no insisto. Mentí. Deseaba ver aquel vídeo como nada en el mundo en aquel instante. Volvería a ello cuando pudiera. No hizo falta: Te dejo verlo pero sólo una parte. ¡Bien! me dije infantilmente para dentro. Lo que sea. Con una condición... Miedo. Mucho miedo sentí ahí, no sé por qué. Me imaginé grabando algo, haciendo algo extraño de lo que tras la resaca me acordaría y me daría miedo o vergüenza, imaginé mi cara de orgasmo rulando por internet, pensé en el segundo cajón de su mesilla… Pero, sobre todo, pensé en mi incapacidad para no decir que no en ciertos momentos y me aterré. Quiero que grabes mientras te la chupo y me masturbo. Vale, no parecía difícil. Claro, pero yo no sé utilizar estos trastos… No, con mi móvil. Es más cómodo...

Me volví a poner tremendamente cachondo. 

Y llegó la parte cómica de la noche: Su móvil sin batería. El cargador que no tiene cable suficiente para colocarnos bien y en acción, los cambios de postura, la excitación creciente. Usa el tuyo, me dijo. No, mejor no, no me fío de ti. Hazme una foto, déjame. Cogió mi móvil y me lo volvió a dar. Le hice una foto. De su pezón, de su cuerpo en plena acción. ¡Déjame ver lo que haces! Y cogió el móvil con una mano sin parar de masturbarse. Creo que se olvidó un poco de mi amiguito. Se dedicó a ella y reventó. 
Y yo miraba. 
Y reventé. 
En ese mismo pezón previamente fotografiado de mala manera y con torpeza que tanto placer le produjo verlo...

Pensé que me hace falta un curso de fotografía para saber captar imágenes en estados alterados y totalmente puesto de farlopa y alcohol. 

Pensé que eso no existe o al menos no he visto nunca un anuncio al respecto.

Pensé tanto que me quedé dormido y evité el teching típico de las noches de farra tan intensas.

Me desperté con el cuerpo molido. Repasando los mensajes en el WhatsApp de los colegas a los que abandoné. Ninguno me lo echa en cara. Tampoco yo lo hubiera hecho. Desaparecí de una manera como podría haberlo hecho de otra, pero no me despedí. 


Ellos me entienden… Recibieron aquel pezón perdido en sus teléfonos en un momento extraño que no recuerdo cuál fue. 

(Con eróticos resultados…)"




B.S.O. I: Muérdeme (Los Romeos)

B.S.O. II: Arañas mi piel (Los Romeos)

B.S.O. III: Teching (Piratas)

B.S.O. IV (Resumen de todo): Mi vida rosa (Los Romeos)







jueves, 22 de noviembre de 2012

La nota escrita en Comic Sans



He decidido escribir algo tan bonito que me vas a tener que amar toda la vida, aunque tú no quieras…





Lo he decidido y he salido corriendo a contártelo, a la parada del autobús donde nos dábamos al amor. 

He llegado asfixiado -sí, lo sé, fumo mucho últimamente- y cuando he recuperado el resuello -qué demonios querrá decir “resuello”- me he dado cuenta de que no estabas y me ha dado miedo.

Pero el miedo no me ha impedido ver que habías dejado una nota allí para mí. Una nota encima de los horarios de aquel autobús que nunca queremos que venga para poder tener más tiempo para los dos.

Una nota escrita en comic sans.





Nervioso, me encendí otro cigarro.

Tras cuatro o cinco caladas nerviosas me tranquilicé un poco. El poco que me dio recordar que no puedo tenerte en cuenta que me escribas notas en comic sans, por mucho que lo deteste, mientras que siga mirando tus fotos al irme a dormir…


Por fin lo supe: He decidido escribir algo tan bonito que me vas a tener que amar toda la vida, aunque tú no quieras…

No te preocupes por ello: Sólo hay algo peor que una nota escrita en comic sans: Una nota en comic sans impresa por dos las caras...





B.S.O.: La Cama (Julio de la Rosa)


martes, 4 de septiembre de 2012

Nosotras no subimos el IVA






Siempre me he parecido muy guapa fumando. No sé, creo que me da un aire de distinción, de femme fatale. Es algo que hago para engañarme. Estoy llena de complejos pero los disimulo fumando con mucha clase. Estoy pasando un mal momento en mi vida y así justifico todo lo que fumo. Y paso los días en el supermercado. No sé ni dónde voy ni de dónde vengo, lo que implica que, mucho menos sé quién soy.

Calada tras calada hasta la victoria final.


(Foto: WILL & SHXPIR)




El pasillo de los lácteos del supermercado siempre me resulta de lo más inquietante. Hace frío si te acercas a los yogures, pero no tanto en la zona de las mantequillas, y casi nada en la de las leches. Es la zona más sórdida de todo supermercado, aunque sea sólo por los infinitos chistes que se pueden hacer allí.

Calada tras calada hasta las conservas.

No sé dónde están los mejillones. Una vez me acosté con un chico que tenía mejillones por uñas. Era repugnante. Pero sólo por los mejillones. El resto era maravilloso y muchas veces me olvidaba de lo grande y asquerosas que tenía las uñas de los pies. Muchas veces. Como hacéis todas. Los mejillones se los veíais vosotras más que yo. Quizás es que yo le miraba mucho a los ojos. Aunque me arañara las piernas cuando nos revolcábamos.

Aquello acabó tan rápido como el trayecto que hago por el pasillo de los congelados. 

Siempre me da muy mal rollo el pasillo de los congelados. Aunque sólo sea porque miras el género poniendo tu atención en arcones que están abajo, no en estanterías a la altura de la vista como en casi todo el resto del supermercado.

Calada tras calada recuerdo que tengo que comprar tampones. 

No me gusta demasiado comprar tampones en el supermercado. Lo haga como lo haga, siempre me encuentro a alguien mirando en la distancia con cara de pensar “estásconlareglaolovasaestarmuy-
-prontoyyomeestoydandocuentadeelloahoramismo”. Quizás no debería darle importancia porque muchas veces, ese alguien que mira en la distancia, se entretiene mirando porque espera cierta intimidad para elegir su gel anti-hongos preferido sin que nadie le moleste. Y así paso la mañana y acabo sin saber qué tampones comprar porque están agotados los habituales, tengo un retraso preocupante, y me estoy empezando a acordar de ti una vez más.




Calada tras calada recordándote.

Ahora me muero. Me muero porque nunca te he dicho cómo me encanta comerte el coño, lamerlo, morderlo, sorberlo, degustarlo… Saborearlo, sentirlo palpitar.

Y descubro con temor la mirada de todas las locas aspirantes a actrices o cantantes que viven solas con su gato y que están en el mismo pasillo porque ahí es donde repostan. Parece que es el momento de hacer acopio de provisiones para el largo invierno que les espera. Sin duda creen que se acerca la hora en la que va a llegar su triunfo y sólo tienen que comprar unos kilos mas para la cosa que más quieren que les espera en sus casas, con la arena a medio cambiar, desprendiendo un olor que hará difícil que alguien detecte pronto sus muertes.

Al final del pasillo me parece ver al hombre que mató a Liberty Valance travestido de Liza Minelli en Cabaret pero es sólo eso, una impresión. 

Calada tras calada me apresuro a huir de mi impresión para toparme de frente con una bella pechugona alemana que reparte salchichas. Cuando cruzamos las miradas me doy cuenta de que es una antigua compañera de la facultad. Es curioso dónde nos pone la vida a cada una. Ella se disfraza de teutona para promocionar salchichas en un supermercado y yo sigo sin saber quién soy por mucho que me haya sacado la tarjeta de puntos del mismo. Con un estupendo requiebro propio de discoteca a las seis de la mañana llena de babosos, me despido de ella con el ya clásico “Tellamoundíadeestosyquedamosynoscontamosmealegromuchodeverte” que acabará olvidado, como todo el mundo sabe, antes de que termine el día.

Calada tras calada me doy cuenta de que las tetas que lucían en ese escote por encima de la bandeja de pequeñas salchichitas tipo cocktailwürstel de marca blanca pinchadas con palillos plásticos de varios colores para facilitar su rápido consumo eran mucho más grandes y bonitas de lo que las recordaba de la época universitaria. Cierto es que en aquella época no tenía ojos para ella. Ni siquiera puedo asegurar que hubiera cruzado más de dos o tres palabras de cortesía en aquellos tiempos.

Hubiera sido muy cortés por mi parte haberme planteado seriamente la vida en aquellos tiempos. Probablemente no me vería rodeada de verduras a las que no soy capaz de poner nombre en un alto porcentaje, en un pasillo del supermercado extrañamente vegetal para los tiempos que corren. Por allí debe haber guacamole. 

Una vez oí a Maribel Verdú decir que estaba enganchada al guacamole. Que en sus habituales trasvases México – España, no puede parar de comer guacamole aquí, y mayonesa allí. Siempre pienso que sería mucho más sencillo al revés, aunque así no acabaría con la nostalgia, que era lo que le llevaba a hacerlo. Siempre pienso que a Maribel Verdú se lo perdono todo y que por ella me aficiono hasta al guacamole sin saber muy bien qué es. Y que, probablemente, todo esto lo entendí mal y ahora no puedo parar de comer guacamole como le comería las tetas llenas de mayonesa.



Un guarda de seguridad me agarra del brazo y me saca a la calle de una patada. Sin dejar que me explique, sin que termine de hacer lo que me había llevado hasta allí.

Me quedo sola en la puerta del supermercado, gritando como una loca:

¿Por qué no se puede fumar en los supermercados? ¿Por qué no asumen que sin fumar no soy nadie? ¿Por qué no me entienden? ¡Nazis!

Me doy la vuelta sin ganas de fumar y tomo camino a ninguna parte, aunque yo crea que voy a casa… 



B.S.O.: “Lost in the supermarket” (The Clash)






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