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domingo, 17 de mayo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 27): El libro que te debo.


Me miraste a los ojos, me cogiste de la mano y me susurraste al oído: 

"Ven conmigo, tengo una isla desierta para los dos". 

Fui detrás tuya y sólo tenías ojos para las aventuras de los demás y tus libros. 
Aprendí a leer, empecé a leerte, y me di cuenta de que tenía que escribir un libro




Un libro para que sólo tuvieras ojos para mí. 
Un libro para que tuvieras todas las aventuras. 
Un libro para que me cojas de la mano cada vez que lo abras. 
Un libro para que me susurres a oído. 
Un libro para que la isla desierta que soy esté siempre llena de ti. 
Un libro...



miércoles, 13 de mayo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 26): El escritor tóxico.




Últimamente no paro de escribir. 
(mentira)
Parece que el tiempo se me está acabando y lo mejor de todo es que no paro de escribir.
(mentira)

Escribo cosas bonitas para ti y resulta que son tóxicas para los demás. 
(verdad)
Y eso me alegra. 
(verdad)

Como que últimamente no pare de escribir. 
(mentira)
Aunque el tiempo se me esté acabando, lo mejor de todo es que no paro de escribir.
(mentira)

Escribo cosas bellas para ti y resultan tóxicas para los demás. 
(verdad)
Eso me alegra.
(verdad)

Pero se me acaba el tiempo y las cosas bellas que últimamente escribo, porque no paro de hacerlo, resultan tóxicas para los demás y también para mí.
(mentira)

No me importa.
(verdad)
Se me acaba el tiempo y no paro de escribir.
(mentira)
Son cosas bellas para ti. 
(verdad)
Nunca hice mucho caso a la toxicidad de las cosas. 
(mentira)
Fuera para quien fuera... 
(y más mentira)




B.S.O.:Miento cuando digo que los siento” (Bunbury).




lunes, 11 de mayo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 25): Tengo, tengo, tengo y tú no tienes nada.


TENGO una libreta que se escribe sola. 
Recuerdos de ti sin conocerte.
Un libro que se lee sin siquiera ver su portada ni abrir sus páginas.
TENGO un amor que no sabe que lo es y orgasmos furtivos sin tocarme.
Un disco que se oye sin sacarlo de su funda.
Cuentan por ahí que hay archivos de Word que se escriben solos y llenan cientos y cientos de páginas, y miles y miles de caracteres, sin que hayas iniciado nada en él.



TENGO un dolor que me mata lentamente (y eso tampoco sé por qué es).
Tantas cosas que se resumirían en una sola.
En una sola cosa que no te voy a decir qué es.
Porque es la única que no TENGO.
Un antídoto contra el dolor.
Porque no quiero tenerte.

Y TENGO ganas de que me tengas...



B.S.O.: "Esta vida es una mierda" (Siniestro Total).




jueves, 16 de mayo de 2019

Orgasmos furtivos






Me he dado cuenta de que últimamente he usado la expresión “orgasmos furtivos” por encima de mis posibilidades. Creo que paso mucho tiempo escribiendo. Me doy cuenta. A la menor oportunidad me encuentro lo de “orgasmos furtivos” entre las palabras que escribo. Es curioso, pero cuanto más escribo, menos posibilidades tengo de encontrar “orgasmos furtivos”. Pero lo escribo una y otra vez. Si no escribiera me costaría muchísimo encontrar con quién tener orgasmos. Furtivos o no. Pero escribir tanto, y repetir lo de “orgasmos furtivos”, me está alejando de tenerlos. Tendría que vigilar más lo que escribo y los orgasmos que no busco por estar escribiendo. Tendría que preocuparme más de mis orgasmos (furtivos o no) y menos de lo que escribo. Porque llegará un momento que, de tanto escribir y no tener orgasmos furtivos, dejaré de poder tenerlos (furtivos o no). Me he dado cuenta de que últimamente he usado la expresión “orgasmos furtivos” por encima de mis posibilidades. Y tampoco escribo tanto como quisiera...




viernes, 15 de marzo de 2019

A veces te intento acariciar




A veces te intento acariciar.
A veces me pides que me acerque y entonces creo que debería acariciarte.
A veces te intento acariciar pero no puedo.

A veces te intento acariciar con palabras.
A veces me pides que me acerque y entonces creo que debería acariciarte con palabras.
A veces te intento acariciar con palabras pero no puedo.

En ocasiones siento que no puedo hacer lo que los dos queremos que haga.

A veces te intento acariciar pero no puedo porque no sé.
Ni con palabras...




viernes, 30 de noviembre de 2018

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 47): Escribir(te) una canción.


Es viernes.
Pero podría ser cualquier otro día.
No tengo nada qué hacer.
Sólo pensar en ti.
(Sí, sigo poniendo tilde en “sólo” para diferenciarlo de “solo” aunque la R.A.E. haya dicho que no debe hacerse ya. Soy un talibán de diferenciar el concepto “solamente” del concepto “estar solo”).

Tengo mucho tiempo libre.
Pero podría ser cualquier otro día.
Eso me hace pensar más en ti.
(Voy a escribir letras de canciones hasta hartarme para que odies todo lo que nos pasó).





Pero si no se entera nadie, ¿para qué me sirve?
Repito. 
Por los altavoces:
(Voy a escribir letras de canciones hasta hartarme para que odies todo lo que nos pasó).



Ya casi ni me acuerdo de ti porque pienso en otra.
Pero esa ya es otra historia...
(Voy a escribir letras de canciones hasta que otra quiera que nos pase algo).






martes, 30 de octubre de 2018

IX Aniversario: Los poemas que no te mandé. Año 58 D.D. (Después de Diego).


Cumplimos 9 años. 
Entramos en el décimo y en el año 58 D.D. (Después de Diego). 
Cada año que lo decimos tiene más parte de verdad: no nos imaginamos cómo hemos podido llegar hasta aquí. Cada año menos historias escritas y pero más que celebrar. Cada celebración más bestia y festiva y con menos excusa. Quizás seguimos en esto porque no hacemos más que escribir cosas, cada vez menos, con el objetivo de hacerte el poema definitivo. Este año hemos escrito menos que nunca. Pero todo es impostura. Una pose, como nos dijo una de ellas alguna vez. Somos una pose y eso nos empuja a decir que seguimos aquí porque no hacemos más que buscar ese poema que nunca te mandé.



Se lo tendríamos que agradecer a tanta gente que eso nos obligaría a escribir cosas que no son esos poemas que nunca te mandé. Que no te mandé pero que sé que los esperas aunque no me lo digas. Porque tú lees esto esperando que algún día me lance y me atreva.

Me quedo con aquella que me empujó a abrir cabezadeavestruz y que nunca me leyó. O que me lee pero nunca me lo reconocerá porque “a alguien como tú no le voy a subir el ego, no lo necesita y es lo peor que te puedo hacer”.
Me quedo con aquella que me obligaba a escribir y publicar aquí porque le gustaba tanto cada letra que juntaba que nos confundimos y nos acabamos gustando en persona.
Me quedo con la que dejó de mirarme mal en persona cuando supo quién estaba detrás de esto.
Me quedo con la que se sintió importante algún día por poder presentar a quien está detrás de estas letras como alguien que conocía antes de que existieran estas letras.
Me quedo con quien me confesó que estas letras le gustaban, le emocionaron o le turbaron alguna vez.
Me quedo con la que me confesó que estas letras le gustaban pero que tenían que salir de otro sitio diferente del que se decía que salían. O de otras personas.
Me quedo con esa que debería ser la razón de todo esto pero que ya no es.
Me quedo con aquella que decidió romper la barrera de la pantalla y darse de bruces con una realidad física que vio totalmente impostada pero que no nos maldijo por su sensación o que fue tan elegante de no decirlo y disimular.

Me quedo contigo.



Si me das a elegir, me quedo contigo.

Porque eres todos los poemas que no he aprendido a escribir y todos los que he escrito y no me atrevo a mandarte.

Porque, en cuanto te descuides, te los voy a mandar. Sólo tienes que pedírmelo...

Gracias.
SIEMPRE.

Me voy a tomar unas copas. 
Creo que me lo he ganado. 
Vente a brindar conmigo. 
Si te atreves...






martes, 9 de mayo de 2017

Escribes muy poco últimamente






Hola

¿Qué tal? ¡Cuánto tiempo!

He leído una cosa y me he acordado de ti.

¿Sí?

Sí. Decía Galeano algo así como que “para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos”. ¿Lo conocías?

¿A Galeano? Sí, claro.

No, la frase.

Sí, también, claro. De hecho me ha perseguido mucho durante gran parte de mi vida.

¿Y eso?

Pues no sé, a Galeano lo conoce casi todo el mundo, ¿no?

No, lo de perseguirte durante gran parte de tu vida.

(Risas)

¿Y bien?

Sería una conversación muy larga y lo sabes.

Hace mucho que no hablamos mucho tú y yo.

Sí, hace mucho.

(Silencio)

¿Y entonces?

Nada, tienes razón, hace mucho que no hablamos mucho. Aunque suenen raros los dos “mucho” tan cerca el uno del otro.

¿Y por qué?

No sé, dímelo tú.

Yo esperaba que me lo dijeras tú.

¿Para eso me has hablado?

No.

¿Entonces?

Hace tiempo que no escribes nada.

Eso no es cierto.

(Risas y silencio y risas)

Hace tiempo que no tú no ves nada de lo que escribo, pero escribo más que nunca.

¿Y eso?

Pues no sé. Es lo que toca.

¿Recomponiendo pedazos?

No.

(Silencio)

¿Entonces hace tiempo que no veo nada de lo que escribes aunque escribas más que nunca?

Exactamente. Bueno, tampoco es que escriba más que nunca. Escribo bastante pero casi no lo enseño.

¿Y por qué?

Pues no lo sé. Quizás para que tuviéramos esta conversación.

(Risas)

No, en serio, que nos conocemos, ¿por qué?

(Silencio)

Para provocar esto.

Mientes.

(Risas y silencio)

Claro. Como cuando escribo. Pero te gusta más que te mienta por escrito que oralmente.

Tú, en cambio, siempre has sido mucho más de lo oral.

En casi todos los sentidos.

(Carcajadas)

¿Vas a escribir más entonces?

Estoy escribiendo mucho.

¿Me lo vas a enseñar?

¿El qué?

(Carcajadas y más carcajadas)

Esas risas nerviosas no me han gustado nada.

No eran risas, eran carcajadas.

Peor aún.

Carcajadas y más carcajadas.

Me lo pones muy mal.

Y tú cuando no escribes.

Escribo.

Cuando no me lo enseñas lo muestras.

¿Me echas de menos?

Sí. Y lo sabes de sobra.

Me gusta que lo digas.

Lo necesitas.

Lo necesito.

¿Cuándo vas a escribir más o a enseñar lo que escribes?

(Silencio)

¿Cuándo nos vemos?

(Silencio)








miércoles, 1 de marzo de 2017

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 44): De lametones y contradicciones.





Cuando aprendí a escribir soñaba con darte lametones con mis palabras.

Ahora me conformo con lamerte sin más.

Aún estoy aprendiendo a escribir.

Sigo siendo un experto en lametones por tu cuerpo.


El mundo es así de contradictorio…




lunes, 26 de octubre de 2015

VI Aniversario: Los restos del naufragio




“Nos queda Oaxaca,
peyote, San Pedro
y amigos que
no nos quieren cambiar.”


6 años. Esto cumple el día 30 seis años de “vida”. El día 30 de octubre es el inicio del Año 55 D.D. (Después de Diego) y debería empezar cabezadeavestruz 7.0.
Poco podía imaginar que las letras que comienzan este post, de “Los restos del naufragio” de Bunbury, pudieran llegar a tornarse tan proféticas y adquirir tanta importancia en estos días. Sí, amiguit@s, mirar cabezadeavestruz a día de hoy es mirar los restos de un naufragio. Ver en ellos lo que nos queda y con qué podemos contar.

El año seis de cabezadeavestruz ha sido sin duda el más pobre. El de menos cantidad, el de menos que decir, el de menos que aportar, el de menos que encontrar. Hemos naufragado. Y Oaxaca es muy responsable de ello. Para bien y para mal. Pero también lo es todo lo que nos ha rodeado y todo lo que nos ha acontecido. Aunque si estas líneas están saliendo ahora mismo es porque aún nos quedan “amigos que no nos quieren cambiar”.




No es fácil escribir. Hay muchísimos escritores que escriben para huir de la realidad. Escribir como huida. Yo no sé escribir pero cuando todo se nubla, no me sirve para huir. Necesito huir de mi huida para poder escribir. Y últimamente, todas las palabras que me salían me hacían consciente de la necesidad de huir y eso me dolía al escribir.

Mi tolerancia al dolor es limitada. Muy limitada. Yo escribo porque me hace feliz. Incluso hay quien me ha dicho que cabezadeavestruz se creó para follar. Seis años después, todo ha cambiado. Los momentos que nos han llevado al naufragio nos han impedido escribir. Quizás ahora baste con analizar y rebuscar entre ellos, a la manera de un buscador de tesoros o de un, mucho más adecuado, pirata necrófago, para volver a disfrutar y ver qué es lo que nos queda y qué es lo que merece la pena.

Este aniversario es el momento ideal para dejar de castigarse con los crímenes perfectos, diga lo que diga mi adorado Andrés. Porque sobreviviendo es como un crimen perfecto deja de ser perfecto. Deja casi de ser crimen.



Algun@s se preguntarán por qué cuento todo esto. Pues no lo sé muy bien. Probablemente esto no lo esté leyendo nadie. Y si alguien lo lee, volveremos a ser felices y a dar por buenos estos seis años, eso que hemos conseguido, eso que hemos alcanzado.

Si cabezadeavestruz se creó para follar, a día de hoy ha optado por un celibato plácido e higiénico. Evidentemente, gracias a cabezadeavestruz hemos follado mucho recibido mucho cariño y empuje para seguir adelante. No hay que rebuscar demasiado en los restos del naufragio. La tormenta ya pasó.

El Subcomandante Marcos dijo una vez que “morir no duele, lo que duele es el olvido” y aquí estamos para celebrar que aquella tontería que se creó para follar recibir cariño, cumple seis años y este fin de semana habrá que celebrar el aniversario y el advenimiento del año 55 Después de Diego. Ni morimos, ni nos olvidamos. Ni matamos, ni caeremos en el olvido. Porque aquí, de siempre, hemos querido quedarnos a vivir en aquella maravilla de canción que compuso Josele Santiago y a la que recurrimos de cuando en cuando. Porque Los Enemigos siempre tuvieron razón y siempre son de esos restos del naufragio que hay que recoger para que todo cuadre:


"Bienvenido

al club de los que vamos a triunfar.
La vuelta ya nos la darás.
¡Tú vales, tú vales chaval!"









GRACIAS a tod@s l@s que andáis por ahí. ¡Feliz cumpleaños!




viernes, 7 de noviembre de 2014

Diana tendrá éxito algún día





Diana es especial. No ese especial que se dice peyorativamente de muchísimas chicas, sino una persona realmente especial. Es una triunfadora sin triunfo, aunque lo que ha conseguido en las cosas que realmente le han interesado y ha hecho en su vida serían un éxito para una gran mayoría de los mortales.
Es una mujer de la que se podría escribir ya, a su edad, una bonita e interesante biografía. Sobre todo interesante. Y eso es lo mejor que se puede decir de alguien para poder escribir su biografía. Interés. Que mucha gente pudiera ver su vida en unas líneas sin conocerla y tuviera deseos de devorar esas líneas, de meterse en esa vida, de acaparar esa personalidad, ese movimiento por el mundo al que llamamos vida.
Quizás para algunos fuera una biografía como otra cualquiera. Realmente, todas las biografías tienen un interés limitado al interés que te despierte el personaje biografiado. Nos acercamos a las biografías por conocimiento hacia el personaje. Nadie se plantea leer así por las buenas la biografía de un pastor de Kazajistán porque puede que no sepa ni dónde está Kazajistán y haya que repetirle segundos después eso de Ka-za-jis-tán. Puede que la leyera si la escribe su escritor favorito o si está estudiando el pastoreo de esa zona del mundo, pero lo lógico es que ni sepa que existe ese libro como no sabía que había pastores en Kazajistán o lo que sea que le hayan dicho.
Ese es el quid de la cuestión: Diana era una persona poco conocida para el gran público. No se sabía de su existencia más allá de un círculo -muy grande comparado con el habitual de casi todo el mundo- que tenía diversas visiones de su vida. Diana no era famosa, aunque ella siempre pensó que lo sería muy pronto. Aunque algunos pensemos que lo llegará a ser algún día. Pero en ese círculo, mucha gente ni se imagina que Diana tiene dentro de sí una gran, amena, excitante y maravillosa biografía por la que muchos famosos matarían.



Conocí una vez a un tipo que decía ser biógrafo. Era un conocido de otro conocido, amigo de alguien, o algo por el estilo. Vamos, que no era una persona a la que yo fuera a escuchar mucho ni dar pábulo a sus palabras, pero las veces que coincidí con él parecía tener muy claro a qué se dedicaba y qué significaba lo que hacía.
Llevaba un tiempo dedicado a ganarse la vida escribiendo cosas por encargo. Lo mejor de su trabajo eran las biografías. No le daban mucho trabajo, bastaba con acercarse todo lo posible a la persona que le hacía el encargo y preguntar, preguntar, preguntar. Siempre le gustó preguntar. Decía que era una manera muy fácil de evitar que su mente hiciera elucubraciones inútiles porque lo que necesitas saber te lo dicen. Había casos en los que le encargaban la biografía de un muerto y la labor era aún más fácil porque bastaba con investigar en cartas y documentos, en espacios que haya dejado vacíos el finado (¡Cómo me ha gustado siempre esta palabra!) para encontrar algo de interés que contar, además de ir modelando a su antojo todo lo que le cuente la gente que lo conoció en vida. Esas tareas no caen por la falta de inspiración nunca, que parece que fue lo que le colocó en el mundo de las biografías y su carrera literaria no echó a volar nunca. Estaba feliz porque le bastaba con modelar los acontecimientos de manera elogiosa con el biografiado para que todo el mundo estuviera contento.
Yo podría escribir una biografía de Diana, lo sé. De acuerdo a lo que me contó aquel biógrafo, parecía fácil e incluso entretenido. Y de entretenido, Diana lo tenía todo.
Pero yo tengo un problema que pocas veces se valoran en la elaboración de biografías: No sé escribir.
Aunque sepa mucho de Diana. Me encantaría que me encargaran su biografía y saber más y más de ella. Convertirme en una entendida en su materia, en su figura, y cuando llegue a ser grande y conocida, ganarme la vida aportando mi visión de experta en ella. O simplemente, forrarme contando una gran historia. Su historia. La que tiene y que está por escribir.
Cuando la besé por primera vez lo supe. Ella era de esa clase de chicas que cantaba un tipo de canciones que sólo puedes escucharlas en francés . Se lo dije. Podría ser un título maravilloso para su biografía.
Pero no sé escribir...




martes, 20 de agosto de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 20): Me debería sacar el carnet de conducir (Segunda Parte)*


Anoche soñé que Catherine Deneuve me despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera. Sudoroso asumí la terrible realidad: Mi romanticismo empieza a estar bajo mínimos y mi criterio estético está empezando a bajar peligrosamente. 





Azorado por tan mala experiencia he empezado el día tomando el toro por los cuernos. He rebuscado en el cajón de los calzoncillos y, después de ignorar el hecho de que no había ninguno limpio y eso indica que me estoy abandonando a pasos agigantados, he recuperado tus cartas. Las he tirado encima de la cama y no he llegado a recordar por qué nos escribíamos cuando ninguno de los dos quería estar separado del otro ni tener que escribir cartas. He cogido una al azar creyéndome  Paula Vázquez en el Euromillón y la he leído con la esperanza de encontrar una respuesta a todo y, sobre todo, un punto de partida. Resulta que era una postal sin los necesarios tres códigos de barras de productos Pascual para entrar en el concurso, en la que estaban escritas unas breves palabras:

"Hola amor:

Te echo de menos. Mucho. 
Más de lo normal. 
Sigo sin entender por qué no te sacas el carnet de conducir y vienes a rescatarme. 
Sabes que sigo esperando que lo hagas y que mi carnet de conducir y mi coche no vale para ello.

Besos y dulces sueños."


Algo me recorrió la espalda recordándome que tenía espina dorsal y que no me sentaba bien estar tanto tiempo doblado. Pero más que la espina dorsal, la que hablaba a modo de descargas eléctricas en mi espalda, era ella. Ella estaba esperándome. Seguía haciéndolo. Seguro. Tan seguro como que yo seguía sin tener carnet de conducir y sin haberla rescatado. Miré a mi alrededor y vi las llaves del coche de mi padre en la mesa de la entrada. Esbozando el típico “hasta luego” casi sin vocales que solía dar a mis padres cada vez que salía de casa, di un portazo y me dirigí a coger el automóvil familiar como si fuera lo más habitual del mundo.

Evidentemente, no sabía conducir. Por no saber, no sabía ni como abrir el coche. Pero, contra todo pronóstico, lo puse en marcha y salí del garaje con total normalidad. Seguro que esa normalidad estaba basada en que seguía soñando, pero algo me decía que no.

No. 
Todos los coches no están equivocados y yo voy bien. Creo que finalmente puedo confirmar que el que ha cogido un desvío incorrecto y va contra dirección soy yo. Con todo lo que ello significa… Creo que no voy a poder salir de ésta. ¡Cuánto tráfico en contra! Es el momento en el que tengo que empezar a ver mi vida pasar como una serie de diapositivas a modo de inequívoco signo de que voy a morir. Y va a ser una muerte terrible. Me voy a estampar contra alguien a toda velocidad. Contra ese coche no, que es una familia y no quiero que mueran niños por mi culpa. Contra esa furgoneta no, que es un humilde repartidor y no tiene culpa de mi despiste. Contra esa jovencita no, que le quedan muchos años por delante y acaba de coger el coche de papá por primera vez. Contra ese coche tan viejo no, porque la humildad que demuestra hace que sospeche que la desgracia de morir ese cabeza de familia puede ser inmensa si le quito el sustento a los que debe tener detrás que ya ahora llegan a duras penas a fin de mes. Contra esa no, que tiene las tetas muy gordas y las tetas me han provocado mucha felicidad durante toda mi vida como para que no les haga un pequeño homenaje postmorten perdonando la vida a la poseedora de un buen par.

No encuentro una víctima propiciatoria contra la que me apetezca chocar para morir y no voy a poder aguantar mucho tiempo más este looping de esquivar coches y salir ileso…

Todo esto pasa en escasas décimas de segundo y se me está haciendo eterno.
Todo por coger el coche sin carnet, sin saber conducir, además de un desvío equivocado y no fijarme en la señal de prohibido.

¿Dónde está Nico Abad para estamparse contra él cuando se le necesita?




Milagrosamente, como tantas cosas en mi vida, me veo de repente cogiendo una salida a la carretera y aparcando correctamente en un hueco a la puerta de un bar. Esos bares que siempre han estado ahí cuando se les necesitaban, vuelven a salvarme el cuello. Las señales indican que debo tomarme unos buenos whiskies para calmarme y celebrar aquello, en el caso de que hubiera algo que celebrar, que siempre lo hay cuando el alcoholismo está llamando a tu puerta con insistencia.

Como no todo podía ser perfecto, a las tres o cuatro rondas, empiezo a cansarme de esperar a que me sirvan. Son cosas que me cabrean hasta en momentos como aquel. Unas buenas tetas detrás de la barra de un bar no siempre justifican un mal servicio. 


- ¡Perdona! ¿Me pones otra? Grité por enésima vez a esas tetas que tiraban de aquella camarera tan poco eficiente.
- Lo siento, vamos a cerrar.
- ¿Ya? ¿Y ahora donde voy? No puedo conducir así. Además no tengo carnet...
- Tranquilo, cierro y te quedas conmigo, que tengo algo que darte.


Todo el porno acumulado en mi cabeza durante tantos años empieza a darme información sobre lo que podían significar aquellas palabras. Normalmente, aunque tengo al porno en lo altares de mis mayores afectos y lo considero parte esencial de mi formación como persona, he de reconocer que su visión de la vida y de los comportamientos humanos, difiere ligeramente de lo que he ido viviendo yo. Aún así, siempre era el primero en reaccionar cuando de analizar comportamientos de personas atractivas a mi lado se trataba. 


- Toma -me dice mientras me entrega un sobre.
- ¿Qué es esto?
- Una de las cartas que se cayó de tu cama esta mañana al despertar.
- ¿Cómo?
- Léela...

Más asustado que sorprendido, abro el sobre nervioso y veo que era una carta de ella. Aquella letra era inconfundible. Antes de empezar a leer pasaron por mi cabeza unos cuantos conceptos acerca de los carnets de conducir, el amor, y las inevitables enseñanzas del porno.


"Hola amor:

Hace tiempo empecé a escribir una novela. Escribía lenta y pausadamente en mis ratos libres, sin que aquello pareciera avanzar mucho. Pero lo hacía. Voy por el tercer capítulo. La novela salía de mí y la escribía de dentro a afuera. Hoy está empezando a escribirse de fuera a adentro. Empecé a escribir una novela hace tiempo. Una novela para sacar lo que tengo dentro. Hoy estoy escribiendo una novela porque tengo ganas de leerla. Para ver qué me dice. Estaba dentro de mí. Ya está fuera. Estoy escribiendo una novela para leerla. Me está quedando muy bonita.

Besos."


Supongo que puse una cara de estupor tan evidentemente que aquellas sorprendentes tetas que llevaban a la camarera que me había dado la carta, se movieron para que una boca pudiera decir:

- ¿Y bien? ¿Algún problema? ¿Buenas noticias?
- No sé, la verdad... Supongo que me tienes que explicar algunas cosas porque...
- ¿De lo que pone en la carta? No la he leído, ¿Por quién me tomas?
- No, no... De todo lo demás: De cómo he llegado hasta aquí, de por qué tienes tú esta carta, por qué me la has dado, por qué sabes que hay cartas en mi cama desde esta mañana, cómo pueden ser tan maravillosas tus tetas.

Sonríe. Seguramente porque lo último no lo he dicho en alto aunque también me tenga bastante atolondrado. Es como aquello de que todo es tan y tan extraño y te sobrepasa tanto, que empiezas a dar importancia a lo que menos lo tiene. Aunque esas tetas eran bastante importantes. Mucho.

- ¿No te han enseñado que hay cosas que es mejor no saberlas porque rompen la magia?
- ¿Todavía crees en la magia?
- ¿Tú no?
- Yo sólo sé que he tenido un sueño rarísimo hoy con Catherine Deneuve en el queme despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera... 
- ¿Quién es Catherine Deneuve?
- Da igual, creo que estoy perdiendo el romanticismo y estoy muy preocupado.
- ¿No te preocupa más lo del carnet de conducir, tu aventura automovilística, la carta, mis tetas?




Asumiendo que lo de las tetas no lo había dicho y que era una jugada del porno acumulado en mi cabeza, contesto lo mejor que pude, intentando no ser grosero:

- Me preocupa que hay alguien que lleva mucho tiempo esperándome.
- ¿La Caterin esa?
- (Suspiro de resignación) No, la otra...
- ¿Me estoy perdiendo? ¿De quién hablas?
- Del romanticismo.
- Eso me gusta... Voy a cerrar; te llevo a algún sitio si me dices algo romántico... 
- A los clics de famobil cuando le quitabas el pelo tenían la cabeza hueca.


Pasó el día.
Y la noche sin poder dormir.
No recuerdo si nos besamos o no. Ni he vuelto a ver sus tetas. Pero la carta la tengo bien guardada junto con el resguardo del pago de la inscripción a la autoescuela. Ahora sólo espero que tu novela sea tan bonita como tú...




*
Es probable que nadie se lo plantee, pero en los últimos tiempos no hacemos más que sorprendernos con las lectoras y los lectores de cabezadeavestruz, y por si acaso avisamos para no caer en la tentación de ser traidoras: El que el título del relato incluya lo de “Segunda Parte” no implica que exista una (lógica por otra parte) “Primera Parte”, o sea que no que se vuelvan locas y locos rebuscando en el archivo del blog. Lo de poner “Segunda Parte” en el título podría indicar que hemos hecho algo tipo la saga de “Star Wars” y en un tiempo escribir y sacar las precuelas de todo esto. Pero no aspiramos a tener el éxito ni la demanda de la trilogía inicial (que luego resultó ser posterior) de “Star Wars”, ni nos acercaremos de cerca. Ni siquiera a la Trilogía de Chiquito de la Calzada. Bueno, aspirar, como diría Calamaro, aspiramos a seguir aspirando, que ya es bastante, pero esto no es el caso y nos estamos desviando (Y no estamos hablando de nuestros tabiques). El poner “Segunda Parte” en el título de esta entrada de cabezadeavestruz responde a un toque tramposo más de los que nos estamos haciendo adictas, como lo de que la parte femenina del blog escriba como personajes masculinos y viceversa, sabiendo que a nadie le importa un comino. Probablemente, la próxima entrega debamos titularla “La importancia de un comino: El retorno”

Nuestras sinceras disculpas por todo esto y el consabido agradecimiento por encontrarlos ahí una vez más.


PD: La Trilogía de Chiquito de la Calzada (“Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera”, “Brácula: Condemor II” y “Papá Piquillo”) nos parece una genialidad nunca bien valorada, por si alguien puede deducir lo contrario por lo escrito.



B.S.O.: Soy un macarra (Los Ilegales)



jueves, 1 de agosto de 2013

Me cuesta tanto leerte






Llevo días en los que me cuesta un mundo escribir. No consigo sacar de mí lo que quiero plasmar en el papel. Le echo la culpa al calor, a mis distracciones mentales, al facebook, al mundial de natación, a la última temporada de “Breaking Bad” o “Cómo conocí a vuestra madre”, a tu puta madre, a la cantidad ingente de polvo y pelusas que hay en el teclado de mi portátil, a la fecha del cumpleaños de mi padre que nunca recuerdo cuál es o al exceso de drogas que quizás esté pasándome factura y mis neuronas no sean tan ágiles como estaba acostumbrado.

Le echo la culpa a todo lo que puedo.

Y después de hacer un listado con todas las culpas que se me ocurren, me doy cuenta de que con ello lo mismo puedo escribir un buen relato. Quizás debiera tomar todo lo que me impide escribir con fluidez y cierta calidad, y montar un tribunal que depurara responsabilidades aplicando una sentencia justa.

Me lanzo a buscar abogados, juez, fiscal, jurado y todo lo necesario para montar el asunto. Llega Agosto y cuesta mucho encontrar gente activa y recursos. Me frustro al darme cuenta de que haciendo esto también me estoy quitando tiempo y atención para escribir correctamente.

Borro la lista de excusas y me encuentro de nuevo con el documento en blanco. El blanco me recuerda que llevo días en los que me cuesta un mundo escribir. En lugar de buscar culpables, e investigar bien el tema, me decido a elegir una cabeza de turco que se lleve todas las culpas y que una vez condenada, me deje dormir tranquilo (Y escribir).

Miro por encima de la pantalla del ordenador. De esa extraña manera que miran algunos por encima de sus gafas apoyadas en la mitad de la nariz pero por encima de la pantalla de un ordenador como si tuviera que escribir más allá de ella. Y no te veo enfrente. Y me preocupo. Y me doy cuenta de que llevo un tiempo sin escribir nada decente que enseñarte y el único culpable no puedo ser yo.

Entonces es cuando todo tiene sentido: La culpa es TUYA.
Toda TUYA.
Desde que aprendí a escribir para TI, no hay ningún factor que influya tanto en mi rendimiento que .

Alguna vez me dijiste que no se me ocurriera jamás incluirte en mis escritos.
Alguna vez yo te contesté diciendo que todo lo que escribo eres y es para TI.
Alguna vez te enfadaste por algo que leíste.
Alguna vez te juré que lo único que te podía asegurar sobre mis escritos es que todo lo que escribiera sobre TI nunca lo iba a pasar a limpio.




Ahora me he dado cuenta de que llevo días en los que me cuesta un mundo escribir. Quizás esté muy ocupado leyéndote a todas horas...




Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!