Mostrando entradas con la etiqueta Extremoduro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Extremoduro. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de mayo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 28): El cuento sin título, el que no fue ni será.





Érase una vez el amor en cuarentena.
Érasen una vez los abrazos rotos.
Érasen una vez los besos robados.
Érasen una vez los abrazos prohibidos.
Érase una vez el sexo aplazado.




Cuando todo sea la distancia adecuada.
Cuando todo sea la nostalgia del antes que ya no está.

Dónde están los besos que te debo, en una cajita.

Y vivieron felices y comieron saudade eterna...


B.S.O. 1: "La distancia adecuada" (Christina Rosenvinge).
B.S.O. 2: "A fuego" (Extremoduro).





viernes, 17 de enero de 2014

Otra noche (Volumen 23): Recuerdos, primavera y libélulas.


Me levanté aquella mañana turbada por la confusión. Masturbada horas antes, perdida en extraños pensamientos desde que me acosté. Mirarme al espejo y darme agua a la cara -porque aquello no puede llamarse lavar- no hizo más que confundirme más. La idiotez de empezar un nuevo día cuando todos parecen igual de viejos y repetidos. El engaño de ponerme guapa cuando cada vez estoy más fea y, sin embargo me importa menos. La terrible sensación de no saber qué día es hoy.

Hoy no es ayer. A veces tengo la tentación de explicarme todo así, pero seguramente no hay mucho que explicar ni ayer, ni hoy, ni mañana. Estoy viva y es más de lo que muchas personas pueden decir. Estoy viva y es peor de lo que mucha gente puede esperar.





Mañanas como ésta son cada vez más habituales en mi vida. Lo peor de estas mañanas es que van seguidas por el día y, habitualmente, eso no lo arregla. Estas mañanas que acarrean estos días. Días en los que es mejor cualquier cosa que ser yo, aunque no me gustaría ser nadie. Nunca he querido ser nadie que no sea yo misma, pero cualquier cosas sería mejor que ser yo. Quizás deba montarme en un barquito de papel y salir a navegar el día que tan lleno de nubarrones ha diseñado esta tremebunda mañana. En un barquito de papel que tenga la capacidad de, si las aguas son propicias, aguantar mi peso y navegar con tranquilidad y rumbo fijo a ninguna parte. O si las aguas están revueltas, recordarme tocando sus paredes que es frágil y que en cualquier momento puede deshacerse y dejarme caer al agua, navegando con dificultad con un destino terrible, sin poder cambiar de rumbo.

Voy a echar un pensamiento al aire: Como llegue la primavera y no estés a mi lado, voy a tener que tomar medidas muy serias.

Mi ropa sigue oliendo a ti. He probado docenas de detergentes y suavizantes diferentes, pero sigue oliendo a ti. Incluso he probado detergentes con suavizantes incorporados, de esos que no necesitas comprar las dos cosas porque ya te vienen en uno solo. El mundo sigue siendo un lugar estúpido en el que nos acostumbramos a comprar cosas de dos en dos, cosas que son necesarias la una para la otra y que, de repente, se innova y alguien las comercializa juntas, la una incorporada a la otra. Lo que hacía tu cama con nuestros cuerpos. Lo que hacía mi mente con la tuya. Oliendo a ti constantemente. Como este puñetero armario lleno de aromas y recuerdos. ¿Dónde están las polillas y el alcanfor cuando se les necesitan? 






Echo el pensamiento a volar y me doy cuenta de que más que pensar, te amenazo. Y amenazarte a ti, simple y llanamente es amenazar a la persona que ha echado el pensamiento a volar. Y me tengo miedo. Pánico. Pero que llegue la primavera y estés a mi lado, sólo pido eso, llámalo amenaza o pensamiento soltado al viento. Necesito que llegue la primavera y que estés a mi lado. Así no puedo. Quiero dejar de sólo sobrevivir. Una primavera llena de alergias, de bichos, de cambios de clima y de ti. Plena de ti y de tus olores ¿Sabes que libélula en inglés es “dragonfly”? Pensar que tu idioma es menos bello por no tener esas palabras. No haber visto una libélula en tu puta vida. Ni un dragonfly. O no estar segura. Joder, necesito un dragonfly en mi vida. Un dragonfly que pase cerca en primavera y que nos dé tiempo a que me lo señales con el dedo, me preguntes si sé qué es con tono sabiondo, y luego me sueltes aquello de que libélula en inglés es “dragonfly” y tirarnos horas hablando de lo bonita que es la palabra “dragonfly”, lo poco actractiva que es en castellano y lo horroroso que es el bicho.



Me ha costado asumirlo, pero ya soy completamente consciente: Soy adicta a tus recuerdos.







B.S.O.: "Puta" (Extremoduro)



sábado, 6 de octubre de 2012

De repente llegó el otoño...




“Abre los ojos: ya estás adentro de ti mismo,
en un barco de monosílabos navegas”
(Central Park, Octavio Paz)



De repente llegó el otoño… 

Releemos a Pessoa por aquello de buscar la melancolía otoñal, aunque los dos andamos sobrados de ella cuando estamos juntos. 

El otoño es tan maravilloso que nos une en el asco que te da a ti que empiece a llover y a hacer frío lo que lo convierte en atroz preludio del temido invierno y la angustia que me produce a mí llegar a estos días con un calor impropio, lo que lo transmuta en los estertores de mi repudiado verano de sudores y cuerpos al sol.

Lo único seguro en Otoño es pasear por Central Park, ver los colores y saber que se ha desbocao la primavera en miles de colores. 


"Hay el viento que esparce los reflejos
de Alicia desmembrada en el estanque"
(Central Park, Octavio Paz)




De repente llegó el otoño…

El otoño, tan propio él, volvió a convertirme en ciprés. Un ciprés alto, erguido y orgulloso, donde quiero guarecerte con mi sombra de los soles tardíos y cobijarte con mi cuerpo del agua y el frío tempranero.

Pero tú, linda y rebelde a la melancolía, buscas el advenimiento de la primavera y el refugio en arbolitos que aparentan ofrecerte mejor sombra y más seguridad a las borrascas. Y la encuentras sin saber, que esos árboles que no son este ciprés, no son más que presuntuosos y efímeros troncos que te ofrecen el apoyo necesario hasta que te recuestes lo suficiente para convertirte en enredadera y sea imposible que te separes de allí, aunque no te des cuenta hasta que llegue la primavera.

Parecen acogedores en tu melancólico otoño. Serán mortales cuando vuelvan los colores y se desboque la primavera. Porque no quieren que te desboques en primavera.



De repente llegó el otoño…


Y el ciprés otoñal sabe que en el fondo, no es más que un bonsái grande. Porque sabes que es un extraño bonsái grande, por mucho que aparente un árbol mortuorio, pero un bonsái que cada día saca una nueva hoja con la que cuidarte, sorprenderte.

Un falso bonsái de tamaño extraño, que cada día no tiene más ilusión que despertarte con un nuevo verso, una nueva canción.



De repente llegó el otoño…

Y el verso que hice cada día, te lo canté y se desbocó tu primavera… 

(Aunque yo siguiera en mi melancólica y mortuoria impostura otoñal tan lejana de esos meses de otro tiempo y de esos árboles de tan colorido y acogedor ramaje)




B.S.O. Otoñal I: Central Park (Loquillo)
B.S.O. Otoñal II: Puta (Extremoduro)

miércoles, 9 de marzo de 2011

Miradas Perdidas


Perdí unos ojos. 
Los dejé escapar, aunque sigo viendo esa mirada.



Ayer te vi. 
Nunca antes te había visto, aunque siempre te había imaginado. 
Como siempre, no fui yo delante de ti. 
No sé si te hubiera gustado que fuera yo delante de ti, 
pero no fui capaz. 
A veces es difícil estar a la altura 
de lo que se espera de una.
Y más, contigo.

Me miras y sé que es lo mejor que puedo sentir. 
Pero yo nunca he sabido mirarte. 
Al menos delante tuya. 
Al menos cuando sé que me estás mirando. 
Ni siquiera cuando siento que me estás mirando.
Es tanto lo que sé de ti, 
que me da miedo mirarte 
por lo mucho que sabes 
tú de mí.

A veces me derrumbo y siento 
que no merezco tus miradas. 
Estoy hundido y sé que no volverás a mirarme igual. 
Te has cansado de ver mi mirada perdida. 
Has dejado de mirarme porque yo no te miraba a ti.


Y duele haberlas tenido sin merecerlas.
Y duele haberlas perdido por no comprenderlas.
Y duele haberlas olvidado por no cuidarlas.
Y duele haberlas perdido por no mirarlas.
Y duele darse cuenta cuando ya no tiene remedio.



- ¿Te he has dado cuenta de que casi nunca miro a los ojos? 
- Sí. Es imposible no darse cuenta. Basta con mirarte.
- ¿Te has preguntado por qué?
- No, eso me lo tienes que decir tú. Creía que era culpa mía.
- No, no es culpa tuya. De hecho eres de las pocas personas a las que he mirado a los ojos alguna vez.
- Pues casi no me he dado cuenta.

El poder de tu mirada es infinito. Puede desarmarme, desnudarme, despojarme de todo… Pero también puede hacerme invencible, impenetrable, dármelo todo. Hoy tengo que conformarme con tu comprensión. Con que comprendas que necesito tu mirada para todo. Con que entiendas que aunque yo no te mire directamente, mis ojos están clavados en los tuyos continuamente. Aunque ya no quieras que lo haga.


- ¿Alguna vez has deseado la muerte de alguien?
- No, yo no soy así. Puedo odiar con todas mis fuerzas, pero nunca desearía la muerte de nadie. Me basta con eliminarlos de mi mente. Así ya estarán muertos para mí.
- Eso es imposible.
- No lo es. Mírame a los ojos...

Los ojos nunca te dicen toda la verdad.
Los ojos mienten.
Los ojos son el espejo de un alma 
que a veces está podrida.
Los ojos.
Tus ojos.
Los que han dejado de mirarme.
Los que se han cansado de que no los mire.
Los que se han hartado de mí.


“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos…”
Aunque ya haya muerto por no sentirlos en mí…

“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.
Y yo sabré que muero por no saber mirarte.
Por no saber mirarte como tú me has mirado a mí…



viernes, 6 de noviembre de 2009

Me acuerdo de tí y me apetece reventar el cursiometro

(Ligeramente “inspirado” en Bribriblibli de Extremoduro)


LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN:
Si usted es diabético, no siga leyendo este texto.


Cuando decidí aceptar lo que siento por ti no tenía nada claro que un SMS no fuera suficiente. Con avisarte valdría. Ahora estoy seguro, estoy convencido que podría mandarte 1.200 mensajes para expresar lo que ruge en mi interior, y sobre todo, para que me entendieras, y aún así, no bastaría. Las palabras siempre se quedan cortas.
Claro que también te podría llamar por teléfono, pero la palabra sin el gesto nunca fue mi fuerte. Ni siquiera estoy seguro de que exista. Por mucho que me lo expliquen la veo virtual, la veo irreal. Además, ahora mismo me avergüenzo de mis gestos. Me parecen ridículos mi cara y mi cuerpo. No sé si sonreír o tensar los músculos. Cruzar los brazos denota distancia, cruzar las piernas te resultaría femenino. No sé qué hacer con mis miembros, no los siento míos.

Quizás debiera haberte escrito una carta en Blanco y Negro. El Blanco y Negro siempre me recuerda otro tiempo, otras películas, cuando no resultaba ridículo hacer locuras por amor, cuando siempre ganaba el bueno, el enamorado, que era yo, aunque no hubiera nacido.
O haber compuesto una melodía mágica y envolvente, la banda sonora de nuestras vidas. ¿Por qué no tenemos “nuestra canción”?

Si me pagaran un millón de euros cada vez que pienso en ti, dejarían de trabajar todas las personas que conozco y tu sueño de acabar con el hambre y la pobreza en el mundo se haría por fin realidad.
Ahora quiero que hagas que los míos dejen de ser utopías de adolescente que juega a no crecer ¿Lo recuerdas? Tú eres la campeona mundial y ni siquiera conoces las reglas, sueñas con ser Campanilla y yo sueño contigo.

Seguramente sea un don, pero haces que todo lo que te envuelve parezca mágico y que me haga feliz.
Hoy podría ser fiesta. El mero hecho de pensar en ti hace que gane el regalo de la tómbola, que la noria dé una vuelta más, que no me moleste el payaso del tren de los escobazos cuando trate de besarte en la oscuridad y que todos los que nos rodean sepan de repente que no necesito comprarte ninguna rosa para demostrar que te quiero.

Todas las canciones se olvidan, así son las cosas, pero tú me recuerdas constantemente que sigo vivo. Podría ser yo mismo, pero prefiero ser quién tú quieras que sea. Así me tienes buscando mi patria y mi bandera cuando la única nacionalidad posible es con la que tú puedas identificarme. Necesito tu presencia para entender mejor mi esencia.

Ya no quiero ser feliz, sólo quiero ser tuyo. Nunca puse barrotes a mi corazón pero ahora necesito que le pongas una cadena y un candado a mi alma.

Quiero que me des calor cuando tenga frío, quiero que me refresques cuando esté sofocado.

No sé lo que digo, sólo soy un canalla buscando tu sonrisa.

Voy a echarle valor. Todo es muy sencillo y ya no aguanto más: No puedo mirarte a los ojos sin sentir esa pasión de la que ya sólo se lee en las novelas románticas baratas.

Ahora comprendo que todo lo que he buscado en otro ser humano está en ti. Me gusta ser quién soy cuando estoy contigo.

Es infinito el amor que siento por todo lo que eres. No hay otra alma que nunca me haya echo sentir siquiera la mitad de la persona que soy cuando estoy a tu lado.

Me has cambiado para siempre por ser quién eres y por saber lo que significas para mí.

¿No vas a terminar tu obra? ¿No quieres pasar a la posteridad? No te niegues a ti mismo ser una celebridad. ¿Qué recordaríamos de Da Vinci sí hubiera dejado sin acabar la Gioconda? ¿Qué sería de Cervantes sin poner el punto y final al Quijote? ¿Hablaríamos de Mozart si se hubiera negado a seguir componiendo?
No te niegues a ese sentimiento: “El Padrino” es una trilogía, no se acabó diseñando el vestuario.

Úsame, haz de mí algo bonito. No permitas que la Luna nos vuelva a echar de menos. Lleva toda la eternidad añorándonos. No sé si merezco que me mires, no sé si merezco tu atención, no sé si merezco ser tuyo, pero permíteme ser presuntuoso por una vez en mi vida. Permíteme ser pedante. ¡Acercarme a ti es el acto más pedante que se puede cometer! Permíteme pensar que merezco tus miradas, permíteme pensar que merezco tus atenciones, permíteme pensar que merezco ser tuyo.
Permíteme pensar, aunque sea inmodestia, que puedo vivir. ¡Déjame vivir! ¡Ayúdame a vivir! Soy tan feliz cuando me das dolor, ¿no vas a darme también tu amor? Sálvame, con un beso y un abrazo y colmaré de mantas tu lecho para que no tengas frío. Soy tu cena ¿acaso no tienes hambre? Quisiera pintar una fuente en un papel para darte de beber ¿Acaso no tienes sed? No me dejes sentir que te estoy perdiendo cuando nunca te he tenido.
Me nublas la razón y emborrachas mi alma, eres un amor que desarma.

Ven con tus demonios hacia mí. Intenta aceptar lo que te pido aunque sea sólo durante 10 segundos. Con diez segundos bastaría.
Quiero que cuando respires el aire que me das te olvides del terror a la hoja en blanco... Soy un lienzo virgen, un fotograma sin filmar, soy una guitarra sin afinar...
Pero no temas. Si estamos juntos, los más bellos poemas brotarán de nuestras primaveras, paisajes paradisíacos colgarán de nuestras paredes, la mejor película de amor de la historia emocionará a media humanidad y nuestros cánticos harán soñar al más insensible.
Permíteme ser todo aquello que soñaste... Toma este instante precioso a cambio de todo lo que te he negado.

Tengo tu imagen en mi sangre, tu esencia en mi corazón y el cerebro dando tumbos por mis tripas. Creo que no merece la pena decir todo ésto si el primer día del resto de nuestra vida no empezó antesdeayer.

No te quiero engañar. Mi vida empezó el día en que la soledad me dijo que sólo podría ser vencida si tú me ayudas. No quiero seguir existiendo desde que soy consciente de todo esto: A partir de ahora quiero vivir. Y vivir sin ti sería ser un corazón sin sangre que bombear, un arco iris de cinco colores, un cine con las luces encendidas, un bar sin música, una vela sin mecha, un ipod sin batería, un gangster sin pistola, un concurso de camisetas mojadas sin líquido, una calculadora que sólo resta, un dedo sin uña y un ojo sin pestaña, una manzana sin veneno, un caramelo sin azúcar, un invierno sin Navidad o un verano sin playa, un Groucho sin bigote, un diamante sin pulir, un mechero sin gas, un Principito sin planeta, unas gafas de sol en un día nublado o una cigüeña sin campanario...

Quiero dejar de ser una nevera en un piso de estudiantes, un taxi con la luz verde encendida o un parque en un día lluvioso.

No puedo esperar más, lo siento, no tengo tiempo. Las Autoridades Sanitarias advierten: No amar (te) puede matar (me). No me queda batería en el móvil. Además, no puedo contarte todo ésto con un SMS. Creo que me falla la cobertura cuando no estás cerca.


viernes, 30 de octubre de 2009

Año 49 D.D. (Después de Diego)

Bienvenidos y bienvenidas.
Gracias por estar ahí
. No tengo muy claro por qué has llegado aquí, pero gracias.
Pasada la
Nochebuena y la Navidad Maradoniana, entramos en el año 49 D.D. Pensé que era una fecha ideal para empezar con esto. Seguramente el año 50 D.D. sea más significativo, pero tampoco es una cosa que me coma demasiado la moral. No tengo claro que el año que viene pueda (quiera) (vaya a) arrancarme con esto. Nunca tengo claro casi nada, por eso a veces me siento obligado a lanzarme sin mirar demasiado si la piscina está llena de agua o es el reflejo del fondo azul de la piscina lo que me transmite el frescor.
You miss too much these days if you stop to think” cantaba U2 en “Until the end of the world. Llevo media vida dejando pasar el tiempo y poniéndome excusas, una tras otra, a cual más estúpida, para no hacer algo (cualquier cosa).
“Me se come la desidia y me cuelgan las arañas” cantaba
Extremoduro en “Quemando tus recuerdos”.
Y en esa disyuntiva me muevo y me he movido siempre. Es cómodo dejarse vencer por la desidia. Es fácil justificar una derrota si te enfrentas a pecho descubierto con ella. Es poderosa y te engaña. Tiene mil
estratagemas para vencerte siempre y en todo lugar, y ni siquiera mis ganas de no perderme cosas logra mostrarle resistencia.
Me apoyo en mi gente. En mi alrededor. En los que me quieren o me engañan haciendo cosas en las que muestran cariño hacia mí (que viene a ser lo mismo, porque vale igual). Y me ayudan. Y me dan armas para combatir. Se baten a duelo conmigo, pero aunque ganemos alguna batalla, la guerra la tengo perdida de antemano.


Por eso escondo la cabeza bajo tierra. O parece que la escondo, como siempre ha dicho la leyenda que hacían los avestruces. Me gusta pensar que la imagen que tenemos de los dibujos animados infantiles es cierta y que crecer no ha hecho que descubra que no es más que una extraña creencia muy extendida.

Siempre creí que los avestruces metían la cabeza bajo tierra cuando tenían problemas o veían algún peligro. Solía pensar que yo era igual. Seguramente sigo
siéndolo. Suelo pensar que soy así. Pero todo eso de la cabeza no es más que una imagen transmitida por los dibujos animados de nuestra infancia, vamos, un mito falso

Ya estoy aquí, como tantos otros. No sé si tengo mucho que decir, pero no me lo voy a callar. Han sido muchos años en el armario. Han sido tiempos de pudor. Da igual, te vas a reír de mí igual, la diferencia es que ahora yo también me río. Esto es culpa tuya. Llevas mucho tiempo pegándome patadas para que salga a la luz. Ahora me toca a mí no decepcionarme.
Trataré de volcar aquí todas mis neuras. Compartir mis relatos y escritos. Vomitar cibernéticamente el día que no tenga nada mejor que decir.

Gracias B, esto en parte es idea tuya. Gracias S, esto en parte es culpa tuya. Gracias C, esto en parte es para tí. Gracias P, esto en parte es lo que quieres. Gracias R, esto en parte es tuyo.

Y gracias a tí, por venir a verme.

Ojalá no me arrepienta de haberme conocido



Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!