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miércoles, 20 de mayo de 2015

Todo da un poco igual, menos Central Park


(Foto: Sergey Semonov)


Rufus Wainwright fue violado cuando era adolescente en Central Park. Consiguió huir fingiendo un ataque epiléptico cuando su agresor trató de estrangularlo. Debería estar triste por todo ello pero versiona a Cohen haciendo las canciones de Cohen ser más alegres. Mejor que el propio Cohen aunque Leonard no deba escucharme decir esto nunca. Ni siquiera debería haberlo dicho. Fingir un ataque epiléptico es muy útil para un montón de cosas, pero está mal visto. Como versionar a Cohen o peor aún, decir que te gusta más una versión que la canción original, sea o no sea esta del propio Cohen. También está mal visto intentar violar a un chavalín en Central Park o en cualquier otra parte de Nueva York. Incluso en mi pueblo, pero eso no viene a cuento. Además, en la wikipedia dicen que Rufus fue violado en el Hide Park de Londres. El Hide Park de Londres no tiene nada que ver con el Central Park de Nueva York ni con mi pueblo. En mi pueblo había un epiléptico que nos daba mucho miedo a todos cuando éramos niños. Pero nunca intentó violarnos a ninguno. Creo que sí intentó estrangular a alguno. Supongo que no sabe quién es Rufus Wainwright. Probablemente tampoco sepa quién es Leonard Cohen. Da un poco igual todo. Rufus ha concebido una niña con la hija de Leonard Cohen. Rufus es gay. Da un poco igual todo.





B.S.O.: "Everybody knows" (Rufus Wainwright).



miércoles, 23 de mayo de 2012

La fidelidad de las fans y otras cuitas contemporáneas (Historia basada en hechos reales al estilo de los telefilmes vespertinos de fin de semana en Antena 3)



¿Conocen la típica historia del cantante que se hace famoso pero que sigue siendo majísimo con sus fans y las trata de maravilla y las invita a sus conciertos y son sus amigas porque estuvieron ahí desde que empezó y ahora, a pesar de que es un artista planetario, sigue teniéndolas en cuenta porque es un tío de lo más normal y el éxito no le puede cambiar? ¿La conocen? Pues vamos a desvelarles algo: Es FALSA.

No existe ninguna prueba empírica de que esto sea así. No hay ni un solo artista de éxito planetario que siga tratando igual a sus fans. Pero, lejos de la teoría de que el éxito se sube a la cabeza, lejos de la idea de que se endiosan cuando triunfan, lo que realmente cambia son los fans. Es una realidad científica y muchos estudios de prestigiosas universidades lo pueden demostrar. Y si no se fían de esos estudios tan estúpidos, hágannos caso. Aquí nunca (casi) mentimos. Al menos, no mentimos avalados por ningún estudio, ni por ninguna chorra-encuesta. Aquí rescatamos textos, o ponemos palabras a las vivencias propias y ajenas, y nos basamos en cualquier cosa para avalar nuestras ideas (aunque no las conozcamos) y que parezcan verosímiles. 

Siguiendo la costumbre de la casa, y sin dejar de mirar de reojo la carrera de tantos y tantos admiradísimos artistas que se quedaron en el camino por no gestionar correctamente el trato con sus fans, les transcribimos a continuación, apropiándonos de las palabras ya escritas en un diario de gira de un artista planetario que ha sido comprado por la Fundación de Amigos del Síndrome de Diógenes de cabezadeavestruz. Algo que ilustra lo que intentamos decir y que iluminará sin duda su percepción sobre un tema tan poco tratado como de vital importancia para el progreso de la humanidad.




DIARIO DE GIRA: Día 25 

La venta de entradas no ha ido bien. Salir al Reino Unido parece ahora mismo un error de bulto. Una de esas cosas que haces o dices cuando vas lanzado que puede acabar sepultándote por siempre. Como el precoz “te quiero”, como el tardío “me gustas”, como el intento de beso previo a que te hagan la cobra, como tantas otras cosas. 

Me dejé fascinar una vez más. Dejé de escuchar a los demás y sólo hice caso a sus palabras. 

Ella, mi mejor fan. Mi única fan cuando no había más. Ella, siempre ella. La única que siempre quiso escuchar todas esas canciones de nuevo. La que siempre quería tocara sólo para ella. La que no se iba porque sabía era demasiado lenta para huir de mi cuando la estaba mirando.

No vendrá nadie. El Estadio de Wembley estará vacío. Sólo ella. A escucharme y darme su apoyo. Siempre está ahí, o al menos eso parece.

Voy a tocar en un marco incomparable*. En un estadio donde se han realizado alguno de los conciertos más multitudinarios de la historia de la música. Donde quieren tocar todos los grandes, donde quería consagrarme internacionalmente. Demasiado pronto. Por fiarme de ella.




La necesito en primera línea. Pero ella necesita también sentirse la única. Quiere ser mi mayor apoyo y yo necesito ser su artista de referencia. Cuando estoy delante me hace pensar que no hay nadie como yo, y eso me gustó, me gusta, y me gustará. Pero sé que cuando me retiro a los camerinos y dejo la gira para preparar un nuevo material, ella sigue a cualquier otro. Me gusta y me hace sentir especial. Soy su artista preferido, pero cuando no estoy me recuerda pero mira a otros. Y con otros es puntualmente feliz, aunque intente convencerme que soy el único y más importante.

Da igual. Los dos sabemos que es falso. Intenta convencerme de que sin ella no soy nada y yo la trato de convencer de que triunfaré tarde o temprano y tendré mucho que agradecerle. Pero ella me intenta convencer de que el día que sea rico y famoso no la necesitaré y empezaré a tirarme a todas sus amigas sólo porque seré una estrella y no le deberé nada. Sé que lo dice para parecer una víctima y despertarme más dependencia aunque sea por pena o ternura. Da igual.

Hoy empezaré el concierto a la hora convenida. No se ha vendido ni una sola entrada. Me he dado cuenta de que no tengo amigos cuando estar ahí supone un mínimo de dificultad. ¡Qué fácil es ir a mis conciertos cuando hay copas gratis! Hoy no se ha vendido ni una sola entrada. 

Sólo va a estar ella. En primera línea. Invitada, por supuesto. Como si fuera la primera vez que me ve en directo. Conociendo todas mis canciones con la ilusión de una adolescente primeriza, ella sola, con todo Wembley para los dos. Tendré momentos en el concierto en los que pensaré que soy afortunado por tenerla ahí mirándome y haciéndome creer que soy lo mejor que ha conocido, pero cuando termine el concierto y pille el vuelo de vuelta a casa sabré que habrá aprovechado el viaje a Londres para ver y admirar a otros artistas. Aunque vuelva en unos días con el cuento de siempre, de que soy el mejor y que no conoce a nadie mejor a quién admirar, yo veré en sus ojos el reflejo de las miradas a otros que tan solo y traicionado me hacen sentir a veces. Pero no puedo pensar en ello ahora. Sólo va a estar ella.

Y voy a dar el mejor concierto de mi carrera. Es así, soy incapaz de no mentirme a mí mismo. Me mira y me creo mejor de lo que soy. Y como me lo creo, lo hago. Y su mirada, su sonrisa, sus aplausos me hacen sentir el más grande. Y hoy sólo va a estar ella. Y no voy a pensar en lo que va a hacer después del concierto, porque durante el mismo va a estar ahí. Por mí…

Para mí…

Hoy voy a dar el mejor concierto de mi carrera en un Wembley completamente vacío.

¿Completamente? 

No. 

Estará ella. Como casi siempre. Y eso es lo único importante cuando la inseguridad del escenario y los focos te ciegan y no puedes ver al público…






*: Siempre quise meter “marco incomparable” en el blog y creo que hasta hoy no lo había conseguido.





B.S.O.: “Agradecido”, Rosendo




jueves, 28 de octubre de 2010

Gira de Promocional por el Primer Aniversario:

Lo más duro de tener un blog de éxito es tener que hacer giras de promoción. Escribo este post conectado a la Wi Fi de un Hotel de Varsovia donde he terminado la gira del Primer Aniversario, soportando que la alta velocidad por estos lares se asemeje a la que tiene el móvil de mi agente en pleno vuelo. Pese a ello no puedo quejarme: Los Polacos son gente encantadora. No saben casi quién soy pero no paran de agasajarme con vodka y preguntarme qué pueden hacer para que mi estancia sea lo más placentera posible. A diferencia de otros lugares, parecen confiar en mí, y no temen que destroce el hotel a modo de estrella del rock, como pasó en Estocolmo, y sobre lo que mis abogados me han insistido que no haga ninguna declaración por el momento.

La gira va bien, no se preocupen por mí. Como todos los grandes, soy más reconocido fuera que en la envidiosa España. Para muchos europeos, el que yo vaya a hablarles de mí y de cabezadeavestruz ya supone todo un honor, y no tengo que pedir perdón por todo lo que diga o haga. 

Sólo he tenido problemas en París por que ahora mismo es un verdadero caos por culpa de la huelga que asola la ciudad de la luz y casi toda Francia. Mis buenas relaciones con Carla Bruni no han sentado nada bien a la izquierda del país vecino, pero soy incapaz de dar la espalda o ignorar a una antigua amiga por mucho que ahora se acueste con un enano incompetente que maldirige la República Francesa. Nos vimos en Versalles, a espaldas de Sarko, se filtró por la prensa y no sentó nada bien a ninguna de las partes en litigio. Pese a ello, la prensa rosa (aquí llamada "presse du coeur", que es lo mismo pero suena mejor) me trata con sumo respeto. Saben que no entro en sus juegos, a pesar de ser una pieza muy jugosa debido a mi turbio y oscuro pasado. Volver a ver a Carla, a solas, ha sido de lo mejor que me ha pasado en esta gira. Y sus ojos me dicen que no es feliz, que echa de menos muchas cosas, aunque tiene un eventual brillo de felicidad por mí, por ver que la sigo teniendo presente y por ver mi triunfo. Por mucho tiempo o cosas que pasen, nunca podremos olvidar lo que significamos y significaremos siempre, el uno para la otra y viceversa.



Berlín era una de las etapas más importantes de la gira. La prensa internacional dudaba de mi incursión en el mercado germano, y el carácter del pueblo alemán hacía dudar a muchos de que yo pudiera encajar bien, por mucho que las cifras de visitas a cabezadeavestruz desde allí indicaran lo contrario. Un escenario elevado, con la Puerta de Brandenburgo a la espalda, y una muchedumbre expectante de mis palabras era lo preparado para mi fugaz paso por Alemania. Debía dar un golpe de efecto. Mis asesores me intentaron convencer de que no era conveniente que me mostrara altivo ni petulante, que debía mostrarme humilde y cercano, aunque sepan que me resulta muy difícil en ciertos momentos, y que yo era consciente de que ese gentío se había congregado allí para verme a mí y no al contrario. Al subir a la tribuna y tras la presentación y palabras cálidas de afecto de Ángela Merkel, me acerqué al micrófono. Sabía que querían algo bueno, que no iban a conformarse con un timorato aspirante a escritor de tres al cuarto y tuve que darles lo que querían. “Ich bin ein Berliner” fue lo único que dije, y bajé del estrado. Suficiente. Sé que el pueblo alemán ya tiene cabezadeavestruz como un referente.

En Londres iba a tiro hecho. Sabíamos del éxito en la capital inglesa. La colonia hispano parlante que trabaja en la hostelería empezó a introducir cabezadeavestruz en las conversaciones de los bares, y de ahí se fue imponiendo en todo Londres. La férrea cultura anglosajona se siente honrada con mi visita, y todos los gurús de la modernidad británica querían hacerse una foto conmigo, que fuera a sus fiestas, que bebiera en sus pubs, que me acostara con sus mujeres, que tomara sus drogas… Fueron días interesantes, pero todo lo vi muy falso y forzado. No me querían a mí, querían lo que represento. No les culpo, yo he sido igual.
Parece ser que el día 30 se proyectará durante todo el día la imagen del blog en sitios emblemáticos como el Big Ben y la noria sobre el Támesis a modo de homenaje y querían que estuviera allí para iniciar el alumbrado. Desgraciadamente lo apretado de la agenda de esta gira no me lo permite, pero volveré. Tengo buenos amigos allí.

Italia era una plaza difícil. Por lo imprevisible del pueblo transalpino y por las reticencias que previas que puso el Gobierno Berlusconi a mi visita. Pese a todas las dificultades, se puede considerar el periplo italiano como uno de los puntos álgidos de la gira. Florencia, Milán, Roma, Nápoles y una isla del Adriático, de cuyo nombre no quiero acordarme, fueron las paradas en territorio italiano. En Florencia volví a sufrir el Síndrome de Stendhal por enésima vez en mi vida. Sé que suena a debilidad, pero soy humano. No puedo evitarlo, Florencia es así. Milán representaba la etapa más complicada, pero tras una reunión privada con Il Cavaliere todo empezó a ir sospechosamente bien. Se empeñó en acompañarme por toda la gira en tierras italianas, pero ni a mí ni a mis asesores nos hacía la menor ilusión, amén de no ser nada conveniente para mi imagen. Llegamos a un acuerdo tácito de terminar la gira en esa isla del Adriático que mencionaba y de cuyo nombre no quiero acordarme como su invitado personal en una pequeña casa de campo que tiene por allí, alejado de los flases de los paparazzis. Roma se me presentó como una ciudad volcada, que dio la espalda a las instrucciones del Vaticano de no recibirme, y por primera vez en muchos años, la ciudad vivió de espaldas a la Plaza de San Pedro. En Nápoles se volvió a vivir con mi visita un reflote de la pasión (nunca olvidada) maradoniana que impregna todo por allí. Cantar junto a una ciudad volcada aquello de "O mamma mamma mamma, o mamma mamma mamma, sai perché mi batte il corazon? Ho visto Maradona, ho visto Maradona, eh, mammà, innamorato son" realmente no tiene precio… Sobre la isla del Adriatico de cuyo nombre no quiero acordarme no voy a hacer mucha mención, pero hay que decir, sin que sirva de precedente, que Il Cavaliere en las distancias cortas y alejado de los focos del día a día, gana mucho…



En Lisboa empecé la gira. Alfama me recibió echada a la calle. Quise ir al Chapitô y a la Casa dos Bicos para recordar viejos tiempos, pero la GNR me lo desaconsejó por posibles problemas de orden público debido a la cantidad de gente congregada. Visitas semiclandestinas a la Casa de Pessoa y al Cementerio dos Prazeres y un buen agasajo en la Cerveceria da Trinidade, cerrada ex profeso para todos los amigos de la zona, fueron suficientes para pasar una gran jornada lisboeta. Pude disponer de algunas (pocas) horas en la capital lusa fuera de programa antes de tomar el vuelo y tras volver a antiguos barrios y rincones, descubrí que todo sigue igual en Lisboa, aunque yo haya cambiado. Ése era el encanto de los dos, y eso nos unía aún más y será así por mucho tiempo que pase. Dejé enterrado un lápiz de memoria con el contenido de cabezadeavestruz hasta el momento en un lugar perdido, sin boato ni parafernalias, como regalo íntimo y personal a la ciudad de las siete colinas y marché prometiendo no tardar mucho en volver.

Estambul, Oslo, Viena, Zagreb y Sofía fueron paradas fugaces, de menos de 24 horas. Son mercados copados y el tiempo era escaso.

De Marrakech y Amsterdam mi agente me recomienda no hablar mucho y remitirlos a las comunicaciones de prensa oficiales de la gira. Baste decir que fueron de las mejores paradas, aunque siempre que vuelvo a ellas, echo de menos a Carmina Ordóñez en la capital africana, y a La Oreja de Van Gogh en la de los Países Bajos. A una le encantaría ver en qué me he convertido a día de hoy, con todo lo que ella luchó para ello. A los otros los detesto por no seguir mis consejos cuando iniciaban su carrera musical y no haber puesto un buen bar de pinchos en el casco viejo donostiarra en vez de empeñarse en hacer sufrir a la juventud española…



Evidentemente me quedan en el tintero miles de anécdotas que desgranar sobre esta intensa gira promocional, pero creo que ya habrá tiempo de hacerlo en un futuro no muy lejano y, quizás, utilizando otro soporte. La Wi Fi en este hotel de Varsovia me está dificultando mucho el trabajo y estoy agotado. Katarina y Janna están aburridas de mirarme y tienen que atenderme…

¡Na zdrowie!

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