Siguiendo las costumbres
de las películas hacía muchas cosas raras en su día a día. Harto
de ver cómo meten billetes en la ropa interior de las stripers se
dedicó a hacerlo con las chicas que veía y le gustaban en cualquier
bar. Como además era poco amante del verano y salía sólo cuando
hacía frío, y nunca fue un tío sobrado de dinero, convirtió esa
imagen en meter monedas en los bolsillos de los abrigos de las
mujeres que veía apetecibles en los bares. Como en los bares la
gente se quita el abrigo que lleva puesto cuando va por la calle,
podéis empezar a imaginar lo difícil y extraño que se hacía la
costumbre para él y para los que mirábamos de reojo. Porque era
cosa suya, no era un comportamiento que compartiera con el grupo.
Probablemente porque nadie se lo hubiéramos permitido. Podría
contar miles de anécdotas de esta práctica, algunas muy tristes y
no pocas curiosas y divertidas. Podría hacerlo, pero a mí lo que
más me llama la atención es el hecho en sí y la obsesión que
tenía con ello.
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miércoles, 10 de junio de 2015
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Cara o cruz
Cogió la moneda sabiendo que todo se jugaría a cara o cruz. Le
gustó el simbolismo y el momento de todo o nada, más que el de
doble o mitad que, aunque lo parezca o lo sugieran, no es ni de lejos
lo mismo. Cara o cruz. La moneda. Se acercó a la barra y se dispuso
a dársela a aquella camarera que no sabía nada del tema. Para
aquella camarera el conflicto de cara o cruz de una moneda no tiene
el menor interés porque ella cobra en billetes. En billetes de
dinero negro, pero billetes a fin de cuentas. Y su único cara o cruz
es saber si todos los billetes que le corresponden cada noche van a
llegar en su número correcto o mayor (solía cobrar más cuando la
noche iba bien, el jefe estaba contento y ella iba deliciosamente
vestida para el regocijo de la clientela) o la farlopa de la que
todos están manchados iba a hacer que llegara a casa con menos de lo
previsto. Y su cara bonita se convertiría en cruz al mirarse en el
espejo al día siguiente con la mitad izquierda del cerebro gritando
y recordando que meterse tanto se cobraba sus facturas con pagarés a
pocas horas vista.
La moneda, la barra, la camarera que esperaba el pago. El cara o cruz
en la mano. ¿Y si el destino de la humanidad o del mundo tal y como
lo conocemos estuviera en aquella moneda y en el azar de la cara o la
cruz? Su mundo seguro. Tal y como él lo conocía. Estaba todo
pendiente de aquella moneda y de aquel cara o cruz.
Ni la camarera, ni nadie de aquel local sabían lo importante de
aquella moneda y de aquel cara o cruz. Porque a ellos, seguro que no
les afectaba. Pero el mundo estaba a punto de cambiar...
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