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jueves, 21 de mayo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 28): El cuento sin título, el que no fue ni será.





Érase una vez el amor en cuarentena.
Érasen una vez los abrazos rotos.
Érasen una vez los besos robados.
Érasen una vez los abrazos prohibidos.
Érase una vez el sexo aplazado.




Cuando todo sea la distancia adecuada.
Cuando todo sea la nostalgia del antes que ya no está.

Dónde están los besos que te debo, en una cajita.

Y vivieron felices y comieron saudade eterna...


B.S.O. 1: "La distancia adecuada" (Christina Rosenvinge).
B.S.O. 2: "A fuego" (Extremoduro).





domingo, 19 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 18): ¿Estarás ahí cuando todo esto acabe?




¿Te acuerdas? No teníamos prisa. No quisimos acelerarnos. ¿Recuerdas?

(Espera, que estoy mandando un mensaje).



¿Por qué no aprovechamos en aquel momento? 

(Ya, perdona, estaba hablando con otra persona).



Te decía que no nos dimos cuenta en aquel momento.
Es que aquel momento no era lo que significa aquel momento en este momento. 
No me líes. Si no quieres hablar del tema, lo entiendo. Pero no me líes.
No te lío. Ahora todo es diferente.
Por eso. En aquel momento tendríamos que haber aprovechado el momento. Porque ese momento ya no va a volver.
Estamos viendo los momentos pasados como momentos diferentes porque el momento que vivimos cambia todos los momentos.

(Perdona, dame un segundo).



¿Decías?
No me líes de nuevo.
Piénsalo.
Si lo pienso mucho me da miedo.
¿Por qué? 
Porque ese momento ya no va a volver. 
No hubiera vuelto nunca. Fuera cual fuera este momento.
También es verdad.
¿Podremos buscar un momento en el futuro?
¿Cuándo?
Cuando todo esto acabe y volvamos a buscarnos.
¿Nos vamos a buscar?

(Perdona, son las 19:58, vamos a aplaudir).



Tengo miedo a lo que vaya a venir.
Yo estoy deseando que venga ya lo que sea.
¿Y si no nos gusta?
Será nuestra culpa.
¿Y si nada vuelve a ser como antes?
¿Cómo era antes?
No lo sé. Sólo sé como recuerdo que pudo ser.
Ya, otra vez lo de los momentos, lo de nuestros momentos, lo de los momentos que se fueron...
Lo del momento de ahora, lo del momento de cuando se pueda...

(Voy a cenar. Luego hablamos. Si quieres).



¿Cómo te encontraré en el futuro si no recuerdo lo que se nos quedó en el pasado? ¿Cómo afronto el presente sin saber cómo va a ser el futuro? ¿Cómo te vuelvo a encontrar?

(No te pierdas).




B.S.O.:Nuestro momento” (La habitación roja).




miércoles, 12 de noviembre de 2014

Cara o cruz


Cogió la moneda sabiendo que todo se jugaría a cara o cruz. Le gustó el simbolismo y el momento de todo o nada, más que el de doble o mitad que, aunque lo parezca o lo sugieran, no es ni de lejos lo mismo. Cara o cruz. La moneda. Se acercó a la barra y se dispuso a dársela a aquella camarera que no sabía nada del tema. Para aquella camarera el conflicto de cara o cruz de una moneda no tiene el menor interés porque ella cobra en billetes. En billetes de dinero negro, pero billetes a fin de cuentas. Y su único cara o cruz es saber si todos los billetes que le corresponden cada noche van a llegar en su número correcto o mayor (solía cobrar más cuando la noche iba bien, el jefe estaba contento y ella iba deliciosamente vestida para el regocijo de la clientela) o la farlopa de la que todos están manchados iba a hacer que llegara a casa con menos de lo previsto. Y su cara bonita se convertiría en cruz al mirarse en el espejo al día siguiente con la mitad izquierda del cerebro gritando y recordando que meterse tanto se cobraba sus facturas con pagarés a pocas horas vista.



La moneda, la barra, la camarera que esperaba el pago. El cara o cruz en la mano. ¿Y si el destino de la humanidad o del mundo tal y como lo conocemos estuviera en aquella moneda y en el azar de la cara o la cruz? Su mundo seguro. Tal y como él lo conocía. Estaba todo pendiente de aquella moneda y de aquel cara o cruz.
Ni la camarera, ni nadie de aquel local sabían lo importante de aquella moneda y de aquel cara o cruz. Porque a ellos, seguro que no les afectaba. Pero el mundo estaba a punto de cambiar...


B.S.O.: "A cara o cruz" (Radio Futura)





miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ya no tengo edad para que mi cabeza funcione como un puto diario de adolescente




Hola. 
Soy mayor. 
No tengo edad para escribir un diario.

Pero no llevé uno cuando era pequeña y eso me está pesando ahora mismo. En los últimos tiempos. Cuando ya no tengo edad para ello. Etapas no vividas en su preciso momento, se convierten en cargas y no puedes recuperarlas en otro instante que no toca. 

Hoy tengo problemas. Estoy desorientada. Mi cabeza funciona a base de punzadas sentimentales y reacciona a todo con la estructura de un diario de una adolescente en el lenguaje y la experiencia de una mujer que está de vuelta de todo.

Esa soy yo. 
Cómo me duele, pero soy yo. 






Hoy ha sido todo bueno. 
Por lo menos hasta ahora mismo. 
Desde esta mañana.

Un día comprendí que mi corazón era más blando de lo normal.
 Me lo enseñó la noche que me enamoró. 
Lo entendí porque su corazón era como la caja negra de un avión.  
Más tarde supe que si algo es el doble de bueno, 
probablemente durará la mitad.

Aquel momento en el que me miró a los ojos 
y me preguntó con su voz fuerte y decidida: 
¿Has visto Pauline en la playa?

Compartí el descubrimiento de que 
todas las chicas sueñan con vistas al horizonte.

Quería que dejara de besarle pero mis labios no respondían. 
No querían separarse. 
Temían que los suyos dijeran “vete, déjame ya...”

Las lágrimas se llevan el rímel mis ojos 
como la tinta del bolígrafo. 
Las lágrimas no me dejan ver la historia. 
Las lágrimas dejan de ser lágrimas para pasar a ser 
rímel decadente bajando 
por las mejillas escarpadas sin sonreír. 

Me rodeaste con tus brazos 
y en ese instante comprendí 
lo que significaba el verbo 
ESTREMECER.

Querida cabeza:
No vuelvas a dejar que el corazón gane en tu campo. 
Aspira al menos al empate 
y dejaré de forzarte a darle vueltas continuamente a todo,
 a no olvidar o a estructurar 
pasados pluscuamperfectos inexistentes. 

Cómo me fascinó leer lo de 
aquella mujer de la limpieza sueca 
Me gustaría hacerlo con una línea de metro 
contigo y todas tus putas amantes dentro.

En el fondo debería estar más centrada 
y dejar de hacer todo esto. 
Siempre se me olvida que 
soy diseñadora de futuros perfectos para los demás.

El candado con clave para que no entres 
en esta cabecita mía 
es más intimidatorio y simbólico 
que efectivo. 
Y si encima me la voy dejando 
por cualquier bar que encuentro abierto 
es normal que me pasen estas cosas.
Hay tantas cosas que quiero hacer 
y contarle a mi diario 
cuando llegue a ser joven 
que me asusta no llegar a tener tiempo. 

Sobre todo, por tu culpa. 

Por encima de cualquier cosa TÚ. 

Y el YO que nace 
cuando estás cerca.


¡Hasta mañana!


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Hola Carlos, soy tú (Enlace patrocinado por Burger King):



Christina veía mucho la tele. En eso nos parecíamos mucho. Teníamos gustos comunes y ver la tele compulsivamente era uno de ellos. No solíamos hacerlo nunca juntos y eso enriquecía nuestras conversaciones porque siempre, al encontrarnos, contábamos las cosas distintas que habíamos visto cada uno. Después (Incluso alguna vez antes, o durante) follábamos, pero eso no viene a cuento, aunque fuera otro de nuestros gustos comunes. A ella no le gustaba hacerlo viendo la tele, y yo lo tenía que hacer solo y cuando ponían porno. 
Pero ya he dicho que no viene a cuento. 
Me hablaba de un anuncio que había tocado su moral. Contaba que alguien desde el 2011 llamaba a 1981 para explicar a un Carlos que era él mismo 30 años antes, cómo le iba a ir la vida y de qué debía y no, preocuparse. Era de una marca de hamburguesas que no entraba en nuestros gustos comunes. 
Pero eso tampoco viene a cuento.

Esta es la historia que Christina me contó un día de lluvia después de follar (O antes... O durante, no estoy seguro):



Imagina a Carlos en el 2011. Imagina lo que pasa por su cabeza:
Ayer quise llamarme a mí mismo. Quise llamar a mi yo de hace un montón de años, pero me dio vergüenza. No quería contarle que no tenía futuro, que él iba a convertirse en yo en unos años, y que el resultado no le iba a gustar, no iba a cumplir sus expectativas.

Imagina a Carlos en el 1981. Imagina lo que pasa por su cabeza:
Ayer quise llamarme a mí mismo. Quise llamar a mi yo de dentro de un montón de años, pero me dio vergüenza. No quería contarle que lo sentía, que lo que él era por mi culpa no tenía ya remedio, y que no pensaba hacer nada para remediarlo. Es triste, pero sé que el resultado no me va a gustar, no se cumplirán mis expectativas porque no tengo ningunas.

Imagina a otra Christina (Atemporal, como todas tus Christinas). Te voy a decir lo que pasaría por su cabeza:
Ayer quise llamar al Carlos de 2011. Quise llamarlo para que no se preocupe. Él sabe que lo sigo queriendo y que siempre lo querré. Que todos los errores que cometió desde que era el Carlos de 1981 y me anhelaba sin saber muy bien porqué, hasta llegar al Carlos de 2011 que por fin ha comprendido que soy Christina y que siempre lo seré haga lo que haga, son propios de alguien como él. De alguien enamorado de mí. De alguien que no sabe que está enamorado de mí, pero que sabe, y cada vez más, que soy Chrsitina y que siempre lo seré, haga lo que haga.

Mañana querré llamar al Carlos de 1981. Querré llamarlo para que no se preocupe. Es lógico que en su incipiente pubertad mal llevada, le ponga nervioso ver que no llega a tenerme como él quisiera, aunque aún no sepa cómo quiere quererme ni para qué. El fuego interno que brota cuando me ve es más importante que cualquier otro picor propio de la edad. Él aún no lo sabe, pero tengo que decirle que estoy ahí y que soy yo. Que siempre lo seré, pero que no soy suya, aunque sus anhelos puedan pasar por conquistarme para siempre.

Imagina que te llamo a cobro revertido. A 1981, a 2011 o a 2027. A cuándo quieras cogerme el teléfono. Te diré que soy yo. Me reconocerás. 
Y todo será como en todos los anuncios de perfumes: Todo será críptico pero envuelto de sensualidad. Todo será sensual pero tan críptico que no lo comprenderás.

Y sabrás que esa es mi esencia. 

Ese es mi perfume: Críptico y sensual, sensual y críptico. Eso es tu Christina. Y sólo tú lo comprendes, aunque sea 2027, 2011 o 1981. 




Christina veía mucho la tele. Me contó una historia porque había visto un anuncio que había tocado su moral y acabó tocando la mía.

No necesito ver el anuncio para entenderla. Yo no me llamo Carlos y a mí en la tele me gusta más el porno que los anuncios. 

Christina estará ahí siempre recordándome que no puedo esperar su llamada porque esas cosas sólo pasan en los anuncios. Y yo me olvidaré de creer que moriré por cualquier causa perdida que no sea ella. Mis sueños se limitarán a sobrevivir. Comiendo hamburguesas del Mc Donald's. 

Aunque a ninguno de los dos nos guste… 



miércoles, 2 de marzo de 2011

Obsesiones y Parafilias (Volumen 10): Escribir el futuro, amar y la frustración como modo de vida.

Cada vez me quedan menos páginas por escribir. Siento que el futuro, que nunca supe qué era, se me escapa de entre los dedos sólo por haberlo tocado sin permiso.
 
No soy ni la sombra de aquel que nunca soñé ser.
 

 
 
Cuando se anhela algo, aunque no se tenga muy claro lo que puede llegar a ser, se vive persiguiéndolo, sin ningún problema, con subidas y bajadas en el ánimo acorde a lo cerca o lejos que se sienta uno en cada momento. Al no conocer el destino, simplemente se van comprando billetes. Se va disfrutando del camino, que siempre es más bonito que el destino, aunque uno no lo sepa. Crees que en algún momento puede llegar ese destino a ti, porque ya tocaba o simplemente porque eres tan sumamente gilipollas que crees que puede llegarte en algún momento.

Y no, no es así… Hay un tipo de personas, un jodido y extraño tipo de personas, que a pesar de llevar la sonrisa más deslumbrante por tarjeta de visita, de llevar la vida que todo el mundo DICE que le encantaría llevar, de ser fascinante para todo el que se acerca y quiere verlo tienen la condena de caer en el abismo de no sólo no anhelar nada claro, sino de encima ser terriblemente conscientes de ello.

A tomar por culo el mundo: Es muy jodido no creer en nada. Ni siquiera en uno mismo.

¿Cómo se puede ir por la vida de inteligente y ser tan terriblemente cándido?

Si le das a alguien un libro en blanco, con todo lo que ello conlleva, se abre el corazón y con gusto es arañado y mutilado, pero cuando los bálsamos lo tienen más dulce y sano, propones: ¿LO ESCRIBIMOS JUNTOS? Y te das cuenta que lo que crees tú que va a escribirse es la cumbre de las letras mundiales y te cierran el libro de golpe para descubrir que te han escrito un folletín romántico y convencional sólo te queda perder la fe en la literatura y no querer volver a leer.

¿De qué cojones sirve ahora llevar un libro entre las manos? ¿De qué sirve si sabes que si os ponéis a escribirlo en algún otro momento va a salir una novela aún peor? Ni folletos propagandísticos saldrían ya. Al menos cuando llevaba el libro y no aparecían las musas siempre tenías la esperanza de que en algún momento llegara la inspiración. Y si no llegaba, por lo menos era bonito y quedaba muy cultural llevar ese libro entre las manos. Ahora será mejor llevar una revista ya escrita, menos interesante, pero por lo menos no miente: da lo que promete… nada.

Vuelve a sentirte un objeto. 
 
Vuelve a sentirte utilizado.

Siempre es mejor sentirte utilizado, que ignorado… 
 
Pero joder... ¡CÓMO DUELE!


jueves, 3 de febrero de 2011

Obsesiones y Parafilias (Volumen 10): El futuro ya no es lo que era



"¿Qué quieres ser de mayor?" 

Quizás la pregunta más aterradora que se le puede hacer a alguien.

Nunca he sabido responderla. Nunca sabré hacerlo. “No quiero ser como tú” es de las pocas respuestas que me han convencido y que he utilizado, pero viniendo de un mocoso que no levantaba más de dos palmos del suelo me dio más disgustos que parabienes.



Ahora dicen que me he hecho mayor. Pero sigo sin tener la respuesta. Quizás no me haya hecho mayor. Quizás no vaya a serlo nunca. Quizás no vaya a ser nunca.

Soñé miles de cosas interesantes que ser cuando creciera: Actor de culebrones, el Gran Wyoming, Dennis Rodman, afinador de pianos, cultivador de perejil, capo de un importante cartel de drogas internacional, Papa (No confundir con “papá”), estrella del rock'n'roll muerta a los 27 años, madamme de un burdel parisino de alto standing, despreciable ricachón de buena familia, Eric Cantona, caudillo en una isla tropical, bufón en tu corte, Keith Richards, guionista de Los Simpsons, suicida fracasado o musa de un artista decadente…

¿Dónde está El Jardín de las Delicias cuando se le necesita?

En la adolescencia, alguien a quien trataba de ligarme aunque yo no lo supiera (solía y suele pasarme), seguramente fascinada por mi aura de misterio y mi irresistible atracción personal se interesó por mí y lo que le contaba. Quiso saber más de mí y yo le dije que quería ser periodista, a lo que ella contestó que para escribir no hacía falta ser periodista y que yo seguramente querría ser escritor, no periodista. Unos segundos después me besó. Bueno, realmente no pasó así, pero así queda más literario. Unas horas después estaba en la cama de su amiga fea comiéndome la cabeza (yo a mí mismo) sobre lo que habría querido decir aquella chica.

A día de hoy, sigo fantaseando con lo que llegará, pero sólo a ratos. A día de hoy soy consciente de que el futuro ya no es lo que iba a ser. A día de hoy puede que los Pistols tuvieran razón y no haya futuro para mí.

¿Vale de algo hacer algo? 
¿Vale la pena?

¿Qué quiero ser de mayor? ¿Lo sabe usted?


Hay cosas en un futuro no existente que nunca estarán allí por decisiones tomadas en el pasado. En el pasado que es presente nos engañamos para tomar decisiones en vistas a un futuro que no comprendemos, ni conseguimos que sea como imaginamos. Y de eso, sólo nos daremos cuenta ayer…

Admiramos a los luchadores que desde niños han peleado por su sueño, pero no sabemos hasta qué punto el resultado merece la pena.

Aterra la inmensidad de encontrar un futuro que no es como nos dijeron que sería. Pero el futuro ya está aquí y está empezando a ser pasado mientras pierdo el tiempo en estas líneas. Mañana no será. Ni siquiera esta noche. Y por mucho que nos empeñemos, ni siquiera hay coches voladores como nos prometieron.
¿Se puede vivir sin querer ser nada?
¿Se puede vivir sin querer?
¿Se puede vivir?


¿Qué quieres ser de mayor?
Yo quiero ser catador
¿Qué quieres ser de mayor?

Yo ni siquiera sé qué quiero ser de mayor.

Y cada vez me siento más pequeño...



Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!