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miércoles, 1 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 9): Cuéntame algo que no sepa (tenía tantas ganas como miedo).


Se besaron. 
Se besaron de esa manera que se besan dos personas que llevan mucho tiempo esperando hacerlo. Con ansia y deseo, pero con miedo. Porque llevaban mucho tiempo esperándose. Esperando los besos.

Se separaron para respirar un poco.

- ¡Uf! ¡Qué ganas tenía!
- Pues aquí estamos.
- Tenía tantas ganas como miedo.
- ¿Te doy miedo?

Sí, a él le daba miedo ella. Miedo de acercarse demasiado. Miedo a que se lo comiera entero. Porque, sin duda, ella era de esas. O eso parecía. Y ahora tenía más miedo aún. Se habían besado -por fin- y estaba a punto de cagarla por hablar demasiado. Tenía tantas ganas como miedo, era evidente. Tenía que besarla de nuevo, no le iba bien seguir conversando.



- Yo también te tenía muchas ganas.
- ¿Y por qué no me lo has dicho nunca?
- ¿Cómo te lo voy a decir? 
- ¿Por qué no?
- No me has contestado a lo de si te doy miedo.

Mierda, pensó él. Ella había vuelto a ponerse encima. Con lo que le había costado retomar la situación. 

- Tenía tantas ganas como miedo.
- Eso ya lo has dicho. Contéstame a lo que te pregunto o dime, al menos, algo que no sepa.
- ¿Seguro?
- ¡Sorpréndeme!
- Pero bésame otra vez.
- Claro...

Se besaron. Mucho. Él intentó alargar ese beso como si fuera el segundo. El primer beso se da para romper las hostilidades. El segundo siempre es mejor, más largo, más intenso... Intentaba volver a él y ella lo notaba. Tampoco a ella le disgustaba. Ella también tenía tantas ganas como miedo, pero no se lo iba a decir. Le gustaba verle inseguro con ella. Era la mejor manera de esconder su inseguridad: ponerla encima de la suya.



- ¿Y bien?
- Seguro que no sabes que en algunas zonas del ártico y Groenlandia, los esquimales tienen como tradición prestar a su pareja, para pasar la noche a quien llega de visita. 
- ¡Joder! Eso sí que no me lo esperaba. 
- Pues te iba a soltar otra peor.
- ¿Seguro?
- Sí. Pero ya da igual.
- No. Supondrás que, ahora, vas a tener que decírmela o volvemos a lo de que te doy miedo.
- En algunas tribus de Papúa Nueva Guinea, los jóvenes deben practicar sexo oral a los ancianos y beberse el semen para poder tener relaciones con las mujeres. 
- Pero, ¿a ti qué te pasa? ¿Te acabas de leer un National Geographic de costumbres sexuales por el mundo.
- No. Lo mismo luego te cuento por qué sé todo eso.
- No sé si quiero saberlo.
- Mejor.

De repente, con la tontería, la situación había dado un vuelco espectacular. En aquel momento ella empezó a mostrar su miedo y él, sin saber cómo, se empezó a sentir más fuerte. Todo era irreal porque los dos seguían teniendo tantas ganas como miedo, pero cambiaron sus posiciones.

- Después de esto ya no sé de qué más podemos hablar.
- Pues no hablamos. Tenemos la boca ocupada.
- Eso queda muy feo decirlo, lo sabes, ¿verdad?
- Sí, me he dado cuenta.
- Pero tienes razón. Aunque no me importaría que...
- Las mujeres kung del desierto del Kalahari tienen relaciones sexuales entre ellas antes de mantener sexo con los hombres.
- ¡Pero, tío! 
- Es broma...
- ¿Es broma? ¿Te lo acabas de inventar?
- No, el dato es cierto. Lo que es broma es habértelo dicho.
- Pues, no sé...
- Si quieres lo remato.
- No sé si quiero.
- Mejor.
- No, venga, ahora remata...
- Los semai, en Malasia, no pueden rechazar el sexo cuando se lo ofrecen. Es motivo de mala suerte decir que no a un coito.

Y todo cuadró. 
Sin saber muy bien cómo, los dos entendieron que podía dar mala suerte renunciar a acostarse juntos. Como si fueran semais. Los dos querían y los dos se ofrecían. Se dieron cuenta de que mejor no lo podrían hacer y que cualquier cosa que se dijeran podría joder el coito que tanto ansiaban. Que tantas ganas como miedo tenían de hacerlo los dos.



Cuando llegaron a la cama recuperaron el ansia y el fulgor del segundo beso. Se desnudaban torpemente. Como dos adolescentes que lo hacen por primera vez. A fin de cuentas, era la primera vez que se encontraban los dos, que se tenían tantas ganas como miedo. Hasta que llegaron a los calcetines. Entonces, ella, que no se había dado cuenta de las ganas que tenía -aparte de follar con él- de devolverle algún dato, no se pudo aguantar y se lo soltó.

- Seguro que no sabes que, es un hecho constatado científicamente, eres más propicio a experimentar un orgasmo si tienes los pies calientes.
- Lo sé. Pero soy incapaz de meterme en una cama con los calcetines puestos.

Y no volvieron a hablar más. 
Los dos tenían tantas ganas como miedo...





martes, 14 de enero de 2020

Microrrelatos sin pudor (Volumen 49): Reír sin follar





Creí que aquella chica que me sacó del bar, para llevarme a su casa, me iba follar salvajemente. Tenía el sexo a flor de piel, era sensual y libidinosa. Me atrapó con todo tipo de insinuaciones directas que sugerían una noche de sexo y desenfreno como pocas. Me dijo que me deseaba con todo su cuerpo y mente. Y acabamos haciendo una guerra de almohadas en el salón de su casa, vestidos con pijamas en tonos pastel. Me mostró su verdadero yo. Fue la cosa más bella que me había pasado en años.



miércoles, 22 de agosto de 2018

OOP: Oficina de Objetos Perdidos



Deberíamos empezar por follar.
No sé, por tener sexo.
Por acostarnos juntos.
Ver qué pasa.
Cómo somos de compatibles.
Pasar un buen rato y disfrutarnos.
Deberíamos tener sexo y, a partir de ahí, ver qué pasa.
En serio.
Piénsalo.
Piénsalo bien.



¿Por qué no empezamos por el sexo?
Podríamos follarnos mucho, con ansia, sin parar...
Y luego con el tiempo ver si acaba llegando el cariño y si llegamos a gustarnos.





B.S.O.: ¿Por qué no? (El hombre burbuja)



jueves, 3 de marzo de 2016

El cómo bailas no es lo que más me gusta de ti. Pero no dejes de hacerlo, por favor.









- ¿Cómo puedes hacer algo mientras escuchas a Battiato en italiano?
- Y tú, ¿Cómo puedes hablarme sabiendo los deseos que despiertas en mí?
- ¡Touché!
- Follemos.
- Tampoco es eso...
- ¡Hagamos el amor!
- Quita esa música y bailaré para ti.
- Quiero follar antes.
- ¿Cómo puedes pensar en follar mientras hablamos?
- ¿Cómo podría no hacerlo?
- Touché otra vez.
- ¡Hagamos el amor!
- Fóllame de una puta vez, que no te enteras de nada.

Y follamos como si no hubiera un mañana. Pero sí lo había. Y Battiato en italiano fue interrumpido por el despertador que les dijo que ya estaba bien por esa noche. Ninguno de los dos sabíamos quién lo había puesto, pero una vez que sonó, nos cortó todo el rollo.

No volvimos a follar.
Nunca más.

Battiato no sabe nada del tema, pero algún día lo mataré porque necesito echarle la culpa a alguien. O follar con otra para olvidar cómo hacíamos el amor...






lunes, 26 de octubre de 2015

VI Aniversario: Los restos del naufragio




“Nos queda Oaxaca,
peyote, San Pedro
y amigos que
no nos quieren cambiar.”


6 años. Esto cumple el día 30 seis años de “vida”. El día 30 de octubre es el inicio del Año 55 D.D. (Después de Diego) y debería empezar cabezadeavestruz 7.0.
Poco podía imaginar que las letras que comienzan este post, de “Los restos del naufragio” de Bunbury, pudieran llegar a tornarse tan proféticas y adquirir tanta importancia en estos días. Sí, amiguit@s, mirar cabezadeavestruz a día de hoy es mirar los restos de un naufragio. Ver en ellos lo que nos queda y con qué podemos contar.

El año seis de cabezadeavestruz ha sido sin duda el más pobre. El de menos cantidad, el de menos que decir, el de menos que aportar, el de menos que encontrar. Hemos naufragado. Y Oaxaca es muy responsable de ello. Para bien y para mal. Pero también lo es todo lo que nos ha rodeado y todo lo que nos ha acontecido. Aunque si estas líneas están saliendo ahora mismo es porque aún nos quedan “amigos que no nos quieren cambiar”.




No es fácil escribir. Hay muchísimos escritores que escriben para huir de la realidad. Escribir como huida. Yo no sé escribir pero cuando todo se nubla, no me sirve para huir. Necesito huir de mi huida para poder escribir. Y últimamente, todas las palabras que me salían me hacían consciente de la necesidad de huir y eso me dolía al escribir.

Mi tolerancia al dolor es limitada. Muy limitada. Yo escribo porque me hace feliz. Incluso hay quien me ha dicho que cabezadeavestruz se creó para follar. Seis años después, todo ha cambiado. Los momentos que nos han llevado al naufragio nos han impedido escribir. Quizás ahora baste con analizar y rebuscar entre ellos, a la manera de un buscador de tesoros o de un, mucho más adecuado, pirata necrófago, para volver a disfrutar y ver qué es lo que nos queda y qué es lo que merece la pena.

Este aniversario es el momento ideal para dejar de castigarse con los crímenes perfectos, diga lo que diga mi adorado Andrés. Porque sobreviviendo es como un crimen perfecto deja de ser perfecto. Deja casi de ser crimen.



Algun@s se preguntarán por qué cuento todo esto. Pues no lo sé muy bien. Probablemente esto no lo esté leyendo nadie. Y si alguien lo lee, volveremos a ser felices y a dar por buenos estos seis años, eso que hemos conseguido, eso que hemos alcanzado.

Si cabezadeavestruz se creó para follar, a día de hoy ha optado por un celibato plácido e higiénico. Evidentemente, gracias a cabezadeavestruz hemos follado mucho recibido mucho cariño y empuje para seguir adelante. No hay que rebuscar demasiado en los restos del naufragio. La tormenta ya pasó.

El Subcomandante Marcos dijo una vez que “morir no duele, lo que duele es el olvido” y aquí estamos para celebrar que aquella tontería que se creó para follar recibir cariño, cumple seis años y este fin de semana habrá que celebrar el aniversario y el advenimiento del año 55 Después de Diego. Ni morimos, ni nos olvidamos. Ni matamos, ni caeremos en el olvido. Porque aquí, de siempre, hemos querido quedarnos a vivir en aquella maravilla de canción que compuso Josele Santiago y a la que recurrimos de cuando en cuando. Porque Los Enemigos siempre tuvieron razón y siempre son de esos restos del naufragio que hay que recoger para que todo cuadre:


"Bienvenido

al club de los que vamos a triunfar.
La vuelta ya nos la darás.
¡Tú vales, tú vales chaval!"









GRACIAS a tod@s l@s que andáis por ahí. ¡Feliz cumpleaños!




jueves, 8 de octubre de 2015

De Premios Nobel de Literatura, señales y cambios


Hoy han dado el Premio Nobel de Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como tantos otros días, me gustaría ser el tío al que te estás follando porque no soy lo suficientemente bueno para ti.




Me pasa todos los días. Me cambiaría por él. Aunque lo deteste simplemente por hacer lo que hace. Aunque tú también lo detestes pero no lo sepas. Porque es el que está donde yo querría estar y no puedo porque no soy lo suficientemente bueno para ti.

Me pasa hasta cuando no me tiene que pasar. Me pasa cuando entro a una entrevista de trabajo. Cuando digo que soy bueno para hacerlo, el mejor que pueden encontrar y miro al entrevistador pensando si aunque lo deteste él también podría meterse en tu cama porque yo no soy lo suficientemente bueno para ti.

Ya le llamaremos, me dice con una falsa sonrisa. Ya llamaremos al que se está follando porque tú no eres suficientemente bueno para ella, quiere decirme, pero no lo dice. Y salgo ilusionado y con una sonrisa, y por un instante todo cuadra. Estoy en Moratalaz y cuando me pongo los cascos, aleatoriamente suena como primera canción “En la soleada tarde de domingo en un parque de Moratalaz” de La Cabra Mecánica. Tiene que ser una señal.

Avanza la canción y la señal está en la letra: “Córtate el pelo y búscate un trabajo”. Y sé que me tengo que cortar el pelo como a ti no te gustaría que lo hiciera. Pero da igual, porque me gustaría ser esa persona, cortándome el pelo o no, a la que te estás follando porque yo no soy lo suficientemente bueno para ti.

Hoy han dado el Premio Nobel de Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como estos últimos días, estoy más cerca de estar muy lejos. Estoy a punto de salir por piernas para no tener que estar pensando constantemente que me gustaría ser el tío al que te estás follando porque no soy lo suficientemente bueno para ti.




Lo que no me gustaría ser hoy es Murakami. Ese no es lo suficientemente bueno para ti ni para el Nobel de Literatura. Y a ambos os entiendo en este caso. Al menos en este caso...









miércoles, 14 de enero de 2015

Conversaciones postcoitum




¿Hasta que punto se puede decir
que la mirada de un ser humano es algo físico?”
(“El túnel”, Ernesto Sábato)




- ¿En qué momento estos ojos que parten de ser posteriores al sexo pasan a ser de nuevo anteriores?
- ¿Eso es que quieres repetir?
- Claro, pero lo pregunto porque si eso que dices es cierto, supongo que hay un momento en que mis ojos post cambian y pasan a ser pre si en mi interior algo dice que vamos a hacerlo otra vez.
- Los ojos post no desaparecen. Hasta que te duermes a mi lado. Y en ese momento aparecen de nuevo en los sueños. Luego ya la mañana es otra cosa.

En aquellos momentos ya lo sabía. Aunque creo que siempre lo supe. Tenía unos ojos preciosos. Unos ojos que inspirarían a toda una generación literaria o a un movimiento cultural completo. Unos ojos de esos que siempre transmiten cansancio, pero que de cansados que los ves, te enamoras de ellos, te inspiran una ternura inigualable. Una ternura que hace que no puedas menos que fascinarte e inevitablemente, enamorarte perdidamente de ellos para siempre. Porque unos ojos cansados, nunca dejan de estar cansados. Y por tanto, nunca dejan de tenerte atrapado. Y en momentos como aquellos, era más consciente que nunca.



- Me encanta mirarte. Sobre todo en estos momentos.
- Y a mí.
- Es impresionante lo que cambia el Franky anterior del Franky posterior.
- Sigo siendo yo.
- Tus ojos no son los mismos.
- Porque soy un tío raro y miro. Y porque me siento a gusto así, contigo, y me apetece estar pegado a ti y mirarte.
- Tienes razón, eres un tío raro. No sólo por esto, pero sí, eres un tío raro.
- La mayoría de los tíos con los que te has acostado ya estarían vistiéndose con cualquier excusa. Franky no, Diana. Franky está aquí, aunque nadie lo crea.
- Pues tengo experiencias de todo tipo.
- A mí me gusta estar así contigo. No creo que te haya pasado con muchos.
- ¿De verdad quieres que hablemos de eso ahora?
- No, quiero que te sientas bien y que hables de lo que quieras que hablemos.
- Hablemos de lo que quieras, me siento muy bien.
- Yo también.

Y todo era maravilloso. Aunque siempre, mi cabeza se fuera a sitios inconvenientes: ¿Conoces alguna pareja que sea feliz? ¿Realmente feliz? Fantaseaba diciéndome cosas que nunca me consideré capaz de decir en voz alta: Creo que no deberíamos acostarnos. Creo que no deberíamos acostarnos los dos solos ¿Nunca más?. Pero recordaba otros momentos, otras camas. Otras personas, otros cuerpos. Como el tiempo en el que cuando terminábamos de follar, algunas siempre miraban hacia arriba y me preguntaban si había pensado en pintar el techo…

- Se nota.
- ¿Se me nota?
- Se nota.
- Será porque estoy a gusto. Porque estoy muy bien.
- Echaba de menos esos ojos.
- Te miran muy a menudo. Nunca se han ido.
- Estos ojos no. Hacía mucho que no los veía.
- Aquí están, mirándote.
- Me encanta como me miras después.
- Después.
- Después.
- ¿Y antes? ¿No te gustan?
- Es diferente.

Y preguntas en mi interior. Sin poder controlarlas y sin saber si quería plantearlas fuera de mí, compartirlas con ella, con alguien: ¿Conoces la historia del que quiso volver a sentir el placer de aprender a hacer algo importante y vital por primera vez y se amputó los pies para tener que aprender a andar de nuevo? Cuando los demonios que la dirigen abandonen mi cabeza, quizás me convierta en algo aún peor de lo que soy ahora mismo y te resulte aún más insoportable…

 

- ¿No te gustan?
- Me gustan, pero ya te he dicho que es increíble como cambia tu mirada de antes a después.
- ¿Y durante?
- Durante hay de todo.

Sería tan bonito que me escribieras una canción...

jueves, 3 de julio de 2014

Lo peor de no usar corbata habitualmente es no poder usarla para atar tus manos cuando quiero follarte


Mi vida está llena de frustraciones. Algunas reversibles cual camisetas de tres al cuarto. Otras irremediables como las limitaciones físicas derivadas de la edad o estados carenciales del organismo. Pero las más duras, por lo estúpido de su explicación o lo anormal de su causalidad, son las que provienen de cuestiones estéticas. El no follar por no gustar. El no ser nadie por no tener un cuerpo diez. El ser despreciado por vestir diferente. El no poder atar tus manos con una corbata para follarte porque nunca uso corbata.

La ausencia de corbata en mi modo de vestir da un toque desenfadado a mi estilo. Proporciona libertad a mi cuello y mi garganta. Me impide trabajar en ciertas empresas, despachos e incluso en organismos oficiales. Pero lo más duro de no usarla es no poder atarte las manos para follar contigo.
   




A pesar de ello, me levanto de la cama y le digo “buen día” al mundo con la ilusión de que antes de llegar la noche todas estas cosas que me pasan por no llevar corbata sean intrascendentes y consiga que te abalances sobre mí en cualquier momento y me asfixies con lo primero que tengas a mano. Y la ilusión me llega hasta que en la noche cierro los ojos buscando un nuevo día sintiendo el agobio extraño en la garganta que me oprime como si usara corbata a la manera en la que alguien siente como le pica un miembro amputado. A pesar de ello, el “buen día” deposita todas sus esperanzas en la noche, que es cuando más cerca estamos la una del otro, porque es el momento en el que más posibilidades hay de caer juntos y desnudos en la cama. Cuando ya no importen las corbatas y el silencio de lo que nos rodee se haya convertido en oscuridad cómplice.

En ocasiones creo que lo pienso todo demasiado y eso hace que te vayas de mi lado sin ni siquiera dar importancia a que lo peor de no usar corbata habitualmente sea no poder usarla para atarte las manos cuando quiero follarte.

En el fondo no es más que una más de mis imposturas estéticas. Solo quiero despertar y tras el “buen día” ver que una vez más los periódicos mienten sobre mí: "Él no era una persona normal ni saludaba siempre a todos sus vecinos".

 Llevara o no llevara corbata...





lunes, 5 de mayo de 2014

Crónicas del aftersun (O el enésimo sueño en el que vi cómo Mario Benedetti ponía aftersun a Nacho Vegas)




Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo, ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos”

Mario Benedetti)


No soy un buen deportista. 

Mi cuerpo, del que tanto hablas a veces y al que tanto te aferras cuando estamos cerca, puede dar buena fe de ello. No me gusta perder. Ni siquiera sé comportarme en las victorias. Supongo que soy un simple jugador, pero quiero que el juego siga reglas que no tengo escritas. Soy un jugador al que le gusta cambiar las reglas a su antojo cuando sospecha que el desarrollo del juego no le convence del todo, o siente la amenaza de la derrota o de un final no esperado. Aquello de “en mi casa jugamos así”, pero fascinado por el tablero de juego que representa tu cuerpo. Me aterra pensar que disfruto tanto tu presencia porque siento pavor y un miedo infinito con tus ausencias.

No quiero vivir con miedo. Aunque ese miedo sea irracional. Ese miedo que te empeñas en convencerme de que no existe. Pero que es inevitable que lo sufra. Está en mi naturaleza, pero sobre todo es por la tuya.





Yo me pregunté a mí mismo,
sólo a un paso del abismo,
cómo voy a vivir
cuando te canses de mí”

Nacho Vegas)


Miedo a que te olvides de mí. Miedo de que me cambies por algo. Por una fascinación. Por un amor de verano. Por un calentón estival.
Por alguien que te comprenda mejor que yo (Aunque sabes que eso no existe).
Por algo que tenga una polla más grande que la mía (Aunque sabes que eso no es tan importante).
Por alguien que huela mejor que yo (Aunque sabes que mi olor es mío y los sucedáneos sólo son eso, sucedáneos).
Por alguien que folle mejor que yo (Aunque sabes que yo follo como tú quieres que te folle).
Por alguien que te recuerde que eres tú (Aunque sabes que conmigo puedes ser más tú que con nadie).
Por algo que ni siquiera tú te explicas (Aunque las explicaciones a mí siempre me han parecido excusas condescendientes).
Por algo que es lo que tú necesitas (Aunque nunca sepas lo que necesitas, sólo lo que no necesitas y que a veces se mezclan sin pudor, para discriminarlo en la resaca del día siguiente).
Por no estar en el momento adecuado en el sitio adecuado (Aunque nunca sepas dónde vas a estar al minuto siguiente).


(Storm Thorgerson)


Entiendo que no soy lo mejor que puedes encontrar. Pero sí lo seré siempre. Soy un corredor de fondo. Cuando todos se cansan, allí sigo yo, a mi ritmo. Al ritmo que tú me marcaste aunque ahora te canse mi falta de reprís. Te fascinan y te fascinarán siempre todos los velocistas pero, por mucho que te engañes, no llegarán al segundo kilómetro siendo los mismos. Están concebidos para brillar en la distancia corta, para fascinar con sus relámpagos de velocidad, con su imponente planta de pasada fugaz. Y ese es tu punto flaco. Los ves una y otra vez y siempre piensas que van a ser los maratonianos que esperas. Que esa chispa y explosión se puede mantener toda la distancia que tu quieres. Pero cuando pasan 400, 800 o 1500 metros ya no son así. Pero vuelves a caer una y otra vez. Los ves en los tacos de salida tan musculosos y bien formados. Tan perfectamente esculpidos para tus antojos. Tan máquinas engrasadas... Que crees que son así siempre. 

Y lo piensas una y otra vez. Y vuelves a caer cuando la carrera se alarga. Y miras atrás y allí sigo yo, corriendo a mi ritmo. Como el corredor de fondo que disimula sus carencias como atleta.

No soy un atleta. No soy un velocista. No soy siquiera un deportista. Pero puedo correr (o por lo menos andar) mundos por ti. Aunque tú te alejes de cuando en cuando en los brazos de fascinantes atletas musculados que seguramente hagan más trampas que yo… 

Aunque tú todavía no lo sabes…
Y cuando lo sabes, miras atrás…
Y encuentras al que se come mundos por ti…





B.S.O.: Cuando te canses de mí (Nacho Vegas)




miércoles, 13 de noviembre de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 22): Tirarme a Eva Braun


En ocasiones siento la necesidad de soñar cosas perturbadoras. Y sentir esa necesidad, me quita el sueño y me impide soñar. 

Cuando uno tiene la necesidad de soñar cosas perturbadoras tiene un mundo de frustraciones por delante, al alcance de su mano.




Siempre anduve frustrado porque mi mayor anhelo en este mundo era tirarme a Eva Braun.

Es algo que mi cabeza soñadora me dice que he hecho porque siempre lo he deseado. Nada extraño en ello. Nada extraño ni fuera de lo normal. Lo fuera de lo normal o extraño es sentir a flor de piel cómo era el orgasmo de Eva Braun entre mis brazos, encima mía, cabalgándome o recibiendo a cuatro patas. 

Sé que me tiré a Eva Braun y que hasta ese momento no había nada en el mundo que deseara más. Fue una obsesión colmada. Colmada con creces.

Pero colmar una obsesión no sirve más que para que surjan más obsesiones o frustraciones por haberla colmado. Así no puedo dormir. No me quito de la cabeza la cara de Eva Braun diciéndome que no ha disfrutado lo suficiente, que soy un amante pésimo y que lo ha hecho por pena. Como tantas otras veces.

En ocasiones ligo y me doy cuenta de que todas las personas que se acuestan conmigo son trabajadoras sociales. Soy consciente de que me utilizan para convalidar créditos de las prácticas de su carrera o como estudio de campo.

Sentir la necesidad de soñar cosas perturbadoras, me quita el sueño y me impide soñar. Y que Eva Braun te haga consciente de que ha tenido mejores amantes que tú, te frustra y te vuelve a dejar otra noche sin dormir...





jueves, 12 de septiembre de 2013

El problema de jugar siempre al empate



- Está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, le dije mientras desayunábamos después de follar, por la mañana, nada más abrir los ojos.

- Está bien que follar sea lo primero que hacemos cuando llega el día, me dijo ella mientras mojaba su porra en el café. 

Mi cabeza se fue sin remedio a un burdo juego alegórico de lo más simplón analizando cómo entraba y salía la porra de su café para luego, una vez húmeda, entrar en su boca. Tuve uno de esos momentos en los que me siento de lo más vulgar pensando cosas que ni siquiera me paro a pensar pero aparecen en mi mente, que abochornarían a mi yo reflexivo. Pero la imagen de aquella porra del desayuno, poco tiempo después de haberme comido a mí por todos lados, porra (o churrito para ser exactos) incluida, era de lo más sugerente. Cuando veo cosas sugerentes en todo lo que me rodea, por muy cañí o vulgar que sea, como es el caso de una porra mojada en café, sé que pase lo que pase el resto del día ya lo he empezado ganando.




- Parece que hoy empezamos ganando. Nada más sencillo que empezar un día ganando si lo primero que haces cuando apenas has abierto los ojos, es follar.
- Eso es muy difícil.
- Acabamos de hacerlo, le dije con una seguridad impropia de mí.
- Hoy ha empezado bien. Dejémoslo ahí. Y cogió otra porra para proceder a mojarla nuevamente en el café y dar buena cuenta de ella.
- Parece que te has levantado con hambre... ¿No te has alimentado lo suficiente esta mañana?
- ¿Ves? No es tan fácil. Lo estás empezando a joder. Con lo bien que había empezado el día...
- Es broma, perdona.
- Da igual. 

Entonces yo cogí una porra y procedí a hacer lo mismo que ella pero cualquier persona que nos hubiera visto desde fuera se habría dado cuenta de que no es lo mismo. Aunque quisiera hacer lo mismo. Hasta ella se dio cuenta. Pero no dijo nada al respecto. Se fue a otro de sus sitios.

- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- ¿Cómo?
- Déjalo.
- No, dime..., le dije ya asustado.
- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- No sé, nunca lo he pensado.
- Ya. 

La porra se me estaba atragantando. El día que había empezado de maravilla porque está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, empezaba a ponerse raro ya en el desayuno.

- ¿Qué quieres cenar hoy? 
- ¿A qué viene eso ahora? ¿Estamos desayunando?
- No, para ver si me contestabas que tú no sabías pero que yo iba a cenar porra otra vez.
- Yo nunca hubiera dicho eso.
- Tenía que comprobarlo.
- ¿Quieres cenar porra esta noche?
- Quiero comértela ahora mismo.

Volvía a pensar que el día se había levantado maravilloso. Daba gusto desayunar así.

Me volvía loco que me la comiera. Ya fuera por la mañana o por la tarde, de noche o de día. Todo parecía posible cuando ella me comía la polla. Era algo que nunca podré describir con palabras por más que lo intente. Por más veces que me la haya comido. Recuerdo cuando intenté explicárselo a otra persona que no entendía lo que quería decir acerca de empezar de maravilla los días, de salir ya ganando, o de lo indescriptible que era lo que sentía cuando ella me comía la polla:

- ¿Has mirado sus ojos? Yo la primera vez que miré en ellos tuve la misma sensación que cuando escuché por primera vez a los Rolling Stones.
- ¿Sus ojos?
- Los ojos de alguien que te está comiendo la polla.
- No sé. 
- Ese es tu problema, no sabes. Quizás juegas siempre a empatar y luego pasa lo que pasa...




Aquella conversación no acabó bien. Aunque a mí me parezca que dije en ella cosas tan bellas que nunca crea poder repetir hablando de mirar unos ojos. Tiempo después, esa persona me comió la polla y estoy convencido que ambos estábamos pendientes de algo más que aquella comida porque recordábamos la conversación de los ojos. Y eso que fue con poca luz, de noche y con mucho deseo por ambas partes. Aquella comida acabó en empate. No volvimos a jugar el partido de vuelta. Pero eso ocurrió mucho tiempo después del maravilloso día del que estaba hablando que empezó muy bien por saber que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Ese día, el que empezó muy bien sabiendo que ya pasara lo que pasara habíamos hecho algo por haber follado al despertarnos, se empezó a torcer a media tarde. Todos los días se empiezan a torcer a media tarde. Es cuando comienza a aparecer el cansancio. Cuando cuesta más mantener la ventaja adquirida en los prolegómenos. 

Yo, aparte de una deficiente condición física, tengo poca fortaleza mental, y cuando los días empiezan a torcerse, me cuesta mantener el marcador a favor. Es algo que ella sabía y por eso se empeñó en comérmela antes de comer, en medio de la comida (a pesar de que estábamos en un restaurante) y en la siesta. A veces no miramos los días en toda su intensidad. Creemos que los martes no son más que antesalas de los jueves y así. Y así nos luce el pelo. Yo llegué a la cena con pocas ganas de hacer chistes de porras, ni de casi cenar.




Por aquellos tiempos yo quería ser escritor. Y como todos sabemos, un aspirante a escritor no deja de ser una persona como todas las demás solo que un poco más pretenciosa, embobada de sí misma y con ganas de demostrar constantemente que tiene ideas mejores que los que le rodean. Por aquellos tiempos yo solía joder bastante las situaciones y días en los que iba ganando cómodamente con mis ínfulas de literato maldito y genial. Y, claro, salté:

- Voy a hacerte un traje con mis letras, le dije en lo que yo consideraba un piropo maravilloso que la dejara epatada y a mi merced, bebiendo los vientos por mí.
- Yo lo que quiero es que me hagas un traje de saliva y te dejes de romanticismos. Ese es tu mayor problema conmigo, me replicó mientras intentaba comerme la polla una vez más.

Aquella noche acabó en tragedia. Ella seguía con hambre. Yo ya hacía mucho tiempo que había dado por bueno el empate. No me quedaban cambios y el equipo se resintió. Ella decidió jugarse el todo por el todo y buscó ganar aunque fuera en la tanda de penaltis. Yo ya había sido eliminado de la competición.

A día de hoy, recuerdo aquella jornada como un claro ejemplo de lo que pudo ser y no fue. La eterna promesa me llamaban. El de los días que empezaban de maravilla porque sabía que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Desde aquel día tengo miedo a las noches. Duerma solo o acompañado. Tengo miedo despertar y ver que el día no empieza ni siquiera en empate...



B.S.O.: "Un buen día" (Los Planetas)


martes, 21 de mayo de 2013

La increíble y aterradora historia del día que decidió escribir un relato sin utilizar ni un solo adverbio acabado en -MENTE



Decidió escribir algo que no contuviera palabras terminadas en -MENTE.








Le aterraba ver que todas las cartas que le enviaba estaban llenas de -MENTE.

Lo intentó y desterró la MENTE de lo que escribía.

Lo consiguió y acabó escribiendo algo sin MENTE.

Nadie lo entendió y desde entonces, ni escribe, ni tiene MENTE.







Precuela de la historia:

Escribía relatos.

No le importaba lo que escribía, 
sólo lo hacía para conseguir 
que todas se enamoran de él por sus letras.

Buscaba que leyeran sus historias 
para que todas perdieran la MENTE al hacerlo 
y follaran con él.

No lo conseguía.

No tenía suficiente MENTE para hacerlo.









Bonus track de la historia:

Le acabó explotando la MENTE.

(Pero lo hizo sin recurrir a los adverbios terminados en MENTE )









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