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lunes, 5 de mayo de 2014

Crónicas del aftersun (O el enésimo sueño en el que vi cómo Mario Benedetti ponía aftersun a Nacho Vegas)




Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo, ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos”

Mario Benedetti)


No soy un buen deportista. 

Mi cuerpo, del que tanto hablas a veces y al que tanto te aferras cuando estamos cerca, puede dar buena fe de ello. No me gusta perder. Ni siquiera sé comportarme en las victorias. Supongo que soy un simple jugador, pero quiero que el juego siga reglas que no tengo escritas. Soy un jugador al que le gusta cambiar las reglas a su antojo cuando sospecha que el desarrollo del juego no le convence del todo, o siente la amenaza de la derrota o de un final no esperado. Aquello de “en mi casa jugamos así”, pero fascinado por el tablero de juego que representa tu cuerpo. Me aterra pensar que disfruto tanto tu presencia porque siento pavor y un miedo infinito con tus ausencias.

No quiero vivir con miedo. Aunque ese miedo sea irracional. Ese miedo que te empeñas en convencerme de que no existe. Pero que es inevitable que lo sufra. Está en mi naturaleza, pero sobre todo es por la tuya.





Yo me pregunté a mí mismo,
sólo a un paso del abismo,
cómo voy a vivir
cuando te canses de mí”

Nacho Vegas)


Miedo a que te olvides de mí. Miedo de que me cambies por algo. Por una fascinación. Por un amor de verano. Por un calentón estival.
Por alguien que te comprenda mejor que yo (Aunque sabes que eso no existe).
Por algo que tenga una polla más grande que la mía (Aunque sabes que eso no es tan importante).
Por alguien que huela mejor que yo (Aunque sabes que mi olor es mío y los sucedáneos sólo son eso, sucedáneos).
Por alguien que folle mejor que yo (Aunque sabes que yo follo como tú quieres que te folle).
Por alguien que te recuerde que eres tú (Aunque sabes que conmigo puedes ser más tú que con nadie).
Por algo que ni siquiera tú te explicas (Aunque las explicaciones a mí siempre me han parecido excusas condescendientes).
Por algo que es lo que tú necesitas (Aunque nunca sepas lo que necesitas, sólo lo que no necesitas y que a veces se mezclan sin pudor, para discriminarlo en la resaca del día siguiente).
Por no estar en el momento adecuado en el sitio adecuado (Aunque nunca sepas dónde vas a estar al minuto siguiente).


(Storm Thorgerson)


Entiendo que no soy lo mejor que puedes encontrar. Pero sí lo seré siempre. Soy un corredor de fondo. Cuando todos se cansan, allí sigo yo, a mi ritmo. Al ritmo que tú me marcaste aunque ahora te canse mi falta de reprís. Te fascinan y te fascinarán siempre todos los velocistas pero, por mucho que te engañes, no llegarán al segundo kilómetro siendo los mismos. Están concebidos para brillar en la distancia corta, para fascinar con sus relámpagos de velocidad, con su imponente planta de pasada fugaz. Y ese es tu punto flaco. Los ves una y otra vez y siempre piensas que van a ser los maratonianos que esperas. Que esa chispa y explosión se puede mantener toda la distancia que tu quieres. Pero cuando pasan 400, 800 o 1500 metros ya no son así. Pero vuelves a caer una y otra vez. Los ves en los tacos de salida tan musculosos y bien formados. Tan perfectamente esculpidos para tus antojos. Tan máquinas engrasadas... Que crees que son así siempre. 

Y lo piensas una y otra vez. Y vuelves a caer cuando la carrera se alarga. Y miras atrás y allí sigo yo, corriendo a mi ritmo. Como el corredor de fondo que disimula sus carencias como atleta.

No soy un atleta. No soy un velocista. No soy siquiera un deportista. Pero puedo correr (o por lo menos andar) mundos por ti. Aunque tú te alejes de cuando en cuando en los brazos de fascinantes atletas musculados que seguramente hagan más trampas que yo… 

Aunque tú todavía no lo sabes…
Y cuando lo sabes, miras atrás…
Y encuentras al que se come mundos por ti…





B.S.O.: Cuando te canses de mí (Nacho Vegas)




miércoles, 3 de julio de 2013

Es el fin del mundo tal y como lo conocemos (Y me siento bien)




Año 2021:
De entre los escombros de donde el mapa digital indica que estaba antes la discoteca Pachá de Madrid, un evolucionado cyborg último modelo con piernas de carnero y cabeza y cuello de Mónica Bellucci, encuentra y se guarda en su bolsa tipo marsupial de la espalda un extraño material que contiene trazas de madera, tinta de calamar y carne de caballo, para que nadie lo vea.





Tras recogerse en un dispositivo portátil en los que se distribuye el arte en pequeñas dosis por el ridículo precio de unas moléculas de oxígeno manipulado por pulmones humanos, en la oscuridad de la proyección de la trilogía de Chiquito de la Calzada (Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera, Bracula: Condemor II y Papá Piquillo) revisa su última captura recibiendo en el hipotálamo la descarga de una extraña melodía que, de no ser porque vendió sus recuerdos cuando no tenía con qué afilarse las uñas, le recordaría a una tonada de finales del siglo XX: It's the End of the World de R.E.M.


It's the end of the world as we know it
It's the end of the world as we know it
It's the end of the world as we know it and I feel fine


El google translator que tiene instalado de serie en su pupila izquierda le manda las señales de lo que pone en aquel objeto que parece ser un papel con un texto en él:



Cambio de canal. Un informativo da paso a los deportes. Reconozco rápidamente el engaño habitual de decir “deportes” cuando lo único que me van a contar es qué le duele a Cristiano Ronaldo, cómo de bueno es ser del Real Madrid, entender que el fútbol es Dios sobre todas las cosas y, depende del día, obligarme a ser feliz y estar muy contento porque alguien que casualmente ha nacido en el mismo país que yo, ha ganado algo por ahí o, aún peor, no ha ganado porque no lo han dejado y hay una conspiración judeo-masónica contra él por ser español y porque el mundo mundial tiene envidia de todo lo que huela a rojo y amarillo. Soy español: ¿A qué quieres que te gane? Retumbó en mi cabeza mientras en otro canal el Ministro de Hacienda balbucea extraños mensajes desde su cara de Montgomery Burns para explicar como unos altos técnicos con infinitos conocimientos económicos se equivocaron con un DNI que sólo tiene dos cifras, el catorce, y con un nombre tan común y con tantas posibilidades de existir varios iguales como es Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia. Decido buscar algo de porno y acabo dando con otra cosa más digna de disipar cualquier posibilidad de erección: En España no existe el DNI número 13 por respeto a la superstición.  



Muerto de miedo intento wasapearte pero recuerdo que me tienes bloqueado. Lloro pensando en el momento en que te conocí, en aquella manifestación, en los posteriores meses admirando tu lucha en las redes sociales donde colgabas indignada todo tipo de enlaces, noticias y denuncias sobre un mundo que se derrumba y por el que no nos movemos. Grito de rabia sin llegar a creerme todavía que apostaras por el -según tú- injustamente segundo clasificado en aquel Gran Hermano y qué actitud de desprecio y de rebeldía ante las injusticias te hizo tomar aquello. Retuiteo aquel vídeo que colgaste, con la banda sonora de El Circo del Sol de fondo, que está lleno de frases de Paulo Coelho y de enseñanzas para una vida que todos deberíamos tomar como dogmas de fe y patrones de conducta. Maldigo todos aquellos “me gusta” que puse a discreción cada vez que ponías algo en el Facebook para hacerme notar y que supieras que me interesabas mucho y quería ligar contigo. Desconecto internet de casa y del móvil, y me dedico a darle a todos los comerciales de líneas ADSL y telefonía, el número de Galería del Coleccionista cada vez que me piden un teléfono de contacto para realizarme el cambio de línea.

Vuelvo a llorar con rabia y pienso que todo lo que me pasa me lo tengo bien merecido por haber ido a aquel concierto de Dani Martín sólo por sentirme cerca de ti, y haber comentado en tu círculo que Fito es el rock más auténtico que hay y había existido nunca. Me pongo en modo autista y frente al espejo pronuncio aquello de “he visto alguna de las mejores mentes de mi generación convertidas en pretenciosas personas que creen reinar en principados minúsculos sólo por haber ejercido alguna vez el derecho de pernada y haber sentido algún bufón reírle las gracias, empezar a estar cerca del fin y mirar con envidia a los capullos no que habíamos florecido por aquel entonces.”

Comprendo que casi todo está perdido y que he llegado al final sin explicarme aún como Laetitia Casta no ha dejado de estar buena a estas alturas de la vida. 

Y llega el fin:
Es el fin del mundo como lo conocemos.
(Y me siento bien).





El cyborg notó una alteración en su interior. Miró en su wikipedia adosada al riñón derecho y la respuesta le llevaba a algo preapocalíptico llamado sentimientos que en aquellos tiempos podría llegar hasta provocar la emisión de líquidos por los conductos de visión. Destruyó lo encontrado y disimuladamente pensó (algo prohibido para él) que no estaría mal sentir aquello de que el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos. No sabía qué significaba “mundo”, “derrumba” ni “enamoramos” pero podía vivir con ello. Su último software traía de serie poder hacer y decir cualquier cosa aún sin saber qué significa la mitad de lo que dice u oye, a emulación perfecta del españolito de a pie de toda la vida. Rozó su cuello como solía hacer muy a menudo cuando no le miraban, porque le provocaba algo muy placentero que no estaba dentro de ningún parámetro en su educación y programación personal, y mientras a Chiquito de la Calzada se le escapaba una lagrimita en la pantalla decidió hacer lo que llevaba mucho tiempo pensando hacer:
No volver a poner ningún “me gusta” en el facebook. 

Aunque ello supusiera el que llegaba el fin del mundo tal y como lo conocemos.




B.S.O.: "It´s the end of the world" (R.E.M.)

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