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lunes, 12 de julio de 2021
martes, 9 de junio de 2020
¿Volverás a besarme?
¿Serás capaz de volver a besar a un extraño?
¿Volverás a besarme algún día?
Las preguntas se acumulan mientras no nos vemos y no sabemos si volveremos a vernos.
Algunas preguntas que nunca te habías hecho.
Otras que ya has olvidado.
Y el tiempo pasa.
Sin los besos.
Es hora de empezar a responder con algún beso, o enterrarlos para siempre.
¿Volverás a besarme algún día?
¿Serás capaz de volver a besar a un extraño?
jueves, 21 de mayo de 2020
Cuentos de la cuarentena (Volumen 28): El cuento sin título, el que no fue ni será.
Érase una vez el amor en cuarentena.
Érasen una vez los abrazos rotos.
Érasen una vez los besos robados.
Érasen
una vez los abrazos prohibidos.
Érase una vez el sexo aplazado.
Cuando todo sea la distancia adecuada.
Cuando todo sea la nostalgia del antes
que ya no está.
Dónde están los besos que te debo, en
una cajita.
Y vivieron felices y comieron saudade
eterna...
B.S.O. 1: "La distancia adecuada" (Christina Rosenvinge).
B.S.O. 2: "A fuego" (Extremoduro).
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Adecuada,
Besos,
Christina Rosenvinge,
Cuarentena,
Cuento,
Distancia,
Extremoduro,
Futuro,
Saudade,
Sexo,
Título
viernes, 17 de abril de 2020
Cuentos de la cuarentena (Volumen 17): Bailar de lejos, ¿no es bailar?
![]() |
| (“Love From a Distance”, René Magritte). |
Bajó el volumen de la radio para poder hablar con él por Skype. Por fin llegó el momento:
- ¡Hola!, ¿Cómo estás?
- "Bailar de lejos no es bailar, es como estar bailando solo..."
- Tú siempre tienes una canción para todo.
- En este caso es muy cierto.
- "Tú bailando en tu volcán..."
- Esto así no va a funcionar.
- Funcionará si nosotros queremos.
- Los amores a distancia no suelen funcionar.
- No suelen, pero pueden.
- Los amores a distancia no son amores.
- Un amor real puede con todo.
- ¡Bésame!
- Estás muy lejos...
Subió el volumen de la radio: "...Bailando tú en el polo" sonó al instante mientras apagaba el ordenador.
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Bailar,
Besos,
Cuarentena,
Cuentos,
Distancia,
Lejos,
René Magritte,
Skype
jueves, 20 de junio de 2019
Besos que explotan
Los
besos más maravillosos que he vivido nunca son aquellos inesperados,
los que empiezan con unas risas, con un acercamiento torpe, con unos
toquecillos de cabeza a la manera de los ciervos, acercando mejillas
y chocando la frente ligeramente hasta que los labios se rozan y de
repente se dispara la pasión. Como el que acerca con miedo la llama
de una cerilla a la mecha de un fuego artificial, con cuidado de no
quemarse con ella, torpemente para no prender en un sitio inadecuado
y que no le dé tiempo a huir porque le explota en la mano.
Sí,
definitivamente mis mejores besos han sido los que me han explotado
en las manos...
lunes, 31 de diciembre de 2018
Se va a acabar el año y no me has besado...
Se va a acabar el año y no me has
besado.
No estoy seguro de que tú lo tengas
tan presente como yo pero para mí es una realidad ineludible. Me
podría poner a hacer las típicas listas con lo mejor y lo peor del
año que se va, con los buenos propósitos o las metas para el año
que viene pero he decidido quedarme sólo con esto: se va a acabar el
año y no me has besado.
No estoy seguro de que tú lo tengas
tan presente como yo pero me gustaría pensar que estás leyendo esto
y piensas que debería decir que se va a acabar el año y no nos
hemos besado.
No es lo mismo. Quiero que nos besemos.
Pero se va a acabar el año y no me has besado. No me atrevo.
Necesito que nos besemos. Aún estamos a tiempo.
Para dejar de pensar que se va a acabar
el año y no me has besado...
(Y si no lo has hecho, nos lo apuntamos
como propósito de año nuevo. No se me ocurre ninguno mejor. Te
espero...).
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Ya no tengo edad para que mi cabeza funcione como un puto diario de adolescente
Hola.
Soy mayor.
No tengo edad para escribir un diario.
Pero no llevé uno cuando era pequeña y eso me está pesando ahora mismo. En los últimos tiempos. Cuando ya no tengo edad para ello. Etapas no vividas en su preciso momento, se convierten en cargas y no puedes recuperarlas en otro instante que no toca.
Hoy tengo problemas. Estoy desorientada. Mi cabeza funciona a base de punzadas sentimentales y reacciona a todo con la estructura de un diario de una adolescente en el lenguaje y la experiencia de una mujer que está de vuelta de todo.
Esa soy yo.
Cómo me duele, pero soy yo.
Hoy ha sido todo bueno.
Por lo menos hasta ahora mismo.
Desde esta mañana.
Un día comprendí que mi corazón era más blando de lo normal.
Me lo enseñó la noche que me enamoró.
Lo entendí porque su corazón era como la caja negra de un avión.
Más tarde supe que si algo es el doble de bueno,
probablemente durará la mitad.
Aquel momento en el que me miró a los ojos
y me preguntó con su voz fuerte y decidida:
¿Has visto Pauline en la playa?
Compartí el descubrimiento de que
todas las chicas sueñan con vistas al horizonte.
Quería que dejara de besarle pero mis labios no respondían.
No querían separarse.
Temían que los suyos dijeran “vete, déjame ya...”
Las lágrimas se llevan el rímel mis ojos
como la tinta del bolígrafo.
Las lágrimas no me dejan ver la historia.
Las lágrimas dejan de ser lágrimas para pasar a ser
rímel decadente bajando
por las mejillas escarpadas sin sonreír.
Me rodeaste con tus brazos
y en ese instante comprendí
lo que significaba el verbo
ESTREMECER.
Querida cabeza:
No vuelvas a dejar que el corazón gane en tu campo.
Aspira al menos al empate
y dejaré de forzarte a darle vueltas continuamente a todo,
a no olvidar o a estructurar
pasados pluscuamperfectos inexistentes.
Cómo me fascinó leer lo de
aquella mujer de la limpieza sueca
Me gustaría hacerlo con una línea de metro
contigo y todas tus putas amantes dentro.
En el fondo debería estar más centrada
y dejar de hacer todo esto.
Siempre se me olvida que
soy diseñadora de futuros perfectos para los demás.
El candado con clave para que no entres
en esta cabecita mía
es más intimidatorio y simbólico
que efectivo.
Y si encima me la voy dejando
por cualquier bar que encuentro abierto
es normal que me pasen estas cosas.
Hay tantas cosas que quiero hacer
y contarle a mi diario
cuando llegue a ser joven
que me asusta no llegar a tener tiempo.
Sobre todo, por tu culpa.
Por encima de cualquier cosa TÚ.
Y el YO que nace
cuando estás cerca.
¡Hasta mañana!
sábado, 21 de septiembre de 2013
Todos los sábados por la tarde
![]() |
| "Ivan’s Childhood" (Andrei Tarkovsky, 1962) |
Todos los sábados por la tarde tengo esa misma extraña sensación.
Todos los sábados por la tarde me siento arropada en tus abrazos y colmada por tus besos.
Todos los sábados por la tarde siento que me vas a dejar caer en cualquier momento.
Todos los sábados por la tarde estoy segura de que si no sintiera que me puedo caer no me arroparían tanto tus abrazos ni me colmarían tanto tus besos.
Y así, viviendo en este desequilibrado equilibrio, vivo...
miércoles, 20 de marzo de 2013
Tirando de archivo: "De vez en cuando la vida nos besa en la boca"
La siguiente historia fue colgada en cabezadeavestruz el ya lejano 14 de febrero de 2011. Aprovechando la llegada de la primavera y con el afán didáctico que nos caracteriza, queremos rememorar los fríos que aún no nos han abandonado del todo, ahora que el cambio de estación aparece como la oportunidad ideal para creer que nuestra vida va a cambiar, va a ir a mejor, simplemente por el hecho de que la temperatura nos gusta más...
I: Ella
Se apoyó en el quicio de la puerta como cualquier otro día. Esperaba clientes. No tenía cuerpo para nada, aunque lo necesitaba más que nunca. Hacía días que el frío había llegado Madrid sin avisar, y a ella se le olvidó disminuir su escote.
Ya no tenía solución: La nariz le estaría moqueando hasta bien entrada la primavera. “Mala época” pensó para sus adentros, mientras recordaba que ayer tampoco había cenado. Tal vez hoy pueda ser un buen día…
Ya no tenía solución: La nariz le estaría moqueando hasta bien entrada la primavera. “Mala época” pensó para sus adentros, mientras recordaba que ayer tampoco había cenado. Tal vez hoy pueda ser un buen día…
Pero no lo fue.
Al día siguiente volvió a apoyarse en el quicio de la misma puerta. Esperaba clientes. Seguía sin tener cuerpo para nada, pero su escote era la imagen más hermosa que se podía ver en varias manzanas a la redonda.
En esas mismas manzanas a la redonda, hacía un tiempo que se venía escuchando los acordes de un trovador que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a ella le encantaba que él cantara porque le hacía sentir bien. Al menos, le hacía sentir mejor.
II: Él
En esas mismas manzanas a la redonda, hacía un tiempo que se venía escuchando los acordes de un trovador que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a ella le encantaba que él cantara porque le hacía sentir bien. Al menos, le hacía sentir mejor.
II: Él
Se colocó con su guitarra en la boca de metro de costumbre, como casi todos los días. Esperaba que la gente al pasar fuera más generosa hoy. No tenía ánimo para nada, pero cuando enlazaba tres o cuatro acordes olvidaba porqué estaba allí y que poca gente se paraba a escucharlo. Y tras tres o cuatro canciones, estaba cerca de no darse cuenta de que no le habían dado ni para un mísero café con el que calentar el cuerpo. El frío de Madrid ya no lo contrarrestaba casi ninguna canción. Cada día le costaba más mover sus dedos por los trastes del mástil ajado de su vieja guitarra. “En primavera suenan casi todas las canciones mejor”, pensó para sus adentros, mientras recordó que ayer tampoco había cenado. Tal vez hoy pueda ser un buen día.
Pero no lo fue.
Al día siguiente volvió a colocarse en el mismo sitio. Esperaba generosidad. Seguía sin tener ánimo para nada, pero sus canciones eran los sonidos más hermosos que se podía oír en varias manzanas a la redonda.
Por aquellas mismas manzanas, hacía un tiempo que tenía localizado un escote que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a él le encantaba aquel escote porque sólo con verlo se inundaba todo su ser de alegría. Al menos, le hacía sonreír.
III: Ella y Él
Por aquellas mismas manzanas, hacía un tiempo que tenía localizado un escote que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a él le encantaba aquel escote porque sólo con verlo se inundaba todo su ser de alegría. Al menos, le hacía sonreír.
III: Ella y Él
Andrea salió de su pueblo hace muchos años con intención de ser actriz. Un montón de tiempo después, alejada ya de aquellos sueños de adolescencia, se dedicaba a actuar en privado para todo aquel que le diera unos euros con los que ir tirando.
Julián salió de su pueblo hace muchos años con intención de ser cantante. Un montón de tiempo después, alejado ya de aquellos sueños de triunfo masivo, es feliz cuando alguien le sonríe al escuchar sus canciones, aunque haya días que no saque para cenar. En privado se reconoce cantante, aunque no sea suficiente para ir tirando.
Andrea tiene días mejores y peores. Los mejores siempre tienen banda sonora. Julián le quita muchas penas con sus acordes, aunque él no lo sepa.
Julián hace tiempo que varía su ruta para llegar a su escenario sólo por cruzarse con su escote. A veces se siente mal porque sabe que reconocería ese escote entre un millón, pero casi ni conoce la cara a la que pertenece. Piensa que un romántico como él no puede permitirse esas veleidades tan carnales.
IV: Ella, él, el pasado y el futuro.
IV: Ella, él, el pasado y el futuro.
Julián lleva tiempo con ganas de presentarse a ese escote. Lleva tiempo obsesionado con conocer mejor la cara a la que pertenece ese escote. Tiene ganas de saber a qué suena su voz. Pero tiene mucho miedo de que no le guste, y deja pasar los días excusándose en que hay cosas que es mejor dejarlas que estén como están.
Andrea lleva un tiempo en el que no se quita de la cabeza una linda melodía. Sabe que se la escucha de vez en cuando a Julián y fantasea con la idea de pedirle que la cante sólo para ella. Hace mucho que no se acerca a alguien sin sentir turbada a esa persona con su presencia, y eso la frena de arrimarse.
Julián recuerda que siendo niño tenía sueños. Madrid se los comió. El frío amenaza con comérselo a él también. Un invierno pasado es un invierno ganado, pero no sabe si merece la pena seguir luchando. La mayoría de los días fríos, sus dedos necesitan cualquier cosa menos deslizarse por el mástil de su vieja guitarra.
Andrea sabe que ya es demasiado tarde, aunque sueña con que pase algo que le dé un giro completo a su vida. Maldice haber visto Pretty Woman cuando era cría, porque ahora siempre quiere pensar que hay esperanza hasta para ella. El frío de Madrid no ayuda a nada. “Un invierno más y se acabó”, se dice. Pero en el fondo sabe que no es más que otra mentira. Como todas las películas que vio e hicieron que deseara ser actriz desde pequeñita. El invierno de Madrid no es ninguna película y ahora ya lo sabe.
![]() |
| ("El Beso" de Robert Doisneau) |
Anexo irresponsablemente edulcorado:
Un guionista del mismo pueblo que Andrea y Julián (Que sí había cumplido sus sueños al irse a Madrid) fantasea irresponsablemente con un encuentro fortuito entre ambos:
- Perdona, pero me gusta mucho esa canción… ¿Qué es?
- “De vez en cuando la vida”, de Serrat
- Es preciosa, te la escucho cantar muchos días, desde allí…
- Yo también te veo muchas veces
- Me alegro. Si me ves es porque hago bien mi trabajo-dijo ella entre risas
Ahí es donde él se dio cuenta de todo. No lo podía creer, pero esa risa era inconfundible. Hay detalles que se graban a fuego en la memoria de uno, que ya puede pasar toda la vida que no desaparecen nunca.
- Yo te conozco –dijo quitándose el gorro de lana y echándose el pelo para atrás.
Ahí es donde ella se dio cuenta de todo.
- Y… Yo…
- ¿Andrea?
- ¿Julián?
- ¿Cuánto ha pasado? ¿20 años? ¿Más?
- Algo así ¿Qué haces por aquí? ¿Cómo te va todo?...
- ¿Andrea?
- ¿Julián?
- ¿Cuánto ha pasado? ¿20 años? ¿Más?
- Algo así ¿Qué haces por aquí? ¿Cómo te va todo?...
Se sintió avergonzada de la pregunta justo en el momento de terminar de hacerla. Se puso colorada y él lo notó.
- Ya ves. Creo que a ninguno nos va demasiado bien, ¿No? Con lo felices que éramos cuando paseábamos de la mano escondiéndonos de todos entre los girasoles.
- Nos creíamos novios, aunque no sabíamos ni lo que era eso… Y ahora, ya ves, no paro de tener novios… Uno a cada rato, por la cuenta que me trae.
- ¿Quién nos lo iba a decir? Me acuerdo mucho de aquellos años… Ya no queda nada de aquel Julián, aunque me gustaría engañarte y decir que sigue dentro de mí… Ni siquiera te he reconocido hasta que te has reído. Sólo me fijaba en tu escote.
- Por aquel tiempo no tenía escote, es normal que ahora te sorprenda… Tus ojos siguen siendo iguales, aunque hasta hace un rato ni me había fijado… ¿Te puedo dar un abrazo o te quitaría fans?
- El problema es que si te doy un abrazo, igual soy yo el que te quita clientela… Y no tengo suficiente dinero para ser tu cliente ahora mismo.
- Abrázame. Yo nunca te haría pagar por algo así.
- Yo tampoco lo haría, creo…
- ¿Me cantas la canción? ¿Sólo a mí? Prometo dejarte una buena propina.
- Te la canto si me prometes no darme propina…
- No tengo otra cosa que darte.
- No necesito nada, aunque no tengo nada más que ofrecerte que esto:
- Nos creíamos novios, aunque no sabíamos ni lo que era eso… Y ahora, ya ves, no paro de tener novios… Uno a cada rato, por la cuenta que me trae.
- ¿Quién nos lo iba a decir? Me acuerdo mucho de aquellos años… Ya no queda nada de aquel Julián, aunque me gustaría engañarte y decir que sigue dentro de mí… Ni siquiera te he reconocido hasta que te has reído. Sólo me fijaba en tu escote.
- Por aquel tiempo no tenía escote, es normal que ahora te sorprenda… Tus ojos siguen siendo iguales, aunque hasta hace un rato ni me había fijado… ¿Te puedo dar un abrazo o te quitaría fans?
- El problema es que si te doy un abrazo, igual soy yo el que te quita clientela… Y no tengo suficiente dinero para ser tu cliente ahora mismo.
- Abrázame. Yo nunca te haría pagar por algo así.
- Yo tampoco lo haría, creo…
- ¿Me cantas la canción? ¿Sólo a mí? Prometo dejarte una buena propina.
- Te la canto si me prometes no darme propina…
- No tengo otra cosa que darte.
- No necesito nada, aunque no tengo nada más que ofrecerte que esto:
Se separó del fuerte abrazo que se estaban dando, cogió la guitarra y empezó a cantar “De vez en cuando la vida, nos besa en la boca”…
Al terminar la canción, ella se acercó y le besó en la boca.
- Esto no lo vendo nunca. Nunca beso a nadie en la boca. ¿Te parece una buena propina?
Él contestó con otro beso en la boca. La besó como si le fuera la vida en ello. Los dos sintieron en ese instante que de vez en cuando la vida nos besa en la boca…
Comienza a nevar en Madrid y se aleja la cámara.
Comienza a nevar en Madrid y se aleja la cámara.
En medio de la calle se distingue a dos personas abrazadas besándose a las que se les va viendo cada vez más lejos hasta no diferenciarlas entre la multitud.
Fundido a negro y títulos de crédito.
sábado, 2 de febrero de 2013
El Baúl de las Miserias Perdidas (Capítulo 6): Atrapar un Instante (Aprovechando el Día de la Marmota)
La conocí de casualidad. Su película preferida era Atrapado en el tiempo, lo cual parece un dato sin importancia a primera vista, pero es la clave de la historia.
Si recuerdas la película, el personaje de Bill Murray se ve atrapado en un día de su vida, El Día de La Marmota, y se ve condenado a repetirlo una y otra vez. Después de un tiempo de frustración y de maldecir su suerte, con el desarrollo de la historia, lo va convirtiendo en una ventaja y aprende a disfrutar de ello.
Ella no quería vivir en El Día de la Marmota. Ella tenía la capacidad de atrapar los instantes. Tantas veces trató de enseñarme a hacerlo que con el tiempo, creo que empecé a conseguirlo de alguna manera.
No sé si lo hacía bien o mal, pero lo intentaba. Es una obsesión humana. Si estás viviendo algo fascinante, porqué no quedarse a vivir en ese momento. Si hay un momento que colma todo, la luz te atrapa, el calor te derrite, el placer te subyuga, el bienestar te arropa… ¿Porqué salir de él? ¿Por qué bajar a la Tierra? ¿Por qué buscar otro?
El mayor drama que encontraba en la vida es el saber que nada era eterno. Ella tenía la respuesta. Para ella, no existía la eternidad, pero sabía alargar los momentos todo lo que quería. Sabía atrapar el instante. Sabía quedarse en él hasta que encontraba otro mejor. Sin moverse, sin buscar demasiado. Atrapaba el instante.
No la veías.
No estaba.
No te reconocía.
No la importabas.
A no ser que fueras parte de SU momento. Y cuando te atrapaba en su momento, sabías que nada volvería a ser lo mismo nunca jamás.
Y no era fácil.
Y no era fácil.
Yo, lo reconozco, amante y esposa con vocación religiosa, no estoy educada para alcanzar tal grado de perfección. No estamos entrenadas en sensaciones intensas. No estamos preparadas para dejarnos atrapar por momentos demasiado intensos, o al menos, no para estar en ellos más tiempo que el instante en sí.
Miré atrás y me busqué en los bolsillos, pero no encontré más que despojos intensos. Momentos que no merecían ser atrapados pero que llevo guardados como si de una documentación más se tratara: El instante en el que me caí del triciclo cuando tenía tres años delante de la humanidad entera, el día en el que te vi con otro y le miré a los ojos, el segundo estribillo de Brown Eyed Girl rayado en un vinilo de mi hermano mayor por mis ansias de escucharlo una y otra vez, el despertar del coma terriblemente consciente, por primera vez, de que no sería esa gran gimnasta que soñaba ser antes del accidente…
Y pensé que debía tirarlos.
Y los tiré. Una y otra vez.
Y volvían a mí. Una y otra vez.
Ella siempre decía que los instantes hay que atraparlos, pero que también hay otros que te atrapan sin que tú lo quieras, incluso contra tu voluntad.
No había terminado aún de decir “voluntad” y la besé con toda mi alma.
-Atrapa este instante.
-No lo quiero, tengo muchos…
-Atrapa este instante.
-No lo quiero, tengo muchos…
Me fui con la cabeza gacha esperando que mi mirada al suelo me diera más instantes o más momentos que atrapar… Pero me quedé con el último. Ella no lo quería pero yo me lo iba a quedar. Por fin había aprendido. Y ella también se lo quedaría. Aunque intentara tirarlo. Incluso contra su voluntad. De eso estaba segura…
Postdata Innecesaria (Como casi todas):
Hay quien piensa que esto debería haberlo posteado el 2 de Febrero que es cuando se celebra El Día de la Marmota. Pero esto, no va del Día de la Marmota, ni de la película. Ni siquiera de Andy McDowell… Va de instantes...
Postdata Necesaria:
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de Abril de 2011. Aprovechando el Día de la Marmota de 2013 y las pocas ganas de vivir que luce este rincón últimamente, hemos echado mano al Baúl y al abrir la tapa a sonado aquello de ¡¡Arriba excursionistas!! y nos hemos decidido a ello...
Gracias por la atención, seguiremos informando.
No se admiten preguntas.
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Andy McDowell,
Atrapado en el Tiempo,
Baúl,
Besos,
Bill Murray,
Brown Eyed Girl,
Día de la Marmota,
Instante,
Miserias,
Momentos
martes, 30 de octubre de 2012
¡¡¡Feliz Año Nuevo!!! Bienvenidos al año 52 D.D. y a cabezadeavestruz 4.0
Hoy es 30 de Octubre.
Año 52 D. D. (Después de Diego).
Año 4 de cabezadeavestruz.
Escribiríamos muchísimas cosas, pero últimamente estamos empezando a aburrir. Nos limitaremos a mandar besos sinceros y agradecidos.
A todas y todos los que andáis por ahí de cuando en cuando...
A todos y todas las que hacéis posible que esto siga adelante por vuestra labor de ánimo, apoyo, promoción, crítica, remodelación, adulación, desprecio, miradas de soslayo, curiosidad, vendemotos, abrazafarolas y amor incondicional...
A todas y todos los que pasáis y nunca decís nada, o que acabáis de aparecer por casualidad y nunca más se sabrá de vosotras y vosotros, o que mirasteis un par de veces y ahora no estáis leyendo este agradecimiento y estos besos...
A todas y todos los que habéis ofrecido algo a cambio de que esto no acabe, ya sea dinero, drogas, sexo o cosas más raras o a los que habéis mandado amenazas...
Y en los morros y con pasión a quienes realmente hacéis que nos sintamos bien haciendo esto...
Y, por supuesto, por si al final alguien no se da por aludido o aludida en ninguna de las categorías anteriores:
BESITOS PARA ELLOS Y ABRAZOS PARA ELLAS
Gracias por todo y permanezcan atentos y atentas a sus pantallas...
miércoles, 20 de junio de 2012
Planté las semillas que me diste y han florecido alcachofas moradas no comestibles
“No inventamos nada, creemos inventar cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados, la vida sin lágrimas, tal y como la lloramos.
Y a la mierda.”
(“Molloy”, Beckett)
...Y sin embargo, seguimos besándonos.
Como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
Las lágrimas se mezclaban con la saliva.
Nos dio igual por un rato.
Más tarde nos resultó desagradable.
...Y empezamos a llorar más fuerte.
Y nuestras lágrimas se mezclaron entre ellas, como acostumbramos a mezclar nuestra saliva a nuestro antojo.
Pensamos que quizás deberíamos follar para mezclar más fluidos y que no fueran sólo las lágrimas o la saliva.
...Y follamos mientras llorábamos cada vez más.
Y nuestro sabor se hizo cada vez más insoportable.
Y sin embargo, dejamos de besarnos. Como se paran las cosas que no tienen mucho sentido.
Pero tampoco tienen sentido las alcachofas moradas, ni que me regales semillas en lugar de un buen libro, una película o un disco.
Y todo se reduce a que estoy, exactamente, donde quiero estar...
Besos
B.S.O.: Strawerry fields forever (The Beatles)
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Alcachofas,
Besos,
Estar,
Florecer,
Fluidos,
Follar,
Lágrimas,
Morado,
Saliva,
Samuel Beckett,
Sentido,
The Beatles
viernes, 25 de mayo de 2012
Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 25): El Ascensor
Me senté en el sofá tras una dura jornada de trabajo. Esto no puede seguir así –me dije enfadado.
Pensé en construir un ascensor que cubriera el trayecto de mi entrepierna a mi cerebro. Comencé a diseñar los planos. Dudé si sería más necesaria una parada en mi corazón o una en mi hígado.
Me quedé dormido mientras en la tele, esa pareja que no conocía se besaban apasionadamente en el ascensor de un gran hotel de un sitio que bien podría ser Las Vegas.
Cuando desperté a la mañana siguiente el ascensor ya estaba allí.
No me atrevo a usarlo: Se mezcla mi claustrofobia con la incertidumbre del recorrido.
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Ascensor,
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Elevador,
Entrepierna,
Hígado,
Las Vegas,
Microrrelato,
Pudor
martes, 24 de abril de 2012
Obsesiones y Parafilias (Volumen 12): Besos húmedos
“Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”
(Blade Runner, Ridley Scott, 1982)
El otro día lloré hasta quedarme seco.
Te lo dije y me besaste como sólo tú sabes hacer. Inmediatamente un río volvió a brotar en mi interior. Volví a sentirme completo. Y húmedo. Sólo tú sabes besar de manera que todos mis torrentes interiores surjan del subsuelo.
El otro día intenté llorar por ti.
Te lo dije y me besaste como besas a todos. Inmediatamente mis reservas húmedas se estancaron y empezaron a oler a agua sucia y podredumbre. Me sentí seco aunque las reservas de mis pantanos interiores superaban el nivel habitual para estas fechas. Sólo tú sabes besar de manera que todos mis riachuelos interiores sigan siendo humedales poco dignos de ser visitados por nadie.
El otro día lloré por los dos e inundé nuestra habitación.
Te lo dije y estabas besando a otro, como sueles hacer. Inmediatamente busqué un salvavidas que me evitara morir ahogado. Sólo tú sabes besar bajo el agua y respirar a la vez.
Hoy he decidido llorar sólo por mí.
Te lo he dicho y has decidido que salgamos a navegar. Alta mar nos espera y tus besos salados serán el mejor naufragio.
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Besos,
Blade Runner,
Humedad,
Lágrimas,
Lluvia,
Mar,
Naufragio,
Obsesiones y Parafilias,
Promesas,
Río
lunes, 2 de enero de 2012
De excitaciones, Magritte y personas que no se entienden (Capítulo final)
"Lo que cuenta simplemente es ese momento de pánico y no su explicación"
(René Magritte)
Te plantaste delante del cuadro.
Ya lo conocías.
Llevabas toda una vida esperando contemplarlo al natural, de cerca.
Te excitaste.
No por motivos artísticos o por su calidad pictórica.
Te excitaste sexualmente.
Y ahora vienes a mí con que te preocupa, confesándomelo.
No soy quién para valorar cómo se excita cada una.
No soy quién para casi nada en cuestiones de excitación.
No soy quién.
Yo misma me descubrí excitada un día con la música del Telediario.
“La excitación no se puede controlar”, me dijiste un día para justificar que te acostaras con otras mientras decías que a quien realmente deseabas era a mí.
“La excitación no se puede controlar”, te digo hoy para que no te preocupe sentir dentro de ti ese ardor sexual al contemplar Los amantes de Magritte.
Me miras y piensas que no te entiendo y que no deberías habérmelo contado.
Lo peor de todo es que conozco esa mirada y te entiendo.
Y que no deberías habérmelo contado...
Atentamente,
tu excitada exploradora,
besos.
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Amantes,
Besos,
Confesión,
Control,
Cuadro,
Excitación,
Miradas,
Pintura,
René Magritte,
Telediario
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Valga la redundancia: El amanecer y el calor de tu cuerpo, mis defectos y tus virtudes (O viceversa)
“…Para que siempre podamos
conocidos encontrarnos
alargarnos la sonrisa,
sacudirnos la distancia
y poder burlar al tiempo...”
(SPNB, Iván Ferreiro)
conocidos encontrarnos
alargarnos la sonrisa,
sacudirnos la distancia
y poder burlar al tiempo...”
(SPNB, Iván Ferreiro)
Ayer intenté hacer una foto del amanecer desde la terraza de tu casa.
Silenciosamente, me incorporé de la cama, y me cubrí con una sábana antes de salir al fresco de los amaneceres del otoño. No quiero constiparme cambiando el calor de tu cuerpo por la temperatura del exterior. Cogí la cámara y enfoqué al horizonte. Sonó un click y mi cuerpo sufrió un escalofrío. Noviembre ha venido rabioso a que olvidemos el calor definitivamente. Oí un ligero gemido en la habitación. Te habías movido notando mi ausencia a tu lado. Habíamos perdido el calor común por mi intención de querer buscar una foto del amanecer desde la terraza de tu casa.
-¿Qué haces? Vuelve a la cama. Y cierra, que hace frío…
-Voy. Arrópate
-Umm…
-Voy. Arrópate
-Umm…
Y la miro desde mis ojos.
La miro más que nunca. La miro comprendiendo una vez más lo que es la saudade, que sólo la entiendo cuando tengo tanta belleza delante de mí.
Recuerdo que me leyeron de un libro de Lucía Etxebarría algo así como que enumero sus fallos para no idealizarla y acabo por pensar que iluminan sus virtudes...
Hoy se me ve oscurecido por mis fallos que iluminan las virtudes de otra persona que te hace sonreír.
Recuerdo que me leyeron de un libro de Lucía Etxebarría algo así como que enumero sus fallos para no idealizarla y acabo por pensar que iluminan sus virtudes...
Hoy se me ve oscurecido por mis fallos que iluminan las virtudes de otra persona que te hace sonreír.
Me gustan los atardeceres en otoño, y las sonrisas sinceras. Y me gustan más si están dedicados a mí exclusivamente. Con un atardecer siempre puedes tener la duda de que haya alguien que te esté quitando un pedazo de luz en ese momento, pero con una sonrisa sincera no dudas a no ser que seas un memo.
No me gusta ser un memo ni los amaneceres. Pero ayer intenté hacer una foto del amanecer desde la terraza de tu casa y me sentí un memo por despertarte con el sonido del obturador de la cámara.
-Vuelve a la cama y cierra de una vez, que hace frío
-Voy
-¿Por qué te has puesto los calzoncillos? ¿Crees que voy a dejarte dormir?
-Voy
-¿Por qué te has puesto los calzoncillos? ¿Crees que voy a dejarte dormir?
No llevaba los calzoncillos puestos. Hay veces que pequeños detalles te sacan de grandes momentos. Abandoné el amanecer, cerré el balcón y volví a la cama. Sin calzoncillos, evidentemente. Y a pesar de ello, nos dormimos.
Nos dormimos abrazados sin acordarme de que quería fotografiar un amanecer. Nos escondimos en nuestro día particular entre sábanas y nos dimos el uno al otro. Como si se nos fuera a acabar la vida. Como si mis defectos no molestaran a tus virtudes. Como si tus virtudes no recelaran de mis defectos. Nos dormimos, nos soñamos y nos besamos como si tú no fueras tú y yo no fuera yo, como si los dos no supiéramos quiénes éramos cada uno.
Nos besamos como si tuviéramos que escondernos del amanecer que no conseguí fotografiar ayer y, sin darnos cuenta, pasó el tiempo.
Y llegó el atardecer. Y nos encontró abrazados, escondidos bajo las sábanas. Y se ruborizó, porque son preciosos nuestros besos. Pero era el atardecer y había llegado.
Como en la frase aquella, miramos al atardecer para no idealizarnos y acabamos descubriendo que el amanecer perdido había dejado de iluminar nuestras virtudes. Y se nos apagaron los besos.
Llegarían los días y se irían las noches. Vendrían otros besos y serían luminosos. Aunque fueran oscuros porque nadie pueda verlos. A pesar de ser preciosos.
Siempre me han gustado más los atardeceres. Pero me encanta amanecer a tu lado. Aunque no estemos dormidos.
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
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martes, 6 de septiembre de 2011
Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 17): Vestirse para las ocasiones y mirar atrás
No iba vestida para la ocasión.
Ni la música ni la conversación iban con ella. Se apartó discretamente a una esquina del salón. La gente parecía feliz en la fiesta. No encajaba allí, pero no podía irse. No en ese momento.
Cruzó la sala donde todos bailaban y aparentaban estar felices. Repartió sonrisas a diestro y siniestro para no parecer desubicada y llegó al balcón. Se asomó discretamente y recordó porqué estaba allí. Miró la luna y encontró la respuesta.
Volvió a cruzar la sala. Todos seguían bailando y aparentando estar felices. No repartió sonrisas aunque pudiera parecer desubicada.
No encajaba allí, pero nadie lo hacía realmente. Sólo ella lo sabía. La gente parecía feliz en la fiesta. La esquina del salón estaba ahora ocupada por dos que se besaban como si no hubiera un mañana. Y ella se maldijo por abandonar la esquina antes de tiempo.
Fuera de aquellos besos, ni la música ni la conversación iban con ella.
Tampoco podía pasarse la noche entera preguntándole a la luna si puede volver atrás. Además, no iba vestida para la ocasión.
No podía quedarse ni volver a cruzar el salón. Tampoco podía irse, ni asomarse a encontrar respuestas en la luna.
Se quedó en medio de ninguna parte, rodeada de gente. Como tantas otras veces. En su esquina del salón se besaban, en la fiesta bailaban y aparentaban ser felices, y la luna había desaparecido.
No iba vestida para la ocasión. Tampoco podía volver atrás.
Se puso una copa, empezó a bailar y aparentó ser feliz.
Aunque de reojo mirara la esquina del salón.
Aunque no fuera vestida para la ocasión…
viernes, 22 de abril de 2011
Tirando de archivo: Besos Furtivos
La siguiente entrada fue publicada en cabezadeavestruz el 9 de Abril de 2010. Por la proximidad del Sábado de Gloria, lo oportuno de las fechas y alguna sugerencia recibida al respecto, nos congratulamos con la idea de volver a publicarlo y que alguien lo descubra por primera vez.Y por supuesto, lo hacemos...
Gracias por la atención y enhorabuena a los premiados
Siempre había tenido muchas ideas en la cabeza. A veces le dolía por no poder soportar tantas y tantas locuras (las llamarían algunos), ensoñaciones (dirían otros), divagaciones (pensaría ella) o estupideces (asegurarían sus mayores). Le dolía no poder dar rienda suelta a todo lo que su cerebro llega a tener en su interior. Le aterra pensar que habrá muchas más cosas dentro de su cabeza el día que se muera, que las que podrían salir de ella aunque viva catorce millones de vidas más sin actividad cerebral, dedicada exclusivamente a dar rienda suelta a sus ideas
Algunas son recurrentes: Son las mil veces repetidas. Son las que producen obsesión. Son las que cíclicamente se repiten una y otra vez y que nunca son satisfechas por más que las deje vía libre. Sueños, obsesiones, instintos…
Toda ella es especial. Le gusta la idea de besar a desconocidos sin que tengan tiempo de reacción e huir. Es una actividad excitante, furtiva, aunque también peligrosa. Las mejores ocasiones siempre aparecen a la salida o entrada de los bares atestados de gente. Una mirada esquiva aunque penetrante en la distancia. Un acercamiento que finge ser casual cuando las trayectorias de las personas se cruzan en sus respectivos intentos de salir y de entrar en el garito. Un acercamiento intencionado y un beso apasionado, para instantes después, desaparecer entre las masas. Las reacciones y consecuencias de la acción son muchas y las que la conocemos podríamos contar miles de anécdotas –algunas terribles, otras excitantes y maravillosas- surgidas de esa extraña costumbre. Su actual pareja es fruto de un beso a persona desconocida. Su anterior pareja dejó de serlo porque se enteró de que había practicado a menudo el beso a desconocidos. Su vida amorosa, puede decirse que gira en torno a su extraña tendencia de besar a personas desconocidas. Algunos le llaman sexo, ella y yo lo llamamos amor. Una de las formas de amor más puras y dignas que puede haber. Sin ambages ni condicionantes. Partiendo de la fascinación por alguien. Alguien no conocido, alguien al que acaba de ver en la lejanía y con el que quiere hacerse uno, aunque sólo sea el instante eterno de un beso apasionado.
Hay quien ve esto como una soberana gilipollez. Otras lo vemos como una bella manera de caminar por la vida. En esta sociedad se da demasiada importancia, pero para mal, a los besos. Se protegen y se hacen exclusivos. Se monopolizan. Se convierten en valla de propiedad. Se les cortan las alas. Ella simplemente es una liberadora de cariños y fascinaciones. Adora besar a desconocidos. Fugazmente. Apasionadamente. Con los cinco sentidos. Y esto es más de lo que se puede decir del noventa por ciento de los besos que se dan cada día en el mundo. Un beso suyo a una persona desconocida tiene más de verdad que la mayoría de los besos que los demás, timoratos cobardes, daremos durante toda la vida, por muy enamorados o apasionados que estemos en el momento de hacerlo. Un sorpresivo beso suyo conlleva más pasión y verdad que ninguno de los que yo llegaré a dar en mi vida. Sólo uno de sus besos a cualquiera transmite más amor que el que la mayoría de nosotras vayamos a compartir en nuestras insípidas y correctas vidas de besos medidos, calculados y casi programados.
Para ella son cinco segundos. Su beso hace que la vida sea eterna en cinco segundos. Y no necesita los cinco minutos que cantaba Víctor Jara, le basta con cinco segundos. Cinco segundos de ternura, de amor sincero, de pasión, de plenitud…
Adoraba las multitudes: En ellas se hacía más fácil encontrar personas a quienes besar. Aunque no las buscaba conscientemente. Los conciertos, las manifestaciones, los bares de moda… Todos esos sitios dónde se congrega mucha gente. Allí se movía como pez en el agua, eran sus “San Valentines” particulares.
A pesar de ser una chica terriblemente desordenada y disoluta, le llamaban poderosamente la atención, le encantaban, casi todas las manifestaciones y formas sagradas. ¿Qué hay más sagrado que el amor? Lo místico, lo sacro, lo ritual. Esperaba ansiosamente la llegada de la Semana Santa a su ciudad para extasiarse de manera disimuladamente profana con el deambular de los pasos por su ciudad, los olores a incienso, a claveles y a cera, los resplandores en las penumbras, los silencios, las solemnidades…
Sus amigas nunca entendieron dónde venía ese interés por tan arcaica tradición. No comprendían cómo a una chica como ella, con tantas diatribas mentales profundamente alejadas de lo ritual, de lo religioso, podía tener el más mínimo interés en una celebración tan rancia y arcaica como son los días en los que se conmemora, folklórica e hipócritamente, la pasión de Cristo.
La Semana Santa está masificada. Las procesiones son un hervidero de gente que ve pasear a dos filas de nazarenos que preceden a un paso que engrandece una figura religiosa. La oscuridad, lo solemne… Los olores, las músicas, los silencios… En esas celebraciones todo es más difícil: La gente observa, las masas juzgan, las personas miran con desdén a todo el que se salga del ritual. Por el centro de la celebración llevan túnicas y capirotes y nunca estás seguro de que cuando levantes la tela que le cubre la cara vayas a encontrarte la belleza que requiere un beso, por muy furtivo que sea.
Pero ella era diferente. Ella tenía mucho amor que dar ¿No es eso lo que predicaba Cristo? Ella quiso besar a quien merecía ser besado, como tantas otras veces. Pero esta Semana Santa no se jugaba una discusión con una pareja celosa, un bofetón a destiempo, o un enamoramiento indebido… Esta Semana Santa, en esa procesión no parecía una buena idea, pero como siempre dijo ella: ¿Quién marca qué está bien y qué no está bien?...En los periódicos la trataron de loca, de provocadora, de obsesa, de desequilibrada… Tantos y tantos injustos adjetivos que a los que la conocemos nos parecieron excesivos cuanto menos, por no decir fuera de lugar e injustos. Más aún si analizamos la escasa descripción que se hacía en esa misma noticia de la cantidad de cofrades, de estandartes, de cirios, de cruces… Que golpearon su cuerpo sin piedad hasta que la policía la consiguió sacar de allí.
Paradójicamente recuerdo cómo ella decía que no había nada más peligroso que una persona “piadosa” y “beata” fuera de sí. Su educación en colegios del Opus le hacía hablar con cierto conocimiento de causa.
Hoy voy a verla al Hospital. Sigue sin tener buena pinta. Los médicos no dan mucha esperanza de recuperación. Seguramente no vuelva a andar en una buena temporada y va a tener que depender de alguien muchísimo tiempo para hacer las cosas más elementales. A pesar de todo, ella sigue sonriendo bajo los aparatos que le sujetan la mandíbula y las heridas que afean un poco (sólo un poco) su bello rostro. Ella sigue soñando. Ella sigue amando. Ella sigue viviendo:
- Tenemos que ir al cine en cuanto salga de aquí
- Lo que tú quieras. ¿Qué quieres ver?
- Alicia, la de Tim Burton
- Por supuesto, cuenta conmigo. Además, Johnnhy Depp en 3D debe estar…
- Lo que daría por poder besarlo… Si me lo cruzara un día de estos…
- ¿No puedes parar? ¿Cómo puedes estar pensando en eso ahora?
- No puedo. ¿Hay algo más importante con lo que soñar? ¿Hay algo más por lo que merezca la pena vivir?
No encuentro respuesta. Probablemente lleva razón.
Sólo hay algo que me gustaría que fuera diferente: Me gustaría ser Johnny Depp. Me gustaría ser desconocida para ella. ¡Cuántas veces he fantaseado con ser esa persona desconocida a la que miraba en el medio de una multitud y a la que acaba besando! ¡Cuántas veces he soñado con no conocerla para que ella me pudiera elegir a mí!
A veces me planteo que quizás debería darle un beso.
Pero no me atrevo.
Yo no soy como ella.
Yo soy normal.
Aunque no hay día que no me maldiga por serlo…
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