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martes, 13 de noviembre de 2012

Microrrelatos sin pudor (Volumen 29): La historia de un tipo triste cualquiera



Érase una vez un tipo triste cualquiera.

Un tipo como tú o como ese en el que estás pensando. 
Como tantos otros. 

Aparentemente, su vida era buena y habitual. 
Su deambular por el mundo era intachable y nadie se atrevería a decirle lo contrario. 

Pero este tipo triste cualquiera, vivía una típica vida triste cualquiera que le hacía comprar pecados en los Todo a 100 chinos porque los de las grandes superficies le parecían muy caros y elegantes.

Día a día, el tipo triste cualquiera se creía feliz con su vida de saldo, porque comprar pecados en los Todo a 100 chinos no estaba mal, y casi todo el mundo lo hacía aunque nadie lo contaba. 

Mes a mes, año a año, el tipo triste cualquiera vivía su aparente vida buena y habitual.

Hasta que llegó un buen día que fue a comprar su pecadillo habitual al Todo a 100 chino de debajo de su casa y se enteró que ya no quedaban y que no los iban a traer mal.

Asustado se marchó y se dio cuenta que ya era tarde para todo y que no volvería a pecar.
Ni siquiera de saldo.
Y pensó que daba igual.

A fin de cuentas, él solo era un tipo triste cualquiera. 







B.S.O.: “Oh, qué raro soy” (Siniestro Total)

jueves, 3 de mayo de 2012

Cosas pasadas de moda: Escribirte



Voy a dejar de escribirte aquí. 

He decidido darle un giro copernicano (¿Qué diablos querrá decir “giro copernicano”?) a todo lo que hago.
A partir de ahora no te busques en mis líneas (Hace tiempo alguien me dijo que la buscara en sus rayas, pero no tiene mucho que ver).
De hoy en adelante prometo serte consecuentemente infiel.

Voy a escribir para otros. 
Voy a escribir para mí. 
Voy a escribir para él.
Voy a escribir para ella. 
Voy a escribir para ello.

No intentes descifrar mensajes ocultos, no los habrá.





Anoche se acercó un chino a venderme una flor cuando compartíamos risas, caricias y alcoholes en aquel bar y me preguntaste qué le había dicho para que se fuera sin insistir demasiado. No te dije nada pero rechacé la rosa con unas palabras y se fue por dónde había venido.

Pesarás que todo esto no es más que otro mensaje para ti, una reivindicación a tus ojos lectores que tanto necesito, a un futuro juntos donde yo escribo para ti y tú lees para mi, a una mirada cómplice en unas cartas públicas… 

Pero nunca debes olvidar lo que dijo Dennis Valmont momentos antes de abandonar la escritura para siempre: 


“Mis manos han sido guiadas por una embustera. No quiero matarla, por eso me las corto”


Sí, es cierto, Dennis Valmont volvió a escribir tiempo después, aunque sin manos, ayudado por su nuevo amor. Pero de ella, de la primera, de la embustera, de la importante, nunca más se supo. Quizás porque él dejó de escribir para ella.

Te voy a confesar algo. Voy a escribir algo para ti aquí por última vez: Al chino aquel le dije que no necesitaba la rosa porque ya habíamos follado. Me guiñó un ojo y se largó. 

O eso creo, porque con los chinos y sus ojos rasgados nunca se sabe…


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!