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martes, 4 de septiembre de 2018

Nuestros DÍAS DE VINO Y ROSAS







Podría ser cualquier día.
Cualesquiera.
Un día cualesquiera. Un día cualquiera.
Si no hubieses pasado tanto tiempo fuera recordarías mucho más de lo que recuerdas ahora. Más de lo que necesitas y quizás, también, más de lo que necesitas.
Sólo depende cómo lo mires.
De qué día sea hoy.
Podría ser cualquiera.

No recuerdas bien las películas que has visto.
Pero las disfrutaste.
Para eso están.
Para vivirlas.
Y me gustas por ello.

Igual que ya he rebasado el cupo.
No tengo más espacio para respetar a gente que cuando se habla de “Días de vino y rosas” solo tenga de referencia una frase de una canción de Ismael Serrano.
No puedo más con ello.
Me gustaría emborracharme con quien entienda esto.
Con quien recuerde a Jack Lemond en la película de Blake Edwards.

Aunque sea alguien que nunca haya visto la película.
Pero sepa que existe.
Cualquier día.
Cualesquiera.









martes, 13 de noviembre de 2012

Microrrelatos sin pudor (Volumen 29): La historia de un tipo triste cualquiera



Érase una vez un tipo triste cualquiera.

Un tipo como tú o como ese en el que estás pensando. 
Como tantos otros. 

Aparentemente, su vida era buena y habitual. 
Su deambular por el mundo era intachable y nadie se atrevería a decirle lo contrario. 

Pero este tipo triste cualquiera, vivía una típica vida triste cualquiera que le hacía comprar pecados en los Todo a 100 chinos porque los de las grandes superficies le parecían muy caros y elegantes.

Día a día, el tipo triste cualquiera se creía feliz con su vida de saldo, porque comprar pecados en los Todo a 100 chinos no estaba mal, y casi todo el mundo lo hacía aunque nadie lo contaba. 

Mes a mes, año a año, el tipo triste cualquiera vivía su aparente vida buena y habitual.

Hasta que llegó un buen día que fue a comprar su pecadillo habitual al Todo a 100 chino de debajo de su casa y se enteró que ya no quedaban y que no los iban a traer mal.

Asustado se marchó y se dio cuenta que ya era tarde para todo y que no volvería a pecar.
Ni siquiera de saldo.
Y pensó que daba igual.

A fin de cuentas, él solo era un tipo triste cualquiera. 







B.S.O.:Oh, qué raro soy” (Siniestro Total)

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