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lunes, 23 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 2): Los discos que no escuchamos


Tenía mucho tiempo libre. Y no podía salir a la calle. Aquello le había cogido de sorpresa. Para colmo, aquella casa, que era muy pequeña para dos, se le hacía inmensa para uno solo. Era el primer día que se echaba un whisky en casa. El primer día en soledad que lo hacía. No es buena idea, se dijo. Pero lo hizo. Y se puso a pasear por la casa como un marqués por su palacio, con la copa de whisky en la mano. Tampoco sabía muy bien dónde ir. Sólo andaba de aquí para allá. Sin más. Sin beber. Con el whisky en la mano. De tanto pasear por su casa, aburrido, no hacía más que encontrar cosas que no recordaba que estaban allí. Los restos del naufragio, pensó. Las separaciones abruptas tienen esas cosas. Pierdes y ganas. Lo que pierdes lo tienes en mente constantemente. Lo que ganas no lo valoras. 




Miró en su discoteca y echó en falta muchos discos que estaba convencido que tenía. Casualmente, en ese preciso instante, era lo que más le apetecía escuchar. Por el contrario, vio muchos que no sabía que estaban allí. Ni que hubieran estado nunca. Esos que no escucharía por miedo a estropear el reproductor. Sacó un CD de un tal Manuel Carrasco. No recordaba nada que le llevara a ese nombre. Quizás un futbolista de cuando era pequeño, pero estaba convencido de que no se llamaba Manuel. Lo cogió como quién agarra una pegatina después de quitar la parte que deja al aire lo que pega antes de ponerla. Y entonces recordó. Recordó que no todo fue por aquella frase pero que aquella frase fue la gota que colmó el vaso. Nadie se separa por una frase, pero aquella frase marcó el final. Se vio a si mismo diciendo “ si pones un CD de Manuel Carrasco al revés, te queda un posavasos cojonudo”. Se sentó en la sala y encendió la televisión. Estaban echando una gala de Operación Triunfo. O algo así. Antes de cambiar de canal, posó el CD de Manuel Carrasco en la mesa, sin preocuparse por qué lado lo posaba, y puso encima el vaso de whisky. Cambió de canal y volvió a olvidarse de los discos que faltaban en su discoteca tras su separación.



lunes, 26 de octubre de 2015

VI Aniversario: Los restos del naufragio




“Nos queda Oaxaca,
peyote, San Pedro
y amigos que
no nos quieren cambiar.”


6 años. Esto cumple el día 30 seis años de “vida”. El día 30 de octubre es el inicio del Año 55 D.D. (Después de Diego) y debería empezar cabezadeavestruz 7.0.
Poco podía imaginar que las letras que comienzan este post, de “Los restos del naufragio” de Bunbury, pudieran llegar a tornarse tan proféticas y adquirir tanta importancia en estos días. Sí, amiguit@s, mirar cabezadeavestruz a día de hoy es mirar los restos de un naufragio. Ver en ellos lo que nos queda y con qué podemos contar.

El año seis de cabezadeavestruz ha sido sin duda el más pobre. El de menos cantidad, el de menos que decir, el de menos que aportar, el de menos que encontrar. Hemos naufragado. Y Oaxaca es muy responsable de ello. Para bien y para mal. Pero también lo es todo lo que nos ha rodeado y todo lo que nos ha acontecido. Aunque si estas líneas están saliendo ahora mismo es porque aún nos quedan “amigos que no nos quieren cambiar”.




No es fácil escribir. Hay muchísimos escritores que escriben para huir de la realidad. Escribir como huida. Yo no sé escribir pero cuando todo se nubla, no me sirve para huir. Necesito huir de mi huida para poder escribir. Y últimamente, todas las palabras que me salían me hacían consciente de la necesidad de huir y eso me dolía al escribir.

Mi tolerancia al dolor es limitada. Muy limitada. Yo escribo porque me hace feliz. Incluso hay quien me ha dicho que cabezadeavestruz se creó para follar. Seis años después, todo ha cambiado. Los momentos que nos han llevado al naufragio nos han impedido escribir. Quizás ahora baste con analizar y rebuscar entre ellos, a la manera de un buscador de tesoros o de un, mucho más adecuado, pirata necrófago, para volver a disfrutar y ver qué es lo que nos queda y qué es lo que merece la pena.

Este aniversario es el momento ideal para dejar de castigarse con los crímenes perfectos, diga lo que diga mi adorado Andrés. Porque sobreviviendo es como un crimen perfecto deja de ser perfecto. Deja casi de ser crimen.



Algun@s se preguntarán por qué cuento todo esto. Pues no lo sé muy bien. Probablemente esto no lo esté leyendo nadie. Y si alguien lo lee, volveremos a ser felices y a dar por buenos estos seis años, eso que hemos conseguido, eso que hemos alcanzado.

Si cabezadeavestruz se creó para follar, a día de hoy ha optado por un celibato plácido e higiénico. Evidentemente, gracias a cabezadeavestruz hemos follado mucho recibido mucho cariño y empuje para seguir adelante. No hay que rebuscar demasiado en los restos del naufragio. La tormenta ya pasó.

El Subcomandante Marcos dijo una vez que “morir no duele, lo que duele es el olvido” y aquí estamos para celebrar que aquella tontería que se creó para follar recibir cariño, cumple seis años y este fin de semana habrá que celebrar el aniversario y el advenimiento del año 55 Después de Diego. Ni morimos, ni nos olvidamos. Ni matamos, ni caeremos en el olvido. Porque aquí, de siempre, hemos querido quedarnos a vivir en aquella maravilla de canción que compuso Josele Santiago y a la que recurrimos de cuando en cuando. Porque Los Enemigos siempre tuvieron razón y siempre son de esos restos del naufragio que hay que recoger para que todo cuadre:


"Bienvenido

al club de los que vamos a triunfar.
La vuelta ya nos la darás.
¡Tú vales, tú vales chaval!"









GRACIAS a tod@s l@s que andáis por ahí. ¡Feliz cumpleaños!




martes, 24 de abril de 2012

Obsesiones y Parafilias (Volumen 12): Besos húmedos



“Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”
(Blade Runner, Ridley Scott, 1982)





El otro día lloré hasta quedarme seco. 

Te lo dije y me besaste como sólo tú sabes hacer. Inmediatamente un río volvió a brotar en mi interior. Volví a sentirme completo. Y húmedo. Sólo tú sabes besar de manera que todos mis torrentes interiores surjan del subsuelo.


El otro día intenté llorar por ti. 

Te lo dije y me besaste como besas a todos. Inmediatamente mis reservas húmedas se estancaron y empezaron a oler a agua sucia y podredumbre. Me sentí seco aunque las reservas de mis pantanos interiores superaban el nivel habitual para estas fechas. Sólo tú sabes besar de manera que todos mis riachuelos interiores sigan siendo humedales poco dignos de ser visitados por nadie.


El otro día lloré por los dos e inundé nuestra habitación. 

Te lo dije y estabas besando a otro, como sueles hacer. Inmediatamente busqué un salvavidas que me evitara morir ahogado. Sólo tú sabes besar bajo el agua y respirar a la vez.


Hoy he decidido llorar sólo por mí

Te lo he dicho y has decidido que salgamos a navegar. Alta mar nos espera y tus besos salados serán el mejor naufragio.



Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!