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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Otra noche sin dormir (Volumen 17): De cartas y cuerpos





Esa extraña sensación al despertarme, en la que soy completamente consciente de que el día ha nacido muerto. 
Y seguir con eso adelante…


Poner en el mp3 portátil el Patience de Guns N’Roses en bucle. 
Una y otra vez.




Coger la carta después de leerla y pensar qué coño podría hacer para entenderla. Al menos, sacar algún mensaje de ella, saber lo que tratas de decir en esas líneas.
Mirarla por arriba y por abajo, por delante y por detrás. Leerla en diferentes idiomas sabiendo que no soy políglota y por ahí iría en camino equivocado. 
Pasarle una vela para ver si está escrita con tinta de zumo de limón, introducirla en un control antidrogas para contrastar si está escrita con sangre y qué ha podido adulterar la misma. 

Desesperada, mirar al espejo al lavarme la cara. 

Ahí está la respuesta. 

El espejo que todo nos lo dice, hasta lo que no nos gusta. 

Enfrentar tu carta al espejo del baño, pero no ver nada. Seguir sin ver nada.
Pensar en el espejo de cuerpo entero que tengo en el dormitorio. En ese dormitorio donde pasamos tantas noches maravillosas y donde no quieres volver a entrar como si fuera la zona de exclusión tras una catástrofe nuclear.
Desnudarme como tantas veces me hiciste. Yo sola. 
He aprendido a hacerlo. 
Desnuda coger la carta y ponerla frente al espejo. Detrás ponerme yo completamente desnuda.

Y ahí está la respuesta. 

El reflejo del espejo me da lo que estaba buscando.

(Minutos después me masturbo como casi nunca lo he hecho en mi vida hasta ese momento)




Poner en el mp3 portátil Un buen día de Los Planetas en bucle. 
Una y otra vez. 

A todo volumen…







jueves, 27 de septiembre de 2012

Papeles arrugados y publicidad engañosa




En un folleto publicitario se puede leer algo así como que la redacción de cabezadeavestruz es un espacio muy agradable y bien preparado para el buen desarrollo de la creación de relatos, juntar letras, exponer ideas, derramar sueños y vomitar estupideces periódicamente en este espacio en el que te encuentras tú ahora mismo. Intentamos crear un mundo tipo a las oficinas de Google donde más que trabajar parezca que se viene a pasar un buen rato, pero nos quedó todo un poco más cutre, como viene siendo el estilo habitual de la casa. Pero no por ello dejamos de cuidar los pequeños detalles: Posters motivacionales con gatitos y bonitos paisajes, el hilo musical permanentemente conectado a RadioOlé y las máquinas de refrescos y aperitivos siempre están convenientemente surtidas de productos de marca Día. Esas pequeñas cosas que hacen, como las pequeñas canastas de baloncesto para que tirar cosas a las papeleras sea más chuli y nuestras esclavas escritoras tengan la sensación de que hay buen rollito por parte de la Dirección. 

Esa es la publicidad, aunque todas sepamos, interiormente, que es maquillaje del barato para esconder el horrendo rostro del terrible monstruo que está al mando de este insípido e insustancial espacio de letritas que visitas de vez en cuando…




En una de sus incursiones nocturnas buscando comida, el terrible personaje en cuestión, rebuscando en las papeleras que se han convertido en sus principales surtidores de alimento desde que su sociopatía se agravó hasta el límite de no poder salir a cielo abierto ni soportar la luz directa en su cara, encontró tras el envoltorio de un pastel de extraño sabor cuya textura indicaba que no había sido bien deglutido, un papel con trazas de lo que parecía ser chocolate. Y digo parecía porque con ese olor seguramente no lo era…

Tras lamer todas las manchas pseudochocolatácticas de aquel papel que era un folio arrugado, del modo que lamen los humanoides en los que el hambre llegó un día a un extremo que hizo que se borraran de su cerebro cualquier residuo que quedara, si alguna vez lo hubo, de archivos mentales donde se guardaban las mínimas normas de urbanidad y buenos modales a la mesa, nuestro espécimen se percató de que había algo escrito y no pudo menos que volver a rechupetear todo el folio no fuera a ser que la tinta también fuera alimenticia.

Terminada de manera frustrada la operación de succionar todo el alimento que pudiera haber en la tinta de aquel folio, y previamente al razonamiento de que la celulosa también alimenta, la curiosidad se abrió un hueco entre la gula que motivaba cualquier movimiento del Director y tras dar varias vueltas al papel ante sus ojos, cual chimpancé con graduado escolar, empezó a descifrar lo que aquellos símbolos querían decir:





El sonido del papel arrugándose entre las zarpas del Director me estremeció. Era el mismo papel que yo había arrugado unas horas antes porque no estaba muy contenta por cómo me había quedado la carta. Sentí en ese momento cómo se revolvía nervioso el hámster que alojo en mi recto desde aquella extraña noche de Noviembre del 97. 

Me asusté con razón. 



Ahora que me doy cuenta no me he presentado:

Soy una redactora esclava de cabezadeavestruz. Desde que llegaron los recortes a mi vida, no me puedo permitir más que dormir a escondidas en este pútrido rincón de la web. Las incursiones del monstruo las tengo controladas y casi ni me perturban. Pero creo que hoy está más furioso que nunca y huele mi miedo. 

He cometido el error de dejar rastros que confirman que escribo pensando en ti. 

Y escribir pensando en ti me va a matar.





B.S.O.: "Para ti" (Los Toreros Muertos)

martes, 11 de septiembre de 2012

Otra Noche Sin Dormir (Volumen 14): Sueños, cartas y Juliannes Moore desnudas




“He intentado olvidar, pero la memoria, la muy traidora, aprovecha cuando duermo, cuando estoy indefensa”

Amor, curiosidad, prozac y dudas
 (Lucía Etxebarría, 1997)




Y entonces desperté y me di cuenta que te había vuelto a traicionar en sueños.

Sin saberlo, había soñado con otra. Yo, tan casta y pura, de moral intachable y de conducta inmaculada, había soñado con otra.

Otra vez.

Y me sentí mal. Pero no te lo dije. Decírtelo sería como hacer más sucio el sueño de lo que ya era. Dar importancia y dolor a dos personas, cuando sin decirlo sólo penaría una. Aunque fuera yo.

Otra vez.

Y regresé a leer la última carta que me mandaste, la última vez que te dije que había soñado con otra.

Y volví a llorar en el mismo párrafo:


“Cuando sueñas con otra, dejas de soñar conmigo, aunque sea por una cuestión de espacio. Y yo, tengo un espacio en mi corazón que es tuyo, pero que se está llenando y haciéndose cada vez más pequeño porque te empeñas en incluir en él al resto de personas con las que sueñas. 
Sé que nunca has controlado tus sueños –si lo hicieras no te querría como te quiero porque no sabrías lo que son los sueños- pero me duele y me pinza el corazón cada vez que sueñas con otra. 
Aunque lo hagas sin querer.

Y lo peor de todo, es que no consigo soñar contigo cosas bonitas por culpa de las otras que aparecen en tus sueños”


Otra vez.

Arrugué la carta y la tiré a la papelera.

Otra vez.

Desesperada, aún somnolienta, la recogí con angustia porque tuve un pálpito extraño: Miré el remite.

No eras tú la remitente.

Ni yo tampoco la destinataria.

Hasta ese sueño no me había dado cuenta.

Y volví a la cama a soñar con otra. A ver si tenía suerte. 

Con Julianne Moore desnuda, por ejemplo…




Y no volví a saber de ti ni de tus sueños. Porque decidiste no volver a aparecer, aunque la carta no fuera para mí y tú no fueras tú…



viernes, 3 de agosto de 2012

200: Carta mojada



Mi querida BEATRIZ:

Sí, ya lo sé. Hace mucho que no te escribo. 

Créeme si te digo que no es del todo cierto. 

Hace mucho que no recibes cartas mías, pero no hace tanto que te escribo. Te escribo constantemente. No puedo evitarlo, deberías saberlo. Otra historia es que me leas o no…

Te remito las siguientes palabras para contarte algo. Intuyo que es un momento en el que te vendrá bien saber de mí, y aquí me tienes. En letras, signos de puntuación y espacios. 

Muchos espacios…



HOY he vuelto a cantar en la ducha. De repente, me he sentido bien, y tras enjabonarme el pecho, me he arrancado por Bowie. ¿Recuerdas cuántas duchas nos hemos dado juntas? ¿Recuerdas lo que te gustaba que te enjabonara la espalda? 

HOY he vuelto a ducharme pensando en ti. Lo hago muchas veces. Adoro ducharme pensando en ti. La prisa y la urgencia del día a día hacen que a menudo se me olvide y me duche de manera rutinaria y rápida. Pero sabes que siempre me ha encantado mandar a tomar por culo todas esas recomendaciones sobre el ahorro de agua y disfrutar de la limpieza de tu cuerpo en contacto con el mío bajo el chorro a la temperatura ideal que nos provoca tantas sensaciones. 

Aquel jabón con olor a lavanda. Aquel enjabonar nuestros pelos rebeldes con la parsimonia de la mejor peluquería mientras nuestros pechos se rozan tímidamente, sin prisa. Ese temblar de piernas cuando nos tocamos un poco más intensamente. Esa agua recorriendo nuestras espaldas. Esa cara de intimidad que nos salía.

HOY he vuelto a cantar en la ducha. De repente, me he sentido bien, y tras enjabonarme el pecho, he cantado Heroes. ¿Recuerdas cuántas duchas nos hemos dado juntas? ¿Recuerdas lo que te gustaba que te enjabonara la espalda? 

Te lo quería contar, porque me gusta recordar el día que me dijiste que de mampara para adentro, todo era nuestro y nadie podía quitarnos esos instantes. 

NUNCA.

¿Recuerdas cuando me decías al oído que podíamos ser héroes, sólo por un día?

HOY la he cantado sola en la ducha. No he sentido tu boca susurrando, pegada a mí, pero he notado que estabas aquí. Bajo el agua a nuestra temperatura ideal.

HOY he salido sucia de la ducha. Más sucia que nunca. Tú sabes bien por qué.



Besos, te quiere, SIEMPRE,

CHRIS




B.S.O.:  Heroes (David Bowie)

B.S.O. (Bonus track porque sí...): Querida Beatriz (Pablo Carbonell)

miércoles, 6 de octubre de 2010

Mensaje en una botella


“Pensé: Ha llegado el momento de tirarles una botella a la cabeza. Cogí la botella y…, me serví una copa”
(Dostoievsky)

Me gusta escribir cartas. No las mando, pero las escribo. Empecé guardándolas en el cajón de la mesilla pero, a día de hoy y debido a su crecimiento en número, ahora tienen un trastero propio en la casa.
Mi casa es pequeña, pero viva donde viva, mis cartas tienen que estar conmigo. Destruirlas sería como perder el contacto con la gente a las que van destinadas. Tirar una carta de amor es como dejar de querer.
Me gusta escribir cartas y me gusta beber. Tanto bebo que ya no me caben las botellas vacías en casa. Mi mujer quiere que las guarde en el trastero de las cartas, pero me estoy quedando sin espacio.
Mi casa es pequeña, pero viva donde viva, no voy a dejar de beber. Tampoco de escribir cartas. Mi mujer amenaza con abandonarme si no hay espacio para las tres. Debo elegir entre escribir, la bebida o mi mujer. Necesito las tres, y no sé en qué orden.
A mi mujer la conquisté por carta. Fue la única carta que envié. Estaba borracho, por eso la eché al buzón. Desde entonces, no mando cartas y mi mujer se preocupa de que no beba demasiado hasta el punto de hacer cosas como aquella.
Si dejo de escribir cartas, la cabeza me explotará, y si empiezo a enviarlas para no perder espacio, reventaré porque me daré de bruces con una realidad que detesto. Para evitarlo debería beber más, pero acumularía más botellas y tendría el mismo problema. Si todos los amigos y parientes a los que destino mis cartas las recibieran, sería consciente de que no tengo amigos ni parientes. Si me deja mi mujer no tendrá sentido acumular las cartas en el trastero porque empezaré a vivir en el más absoluto caos y la bebida dejará de parecerme la mejor de las drogas.
A veces siento que nada tiene sentido. Pero no puedo dejar de escribir cartas, no puedo dejar de beber, no puedo dejar de querer a mi mujer. No puedo seguir viviendo sin espacio para mis pensamientos.

He decidido mudarme a un palacio. Creo que a mi mujer no le va a hacer gracia, pero al fin tendré sitio de sobra para mis cartas. Podré guardar las botellas vacías sin medir los espacios. Podré querer a más gente que a mi mujer. Tendré balcón y saldré a saludar. Y podré lanzar cartas y botellas a modo de mensaje para que caiga sobre la multitud que venga a vernos saludar los días señalados. 



Y además, tendré un cuarto de juego para que Carlotita no se aburra. Y cuando sea mayor, la dejaré que beba, escriba cartas y me considere su mujer.

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sábado, 3 de abril de 2010

Microrrelatos sin pudor (Volumen 2): Ricky Martin

Le he escrito una carta a Ricky Martin felicitándole por su reciente salida del armario.
Quise que comentáramos aquello de que ha sido una bendición para él y que se siente más libre que nunca. Al rato me he dado cuenta de que no tengo su dirección. También pienso que tampoco ha sido demasiado sorprendente. Creo que esto no le servirá para que olvidemos que salió del armario en un programa de televisión cuando había por medio mermelada, un perro…


He roto la carta y me he puesto a pensar en otra cosa.

Quizás debería ver menos la tele.

Livin’ la vida loca...


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!