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miércoles, 3 de julio de 2013

Es el fin del mundo tal y como lo conocemos (Y me siento bien)




Año 2021:
De entre los escombros de donde el mapa digital indica que estaba antes la discoteca Pachá de Madrid, un evolucionado cyborg último modelo con piernas de carnero y cabeza y cuello de Mónica Bellucci, encuentra y se guarda en su bolsa tipo marsupial de la espalda un extraño material que contiene trazas de madera, tinta de calamar y carne de caballo, para que nadie lo vea.





Tras recogerse en un dispositivo portátil en los que se distribuye el arte en pequeñas dosis por el ridículo precio de unas moléculas de oxígeno manipulado por pulmones humanos, en la oscuridad de la proyección de la trilogía de Chiquito de la Calzada (Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera, Bracula: Condemor II y Papá Piquillo) revisa su última captura recibiendo en el hipotálamo la descarga de una extraña melodía que, de no ser porque vendió sus recuerdos cuando no tenía con qué afilarse las uñas, le recordaría a una tonada de finales del siglo XX: It's the End of the World de R.E.M.


It's the end of the world as we know it
It's the end of the world as we know it
It's the end of the world as we know it and I feel fine


El google translator que tiene instalado de serie en su pupila izquierda le manda las señales de lo que pone en aquel objeto que parece ser un papel con un texto en él:



Cambio de canal. Un informativo da paso a los deportes. Reconozco rápidamente el engaño habitual de decir “deportes” cuando lo único que me van a contar es qué le duele a Cristiano Ronaldo, cómo de bueno es ser del Real Madrid, entender que el fútbol es Dios sobre todas las cosas y, depende del día, obligarme a ser feliz y estar muy contento porque alguien que casualmente ha nacido en el mismo país que yo, ha ganado algo por ahí o, aún peor, no ha ganado porque no lo han dejado y hay una conspiración judeo-masónica contra él por ser español y porque el mundo mundial tiene envidia de todo lo que huela a rojo y amarillo. Soy español: ¿A qué quieres que te gane? Retumbó en mi cabeza mientras en otro canal el Ministro de Hacienda balbucea extraños mensajes desde su cara de Montgomery Burns para explicar como unos altos técnicos con infinitos conocimientos económicos se equivocaron con un DNI que sólo tiene dos cifras, el catorce, y con un nombre tan común y con tantas posibilidades de existir varios iguales como es Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia. Decido buscar algo de porno y acabo dando con otra cosa más digna de disipar cualquier posibilidad de erección: En España no existe el DNI número 13 por respeto a la superstición.  



Muerto de miedo intento wasapearte pero recuerdo que me tienes bloqueado. Lloro pensando en el momento en que te conocí, en aquella manifestación, en los posteriores meses admirando tu lucha en las redes sociales donde colgabas indignada todo tipo de enlaces, noticias y denuncias sobre un mundo que se derrumba y por el que no nos movemos. Grito de rabia sin llegar a creerme todavía que apostaras por el -según tú- injustamente segundo clasificado en aquel Gran Hermano y qué actitud de desprecio y de rebeldía ante las injusticias te hizo tomar aquello. Retuiteo aquel vídeo que colgaste, con la banda sonora de El Circo del Sol de fondo, que está lleno de frases de Paulo Coelho y de enseñanzas para una vida que todos deberíamos tomar como dogmas de fe y patrones de conducta. Maldigo todos aquellos “me gusta” que puse a discreción cada vez que ponías algo en el Facebook para hacerme notar y que supieras que me interesabas mucho y quería ligar contigo. Desconecto internet de casa y del móvil, y me dedico a darle a todos los comerciales de líneas ADSL y telefonía, el número de Galería del Coleccionista cada vez que me piden un teléfono de contacto para realizarme el cambio de línea.

Vuelvo a llorar con rabia y pienso que todo lo que me pasa me lo tengo bien merecido por haber ido a aquel concierto de Dani Martín sólo por sentirme cerca de ti, y haber comentado en tu círculo que Fito es el rock más auténtico que hay y había existido nunca. Me pongo en modo autista y frente al espejo pronuncio aquello de “he visto alguna de las mejores mentes de mi generación convertidas en pretenciosas personas que creen reinar en principados minúsculos sólo por haber ejercido alguna vez el derecho de pernada y haber sentido algún bufón reírle las gracias, empezar a estar cerca del fin y mirar con envidia a los capullos no que habíamos florecido por aquel entonces.”

Comprendo que casi todo está perdido y que he llegado al final sin explicarme aún como Laetitia Casta no ha dejado de estar buena a estas alturas de la vida. 

Y llega el fin:
Es el fin del mundo como lo conocemos.
(Y me siento bien).





El cyborg notó una alteración en su interior. Miró en su wikipedia adosada al riñón derecho y la respuesta le llevaba a algo preapocalíptico llamado sentimientos que en aquellos tiempos podría llegar hasta provocar la emisión de líquidos por los conductos de visión. Destruyó lo encontrado y disimuladamente pensó (algo prohibido para él) que no estaría mal sentir aquello de que el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos. No sabía qué significaba “mundo”, “derrumba” ni “enamoramos” pero podía vivir con ello. Su último software traía de serie poder hacer y decir cualquier cosa aún sin saber qué significa la mitad de lo que dice u oye, a emulación perfecta del españolito de a pie de toda la vida. Rozó su cuello como solía hacer muy a menudo cuando no le miraban, porque le provocaba algo muy placentero que no estaba dentro de ningún parámetro en su educación y programación personal, y mientras a Chiquito de la Calzada se le escapaba una lagrimita en la pantalla decidió hacer lo que llevaba mucho tiempo pensando hacer:
No volver a poner ningún “me gusta” en el facebook. 

Aunque ello supusiera el que llegaba el fin del mundo tal y como lo conocemos.




B.S.O.: "It´s the end of the world" (R.E.M.)

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Apocalipsis llega demasiado pronto







Arthur Rimbaud murió demasiado pronto para imaginarlo.

Me hubiera gustado que él fuera el segundo de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, pero decidió desde muy joven que la vida no tenía mucha gracia y dejó de escribir para morir traficando con armas en África. Nunca  me perdonaré que no hubiéramos tenido tiempo de conocerle.

Nacimos tarde para los Rolling Stones, para follar sin conocimiento en Woodstock, para tirar piedras en el Mayo del 68 de París, para llorar a Lennon, para tomar La Bastilla, para meneárnosla con Sara Montiel…

Arthur Rimbaud nació demasiado pronto para ser mi amante. Ni siquiera me imagino con él en algo más que una fascinación lírica. Fue toda su vida lo bastante jovencito como para no ser santo de mis ansias sexuales.

Nacimos tarde y los muy grandes murieron pronto.

Creo que va a ser cuestión de dejar de mirar la ventana esperando la llegada del Apocalipsis y esperar al lado del teléfono por si llamas. Hay cosas para las que nunca es demasiado tarde…



lunes, 29 de octubre de 2012

El fin de los tiempos: Sandy llega a Nueva York, el tercer aniversario de cabezadeavestruz y los cuatro jinetes de apocalipsis que no me dejan ver la luna.




No te lo he dicho. 

No lo puedes saber. 

Pero es el momento de informarte de ello antes de que salga en las noticias y no te enteres de primera mano:
Estoy en Nueva York. 







He decidido instalarme allí con los amigos que tengo en el Meatpacking, en ese pequeño apartamento de artistas con ínfulas de grandeza a los que tanto detesto, pero a los que tanto necesito ahora mismo. 

Son extraños. Viven en Nueva York, la mejor ciudad del mundo, pero sueñan con vivir cerca de ti, en el campo.

Yo he venido a cerrar una etapa aquí. No se me ocurría mejor lugar. Bueno sí: Me encantaría pasar estos días en el Edificio Dakota, con una habitación que tuviera ventanas que den a Central Park. Pero no. No se puede pedir todo. Si eres un poco asocial y nunca has trabajado bien las relaciones sociales, es difícil encontrar a gente cuando realmente la necesitas. Y no conozco a nadie que me pueda conseguir eso ahora mismo.

He llegado a Nueva York, a Manhattan, a pasar el cambio de ciclo. 

cabezadeavestruz cumple 3 años y no se me ha ocurrido mejor sitio donde retirarme a pensar, a analizar con fuerza el futuro y decidir si seguimos con esta película o la cerramos definitivamente. Estando a sólo 97 años de nuestro Primer Centenario, da un poco de pena no tener claro el futuro por falta de esplendor y exquisitez.

Las onomásticas siempre dan pena. Hay a quienes les da fuerza. A mí me recuerdan al Apocalipsis. Creo que mi actividad habitual de mirar la luna se va a ver interrumpida en cualquier momento por la irrupción en el cielo de cuatro jinetes que vengan a acabar con toda esta farsa.




Llega el cuarto año de cabezadeavestruz este martes. El año 52 D.D. comienza el 30 de Octubre. Llega a Nueva York el huracán Sandy. Y tengo un amigo al que le gusta las Sandys. Cuatro años, cuatro jinetes, la infame costumbre de tomar cerveza con limón y de repente me veo atrapada aquí, en un pequeño apartamento del Meatpacking neoyorkino, sin tiempo para acumular víveres ni estímulos vitales. El metro ya ha cerrado. Tus ojos también. Y yo no encuentro la luna porque hay cuatro jinetes que irrumpen en el cielo y vienen directos hacia mí.

¿Qué puedo hacer en la ciudad del mundo donde todo es posible?

Me he comprado una caja negra donde guardar todo aquello que quiero salvar de Sandy y de mí mismo. Un día me preguntaron qué tres cosas me llevaría a una isla desierta y me echaron por pesada. Me he comprado una caja más grande de lo que planean y voy a meterlo todo ahí:




El momento en el que vi en tus ojos la certeza de que íbamos a hacer el amor. 
Una pista de video con el momento en el que José Sacristán le dice a María Valverde completamente desnudos, en el baño donde se han quedado encerrados en “Madrid 1987” aquello tan maravillosamente trágico de “No olvides que la vida es el sabotaje perfecto de los sueños”
El turismo como primer y principal motor del productor interior bruto de mi corazón.
La conciencia de la estupidez de todo lo que me rodea en el momento en el que descubrí que la palabra usada para dar nombre a la fobia a las palabras grandes es “hipopotomonstroesquipedaliofobia”
La chusta del porro que me arrojó a la cara y guardé el día que le acosé Calamaro.
Los besos espontáneos y no pedidos-
El día que creí ser Frank Sinatra y las hojas de la agenda que dicen que volveré a creerlo.
Tu capacidad de soñar por muchas pesadillas que te provoque.
Un curso por fascículos para aprender a bailar como Ian Curtis o a moverme como Daniel Day Lewis cuando en “En el nombre del padre” pinchan en la jukebox de aquel pub inglés “Like a Rolling Stone” al inicio de todo o a estremecerme como Iván Ferreiro cantando M.
La impresión de tu cara cuando me puse el disfraz de Catwoman y lo difícil que te resultó quitármelo cuando decidiste que me ibas a follar.
El recibo del pago de la entrada del globo que terminaré de comprar e inflaré cuando todo esto pase y con el que te llevaré a ver el mundo desde arriba, como debe verse.
La seguridad que tienen muchos de que algún día conseguiré integrarme en este raro mundo y que no me resultará una traición a mis principios metida en una cajita metálica de bombones sin azúcar.
Los ojos del mejor David Bowie padeciendo heterocromía.
Sentir que hay quien me quiere y admira más que a Cristiano Ronaldo, aunque no sea lo normal y no se pueda decir en público. Sobre todo que me admira. Fundamentalmente que me quiere. Más.




Ser consciente que si alguna vez empuño una pistola y disparo a alguien, será en el estómago porque las películas me enseñaron que es la peor forma en que puede morir.
La nueva película de Gonzalo Suarez. La que sea, la que venga. Y todas las demás.
La forma que dices “Buenos días” cuando realmente siento que te lo parecen porque es lo primero que dices ese día.
Esa canción que elegiría si me obligaran a ser la única que voy a escuchar una y otra vez hasta que me muera. Esa canción que existe pero que no sé cuál es ahora mismo porque es Lunes y Sandy amenaza con acabar con todo, como el final del tercer año de cabezadeavestruz le ha dado alimento a los caballos en los que vienen montados los cuatro jinetes del apocalipsis, recordando que el cuatro existe pero no tiene porqué llegar.
Saber que cada día nuevo puede y debe ser mejor que el que se va.
Los planos del museo que voy a construir en el Village, aprovechando las donaciones de todos los locales neoyorquinos que conservan ceniceros que ya no valen para nada desde que no se puede fumar en ningún sitio.
Una libreta llena de poemas olvidados, que por muchas páginas que pasen no se acaben nunca y me pueda pasar la eternidad leyéndote uno cada noche mientras soplas tu tazón de sopa caliente antes de ir a dormir, aunque no sea conmigo.
La ilusión de despertarte una mañana no muy lejana y que lo primero que vean tus ojos sea mi pelo mojado por el mar y sonrías al oler el salitre.
Mi capacidad innata de procrastinar sin sentirme culpable.
Mi ejemplar de la primera edición del Ulises de Joyce en Portugués dedicado a mí con otro nombre por Enrique Vila Matas.
Los momentos en los que me dicen todo sin decírmelo y a nadie nos importa porque sabemos que existen, guardados en una caja de 90 gramos de Marlboro de liar que aún huele a American Way of Life.
Cuando te acuestas conmigo porque quieres hacer un trío con mi presencia y con la persona en la que piensas cuando estás conmigo.
La filmografía completa de Woody Allen. ¿Completa? Sí, completa. Las obras maestras lucen más cuando se tienen en cuenta las películas menos buenas. 
Maribel Verdú.
La respuesta correcta a la pregunta de ¿Para qué he nacido? Detrás de la parte gris de un rasca y gana de una tómbola ambulante. 
Que odies los gatos pero te encante ronronear rozándote con mi cuerpo.

La sensación de no poder escribir bien porque sólo pienso en ti...

Escribir cosas maravillosas fuera de mi alcance porque sólo pienso en ti...


Que siga debiéndote un cuento.





Y, sobre todo, que alguien alguna vez, y para eso tengo que empezar a preparar el cuarto año, mi segunda novela, mi tercera operación corporal, mi enésimo afeitado… Me diga a la manera de Charles Baudelaire “Me has dado tu barro y yo lo he convertido en oro”…

Cuando Sandy llegue aquí a Nueva York, se acabe el tercer año de cabezadeavestruz, entremos en el año 52 Después de Diego, y el ambiente sea irrespirable, no me quedará más que confiar que todo eso que he metido en el refugio antihuracanes y todo lo que no recuerdo ahora mismo, se mantenga seco y seguro, y el aire que deshace mi moño sean tus dedos cuando salimos a buscar por las calles bajo la lluvia a Holly Golightly para que nos cante Moon River bailando bajo la lluvia de una puta vez…




miércoles, 12 de mayo de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 5): El Apocalipsis de San Juan, El Principito y el 7

Desde pequeñita vivió obsesionada con aprenderse de memoria todo “El Principito”. Nunca nadie supo de dónde le venía tan extraña afición, pero siempre tuvo una cita que aplicar en cada momento cuando alguien no tenía nada que decir.


Hay quien la recuerda dando largos paseos por el campo, recitando para sí misma la obra de Saint- Exupéry despreocupadamente.
Todas tenemos obsesiones. La suya puede que pareciera más exótica o extraña, pero sólo desde la perspectiva de compararla con las nuestras. Las obsesiones solemos guardarlas bajo llave. Ella dedicó su vida a trabajarla. Y a compartirla con el mundo.

Enamoró a mucha gente con su curiosa afición. Hay muchos que se derriten cuando le sueltas una frase del Principito en el momento adecuado. Ella lo trabajó siempre al milímetro. Cuando la conocí me di cuenta enseguida de que su obsesión sólo la podría llevar a dos sitios: Al Asteroide B612 o a la muerte.


Vivió, soñó, amó y deseó siempre bajo los dictados de su fiel acompañante, de su pequeño príncipe. Su vida fue maravillosa, su vida fue lo que ella eligió que fuera. Su vida fue bien hasta que se cruzó con él...

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.


Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.


Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.

Para honrar su memoria no debemos olvidar nunca la mayor enseñanza que quiso (involuntariamente) dejar a todas sus amigas:
Si pasas la vida entera aprendiéndote de memoria El Principito, no te enamores nunca de alguien que recita el Apocalipsis de San Juan cada mañana. 
Por mucho que te guste. 
Por mucho que lo desees.


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!