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lunes, 10 de junio de 2013

Tirando de archivo: Te voy a llevar a Lisboa



Nota editorial: Hoy es el Día Nacional de Portugal, y para celebrar la efeméride rescatamos una historia publicada en Agosto del año pasado obsesionada con llevarte a Lisboa de la mano. Nos vemos por sus ruas, paseando...




Te voy a llevar a Lisboa. Tú aún no lo sabes. No te lo he dicho. Quizás fantasees con ello y yo me esté pasando de lista, pero te voy a llevar a Lisboa. Me encantaría que fuese así y no se te diluyeran las fantasías, pero sea como fuere, hoy me he dado cuenta de que te voy a llevar a Lisboa.

Y no te estoy diciendo que vayamos a ir juntas a Lisboa, ni que te vaya a proponer un viaje para que nos enseñemos Lisboa. Te estoy diciendo te voy a llevar a Lisboa.

No sé cuándo ni cómo. Importa relativamente poco. Lo fundamental es que te voy a llevar a Lisboa.

No va a ser una invitación ni una sugerencia. No serán unas vacaciones ni el premio a un concurso. Simplemente, te voy a llevar a Lisboa.

Hace mucho tiempo que no estaba tan segura de algo como estoy ahora de que te voy a llevar a Lisboa. Para ti va a ser de lo más fuerte que hayas vivido, y para mí será la culminación de muchos proyectos de orgasmos mentales.

No sé cuándo ni cómo, pero te voy a llevar a Lisboa.

Te voy a llevar a Lisboa, no para que vengas conmigo, sino para ir las dos. Las dos sabemos que realmente no somos sólo dos, pero no nos importa. No tenemos ni idea qué número sumamos juntas y me importan tres o siete mil cuatrocientos veintisiete cominos cuál sea. Puede ser el 6 (L–I–S–B-O–A) o el 19 (T-E-V-O-Y-A- L-L-E-V-A-R- A- L-I-S-B-O-A). Puede ser cualquiera, pero yo te voy a llevar a Lisboa para que sumes al 1, a más importante, a ti, a mí. Para que ese uno crezca y crezca contigo. Para sumar y no restar. 

Para que sepas, aunque quizás fantasees con ello y yo me esté pasando de lista, que Lisboa nos está esperando desde hace mucho tiempo. Yo lo sé y por eso te voy a llevar a Lisboa. 

No hay más. No pienses en qué significa, porque no hay más. Simplemente te voy a llevar a Lisboa.

¿Por qué Lisboa? 

¿Qué es Lisboa?

No lo sé. Dímelo tú. 

¿Tú lo sabes? 

No me contestes todavía. 

Espera. 

Te voy a llevar a Lisboa.

A veces pienso, y me deprimo. A veces pienso y el brillo de tu sonrisa me alegra y ahuyenta de la depresión.

Lisboa es depresiva, es decadente, es crepuscular y llora fados, y por eso no puede ver nada más alegre que tu risa y tu mirada cuando sepas te voy a llevar a Lisboa.

Lisboa es la luz. Tu mirada sonríe con la misma luz. 

No te marees. No llores. No te preocupes.
Ni si quiera pienses. 

Sonríe. Mírame. Sonríe y mírame como sólo tú sabes.

¿Que no haces nada especial? 

Elimina la modestia de tu atuendo que no te combina bien con esa falda. Sabes quién eres y empieza a saber dónde vas porque yo te voy a llevar a Lisboa.

Quiero volver a ver como tu espíritu se torna inestable por la emoción. Quiero ver cómo te quitas esa máscara de seguridad y tus ojos me enseñan a esa niña vulnerable y enfermizamente feliz, esperando algo que no sabe muy bien qué es (y que quizás no le importe mucho) y encontrándome a mí.

¿Te acuerdas? Soy yo, creo que necesitas saberlo: Te voy a llevar a Lisboa.

¿Sabes que tu mirada tiembla cuando te emocionas? 

¿Sabes que no abarcas lo que quieres mirar cuando te desnudas de emoción?

Es maravilloso. 

Por eso y por mucho más. Por hacerme ver que merece la pena decirte que te voy a llevar a Lisboa. Y porque has consagrado toda la parafernalia del altar de mis afectos para que comulgue mi espíritu.

Te lo debo, te voy a llevar a Lisboa. Aunque, egoístamente sea tan necesario para mí. Por eso no vamos a ir a Lisboa. Por eso no te voy a proponer si quieres ir a Lisboa. Por eso te voy a llevar a Lisboa.



Terminé de decirlo y me miraste con una seriedad mayor de la que yo esperaba. No emocionada, no turbada. No al menos como yo esperaba. Me besaste y empezaste a hablar tú:


No volveré contigo a lugares que fueron importantes para las dos. ¿Lugares comunes? Bueno, quizás no sea esa la manera de llamarlos, se refiere a otra cosa, pero tú me entiendes. Hay veces que los recuerdos están en el cajón de los intangibles tesoros. 

No quiero abrir la Caja de Pandora de mis emociones. Es bellísima por fuera, ocultando su interior. Si la abro, puede que no me guste lo que encuentro. Y no podré cambiarlo y quedará estropeado al contacto con el tiempo presente.

Para que me comprendas, puede ser similar al tema de los amores platónicos, que si dejan de serlo, platónicos, normalmente no son más que eso: Amores. Amores bonitos, sí. Intensos o pasajeros, sí. Pero no platónicos. 

¿Qué pensará Platón de todo esto? ¿Te lo imaginas por Lisboa…?

Alguien dijo una vez, o leí por algún sitio, que hay que tener mucho cuidado con lo que se sueña no vaya a convertirse en realidad.

No hablo de sueños, sino de recuerdos. Los recuerdos se aprenden a manejar a conveniencia. Se pueden enturbiar o clarificar, adornar o ensuciar, rodearlos de arabescos o simplificarlos hasta algo muy concreto y simple… Pero siempre con el cuidado necesario para no hacerlos insoportables en la memoria como para querer abrir la Caja de Pandora y encontrar que su luz nos ciega y nos llega a molestar. 

Las linternas son útiles en la oscuridad si apuntamos su foco hacia algo en penumbras que queremos ver más claro. Pero nunca debemos apuntar el foco a nuestros ojos para ver mejor. Así no funciona.

Y odiaremos, desterraremos la linterna y nos sumiremos en la oscuridad. En una oscuridad más profunda que antes de tener la linterna escondida. ¿Imaginas Lisboa sin su luz?

Por supuesto, no te diré aquello fácil de “segundas partes nunca fueron buenas” aunque me ayudara en lo que te digo. Sabes que pienso que muchas son mejores que las primeras. Si “El Padrino 2” no existiera tras “El Padrino 1”, todos y cada uno de nosotros y nosotras diríamos que es mejor que la primera. Pero a pesar de ser una jodida obra maestra por sí sola, tenemos a echarle el lastre encima de la existencia de “El Padrino 1” (Que cambia su nombre al aparecer “El Padrino 2”, pasando de ser simplemente “El Padrino” a “El Padrino 1”). 

Algo así pasa en nuestros recuerdos. Como mínimo pasarían de ser “Los Recuerdos” a “Los Recuerdos 1”. Y eso, ya los cambia. Aunque sea un ligero cambio…

Por eso no sé si debo volver nunca allí contigo. Por no buscar excusas en el tiempo, en el cambio del lugar, cuando los que cambiamos somos nosotras, cegadas por el foco linternil de nuestros recuerdos más maravillosos enfocando a los ojos.

La primera vez tiene el encanto de la novedad, de lo desconocido. La segunda se puede mejorar. Y la tercera y la cuarta… Pero cuando pierdes la cuenta, las valoras sin comparación. Disfrutando de la presente y luchando por la futura. Y si las encadenas y las atas unas a otras, la siguiente parecerá una más…

Y caerás en la rutina, la mayor enemiga del amor platónico.

Y todo esto te lo digo porque no sé qué quieres que te diga a todo lo que me has dicho de Lisboa.

Y porque eres tú.






Abrumada, me armé de valor y lo solté:

- ¿Qué has querido decir con todo esto?


Me miraste muy seria, mordiéndote el labio como sólo tú sabes hacerlo, y después sonreíste:

- ¿Cuál era la pregunta?


Te miré entre condescendiente, embobada y  mosqueada:

- No te he preguntado nada…


Te levantaste a poner un cd:

- Sabes que no me gustan los fados. Los veo como las películas tristes, no me apetece que me hagan llorar porque sí…

Y empezó a sonar Lisboa, el poema de Gabriel Sopeña que cantó Loquillo.


Y te lo dije con más fuerza que nunca:

- Te voy a llevar a Lisboa


Me miraste como sólo tú me sabes mirar.  
Me sonreíste como sólo tú me sabes sonreír.


Y susurraste a mi oído:











jueves, 24 de enero de 2013

CERRADO POR DEFUNCIÓN








Apareció el cartelito. Y me dio envidia. Hay cosas inconfesables que pasan por nuestra cabeza y no sabemos, ni podemos, pararlas. Tenía envidia de que algo se cerrara por una defunción. Tenía celos de la defunción. Quería ser el difunto. O quizás quería cerrarme.

No quería morir como todos asumimos.

Cerrado por defunción de qué.

¿Murió el corazón?
¿Murió el alma?
¿Mató su vida?

En cualquier hospital le dirían que ni está muerto, ni siquiera enfermo, aparentemente.

Quizás una muerte cerebral tan de moda últimamente. No hay más que mirar alrededor o encender la tele para ver(nos) personas que son capaces de vivir funcionalmente con una muerte cerebral como característica fundamental.



"Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren. Los que tenían algún pero contigo, convierten todo en parabienes y no ven más que virtudes en tus caracteres como persona.

Te lloran, te elogian, te suben a los altares aunque antes de estar muerto te quisieran enterrar en el infierno y tirar la llave al mar.

Lo peor de estar muerto es que descubran en algún momento que no lo estás. Y peor aún es que te pueden caer de 6 meses a 3 años, aunque presentes atenuantes como cierto desequilibrio mental o pruebes que no estabas muerto para cobrar algún seguro, evitar pagar tus deudas o conseguir defraudar con objeto de lucrarte. ¿Para qué querría lucrarse un muerto?

Estar muerto está muy bien si puedes disfrutarlo.

Nadie quiere morir, pero todos fantaseamos con ver nuestro entierro y saber qué dirán de nosotros cuando no estemos. Fantaseamos con estar cuando todos piensan que nos hemos ido.

Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren. Hasta quien no debe quererte. Al menos, en público. Si consigues disfrutar de esa ventaja, eres el difunto, falso o no, más afortunado del mundo. Aunque estés muerto. Esa es la única pega.




Una de las ventajas de estar muerto es que no tienes que preocuparte de qué te pones porque nadie debería verte. Pero yo siempre he sido muy coqueto. Muerto o no, me preocupa lo que llevo encima de mi piel porque aunque nadie lo vea, o lo deba ver, creo que afecta a mi persona la imagen que tenga en cada momento.

Sólo hay que pensar en el luto:
Hay muchas teorías sobre el luto. Hay gente que habla de los mejores colores que debes llevar encima si quieres ligar, hacer una buena entrevista de trabajo, ir a un acto social. Pero no encuentro nada que me diga cómo he de vestir si estoy muerto. Sé que hay ciertas recomendaciones para los que se quedan cuando uno se muere. El luto ya no es tan obligatorio y recurrente como en tiempos de mis abuelos, pero sigue siendo conveniente demostrar cierta tristeza vistiendo de oscuro, cuando no de negro. Pero no hay nada indicado para el verdadero protagonista: El muerto.

Yo estoy muerto. No literalmente, pero sí para los que se dan cuenta de mi ausencia. Pero soy un muerto atípico: No he sido enterrado con un caro traje, ni siquiera desnudo.
Una de las desventajas de estar muerto es que no te puedes mover a tu antojo con total libertad, por mucho que lo pareciera. Si no quiero dejar de estar muerto, o matar de un susto a alguien viéndome, he de ser todo lo cuidadoso que pueda. Y eso no me permite estar cambiándome de ropa continuamente.

Hace unos días me armé de valor y me compré una camiseta del Celtic de Glasgow. Siempre la quise tener en vida, pero me daba cierta vergüenza. Las rayas horizontales me hacen parecer gordo. Creo que a todo el mundo. La ortodoxia dicta que la raya horizontal da impresión de grosor y la vertical estiliza. Además de eso, no es una camiseta demasiado discreta. Las rayas verdes y blancas, igual que el Sporting de Portugal, también llamado Sporting de Lisboa, otra camiseta que podría haber sido la elegida de no encontrar la del Celtic, ya que viene a ser básicamente la misma cambiando el escudo y la publicidad, son cualquier cosa menos para pasar desapercibido. Supongo que es un reto que me pongo a mí mismo. No ir discreto pero sí actuar con discreción. “No amar a nadie, pero hacer el amor a todo el mundo” que diría un personaje aún por determinar de esta historia.

A ese personaje aún por determinar de esta historia no le gusta el fútbol, pero tiene un buen puñado de camisetas de equipos de toda índole. Creo que, a pesar de no gustarle el fútbol, tiene una acertada visión de un buen número de equipos por una mera fascinación estética por su indumentaria. A ese personaje aún por determinar de esta historia nunca le gustó la camiseta del Celtic de Glasgow. La veía demasiado chabacana. Le recordaba al Betis o a la Selección Andaluza. Él era más de la elegancia azul del Rangers, el rival de la ciudad. Yo nunca me podría poner una camiseta del Rangers por muy bonita que sea. Ahí, ese personaje aún por determinar de esta historia, tenía ventaja. Al no gustarle el fútbol, no tenía filiaciones con ningún equipo, más allá que por su apariencia estética. A mí el Rangers me caía especialmente mal. Me caía mal en oposición al Celtic, los dos rivales de la ciudad de Glasgow. Una de las rivalidades más encarnizadas del planeta futbolístico.



Reconozco que hay cosas que no son nuevas para mí en esta situación. Estar muerto es algo que debería haber hecho antes y todo hubiera sido mejor. Hay gente que ha deseado que me muriera y no volviera a aparecer más de una vez a lo largo de mi vida. Pero una cosa es desearlo y otro obtenerlo. Creo que Oscar Wilde dijo aquello de “Ten cuidado con lo que deseas no vaya a convertirse en realidad” y aplicado a mi muerte no puede venir más al caso. Cuando otro personaje aún por determinar de esta historia me dijo adiós con un sonoro portazo, trató de que fuera consciente de que por ella estaría mejor muerto. Pero sé que en el fondo, ese otro personaje aún por determinar de esta historia, no pensaba eso. Una cosa es desear una muerte hipotética, y otra ser consciente de que alguien que ha sido muy importante para ti va a morir o ha muerto. Por mucho daño que te haya causado alguien, cuando muere sólo recuerdas lo bueno. No hay nada mejor que morirse para que elogien a uno hasta términos superlativos y seguramente falsos por su dimensión. El que era un déspota que trataba mal a todo el mundo pasa a ser el hombre de fuerte carácter, amigo de sus amigos y fiel a sus principios como nadie. El cabrón egoísta que iba por la vida preocupándose sólo de sí mismo pasa a ser el alma libre que a todos cautivó en vida. Incluso el insustancial que pasa por la vida sin pena ni gloria consigue, al morir, llegar a ser ese ser que no se dejaba conocer pero que era una bellísima persona cuando te acercabas a él.

Yo he tenido todos los defectos posibles. He hecho más maldades de las que la media ponderada de la humanidad puede soportar en un solo ser para no variar demasiado. He sido un ser despreciable. He sido a ratos un despojo. He sido yo, egoísta y ególatra, ambicioso y ruin, he pisado todo lo que tenía que pisar, he escondido inseguridades en desprecios terroríficos hacia quienes me rodeaban y me querían. Pero ahora estoy muerto. Ahora todo eso son ventajas. Ahora son todo parabienes. Ahora hay lágrimas. Ahora hay elegías.

Tenía que haber acelerado el proceso. Tuve que haber muerto cuando ese otro personaje aún por determinar de esta historia lo deseó, aunque sólo fuera por hacerla pasar una vida desdichada pensando que estaba muerto por su culpa. Aunque fuera cruel. Aunque sólo fuera por quedarme por encima una vez más.

Cuando alguien muere, rápidamente se recuerda su fecha, lugar e incluso circunstancias de nacimiento, como preludio a glosar los hechos más destacados de su vida.

Una de las ventajas de estar muerto es que todo parece mejor de lo que fue.

Una de las ventajas de estar muerto es que nadie en su sano juicio se atreve a destacar de tu vida los defectos o los errores cometidos, por encima de las virtudes o los aciertos, por muy difícil que hubiera sido verlo así tan sólo un tiempo antes. Tan sólo antes de morir.

En la muerte se recuerda el nacimiento. Es curioso cómo los extremos se tocan de cuando en cuando. Habitualmente el nacimiento nunca te recuerda la muerte, pero en la muerte sientes la necesidad de recordar el nacimiento.

Todos se fueron a Lisboa a celebrar mi muerte. Como creían que a mí me hubiera gustado. La mayoría entendía que allí debían cerrar el ciclo de mi vida volviendo al origen. Allí sería el mejor lugar para celebrar la pena que les afligía con mi muerte. Despertar la alegría en una de las ciudades más melancólicas del mundo. Reír cuando todos lloran. Llorar por dentro cuando exhibes una sonrisa para que todos los que te rodean se sientan mejor. Celebrar mi muerte con un homenaje a mis orígenes.

Los más íntimos escucharon muchas veces de mi boca que algo único y especial me unía a Lisboa. Algo más allá de lo vital, de lo material, de lo corpóreo.



Mis padres se casaron en Abril del 74. Como buenos chicos ordenados y tenían todo planeado. No se habían tocado, al menos eso sigue pensando mi madre, más de la cuenta antes del matrimonio, para llegar como Dios manda al mismo. Mi madre sigue convencida de que es la primera chica con la que estuvo mi padre. Mi padre calla e inventa excusas peregrinas cuando le saludan por la calle antiguas amigas. Lo que viene a ser una pareja estándar de aquella época, pero con un toque romántico. Su luna de miel, su primer gran viaje juntos, iba a ser a Lisboa.

Pero hete aquí que a unos militares se le ocurrió la brillante idea de cambiar el régimen político del país y devolver la libertad a un pueblo que llevaba bastante tiempo bajo el yugo de la Dictadura. Hete aquí que sonó Grândola Vila Morena el 25 de abril del 74, a eso de veintitantos minutos después de las 12, por Radio Renascença, y esa era la señal que dio comienzo a la Revolución de los Claveles. Y hete aquí a aquella pobre pareja de enamorados a punto de casarse que ven que por mucho que les gusten los claveles, la libertad y todas esas cosas que iban a conseguir los portugueses con su maravillosa revolución, tuvieron que cambiar su lugar de partida, retrasando y condicionando para siempre mi existencia.

Quizás de aquel no nacimiento llego a esta no muerte.

Al menos oficialmente..."






Voy a poner en cabezadeavestruz un cartelito que ponga “CERRADO POR DEFUNCIÓN”. Porque quizás esté difunto y no lo sepa. Aunque vosotros podáis pensar otra cosa. Probablemente más importante.

CERRADO POR DEFUNCIÓN.




B.S.O.: Dead flowers (The Rolling Stones)


B.S.O.II: Grândola Vila Morena (Zeca Alfonso)


viernes, 31 de agosto de 2012

Te voy a llevar a Lisboa


Te voy a llevar a Lisboa. Tú aún no lo sabes. No te lo he dicho. Quizás fantasees con ello y yo me esté pasando de lista, pero te voy a llevar a Lisboa. Me encantaría que fuese así y no se te diluyeran las fantasías, pero sea como fuere, hoy me he dado cuenta de que te voy a llevar a Lisboa.

Y no te estoy diciendo que vayamos a ir juntas a Lisboa, ni que te vaya a proponer un viaje para que nos enseñemos Lisboa. Te estoy diciendo te voy a llevar a Lisboa.

No sé cuándo ni cómo. Importa relativamente poco. Lo fundamental es que te voy a llevar a Lisboa.

No va a ser una invitación ni una sugerencia. No serán unas vacaciones ni el premio a un concurso. Simplemente, te voy a llevar a Lisboa.

Hace mucho tiempo que no estaba tan segura de algo como estoy ahora de que te voy a llevar a Lisboa. Para ti va a ser de lo más fuerte que hayas vivido, y para mí será la culminación de muchos proyectos de orgasmos mentales.

No sé cuándo ni cómo, pero te voy a llevar a Lisboa.

Te voy a llevar a Lisboa, no para que vengas conmigo, sino para ir las dos. Las dos sabemos que realmente no somos sólo dos, pero no nos importa. No tenemos ni idea qué número sumamos juntas y me importan tres o siete mil cuatrocientos veintisiete cominos cuál sea. Puede ser el 6 (L–I–S–B-O–A) o el 19 (T-E-V-O-Y-A- L-L-E-V-A-R- A- L-I-S-B-O-A). Puede ser cualquiera, pero yo te voy a llevar a Lisboa para que sumes al 1, a más importante, a ti, a mí. Para que ese uno crezca y crezca contigo. Para sumar y no restar. 

Para que sepas, aunque quizás fantasees con ello y yo me esté pasando de lista, que Lisboa nos está esperando desde hace mucho tiempo. Yo lo sé y por eso te voy a llevar a Lisboa. 

No hay más. No pienses en qué significa, porque no hay más. Simplemente te voy a llevar a Lisboa.

¿Por qué Lisboa? 

¿Qué es Lisboa?

No lo sé. Dímelo tú. 

¿Tú lo sabes? 

No me contestes todavía. 

Espera. 

Te voy a llevar a Lisboa.

A veces pienso, y me deprimo. A veces pienso y el brillo de tu sonrisa me alegra y ahuyenta de la depresión.

Lisboa es depresiva, es decadente, es crepuscular y llora fados, y por eso no puede ver nada más alegre que tu risa y tu mirada cuando sepas te voy a llevar a Lisboa.

Lisboa es la luz. Tu mirada sonríe con la misma luz. 

No te marees. No llores. No te preocupes.
Ni si quiera pienses. 

Sonríe. Mírame. Sonríe y mírame como sólo tú sabes.

¿Que no haces nada especial? 

Elimina la modestia de tu atuendo que no te combina bien con esa falda. Sabes quién eres y empieza a saber dónde vas porque yo te voy a llevar a Lisboa.

Quiero volver a ver como tu espíritu se torna inestable por la emoción. Quiero ver cómo te quitas esa máscara de seguridad y tus ojos me enseñan a esa niña vulnerable y enfermizamente feliz, esperando algo que no sabe muy bien qué es (y que quizás no le importe mucho) y encontrándome a mí.

¿Te acuerdas? Soy yo, creo que necesitas saberlo: Te voy a llevar a Lisboa.

¿Sabes que tu mirada tiembla cuando te emocionas? 

¿Sabes que no abarcas lo que quieres mirar cuando te desnudas de emoción?

Es maravilloso. 

Por eso y por mucho más. Por hacerme ver que merece la pena decirte que te voy a llevar a Lisboa. Y porque has consagrado toda la parafernalia del altar de mis afectos para que comulgue mi espíritu.

Te lo debo, te voy a llevar a Lisboa. Aunque, egoístamente sea tan necesario para mí. Por eso no vamos a ir a Lisboa. Por eso no te voy a proponer si quieres ir a Lisboa. Por eso te voy a llevar a Lisboa.



Terminé de decirlo y me miraste con una seriedad mayor de la que yo esperaba. No emocionada, no turbada. No al menos como yo esperaba. Me besaste y empezaste a hablar tú:


No volveré contigo a lugares que fueron importantes para las dos. ¿Lugares comunes? Bueno, quizás no sea esa la manera de llamarlos, se refiere a otra cosa, pero tú me entiendes. Hay veces que los recuerdos están en el cajón de los intangibles tesoros. 

No quiero abrir la Caja de Pandora de mis emociones. Es bellísima por fuera, ocultando su interior. Si la abro, puede que no me guste lo que encuentro. Y no podré cambiarlo y quedará estropeado al contacto con el tiempo presente.

Para que me comprendas, puede ser similar al tema de los amores platónicos, que si dejan de serlo, platónicos, normalmente no son más que eso: Amores. Amores bonitos, sí. Intensos o pasajeros, sí. Pero no platónicos. 

¿Qué pensará Platón de todo esto? ¿Te lo imaginas por Lisboa…?

Alguien dijo una vez, o leí por algún sitio, que hay que tener mucho cuidado con lo que se sueña no vaya a convertirse en realidad.

No hablo de sueños, sino de recuerdos. Los recuerdos se aprenden a manejar a conveniencia. Se pueden enturbiar o clarificar, adornar o ensuciar, rodearlos de arabescos o simplificarlos hasta algo muy concreto y simple… Pero siempre con el cuidado necesario para no hacerlos insoportables en la memoria como para querer abrir la Caja de Pandora y encontrar que su luz nos ciega y nos llega a molestar. 

Las linternas son útiles en la oscuridad si apuntamos su foco hacia algo en penumbras que queremos ver más claro. Pero nunca debemos apuntar el foco a nuestros ojos para ver mejor. Así no funciona.

Y odiaremos, desterraremos la linterna y nos sumiremos en la oscuridad. En una oscuridad más profunda que antes de tener la linterna escondida. ¿Imaginas Lisboa sin su luz?

Por supuesto, no te diré aquello fácil de “segundas partes nunca fueron buenas” aunque me ayudara en lo que te digo. Sabes que pienso que muchas son mejores que las primeras. Si “El Padrino 2” no existiera tras “El Padrino 1”, todos y cada uno de nosotros y nosotras diríamos que es mejor que la primera. Pero a pesar de ser una jodida obra maestra por sí sola, tenemos a echarle el lastre encima de la existencia de “El Padrino 1” (Que cambia su nombre al aparecer “El Padrino 2”, pasando de ser simplemente “El Padrino” a “El Padrino 1”). 

Algo así pasa en nuestros recuerdos. Como mínimo pasarían de ser “Los Recuerdos” a “Los Recuerdos 1”. Y eso, ya los cambia. Aunque sea un ligero cambio…

Por eso no sé si debo volver nunca allí contigo. Por no buscar excusas en el tiempo, en el cambio del lugar, cuando los que cambiamos somos nosotras, cegadas por el foco linternil de nuestros recuerdos más maravillosos enfocando a los ojos.

La primera vez tiene el encanto de la novedad, de lo desconocido. La segunda se puede mejorar. Y la tercera y la cuarta… Pero cuando pierdes la cuenta, las valoras sin comparación. Disfrutando de la presente y luchando por la futura. Y si las encadenas y las atas unas a otras, la siguiente parecerá una más…

Y caerás en la rutina, la mayor enemiga del amor platónico.

Y todo esto te lo digo porque no sé qué quieres que te diga a todo lo que me has dicho de Lisboa.

Y porque eres tú.






Abrumada, me armé de valor y lo solté:

- ¿Qué has querido decir con todo esto?


Me miraste muy seria, mordiéndote el labio como sólo tú sabes hacerlo, y después sonreíste:

- ¿Cuál era la pregunta?


Te miré entre condescendiente, embobada y  mosqueada:

- No te he preguntado nada…


Te levantaste a poner un cd:

- Sabes que no me gustan los fados. Los veo como las películas tristes, no me apetece que me hagan llorar porque sí…

Y empezó a sonar Lisboa, el poema de Gabriel Sopeña que cantó Loquillo.


Y te lo dije con más fuerza que nunca:

- Te voy a llevar a Lisboa


Me miraste como sólo tú me sabes mirar.  
Me sonreíste como sólo tú me sabes sonreír.


Y susurraste a mi oído:










miércoles, 15 de febrero de 2012

Cumpliendo con los Tópicos (Volumen 4): De San Valentines y demás




ESCENA 1

Localización: Tumba de Oscar Wilde, Cementerio Père Lachaise de París (Francia)
Música de fondo: El mundo ya no necesita otra canción de amor (La Cabra Mecánica)

Quiero ser un cabrón de esos que se definen por estar de rodeado de putas, pistolas y cocaína. Y disfrutarlo.

Ella aún no lo sabe. Mira con recelo la tumba de Oscar Wilde llena de besos y trocitos de papel con poemas de amor. Me mira pensando que quizás no la quiera lo suficiente. Lo sé. Cree que nunca conseguirá que la quiera tanto como ella me quiere a mí. 
La quiero mucho, aunque no se lo demuestre. Estoy aquí, con ella, frente a la tumba de un genio. Algún día será ella la que pegue besos y poemas de amor en mi tumba, aunque yo preferiría que hiciera aquelarres y bebiera whisky barato como en la tumba de Jim Morrison.

Todo plan vital que concibo está dirigido inevitablemente hacia mí, y ella lo sabe. La quiero mucho, pero sobre todo quiero ser un cabrón de esos que se definen por estar de rodeado de putas, pistolas y cocaína… 

Y disfrutarlo…





ESCENA 2


Localización: Teatro Negro, Praga (República Checa)
Música de fondo: Love will tear us apart (Joy Division)

Se besaron en cuanto la oscuridad invadió todo.  Mejor dicho: Ella le besó. 

Él le pidió atención a lo que estaba a punto de comenzar, que era un espectáculo maravilloso. Ella pensó que él era gilipollas. Él se quedó absorto con el espectáculo y pareció no darse cuenta de que la tenía al lado y estaba demandando un mínimo de cariño y atención. Ella empezó a comprender que no tenía sentido aquello. Él pensó que había sido un acierto aquel regalo de San Valentín comprado en Viajes “El Corte Inglés” que le permitía a él disfrutar de una ciudad tan bella como Praga y toda su oferta cultural y a ella pensar que todavía se querían. Ella emitió un ligero bufido al ver algo que no entendía en el escenario. Él la reprochó con un ligero roce en la mano. Ella aguantó como pudo la hora y media que duró aquel extraño espectáculo de oscuridades y luces de colores que le estaba tocando la moral. Él sonrió al terminar la función y preguntó si le había gustado. Ella sonrió y le besó.

Se besaron en cuanto la oscuridad dejó de invadirlo todo. Mejor dicho: Ella le besó.



ESCENA 3


Localización: Interior de una casa colonial, Cartagena de Indias (Colombia)
Música de fondo: With or without you (U2)

- Te quiero, ¿No te parece suficiente?
- No
- ¿Qué más puedo hacer? He venido aquí, desde el otro lado del Atlántico y me he recorrido media Cartagena hasta encontrarte viviendo aquí, en la casa de este señorito del que tan mal habías hablado siempre.
- Él me da lo que necesito, lo que no supiste darme tú.
- Nunca supe que te faltaba algo, no me lo dijiste… Pero ya estoy aquí. ¡Vámonos!
- No. No puedo. No quiero. Estoy bien aquí. Esta es mi tierra y aquí soy feliz.
- ¿No puedes o no quieres?
- Ni quiero ni puedo, pero sobre todo, estoy dónde quiero estar.
- Con él…
- Eso es lo de menos.
- No lo es.
- Es un buen hombre, me quiere y me cuida. No le pido más.
- Prometo quererte y cuidarte como nunca nadie podrá hacerlo. Lo haré mejor que él, te lo aseguro.
- Ya es tarde.
- Nunca es tarde.
- Para nosotros sí…

Gabriel García Márquez, en “El amor en tiempos de cólera” decía que Cartagena "es una ciudad detenida en el tiempo, donde nada ha ocurrido en cuatro siglos de historia”. Esa quietud, melancolía y bienestar pasa de sus calles a sus gentes, pasando por todo lo que rodea la ciudad. 

Aquel día, en aquel preciso instante, algo alteró a toda Cartagena de Indias. En aquella casa colonial, un hombre proveniente del otro lado del Atlántico había sufrido un infarto. Los sanitarios no llegaron a tiempo. Literalmente, se le había roto el corazón. Ella no se lo pudo perdonar el resto de su vida. Aunque viviera en Cartagena de Indias y tuviera todo para ser feliz.






ESCENA 4


Localización: Terraza del Empire State Building, Nueva York (EE.UU.)
Música de fondo: I´ve got you under my skin (Ella Fitzgerald)

N pasaba los brazos alrededor de la cintura de S. 

S contemplaba absorta el Skyline de Manhattan. Nunca se hubiera imaginado allí, y menos con él. N no era lo que soñaba en la adolescencia que tendría a su espalda, tomada por sus brazos y dejándose hacer sin importar nada. Ni siquiera el fuerte viento hacía incómoda la postura. Ni siquiera que se enredaran sus dos melenas. Ni siquiera que llevara cinco días sin afeitarse y tuviera apoyada su cara contra la suya. 

Ni siquiera que nunca le hubiera atraído la Gran Manzana. Ese instante lo recordaría toda la vida. Ese instante no se lo podría quitar nadie. Aunque N no estuviera del todo allí. Aunque a ella le importaran tres pimientos el Sky Line de Manhattan.




ESCENA 5


Localización: Terraza del Café de France, Plaza de Jamaa el Fna, Marrakech (Marruecos)
Música de fondo: Lovesong (The Cure)

S y N se desean desde que se conocieron. 

N se lanzó a por S en cuanto vio el primer síntoma de flaqueza y receptividad de ella.

S siempre se ha dejado hacer, y N era una chica a la que nadie puede decir que no.

N y S olvidaron sus respectivas vidas convencionales, sus ciudades, sus trabajos, sus familias, sus anhelos, sus parejas, sus proyectos, sus amigos, sus pudores, sus inseguridades, sus aficiones, sus devociones, sus roles sociales, para huir las dos juntas a no sabemos muy bien dónde.

La última vez que se supo de S y N se las vio tomando un té en la terraza del Café de France en Marrakech. Parecían felices.

Hablé con el camarero meses después de que dejaran la ciudad. Ahmad me dijo que estuvieron yendo casi todos los días durante un par de meses y se sentaban en la misma mesa en la esquina de la terraza, mirando la plaza. Todas las tardes. Cuando su mesa estaba ocupada esperaban de pie expectantes para verla libre y hablaban con él. 

Ahmad me dijo que le parecían unas chicas muy simpáticas. Que S era preciosa,  pero que N tampoco estaba mal. No había nada en ellas que le hubiera hecho pensar que podían ser pareja. Ni siquiera se miraban a los ojos y eso es lo más importante para compartir algo más que momentos con alguien, según Ahmad. 

Ahmad cree que si se hubiera enterado de que eran pareja probablemente no hubiera pasado nada si se comportaban como se solían comportar. Sólo miraban la plaza, nunca se miraban fijamente a los ojos la una a la otra. Y así no se comporta una pareja. 

No tenía la menor sospecha de dónde podrían estar ahora mismo por mucho que le insistí en que se esforzara y me diera algún hilo del que tirar para llegar a ellas. Me dijo que lo único que sabía es que no podían volver a casa, porque ya no existía esa casa para ellas. Ahmad se puso solemne y para convencerme de eso citó a un sabio de su aldea bereber que decía que "Libertad va buscando, que le es tan cara, como lo sabe quien la vida por ella deja". Le di las gracias y me fui desencantado.

Ahmad había utilizado una cita del purgatorio de "La Divina Comedia" de Dante para quitarme toda esperanza de encontrarlas. Y me la había quitado, porque se la atribuyó a un sabio de su aldea bereber y yo no quise explicarle quién era Dante. 

Ni qué era el Purgatorio de "La Divina Comedia", ni quién la Beatriz de Dante, ni S, ni N.

Ni siquiera le dije quién era yo…






ESCENA 6


Localización: Interior de un Búnker de la Segunda Guerra Mundial. País no determinado.
Música de fondo: Canción de amor y muerte (Iván Ferreiro)

"Quiero fracasar de nuevo, fracasar mejor. Sin eso, no tiene ningún sentido que te quiera.” 

Alguien había hecho esa pintada en la pared con algo difícil de borrar. Le dijeron que era en castellano y pensó que los españoles siempre van haciendo cosas raras por el mundo. Llevaba media mañana intentándolo pero no salía con nada. Desde que trabajaba limpiando aquel lugar su vida era triste y gris como la pared de donde trataba de borrar aquella extraña frase. Nunca debió aceptar aquel trabajo bajo tierra. 

Pasó días sin encontrar la manera de borrar aquello. El visitante que la hubiera escrito, lo había hecho a conciencia. Empezó a afectarle y terminó llevándose a casa todos los días la frasecita en la cabeza. La noche que la conoció no hablaba ni una palabra de castellano, más allá de las típicas que no sirven para casi nada. Aquella noche, tras unas cervezas, se decidió y se acercó a ella. Intentó decir algo coherente, pero sólo le salía aquella frase.

Ella se quedó prendada de él. Hoy, años después, son felices, llevan una maravillosa vida en común, son dueños del búnker y han descubierto un producto químico que impide que nadie escriba en las paredes. Pero la frase nunca la consiguieron borrar.


"Quiero fracasar de nuevo, fracasar mejor. Sin eso, no tiene ningún sentido que te quiera.” 



ESCENA 7


Localización: Mirador San Pedro de Alcántara, Barrio Alto, Lisboa (Portugal)
Música de fondo: Love is all around (The Troggs / Wet Wet Wet)

Me cogió de la mano y me obligó a mirarle los ojos. Se puso serio. Nunca antes lo había visto así. No me sentía del todo cómoda.

- ¿Qué miras?
- A ti.
- Me estás haciendo sentir incómoda, suéltame la mano.
- Hoy es San Valentín y te he traído a Lisboa. Quiero que me lo devuelvas.
- ¿El qué?
- Lo que te estoy dando. 
- No sé qué me estás dando, salvo que me has traído a un sitio maravilloso, al que yo no quería venir, y menos contigo. Insististe, me convenciste, y aquí estoy. Ya te lo dije: Yo soy muy mía y suelo hacer lo que me apetece, no sigo normas, ni siquiera las tuyas. 
- Casi ni me conoces. 
- Más razón para no seguir tus normas.
- Pero has venido…
- Tenía ganas de conocer Lisboa y, francamente, al final creí que merecía la pena venir contigo.
- ¿Creíste? ¿Ya no lo crees?
- Si no me sueltas la mano dejaré de creerlo completamente.

Se apartó ligeramente. Bajó la mirada un instante, la perdió en la Plaza del Rossío, subió Alfama y llegó al Castillo de San Jorge. Y en menos de un segundo se clavó de nuevo en mis ojos. Con más fuerza que nunca nadie lo había hecho antes. Cogió mi otra mano con fuerza, me acercó a su cuerpo y me dijo:

- El juego entre tú y yo sigue unas reglas que las han impuesto otros. Otros que nunca han jugado a nada parecido. Por eso hago trampas constantemente… 

Y me besó.

A partir de ese momento no recuerdo nada más. Sólo que nunca he sido más feliz…



ESCENA 8


Localización: Casa de Julieta, Verona (Italia)
Música de fondo: No sé cómo te atreves (Los Planetas y La Bien Querida)

- ¿Recuerdas cuando simplemente follábamos? 
- No, no me acuerdo. 
- Yo sí, toda la vida. Por eso quería celebrar San Valentín contigo. Porque no todo va a ser follar. 
- Para mí es lo único que me interesa de ti y lo sabes. 
- Me da igual. Hoy necesito que me mientas. Dime que en algún momento me has querido un poco. Aunque sea mentira, ¡Dímelo! 
- En algún momento te he querido un poco. 
- Suenas falsa. 
- No me pidas que te mienta más... 
- Vámonos de aquí, hay mucha gente.
- Todavía no le has tocado la teta a Julieta: Es la tradición. 
- Yo tengo otras tradiciones…

Le agarró las tetas, entre toda la gente, sin ningún tipo de rubor. Ella le soltó una bofetada que hizo mirar a la mitad de los turistas que andaban por allí sin darse cuenta de nada. Se oyó un murmullo en la masa, alguna risa y sonaron varias cámaras fotográficas que disimuladamente cambiaron la orientación de su objetivo hacia la cara de él, que se había puesto completamente roja, mezcla quizás, de rubor y de la fuerza con que había recibido la bofetada.

Ella salió rápidamente de allí y se fue a esperarlo a la cama donde, con sorpresa para él, aquella noche follarían como salvajes en celo. Como siempre y mejor que nunca. Aunque fuera la última vez. Y los dos lo sospecharan…






ESCENA 9


Localización: Órgano del Mar, Zadar  (Croacia, al atardecer)
Música de fondo: More than words (Extreme)

El mar tiene derecho a hacer música. Es inevitable. Quizás debería tocar el órgano, como en Zadar. Allí, dijo Alfred Hitchcock, se dan los atardeceres más bellos del mundo. Con el sonido del mar en el órgano. Con el órgano del mar y la puesta de Sol. 

Cuando llegue a conocerte, te llevaré a conocer los atardeceres que a Hitchcock le parecían los más bellos del mundo. 

Algún día iremos a escuchar el Órgano del Mar mientras miramos el sol ponerse.

De momento, déjame que tu añore. Déjame que sueñe en tu ausencia. Déjame que imagine que serás lo que siempre quise que fueras.

Déjame quererte hasta que existas, porque después, ya no habrá marcha atrás.




ESCENA 10


Localización: Barrio Rojo, Amsterdam (Holanda)
Música de fondo: Nothing compares 2U (Prince / Sidnead O´Connor)

Te busqué por los rincones más recónditos de Amsterdam, pero no te encontré. Estarías ocupada sin acordarte de mí. Paseé por el Barrio Rojo y no pude evitar pagar por tu olvido. Con todas las que pude. Gastando todo el dinero que tenía. Haciendo cosas que nunca me he atrevido a hacer con nadie sin pagar. Teniendo orgasmos de pago de todos los colores.

Pero no te olvidé.

Nunca lo haré.
(Y lo sabes…)






ESCENA 11


Localización: Obelisco, Avenida Corrientes, Buenos Aires (Argentina)
Música de fondo: Todavía una canción de amor (Los Rodríguez y Joaquín Sabina)

- ¿Eres virgen?
- ¿Y a ti qué coño te importa?
- Sería una explicación a que pusieras tantas pegas para acostarte conmigo…
- Sería una explicación que te valdría a ti. La explicación que vale y que hay es que no me da la gana.
- Pero, ¿Me dices constantemente que me quieres pero no quieres acostarte conmigo?
- Ni contigo ni con nadie. 
- Pero a mí los demás me dan igual. 
- Ese es tu problema.
- Mi problema es que no quieres acostarte conmigo. 
- No. Tu problema es que me quieres y no quiero acostarme contigo.
- Te quiero. 
- Y yo. 
- Quiero acostarme contigo. 
- Yo no.

Se abrazaron con el Obelisco de fondo. 

La cámara se aleja mostrando al espectador la majestuosidad del Obelisco y se va elevando mostrando la Avenida Corrientes. 

Fundido a negro.




Postdata aclaratoria (Innecesaria como siempre, inútil como de costumbre):

Ayer, día 14 de Febrero, se ha celebrado el Día Europeo de la Salud Sexual. Es un dato sin importancia, claro está, pero lo dejo a su consideración.


Postdata aclaratoria II (Innecesaria como siempre, más inútil que de costumbre):

Ayer, día 14 de Febrero, se ha celebrado San Valentín. Probablemente un día tan mercantilizado para muchos, un día cualquiera para otros, una excusa buena para ciertas cosas para algunos. Es un dato sin importancia, claro está, pero lo dejo a su consideración, aunque ya lo sabían casi todos. 

Aprovechando que ya pasó el día, hemos recopilado algunas historias que acontecieron tal día como hoy por diversos lugares del mundo y que han llegado a nuestras manos u oídos. El carácter didáctico de cabezadeavestruz nos hace compartirlo con ustedes. Todas las historias son reales y los y las protagonistas  no somos ninguno ni ninguna de nosotras. Las identidades reales han sido difuminadas para evitar posibles problemas legales. Ningún animal ha sufrido maltrato para la realización de este post. Cualquier parecido con la realidad es totalmente intencionado e inconsciente.


Postdata aclaratoria III (Más innecesaria que nunca y mucho más inútil que de costumbre):

La posición oficial y editorial de cabezadeavestruz ante todo lo expuesto anteriormente queda reflejada en una frase que da titulo a una canción y hacemos propia por no saber qué escribir más: Prefiero ver las series de la televisión antes que salir contigo.

Esta canción cierra la extensa B.S.O. de este post. Si alguien quiere saber más, puede pasarse por la lista spotify del post, que cierra la canción anteriormente citada.


¡Mucho amor y besos!



Y mucho más amor y besos a ti que has llegado hasta aquí abajo...




Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!