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jueves, 8 de octubre de 2015

De Premios Nobel de Literatura, señales y cambios


Hoy han dado el Premio Nobel de Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como tantos otros días, me gustaría ser el tío al que te estás follando porque no soy lo suficientemente bueno para ti.




Me pasa todos los días. Me cambiaría por él. Aunque lo deteste simplemente por hacer lo que hace. Aunque tú también lo detestes pero no lo sepas. Porque es el que está donde yo querría estar y no puedo porque no soy lo suficientemente bueno para ti.

Me pasa hasta cuando no me tiene que pasar. Me pasa cuando entro a una entrevista de trabajo. Cuando digo que soy bueno para hacerlo, el mejor que pueden encontrar y miro al entrevistador pensando si aunque lo deteste él también podría meterse en tu cama porque yo no soy lo suficientemente bueno para ti.

Ya le llamaremos, me dice con una falsa sonrisa. Ya llamaremos al que se está follando porque tú no eres suficientemente bueno para ella, quiere decirme, pero no lo dice. Y salgo ilusionado y con una sonrisa, y por un instante todo cuadra. Estoy en Moratalaz y cuando me pongo los cascos, aleatoriamente suena como primera canción “En la soleada tarde de domingo en un parque de Moratalaz” de La Cabra Mecánica. Tiene que ser una señal.

Avanza la canción y la señal está en la letra: “Córtate el pelo y búscate un trabajo”. Y sé que me tengo que cortar el pelo como a ti no te gustaría que lo hiciera. Pero da igual, porque me gustaría ser esa persona, cortándome el pelo o no, a la que te estás follando porque yo no soy lo suficientemente bueno para ti.

Hoy han dado el Premio Nobel de Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como estos últimos días, estoy más cerca de estar muy lejos. Estoy a punto de salir por piernas para no tener que estar pensando constantemente que me gustaría ser el tío al que te estás follando porque no soy lo suficientemente bueno para ti.




Lo que no me gustaría ser hoy es Murakami. Ese no es lo suficientemente bueno para ti ni para el Nobel de Literatura. Y a ambos os entiendo en este caso. Al menos en este caso...









martes, 28 de mayo de 2013

De Silvios Rodríguez, papeles manchados y abstinencias sexuales






Afronto el día harto de falsos poetas. Hace tiempo que supe desterrar de mis pensamientos y mi vida a los falsos profetas, pero hoy ha llegado el momento de empezar a desenmascarar a los falsos poetas. Me pongo demasiado intenso y decido masturbarme. Sólo para que se me pase el disgusto...


Abro el facebook y veo mi muro infectado de frases pseudopaulocoelhistas (por llamarlas de alguna manera) y de aspirantes a poner un anuncio en los periódicos que diga “Método infalible para mejorar su vida y para que todo le vaya bien. Pregúnteme cómo, tengo todas las respuestas. Y si no las encontramos, miramos en mi facebook”. Y ya que estoy en el facebook, me relajo un poco, miro tus fotos y decido masturbarme. Sólo para emplear el tiempo...


Escribo cartas de amor por dinero. Soy así de sucio. Vendo un sentimiento a cambio de unas monedas que me permitan comer y seguir dedicándome a mis vicios. Pienso que masturbarme sigue siendo gratis y decido hacerlo. Sólo por aprovechar la oferta...


Como por placer, pero cuando tengo que comer por la única razón de alimentarme, se convierte en un trámite pesado y engorroso. En esos momentos sueño con manjares que me motivan y me recuerdan que hay tiempos mejores, en los que comer por placer nubla cualquier almuerzo frugal de compromiso con mi propio cuerpo. Soñar con ciertos placeres me pone cachondo y decido masturbarme. Sólo para aplacar mi excitación...


(Christina Hendricks...)


Enciendo mi televisión. La mantengo encendida casi todo el día y una gran parte de la noche. Pero no veo tele porque está de moda despreciarla. Sólo veo series que bajo de internet. En ellas Betty Draper mata las palomas de su vecino con un rifle y Tony Soprano llora por sus patos huidos. Betty Draper me pone muy bruto, pero me gusta mucho más Joan Holloway, el personaje que interpreta Christina Hendricks. La imagino diciéndome cosas al oído mientras me tomo una copa en el Bada Bing y no me queda otra que masturbarme. Sólo porque es Christina...


Pienso en salir de casa. Descarto la idea porque temo encontrarme en medio de alguna conversación extraña en la que no tenga ganas de aportar nada porque no posea nivel suficiente para hacerlo. Como la vez que tuve que discutir contigo sobre el sentido de “Te doy una canción” de Silvio Rodríguez. A ti te parecía una canción preciosa que un poeta como Silvio Rodríguez le canta a su amada. A mí, mientras te miraba las tetas, me parecía una canción que usaban mis amigos en los campamentos para ligar con las chicas. Me susurraste aquello de “Cómo gasto papeles recordándote” al oído con intención de cantármela al oído y te dije que aquellos papeles que se gastan recordando son los kleenex del que se masturba pensando en ti. Te aterraste y tuve que justificar que llevo todo el año en curso sin acostarme con nadie por lo que todo me lleva a la masturbación, tus tetas y los papeles que gasto recordándote...


Me vuelvo a casa apesadumbrado por el tiempo que hace que no me acuesto con nadie y veo el paquete de kleenex encima de la mesa. No me queda otra que masturbarme. 

Sólo por gastar papeles recordando cómo era hacerlo contigo...




B.S.O. I: "Te doy una canción" (Silvio Rodríguez)

B.S.O. II: "Ay poetas" (La Cabra Mecánica)




martes, 8 de enero de 2013

Ornitología para adultos (Cuento sobre pajaritos y gente fea)



"Eco de lejos le espía y suspira: ¡Amor!
Como confesarlo sin su propia voz
Un claro del bosque se abre para los dos
La cálida tarde presiente lo peor"
(Canción del Eco, Christina Rosenvinge)



Os voy a contar un cuento. Una historia bonita sobre los pajaritos, el sol y una pequeñita y gris persona que aprendió a volar. Un pequeño cuento de alguien que aprendió a volar sin saber que quién sube muy alto tiene que asumir que la caída puede ser muy dura. 

A esa personita la llamaremos Llo. La podríamos llamar Tu, Ella o Nosotras, pero Llo será el nombre que le pongamos en este cuento.

Llo era una personita sencilla y feliz. Era dichosa y vivía contenta. O al menos eso parecía para todos los que la rodeaban. Llo miraba al cielo y sonreía. Era su actividad preferida. Muchos pensaban que estaba loca, pero Llo era feliz y nadie sabía muy bien por qué. 

¿Quién eres tú niña loca?




Llo miraba al cielo y sonreía porque miraba a sus pajaritos. Cualquiera podía pensar que había estudiado ornitología o que tenía costumbres raras, pero ni esa rama de la zoología tenía especial interés para ella, ni tenía costumbres. 
Llo era rara. 
Llo era maravillosa. 
Y Llo miraba el cielo y sonreía constantemente.

Llo miraba al cielo y se dejaba embelesar por sus pajaritos...


Y embelesarse con sus pajaritos la hacía sonreír y, sobre todo, la hacía vivir. 
Y Llo vivía. 
Y la gente a su alrededor lo sabía y se daba cuenta.

Y de tanto mirar al cielo aprendió a vivir en la tierra. Si hay una moraleja que se puede sacar de este cuento, sin duda será que cuanto más mira al cielo alguien paradójicamente, mejor vive en la tierra. Y viviendo en la tierra Llo era feliz y hacía feliz a quienes la rodeaban. 

Pero un día nublado, como tantos otros en la tierra, Llo miró al cielo y encontró todo gris y oscuro. Y tan gris y oscuro andaba todo aquello, que no podía localizar a sus pajaritos. 

Llo, tremendamente perdida –porque cuando Llo no veía a sus pajaritos andaba perdida, por mucho que no lo pareciera- decidió aventurarse y pasear por sí sola por aquello que era la tierra, por aquel sitio por donde solía andar mirando al cielo. Y miró a su alrededor con desespero buscando alguien que la guiara, alguien de los que estaban tan a gusto a su lado cuando era feliz y miraba al cielo sonriendo. Pero cuando todo se nubla, nadie aparece. Llo sabía eso desde que era muy pequeñita, pero lo había olvidado de tanto mirar al cielo y sonreír, y en ese momento se dio cuenta dolorosamente de nuevo.

Y andando y andando, desorientada como nunca, llegó al lago. A ese lago tan bonito donde rebotaban luminosos los rayos de sol tantos días bellos y se dio cuenta que no brillaba nada allí.

Curiosa, se asomó al lago y vio la realidad:
El agua reflejó su rostro a modo de espejo y Llo no pudo menos que pedir clemencia. Gritó y gritó. Imploró a su alrededor para que alguien escuchara lo que tenía que decir. Lloró una explicación que no tuvo a quién darla y se mortificó dándose cuenta de su fealdad que tanto tiempo había disimulado por tener la cara mirando al cielo y sonriendo.

En ese momento lo supo todo, aunque no hubiera nadie cerca que se lo pudiera explicar:
El pájaro que la guiaba se había despistado por mirar muy directamente el sol y ahora vagaría por el suelo sin ningún rumbo. 
Por siempre.



Llo tuvo que haber estudiado ornitología para hacer todo lo que quiso hacer. Ahora optará por cortarse el pelo mucho y dejarse crecer el pelo de la cara, que son cosas que Llo, aunque es una chica, siempre puede hacer y lo había olvidado. 

No estudió ornitología en su momento y por eso perdió a su pájaro guía. Ahora espera no tener que estudiar peluquería para rasurarse bien la cabeza y dejarse una bella barba...

Quizás así olvide que un día fue feliz, miraba al cielo y sonreía y ahora no tenía ni a quién contárselo.





B.S.O. I: Canción del Eco, Christina Rosenvinge.
B.S.O. II: Sha La La, La Cabra Mecánica.

Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!