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domingo, 8 de agosto de 2021

Noches...

 




jueves, 28 de mayo de 2020

Cuentos desfasados: Las historias que no son historias.






Anoche escribí una historia que no terminé. Cuando no terminas de escribir una historia quizás no se pueda llamar historia. Pero llamamos historias a cosas que nos están pasando, aunque no veamos cómo van a terminar. Yo estaba escribiendo una historia y sabía cómo iba a terminar. Era bonita. Creo. Nos empeñamos en pensar que las historias son bonitas cuando las estamos viviendo. Pero cuando terminan, nos cuesta reconocer su belleza. Quizás fuera muy bella porque no pude terminarla. Era una historia sobre las noches y tú. Todas las historias contigo son bonitas. Aunque algunas ni hayan empezado. Y las noches suelen ser preciosas. Cuando no hace tanto calor. No pude terminarla. Estaba sucediendo en la fotografía. Aunque fuéramos tú y yo. Narraba cosas que nos gustaban a los tres. A ti, a mí y a la noche que no es calurosa. Puse algo así como “llenaré de leche tus sueños”. Y tuve que dejarlo porque me parecía raro. Aunque, quizás, es lo que estabas esperando que te contara. Signifique lo que signifique. Y terminé la noche sin acabar la historia...



sábado, 30 de marzo de 2019

Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche...




Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche.

Cambian la hora. Cambiamos la hora. Dicen que nos quitan una. En las noticias avisan de que tenemos una hora menos para dormir. Mis amigos, en cambio, piensan que tenemos una hora menos para emborracharnos. Las redes sociales se inundan de gente que lamenta que esta noche van a perder una hora.

Yo no.

Creo que no voy a perder una hora porque no la he tenido nunca. Porque esa hora que desaparece, en realidad, no existe.

Yo no voy a perder una hora.

Sé que me gusta pensar que gané una hora en el cambio anterior. El bueno. El que la gente valora porque ganas una hora. Cuando dicen en los informativos que tenemos una hora más para dormir. En el que mis amigos dicen que nos vamos a emborrachar al nivel de una hora más. En octubre se inundaron las redes sociales de gente que celebraba que esa noche iban a ganar una hora.

Yo no gané nada.

Esta noche me gustaría recordar, si no quitaran la hora que desaparece, que aquella noche de octubre aprovechamos la hora que no existía para estar juntos sin que nadie se enterara.

Ni siquiera nosotras. Que no existimos ni nos conocemos.

Como esta noche.

Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche...








jueves, 1 de marzo de 2018

Grité una noche







Vamos a gritar hasta que todo deje de doler.
O de tener sentido.
O gritaré yo solo para que todo vuelva a doler con sentido.

Gritar.

Grité una noche.
Como hoy por la noche.
Gritar en lugar de cantar.
Cantando a gritos.

Hace tiempo que a nadie le duelen mis gritos.
Y mucho más tiempo del que no grito por dolor.
Puede ser contradictorio.
Quizás lo sea.
No me importa.
Gritaré de contradicción mientras olvido lo que me duele.
Que no recuerdo qué es.
Que no me hace gritar.
Y eso duele.

Grité una noche.
Como hoy por la noche.








jueves, 3 de julio de 2014

Lo peor de no usar corbata habitualmente es no poder usarla para atar tus manos cuando quiero follarte


Mi vida está llena de frustraciones. Algunas reversibles cual camisetas de tres al cuarto. Otras irremediables como las limitaciones físicas derivadas de la edad o estados carenciales del organismo. Pero las más duras, por lo estúpido de su explicación o lo anormal de su causalidad, son las que provienen de cuestiones estéticas. El no follar por no gustar. El no ser nadie por no tener un cuerpo diez. El ser despreciado por vestir diferente. El no poder atar tus manos con una corbata para follarte porque nunca uso corbata.

La ausencia de corbata en mi modo de vestir da un toque desenfadado a mi estilo. Proporciona libertad a mi cuello y mi garganta. Me impide trabajar en ciertas empresas, despachos e incluso en organismos oficiales. Pero lo más duro de no usarla es no poder atarte las manos para follar contigo.
   




A pesar de ello, me levanto de la cama y le digo “buen día” al mundo con la ilusión de que antes de llegar la noche todas estas cosas que me pasan por no llevar corbata sean intrascendentes y consiga que te abalances sobre mí en cualquier momento y me asfixies con lo primero que tengas a mano. Y la ilusión me llega hasta que en la noche cierro los ojos buscando un nuevo día sintiendo el agobio extraño en la garganta que me oprime como si usara corbata a la manera en la que alguien siente como le pica un miembro amputado. A pesar de ello, el “buen día” deposita todas sus esperanzas en la noche, que es cuando más cerca estamos la una del otro, porque es el momento en el que más posibilidades hay de caer juntos y desnudos en la cama. Cuando ya no importen las corbatas y el silencio de lo que nos rodee se haya convertido en oscuridad cómplice.

En ocasiones creo que lo pienso todo demasiado y eso hace que te vayas de mi lado sin ni siquiera dar importancia a que lo peor de no usar corbata habitualmente sea no poder usarla para atarte las manos cuando quiero follarte.

En el fondo no es más que una más de mis imposturas estéticas. Solo quiero despertar y tras el “buen día” ver que una vez más los periódicos mienten sobre mí: "Él no era una persona normal ni saludaba siempre a todos sus vecinos".

 Llevara o no llevara corbata...





viernes, 17 de enero de 2014

Otra noche (Volumen 23): Recuerdos, primavera y libélulas.


Me levanté aquella mañana turbada por la confusión. Masturbada horas antes, perdida en extraños pensamientos desde que me acosté. Mirarme al espejo y darme agua a la cara -porque aquello no puede llamarse lavar- no hizo más que confundirme más. La idiotez de empezar un nuevo día cuando todos parecen igual de viejos y repetidos. El engaño de ponerme guapa cuando cada vez estoy más fea y, sin embargo me importa menos. La terrible sensación de no saber qué día es hoy.

Hoy no es ayer. A veces tengo la tentación de explicarme todo así, pero seguramente no hay mucho que explicar ni ayer, ni hoy, ni mañana. Estoy viva y es más de lo que muchas personas pueden decir. Estoy viva y es peor de lo que mucha gente puede esperar.





Mañanas como ésta son cada vez más habituales en mi vida. Lo peor de estas mañanas es que van seguidas por el día y, habitualmente, eso no lo arregla. Estas mañanas que acarrean estos días. Días en los que es mejor cualquier cosa que ser yo, aunque no me gustaría ser nadie. Nunca he querido ser nadie que no sea yo misma, pero cualquier cosas sería mejor que ser yo. Quizás deba montarme en un barquito de papel y salir a navegar el día que tan lleno de nubarrones ha diseñado esta tremebunda mañana. En un barquito de papel que tenga la capacidad de, si las aguas son propicias, aguantar mi peso y navegar con tranquilidad y rumbo fijo a ninguna parte. O si las aguas están revueltas, recordarme tocando sus paredes que es frágil y que en cualquier momento puede deshacerse y dejarme caer al agua, navegando con dificultad con un destino terrible, sin poder cambiar de rumbo.

Voy a echar un pensamiento al aire: Como llegue la primavera y no estés a mi lado, voy a tener que tomar medidas muy serias.

Mi ropa sigue oliendo a ti. He probado docenas de detergentes y suavizantes diferentes, pero sigue oliendo a ti. Incluso he probado detergentes con suavizantes incorporados, de esos que no necesitas comprar las dos cosas porque ya te vienen en uno solo. El mundo sigue siendo un lugar estúpido en el que nos acostumbramos a comprar cosas de dos en dos, cosas que son necesarias la una para la otra y que, de repente, se innova y alguien las comercializa juntas, la una incorporada a la otra. Lo que hacía tu cama con nuestros cuerpos. Lo que hacía mi mente con la tuya. Oliendo a ti constantemente. Como este puñetero armario lleno de aromas y recuerdos. ¿Dónde están las polillas y el alcanfor cuando se les necesitan? 






Echo el pensamiento a volar y me doy cuenta de que más que pensar, te amenazo. Y amenazarte a ti, simple y llanamente es amenazar a la persona que ha echado el pensamiento a volar. Y me tengo miedo. Pánico. Pero que llegue la primavera y estés a mi lado, sólo pido eso, llámalo amenaza o pensamiento soltado al viento. Necesito que llegue la primavera y que estés a mi lado. Así no puedo. Quiero dejar de sólo sobrevivir. Una primavera llena de alergias, de bichos, de cambios de clima y de ti. Plena de ti y de tus olores ¿Sabes que libélula en inglés es “dragonfly”? Pensar que tu idioma es menos bello por no tener esas palabras. No haber visto una libélula en tu puta vida. Ni un dragonfly. O no estar segura. Joder, necesito un dragonfly en mi vida. Un dragonfly que pase cerca en primavera y que nos dé tiempo a que me lo señales con el dedo, me preguntes si sé qué es con tono sabiondo, y luego me sueltes aquello de que libélula en inglés es “dragonfly” y tirarnos horas hablando de lo bonita que es la palabra “dragonfly”, lo poco actractiva que es en castellano y lo horroroso que es el bicho.



Me ha costado asumirlo, pero ya soy completamente consciente: Soy adicta a tus recuerdos.







B.S.O.: "Puta" (Extremoduro)



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 22): Tirarme a Eva Braun


En ocasiones siento la necesidad de soñar cosas perturbadoras. Y sentir esa necesidad, me quita el sueño y me impide soñar. 

Cuando uno tiene la necesidad de soñar cosas perturbadoras tiene un mundo de frustraciones por delante, al alcance de su mano.




Siempre anduve frustrado porque mi mayor anhelo en este mundo era tirarme a Eva Braun.

Es algo que mi cabeza soñadora me dice que he hecho porque siempre lo he deseado. Nada extraño en ello. Nada extraño ni fuera de lo normal. Lo fuera de lo normal o extraño es sentir a flor de piel cómo era el orgasmo de Eva Braun entre mis brazos, encima mía, cabalgándome o recibiendo a cuatro patas. 

Sé que me tiré a Eva Braun y que hasta ese momento no había nada en el mundo que deseara más. Fue una obsesión colmada. Colmada con creces.

Pero colmar una obsesión no sirve más que para que surjan más obsesiones o frustraciones por haberla colmado. Así no puedo dormir. No me quito de la cabeza la cara de Eva Braun diciéndome que no ha disfrutado lo suficiente, que soy un amante pésimo y que lo ha hecho por pena. Como tantas otras veces.

En ocasiones ligo y me doy cuenta de que todas las personas que se acuestan conmigo son trabajadoras sociales. Soy consciente de que me utilizan para convalidar créditos de las prácticas de su carrera o como estudio de campo.

Sentir la necesidad de soñar cosas perturbadoras, me quita el sueño y me impide soñar. Y que Eva Braun te haga consciente de que ha tenido mejores amantes que tú, te frustra y te vuelve a dejar otra noche sin dormir...





jueves, 17 de octubre de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 21): 21 mensajes de WhatsApp perdidos



No paraba de dar vueltas en la cama. Como siempre. No dejaba de darle vueltas a todo. Recordé que yo era muy del número 21. Muy de Dominique porque llevaba el número 21. O al revés. Me lo imaginé ganando el concurso de mates que le ganó Michael Jordan injustamente porque era en Chicago, la casa del Hijo del Viento. Le di vueltas a una historia que nunca fue pero que perfectamente pudo haber sido. Si Dominique hubiera ganado aquel concurso todo hubiera sido diferente. No sé si mejor o peor, pero diferente. Lo único importante en aquel momento, en la noche, cuando no paraba de dar vueltas por la cama, es que no podía quitarme de la cabeza aquella historia. Como tantas otras. 21 historias. Simultáneas y entrelazadas. Pero sobre todo recordaba a Dominique y me lo imaginaba ganando aquel concurso de mates.




Otra noche sin poder dormir pensando en cosas estúpidas o fuera de lugar. Me acerqué la pantalla del móvil a los ojos para ver bien la hora en la que estaba penando aquella noche y vi que tenía whatsapps nuevos. 21 whatsapps nuevos. Concretamente 21. Y de la misma persona. 
Y con el mismo texto:


“Soy tu primer amor: 
No me hagas recordar lo mal que lo hiciste.”



Apagué el móvil para evitar que entraran más whatsapps. No quería que jodieran el 21. El texto de los 21 era el mismo y era perturbador como pocas cosas que hubieran llegado nunca a ningún móvil. Pero eran 21 y eso querría decir algo. 

Intenté dormir y volví a pensar en Dominique Wilkins. Pero de repente lo vi coger un móvil y miré para otro lado. En todas partes había gente cogiendo móviles. Y sin salir de la cama ni de mi imposibilidad de dormir, me metí en el armario. Entonces fui consciente de todo lo que no me dejaba dormir. El drama de ver que no te puedes poner aquella prenda porque has crecido y no te cabe. No por engordar, sino porque has crecido. Pensaba que es uno de los dramas del mundo contemporáneo y se ha escrito poco sobre ello. Incluso el mundo está montado mirando a otro lado, creando tallas y asumiendo que según crecemos hemos de comprar ropa más grande con total naturalidad. Pero es un dramón darte cuenta de que creces y no te vale la ropa que tenías porque ya no te cabe. Aunque recibas 21 whatsapps de tu primer amor y en todos ponga lo mismo.



B.S.O.: "Someone like you" (Sexy Sadie)




jueves, 12 de septiembre de 2013

El problema de jugar siempre al empate



- Está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, le dije mientras desayunábamos después de follar, por la mañana, nada más abrir los ojos.

- Está bien que follar sea lo primero que hacemos cuando llega el día, me dijo ella mientras mojaba su porra en el café. 

Mi cabeza se fue sin remedio a un burdo juego alegórico de lo más simplón analizando cómo entraba y salía la porra de su café para luego, una vez húmeda, entrar en su boca. Tuve uno de esos momentos en los que me siento de lo más vulgar pensando cosas que ni siquiera me paro a pensar pero aparecen en mi mente, que abochornarían a mi yo reflexivo. Pero la imagen de aquella porra del desayuno, poco tiempo después de haberme comido a mí por todos lados, porra (o churrito para ser exactos) incluida, era de lo más sugerente. Cuando veo cosas sugerentes en todo lo que me rodea, por muy cañí o vulgar que sea, como es el caso de una porra mojada en café, sé que pase lo que pase el resto del día ya lo he empezado ganando.




- Parece que hoy empezamos ganando. Nada más sencillo que empezar un día ganando si lo primero que haces cuando apenas has abierto los ojos, es follar.
- Eso es muy difícil.
- Acabamos de hacerlo, le dije con una seguridad impropia de mí.
- Hoy ha empezado bien. Dejémoslo ahí. Y cogió otra porra para proceder a mojarla nuevamente en el café y dar buena cuenta de ella.
- Parece que te has levantado con hambre... ¿No te has alimentado lo suficiente esta mañana?
- ¿Ves? No es tan fácil. Lo estás empezando a joder. Con lo bien que había empezado el día...
- Es broma, perdona.
- Da igual. 

Entonces yo cogí una porra y procedí a hacer lo mismo que ella pero cualquier persona que nos hubiera visto desde fuera se habría dado cuenta de que no es lo mismo. Aunque quisiera hacer lo mismo. Hasta ella se dio cuenta. Pero no dijo nada al respecto. Se fue a otro de sus sitios.

- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- ¿Cómo?
- Déjalo.
- No, dime..., le dije ya asustado.
- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- No sé, nunca lo he pensado.
- Ya. 

La porra se me estaba atragantando. El día que había empezado de maravilla porque está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, empezaba a ponerse raro ya en el desayuno.

- ¿Qué quieres cenar hoy? 
- ¿A qué viene eso ahora? ¿Estamos desayunando?
- No, para ver si me contestabas que tú no sabías pero que yo iba a cenar porra otra vez.
- Yo nunca hubiera dicho eso.
- Tenía que comprobarlo.
- ¿Quieres cenar porra esta noche?
- Quiero comértela ahora mismo.

Volvía a pensar que el día se había levantado maravilloso. Daba gusto desayunar así.

Me volvía loco que me la comiera. Ya fuera por la mañana o por la tarde, de noche o de día. Todo parecía posible cuando ella me comía la polla. Era algo que nunca podré describir con palabras por más que lo intente. Por más veces que me la haya comido. Recuerdo cuando intenté explicárselo a otra persona que no entendía lo que quería decir acerca de empezar de maravilla los días, de salir ya ganando, o de lo indescriptible que era lo que sentía cuando ella me comía la polla:

- ¿Has mirado sus ojos? Yo la primera vez que miré en ellos tuve la misma sensación que cuando escuché por primera vez a los Rolling Stones.
- ¿Sus ojos?
- Los ojos de alguien que te está comiendo la polla.
- No sé. 
- Ese es tu problema, no sabes. Quizás juegas siempre a empatar y luego pasa lo que pasa...




Aquella conversación no acabó bien. Aunque a mí me parezca que dije en ella cosas tan bellas que nunca crea poder repetir hablando de mirar unos ojos. Tiempo después, esa persona me comió la polla y estoy convencido que ambos estábamos pendientes de algo más que aquella comida porque recordábamos la conversación de los ojos. Y eso que fue con poca luz, de noche y con mucho deseo por ambas partes. Aquella comida acabó en empate. No volvimos a jugar el partido de vuelta. Pero eso ocurrió mucho tiempo después del maravilloso día del que estaba hablando que empezó muy bien por saber que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Ese día, el que empezó muy bien sabiendo que ya pasara lo que pasara habíamos hecho algo por haber follado al despertarnos, se empezó a torcer a media tarde. Todos los días se empiezan a torcer a media tarde. Es cuando comienza a aparecer el cansancio. Cuando cuesta más mantener la ventaja adquirida en los prolegómenos. 

Yo, aparte de una deficiente condición física, tengo poca fortaleza mental, y cuando los días empiezan a torcerse, me cuesta mantener el marcador a favor. Es algo que ella sabía y por eso se empeñó en comérmela antes de comer, en medio de la comida (a pesar de que estábamos en un restaurante) y en la siesta. A veces no miramos los días en toda su intensidad. Creemos que los martes no son más que antesalas de los jueves y así. Y así nos luce el pelo. Yo llegué a la cena con pocas ganas de hacer chistes de porras, ni de casi cenar.




Por aquellos tiempos yo quería ser escritor. Y como todos sabemos, un aspirante a escritor no deja de ser una persona como todas las demás solo que un poco más pretenciosa, embobada de sí misma y con ganas de demostrar constantemente que tiene ideas mejores que los que le rodean. Por aquellos tiempos yo solía joder bastante las situaciones y días en los que iba ganando cómodamente con mis ínfulas de literato maldito y genial. Y, claro, salté:

- Voy a hacerte un traje con mis letras, le dije en lo que yo consideraba un piropo maravilloso que la dejara epatada y a mi merced, bebiendo los vientos por mí.
- Yo lo que quiero es que me hagas un traje de saliva y te dejes de romanticismos. Ese es tu mayor problema conmigo, me replicó mientras intentaba comerme la polla una vez más.

Aquella noche acabó en tragedia. Ella seguía con hambre. Yo ya hacía mucho tiempo que había dado por bueno el empate. No me quedaban cambios y el equipo se resintió. Ella decidió jugarse el todo por el todo y buscó ganar aunque fuera en la tanda de penaltis. Yo ya había sido eliminado de la competición.

A día de hoy, recuerdo aquella jornada como un claro ejemplo de lo que pudo ser y no fue. La eterna promesa me llamaban. El de los días que empezaban de maravilla porque sabía que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Desde aquel día tengo miedo a las noches. Duerma solo o acompañado. Tengo miedo despertar y ver que el día no empieza ni siquiera en empate...



B.S.O.: "Un buen día" (Los Planetas)


martes, 20 de agosto de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 20): Me debería sacar el carnet de conducir (Segunda Parte)*


Anoche soñé que Catherine Deneuve me despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera. Sudoroso asumí la terrible realidad: Mi romanticismo empieza a estar bajo mínimos y mi criterio estético está empezando a bajar peligrosamente. 





Azorado por tan mala experiencia he empezado el día tomando el toro por los cuernos. He rebuscado en el cajón de los calzoncillos y, después de ignorar el hecho de que no había ninguno limpio y eso indica que me estoy abandonando a pasos agigantados, he recuperado tus cartas. Las he tirado encima de la cama y no he llegado a recordar por qué nos escribíamos cuando ninguno de los dos quería estar separado del otro ni tener que escribir cartas. He cogido una al azar creyéndome  Paula Vázquez en el Euromillón y la he leído con la esperanza de encontrar una respuesta a todo y, sobre todo, un punto de partida. Resulta que era una postal sin los necesarios tres códigos de barras de productos Pascual para entrar en el concurso, en la que estaban escritas unas breves palabras:

"Hola amor:

Te echo de menos. Mucho. 
Más de lo normal. 
Sigo sin entender por qué no te sacas el carnet de conducir y vienes a rescatarme. 
Sabes que sigo esperando que lo hagas y que mi carnet de conducir y mi coche no vale para ello.

Besos y dulces sueños."


Algo me recorrió la espalda recordándome que tenía espina dorsal y que no me sentaba bien estar tanto tiempo doblado. Pero más que la espina dorsal, la que hablaba a modo de descargas eléctricas en mi espalda, era ella. Ella estaba esperándome. Seguía haciéndolo. Seguro. Tan seguro como que yo seguía sin tener carnet de conducir y sin haberla rescatado. Miré a mi alrededor y vi las llaves del coche de mi padre en la mesa de la entrada. Esbozando el típico “hasta luego” casi sin vocales que solía dar a mis padres cada vez que salía de casa, di un portazo y me dirigí a coger el automóvil familiar como si fuera lo más habitual del mundo.

Evidentemente, no sabía conducir. Por no saber, no sabía ni como abrir el coche. Pero, contra todo pronóstico, lo puse en marcha y salí del garaje con total normalidad. Seguro que esa normalidad estaba basada en que seguía soñando, pero algo me decía que no.

No. 
Todos los coches no están equivocados y yo voy bien. Creo que finalmente puedo confirmar que el que ha cogido un desvío incorrecto y va contra dirección soy yo. Con todo lo que ello significa… Creo que no voy a poder salir de ésta. ¡Cuánto tráfico en contra! Es el momento en el que tengo que empezar a ver mi vida pasar como una serie de diapositivas a modo de inequívoco signo de que voy a morir. Y va a ser una muerte terrible. Me voy a estampar contra alguien a toda velocidad. Contra ese coche no, que es una familia y no quiero que mueran niños por mi culpa. Contra esa furgoneta no, que es un humilde repartidor y no tiene culpa de mi despiste. Contra esa jovencita no, que le quedan muchos años por delante y acaba de coger el coche de papá por primera vez. Contra ese coche tan viejo no, porque la humildad que demuestra hace que sospeche que la desgracia de morir ese cabeza de familia puede ser inmensa si le quito el sustento a los que debe tener detrás que ya ahora llegan a duras penas a fin de mes. Contra esa no, que tiene las tetas muy gordas y las tetas me han provocado mucha felicidad durante toda mi vida como para que no les haga un pequeño homenaje postmorten perdonando la vida a la poseedora de un buen par.

No encuentro una víctima propiciatoria contra la que me apetezca chocar para morir y no voy a poder aguantar mucho tiempo más este looping de esquivar coches y salir ileso…

Todo esto pasa en escasas décimas de segundo y se me está haciendo eterno.
Todo por coger el coche sin carnet, sin saber conducir, además de un desvío equivocado y no fijarme en la señal de prohibido.

¿Dónde está Nico Abad para estamparse contra él cuando se le necesita?




Milagrosamente, como tantas cosas en mi vida, me veo de repente cogiendo una salida a la carretera y aparcando correctamente en un hueco a la puerta de un bar. Esos bares que siempre han estado ahí cuando se les necesitaban, vuelven a salvarme el cuello. Las señales indican que debo tomarme unos buenos whiskies para calmarme y celebrar aquello, en el caso de que hubiera algo que celebrar, que siempre lo hay cuando el alcoholismo está llamando a tu puerta con insistencia.

Como no todo podía ser perfecto, a las tres o cuatro rondas, empiezo a cansarme de esperar a que me sirvan. Son cosas que me cabrean hasta en momentos como aquel. Unas buenas tetas detrás de la barra de un bar no siempre justifican un mal servicio. 


- ¡Perdona! ¿Me pones otra? Grité por enésima vez a esas tetas que tiraban de aquella camarera tan poco eficiente.
- Lo siento, vamos a cerrar.
- ¿Ya? ¿Y ahora donde voy? No puedo conducir así. Además no tengo carnet...
- Tranquilo, cierro y te quedas conmigo, que tengo algo que darte.


Todo el porno acumulado en mi cabeza durante tantos años empieza a darme información sobre lo que podían significar aquellas palabras. Normalmente, aunque tengo al porno en lo altares de mis mayores afectos y lo considero parte esencial de mi formación como persona, he de reconocer que su visión de la vida y de los comportamientos humanos, difiere ligeramente de lo que he ido viviendo yo. Aún así, siempre era el primero en reaccionar cuando de analizar comportamientos de personas atractivas a mi lado se trataba. 


- Toma -me dice mientras me entrega un sobre.
- ¿Qué es esto?
- Una de las cartas que se cayó de tu cama esta mañana al despertar.
- ¿Cómo?
- Léela...

Más asustado que sorprendido, abro el sobre nervioso y veo que era una carta de ella. Aquella letra era inconfundible. Antes de empezar a leer pasaron por mi cabeza unos cuantos conceptos acerca de los carnets de conducir, el amor, y las inevitables enseñanzas del porno.


"Hola amor:

Hace tiempo empecé a escribir una novela. Escribía lenta y pausadamente en mis ratos libres, sin que aquello pareciera avanzar mucho. Pero lo hacía. Voy por el tercer capítulo. La novela salía de mí y la escribía de dentro a afuera. Hoy está empezando a escribirse de fuera a adentro. Empecé a escribir una novela hace tiempo. Una novela para sacar lo que tengo dentro. Hoy estoy escribiendo una novela porque tengo ganas de leerla. Para ver qué me dice. Estaba dentro de mí. Ya está fuera. Estoy escribiendo una novela para leerla. Me está quedando muy bonita.

Besos."


Supongo que puse una cara de estupor tan evidentemente que aquellas sorprendentes tetas que llevaban a la camarera que me había dado la carta, se movieron para que una boca pudiera decir:

- ¿Y bien? ¿Algún problema? ¿Buenas noticias?
- No sé, la verdad... Supongo que me tienes que explicar algunas cosas porque...
- ¿De lo que pone en la carta? No la he leído, ¿Por quién me tomas?
- No, no... De todo lo demás: De cómo he llegado hasta aquí, de por qué tienes tú esta carta, por qué me la has dado, por qué sabes que hay cartas en mi cama desde esta mañana, cómo pueden ser tan maravillosas tus tetas.

Sonríe. Seguramente porque lo último no lo he dicho en alto aunque también me tenga bastante atolondrado. Es como aquello de que todo es tan y tan extraño y te sobrepasa tanto, que empiezas a dar importancia a lo que menos lo tiene. Aunque esas tetas eran bastante importantes. Mucho.

- ¿No te han enseñado que hay cosas que es mejor no saberlas porque rompen la magia?
- ¿Todavía crees en la magia?
- ¿Tú no?
- Yo sólo sé que he tenido un sueño rarísimo hoy con Catherine Deneuve en el queme despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera... 
- ¿Quién es Catherine Deneuve?
- Da igual, creo que estoy perdiendo el romanticismo y estoy muy preocupado.
- ¿No te preocupa más lo del carnet de conducir, tu aventura automovilística, la carta, mis tetas?




Asumiendo que lo de las tetas no lo había dicho y que era una jugada del porno acumulado en mi cabeza, contesto lo mejor que pude, intentando no ser grosero:

- Me preocupa que hay alguien que lleva mucho tiempo esperándome.
- ¿La Caterin esa?
- (Suspiro de resignación) No, la otra...
- ¿Me estoy perdiendo? ¿De quién hablas?
- Del romanticismo.
- Eso me gusta... Voy a cerrar; te llevo a algún sitio si me dices algo romántico... 
- A los clics de famobil cuando le quitabas el pelo tenían la cabeza hueca.


Pasó el día.
Y la noche sin poder dormir.
No recuerdo si nos besamos o no. Ni he vuelto a ver sus tetas. Pero la carta la tengo bien guardada junto con el resguardo del pago de la inscripción a la autoescuela. Ahora sólo espero que tu novela sea tan bonita como tú...




*
Es probable que nadie se lo plantee, pero en los últimos tiempos no hacemos más que sorprendernos con las lectoras y los lectores de cabezadeavestruz, y por si acaso avisamos para no caer en la tentación de ser traidoras: El que el título del relato incluya lo de “Segunda Parte” no implica que exista una (lógica por otra parte) “Primera Parte”, o sea que no que se vuelvan locas y locos rebuscando en el archivo del blog. Lo de poner “Segunda Parte” en el título podría indicar que hemos hecho algo tipo la saga de “Star Wars” y en un tiempo escribir y sacar las precuelas de todo esto. Pero no aspiramos a tener el éxito ni la demanda de la trilogía inicial (que luego resultó ser posterior) de “Star Wars”, ni nos acercaremos de cerca. Ni siquiera a la Trilogía de Chiquito de la Calzada. Bueno, aspirar, como diría Calamaro, aspiramos a seguir aspirando, que ya es bastante, pero esto no es el caso y nos estamos desviando (Y no estamos hablando de nuestros tabiques). El poner “Segunda Parte” en el título de esta entrada de cabezadeavestruz responde a un toque tramposo más de los que nos estamos haciendo adictas, como lo de que la parte femenina del blog escriba como personajes masculinos y viceversa, sabiendo que a nadie le importa un comino. Probablemente, la próxima entrega debamos titularla “La importancia de un comino: El retorno”

Nuestras sinceras disculpas por todo esto y el consabido agradecimiento por encontrarlos ahí una vez más.


PD: La Trilogía de Chiquito de la Calzada (“Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera”, “Brácula: Condemor II” y “Papá Piquillo”) nos parece una genialidad nunca bien valorada, por si alguien puede deducir lo contrario por lo escrito.



B.S.O.: Soy un macarra (Los Ilegales)



martes, 23 de julio de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 19): El sms de Holly Golightly



Anoche, de madrugada, recibí un sms. ¿Quién coño manda sms a estas alturas de la película? Evidentemente, al no estar habituada ya a recibir sms, no tenía silenciado el móvil para ello y sonó un pitido que seguramente despertó a todo el vecindario. 

Cosas del verano, del retraso en todas las actividades vitales y de las ventanas abiertas. Entra el olor del guiso de colifror a destiempo ¿Quién coño cocina coliflor a estas alturas de la película? por la misma ventana que oigo gemir a esa vecina a la que me encantaría ser yo quien le estuviera comiendo el coño de esa manera tan espectacular o que tanto parecía que le estaba volviendo loca. Creo que si esos gemidos no entraran en casa de la mano del olor al guiso de coliflor y del sonido los programas de tarot de otros vecinos, probablemente estaría masturbándome de manera irresponsable, soñándome entre las piernas de mi vecina. Y digo de manera irresponsable porque con este clima dejarse llevar por los deseos primarios conlleva un calentón y unos sudores que suelen hacer que no vuelvas a dormirte, por incomodidad térmica, en toda la noche. Incomodidad por el calor que lleva al insomnio, que conduce inevitablemente a volver a masturbarte porque, ya puestas, por un poco de calor y sudor más, y ya que no puedo dormir... 

Y se convierte todo en la típica noche cíclica cuando los termómetros no bajan de cierta temperatura y recalientan un termostato interno que ya de por sí nunca baja ni en los inviernos más fríos.



Anoche, de madrugada, aún sin haberme masturbado, como chica responsable a finales de Julio, recibí un sms. ¿Quién coño manda sms a estas alturas de la película? Pero, sobre todo, ¿Quién coño manda sms a esas horas de la noche un día de diario? Antes de que me abrume la potencia literaria de la combinación “día de diario” y que me vuelva a invadir el deseo de comerle el coño a la vecina que gime todas las noches como si se fuera a acabar el mundo (Que por otro lado es como hay que enfrentarse al sexo, con la total y completa conciencia de que se va acabar el mundo) tengo que confesar que me sorprendió mucho la remitente. En honor a la verdad, supuse que se trataba de un virus o de algo raro que le pasaba a mi smartphone. El sms venía de una tal Holly Golightly, que puede significar muchas cosas. Para mí es el nombre de la drag queen del bar de pollas en cabeza, camareros buenorros y actuaciones desenfadadas (en la definición que le da mi prima la desenfadada, esa que siempre está dispuesta a una buena fiesta con tal de dejar a su marido y tres hijas en casa con cualquier excusa que valga para demostrar que ella es la más lanzada y desacomplejada de todas las mujeres que conoce en el mundo mundial) al que fui pseudo obligada para celebrar mi segunda despedida de soltera. Para las más modernas de hoy en día es el nombre del personaje que interpreta Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes y del que tienen un cuadro en la pared aun sin saber más allá que se trata de Audrey y de la película aquella. Para otros es el nombre en clave de una importante espía rusa que jugó un papel fundamental en la segunda guerra del golfo y de la que casi nadie sabe nada. Ni siquiera yo que la estoy nombrando. En fin, Holy Golightly, lo que me recordó que ya he celebrado tres despedidas de soltera y todavía no me he casado, cosa a la cual no encontraría mayor problema si no fuera por la insistencia de mi madre en que se me va a pasar no sé qué de arroz y demás, porque no me atrevo a contarle que no creo en el matrimonio y que si algún día pasara por ese aro, seguro que no sería de blanco ni por la iglesia como ella sueña, y que probablemente no tendría a ningún chico apuesto a mi lado.


Holly Golightly


Anoche, de madrugada, mi vecina decidió que tras una primera sesión de aparente buen sexo, no se había acabado aún el mundo y debía ir a por más. Los televisores desde donde salían los sonidos inquietantes de los programas de tarot de madrugada fueron apagándose como la llama del fuego que calentaba el guiso del coliflor, y dieron paso a alguna teleserie en versión original, probablemente de mi vecino el pajillero, el que tantos días mi miraba el escote con deseo y que seguro ya habría terminado de masturbarse con los gemidos de mi querida vecina a la que me encantaría comerle el coño. Quizás el pajillero fantasee mientras se masturba escuchando los gemidos de mi vecina que realmente esos ruidos salen de mí, de la chica del escote que tanto le perturba cuando se cruza con él. Quizás. A lo mejor esto sólo sea un pretencioso deseo no deseado, donde mezclo en mi cabeza la satisfacción de sentirme admirada y anhelada con la repulsión de sentir que habito en los sueños húmedos de un personaje tan sudoroso como mi vecino el pajillero.

Anoche, de madrugada, leí el sms que me había enviado Holly Golightly y me entraron mil calores que sumar a los que ya tenía por los gemidos de mi vecina y por la sensación que me recorría la espalda que me indicaba que mi vecino el pajillero se la estaba cascando pensando en correrse entre mis tetas. Leí el sms y estuve a punto de sentir que la irresponsabilidad de masturbarse en una noche de finales de Julio tan calurosa era algo inevitable que no podría eludir por más fuerza que hiciera y por más cerebral que me pusiera, ya fuera volando a comerle el coño a mi vecina, o dejando que mi vecino el pajillero se masturbara y corriera encima mía. No. Hice una mueca de respulsión imaginando la caliente corrida y forcé a mi cabeza a volar hacía la entrepierna de mi vecina que ya parecía saciada y silenciosa y leí en voz alta el sms:


“Follarte es la mejor cosa que me puede pasar en la vida. 
Aunque para ti puede ser la peor cosa de tu vida. 
Besos, te echo de menos y sabes lo tenemos pendiente.”


Así. A pelo. Sin abreviaturas típicas ni aparentes ni llamativas faltas de ortografía.

¿Quién era? ¿Quién se ocultaba tras el nombre de Holy Golightly? ¿Quién coño conocía mi número y me mandaba un sms a esas horas un día de diario? ¿Quién cojones pensó que escribir “un día de diario” era aceptable? ¿Quién sería el siguiente que pasaría por el coño de mi vecina antes de que tuviera el placer de comérmelo como si se acabara el mundo? ¿Quién apaga los programas de tarot de su televisión cuando se necesitan?



Acalorada y turbada (que no masturbada, increíblemente aún, dadas las circunstancias) le di a responder. Sin saber quién era. Sin saber qué era. Sin sentirme en mí, más allá de relamerme porque casi sentía el sabor de mi vecina en mis labios, le di a responder.

Me puse la mano derecha entre las piernas y con la izquierda dejé caer el móvil para acariciarme a gusto. El móvil hizo bastante ruido al caer. Era tarde y todo el vecindario se habría sobresaltado, pero, al menos, era un ruido aislado, sin olor a guiso de coliflor, sin gemidos de orgasmo de mi vecina, ni payasadas engañabobos de tarot de madrugada. Ya estábamos sumergidos en el silencio y la luz de la pantalla del smartphone se apagó. 

Se apagó y no puedo leer lo que respondí.
Quizás esa, ya sea otra historia...



(Continuará. Quizás...)





miércoles, 17 de abril de 2013

Relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse



Nota del Editor: Con motivo de la última visita de una delegación de cabezadeavestruz a la Biblioteca de Alejandría, comprobamos con no cierto estupor, que ese dicho habitual en nuestro entorno que dice que la noche que no sales es la que pasan las cosas más extraordinarias y tus amigos lo pasan mejor que nunca, es un concepto universal y que viene de los albores de los tiempos. Tras quitarnos la cara de sorpresa y comprar algún souvenir, hicimos el viaje de vuelta dispuestos a iniciar una gran investigación al respecto de tan curioso fenómeno en cuanto llegáramos, solicitando una beca del Ministerio de Cultura. Como de costumbre, cuando abrimos el procesador de texto, habíamos olvidado todos nuestros propósitos e hicimos como de costumbre: Escribir palabra tras palabra para ver dónde nos llevaba el asunto que nos proponía burlón el folio en blanco. Reproducimos a continuación, prácticamente sin censura, el texto surgido hace un rato, cuando nos pusimos a escribir un poema de amor a una chica que no nos hacía caso, a la que mandamos un caluroso saludo desde esta isla caribeña donde estamos gastando el dinero de la beca, en un resort con una pulsera de todo incluido que no nos deja teclear más, al menos correctamente.




Llegué al bar de costumbre. Solo, como todas esas veces que no encuentro con quién salir. Me acerqué a la barra y pedí un Johnnie Walker con Coca-Cola Light.

-Tengo Zero
-¿Que tienes cero Coca-Colas? Qué mala previsión para un jueves, ¿No?

Ni puta gracia tenía el chiste. Eso decía su cara.

-Jajaja
-Ni puta gracia te ha hecho el chiste, ¿No?
-No mucho, la verdad... ¿Quieres Zero entonces?
-Light.
-No tenemos.
-Pues Coca-Cola normal, me es igual.

Tuve la tentación de soltarle el discurso aquel que explica por qué tomo los cubatas con Coca-Cola Light que se remite a una cuestión de sabor, que no lo hago porque esté en plena operación bikini (aunque no me vendría mal planteármelo) y que si no hay light me es indiferente Zero o normal porque es una cuestión de gusto, no de calorías, y si la publicidad y leitmotiv de la Coca-Cola Zero es que sabe igual que la Coca-Cola normal casi que me la suda totalmente, pero pasé del tema porque ya había comprobado el poco interés que tenía en escucharme al ver que no estaba mientras pensaba esto y al recordar la cara de acelga que había puesto con el chiste que había abierto nuestra relación.

-¿No vienen tus colegas hoy?
-¿Quiénes?
-Tus colegas, con los que sueles venir.
-Bueno, estoy esperando... 

Mentí cual bellaco. Me sorprendió gratamente que se acordara de mí. Al instante pensé que se acordaba de alguno de mis amigos y que yo era un daño colateral porque en aquel sitio llamaba un poco la atención en cualquier caso.

-Esto está un poco flojo hoy, ¿No?
-Como todos los jueves últimamente.
-Ya, la crisis.

Análisis al nivel del mejor tertuliano. Sin duda mi conversación tenía muchísimo nivel esa noche.

-Pues hoy no está mal del todo.
-No sé, no sé...





Y de repente me vi solo. Sin nadie a quién soltarle mi explicación sobre por qué tomo Coca-Cola Light y que si no hay me da igual Zero o normal. Sin nada más que hacer que beber y escuchar la música mirando a todas partes por ver si mis ojos detectaban otra mirada y en un cruce de estos a alguien le daba lástima y se acercaba a mí viéndome sólo y desesperado... Pero vamos, que esos son mis típicos pensamientos de todas las noches, sean como sean y no dejan de ser lo que son: Pajas mentales Pensamientos. Sonaba “Boys don´t cry” de The Cure. Acompasé la canción con algunos movimientos de mis labios y de mi cabeza.

-Perdona ¿O no la quieres?

La camarera. Sus tetas. Otra vez. Quizás no me había fijado antes. Mentira, siempre me fijo en las tetas. Faltaría más. Eran ellas otra vez.

-¿Dime?
-Tu vuelta... ¿O no la quieres?
-Claro.
-Estás empanado, tío.

¿Me acababa de llamar “empanado”? ¿Esa cabeza que sobresalía de aquellas tetas me acababa de llamar “empanado”? ¿En un bar donde ni siquiera tenían Coca-Cola Light? ¿Querría ligar conmigo? ¿Debería preguntarle a qué hora sale? ¿Debería dejar que me lo propusiera ella?

-Jejeje
-Qué borde eres, ¿No?
-¿Yo? No he dicho nada.

Dije mientras me empezaba a enamorar perdidamente de ella.

-Esa risita...

Y puso esa maravillosa cara de acelga que tanto me gustaba desde que me enamoré de ella segundos antes.

-Perdona, se me ha escapado la risita en “e”.
-¿En “e”?
-Si, tengo una teoría sobre las risas y acabo de meter la pata.
-¿Por qué me miras las tetas cuando hablas?
-Perdona, no lo puedo evitar...
-No, tranquilo, me gusta, pero quiero que sigas hablando, sólo trataba de hacerte ver que era consciente de que me las estás mirando y eso me pone mucho...

(Nota del Editor: Parte de esta conversación se ha colado y no ocurrió realmente. Pedimos disculpas pero como tardaban mucho en traernos la bebida y el creativo del grupo se aburría, ha quitado el sitio en el teclado al mono hipernicotinado que normalmente escribe en cabezadeavestruz y ha empezado a inventarse cosas. No volverá a ocurrir, sinceras disculpas. Vuelve el mono habitual en cuanto se encienda el siguiente cigarro y retoma la historia desde la teoría de las risas)

-¿Teoría de las risas?
-Bueno, de las letras empleadas y de la duración.
-Estás colgado, tío...
-Puede ser, jajaja.
-Jajaja.
-Esa risa ha sido correcta y sincera, ¿Ves?
-Mira, no me vengas con gilipolleces, ¿Me explicas lo de las risas?

No sonó bien el tono de esa última frase, y la cara de acelga que me tenía enamorado fue más de acelga que nunca. Y, claro, lo de contigo pan y cebolla me parece bien, pero hartarse de acelgas... Además, tengo otra teoría, aunque esa no la expongo casi nunca en público, que dice que un buen par de tetas no garantizan un buen servicio detrás de una barra, y aunque hagan más agradable casi todo. Hay cosas que ni las mejores tetas del universo pueden disculpar cuando hablamos de tomar copas.

-Pues el “jajaja” es la risa correcta.
-Ya... ¿Y?
-A ver. A la hora de elegir letra para reír hay que ser cuidadoso. La risa en “i” resulta ridícula y sólo es aceptable en conversaciones con personas de poca edad y sugieren picaresca y demandan taparse la boca al emitirla. La risa en “e” denota falta de costumbre y superioridad. Es la risa emitida por tu jefe cuando te demanda que le sigas el rollo y te rías con él. La risa en “o” es antinatural en castellano porque suena a barbaridad o en su defecto es de Papá Noel, y de la “u” nos olvidamos por razones obvias. O sea que la única risa válida es en “a”.
-¿Y para eso tanto?
-Luego está lo del tamaño, que quieras que no, importa...
-Jijiji
-Bien empleada, jijiji...
-¡Oye, que parece que quieres ligar conmigo, no soy tonta!
-¿Ves? Funciona.
-Háblame del tamaño.
-Picarona...
-Gilipollas...
-Vale. Jajajaja, con cuatro sílabas, resulta excesivo y puede denotar risa cansina e incluso falsa. Dos sílabas denotan sarcasmo y pueden llegar a ser malinterpretadas, amén de quedarse cortas, y no digamos un solo “ja” que mostraría desaprobación o reto, algo totalmente alejado a lo que queremos expresar con la risa. De más de cuatro sílabas puede indicar falta de salud mental o que se te ha quedado pegado el dedo...
-¿Pegado el dedo?
-Claro, todo esto es teoría de la risa escrita. ¿No te lo había dicho?
-Estás como un puto cencerro, jajaja...

Y me resultó fascinante cómo aplicó mis enseñanzas a la conversación oral cuando todo lo que había desarrollado se refería al medio escrito y a la secreta ambición de poder utilizarlo en una conversación con ella vía WhatsApp cuando me dé su teléfono o metiendo mi cabeza entre sus tetas, para lo que no necesitaré su WhatsApp. Me resulta muy curioso comprobar ahora cómo estoy narrando la noche, dando una teoría sólo válida para el caso de tener que escribir las risas, y ustedes están leyendo el lenguaje oral pero convenientemente escrito sin convertirse en letras que indiquen lo que quiero decir con esa teoría...

(Nota del editor: Volvemos a pedir disculpas. El mono ha vuelto a ir a por tabaco y el reflexivo del grupo se ha puesto a continuar la historia y le acaba de dar un derrame cerebral intentando explicar cómo se narra algo que es lenguaje oral en un medio escrito, salvando la frontera de la pantalla que habla desde la oralidad pero escrita...)

(Nota del mono: El editor ha sufrido un colapso extraño. No volverá a ocurrir. No me separaré del teclado hasta que acabemos con esto, lo juro por mi padre. Por cierto, a mi padre lo conocen: Es el emoticono ese del monete que se tapa la boca pícaramente en el WhatsApp, vamos, el que se ríe con la “i”, pero no quiero volver al tema de las risas que nos liamos, nos habíamos quedado en el canalillo y las magníficas ubres de la camarera (Sí, los monos decimos “ubres” y no “tetas”, cosas simiescas que tampoco ha lugar que las explique ahora).)

-¿Las tetas otra vez?
-¡Uys! Sí, perdona...
-Nada, ya sabes. O sea que la risa válida y correcta es con “a” y tres sílabas.
-¡Correcto! Veo que has estado atenta y te has enterado de todo lo que he explicado.
-Por supuesto ¿Qué te habías creído? Soy una camarera y me entero de todas las conversaciones aunque no lo parezca.
-Perdona, no cumples el requisito básico de lo que yo considero el barman escuchador o el camarero psicólogo.
-¿Por qué? ¿Por mis tetas?
-Exactamente. Está mal que lo diga yo, pero ya que lo has dicho tú.
-Mis tetas no implican falta de inteligencia.
-Evidentemente, pero tampoco se requería demasiada inteligencia para comprender la teoría de las risas. Quizás un poco para aguantar mi conversación, pero por lo cansina, no por nivel demasiado elevado.
-Vamos, que alguien con buenas tetas no puede llegar a tu nivel intelectual...

Estaba sacando las cosas de madre. Parecía ella más obsesionada con sus tetas que yo mismo, que no podía evitar fijarme cada vez más, hasta el punto que había momentos en los que debía subir la mirada porque empezaba a olvidar cómo era su cara de acelga que tanto me había asustado, enamorado, despreciado, fascinado...




-Estás un poco obsesionada con el tema de tus tetas. Y luego dices que soy yo...
-Claro, no dejas de mirarlas y toda la conversación gira en torno a ellas.
-Porque tú quieres.
-Porque puedo...

Y dijo eso sosteniéndose las tetas con las manos y haciendo un ligero movimiento de alzarlas al cielo. Con mi fascinación por ellas no pude evaluar si era un comentario – movimiento jocoso, pícaro, agresivo, o de cualquier otra clase, porque no podía mirar su cara de acelga en esos momentos. 

-Pareces orgullosa de ellas.
-Puedo estarlo, ¿No?

¡Alarma! Pregunta trampa. Si respondía lo que creía al respecto, que es estúpido que alguien se sienta orgullosa u orgulloso de su cuerpo porque hay un gran componente genético del que no podemos atribuirnos ningún mérito y lo único que se podría hacer es felicitar a los progenitores, eso suena mal. Y si respondía que tiene mucho mérito construirse unas tetas así, asumiría y le haría ver que era consciente de que eran obra de un hábil cirujano y que el mayor mérito que tendría sería haber juntado el dinero para comprárselas y, en el mejor de los casos, la disciplina suficiente para trabajar en el gimnasio su mantenimiento, y eso, malo también. Aunque todo ello es estúpido porque yo, de natural humilde y de origen tímido y poco experimentado, soy de los que no valora la procedencia de las cosas mientras merezcan la pena. Algo así como encontrarse un billete de cinco euros en el suelo, que te da igual que acabe de salir del cajero y esté nuevito o que se le haya caído a alguien tras haber dado una tourné por Austria, pasando por Italia, moviéndose durante meses por Bégica, llegado a Francia y vía Portugal haber acabado en aquel lugar con mucha suciedad y algún que otro deterioro. No sabía qué responder...

-Claro.
-Claro, ¿Qué?
-Que sí, que claro.
-¿Claro que me puedo sentir orgullosa de ellas?
-A mí me encantan.
-Ya, ya me he dado cuenta. Mira, ven...

Y nos fuimos a la esquina de la barra, un poco apartados de la poca clientela del bar. Y con evidente intención de epatarme (Nota del mono: Siempre quise usar el verbo “epatar” en un relato y por fin lo he conseguido, felicítenme) metió su mano derecha de manera pícara por el escote y dejó al aire y ante mí, su maravilloso seno derecho. Tragué saliva y asumí que mi cara había pasado de normal (dentro de la normalidad que puede tener una cara como la mía) a la acelga, pasando por la babosa de río y a palidez aristocrática del que está a punto de darle un vahído. Se la guardó y creo que llegué a oír un sonido que provenía de su párpado izquierdo que bajaba y hacía un movimiento que podría llegar a ser un guiño. Y digo podría, porque evidentemente no lo vi.




-Bonita, ¿No?
-Ghdiedoeufden hasjhyue gtygbde...
-¿Cómo?
-Impresionante.
-Jajaja, joder tío, te acabo de enseñar una teta, podría decir algo más. No sé por qué me ha dado por ahí, pero... Ufff... Joder... Jajaja... ¿Ves? Hasta me estoy riendo de manera correcta.
-Pues no lo sé, no te estoy leyendo y no sé si estás riendo correctamente. Sólo tengo ojos para tu teta y no he querido distraerme leyendo lo que dices. Además, no podría valorar ahora eso.
-¡Jajaja! Venga, no me digas que no es la teta más maravillosa que has visto últimamente.
-Si, señora, si.
-¿O me vas a decir que puede haber alguna mejor por aquí?
-No, evidentemente, no hay demasiada gente por aquí hoy. Y menos con tetas. Y menos con esas tetas. Aunque yo creo que hay una mejor...
-¿Serás capullo? ¿Cuál?
-Tu teta izquierda.
-¿Cómo?
-Es una cosa personal, pero aún sin conocerla más que por su apariencia y por referencias que me ha dado su amiga de al lado, estoy convencido de que es mejor. Mejor, si cabe, ya sabes... Mejorando lo presente.
-¿Y por qué crees eso?
-Tengo querencia a las tetas izquierdas. Será porque soy diestro y el movimiento natural de mi cuerpo se dirige antes a ella que a la otra. A veces he pensado si los zurdos tienen querencia por las tetas derechas o no.
-No te la pienso enseñar. Ya has visto demasiado. Es más, no sé por qué coño he hecho lo que he hecho y estoy aquí hablando contigo.
-Porque hay poca gente en el bar y te aburres.
-Pues mira, sí. Voy a servir una copa allí, que me están pidiendo...

Y me sentí perdido. Perdido, solo y abandonado. Extraño como un naufrago en el Manzanares (Nota del mono: Joaquín Sabina patrocina esta historia y teníamos que meterlo como parte de la banda sonora), vacío como una isla sin robinsón...

Pasaron las horas y no se acercaba a mí. Seguía poniendo alguna copa, cargando cámaras de refrescos, hablando con el DJ, moviendo botellas, sonriendo a algún cliente... Pero para mí nada. Horas interminables, aunque luego me dí cuenta que fueron minutos, no muchos, aunque se me hicieron eternos. Su ausencia. 

Mi erección. Mi calentura. 

Fui a tomar aire para ver si se me pasaba un poco. Intenté cruzar mi mirada con la suya para que viera que salía y volvía cuando me fumara un cigarro y que no pensara que la abandonara, porque para abandonar tetas como aquellas estaba yo ahora... Pero no me vio.

Me fumé el cigarro y volví a entrar directamente al baño. Me encerré y dudé si volcar lo que me quedaba de farlopa de la noche anterior y meterme un tiro potente que me pegara un subidón, mear y salir rápido o meneármela de manera salvaje. Opté por mear...

Pero mi erección seguía ahí. Mear me resultó difícil y la excesiva fricción de los dedos en mi polla me hizo encontrar la excusa para hacer lo que tenía que hacer. Así pues, cerré el pestillo, me senté en el baño y continué con las fricciones hasta que empecé a sentirme un poco acalorado y turbado, comencé a estar muy bien y parecía que estaba sintiendo aquellas tetas en mi cara y su entrecortada respiración en mi faz de acelga. Casi podía oír su voz llamándome a gritos...

Hasta que me dí cuenta de que era su voz que me llamaba a gritos:

-¡Oye! ¿Qué haces ahí dentro? Está prohibido consumir drogas en este local, sal antes de que tenga que llamar al portero.
-No esttttoy consumieeeendo drogggas...
-¡Abre!
-Esssppeeeera un mmommento...
-¡Abre o la liamos!

Abrí. Aturullado abrí apresuradamente. No sin antes recomponerme un poco e intentar guardarme el miembro en el pantalón, empresa que resulto ardua y difícil.

(Nota del mono: Aquí dejaremos esto abierto para crear una ilusión extraña en usted y que no sepa si la dificultad de recogida de esa polla era debido a su descomunal tamaño en erección o a la tendencia de ir a la moda de su dueño que hace que últimamente vista pantalones muy ajustados como un buen moderno.)

-¿Dónde tienes la coca? No la habrás tirado, tonto, que venía a que me invitaras a una...
-Umm... Sí, ahora te pongo una...
-¡Jajaja! Ya veo... ¿Y eso es que tienes guardado un gran paquete de ella o te he sorprendido y te alegras de verme a mí y a mis amigas?




(Nota del mono: Pedimos disculpas por lo facilón, básico y manido de este diálogo. Evidentemente queda zafio y feo, pero el desarrollo de la conversación fue así de estúpidamente típico y convencional, y la escena en cuestión entró en una serie de vericuetos más o menos sórdidos, morbosos, extraños y calurosos, por lo que haremos una elipsis de la que saldremos indicando que hubo una felación en ese baño a cambio de un par de generosas rayas de farlopa y que cada uno por su lado, primero ella y luego él, salieron del baño disimulando, con los colores subidos al rostro, respingues de nariz y caritas de felicidad picaronas, similares a haber emitido una risa en “i” de más de tres sílabas a la manera del emoticono del monete que se tapa la boca con las dos manos en el WhatsApp)


-Vamos a cerrar ya mismo, ¿Te pongo la última?
-Sí, claro.
-Invito yo.
-Gracias.
-¿Por qué me miras así?
-¿Cómo te miro?
-No sé, no me miras las tetas, estás embobado mirándome la cara... Y debo de tener una carita de narices...
-Estás preciosa.
-Uyuyuy... Déjate de chorradas de esas, que no te pega.
-¿Y qué me pega?
-No sé, pero esas cosas no.
-No me conoces.
-Es verdad, pero te he chupado la polla y tú me has visto una teta. Nos conocemos más de lo que puedes conocer a mucha gente a nuestro alrededor y creemos que son conocidos.
-Aún falta que me enseñes mi teta preferida.
-No creo. Está muy dolorida de los achuchones que le has metido antes aunque te dije mil veces que no me apretaras tan fuerte.
-La emoción, ya sabes...
-Sí, la emoción, ya... Lo que pasa es que los tíos no sabéis tocar en condiciones una teta. Os creéis que hay que apretar cada vez mas fuerte, utilizar los pezones como si fueran granos que se pueden arrancar o diales de radio sintonizando los 40 Principales. Y no. No es así...
-Yo sé tocar tetas. Soy un auténtico profesional del tema. Siempre me ha encantado hacerlo bien. Antes no era un momento significativo para juzgarlo, era una situación extraña, pero déjame que te lo demuestre ahora cuando salgas. Además estoy deseando ver a mi teta preferida y luego mimar a las dos juntitas.
-¿Te queda coca?
-Ya has visto que he volcado.
-Bueno, pero podías tener más, ¿Yo qué sé?
-¿Qué pasa? ¿Que si no tengo más coca no hay teta para el nene?
-Dicho así queda feo, pero sí, algo de eso hay.
-Es cierto, suena feísimo.
-¿Te doy un vaso de plástico? Vamos a cerrar...


Y en ese momento, fundido a negro, empiezan a subir los títulos de crédito y parece que acaba el relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse, en el que me quedó por conocer a su teta izquierda, probablemente su mejor teta. 

Sólo probablemente...





B.S.O. I: Boys don't cry (The Cure)

B.S.O. II: Así estoy yo sin ti (Joaquín Sabina)

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