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miércoles, 27 de febrero de 2013

Obsesiones y Parafilias (Volumen 15): Palabras para ti, palabras para Julia o escribir poesía versión 2.0




"Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable"



Moonrise Kingdom



Un día pensé que todo iría mejor si escribiera más poesía. 


"Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido"



Antes de aquel día pensaba que a nadie le importa lo más mínimo si yo escribo más o menos poesía. A nadie le importa si quiero o sé escribir. A nadie le importa...




"Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso"



Mucho antes de aquel día todo era muy hermoso. Yo aún no sabía que quería escribir y menos, que tú me leerías. Estaba muy lejos aún de comprender que cada letra es un esbozo de la sonrisa que ponías al mirarme y todo era tan bello como esa sonrisa que me ponías sin que escribiera poemas.



"La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor"



Aquel día escribí pensando en ti, algo muy bello que yo creía un poema y cogió forma de cuento infantil. Lloré frustrado, lo rompí en mil pedazos y lo tiré al contenedor de papel más cercano porque tú querías una poesía y yo había escrito una aventura infantil de niños pequeños. Como un infante que no llega a la ranura del contenedor azul reciclé unos folios que llevaban impresos unas palabras que eran bellas para alguien que quiere un cuento, pero cursis para quien espera un poema.



"Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino


Different pages, same story  (by DaedaLusT)



Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso..."


Porque Julia eres tú. Julia es lo que siempre he escrito aunque te cambies el nombre y desaparezcas para martirizarme.


Siempre acuérdate.


Y hasta que lo recuerdes y yo aprenda a escribir poesía, me voy a Kamchatka. 


Porque Kamchatka es el lugar donde resistir...


Siempre SIEMPRE acuérdate.




PD: Versos de "Palabras para Julia" de José Agustín Goytisolo.

B.S.O.: Palabras para Julia (Los Suaves)




jueves, 17 de mayo de 2012

Obsesiones y Parafilias (Volumen 14): De planes dominicales, psicópatas y amores eternos




PARTE I:

 "Mi chico ha encontrado entretenimiento en su jardín"


Todos los domingos acostumbra a regar su jardín. Sobre todo la zona vallada. A esa sólo tiene acceso él. Mima y cuida cada centímetro de tierra y cada brote que crece en esa parte del jardín. Es su jardín.

Su pareja admira la dedicación que pone a ese pedacito de tierra. Nunca lo ha visto tan interesado en algo, pero piensa que es bueno para él. Después de todo, llevaba un tiempo muy crispado y con los nervios a flor de piel y desde que lo compró, cercó ese trocito de jardín y empezó a cuidarlo todo va mejor y hasta se la ve más alegre y risueño.

Incluso parece que en poco tiempo puede que el jardincito vallado dé fruto porque las matas están empezando a brotar de buena manera. Puede que sea lo que ha intentado darle siempre, lo que él solito ha encontrado en el huerto y eso es bueno para los dos. Sobre todo para ella.

Y eso le alegra.

Le mira desde la ventana ensimismado con las plantas. Es placentero mirarle y saber que todo va bien desde que valló esa parte del jardín. No se atreve aún a preguntar por qué echa sangre a la tierra, y mucho menos sugerir que pueda hacerse daño si sigue haciéndolo. Aún es demasiado pronto para discutir. Aún está todo demasiado reciente y lo importante es que empiece a estar bien como él crea mejor. 

Luego buscarán la manera de empezar a estar realmente bien.
Los dos...


PARTE II:

"Mi jardín es mi refugio. Es todo lo que tengo y es todo lo que necesito"


Puede que en unos días empiecen a crecer las tomateras. Esto va realmente bien. Aquí está todo. Aquí tiene lo que necesito. Aquí está lo único que le importa en esta vida. 

Nunca creyó que fuera a encontrarlo. Sabe que no es lo mismo, pero quizás sea la mejor manera de estar unidos para siempre. 

Su chica no lo entiende, pero le respeta. Sabe que se preocupa por él, pero no piensa nunca compartir lo que tiene en su jardín. Es su edén, su paraíso. Es lo único que tiene y lo único que le hace levantarse por las mañanas. Sabe que le mira desde la ventana y que se preocupa por él. Es muy buena, y sabe que sólo quiere lo mejor para él, pero él es más importante que todo eso. Después de lo mal que lo había pasado esos últimos tiempos, esto es lo más parecido a un paraíso que puede encontrar.

Le agradece su discreción. Le agradece que no se quiera meter en esto. Seguramente no lo entendería. Seguramente dejaría de estar a su lado, o algo peor.

Cree que últimamente se ha dado cuenta de que riega con un poco de su sangre las zonas importantes del jardín, pero no le ha dicho nada. Me vale así. No quiere inventarse excusas estúpidas. No quiere discutir con ella, es muy buena con él.

Está bien a su lado, pero si le hace elegir saldría perdiendo. Su jardincito es lo único que le importa a día de hoy. Si paraíso vallado es lo único que hace que el día a día sea cada vez más bonito y placentero

Las verduras crecen en la tierra abonada por sus restos. 


("El Sabor del Te" Katsuhito Ishii)



PARTE III: 

"Toda historia, de jardines o no, tiene un principio en un piso compartido y en un amor no correspondido"


Nunca le gustó la jardinería. Nunca pensó en cuidar con tal dedicación unas plantas. De joven tuvo una planta de marihuana en su habitación de aquel piso compartido, pero no es lo mismo. 

El la habitación del piso compartido donde la conoció.

Ángela le enamoró desde el primer día que se vieron. Desde aquella entrevista para pasar a ser el inquilino de la habitación de aquel piso compartido.

Ángela era la líder del piso. Vivaz, chispeante y preciosa. Atractiva hasta decir basta e inteligente hasta saber todo lo que a otros le gustaría y necesitarían saber.

Todo el mundo que pasaba por aquel piso sabía que estaba enamorado de Ángela. Todo el mundo sabía que haría cualquier cosa por conseguirla. Todos menos Ángela. O al menos, eso parecía, porque no es posible que conviviendo y siendo tan inteligente como era no se diera cuenta.



PARTE IV:

"Ahora tengo el jardín que siempre quiso tener la chica que siempre quise tener yo"


Vallado. 

A punto de dar fruto. Las plantas crecen bonitas y sanas. Las cenizas de Ángela (suena a libro no leído o a película no vista) forman parte del sustrato del jardín.

Vallado.

Para que nadie entre. Solo ella y él. Así es hoy su jardín.

Se empeñó en comprar ese pedazo de tierra en aquella antigua casa. La vida parecía devorarle después de la desaparición de la que había sido el amor (nunca consumado) de su vida.

Es curioso como alguien te puede atrapar sin responder nunca a tus demandas. Así estaba él con respecto a Ángela. Así acabó todo. 

El día después de que le echaran del grupo todo se precipitó. Su único refugio era la música y al verse fuera de aquel grupo dejó aflorar todo lo que tenía dentro. Algunos sabían que era un psicópata que componía y tocaba música para evitar pensar en el asesinato, en el suicidio, en la maldad.

Todos tenemos un pequeño o gran psicópata dentro al que adormecemos, drogamos, anulamos, escondemos, haciendo algo que lo aplaque. Él tenía la música y su obsesión por Ángela. Cuando la música salió de su vida, su obsesión por Ángela acabó en un último acercamiento frustrado que la condujo a aquel descampado donde la enterró fríamente.
Compró la tierra y pensó en dejarla salvaje, como era Ángela, y alquilarla para que pastasen las ovejas. Pensó que si fornicaba con las ovejas que habían comido la hierba que crecía de sus restos, siempre tendrá la sensación de estar follándose constantemente a la chica que nunca le quiso besar.

Después vino lo de plantar tomates.

Ansía la llegada del verano lleno de gazpachos de amor. De amor psicópata. 

Dicen que ha vuelto a tocar la guitarra y componer canciones. 
Dicen que es otro desde que se mudó al campo. 
Dicen que su pareja le ha hecho mucho bien. 
Dicen muchas cosas...

Sólo él sabe que tuvo que pensarlo mejor antes, pero todos sabemos que hacemos algo para no dejar salir al exterior el psicópata que todos llevamos dentro. 

Él lo tiene controlado… De momento. 

Y sueña con beber gazpacho a todas horas en cuanto broten los tomates…





B.S.O. :

 “Soy un animal” (Los Toreros Muertos)

martes, 8 de mayo de 2012

Obsesiones y Parafilias (Volumen 13): Vidas lejanas, raíces y narices




B.S.O. : "Todo por la napia" (Siniestro Total)



Siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias. Aquella mañana me había despertado tarde, como tantas veces, pero con malas noticias, como tantas otras...

Esa mañana las noticias estaban lejos, muy lejos. Las noticias estaban donde pasé los primeros años de mi vida, donde tengo las raíces. 

Donde dicen que se tienen las raíces, porque yo no he dejado de regarme por todo el mundo. Y las raíces no me han anclado a ninguna tierra y a ningún sitio concreto. Por eso me sienta tan mal que corra el viento, aunque se flexible como el junco y no tieso como el ciprés que diría el Talmud.

Por eso, aunque siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias, me sentí obligado a hacerlo. No miré atrás. Sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad.

Esa mañana llegaron las noticias y tuve que salir corriendo. Me dijeron que ya no había vuelta atrás, que había muerto y no me lo habían querido decir hasta entonces. Me enfadé. De esa manera que alguien se enfada para tapar algún sentimiento que le oprime. Sin sentido, por hacer algo diferente y no dejarme caer en la emoción. Me enfadé por no haber sido avisado con tiempo.

Debería haberlo sabido, pero por mí mismo, no porque me avisaran antes o después. El enfado no tenía sentido y no era justo. La urgencia me comía y tenía que salir corriendo.

Pillé el primer avión que pude, enfadándome nuevamente, esta vez con el aeropuerto, con los fabricantes de maletas que no son estables cuando corres mucho, con quien decide el espacio entre asientos en los aviones de bajo coste, con las azafatas que insisten en convencerme que en un vuelo tan corto no podía pedir más whiskys pagara lo que pagara...

Nadie de mi familia estaba en el aeropuerto esperándome. Estaban velando el cuerpo y además no sabían cuando llegaba. Volví a enfadarme. Esta vez con los fabricantes de baterías de móviles, con los taxistas que no hacen turnos de noche y con los que, aunque lo hacen, no usan desodorantes y son del Real Madrid...

Enfado tras enfado hasta el cabreo final.



Llegué al tanatorio a tiempo. Al menos eso creía. Allí estaban todas y todos. Sorprendidos por verme. Y volví a enfadarme. Por su sorpresa, por sus palabras vacías, por sus abrazos lacrimógenos, por ese interés que tenían todos en contarme los bueno que era y la desgracia que es que siempre se vayan los mejores y además, de que se vayan tan jóvenes.

Me enfadé porque me estaban haciendo perder el tiempo. Quería verlo. 

- ¿Estás seguro?
- Claro, he venido a eso.
- No es agradable.
- Ya supongo...

Entré en la sala. El ataúd estaba cerrado. Llevaba horas cerrado allí y la gente estaba en el pasillo. Nadie pasaba a verlo, no se atrevían. Pero en cuanto yo entré, la mayoría se acercó al cristal para ver cómo me acercaba a abrir el ataúd y ver qué coño hacía allí, sin parar, tras llegar totalmente acelerado y visiblemente enfadado y sudoroso.

No era agradable, no. Pero no había vuelta atrás. Llevaba puesto un traje precioso, como de boda de un hijo. Aunque nunca vio casarse a ninguno de ellos, parece que guardara ese traje para una ocasión especial, y esa, sin duda lo era. Pero nadie quería verlo, aunque estuviera muy elegante.

Busqué en sus manos, entrelazadas sobre el pecho, pero no había nada. Las separé y miré bien en sus mangas. Nada. Los bolsillos exteriores de la chaqueta no tenían más que alguna estampa religiosa y una poesía que no quise leer, y un par de botones seguramente recuerdo de alguien que no quise saber qué significaba ni quién era.

Ahora sí que me estaba enfadando de verdad. 

Me estaba enfadando con ganas y con razón.

Me enfadaba cada vez más recordando cuando me sentí obligado a vivir muy lejos. Recordando cuando no miré atrás porque sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. En ese momento que supe que vivir muy lejos tendría consecuencias, pero que tendría que haber tenido la cabeza más fría y haber cogido todo lo que me pertenecía antes de partir.

Y si no cogí todo lo que me pertenecía, al menos tendría que haber recuperado lo que era mío e iba a necesitar para el resto de mi vida, porque podía pasar algo como aquello. Y había pasado y ahora no había vuelta atrás. Tenía que encontrarla como fuera.

Desabroché la chaqueta y empecé a rebuscar enfadado y nervioso en los bolsillos interiores. 

- Pero ¡Qué coño estás haciendo!
- Déjame, estoy buscando una cosa.
- No tienes respeto ninguno.
- Nunca lo he tenido, lo sabes...

La cosa empezaba a ponerse difícil. 

Yo estaba cada vez más enfadado, y la gente que andaba por allí se estaba empezando a enfadar, pero conmigo, simplemente por buscar lo que era mío y necesitaba.

- ¿Crees que puedes venir aquí, a estas horas, abrir el ataúd y ponerte a revolver sin el menor respeto? 
- Lo estoy haciendo, ¿No lo ves? Además, no creo que le esté faltando el respeto a nadie.
- Mira la gente. Está impresionada. Están asustados. No tiene ni idea de lo que pretendes, nadie ha querido ni ha podido ver el cuerpo… ¿A ti no te impresiona?
- Por supuesto, y me está costando… Pero dejadme tranquilo, necesito una cosa.
- ¿Qué cosa? ¿No te puedes estar quieto?
- Voy a coger lo que es mío. Y lo voy a coger ahora, dejadme tranquilo.
- ¡Dios! Esto no hay quién lo soporte… Voy a llamar a todos para que te detengan y te estés quieto.
- ¡¡¡Déjame!!! Estoy buscando y como sigas así no voy a terminar nunca, ¡Joder!

Ahora ya estaba completamente enfadado. 

Con todos esos que se estaban arremolinando en torno al cuerpo para importunarme y conmigo mismo por no encontrarla. Y más aún, por no haber cogido en su momento todo lo que me pertenecía, al menos haber recuperado lo que era mío e iba a necesitar para el resto de mi vida, porque podía pasar algo como aquello que había pasado. Tenía que haberlo hecho cuando me sentí obligado a vivir muy lejos y me fui sin miré atrás porque sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. Y ahora, las consecuencias que siempre supe que vivir muy lejos tendría, estaban encima de mi, y estaban empezando a ser cada vez peores por la incomprensión de todos los que allí estaban y se estaban enfadando por lo que estaba haciendo. Tenía que encontrarla como fuera.

- ¡¡¡Ya está bien!!! Estate quieto ya, por las buenas o por las malas, no nos hagas montar un escándalo… Hoy no. Aquí no. Ahora no.

Me agarraron y me separaron del ataúd. Quise revolverme pero me enfadé aún más y eso me tranquilizó y respiré…

- Sólo vengo a por lo que es mío.
- ¿Nos vas a decir qué es lo que buscas más allá de montar un escándalo en el tanatorio?
- Eso es mi problema. Pero he venido de muy lejos a por ella y no me pienso ir sin recuperarla. Es mía, sólo mía…

Se hizo el silencio. Y empezaron a hablar todos a gritos. Sólo entendía una cosa: “Está muy feo venir aquí después de tanto tiempo por tu interés a buscar cosas que quizás no sean tuyas, habrá que esperar al testamento”.

Ahí ya me encendí. No pude más:

- Me da igual testamentos y herencias: Lo que es mío, es mío, y lo pienso recuperar ahora mismo. Son muchos años esperando.
- Podrías esperar que se enfriara el cadáver…
- Al cadáver ya le da igual.
- No te entendemos. Esperábamos que ibas a tener cara como para ponerte a pelear por la herencia, pero no así…
- No pienso pelear por la herencia. Sólo quiero lo que es mío…
- Como todos.
- No. Yo sólo quiero lo que es mío. La herencia os la podéis repartir como os plazca. 
- Es lo que pensábamos hacer. No queremos saber nada de ti, como tú no has querido saber nada de nadie estos años…

Me volví a enfadar. Quizás, simplemente el enfado subió de intensidad, porque no había dejado de estarlo desde mucho tiempo atrás, pero me estaba alterando demasiado.

- ¡¡¡Iros todos a tomar por culo!!! 
- Tranquilo… Estate tranquilo, no la montes, por favor…
- Dejadme que la encuentre y me iré enseguida…

No pude decir más. 

Algo me pinchó en el brazo y lo siguiente que recuerdo es verme en las sillas del tanatorio con todo casi desierto. Había gente alrededor pero parece que velaban a otro muerto. Me dolía terriblemente la cabeza. Supuse que me habían drogado. Recordaba una enfermera pululando por allí momentos antes de perder la conciencia, mirándome como si escondiera algo. No podía respirar. Como siempre.

Y esa asfixia me recordó que siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias. Que nada tendría que ver con las raíces, donde dicen que se tienen las raíces. Me asfixiaba por no haber mirado atrás, aunque supiera que si hubiese mirado, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. 

Pero podría respirar.



Pensé buscar un abogado, presentar una demanda. Luchar por la herencia, aunque no me interesara más que lo que era mío. “Como a todos” me diría mi letrado y me prometería un buen reparto. Pero yo sólo quería lo que era realmente mío. Lo que dejé atrás y no me llevé conmigo.

Quería mi nariz. 

Aquella que me robó cuando era niño y que nunca había podido recuperar. 

Quería volver a respirar y dejar de asfixiarme.

Quería…

Entonces, y sólo entonces, me di cuenta: Estaba respirando. No había recuperado mi nariz, eso era seguro, pero estaba respirando por primera vez en mucho tiempo.

Quizás volver por allí me hizo recobrar la nariz sin que yo lo supiera, porque no estaba asfixiado como solía. 

Como me ocurría desde que salí a vivir muy lejos.

A lo mejor mi nariz se quedó en un bolsillo interior de aquel elegante traje mortuorio y no la recuperaría nunca, pero volvía a respirar.

Por eso, aunque siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias, me di cuenta que volver a intentar recuperar aquella nariz robada en mi infancia, en la última oportunidad que tenía de hacerlo fue una buena idea. No miré atrás. Sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. 

Aunque tuviera que vivir una vida sin sueños ni nariz... 

Porque, precisamente, el no tener sueños ni nariz era una certeza bastante más real que todo lo que me había pasado en aquella vida desde entonces...


Siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias…




B.S.O. (II): "Mi nariz" (Andrés Calamaro & Andy Chango)




martes, 24 de abril de 2012

Obsesiones y Parafilias (Volumen 12): Besos húmedos



“Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”
(Blade Runner, Ridley Scott, 1982)





El otro día lloré hasta quedarme seco. 

Te lo dije y me besaste como sólo tú sabes hacer. Inmediatamente un río volvió a brotar en mi interior. Volví a sentirme completo. Y húmedo. Sólo tú sabes besar de manera que todos mis torrentes interiores surjan del subsuelo.


El otro día intenté llorar por ti. 

Te lo dije y me besaste como besas a todos. Inmediatamente mis reservas húmedas se estancaron y empezaron a oler a agua sucia y podredumbre. Me sentí seco aunque las reservas de mis pantanos interiores superaban el nivel habitual para estas fechas. Sólo tú sabes besar de manera que todos mis riachuelos interiores sigan siendo humedales poco dignos de ser visitados por nadie.


El otro día lloré por los dos e inundé nuestra habitación. 

Te lo dije y estabas besando a otro, como sueles hacer. Inmediatamente busqué un salvavidas que me evitara morir ahogado. Sólo tú sabes besar bajo el agua y respirar a la vez.


Hoy he decidido llorar sólo por mí

Te lo he dicho y has decidido que salgamos a navegar. Alta mar nos espera y tus besos salados serán el mejor naufragio.



domingo, 17 de julio de 2011

Obsesiones y Parafilias (Volumen 11): De gallumbos o gayumbos y pensamientos



"Creo que cometí un terrible error al dejarte entrar a ti y a tus calzoncillos doblados en mi vida" 
(Bridget Jones: Sobreviviré)

Soy tu héroe en gallumbos. Así lo decía. Como si fuera una verdadera heroína en calzoncillos.

-    ¿De quién son esos calzoncillos?
-    Andan por casa hace mucho tiempo. ¿A que me quedan bien?
-    A ti todo te queda bien, pequeña
-    Lo sé, sobre todo estos gallumbos

No sé de quién serían esos calzoncillos. No me importaba lo más mínimo. Al menos en esos momentos. Estaba preciosa. Como siempre. Como nunca. En calzoncillos ajenos o en la vestida desnudez que me mostraba menos de lo que me gustaría.





-    ¿No me vas a contar de quién son?
-    ¿Qué más te da? Me los pongo mucho para estar en casa. Me encaaaantan. (Alargaba la “a” enfatizando infantil y maravillosamente su gusto por aquella prenda y eso me encantaaaaaba) Me quedan genial y son súper cómodos.
-    Pero, ¿De quién son?
-    ¿Qué más te da? ¿Quieres que me los vuelva a quitar? ¿Quieres verme totalmente desnuda otra vez?

Claro. Siempre. Desnudamente vestida.

-    ¿Así mejor?
-   Uff… Cuando te echas encima de mí totalmente desnuda siempre es mejor que cualquier cosa.
-    ¿Más que cuando te echas tú encima de mí?
-   Es una manera de hablar. Me encaaaanta (Enfaticé la “a” como solía hacer ella) sentirte en mis brazos, sentirnos desnudos, aunque a veces estemos vestidos
-   Pues entonces voy a ponerme otra vez los gallumbos. Total, te da igual…
-    No me entiendes
-    Ni tú a mí

Claro que nos entendíamos. Mejor que nunca nos habíamos entendido con nadie. De una manera íntima, donde hasta las estrellas envidiaban nuestros cuerpos haciéndose uno. Vestidos de completa desnudez.

-    Lo que no entiendo es cómo lo hacéis cuando se os pone dura…
-    ¿A qué te refieres?
-  Con estos gallumbos digo, no sé cómo pueden soportar eso cuando os ponéis cachondos y se os levanta.
-    Bueno, depende...
-    ¿De qué?
-  Del calzoncillo, de lo cachondo que nos pongamos, de quiénes seamos...
-    Tú por ejemplo
-    Yo no tengo problemas
-    ¿Por? Tus gallumbos son parecidos a estos…
-    Pero mi tamaño es menor
-   Eso no te lo crees ni tú. Te la tengo muy vista, ahí no te puedes montar películas

Y se lanzó con una sonrisa a mi polla y la hizo desaparecer en su boca. Se aplicó con deseo, sin que yo pudiera –ni quisiera- mediar palabra.

-    Ahora por ejemplo. Ahora mismo esto no cabe en mis gallumbos
-    Bueno, mi talla es más grande, pero no por el tamaño de mi polla, sino por mi tamaño en general
-    ¿Tu tamaño en general?
-   Sí, el tamaño de todo yo. Las personas solemos estar proporcionadas, digan lo que digan. Aunque ya te digo que no tengo muchos problemas con el tema.
-  Joder. Pues será lo que tú quieras, pero a mí me encaaaaanta (La “a” nuevamente)

Y siguió. Y siguió. Y siguió con los gallumbos puestos. Y se los quise quitar mientras ella seguía entretenida haciendo un trabajo de campo en mi entrepierna. Y no llegué a quitárselos. Y ella no quería que se los quitara.

-    ¿Quieres follarme?
-    Si tú quieres…
-    No es lo que yo quiera
-    Sí, es lo que tú quieras
-    Pues estate quieto

Y siguió. Y siguió. Y siguió con los gallumbos puestos. Y se los quise quitar mientras ella seguía entretenida haciendo un trabajo de campo en mi entrepierna. Y no llegué a quitárselos. Y ella no quería que se los quitara.

-    Estate quieto
-    Quiero follarte
-   Y yo quiero que me folles. Pero no me quites los gallumbos
-    Me da igual.

Ahora ya sí que me daba igual. Se los aparté como pude para introducirme dentro de ella. Y lo hice. Y se agarró a mi espalda como nunca. Y se agarró a mi espalda como siempre. Y nos sentimos desnudamente vestidos como nunca, como siempre.

-  ¿Sabes que estuve con un chico que le ponía mucho follarme con sus gallumbos puestos?
-    Eso no es nada raro. Se llama “aquí te pillo y aquí te mato”
-    No. Digo YO con SUS gallumbos puestos
-    Y a ti te encantaaaaaba
-    A mí me encaaaaantas tú
-    Pues deja que te quite los calzoncillos
-    No, ahora no, deja que te la vuelva a chupar

Y siguió. Y siguió. Y siguió con los gallumbos puestos. Y ya no se los quise quitar. Y no llegué a quitárselos. Y ella no quería que se los quitara. Y no pude dejar de pensar en aquel chico al que le ponía follar con ella con sus gallumbos puestos.

Y ya no pude dejar de pensar…

Aunque sintiera que allí sólo estábamos ella y yo, desnudamente vestidos, dando envidia a las estrellas que nos iluminaban.

Pero ya no pude dejar de pensar...



Postdata aclaratoria (Innecesaria como siempre, inútil como de costumbre):
En este post se ha utilizado la palabra “gallumbos” con “ll” por una mera cuestión circunstancial. No tenemos constancia si la escritura correcta de dicha palabra es “gayumbos” o “gallumbos”, ya que no aparece en el diccionario de la RAE. Si alguien entendido en argot puede dar algo de luz al tema estaríamos muy agradecidos…




miércoles, 2 de marzo de 2011

Obsesiones y Parafilias (Volumen 10): Escribir el futuro, amar y la frustración como modo de vida.

Cada vez me quedan menos páginas por escribir. Siento que el futuro, que nunca supe qué era, se me escapa de entre los dedos sólo por haberlo tocado sin permiso.
 
No soy ni la sombra de aquel que nunca soñé ser.
 

 
 
Cuando se anhela algo, aunque no se tenga muy claro lo que puede llegar a ser, se vive persiguiéndolo, sin ningún problema, con subidas y bajadas en el ánimo acorde a lo cerca o lejos que se sienta uno en cada momento. Al no conocer el destino, simplemente se van comprando billetes. Se va disfrutando del camino, que siempre es más bonito que el destino, aunque uno no lo sepa. Crees que en algún momento puede llegar ese destino a ti, porque ya tocaba o simplemente porque eres tan sumamente gilipollas que crees que puede llegarte en algún momento.

Y no, no es así… Hay un tipo de personas, un jodido y extraño tipo de personas, que a pesar de llevar la sonrisa más deslumbrante por tarjeta de visita, de llevar la vida que todo el mundo DICE que le encantaría llevar, de ser fascinante para todo el que se acerca y quiere verlo tienen la condena de caer en el abismo de no sólo no anhelar nada claro, sino de encima ser terriblemente conscientes de ello.

A tomar por culo el mundo: Es muy jodido no creer en nada. Ni siquiera en uno mismo.

¿Cómo se puede ir por la vida de inteligente y ser tan terriblemente cándido?

Si le das a alguien un libro en blanco, con todo lo que ello conlleva, se abre el corazón y con gusto es arañado y mutilado, pero cuando los bálsamos lo tienen más dulce y sano, propones: ¿LO ESCRIBIMOS JUNTOS? Y te das cuenta que lo que crees tú que va a escribirse es la cumbre de las letras mundiales y te cierran el libro de golpe para descubrir que te han escrito un folletín romántico y convencional sólo te queda perder la fe en la literatura y no querer volver a leer.

¿De qué cojones sirve ahora llevar un libro entre las manos? ¿De qué sirve si sabes que si os ponéis a escribirlo en algún otro momento va a salir una novela aún peor? Ni folletos propagandísticos saldrían ya. Al menos cuando llevaba el libro y no aparecían las musas siempre tenías la esperanza de que en algún momento llegara la inspiración. Y si no llegaba, por lo menos era bonito y quedaba muy cultural llevar ese libro entre las manos. Ahora será mejor llevar una revista ya escrita, menos interesante, pero por lo menos no miente: da lo que promete… nada.

Vuelve a sentirte un objeto. 
 
Vuelve a sentirte utilizado.

Siempre es mejor sentirte utilizado, que ignorado… 
 
Pero joder... ¡CÓMO DUELE!


jueves, 11 de noviembre de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 9): La chica que soñaba con ser el dedo pulgar de la mano derecha de Robert De Niro introduciéndose en la boca de Juliette Lewis en una escena de El Cabo del Miedo.

¿Recuerdas el 6 de Octubre de 1999? 
Necesitabas huir y yo no quería que te fueras. Sé que había hecho algo malo y que era imposible que quisieras seguir a mi lado. Pero no podía aceptarlo. Eras lo último que podía consentir perder. Nada en el mundo me importaba más que retenerte a mi lado. Al precio que fuera. Costara lo que costara. Aún en contra de tu voluntad.
 
No te fuiste. 
No sé muy bien qué fue lo que te convenció para que te quedaras a mi lado. Probablemente me viste tan vulnerable, tan insegura que en contra de todos tus principios decidiste dar un giro total a tu vida y mantenerte cerca de mí. Y no me abandonaste.
 
 
 
Vivía obsesionada con Juliette Lewis chupándole el dedo pulgar a Robert de Niro en El Cabo del Miedo. Aunque mi obsesión siempre estaba más enfocada en el dedo.
 
El dedo es algo de lo que no gusta hablar en público. Para mí, el concepto dedo me acompaña desde bien chiquitita, pero nunca quise hablar de ello con nadie. Salvo con ella.
 
En una de las escenas más eróticas de la historia del cine, Juliette Lewis, está en el teatro de su instituto para conocer a su nuevo profesor, que resulta ser Robert De Niro, un ex convicto, que dedica su vida al salir de prisión a hacérsela imposible al abogado – Padre de Juliette que lo defendió de los cargos de violación a una adolescente, del que tiene la certeza de no haber hecho todo lo posible por ganar su juicio…
Vivo obsesionada con Juliette Lewis en esa película. Pero sobre todo, vivo obsesionada con el dedo pulgar de la mano derecha de Robert De Niro. Sé que es algo que no podrá salir de mí en la vida.
Mientras viva. Y mientras ella esté a mi lado, seguiré viva. Aunque ya no quiera hablar de dedos.
 
Escarbas en mi memoria y entre millones de historias, te recuerdo el día en que nuestra profesora de gimnasia me introdujo el dedo en la boca tras pasarme la mano cariñosamente por su redonda cara.
 
Aquello provocó nuestra primera discusión. Yo no te entendí entonces. Tú no me entiendes ahora. Sólo éramos dos niñas. La noche de 6 al 7 de Octubre de 1999 seguíamos siendo dos niñas. Hoy todavía pensamos que lo somos.
 
¿Recuerdas el 7 de Octubre de 1999? 
Fue el día después. Fue un día duro. Necesitabas huir y yo no quería que te fueras. Sé que había hecho algo malo y que era imposible que quisieras seguir a mi lado. Pero no podía aceptarlo. Eras lo último que podía consentir perder. Nada en el mundo me importaba más que retenerte a mi lado. Al precio que fuera. Costara lo que costara. Aún en contra de tu voluntad. Ese día ya había ganado una batalla: La del día anterior.
 
 
 
Ha pasado el tiempo.
 
Vivo obsesionada con Juliette Lewis chupándole el dedo pulgar a Robert de Niro en el Cabo del Miedo. Aunque mi obsesión siempre estaba más enfocada en el dedo.
 

martes, 3 de agosto de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 8): Policía, Brackets y Amores Perdidos.

La policía ha entrado en mi casa esta tarde.
No han encontrado nada. 
No sé muy bien qué iban buscando, pero no lo han encontrado.


Recuerdos del pasado:


En aquellos tiempos tú me adorabas. Yo estaba un poco por encima. Tú llevabas brackets y yo tenía una dentadura perfecta. Hacíamos una pareja maravillosa, si una pareja puede llegar a serlo o parecerlo. Te adoraba, pero no te lo decía.

No te dije nunca todo lo que te quería, no te dije nunca todo lo que te querré siempre. No creíste nunca todo lo que te quería, no creíste nunca todo lo que te querré siempre.

Te acomplejaban tus brackets y no te sentías del todo guapa. Siempre te dije que estabas preciosa con brackets, pero te lo tomaste a broma. A broma, como tantas otras cosas.
Pasó el tiempo. Olvidamos que nos queríamos y dejé pendiente ese poema que te debía. No llegué a cantarte como mereces. 
Despertaste de los complejos y pasaste a ser una diosa, pero a mí me gustabas con brackets, aunque nunca me tomaste en serio.
Dejamos de querernos, dejaste de llevar brackets.




Frustraciones del presente:


El tiempo nunca nos separó del todo. 
Ahora todas te adoran y yo soy sólo una más. Ahora eres perfecta, aunque antes siempre me encantaran todas esas cositas con las que tú no estabas del todo contenta. 
Estabas preciosa con brackets y ahora tus dientes iluminan el camino a seguir a un montón de gente.
Te quiero más que nunca, aunque ya no recuerdas cuando llevabas brackets.



La policía nunca los encontrará. 
Tus brackets son parte de mi vida y los tengo muy bien escondidos, en el cajón de los bonitos recuerdos. 
Bajo llave, para que no se escapen.


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miércoles, 7 de julio de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 7): Las Mantis Religiosas



Nunca me gustó morir. 
Es algo para lo que nunca estuve preparado. 
 Hay veces que la vida te depara sorpresas, hay veces que la vida se convierte en muerte.


Me acerco a ti aunque sepa que me vas a matar. Aunque piense que quizás me acerque a ti precisamente por eso. Quiero ser devorado mientras copulamos salvajemente. Quiero que te comas mi cabeza, aunque no vayamos a tener un puto futuro. 

Yo te busco, mantis religiosa.

Me arrastro para que seas la mujer que se coma mi cabeza mientras copulamos como fieras, mientras follamos como insectos. La hembra dominante que sabe que un rato con ella no deja que la vida posterior merezca la pena y te mata. Para que me devores.

Me obsesionas, mantis religiosa. 

Tu monstruosidad sin conciencia aparente, sin debilidades visibles, seducen y dejan a tu paso un reguero de sexo y muerte. Quiero que me poseas, aunque en ello encuentre mi perdición, aunque encuentre un merecidísimo y mortal castigo.

Pasaré por encima de las cabezas cortadas de los que sufrieron lo mismo que yo, los que se obsesionaron contigo. Saltaré cualquier obstáculo buscando la muerte copulando contigo. 

Eres sublime, no especialmente bella, pero desprendes un infinito atractivo y una gran personalidad. 

¡Cómo caminas!
Cómo exhalas el humo a tu antojo sin que nada parezca importar a tu alrededor, tu peinado, tus gafas negras, tu aura, tu vestido… 
Todo totalmente medido. Todo controlado.

Te presentas fácil, accesible, y a la vez inalcanzable. Sólo te podré poseer si me convierto en tu esclavo, en el bufón de tu corte, en tu chico de los recados...

Te muestras fría, pero sé que eres ardiente. Tu apariencia frígida esconde el placer infinito. Tú eliges y llevas las riendas. Y sé que me vas a matar.


“Siempre he tenido debilidad para lo que yo llamo mujeres kamikaze. Las llamo kamikaze porque, bueno, se estrellan con el avión. Son autodestructivas. Pero se estrellan contra ti y tú te mueres con ellas”

 No eres una mujer kamikaze por las que tenía devoción Woody Allen en Maridos y Mujeres. No eres de aquellas que se lanzan vertiginosamente a la vida y deciden chocar contra mí: Soy yo el que te va a buscar, aunque sepa que el choque es mortal.

Eres una de las cosas, con absoluta certeza, por las que merece la pena vivir, aunque ese punto álgido de mi vida signifique mi muerte.



La perversidad humana no tiene límites:
¿Hasta qué punto, puede llegar la imaginación y la maldad de la mantis religiosa?
¿Hasta qué punto puede llegar a dominar una mujer como tú?

Quién es más perverso entonces...

¿Tú o yo?


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!