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viernes, 30 de noviembre de 2018

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 47): Escribir(te) una canción.


Es viernes.
Pero podría ser cualquier otro día.
No tengo nada qué hacer.
Sólo pensar en ti.
(Sí, sigo poniendo tilde en “sólo” para diferenciarlo de “solo” aunque la R.A.E. haya dicho que no debe hacerse ya. Soy un talibán de diferenciar el concepto “solamente” del concepto “estar solo”).

Tengo mucho tiempo libre.
Pero podría ser cualquier otro día.
Eso me hace pensar más en ti.
(Voy a escribir letras de canciones hasta hartarme para que odies todo lo que nos pasó).





Pero si no se entera nadie, ¿para qué me sirve?
Repito. 
Por los altavoces:
(Voy a escribir letras de canciones hasta hartarme para que odies todo lo que nos pasó).



Ya casi ni me acuerdo de ti porque pienso en otra.
Pero esa ya es otra historia...
(Voy a escribir letras de canciones hasta que otra quiera que nos pase algo).






viernes, 24 de octubre de 2014

Dance me to the end of love




Nunca quise llegar a este punto. Al menos de manera consciente no lo recuerdo. Por supuesto que hay algo mágico, que atrae y que fascina. Pero en la historia de la vida de cualquier persona, este punto debería quedar reservado para verlo en alguna película, no para vivirlo en primera persona.

La sublimación del amor cuando llega la muerte. O morir por amor. Pero morir porque el amor alcanzado es a lo más alto donde se puede subir. Acostumbrados estamos a escuchar que alguien muere por amor pero de manera muy negativa y sentimos lástima por la persona fallecida. Yo nunca debí llegar a asumir que tras la belleza más inmensa sólo cabía la muerte porque no podría soportar después de aquello seguir vivo sin volver a sentirlo. Porque sentirlo otra vez, sería imposible.

¿Se puede sentir la plenitud, la belleza o la sublimación de todo cuando llega la hora de acabar, de morir?

¿El momento más bello puede ser el que precede al final de todo?



Leonard Cohen, escribió “Dance me to the end of love” cuando tuvo el conocimiento de que en algunos campos de concentración durante el Holocausto nazi, junto a los crematorios, se hacía tocar música clásica a ciertos presos mientras sus compañeros eran exterminados. Explicaba Cohen, que “el verso ‘Llévame bailando hasta tu belleza con un violín en llamas’ alude a la belleza de la consumación de la vida al final de la existencia y al apasionado elemento de la consumación. Pero es el mismo lenguaje que usamos cuando nos rendimos al enamoramiento, de ahí la canción (…) no importa que todo el mundo conozca la génesis de la canción, porque si el lenguaje viene de ese recurso apasionado, éste será capaz de abarcar cualquiera actividad apasionada”. Se inspiró en un momento hermoso, un rasgo de belleza previo al final de todo, una hermosa flor que surge en medio de los peores momentos de una de las mayores mierdas de la historia de la humanidad.

La historia no escrita de mi vida es un camino en el que nunca he sabido bien dónde ir, pero en el que he estado completamente seguro de hacia quién. Como no está escrita tampoco he sabido nunca usarla. Usarla como a mí me hubiera gustado o cómo el mundo hubiera necesitado. Y de ahí el sufrimiento. No saber dónde ir, pero sí hacia quién.

Cuando empezaron a sonar los acordes y el lala lalalala lalalala lalaláde las coristas supe que era el momento. De tenderte la mano, agarrar la tuya y acercar tu cuerpo al mío para mecernos al compás de una de las más bellas canciones jamás escritas para que dos cuerpos se dejen llevar y se hagan uno bajo el influjo de la música. “Dance me to your beauty with a burning violin” y así hasta que me lleves contigo hasta el final del amor. El único final posible. Aunque no hayamos tenido ningún inicio que merezca la pena reseñar. A pesar que gran parte de mi vida es la historia de ese amor.

Se puede sentir el momento más bello cuando es imposible caer más bajo en la mierda simplemente porque sabes que se va a acabar. Hubo un tiempo en el que ella me quería como a nada en este mundo. O así lo sentía yo. Era el momento en el que supe que cada día estaba más fuerte para afrontar mi pasado. Lo que nunca supe era que afrontar mi pasado y con ello llegar al culmen de mi vida en el presente, implicaría no tener más futuro que ninguno. Por eso gocé como nunca bailando Dance me to the end of love a la vez que me estremecía saber que cuando llegara el último acorde tendríamos que separar nuestros cuerpos y todo habría acabado para siempre. Al menos para mi cuerpo.

La historia que escuchó Leonard Cohen sobre los cuartetos de cuerda que estaban obligados a tocar en algunos campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, mientras los prisioneros entraban a los hornos crematorios dio origen a que un día escribiera “Dance me to the end of love”. Una canción o un poema no es más bello o mejor porque sepamos de dónde viene o qué lo inspiró, pero nos da pistas que hace que lo podamos sentir más o menos. Aquella frase, "dance me to your beauty with a burning violin" refiriéndose a la belleza de la consumación de la vida, al término de esta existencia y al elemento pasional en esa consumación.




Leonard Cohen nunca conoció a Diana. Tampoco tiene la mayor importancia. Creo que nadie conoció ni conocerá a Diana como yo lo he hecho. Conociéndome a mí mismo a su lado. Por eso toda nuestra historia llega a culminarse aquel día que bailamos “Dance me to the end of love” sin saber qué día era, ni qué estábamos haciendo más allá de comulgar una primera, última y perfecta e irrepetible vez. De una vez y para siempre. Siempre que ya será nunca. Porque yo no puedo seguir queriendo más de lo que ya lo he hecho. Y ya no hay nada más allá.

Reconozco en ese baile lo único que tiene sentido. Lo único a lo que puedo aferrarme. Todo en mi vida ha sido y es provisional. Todo es pasajero. Nunca considero que lo que hago o vivo sea definitivo porque si no tendría que afrontar el hecho de que no hay nada más. Todo salvo ese baile. Salvo bailar con ella “Dance me to the end of love”. 

"Baila conmigo hasta el fin del amor. Oh, déjame ver tu belleza cuando los testigos se hayan ido.” 

Aunque sepa que te pone, como a muchas otras, tener espectadores mientras nos amamos. Eso no tiene importancia. Cuando suena la canción y tu cuerpo y el mío son la misma cosa, entregada a bailar hasta el fin del amor. Hasta el final de todo.

Diana algún día creerá entender todo esto. Ahora no es importante. La vida sigue y el futuro existe cuando el presente deja que pensemos en él. Yo ya no estoy. Ha acabado la canción. Nada tiene sentido ya, al final del amor. Al que hemos llegado bailando siendo uno.


Y al que no volveremos jamás.

Porque ya no voy a estar.




B.S.O.: Dance me to the end of love (Leonard Cohen)

 

martes, 15 de abril de 2014

Terminará el domingo...


- Terminará el domingo y yo seguiré esperando la canción que me habías prometido.

- No sé hacer canciones.

- No hace falta saber. Ponle música a lo que ven tus ojos.




Hice el movimiento de taparme los ojos con las manos y sonreí. Cuando volví a la normalidad y recuperé la visión, ella ya no estaba allí. Me asusté. Me asusté como hacía mucho tiempo que no me asustaba. Me asusté y me sentí estúpida por estar siempre jodiendo las cosas con mis bromas. Y estuve asustada hasta que sentí sus labios en mi espalda.


- ¿Por qué no me quieres más?

- Te quiero más de lo que podemos soportar las dos.

- Yo puedo soportar todo. Hasta el peso de tus tetas.

- Yo no puedo soportar que bromees con mis tetas cuando estás echándome en cara que va a terminar el domingo y sigues esperando la canción que dices que te había prometido.

- Me lo habías prometido.

- Me confundes con otra.

- Nunca.


Lloré de impotencia porque sabía que me estaba mintiendo. Lloré esperando que terminara el domingo y que se olvidara de todo aquello. Lloré porque no creo en las canciones. Lloré porque no creo en la poesía. Lloré porque tengo motivos de sobra para haber perdido la fe.


- No creo en la poesía ni en las canciones.

- ¿Por qué? Eso es muy duro. Tú no eres así.

- Tú no sabes como soy.

- Te quiero y eso implica saber cómo eres.

- Te gustan mis tetas y eso implica creer que me quieres y que sabes cómo soy.

- Eres una cínica.

- Tengo mis motivos.

- Dime alguno.

- Podría enumerártelos pero llegaríamos al domingo que viene.

- Dime dos o tres.


Recordé cómo un día le pregunté a mi librero por qué todas las hojas de los libros que vendía estaban arrugadas y amarillentas y me confesó que sólo compra y vende libros que hacen llorar y que dejan poso de lágrimas y tristeza en sus páginas. Lloré y recordé que no quise hacerle ver que regentaba una librería erótica porque seguramente él ya lo sabía.


- Rimbaud acabó vendiendo armas en África hastiado de escribir.

- Vale, dime otra.

- Sidnead O´Connor acabó poniendo anuncios para follar con hombres peludos.

- ¿Quién es Sidnead O´Connor?

- Un buen día, Mark David Chapman compró un ejemplar de “El Guardián Entre el Centeno”, escribió en él "Esta es mi declaración" y firmó como "Holden Caulfield", mató de cuatro tiros a John Lennon, y se quedó leyéndolo hasta que le detuvo la policía.

- Me gustó mucho ese libro.

- Es un libro para adolescentes.

- ¿Alguna vez piensas en mí de verdad?

- Constantemente, y eso me impide hacer más cosas, como aprender a tocar la guitarra para hacerte una canción.

- ¿Alguna vez piensas?

- Terminará el domingo y yo seguiré masturbándome envuelta en sudores y calurosas preguntas.

- Terminará el domingo...


(Just Reading by Lust for Leica)



Recordé a mi librero. Lo recordé y supe que lo último que los dos querríamos ser en este mundo era gente de ciencias. Gente que supiera explicar por qué huele tan bien una librería vieja. Por qué tienen un olor tan embriagador los libros antiguos. Nos gustaría seguir siendo de esa clase de personas que lo primero que hace al agarrar un libro es olerlo, sin saber muy bien a qué se debe ese aroma tan maravilloso que percibimos en ese momento. Siempre, sin pensarlo demasiado, deducimos que el olor de los libros se da por sus componentes, entre ellos, entre ellos la tinta y el papel. 

Lo terrorífico fue conocer que el papel está conformado por una cierta cantidad de lignina, el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal, del que nunca antes habíamos oído hablar. Una lignina cuya función principal es darle firmeza a la madera de los troncos para que los árboles permanezcan erguidos y puedan crecer y no se conviertan en comida para microorganismos o enzimas. Por ello el papel, al venir de los árboles, tiene cierto nivel de lignina, lo que lo hace tener cierta resistencia y dureza. Pero al pasar el tiempo, la lignina se oxida. Esa oxidación es la que hace al papel ponerse amarillo, por eso los libros antiguos son así. Pero lo fundamental en este asunto es que cuando se oxida la lignina desprende más olor. Y la lignina, como todo en este mundo, tiene familia. Una familia en la que tiene un vínculo muy especial con la vainilla. Primas hermanas. El olor a vainilla entonces se suma a matices que llegan de los compuestos químicos empleados en la confección del libro, como el pegamento o la tinta. Y ahí viene el olor. Y eso es lo que no deberíamos conocer ni mi librero ni yo. Porque no somos gente de ciencia.

El problema es que este olor tan romántico, tan embriagador, también es un síntoma inequívoco de que el libro se está destruyendo. Como cuando cae el sol y empiezas a pensar que terminará el domingo...





domingo, 21 de abril de 2013

Terminará el domingo...





Terminará el domingo y yo seguiré esperando la canción que me habías prometido.

No sé hacer canciones.

No hace falta saber. Ponle música a lo que ven tus ojos.


Hice el movimiento de taparme los ojos con las manos y sonreí. Cuando volví a la normalidad y recuperé la visión, ella ya no estaba allí. Me asusté. Me asusté como hacía mucho tiempo que no me asustaba. Me asusté y me sentí estúpida por estar siempre jodiendo las cosas con mis bromas. Y estuve asustada hasta que sentí sus labios en mi espalda.




¿Por qué no me quiere más?

Te quiero más de lo que podemos soportar las dos.

Yo puedo soportar todo. Hasta el peso de tus tetas.

Yo no puedo soportar que bromees con mis tetas cuando estás echándome en cara que va a terminar el domingo y sigues esperando la canción que dices que te había prometido.

Me lo habías prometido.

Me confundes con otra.

Nunca.


Lloré de impotencia porque sabía que me estaba mintiendo. Lloré esperando que terminara el domingo y que se olvidara de todo aquello. Lloré porque no creo en las canciones. Lloré porque no creo en la poesía. Lloré porque tengo motivos de sobra para haber perdido la fe. 


No creo en la poesía ni en las canciones.

¿Por qué? Eso es muy duro. Tú no eres así.

Tú no sabes como soy.

Te quiero y eso implica saber cómo eres.

Te gustan mis tetas y eso implica creer que me quieres y que sabes cómo soy.

Eres una cínica.

Tengo mis motivos.

Dime alguno.

Podría enumerártelos pero llegaríamos al domingo que viene.

Dime dos o tres.


Recordé cómo un día le pregunté a mi librero por qué todas las hojas de los libros que vendía estaban arrugadas y amarillentas, y me confesó que sólo compra y vende libros que hacen llorar y que dejan poso de lágrimas y tristeza en sus páginas. Lloré y recordé que no quise hacerle ver que regentaba una librería erótica porque seguramente él ya lo sabía.


Rimbaud acabó vendiendo armas en África hastiado de escribir. 

Vale, dime otra.

Sidnead O´Connor acabó poniendo anuncios para follar con hombres peludos. 

¿Quién es Sidnead O´Connor?

Un buen día, Mark David Chapman compró un ejemplar de “El guardián entre el centeno”, escribió en él "Esta es mi declaración" y firmó como "Holden Caulfield", mató de cuatro tiros a John Lennon, y se quedó leyéndolo hasta que le detuvo la policía.

Me gustó mucho ese libro. 

Es un libro para adolescentes.

¿Alguna vez piensas en mí de verdad?

Constantemente, y eso me impide hacer más cosas, como aprender a tocar la guitarra para hacerte una canción.

¿Alguna vez piensas?



Terminará el domingo y yo seguiré masturbándome envuelta en sudores y calurosas preguntas.

Terminará el domingo...




B.S.O. I: Nothing compares 2U (Sidnead O'Connor)

B.S.O. II: God (John Lennon)



sábado, 30 de marzo de 2013

Tirando de archivo en tiempos revueltos


Ahora que parece que Kim Jong Un está revuelto y la va a liar parda, rescatamos algo publicado el 19 de diciembre de 2011 en cabezadeavestruz, con motivo del fallecimiento de su papi, Kim Jong Il, también conocido como "Querido Líder".


Además, no podemos resistirnos a la tentación de colocar una foto del personaje, disfrutando en un tablao flamenco, porque en el fondo, viendo su foto, quién podría imaginar que el "Brillante Camarada" tenga aterrado a medio mundo porque se puede poner a enredar con sus juguetitos...


¡Ozú, quillo!






“Querido Líder” (Ese extraño Obituario de Kim Jong Il en el que no debí dedicar el poco tiempo que me dejas para escribir)



“Algún día olvidarás
Que te llevé al arcoíris
Algún día sufrirás 
Por no verme en tus sueños
Algún día mi niño
Algún día…”

(Inicio de la canción que intenté escribir en una servilleta de bar mientras te mandabas mensajes por WhatsApp con otra y fingías escucharme)




Yo nací el mismo año en el que a Kim Jong Il se le empezó a conocer como “Querido Líder”. 

Mucha gente puede decir lo mismo, pero casi ninguna es como yo. Mis compañeras de colegio tienen hijos y te etiquetan en fotos con ellos en el Facebook para felicitarte las fiestas. Mi poco inexistente espíritu maternal se reafirma en su ausencia con estos hechos.

Cuando Kim Jong Il nació, el 16 de febrero de 1942, aparecieron una estrella y un doble arcoíris en el cielo, según la propaganda oficial. La montaña en la que nació, el monte Paekdu, es desde entonces un lugar sagrado.

Donde yo nací, creo que sigue existiendo una clínica, pero ahora se llama de otra manera y es privada.

(Kim Jong-suk, madre del fallecido "Querido Líder")


Cuando yo empecé a tener uso de razón se decía que a estas alturas viajaríamos en coches voladores, pero yo sigo aguantando a taxistas que me hablan de lo mal que está todo cuando vuelvo a casa después de salir de algún sitio de borrachera en las frías madrugadas de soledad autoimpuesta.

Hoy ha muerto Kim Jong Il y dicen que ha sido de agotamiento físico y mental en un viaje en tren. Yo moriré en algún momento del futuro y no sé qué medio de transporte me puede servir de coartada para la versión oficial en mi obituario.

En la televisión salen imágenes de norcoreanos llorando desconsoladamente por la pérdida de su “Querido Líder”.  Al instante cortan para publicidad para emitir los inevitables y recurrentes anuncios de colonias de estas fiestas. Al volver de publicidad hablan del Real Madrid y de Cristiano Ronaldo y el mundo puede seguir su curso.

Y mientras, yo seguiré viva mientras sepa que me quieres como soy, aunque eso a nadie le importe, ni venga a cuento tal y como está el mundo que nos rodea… 

Y sigo sin terminar esa canción que te debo desde que decía que era poeta…






“Algún día olvidarás 
Que tuviste pesadillas
Algún día recordarás
Aquel oro al final 
(del arcoíris)”


(Final de la canción que intenté escribir en una servilleta de bar mientras te mandabas mensajes por WhatsApp con otra y fingías escucharme)


jueves, 31 de enero de 2013

Método para dejar de fumar al estilo de Jeremy Irons.







Franky siempre había sido una persona muy peculiar. Peculiar es una palabra sencilla y no puede abarcar todo lo que podríamos decir de Franky como persona, pero las palabras, como para tantas otras cosas, se quedan cortas para expresar certeramente lo que siempre había sido Franky.

Peculiar y pintoresco. Dogmático y creativo. Raro. Pero con mucha personalidad. Tanta como para pasarse media vida estableciendo teorías que a todos nos parecen más o menos descabelladas, cuando no absurdas, y hacerlas ley de vida. O para crear comportamientos y rutinas en base a su peculiar (¿Otra vez peculiar? ¿No hay otra palabra?) manera de enfrentarse al mundo.

Recuerdo bien cuando le dio por dejar de fumar. Sin decírselo a nadie, a su bola, sin que se notara demasiado. Sin que se notara más que por una cosa: Se iba mimetizando progresivamente con el Jeremy Irons atormentado y enfermizo de sus mejores películas.

Recuerdo que mi padre, analfabeto funcional para el cine, siempre reconocía a Jeremy Irons en cuanto salía en la pantalla de la televisión y decía aquello de “Este hombre ya va a empezar a pasarlo mal” refiriéndose al que él llamaba “El que hizo Kafka, y estaba fabuloso el tío”.

Mi padre era así, en muchos aspectos como Franky ¿Peculiar? Algún día tendré que mirar seriamente lo de apuntarme a un cursillo de incremento vocabulario o meterme de lleno en el acopio y estudio de palabras polisémicas que palíen ciertas carencias tan peculiares como esta que me abruma ahora mismo. Como no poder encontrar el término adecuado para definir a Franky en el aspecto que estoy contando y que la única palabra que me cuadre, cuadre perfectamente con un padre cuasi analfabeto cinematográficamente que a pesar de ello conoce a Jeremy Irons aunque lo llame “El que hizo Kafka, y estaba fabuloso el tío” y que en todas sus apariciones vaya a sufrir, a pasarlo muy mal y, sobre todo, a arrastrar una existencia atormentada y apesadumbrada en la película de turno.

Quizás debería compatibilizar mi curso de vocabulario con una visionado intensivo de la filmografía de Jeremy Irons, porque todo lo que me viene a la mente cumple a rajatabla con la teoría de mi cinematográficamente analfabeto padre: Kafka, Herida (Damage), Madame Buterfly, La casa de los Espíritus, Belleza Robada, Lolita... 

Jeremy el atormentado, sin duda. 

Algún día alguien le tendrá que hacer un homenaje en tonos grises, con música barroca de fondo, tipo “El Atormentado Jeremy Irons y sus tribulaciones”.




- He inventado el método definitivo para “dejar” de fumar.
- ¿Sí o qué? ¿Y cómo es el asunto? ¿Y por qué dices el “dejar” entre comillas?

Se creó un silencio incómodo entre los dos. ¿Cómo era posible que yo viera las comillas de “dejar” si estábamos hablando? Quizás, así, escrito todo parece una tontería sin importancia, pero estas letras son reflejo de una situación hablada, donde las comillas no salen. El silencio amenazaba con explotarnos en la cara y el fantasma de la atormentada presencia de Jeremy Irons planeaba por encima de nosotros con cara de no entender nada de lo que estábamos hablando, de las comillas de “dejar” y de que su vida fuera una tortura psicológica que amenazaba con derrotarlo. ¿Debía romperlo yo de alguna manera? ¿Proponer sexo en ese momento era adecuado aunque los dos supiéramos que era una mera excusa para romper el silencio incómodo?

- El “dejar” entre comillas es porque realmente no quiero dejar de fumar.
- Entonces, ¿Para qué un método para dejar de fumar?
- “Dejar” de fumar, perdona.
- Vale, “dejar” de fumar, ¿Para qué?
- Yo no quiero dejar de fumar. Yo sólo quiero “dejar” de fumar sin más. Quiero volver a los tiempos donde fumar tenía sentido. No excederme en el fumar porque sí. No fumar sin más. Quiero “dejar” de fumar, y para ello, no hay mejor método que fumar siempre con un sentido y un por qué.
- ¿Porque "te gusta" no vale?
- No. Sabes que acabo fumando como un condenado y no recuerdo si me gusta o no, sólo fumo. Como tú.
- Tienes razón. Dime.
- Sólo fumar cuando se hace algo bien. Cuando se cumple.
- ¿Cómo?
- Solamente fumar tras una razón clara. Sólo fumar cuando me haya “ganado” el cigarro. Convertir el acto de fumar en una recompensa.
- O sea, a ver si lo entiendo: ¿Sólo vas a fumar cuando hagas algo bien? ¿Cuando te digan que está bien hecho? ¿Cuando pienses que te lo mereces? ¿Cuando consigas algo?
- No, no... Esto es válido para todo el mundo. Piensa: ¿Cuál es el cigarro que más apetece? ¿Cuál es el cigarro al que más le cuesta renunciar todo el mundo que quiere dejar de fumar?
- ¿El de después de comer?
- Exacto. El de después de comer, el de después del sexo, el de después de cagar, el de después de hacer algo placentero...
- ¿El de después de cagar? Tengo que decirte que para mucha gente es al contrario, por la mañana temprano...
- Bueno, eso son detalles.
- Y uno de mis mejores amigos no perdona el cagar con el cigarro, ni antes ni después.
- Olvídame. Tú casi no fumas y no quieres “dejarlo”...

Y tras su evidente enfado, se dispuso a contarme, con todo lujo de detalles su maquiavélico plan que cambiaría el mundo del tabaco y de nuestras relaciones con él. Todo el mundo hace algo. Algo que merece la pena. Y si no lo hace, para qué plantearse “dejar” de fumar o nada. Cada cual debe coger su tarea principal, su desarrollo personal y ponerlo antes del cigarro. Así se podría provocar una simbiosis importantísima entre el fumar y el desarrollo personal. Fumar sólo al terminar de enlazar los cuatro acordes principales de la canción que estás escribiendo, un cigarro tras terminar de grabar la toma adecuada de lo que estás creando, el pitillo de después del punto que cierra ese párrafo maravilloso...



Fumar así haría que forzáramos nuestra creatividad aunque fuera por la necesidad de fumar. Nos obligaríamos a trabajar en lo que nos hayamos metido aunque sea simplemente por las ganas de echarnos un cigarro.

El cigarro de después nos llevaría a multiplicar el antes de manera brutal.

Sólo fumar tras hacer algo bien o tras el sexo.

- ¿Cuánto llevas sin follar? -le dije sin pensarlo demasiado.
- ¿Es una proposición?
- No, es curiosidad.
- Ni me acuerdo...
- Pero, ¿Estás llevando a cabo tu método para “dejar” de fumar?
- Claro. Me va genial.
- Hace siglos que no escribes nada bueno...
- Más hace que no follo.
- Entonces casi ni fumarás. Eso es bueno.
- Qué va, fumo un montón más que antes.
- ¿Y eso?
- Me masturbo compulsivamente...

Se creó un silencio incómodo que estuve a punto de romper agarrándole el paquete y proponiéndole sexo por compasión, pero no hubiera estado bien.

- Pero... ¿Tanto?
- Más

Empecé a hilar todo. Su progresiva mimetización en Jeremy Irons tenía un porqué.

- ¿Fumas más que antes?
- Mucho más. Me la pelo constantemente.
- Pero...
- Tranquila... Puedo “dejarlo” cuando quiera.

Volvieron las comillas. Esta vez las acompañó con unos dedos que hicieron el típico gesto de entrecomillar pero que a mí sólo me transmitieron una frenética actividad en su entrepierna.

- Hablando de Jeremy Irons: ¿Qué cara pondría en una cena romántica, a la luz de las velas, con Amaia Montero cantándole eso de “Te voy a escribir la canción más bonita del mundo”? No sé, acabo de pensarlo...

Franky era así. ¿Peculiar?

Y se hacía muchas pajas últimamente (No le quedaba otra)




B.S.O.: "Qué bien me lo paso" (Los Enemigos)



martes, 5 de junio de 2012

Cuando queríamos ser Johnny Deep…





"Para mí, lo más importante acerca de la vida en este planeta es saber quién diablos eres y ser real al respecto. Esa es la razón por la que todavía estoy vivo"
 (Keith Richards)





Se retiró a los Estudios de Grabación en aquella pequeña isla del Caribe. Un pequeño lujo sólo al alcance de los más grandes. Se lo había ganado a pulso. Años y años pateándose los antros más infectos conviviendo con el público menos agradecido que se puede llegar a encontrar, dieron paso a una época mejor que progresiva y sorpresivamente (para el gran público, no para quienes la conocemos) la llevó al estrellato.

Ahí se vino todo abajo.  

Lo tenía todo a su disposición. El mundo a sus pies. La crítica la ensalzaba y el público masivamente la adoraba. Reventó. No pudo soportarlo. Desapareció del mapa. Pero no podía vivir sin componer. Lo llevaba en la sangre. Era una droga que sabía que tarde o temprano la mataría, pero que no podía (ni quería) evitar tomarla.

Tras una misteriosa desaparición de casi dos años en la que no se supo nada de ella (Muerta por las drogas, arruinada por su adicción al juego, víctima de unos desamores interesados o mil millones de diferentes y escabrosas versiones se dijo entonces) apareció en una foto de un paparazzi que andaba de vacaciones por aquella pequeña y poco transitada isla caribeña.

Era ella, sin duda alguna. Aparecía en la foto en una playa semidesierta, sola y enfrascada en la lectura de un libro.

Tras analizar detenidamente la foto y aplicarle varios zooms con las técnicas más modernas, se filtra al mundo que el libro que lee es “Sobre lo espiritual en el arte” de Kandinsky.

La elección de ese libro, su postura en la butaca, la orientación de su cuerpo hacia el mar y el sol, la soledad de su figura, el color de su bikini… Todo fue analizado hasta la saciedad para crear teorías sobre su ausencia en los últimos tiempos, y su presencia y reaparición (no planeada) en las noticias del mundo entero y en los foros de admiradores de todas partes.

Incluso se filtró una canción. Alguien robó un máster del estudio de grabación en aquella pequeña isla del Caribe y la vendió a la prensa. Vivió mucho tiempo aterrada con la posibilidad de ver algún video o foto suya comprometida por ahí. Eran muchas las personas en las que había confiado en su vida, y alguna de ellas (más de las debidas) tenía pruebas en foto o video de sus tórridos encuentros. Pero aquello le dolió mucho más. Se filtró una de sus últimas creaciones.


"Quiero ser Johnny Deep
Quiero verte sonreír
Sentir que me deseas
Amarte como creas
Y dejarte morir..."


Ahí empecé a hilar toda la historia. Sería muy complicado explicar cuán importante era para mí que en aquella canción saliera el nombre de Johnny Deep. Resultaría largo y tedioso contarles porqué aquello tenía todo el sentido del mundo. Sólo les explicaré que en nuestros últimos encuentros, durante mucho tiempo, nos referíamos a los buenos tiempos, a nuestros tiempos,  diciendo aquello de “cuando queríamos ser Johnny Deep”.

“Cuando queríamos ser Johnny Deep” yo estaba convencida de que ella triunfaría tarde o temprano y que se olvidaría de mi. Ella estaba encantada pensando que estaba destinada a triunfar tarde o temprano y que sería yo la que la olvidaría a ella, o me apartaría sin más. Ni el éxito ni nada por el estilo nos separó, fuimos nosotras mismas las que olvidamos el tiempo aquel “cuando queríamos ser Johnny Deep”.

Lo comprendí todo, creo, mejor que nadie. Evidentemente seguí el asunto con un angustioso y morboso interés digno de cualquier maruja que compra revistas del corazón pero dice que tampoco le interesa demasiado.
Lo último que se supo de ella fue un extraño reportaje en aquella revista musical que tanto le gustaba. Fue el único medio que tuvo acceso consentido a ella, porque ella así lo quiso. Y el entrevistador, con ínfulas de grandeza y aspiraciones de Pulitzer hizo un trabajo muy alejado de lo que, seguramente, ella hubiera querido:








Revista “Musical Star”. Edición Norteamericana, número 721, Marzo del 2012, página 12 (Extracto):

- Entrevistador: Dicen que tu carrera es como una montaña rusa y que eres multidisciplinar y muy inquieta. ¿Qué podemos esperar de ti en el futuro más lejano? ¿Qué quieres ser de mayor?

El silencio se hace en aquella cafetería del hall del Hotel donde realizamos la entrevista. Nuestra misteriosa, y hasta ahora, desaparecida amiga resopla resignada. Parece que va a salir con uno de sus temibles exabruptos que tanto nos dan que hablar a los periodistas, pero sube la mirada, con una humildad impropia de una estrella de su magnitud, con cierto dolor incluso y me dice, muy tiernamente:

- Ella: ¿Me guardas un secreto? Lo único que me pido a mí misma, porque a la vida no le puedo pedir nada que yo no pueda darme, es nunca llegar a ser esa señora de unos sesenta años a quien la vida parece haberle pasado por encima y que me dé cuenta de ello. Sólo pido eso, nada más. Lo demás tendrá sentido si yo lo siento bien.




Dijo su agente tiempo después de que todo acabara, seguramente esperando alguna oferta por la biografía que estaba escribiendo, queriendo demostrar que sabía más que nadie sobre ella, que el día que salió publicado aquello se enfadó con la revista, con el entrevistador y, sobre todo, consigo misma. Una vez más había confundido una confidencia, un coqueteo, una amabilidad, con algo que no era…

Contaba que cuando conoció a Keith Richards, uno de los puntos más álgidos de su carrera, escuchó de su boca que nunca se fiara absolutamente de nadie, y menos si le mostraban admiración o la adulaban desmesuradamente. Le explicó que ser Keith Richards es mucho más de lo que la gente le demuestra a Keith Richards y mucho menos de lo que quieren hacer creer a Keith Richards. 

Yo nunca creí la historia de que conoció a Keith Richards. Pienso que fue la única mentira que me contó en su vida. Pero siempre me encantó la manera en la que imitaba a Keith Richards diciéndole “no te fíes nunca de nadie, ni siquiera de mí… Sobre todo de mí”, aunque supiera que era una invención más.

Una creación como tantas otras. 

Maravillosa.




A partir de ahí, la historia se definirá y concretará en el homenaje que le dan este mes en el Madison Square Garden. Se rumorea que Johnny Deep será el maestro de ceremonias. 

Sé que nunca se conocieron. Pero yo, que sorprendentemente estoy invitada, también sé qué significaban aquellas manos entrelazadas “cuando queríamos ser Johnny Deep”…

Cuando todo esto pase, será el momento de hacer balance, de volver a escuchar sus canciones, de rebuscar en su obra honrando su memoria. De agradecer a quien corresponda, la suerte de haberla conocido y haber estado cerca en sus mejores tiempos.

Hoy sólo me queda el consuelo de lo que fuimos. 

Y me disculparán ahora. Les prometo que algún día contaré toda la verdad de aquellos días “cuando queríamos ser Johnny Deep”…


B.S.O.: Wild Horses (por Keith Richards y amigos)



martes, 3 de abril de 2012

Acuse de recibo sin demora



"Si pudiera escribir una canción sobre cómo me siento ahora mismo, sería un éxito"
("Badlands", Terrence Malick)


Algunos días abrimos el mail
Algunos días pensamos que era mejor no abrirlo. 
Algunos días damos gracias por tener mail y recibir cosas. 
Algunos días creemos necesario contarlo. 
Algunos días son como hoy...
 
 


Sólo hoy pensamos que es indispensable cortar y pegar tal y como ha llegado:


“Buenas noches (por decir algo):

No sé quién o quiénes andáis detrás de esto. No sé si eres mujer, hombre, cosa o compendio de todo. Por ello me permitirás/éis que me refiera a quien me quiero referir como si fuera una cabeza de avestruz, cómo parece que te/os denomináis.
 
Mi estimada cabezadeavestruz (He visto que suele ir escrita así, todo junto y en minúsculas):
Hace tiempo que fantaseo con la idea de mandarte un mail. La timidez y el sentir que no soy quién para hacerlo me echaban para atrás. Pero lo que más me echaba para atrás era el pensar que ni siquiera le darías importancia.
 
Para mí es muy importante esto que escribo. Para mí no ha sido fácil dar este paso.
 
Necesito decirte, mi querida cabezadeavestruz, que me tienes desconcertada. Sé que no soy quién para decírtelo, pero creo que conociéndote como te conozco, prefirirás que te lo diga.
 
Sí, te conozco. Son muchas horas acompañándote (o debería decir mejor acompañándome tú a mi) y son muchos momentos íntimos los que hemos vivido.
 
Hace un buen tiempo alguien nos “presentó”. No te voy a contar concretamente ni cuándo ni cómo te vi por primera vez. El caso es que llegué, entré, miré de reojo y los rosados de tu aspecto me estuvieron a punto de echar fuera y dejarte en el olvido (o no conocerte) para siempre. Pero por alguna razón, a saber cuál, no me fui, entré y empecé a conocerte.
 
Empecé a acercarme a ti.
 
Vi en ti a alguien que me conocía sin saber de mi existencia. Vi que tenías algo que otras no tenían. Vi cosas que ahora mismo no recuerdo porque han ido evolucionando y creciendo con el paso de los días, con mis visitas a tu cuerpo, con mis lecturas en la oscuridad.
 
Empecé a acostumbrarme a tenerte cerca. Tomé como rutina saber que estabas ahí. Sólo tenía que conectarme a internet y te encontraba. Siempre. Fiel a mí, como nunca nadie lo ha sido. 
 
Llegué a fantasear, aunque sabía que no era más que eso, una fantasía, con el hecho de que escribías solo para mí. Todas tus palabras eran un canto a mi persona. Aunque escribieras sobre algo de lo que no tenía la menor idea o narraras algo que no comprendía o que aparentemente no me debería interesar. Eras tú en cuanto arrancaba cabezadeavestruz y yo ya tenía bastante.
 
Pero, ¡Qué ilusa era!
 
Como buena drogadicta, me fui acostumbrando a tus dosis, y cada vez quería más. Mejor dicho, cada vez me hacían menos efecto las que me dabas. Sé que no es justo, que era culpa mía. Que nadie se engancha a algo porque le obliguen. Que cuando una se mete algo tiene que saber lo que se está metiendo y los riesgos que conlleva. Pero si esto fuera realmente así, no habría drogadictos en el mundo. Y, sinceramente, por mucha fascinación inicial que tuviera contigo, nunca pensé que me pudiera enganchar de esta manera.
 
Pero sí, pasó.
 
Y empecé a sentirme como una drogadicta con dinero. Tenía mis dosis. De cuando en cuando eran suficientes y otras me sabían a metadona. Pero iba tirando. No fallabas. En algún sitio leí que una vez que pruebas la heroína es muy difícil que nada te pueda parecer igual porque realmente no hay nada comparable a la sensación de esa sustancia entrando en tu cerebro. Creo que en Trainspotting decían eso de que cogieras tu mejor orgasmo, lo multiplicaras por mil y ni siquiera así estarías cerca de esa sensación del buen chute de heroína.
 
Mezclaba días de caballo con días de metadona. Pero sobrevivía. No quiero decir que estuviera mal, pero sabía que no era bueno aquello. Y cuando pensaba en que quizás debía desengancharme un poco, cuando mi día a día me alejaba un poco de ti, volvía a picar, y resultaba que ése, precisamente ése, era el mejor chute que nunca había recibido. Y volvía a creer en ti, mi heroína particular. Y volvía a pensar que siempre estarías ahí, haciéndome llegar a sitios que ni sabía que existían.
 
Y, sí. Si te lo estás preguntando, sí. He tenido orgasmos contigo. No diré exageradamente que se parezca al tema que te he comentado que se dice en Trainspotting, pero sí, me has hecho volar muy lejos alguna vez. Me has excitado y me has hecho flotar. Algunas veces me he tocado porque no me quedaba otra. Otras lo he hecho porque me apetecía. El problema es que algunas ni siquiera me apetecía, ni me motivabas, pero quería hacerlo…
 
Les hablé a mis amigas de ti. Algunas se acercaban tímidamente. Otras no me hacían ni caso. Sospecho de un par de ellas que se han enganchado a ti aunque no me lo confiesen. Y luego están las locas…
 
Llega a ser todo tan extraño que paso de sentir la necesidad de gritarte al mundo, de compartirte con todas, de compadecerme de quien no te conoce o no te degusta, para encontrarme irritantemente celosa por las que se quedan prendadas de ti. Es una estupidez, lo sé. Tú ni siquiera me conoces, pero no puedo evitarlo.
 
Y me lío y no concreto…
 
Te preguntarás: ¿Qué coño me está diciendo esta tía? ¿Quién cojones es?
 
Pues mira, bonita: Da igual quién sea, aunque puedes ver mi dirección de mail y estoy identificada. Lo importante es que yo sí sé quién eres. Al menos, quién muestras que eres, como te he dicho al principio. Y por lo poco (o mucho) que te conozco y por lo que comentas constantemente por aquí, quieres, necesitas, pides insistentemente, que te comentemos, que te leamos, que te sintamos, que te digamos cosas… Pues aquí estoy. Y como, además, soy de las que ha hecho esto suyo y me he acostumbrado a creer que escribes para mí, me veo en la obligación de decirte todo lo que te estoy diciendo (para ponerte en antecedentes sobre todo) y gritarte todo lo que te voy a decir a partir de este punto.
 
ERES UNA CABRONA INSENSIBLE Y EGOÍSTA
 
Hace tiempo que no me emocionas.
 
Hace más tiempo aún que me da la impresión que escribes por escribir, que lo que publicas no es lo mismo que publicabas. Aquí te daré el beneficio de la duda y repartiré la responsabilidad conmigo misma como lectora voraz, porque supongo que no puedes sorprenderme, excitarme, conmoverme, turbarme, tocarme como antes y porque no debe ser fácil seguir escribiendo cosas como las que escribías, una y otra vez, según va pasando el tiempo. Admito la dificultad de seguir con ello y te eximo en parte de culpa porque es imposible que mantengas la tensión emocional que tenías en tus primeros tiempos. Entiendo que habrás perdido algo de interés en el tema, e incluso lo disculpo en parte, pero…
 
¡¡¡Llevas desde el 21 de Marzo sin escribir nada!!!
 
Estamos a 3 de Abril.
 
¿Te parece normal? ¿Te parece justo?
 
Me acostumbraste desde el principio a un ritmo más o menos regular de una publicación a la semana. Generalmente los Martes. En tu favor diré que muchas veces ese ritmo aumentó, aunque también otras veces disminuyó por publicaciones absurdas y simbólicas, o simples reseñas de otras publicaciones que no tienen ningún interés para mí. Pero llevas 13 días sin aparecer por aquí.
 
Llevo 13 días esperando…
 
Y esto ya es DEMASIADO.
 
Has bajado el nivel. Esto es así y lo sabes. Y ahora ESTO: ¡¡¡13 días!!! Me gustaría que no llegaran a más, comerme este mail, pero reviso antes de mandártelo y siguen siendo 13 días. No quiero que lleguen a 14...
 
Si has desaparecido, lo podrías decir. Por lo menos, escribe una buena despedida.
 
Creo que me lo merezco.
 
Creo que mucha gente (ya que te enorgulleces de ello, y tan a gala llevas los muchos que pasamos por aquí) merece una buena despedida.
 
O al menos, cruzo los dedos para que sea así, una buena explicación.
 
Que sea bonita y que emocione. Es lo mínimo que me (nos) puede(s) dar. Estás aquí gracias a mí (nosotros).
 
NO LO OLVIDES NUNCA.
 
 
Besos apasionados,
XXXXX”



Fue entonces cuando me decidí a escribir esa canción que hacía tanto que quería escribir y nunca me decidía a comenzar...

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