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domingo, 14 de junio de 2015

La foto de las 1001 historias. Historia Nº 3: El tañido de campanas






El habitual tañido de las campanas despertó a toda la congregación. Horas después, las oyeron tañer otra vez. En esta ocasión indicaban que faltaba media hora para la misa de doce, la dominical en la que se permitía que entraran personas de fuera en la capilla del convento. Era Domingo, el Día del Señor.


. Hermana, ¡Qué bonito es el verbo tañer!
- ¿Se dice tañer o tañir?
- No sé Hermana. La que entró en el convento ya con estudios es usted.
- Pero nunca he sabido bien cómo se dice correctamente.
- Tañen las campanas, dice la canción.
- De las canciones no te puedes fiar, ya sabes.
- Voy por el diccionario.


Cuando la Hermana iba a ir por el diccionario, de repente, como si al terminar el tañido de las campanas fuera una señal para quedarse inmóvil, se quedó parada sin poder moverse.


- ¿Qué pasó Hermana?
- Nada. No voy a ir a ningún sitio.
- ¿Por qué? ¿Ya no quiere saber cómo se dice?
- No me preocupa ahora mismo. Mira ahí: Alguien sube.
- Le podemos preguntar a ella.
- No. Mejor sigamos con la duda.
- ¿Vamos a misa?
- Obvio. Pero vamos por otro sitio, hágame usted el favor. Dese prisa.


El tañer de las campanas había indicado a todo aquel que quisiera darse por enterado que quedaba media hora para la misa de doce. Como todos los domingos.




domingo, 12 de junio de 2011

Microrrelatos sin pudor (Volumen 17): Empeines grandes y Domingos para ir a misa.

Los zapatos le apretaban un poco. Tenía demasiado empeine.

- ¿Qué día es hoy?
- Domingo
- No, el número
- 12
 
Faltaban bastantes días para cobrar y poder comprar unos zapatos más cómodos. Es duro tener tanto empeine. Recordó con pesar, que era Domingo y no había ido a misa. Lo que es duro, realmente, es vivir al día con un sueldo mísero y tener el empeine grande, vayas o no vayas a misa.
 
- ¿Qué hora tienes?
 
Le quedaba poco tiempo para ir a misa. No podía andar rápido porque los zapatos le apretaban un poco. Es difícil calzarse bien con un empeine tan grande.
 
 
 
- Si me doy prisa, llegaré. Tengo que llegar.
 
En la puerta de la Parroquia se encontró con una cara familiar. El mendigo de turno (Porque todas las parroquias tienen un mendigo de turno u oficial) resultó ser un antiguo compañero de clase. Hizo como si no lo hubiera visto o reconocido y entró apresurado al templo. La misa acaba de empezar.
 
El calor había llegado a la ciudad. Su empeine seguía siendo igual de grande que siempre. Las parroquias seguían teniendo un mendigo de turno u oficial en sus puertas. Aquel Domingo había conseguido llegar a tiempo a misa. 
 
Afortunadamente, los zapatos seguían apretándole un poco.

Desafortunadamente, mirar para otro lado siempre fue su actitud vital preferida...

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