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domingo, 19 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 18): ¿Estarás ahí cuando todo esto acabe?




¿Te acuerdas? No teníamos prisa. No quisimos acelerarnos. ¿Recuerdas?

(Espera, que estoy mandando un mensaje).



¿Por qué no aprovechamos en aquel momento? 

(Ya, perdona, estaba hablando con otra persona).



Te decía que no nos dimos cuenta en aquel momento.
Es que aquel momento no era lo que significa aquel momento en este momento. 
No me líes. Si no quieres hablar del tema, lo entiendo. Pero no me líes.
No te lío. Ahora todo es diferente.
Por eso. En aquel momento tendríamos que haber aprovechado el momento. Porque ese momento ya no va a volver.
Estamos viendo los momentos pasados como momentos diferentes porque el momento que vivimos cambia todos los momentos.

(Perdona, dame un segundo).



¿Decías?
No me líes de nuevo.
Piénsalo.
Si lo pienso mucho me da miedo.
¿Por qué? 
Porque ese momento ya no va a volver. 
No hubiera vuelto nunca. Fuera cual fuera este momento.
También es verdad.
¿Podremos buscar un momento en el futuro?
¿Cuándo?
Cuando todo esto acabe y volvamos a buscarnos.
¿Nos vamos a buscar?

(Perdona, son las 19:58, vamos a aplaudir).



Tengo miedo a lo que vaya a venir.
Yo estoy deseando que venga ya lo que sea.
¿Y si no nos gusta?
Será nuestra culpa.
¿Y si nada vuelve a ser como antes?
¿Cómo era antes?
No lo sé. Sólo sé como recuerdo que pudo ser.
Ya, otra vez lo de los momentos, lo de nuestros momentos, lo de los momentos que se fueron...
Lo del momento de ahora, lo del momento de cuando se pueda...

(Voy a cenar. Luego hablamos. Si quieres).



¿Cómo te encontraré en el futuro si no recuerdo lo que se nos quedó en el pasado? ¿Cómo afronto el presente sin saber cómo va a ser el futuro? ¿Cómo te vuelvo a encontrar?

(No te pierdas).




B.S.O.:Nuestro momento” (La habitación roja).




miércoles, 1 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 9): Cuéntame algo que no sepa (tenía tantas ganas como miedo).


Se besaron. 
Se besaron de esa manera que se besan dos personas que llevan mucho tiempo esperando hacerlo. Con ansia y deseo, pero con miedo. Porque llevaban mucho tiempo esperándose. Esperando los besos.

Se separaron para respirar un poco.

- ¡Uf! ¡Qué ganas tenía!
- Pues aquí estamos.
- Tenía tantas ganas como miedo.
- ¿Te doy miedo?

Sí, a él le daba miedo ella. Miedo de acercarse demasiado. Miedo a que se lo comiera entero. Porque, sin duda, ella era de esas. O eso parecía. Y ahora tenía más miedo aún. Se habían besado -por fin- y estaba a punto de cagarla por hablar demasiado. Tenía tantas ganas como miedo, era evidente. Tenía que besarla de nuevo, no le iba bien seguir conversando.



- Yo también te tenía muchas ganas.
- ¿Y por qué no me lo has dicho nunca?
- ¿Cómo te lo voy a decir? 
- ¿Por qué no?
- No me has contestado a lo de si te doy miedo.

Mierda, pensó él. Ella había vuelto a ponerse encima. Con lo que le había costado retomar la situación. 

- Tenía tantas ganas como miedo.
- Eso ya lo has dicho. Contéstame a lo que te pregunto o dime, al menos, algo que no sepa.
- ¿Seguro?
- ¡Sorpréndeme!
- Pero bésame otra vez.
- Claro...

Se besaron. Mucho. Él intentó alargar ese beso como si fuera el segundo. El primer beso se da para romper las hostilidades. El segundo siempre es mejor, más largo, más intenso... Intentaba volver a él y ella lo notaba. Tampoco a ella le disgustaba. Ella también tenía tantas ganas como miedo, pero no se lo iba a decir. Le gustaba verle inseguro con ella. Era la mejor manera de esconder su inseguridad: ponerla encima de la suya.



- ¿Y bien?
- Seguro que no sabes que en algunas zonas del ártico y Groenlandia, los esquimales tienen como tradición prestar a su pareja, para pasar la noche a quien llega de visita. 
- ¡Joder! Eso sí que no me lo esperaba. 
- Pues te iba a soltar otra peor.
- ¿Seguro?
- Sí. Pero ya da igual.
- No. Supondrás que, ahora, vas a tener que decírmela o volvemos a lo de que te doy miedo.
- En algunas tribus de Papúa Nueva Guinea, los jóvenes deben practicar sexo oral a los ancianos y beberse el semen para poder tener relaciones con las mujeres. 
- Pero, ¿a ti qué te pasa? ¿Te acabas de leer un National Geographic de costumbres sexuales por el mundo.
- No. Lo mismo luego te cuento por qué sé todo eso.
- No sé si quiero saberlo.
- Mejor.

De repente, con la tontería, la situación había dado un vuelco espectacular. En aquel momento ella empezó a mostrar su miedo y él, sin saber cómo, se empezó a sentir más fuerte. Todo era irreal porque los dos seguían teniendo tantas ganas como miedo, pero cambiaron sus posiciones.

- Después de esto ya no sé de qué más podemos hablar.
- Pues no hablamos. Tenemos la boca ocupada.
- Eso queda muy feo decirlo, lo sabes, ¿verdad?
- Sí, me he dado cuenta.
- Pero tienes razón. Aunque no me importaría que...
- Las mujeres kung del desierto del Kalahari tienen relaciones sexuales entre ellas antes de mantener sexo con los hombres.
- ¡Pero, tío! 
- Es broma...
- ¿Es broma? ¿Te lo acabas de inventar?
- No, el dato es cierto. Lo que es broma es habértelo dicho.
- Pues, no sé...
- Si quieres lo remato.
- No sé si quiero.
- Mejor.
- No, venga, ahora remata...
- Los semai, en Malasia, no pueden rechazar el sexo cuando se lo ofrecen. Es motivo de mala suerte decir que no a un coito.

Y todo cuadró. 
Sin saber muy bien cómo, los dos entendieron que podía dar mala suerte renunciar a acostarse juntos. Como si fueran semais. Los dos querían y los dos se ofrecían. Se dieron cuenta de que mejor no lo podrían hacer y que cualquier cosa que se dijeran podría joder el coito que tanto ansiaban. Que tantas ganas como miedo tenían de hacerlo los dos.



Cuando llegaron a la cama recuperaron el ansia y el fulgor del segundo beso. Se desnudaban torpemente. Como dos adolescentes que lo hacen por primera vez. A fin de cuentas, era la primera vez que se encontraban los dos, que se tenían tantas ganas como miedo. Hasta que llegaron a los calcetines. Entonces, ella, que no se había dado cuenta de las ganas que tenía -aparte de follar con él- de devolverle algún dato, no se pudo aguantar y se lo soltó.

- Seguro que no sabes que, es un hecho constatado científicamente, eres más propicio a experimentar un orgasmo si tienes los pies calientes.
- Lo sé. Pero soy incapaz de meterme en una cama con los calcetines puestos.

Y no volvieron a hablar más. 
Los dos tenían tantas ganas como miedo...





jueves, 13 de junio de 2013

La dificultad de pintar con acuarelas



¿Os he contado la historia de aquellos tiempos en los que creía que la acuarela era el mejor método que existía para expresar sentimientos?

Supongo que no. Estoy casi seguro de que no. Es algo que no he contado a nadie y que a nadie debería interesar. Pero hubo un tiempo en el que creía que todos mis sentimientos los podía expresar mediante acuarelas sobre un papel. Hasta llegué a coger el punto en el que la acuarela está lo necesariamente húmeda y licuada como para pintar bien y lo suficientemente seca como para que no se deshaga el papel. Sólo quien ha pintado alguna vez con acuarelas sabe realmente a qué me refiero. Pero esta no es la clave de la historia por la que os estoy preguntando. 

Yo era un niño sencillo y feliz. Yo era un niño normal, de esos que sonríen si le hacen carantoñas y fruncen el ceño si les hacen cosas que no le gustan. Y como todos los niños normales, como todos los niños sencillos y felices, empecé a crecer. A crecer y a pensar más cosas que sonreír cuando algo me gustaba o fruncir el ceño cuando no.

Salí a la calle y empecé a hacerme mayor. Dejé las acuarelas en casa y decidí retomarlas cuando tuviera tiempo y ganas de expresar mis sentimientos, ya que es el mejor método que existe para hacerlo. Empecé a perder la sonrisa infantil que tanto gustaba y mi ensortijado pelo empezó a ser un quiero y no puedo de mechones mal puestos escondiendo el incipiente cartón. Así, de repente, me hice viejo aunque mi carnet dijera lo contrario. 

Y empecé a vivir como una persona adulta. Y como todos los adultos, con reminiscencias de ser pequeño, tengo miedo de todo. Tanto, que utilizo el método preventivo de “gasear” las presencias detrás de mí para evitar robos inesperados. Me tiro pedos como prevención a quedarme sin cartera. No dejan de perseguirme y de pasarme cosas extrañas:

He intentado subir en ascensor, pero cuando se abrieron las puertas, vi dentro un oso pardo. Me gustan los osos panda y un poco los polares, los pardos me dan mucho miedo y no sé por qué. 
Decidí subir a pie, pero cuando iba a acometer la ardua tarea de escalar el primer tramo de escalones vi sentada en el quinto peldaño a una vieja con bata de guata rosa y una bolsa de supermercado blanca puesta en la cabeza como si quisiera protegerse de la lluvia. Me dan mucho miedo las personas mayores. Sobre todo las de género femenino y las que se ponen bolsas de plástico en la cabeza cuando llueve. Y esas dos cosas juntas, más. Me dan tanto miedo casi como la gente que se pone caretas de goma de antiguos presidentes norteamericanos.




También me da muchísimo miedo el Estadio Santiago Bernabeu y todo lo que le rodea. Cuando sea mayor y rico, lo compraré y lo derribaré. Y en ese espacio construiré un parque de ocio al que pondré el nombre de Marcelino Camacho y en el que habrá un minigolf, un rocódromo, un estanque rodeado de máquinas que expenden pan para los patos y muchas cosas más. La entrada estará vetada a todo aquel que tenga en pelo más corto que un patrón de medida que decidiré con mis asesores, que son un muñeco tentetieso de Jack el de Pesadilla antes de Navidad, una Barbie Hawai y algún click sin brazo derecho.

Ayer me tiré desde un trampolín muy alto y no me dio miedo. Las chicas que estaban al borde de la piscina cuchicheaban entre ellas y me sonreían quizás agradadas por mi valor para hacerlo. Pensé acercarme y proponer una tarde de sexo con ellas pero me dio mucho miedo. Me da miedo el sexo porque llevo mucho tiempo sin practicarlo y más miedo aún acercarme a alguien para proponérselo. Aunque sea pagando mucho dinero y ella quiera.

Me gustan mucho las carreras en las medias ajenas y me da miedo ponérmelas yo por si me salen carreras. Me asusta que valoren de mí que no tengo tres carreras y que parezca que todo el mundo a día de hoy que pasa de los treinta y tantos no haga otra cosa que correr y apuntarse a carreras populares para mejorar sus prestaciones como atletas. Y más pavor aún a salir un día al parque y encontrarme que soy el único que no voy vestido de Decathlon.

Me da miedo mirar mi reflejo en un río y que algún día encuentre que lo que veo no es lo que esperaba ver. Por eso he roto los espejos de casa aunque traiga mala suerte. No me dan miedo ni las maldiciones de mala suerte ni los gatos negros, pero sí las chicas que tienen gatos a los que quieren más que a sus vidas. Me da miedo Luis Tosar. Me da miedo que algún día me confundan con un cerdo y me sacrifiquen en una matanza para comerse mi sangre y hacer embutidos con mis carnes.
Me gusta contar los déjà vu que tengo y que a quien se lo cuente le dé miedo.

Sigo arrastrando muchos miedos que no me dejan dormir: ¿Por qué tengo que dejarle el coche a un agente secreto que lo necesite para una persecución? ¿Quién me lo devuelve después? ¿En qué estado? Sin tener coche, es algo que no deja de atormentarme.

Cuando era era un niño sencillo y feliz, un niño normal, de esos que sonríen si le hacen carantoñas y fruncen el ceño si les hacen cosas que no le gustan, soñaba con tener coche. Hasta recuerdo que pintaba coches con acuarela. Pero como todos los niños normales, como todos los niños sencillos y felices, empecé a crecer. A crecer y a pensar más cosas que sonreír cuando algo me gustaba o fruncir el ceño cuando no.

A no conseguir pintar con acuarelas. 
A descubrir que los papeles donde pinto se arrugan por la humedad.
A humedecer con mis lágrimas todos los coches que siendo niño pintaba pensando tenerlos cuando fuera mayor.
A ser mayor sin recordar cómo era ser un niño.
A no poder expresar los sentimientos de manera adecuada.


¿Os he contado la historia de aquellos tiempos en los que creía que la acuarela era el mejor método que existía para expresar sentimientos? Pues recordarme que lo tengo pendiente. Voy a ver si recuerdo cómo era eso de pintar con acuarelas...




B.S.O.: "Aquarela" (Toquinho)

miércoles, 14 de marzo de 2012

¡¡¡Imagina!!!



El MIEDO te ha paralizado. 

Lleva haciéndolo desde que tienes uso de razón. 

Estar paralizado por el miedo no es tener uso de razón. 

El MIEDO te ha paralizado (Y lo sabes, aunque no quieras darte cuenta).




¿Te imaginas quién serías si el MIEDO no te hubiera atrapado?

¿Te atreves siquiera a imaginarlo?





Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!