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viernes, 6 de septiembre de 2013

De desvanes y vueltas al mundo



Subió al desván con sigilo. En su mano derecha llevaba un portavelas con una a medio consumir pero que todavía alumbraba. Era perfumada. Vainilla. Podría ser anti-mosquitos y todo sería más agradable. Que oliera a vainilla y que no tuviera que aguantar el zumbido de los mosquitos planeando el desembarco en los tramos de su piel desnuda. Tramos que eran muchos y muy amplios. A fin de cuentas, era uno de los veranos más calurosos de las últimas décadas en aquella zona del mundo. Aunque eso era lo que decían los meteorólogos todos los años, en ese parecía verdad. Estaba segura que al año siguiente, de seguir viva, volverían a decir lo mismo y ella volvería a sentirlo igual. Calor, aroma a vainilla, mosquitos, desván en las alturas lleno de telarañas. En ese instante se dio cuenta de que algo no iba del todo bien cuando ese era su mejor (y único) plan para el sábado noche.





Decidió no pensar demasiado en todo lo que le rodeaba fuera de aquel desván para no distraerse de su búsqueda. No saber qué era lo que estaba buscando ya suponía suficiente distracción como para añadir más al asunto. Llegó el momento inevitable en el que admitió para sus adentros la esperada, pero no evitada, realidad de que no era buena idea subir al desván con aquellas preciosas sandalias que se había comprado al inicio del verano y que tan bien le quedaban. El dedo gordo del pie había impactado dolorosamente con una desvencijada caja de cartón que se interpuso en su camino. La reconoció rápidamente. Era la caja de los viejos vinilos. Viejos por su procedencia, la adolescencia, pero bastante nuevos por el cariño conque siempre los trató y el valor que han adquirido en los últimos tiempos en el mercado del coleccionismo y la revitalización del vinilo como soporte 
musical.

Allí estaban todos. Más de los que ella recordaba incluso. Patty Smith, Dylan, Ramones, Rolling Stones, Velvet Underground... Todos y alguno más, incluso autografiado. Muchos autografiados por personas diferentes a los creadores de los discos. Una extraña costumbre que cogió de Dana. Pedir autógrafos de gente sobre diferentes soportes. De gente que no tiene nada que ver con el soporte. De gente, en la mayoría de los casos, que no está acostumbrada a dar autógrafos a su alrededor. Y entre los discos, apareció aquella lámina. Aquella bonita lámina que pensaba enmarcar para que acompañara a Dana en sus noches de trabajo y pasión creativa. Ese cuadro que nunca le regaló en el que se leían esas palabras de Scott Fitzgerald, “Puedes acariciar a la gente con palabras” que Dana nunca llegó a tener y que estaba lleno de polvo. Un polvo acumulado por no tenerlo. Por no recibir su apoyo. Por no confiar en cómo escribía como ella siempre sintió e hizo.

Pensó que lo peor que tenía subir al desván era encontrarse consigo misma. Pensó mucho en ello antes de subir, pero recordó mucho las palabras de Dana, que siempre estaba dispuesta a descubrir, a ir más allá, a penetrar donde fuera, aunque fuera en sí misma. En sí mismas. Pensó y se dejó llevar, como tantas veces, por el recuerdo de Dana y olvidó los riesgos.



Subió al desván y se encontró. En aquel espejo. Aquel espejo olvidado en el desván porque ya no funcionaba. Hacía años que fue sepultado entre los recuerdos acumulados porque se había estropeado. No funcionaba. Curiosamente, era un caso único de espejo que deja de funcionar y estaba allí. En su desván. Estaba convencida de que fue Dana quién lo estropeó. El caso era que allí estaba, detrás de todos esos recuerdos. Inútil y sin capacidad de reflejo. Pero con toda la capacidad inquisitiva que siempre tienen los espejos cuando se sabe usarlos. Aquel espejo no funcionaba, pero seguía siendo terriblemente cruel con ella.

Por más que quiso evitarlo, no pudo. El espejo, burlón en su desajuste, terrible en su inutilidad, le recordó aquello tan terrible a lo que ella se dedicó años atrás con tanto afán. Tiempo antes de que el espejo dejara de funcionar. Hasta justo antes de que Dana despareciera de su vida: Su obsesión de disfrazarse de sueño para entrar en los suyos.

Cabreada con el espejo, con el mundo y, sobre todo, con ella misma, blasfemó entre dientes y pegó una patada unas cajas acumuladas al lado del estropeado utensilio por no romper algo y hacerse daño con los restos de vidrio. No le daría el gusto al espejo. No podía ni imaginar que después de todo lo que habían pasado juntos, encima pudiera hacerle daño ahora, después de estropeado y casi olvidado. 

Con la patada cayó al suelo una caja metálica. Inmediatamente la reconoció: Era el kit que Dana y ella compraron para parar el tiempo y que nunca llegaron a sacar de su envoltorio.
Afortunados tiempos, pensó con nostalgia. Tal y como era todo, lo más que podrían haber conseguido es que cada día fuera un domingo. Y los domingos de Dana eran silenciosos y grises.



Fue de aquello de lo que quiso huir para dar la vuelta al mundo. Miró el globo terráqueo que había en la puerta del desván y lo recordó perfectamente. Lo único que quería la última vez que vio a Dana, la última vez que subió al desván antes de perderla para siempre. El último día que la quiso con todo su alma. Quería dar la vuelta al mundo simplemente por poder sorprenderla por la espalda y abrazarla antes de que pudiera oponer resistencia.

Salió a trompicones del desván sin mirar atrás. Entró en internet y buscó la ruta más corta alrededor del globo para dar la vuelta al mundo. Olvidó el espejo, los vinilos y las pocas ganas de vivir en unos días que eran todos domingo. Se colgó la mochila en la espalda y salió a dar la vuelta al mundo simplemente por poder llegar a la espalda de Dana y abrazarla por sorpresa. 

No había olvidado lo que era abrazar. Aunque no quedara nada de ello en el desván.

Pero eso ya, es otra historia...



B.S.O.: "Everyday is like Sunday" (Morrissey)

martes, 12 de marzo de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 18): De bucles, idiomas y muertes



Esa extraña sensación al despertarte, en la que eres completamente consciente de que el día ha nacido muerto. Y seguir con eso adelante…

A woman in the sun (Hopper)


Todo consiste, más o menos, en lavarme la cara después de poner en el mp3 portátil el Subterranean Homesick Blues de Dylan en bucle. Hay que ponerlo en bucle porque dura escasos dos minutos y cuarto y gana con la repetición. Aún sin saber muy bien qué dice la puñetera canción. Frustraciones de la vida como el no saber inglés se acumulan en mi cabeza en momentos en los que escucho una y otra vez, en bucle, el Subterranean Homesick Blues de Dylan. No sé inglés, o al menos, no al nivel como para entender lo que dice una canción. Y menos aún, de Dylan. A veces he pensado que de poco me valdría saber inglés para entender a Dylan porque el cabrón canta como si quisiera que nadie pudiera descifrar sus sonidos bucales. Pero me encanta. Y me pongo en bucle una y otra vez su Subterranean Homesick Blues aunque no lo entienda. El día ha nacido muerto, la rutina me la sé.

Mi vida y mi muerte también suenan en bucle y ni siquiera son de Bob Dylan. Es mi manera de seguir adelante.

Cogí la carta después de leerla y pensé qué coño podría hacer para entender aquello. Al menos, sacar algún mensaje de ella, saber lo que tratabas de decir con esas líneas. Está escrita en mi idioma materno y la entiendo menos que el Subterranean Homesick Blues de Dylan por más que la lea en bucle, una y otra vez.

La miré por arriba y por abajo, por delante y por detrás. La leí en diferentes idiomas pero sé que no soy políglota y por ahí iría en camino equivocado. Como al intentar escuchar canciones en inglés. Como al escuchar a Dylan. Aunque sea en bucle por enésima vez. 
Le pasé una vela para ver si estaba escrita con tinta de zumo de limón, le pasé un control antidrogas por contrastar si estaba escrita con sangre y qué había podido adulterar la misma. 

Desesperada, me miré al espejo al lavarme la cara. Ahí estaba la respuesta. El espejo que todo nos lo dice, hasta lo que no nos gusta. 
Enfrenté tu carta al espejo del baño, pero no veía nada. Seguía sin ver nada.
Pensé en el espejo de cuerpo entero que tenía en el dormitorio. En ese dormitorio donde pasamos tantas noches maravillosas y donde no quieres volver a entrar como si fuera la zona de exclusión tras una catástrofe nuclear.
Me desnudé como tantas veces me hiciste. Yo sola. He aprendido a hacerlo. 
Desnuda cogí la carta y la puse frente al espejo. Detrás me puse yo completamente desnuda.
Y ahí estaba la respuesta. 
El reflejo del espejo me dio lo que estaba buscando.
Me masturbé como casi nunca lo había hecho en mi vida. El Subterranean Homesick Blues de Dylan seguía sonando una y otra vez.

En bucle en mi mp3 portátil....




B.S.O.: "Subterranean Homesick Blues" (Bob Dylan)



martes, 12 de febrero de 2013

Vacío de poder, primavera triste (Historia levemente basada en la proposición vaticana a cabezadeavestruz para que ocupe la Silla de San Pedro)






El teléfono atronó e hizo añicos el silencio de las 12:30 de la mañana, obligándome a saltar de la cama mucho antes de lo habitual. El orden estricto que acompaña mis rituales vitales en los últimos tiempos se altera con facilidad por cosas como esta. Refunfuñando cogí el teléfono con un sólo pensamiento: “Que no sea una compañía telefónica para ofrecerme algo, que no sea un acento sudamericano preguntándome si estoy contento con mi servicio de ADSL, que no sea mamá preguntándome cuándo voy a verla...”

La primera en la frente: Una voz con marcado acento sudamericano (ecuatoriano o boliviano, no sé, seguro que argentino no porque ese tonillo lo reconozco bien) pregunta, con marcado tono maternal, si tengo unos minutos que tiene algo importante que decirme.

Evidentemente, una vez fuera de la cama y con el teléfono en la mano, no pensaba colgar sin más. Una vez que me han sacado de mi cama debo volcar toda mi ira con esa persona (Quien no deja de ser un mandado sin culpa de ello) que ha interrumpido mi necesario y habitual descanso de escasas 14 horas diarias. Sí, últimamente duermo mal y poco, pero no puedo controlarlo todo. Ni siquiera las llamadas telefónicas intempestivas...





No me interesa nada de lo que vaya a ofrecerme, realmente no tengo teléfono – le dije con tono agresivamente cazallero por aquello de ser las primeras palabras de alguien que se despierta y se fuma más de dos paquetes de tabaco al día.
Creemos que sí le interesa. Y no tiene nada que ver con teléfonos. Déjeme que le explique.
Adelante, pero dese prisa. No tengo mucho tiempo, tengo una entrevista de trabajo en unos minutos.

Las risas de mi interlocutor atronaron en mi cabeza removiendo y agitando de mala manera el recuerdo y el rechinar de hielos de los escasos diez o doce cubatas que tomé la noche anterior.

De eso precisamente quería hablarle...

Me acojoné. Mucho. Muchísimo. ¿Querría ofrecerme un trabajo? ¿Un misil trabajo-aire amenazaba con alterar mi linea de flotación? Estuve a punto de colgar, pero rechazar trabajos alegando que cuentas con que está al caer la herencia de una de las mayores fortunas del occidente civilizado y no lo necesitas ni está a tu altura, es uno de mis placeres ocultos preferidos. 

Le haré una oferta que no podrá rechazar, me dijo mientras yo pensaba en lo despreciable que seré cuando tenga el dinero de la herencia familiar a mi disposición.
Diga, soy todo oídos. ¿De dónde me llama?
Del Vaticano. 
¿Eso es una nueva compañía de móviles?
Del Vaticano, Ciudad del Vaticano.
¡Ah! Perdone, diga, diga...
¿Supongo que está usted al día de las últimas noticias?
Umm... Sí, mentí mientras pensaba en la relación que podía haber entre El Vaticano y que los Lakers hubieran vuelto a perder o que haya empezado Gran Hermano 14.
Queremos que ocupe la vacante.
¿La vacante?
Queremos que sea el nuevo Papa. Confiamos en usted.

Tentador. Sin duda. Mentiría si digo que nunca he fantaseado con ser mandamás en la Iglesia Católica, pero aquello no tenía ni pies ni cabeza.


cabezadeavestruz en Ciudad del Vaticano, por cortesía de @Juanferrera


Perdone, pero tengo una pequeña duda...
Diga.
Lo de Papa que me cuenta es lo de Ratzinger, ¿No? ¿Lo de Benedicto XVI? Y al nombrar el 16 me vino a la cabeza Pau Gasol y me quedé pensando de nuevo en las derrotas de los Lakers.
Si. ¿Sabe que ha dimitido?
¿Eso se puede?
Ha pasado y queremos que sea usted el nuevo Papa.
Perdone, me acabo de despertar y creo que no proceso bien. ¿Han pensado ustedes en los inconvenientes de su propuesta?
No vemos ninguno, más bien al contrario.
¿Que yo sea mujer, negra y atea no supone problema?
Nada, menudeces para lo que estamos hablando...
¿Y tengo que contestar ya?
Tiene usted exactamente 30 segundos. Colgaré y volveremos a llamarla en 30 segundos y tendrá que dar una respuesta. Ciao, mi querida negrita descreída, contamos con usted.

Me quedé perpleja con el teléfono en la mano. “Contamos con usted”. ¡Hacía tanto que no me decían algo tan bonito! 

Reaccioné rápido y marqué su número. Sí, SU NÚMERO. Hacía mucho tiempo que no hablaba con ella, pero tenía que hacerlo en ese preciso momento.

Hola, soy yo.
Ya, lo sé. Sale tu número. No lo he llegado a borrar nunca. Ni creo que lo haga. ¿Qué quieres? ¿Por qué me llamas ahora?

Me emocioné. Hacía tanto que no hablaba con ella que me desarmó un poco. Pero quedaba poco tiempo, tenía que reaccionar y los 30 segundos se agotaban.



Déjame hablar. Tardaré menos de 30 segundos y colgaré. No te puedo explicar más.
¿Ya estás con tus gilipolleces? ¿Después de tanto tiempo me vas a venir con cosas raras? Dime, te escucho...
Te quiero. Te quiero como siempre te he querido. Me voy. Tengo que hacerlo. Pero volveré a por ti. No sé cuándo ahora mismo, pero volveré cuando todo esto se acabe. Cuando todo esto acabe, seguirán existiendo chicas a las que las sandalias le sientan de maravilla con sus vestidos rojos, gente que devora kebabs como actos rutinarios de su ser social, cubos de cerveza para compartir que siempre se quedan escasos, bares con baños donde no funcione el pestillo, copas de garrafón, cigarrillos de liar y Bob Dylan. Seguiremos confiando en que la traición afila los rasgos y que a cada cerdo le llega su San Martín, y que familia no hay más que una y a ti te encontré en la calle. Y que la calle fue nuestra porque pensamos que podía serlo, mientras otros llenaban los salones de sus casas criticando lo que salía por sus televisores. Después de todo esto, seguiré pensando que te quedaría de vicio un piercing en tu ombligo pero no me importará mucho que te lo hagas o no, y que las sardinas saben mejor en ciudades con ríos que desembocan al mar y hechas al carbón. Al final, no serán más las canciones que queremos conocer que las que conocemos, y todo lo que me cantaste una vez nunca será parecido a lo que te queda por cantarme. Prince seguirá siendo un genio aunque no sepamos dónde está, y el francés será el idioma más sensual jamás utilizado para cantar algo romántico. 

¡Mil besos, amor! - y colgué.

Me quedé vacío pero no no me dio tiempo a pensar mucho en ello. El teléfono volvió a interrumpir mis pensamientos.

¿Tiene una respuesta?
Si.
¿Contamos con usted?
No puedo.
¿Por qué?

Y no supe que responder. Había gastado todos mis principios y mi sabiduría interna hablando con ella. Tuve que buscar una excusa rápida para quedar bien con El Vaticano.

¿Le gustan Los Simpsons?
¿Perdone? 
Que si le gustan Los Simpsons.
No sé de qué me habla...

Colgué convencida ya. Me preocupa que lleve tanto tiempo oliendo mal en Dinamarca y nadie haya hecho nada por remediarlo. Nadie.

Me preocupa que haya necesitado una excusa como la dimisión de Ratzinger para volver a hablar con ella. 

Y, sobre todo, pienso que hay que desconfiar profundamente de cualquier persona que no vea Los Simpsons.

Volví a llamarla.

Pero esa ya, amigas y amigos, es otra historia...







miércoles, 25 de mayo de 2011

Melodías Animadas de Ayer y Hoy presentan: ¡Clonen a Dylan, por favor!



"You Belong to Me I Believe..."
(Desolation Row, 1965)


Ayer cumplió 70 años. Hubiera sido un buen regalo de cumpleaños, sin duda. Pero no para Él, sino para toda la humanidad. Hay cosas que merecen un esfuerzo. ¡Clonen a Dylan, por favor!


Vivimos en una sociedad que ha clonado a una oveja con nombre de cantante de country pechugona americana. Sólo pido que alguien clone algo más importante. ¡Clonen a Dylan, por favor!


Alguno pensará, y con cierta razón, que las copias nunca son buenas. Me llevará a visionar películas sobre el tema como “Mis dobles, mi mujer y yo” para fundamentar lo imperfecto de las copias y la de problemas que pueden llegar a dar. Puestos a buscar argumentos, funciona mejor el capítulo de Los Simpsons en el que Homer se duplica cada vez que activa su hamaca, hasta acabar invadiendo el mundo de Homers a cual más imperfecto, incluido un Peter Griffin. Pero, por mucho que yo adore al papá amarillo, no habrá quien discuta que un Bob Dylan imperfecto ya es mucho más de lo que ninguno podemos aspirar a cruzarnos en nuestra vida. Estoy enamorado hasta de Cate Blanchett interpretándolo en “I’m not there” ¡Clonen a Dylan, por favor!
 
Cate Blanchet interpretando a Bob Dylan en "I´m not There"

Dylan es una buena excusa para vivir. En "Días aún más extraños", Ray Loriga decía que “cuando mi hijo me pregunte por qué carajo venimos al mundo ya tengo clara la respuesta: para escuchar discos de Bob Dylan”. No puedo estar más de acuerdo, aunque no vaya a tener hijos, ni nunca nadie me vaya a hacer esa trascendente pregunta. Que busque la respuesta, que seguramente esté escrita en el viento. ¡Clonen a Dylan, por favor!

Clonen a Robert Allen Zimmerman, pero con todo lo necesario para que pueda llegar a ser Bob Dylan. 

"Dylan tiene mucho más que tres acordes y la verdad" ha dicho Bono de Él. Como si tres acordes y la verdad no fuera ya suficiente. ¡Clonen a Dylan, por favor!

En cabezadeavestruz, presos del nuestra mitomanía habitual, lo utilizamos para celebrar el post número 100. Es el terrible complejo de querer ser siempre Like a Rolling Stone… No debimos, pero ¿Quién no ha utilizado a Dylan alguna vez?. Si hay algo digno de ser utilizado es Dylan, porque es Patrimonio de la Humanidad. Si hay algo digno de ser copiado, es Dylan, el propio Bob Dylan… ¡Clonen a Dylan, por favor!

"Cuando yo muera, la gente va a interpretar todo de mis canciones. Van a interpretar hasta la última puñetera coma. Ellos no saben lo que significan las canciones. Mierda, ni yo mismo sé lo que significan" dice de sí mismo y de su obra. ¡Háganle caso! ¡Evítenlo! ¡Clonen a Dylan, por favor!

Y si nadie le hace caso, y si nadie me hace caso, y si la ciencia no me da la respuesta, amenazo con estar llamando a las Puertas del Cielo… 

Eternamente…

martes, 24 de mayo de 2011

La revolución y tu escote, al que quise tanto


“La auténtica revolución tiene su base en el amor” (Ernesto Che Guevara)

Corrían tiempos de cambio. Buscábamos en las plazas, en las almas, en las personas. Los indignados, los descreídos, los advenedizos, los comprometidos, los solidarios, los oportunistas, los figurantes, los revolucionarios… Todos estaban allí. Había que estar allí, había que levantar la voz, había que decir basta.
De Madrid a Barcelona, de Londres a Tokio, de Sevilla a Badajoz. Eran momentos de catarsis. La energía estaba en el ambiente y nos creíamos capaces de todo.


Y me sumergía en la masa. Y buscaba la respuesta. Y buscaba algo que me había llevado hasta allí, pero que no sabía qué era, aunque me daba igual. La revolución me arrastró y tu escote me atrapó.

Por la multitud era difícil caminar. 
Por tu escote era maravilloso bucear.

“Recuerdo cada detalle: Los alemanes iban de gris. Tú vestías de azul" y tu escote era la revolución en sí misma.

Me quería deslizar entre la masa como uno más. Quería formar parte de algo histórico. Quería estar allí. Porque mi vida está llena de iconos. Mi vida es una sucesión de lugares comunes y de referencias. Mi vida persigue mitos e ídolos. Mi vida se nutre de devociones y paganismos. Aunque en aquel momento, mi vida sólo quisiera sumergirse en tu escote.

Algunos creían que era el buen tiempo. Otros sabíamos que era por mí. Aunque no supieras todavía que nos íbamos a encontrar allí. 

"He cruzado océanos de tiempo hasta encontrarte", te dije cuando me sentía Drácula.

Estuve en el Mayo del 68 de París, leí en una pared aquello de “Tomen sus deseos por realidades” y te lo dije en privado. Sólo para ti. Porque sabías que lo único que me importaba era tu escote.

¿Se puede amar un escote con sólo verlo? ¿Puede llevarte a un sentimiento obsesivo mayor de lo que puedas haber conocido? ¿Puedes luchar por el cambio, por la revolución y por ese escote, a la vez y con todas tus fuerzas?

En la revolución de nuestra vida me encontré con tu escote. 

Y me hizo perder el norte. 

Y decidí luchar... 
Tu escote así me lo pedía.

Tu escote es de las cosas más sensatas por las que se puede luchar.

La revolución, tu escote y yo, que nos quisimos tanto… Aquel año que vivimos peligrosamente.



Postdata aclaratoria (Innecesaria como siempre, inútil como de costumbre):
Decían en el parisino Mayo del 68 que “bajo los adoquines hay arena de playa”.
Daniel Cohn-Bendit, protagonista destacado del Mayo del 68, escribió un muy recomendable libro titulado “La Revolución y nosotros que la quisimos tanto” hace mucho tiempo.
Casablanca es una gran película. Digan lo que digan.
El Drácula de Francis Ford Coppola también.
Me encantan los escotes. Me pierden los escotes. Soy un ser muy primario…

Posdata aclaratoria 2 (Esta vez, necesaria):
Hoy cumple 70 años Bob Dylan. El maestro creó una obra de arte en forma de canción que se llama “The times They are a-Changing”. Viene mucho al caso. Como casi todo lo que ha escrito y cantado Dylan. Por los años de los años…


martes, 8 de febrero de 2011

POST Número 100: Por el culo te la h…

Ayer pensaba en secuestrar un autobús y obligarles a todos a desnudarse mientras suena Cadena Dial en la radio a todo volumen, y recorrer así tu ciudad para enseñarte mi ocurrencia y que te enamores de mí. 

Algunos minutos más tarde pensé que quizás fuera ilegal y que me podría traer problemas.

Nunca quise tener problemas con la justicia, a pesar de la cantidad de cosas ilegales que me gustan. También me encantas tú y no por eso quiere que me des problemas. Hay veces que no llego a comprender nada, pero quiero que me entiendas. 
Pero sin tener problemas. 
Ni con la justicia ni contigo.



Quiero hacerme millonario para comprar la Torre Eiffel.
Quiero desguazarla, fundirla y moldear un osito de Tous con todo el material.
Quiero regalarte el osito aunque no te quepa en casa.
Quiero ser millonario para que extravagancias como ésta sean elogiadas por pelotas despreciables a los que solo interese por mi dinero.
Quiero que desguazar la Torre Eiffel y moldear un osito de Tous con sus hierros sea considerado un acto de amor.
Quiero amarte.
Quiero.

El autobusero dice que no va a sintonizar Cadena Dial por mucho que le insista. De que se desnuden los pasajeros ni siquiera se me ha ocurrido hablarle. Y menos aún de que me haga una gira por tu ciudad para que te enamores de mí.
Ni siquiera le he dicho que este va a ser el post número 100 de cabezadeavestruz.
Ni siquiera me conoce.
Ni siquiera me ama…

(El Maestro quiere que pinches AQUÍ para ver el mensaje...)


Ha sido más fácil pedirle a Bob Dylan que diga lo que yo ya no puedo decir:

Gracias por estar, ser, leer, comentar, apoyar, animar, sonreír, ofrecerme sexo de gratitud, copiarme, invitarme a copas, reñirme, citarme, alentarme, recomendarme…

En resumen: cabezadeavestruz ha llegado hasta aquí por tu culpa, no lo olvides. Y amenaza con seguir adelante a poco que tú sigas ahí.

Besitos para ellos y abrazos para ellas...


martes, 25 de enero de 2011

Otra noche sin dormir (Volumen 8): Dylanesca


Se despertó sobresaltado como tantas otras veces. Corrió a por la guitarra y su bloc de notas. Algo había aparecido en su cabeza y sabía que era bueno. Puede que fuera la canción que llevaba tanto tiempo esperando.
 
Tres acordes básicos para enlazar su casi adquirido estado de despierto con la recién abandonada somnolencia. Empezó a acoplar la letra a la música según le dictaba la cabeza. Y como tantas otras veces, desesperado, tiró el bloc al suelo y se volvió a la cama. 

Aquello no funcionaba. Ahora, encima, no podía volver a dormirse. Llevaba tres días despertándose sobresaltado, sudoroso, excitado por la emoción de sentir que tiene algo grande a punto de estallar en su cabeza. La canción estaba allí, esperando que le diera forma. Pero noche tras noche se despertaba y sólo conseguía escribir acompañando su Do - Fa – Sol - Do...
 
Nobody feels any pain
tonight as i stand here in the rain.
everybody knows that baby's got new clothes,
but lately i see her ribbons and her bows
have fallen from her curls.

She takes just like a woman.
she makes love just like a woman.
and then she aches just like a woman.
but she breaks just like a little girl.

Just Like a woman otra vez. Una y otra vez… Aquello estaba dejando de tener puta gracia, si es que la había tenido alguna vez… Just like a woman. 

Y volvía a la cama y ya no conseguía dormir. Y cuando lo hacía, era peor. El sueño se trasformaba en pesadilla y veía al Cabo Gutiérrez de "Amanece que no es poco", echándole una bronca por plagiar a Dylan…
 
Si ni siquiera le gustaba Dylan. No lo entendía, no lo seguía. Sí, era bueno, por supuesto. Sí, estaba en la historia de la música, pero no era ni de lejos, uno de sus trovadores de referencia.
 
Just like a woman. Una y otra vez.
 
 

 
Llegaron tiempos difíciles: "Aguantaba como una mujer, sufría como una mujer… Y lloraba como una niña". Y así, noche tras noche.
 
Y decidió abandonar sus sueños. 
Quizás fuera lo mejor, lo más sencillo.
 
Abandonar la intención de escribir esa canción que le perseguía podría ser la respuesta. Decidió entumecer su mente con canciones insustanciales, con el objetivo de que desapareciera de su interior el ansia por escribir LA CANCIÓN. La que estaba por llegar. La canción que llevaba dentro. La canción para la que estaba predestinado.
 
En un tiempo, no volvería a soñar con esos acordes. No volvería a escribir aquellos versos.
 
Y dejó sus noches somnolientas en brazos de otras cosas. Y se abandonó en brazos de otras mujeres.
Y dejó de soñar.
 
E hizo el amor como una mujer… Just like a woman…

Y una noche, sin esperarlo, se sintió preparado para despertarse bruscamente con los versos que debían componer aquella canción que estaba esperando. Y esa noche, se despertó sobresaltado, pero no como tantas otras veces. Corrió a por la guitarra y su bloc de notas, con más ansia de lo normal. Algo le había vuelto a aparecer en la cabeza y ahora sí que sabía que era bueno. Puede que, por fin, fuera la canción que llevaba tanto tiempo esperando. Do – Rem– Mim – Fa – Sol… 

Once upon a time you dressed so fine
You threw the bums a dime
in your prime, didn't you?
People'd call, say,
"Beware doll, you're bound to fall"
You thought they were all kiddin' you
 
Pensó que Dylan quizás tuviera razón.
Pensó que quizás, él estuviera equivocado.
Pensó en no dormir jamás.
Pensó en dejar de buscar la canción.
Pensó que ahora ya sabía algunas palabras pueden hacer daño.
 
Pensó en Dylan y pensó en él. Y dejó de pensar…

Ahora ya sabía por fin "Qué se siente, al estar consigo mismo, al estar sin un hogar, como un completo desconocido…"
 


sábado, 28 de agosto de 2010

La vida puede ser maravillosa


Hoy me vuelvo a enamorar.

Sé que no es sano, que no merece la pena dejarse llevar por pasiones enfermizas, pero no puedo evitarlo. Detrás de cada sentimiento hay un nombre, un mito, una figura…

Hoy me vuelvo a enamorar.
 
Puedo engañarme con el alcohol, como hacía Tikhonenko, pero el amor no entiende de brebajes. El bueno de Valery pertenece a una extirpe diferente, a la de aquellos que llegaron del frío con las maletas llenas de vodka.

Valery Tikhonenko jugaba como los ángeles pero no era el mejor. Jugaba como los dioses, pero bebía como los demonios. Cuando se juntaba con sus amigos en la pista inspiraba verdadero pavor, pero en las distancias cortas, tras unos chupitos de vodka, deseabas haberlo conocido mucho antes. Eran otros tiempos, todo era diferente.

Hoy me vuelvo a enamorar.

Puedo engañarme con el tabaco, como hacía Paspalj, pero el amor no entiende de humos. Podía ser un pasota desgarbado que defendía con los brazos en jarra. Podía ser cualquier amigo al que detestas por tener todo aquello que tú nunca podrás tener, pero que sólo lo usaba cuando estaba a gusto y en ataque.
Podía llamarse Zarko Paspalj y ser un fumador empedernido. Podía ser zurdo cerrado, y lejos de ser un problema, convertirse en una de sus mejores cualidades. 


Puede que se haya hartado de ganar con Yugoslavia y con Serbia, y haber nacido en Montenegro, pero lo que más recuerdo de él son sus brazos y su extrañísima mecánica de tiro. Dicen de él que no se duchaba durante algunos días previos a los partidos para que en el cuerpo a cuerpo, sus rivales lo pasaran mal. Su aspecto desaliñado no ayudaba a contradecirlo.

Hoy me vuelvo a enamorar. 

Puedo creerme Stacey King y decir a todo el que quiera escucharme que" Siempre recordaré esa noche en la que Mike y yo nos compenetramos para meter 70 puntos entre ambos", tras el partido Cavs-Bulls en el que Jordan metió 69 puntos, pero hoy me voy a enamorar, y me apetece más creerme Charles Barkley y proclamar que “No me suicidaría porque soy una de mis personas favoritas.”


El gordo Barkley también dijo que “El sexo y el golf son las únicas cosas en las que aun siendo malo en ello, puedes pasar un rato agradable”, pero sigue sin interesarme demasiado el golf.
 
Hoy me vuelvo a enamorar.
 
Me interesa la música. Toda historia de amor tiene una. La de hoy me suena a hierba, a Reggae. Hoy fumo marihuana prescrita médicamente, a causa de las migrañas, Como Kareem. En California es legal la prescripción médica del cannabis. Puedo engañarme con el cannabis, como hace Kareem, pero el amor no entiende de recetas médicas. Su nombre original era Ferdinand Lewis Alcindor Junior. Se cambió a Kareem Abdul-Jabbar (‘noble y poderoso sirviente’), años después de haberse convertido al Islam, después de leer la biografía de Malcon X.

Quiero leer todo lo que caiga en mis manos. Quiero cambiar de nombre. Quiero ver la escena de "Aterriza como Puedas" en la que interpreta a un piloto de avión, pero un niño lo reconoce y le dice que su padre siempre asegura que no suda lo suficiente la camiseta, lo que provoca su enfado, o ir más atrás en el tiempo y revisar “Juego con la Muerte”, la última película de Bruce Lee que hubo que terminar con dobles y montajes suyos. De Lee, no de Kareem, que sigue vivo.
 
Hoy me vuelvo a enamorar
 
Ayer sonaba el "Knockin´On Heaven´s Door" de Bob Dylan. Hoy coloco una foto de Dennis Rodman en mi habitación de adolescente, hoy me vuelvo a enamorar. Una noche del año 1992, fue encontrado sentado en su camioneta con un arma cargada en el estacionamiento de la cancha de los Pistons. Rodman declaró en una de sus autobiografías que esa noche fue cuando asesinó al viejo Dennis, y dejó al nuevo Dennis salir.
 
Puedo engañarme con el sexo, como Dennis Rodman, pero el amor no entiende de ejercicios físicos. Dice que se ha acostado con más de 2000 mujeres, entre ellas Carmen Electra y Madonna. Así es el hombre que decía que sólo hacía una cosa que no hacían los demás: "Saltar tres o cuatro veces por un rebote". Así es el Gusano.
 
Hoy quiero poner los posters en la pared, aunque tenga otras prioridades, aunque estén allí desde siempre.
 
Hoy me vuelvo a enamorar.
 
Y pase lo que pase, siempre tendré en cuenta que “La vida puede ser maravillosa”.

Hoy comienza el Mundial: Andrés, That´s Entertainment!

martes, 2 de marzo de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 3 BIS): Escribir Poesía



O poeta é um fingidor.

Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente
(Pessoa)

Me machaca. Me destroza el ánimo. Me desespera. Me irrita hasta la locura. Me exaspera. Me angustia. Me bloquea. Me duele. Me pesa. Me obsesiona. Me idiotiza. Me hace vulnerable.
No sé escribir poesía. Ni siquiera para ti. No sé escribir poesía. Ni siquiera mala poesía.
Una de las cosas más dignas que hacer en esta vida sin metas en la que vivo podría ser escribir poesía. Pero no sé. Tengo amigos que sí saben. Y saben hacerlo muy bien. Pero yo no. Para hacer algo tienes que intentarlo, tienes que poner todos tus sentidos en ello. Tienes que esforzarte, tienes que trabajártelo. Pero sobre todo tienes que querer hacerlo.

Yo quiero escribir poesía, pero no sé. Puede parecer una cuestión menor. Puede parecer la rabieta de un niño mimado, pero quiero escribir poesía. No quiero ser un poeta, me conformo con
escribir poesía (aunque parezca lo mismo, no tiene casi nada que ver). Me encanta la poesía. Me emociona la poesía. Me turba, me inquieta, me relaja, me hace volar, me hacer vivir la buena poesía… ¡Cómo me gustaría saber escribirla!

Me gustaría embriagar con “El Vino de los Amantes” pero se me adel
antó Baudelaire o realizar un “Inventario de lugares propicios al amor” pero ya lo hizo Ángel González.
Creo que una brizna de hierba no es inferior a nada, pero no soy, ni nunca seré Walt Whitman. Recito “Poeta en Nueva York” como si de un padrenuestro se tratara, pero quiero escribir mi propia poesía.

No necesito que sea especialmente buena (¿Quién dice si la poesía es buena o mala?), no necesito que sea espacialmente mala. Sólo necesito escribir poesía. Y no sé hacerlo. Y no tengo esperanzas en que en el futuro sepa hacerlo. Quizás necesite pasar una "Temporada en el Infierno" con Rimbaud.



Quizás necesite lanzarme con William Blake al Camino del Exceso para llegar al Palacio de la Sabiduría. Quizás si supiera escribir poesía podría disimular muchas cosas de mí que no me gustan. Podría decirte a las claras, y no en palabras de Panero, que no es tu sexo lo que en tu sexo busco sino ensuciar tu alma, pero me atormento oyendo a Byron susurrarme al oído aquello de hubo un tiempo ¿Recuerdas?, e inevitablemente me viene a la cabeza que No volveré a ser joven y me dejo llevar por Gil de Biedma:


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante

Y siento que mi tiempo se acaba aunque me queden tantas cosas por ver, y sobre todo por escribir. Y me apodero de Alberti para lamentar que nunca vi Granada, a pesar de que se apodere de mí desde crío Espronceda con su "Canción del Pirata" y crea

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

Quiero escribir poesía. Quiero escribir poesía que hable de ti. Quiero escribirle un soneto a un ignoto Dios que me desprecia por el tipo de vida que llevo. Quiero escribir poesía que cante la belleza de una chica de pelo dorado a la que nunca llegaré a poseer. O a una Niña morena y ágil, pero ya me apropiaría de Neruda, y no me gustaría besarte en la boca porque

Me gusta cuando callas porque estás como ausente,

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.

Y aún así mi obsesión es masajearte con mis palabras. Llegar a fundirme en tu cuerpo con los versos acertados. Hacerte sonreír líricamente para llevarte al llanto sin solución de continuidad. Alejarnos juntos de lugares comunes que me recuerden que no sé escribir poesía. Para luego despertarme al día siguiente, y aún entre las sábanas susurrarte al corazón que

Soñé contigo esta noche:
Te desfallecías de mil maneras
Y murmurabas tantas cosas...
Y yo, así como se saborea una fruta
Te besaba con toda la boca
Un poco por todas partes, monte, valle, llanura.

Aunque me tenga que servir de Verlaine. Seguramente sea lo más fácil. No obsesionarme con querer escribir poesía. Es posible que toda ya esté escrita, y yo haya nacido para utilizarla sin más (y sin menos). Para usar el verso del maestro para llegar a ti, sin preocuparme de que sea lo suficientemente perfecto para merecer llamarse poesía. ¡Oh capitán, mi capitán! Me dirás, fantaseando con que sea yo quien te escribe los poemas cuando lo más bello que puedo hacer por ti es vigilar tus zapatos en primera línea de playa cuanto tú te sumerges en el mar. Y cuando te falle, volver a la infancia y recurrir a Darío para ofrecerte mi más bella "Sonatina" y elogiar tu tristeza y tus suspiros, aunque lo que me obsesione realmente sea tu boca de fresa. Quiero cantar al mundo que sólo me alimento de poesía. Que la poesía me sirve para ser quien siempre quise ser. Que poesía soy yo:

- Cuando quieras hablar en serio conmigo, a lo mejor ya es tarde, y ni siquiera habrás aprendido entonces a escribir poesía... Eso es un golpe bajo... Tú te lo has buscado… Yo me lo he buscado…

A fin de cuentas no soy más que un humilde seguidor de Luis Chamizo y “El Miajón de los Castúos”: Y sus dirá tamién cómo palramos, los hijos d'estas tierras, porqu'icimos asina: jierro, jumo y la jacha y el jigo y la jiguera.

Pero nunca nadie dijo que Chamizo y Dylan no estuvieran conectados


Princess on the steeple
and all the pretty people
They're drinkin', thinkin' that they got it made
Exchanging all kinds of precious gifts and things
But you'd better lift your diamond ring,
you'd better pawn it babe
You used to be so amused
At Napoleon in rags
and the language that he used
Go to him now, he calls you,
you can't refuse
When you got nothing,
you got nothing to lose
You're invisible now,
you got no secrets to conceal.


Ellos son así. Ellos saben escribir poesía. Yo ni siquiera puedo intentarlo sin rubor. Pero me han acercado a ti. Me han prestado sus palabras, me han donado sus pasiones. Me han enseñado a sentir, me han ayudado a volar. Si algún día me acerco a ti, se lo debo a ellos. A ellos, que me recuerdan todos los días que merece la pena vivir por escuchar su poesía. Aunque yo no sepa escribirla, aunque no pueda escribirla, aunque no quiera escribirla.

A ellos, y a David, y a Andreas, y a Fernando, y a Ulises y a tantos otros que se acercaron a mí con una poesía, aunque sospechen que yo no sé escribirlas. ¡Cabrones! (Gracias)


E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.
(Pessoa)


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