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martes, 22 de agosto de 2017

Tú tenías un puto blog


Eso me dijo ella. No le faltaba razón. Yo tenía un puto blog y lo tengo abandonado. Quizás no fuera más que una impresión errónea o que tenía mejores cosas que hacer.

¿Qué cosas?
No sé, cosas.
¿Cuáles?
He publicado un libro.
¿Y qué?

No supe qué responder. Tenía un puto blog abandonado y me escondía detrás de un libro que acababa de publicar para que no se viera. Cuando era niño no me gustaba jugar al escondite. No me gustaba esconderme. Me escondía mal porque tenía miedo a que no me encontraran. Creo. Tampoco estoy seguro de eso. Recuerdo mal la infancia. La mía y la de los demás. También recuerdo mal que tenía un puto blog. Todo es tan relativo. Taaaan relativo.



Me invento las cosas y no siempre para bien. Todo parte de cuando vi “La rosa púrpura de El Cairo” y me metí en la película. Fui consciente de que yo no sé tocar el ukelele, de que él era imaginario, de que yo iba a tener un puto blog abandonado y de que seguramente todo lo sea. Imaginario.
He publicado un libro que se llama “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren” y lo único que creo que es que soy un farsante que tengo un puto blog abandonado.


- Publicar un puto libro no justifica tener un puto blog abandonado.
- Es mi segundo puto libro.
- Tu puto segundo libro y tu puto blog abandonado.
- ¿No crees que usas mucho la palabra “puto” para todo?
- Quizás. Quizás todo sea producto de tu puta imaginación.

Quizás todo sea una puta mentira...





P.D.: La película de Woody Allen “The Purple Rose of Cairo” se llama en castellano “La Rosa Púrpura de El Cairo”, no “del Cairo” como suele verse por ahí porque los nombres propios que incluyen el artículo “El” no se contraen aunque lleven “de” delante. No es que sea un tema importante pero el mundo está lleno de frases con ese error.

P.D. II: Tengo un puto blog abandonado. Este. También he publicado mi segundo libro, “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren”, y se puede comprar en Amazon tanto en papel como para Kindle, y se pueden leer más de 50 páginas de manera gratuita en la misma página. Puto libro.




domingo, 6 de diciembre de 2015

El desayuno como medida de todas las cosas


El día que vuelvas a quererme QUIZÁS yo solo desee volver a desayunar todas las mañanas contigo en estas tazas.



Porque lo más importante de querernos, lo mejor de las historias, son los desayunos.


Todo empieza con un poema.
Todo empieza con una canción.
Todo empieza con una historia.
Todo acaba cuando llega el BESO.


Lo nuestro empezó con un BESO.
Después del BESO empezó la historia.
Y la historia arrancó con una canción.
Y terminó con un poema.
Un poema que nunca te escribí.
Como aquel cuento.


Siempre fuimos diferentes. Aunque también tengamos nuestro BESO, nuestra historia, nuestra canción y, por supuesto, teóricamente (solo teóricamente) nuestro poema. Y aquel cuento que nunca te escribí.

Ya tengo las tazas para desayunar juntos el resto de las mañanas que deseemos. Cuando vuelvas a quererme. Del poema y el cuento ya hablaremos cuando tengamos el café caliente...







P.D. I: Las tazas las venden aquí: http://bag-apart.com/producto/pack-anniealvy/
Que vuelvas a quererme y desayunemos juntas en ellas no vale 19 €.

P.D. II: Escribir en reglones cortos no hace poesía. 







martes, 9 de julio de 2013

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 12): La mujer dentro del robot de Metrópolis

Hay fotos que nunca querría ver.



Acabo de descubrir que dentro del robot de Metrópolis había una mujer. Más que acabar de descubrirlo, acabo de ser plenamente consciente de ello. Es parecido a aquello de darse cuenta de algo aunque siempre hubiera estado presente y no me hubiera parado a pensarlo. Cuando te dicen tu mujer ya no te quiere y empiezas a ser consciente de que ya lo sabes y que siempre lo has sabido. Son esos momentos extraños que llegan cuando llegan. Yo he visto la foto y acabo de descubrir que dentro del robot de Metrópolis había una mujer. Ahora me da más miedo que antes. Estuve muchos años enamorado de ese robot porque era maravilloso, aunque como dirían en La Rosa Púrpura de El Cairo, es de ficción pero no se puede tener todo.


Hoy me aterra pensar que dentro del robot había una mujer. Estoy acostumbrado a conocer mujeres que dentro tienen un robot y son miedos con los que he aprendido a vivir. Pero al contrario me produce verdadero terror.


Voy a buscar esa foto tras las cámaras para descubrir de una puñetera vez qué es lo que hay dentro de mí...






lunes, 29 de octubre de 2012

El fin de los tiempos: Sandy llega a Nueva York, el tercer aniversario de cabezadeavestruz y los cuatro jinetes de apocalipsis que no me dejan ver la luna.




No te lo he dicho. 

No lo puedes saber. 

Pero es el momento de informarte de ello antes de que salga en las noticias y no te enteres de primera mano:
Estoy en Nueva York. 







He decidido instalarme allí con los amigos que tengo en el Meatpacking, en ese pequeño apartamento de artistas con ínfulas de grandeza a los que tanto detesto, pero a los que tanto necesito ahora mismo. 

Son extraños. Viven en Nueva York, la mejor ciudad del mundo, pero sueñan con vivir cerca de ti, en el campo.

Yo he venido a cerrar una etapa aquí. No se me ocurría mejor lugar. Bueno sí: Me encantaría pasar estos días en el Edificio Dakota, con una habitación que tuviera ventanas que den a Central Park. Pero no. No se puede pedir todo. Si eres un poco asocial y nunca has trabajado bien las relaciones sociales, es difícil encontrar a gente cuando realmente la necesitas. Y no conozco a nadie que me pueda conseguir eso ahora mismo.

He llegado a Nueva York, a Manhattan, a pasar el cambio de ciclo. 

cabezadeavestruz cumple 3 años y no se me ha ocurrido mejor sitio donde retirarme a pensar, a analizar con fuerza el futuro y decidir si seguimos con esta película o la cerramos definitivamente. Estando a sólo 97 años de nuestro Primer Centenario, da un poco de pena no tener claro el futuro por falta de esplendor y exquisitez.

Las onomásticas siempre dan pena. Hay a quienes les da fuerza. A mí me recuerdan al Apocalipsis. Creo que mi actividad habitual de mirar la luna se va a ver interrumpida en cualquier momento por la irrupción en el cielo de cuatro jinetes que vengan a acabar con toda esta farsa.




Llega el cuarto año de cabezadeavestruz este martes. El año 52 D.D. comienza el 30 de Octubre. Llega a Nueva York el huracán Sandy. Y tengo un amigo al que le gusta las Sandys. Cuatro años, cuatro jinetes, la infame costumbre de tomar cerveza con limón y de repente me veo atrapada aquí, en un pequeño apartamento del Meatpacking neoyorkino, sin tiempo para acumular víveres ni estímulos vitales. El metro ya ha cerrado. Tus ojos también. Y yo no encuentro la luna porque hay cuatro jinetes que irrumpen en el cielo y vienen directos hacia mí.

¿Qué puedo hacer en la ciudad del mundo donde todo es posible?

Me he comprado una caja negra donde guardar todo aquello que quiero salvar de Sandy y de mí mismo. Un día me preguntaron qué tres cosas me llevaría a una isla desierta y me echaron por pesada. Me he comprado una caja más grande de lo que planean y voy a meterlo todo ahí:




El momento en el que vi en tus ojos la certeza de que íbamos a hacer el amor. 
Una pista de video con el momento en el que José Sacristán le dice a María Valverde completamente desnudos, en el baño donde se han quedado encerrados en “Madrid 1987” aquello tan maravillosamente trágico de “No olvides que la vida es el sabotaje perfecto de los sueños”
El turismo como primer y principal motor del productor interior bruto de mi corazón.
La conciencia de la estupidez de todo lo que me rodea en el momento en el que descubrí que la palabra usada para dar nombre a la fobia a las palabras grandes es “hipopotomonstroesquipedaliofobia”
La chusta del porro que me arrojó a la cara y guardé el día que le acosé Calamaro.
Los besos espontáneos y no pedidos-
El día que creí ser Frank Sinatra y las hojas de la agenda que dicen que volveré a creerlo.
Tu capacidad de soñar por muchas pesadillas que te provoque.
Un curso por fascículos para aprender a bailar como Ian Curtis o a moverme como Daniel Day Lewis cuando en “En el nombre del padre” pinchan en la jukebox de aquel pub inglés “Like a Rolling Stone” al inicio de todo o a estremecerme como Iván Ferreiro cantando M.
La impresión de tu cara cuando me puse el disfraz de Catwoman y lo difícil que te resultó quitármelo cuando decidiste que me ibas a follar.
El recibo del pago de la entrada del globo que terminaré de comprar e inflaré cuando todo esto pase y con el que te llevaré a ver el mundo desde arriba, como debe verse.
La seguridad que tienen muchos de que algún día conseguiré integrarme en este raro mundo y que no me resultará una traición a mis principios metida en una cajita metálica de bombones sin azúcar.
Los ojos del mejor David Bowie padeciendo heterocromía.
Sentir que hay quien me quiere y admira más que a Cristiano Ronaldo, aunque no sea lo normal y no se pueda decir en público. Sobre todo que me admira. Fundamentalmente que me quiere. Más.




Ser consciente que si alguna vez empuño una pistola y disparo a alguien, será en el estómago porque las películas me enseñaron que es la peor forma en que puede morir.
La nueva película de Gonzalo Suarez. La que sea, la que venga. Y todas las demás.
La forma que dices “Buenos días” cuando realmente siento que te lo parecen porque es lo primero que dices ese día.
Esa canción que elegiría si me obligaran a ser la única que voy a escuchar una y otra vez hasta que me muera. Esa canción que existe pero que no sé cuál es ahora mismo porque es Lunes y Sandy amenaza con acabar con todo, como el final del tercer año de cabezadeavestruz le ha dado alimento a los caballos en los que vienen montados los cuatro jinetes del apocalipsis, recordando que el cuatro existe pero no tiene porqué llegar.
Saber que cada día nuevo puede y debe ser mejor que el que se va.
Los planos del museo que voy a construir en el Village, aprovechando las donaciones de todos los locales neoyorquinos que conservan ceniceros que ya no valen para nada desde que no se puede fumar en ningún sitio.
Una libreta llena de poemas olvidados, que por muchas páginas que pasen no se acaben nunca y me pueda pasar la eternidad leyéndote uno cada noche mientras soplas tu tazón de sopa caliente antes de ir a dormir, aunque no sea conmigo.
La ilusión de despertarte una mañana no muy lejana y que lo primero que vean tus ojos sea mi pelo mojado por el mar y sonrías al oler el salitre.
Mi capacidad innata de procrastinar sin sentirme culpable.
Mi ejemplar de la primera edición del Ulises de Joyce en Portugués dedicado a mí con otro nombre por Enrique Vila Matas.
Los momentos en los que me dicen todo sin decírmelo y a nadie nos importa porque sabemos que existen, guardados en una caja de 90 gramos de Marlboro de liar que aún huele a American Way of Life.
Cuando te acuestas conmigo porque quieres hacer un trío con mi presencia y con la persona en la que piensas cuando estás conmigo.
La filmografía completa de Woody Allen. ¿Completa? Sí, completa. Las obras maestras lucen más cuando se tienen en cuenta las películas menos buenas. 
Maribel Verdú.
La respuesta correcta a la pregunta de ¿Para qué he nacido? Detrás de la parte gris de un rasca y gana de una tómbola ambulante. 
Que odies los gatos pero te encante ronronear rozándote con mi cuerpo.

La sensación de no poder escribir bien porque sólo pienso en ti...

Escribir cosas maravillosas fuera de mi alcance porque sólo pienso en ti...


Que siga debiéndote un cuento.





Y, sobre todo, que alguien alguna vez, y para eso tengo que empezar a preparar el cuarto año, mi segunda novela, mi tercera operación corporal, mi enésimo afeitado… Me diga a la manera de Charles Baudelaire “Me has dado tu barro y yo lo he convertido en oro”…

Cuando Sandy llegue aquí a Nueva York, se acabe el tercer año de cabezadeavestruz, entremos en el año 52 Después de Diego, y el ambiente sea irrespirable, no me quedará más que confiar que todo eso que he metido en el refugio antihuracanes y todo lo que no recuerdo ahora mismo, se mantenga seco y seguro, y el aire que deshace mi moño sean tus dedos cuando salimos a buscar por las calles bajo la lluvia a Holly Golightly para que nos cante Moon River bailando bajo la lluvia de una puta vez…




lunes, 15 de octubre de 2012

La importancia de las cosas




Él adoraba Nueva York..."




Salieron del cine.

Él no recordaba cuántas veces había visto ya esa película. Pero le seguía pareciendo magistral. La podría ver tantas veces como quisiera, que siempre sería maravillosa. 

Continuaba con ganas de verla.

La agarró de la cintura al salir a la calle. Ella bostezó.




La noche había llenado Madrid a la salida de la Filmoteca.

No le gustó, pero no le dio importancia. Dejó reposar unos instantes el despertar a la noche madrileña puesto que la anterior vez que habían hablado era todavía una tarde soleada en la puerta de la Filmoteca y esos cambios, a los que no damos demasiada importancia, marcan nuestra vida inevitablemente.

En cualquier caso, era una de sus películas preferidas. Era una de las grandes. No tenía prisa.
Consideró indispensable, además de que le apetecía mucho, compartir esa obra de arte con ella. Quería degustar de nuevo aquello con ella a su lado. Necesitaba que a ella le gustara.

Pasaban los minutos y nadie decía nada. La besó y se imaginó el blanco y negro de Manhattan mientras pensaba que la amaba pero necesitaba una respuesta YA.

Y… ¿Bien?, Preguntó más tímido de lo que era su carácter habitual.

Bueno, no está mal… Para ser Woody Allen, que no me gusta mucho, me ha divertido.

Él resopló y contó hasta diez antes de contestar. 

¿Después de ver una obra maestra lo único que se te ocurre decir es que no te gusta mucho Woody Allen y que por lo menos te has divertido?

Ella, inconsciente de la importancia que tenía para él haber ido juntos a ver la película y de lo vital que suponía que para ella tuviera que ser una experiencia tan catártica como el primer “te quiero”, le miró disgustada y alegó que una comedia de Woody Allen nunca puede ser una obra maestra. Que te puede entretener más o menos, que puedes reírte, pero poco más… Y eso si no eres de los que te cae Woody Allen antipático y piensas que siempre hace la misma película. Se puso de perfil con aire altanero y de desprecio y concluyó analizando lo tonto que le parecía que fuera una película de 1979 y se hubiera hecho en blanco y negro.




Él tuvo que contar hasta veinte esta vez y, dolido como hacía mucho tiempo no había estado, empezó a construir un discurso acerca de lo diferente de Manhattan, de lo clave en la historia del cine, de lo maravilloso de Woody Allen a pesar de su aparente misma película - mismo papel y de la poesía del blanco y negro como una declaración de amor a la ciudad de Nueva York. Pensó mezclar todo eso con palabras que mostraran el dolor que le producían sus palabras y la infinita decepción que le provocaba aquello, además de olvidarse mientras hablaba que ya nada volvería a ser lo mismo entre ellos, pero sus pensamientos se bloquearon al verla de perfil.

Miró sus pechos. Sus pechos en aquel perfil le recordaron quién era. Esas tetas grandes y turgentes le hicieron olvidarse por un momento de la película.



Horas después, bajo unas sábanas en blanco y negro, en la intimidad de una noche de sexo con tetas grandes y turgentes él pensó que “el cerebro es el más sobrevalorado de los órganos" y ella recordó que había escuchado en la película como una de las chicas le decía al protagonista algo así como que “tienes que tener un poco de fe en la gente” y estuvo tentada de soltarla para romper el silencio.

Ninguno de los dos habló...


Ella se incorporó y con ella iban esos pechos tan grandes, turgentes y maravillosos. 
Él no pudo reprimirse, la agarró y volvieron a follar como si aquella tarde no hubiera pasado nada.

Pero los dos sabían que ya nada volvería a ser lo mismo… 


A fin de cuentas: ¿Por qué vale la pena vivir?









martes, 17 de enero de 2012

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 21): Acostarse tarde




Últimamente me acuesto muy tarde. 
Espero que el cansancio me pueda y no aguantar más para irme a dormir. 
Es la única manera que conozco para encontrarte en mis sueños...


Antes me acostaba temprano y no soñaba. Recuerdo que no era feliz. 





Ahora te busco y te encuentro siempre que me acuesto tarde. 
Me estoy volviendo un crápula, estoy cansado casi todo el día, pero la claridad del día ha dejado de tener importancia desde que vi tu luz en mis sueños.

Todas las noches hago lo mismo. 

Todas las noches te espero.

¿Vienes?



"Y antes de dormir
Voy a repetir:



miércoles, 11 de enero de 2012

Otra noche sin dormir (Volumen 12): Salidas del armario y holocaustos de la humanidad




"A. Todos los hombres son mortales. 
B. Sócrates era mortal. 
C. Todos los hombres son Sócrates. 

(La última noche de Boris Grushenko, Woody Allen)




INICIO



Me desperté inquieto. Más de lo normal. No sabría decir bien porqué, pero algo me pasaba aquella mañana.

Me había costado conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada aunque aquello no era relevante pues me pasaba muy a menudo. Estaba cansado y maldije la hora en la que el despertador sonó a pesar de saber que yo era el único responsable de que se activara precisamente a esa hora.

Bueno, yo y el maldito trabajo al que me sentía atado para poder pagarme un poco de vida cuando no estoy en él.

La vida fuera del trabajo cada vez era más escasa, y el trabajo dentro de la vida era cada vez más asfixiante.

Mis sentimientos hacia todo lo que me rodeaba era cada vez más confusos. Mis sentimientos hacia mí mismo eran cada vez menos indulgentes.

Me dolía la cabeza muchísimo. La falta de sueño es algo a lo que uno acaba por acostumbrarse, pero sus consecuencias no las mides nunca adecuadamente. 

Hacía tiempo que no leía el periódico. Hasta en eso estaba cambiando. Yo siempre había sido una persona interesada por lo que sucedía en el mundo, pero el periódico lo leía muy habitualmente porque me gustaba leer cosas de actualidad, aunque fueran patrañas y signos inequívocos de que todo estaba muy mal.

De la tele no me fiaba, pero esa mañana hacía frío. El café y los informativos matinales serían los acompañantes perfectos hasta que llegara la inevitable hora de ponerme el disfraz de persona normal y salir a trabajar.

Definitivamente, iba a tener un mal día. Las guapas presentadoras de los telediarios matinales parecían querer avisármelo antes de que pusiera un pie en la calle.

En cualquier caso, debía hacerlo. No por apetencia. Debía salir a la calle y encaminarme al trabajo, no había otra. Los telediarios matinales y el café cargado no habían hecho más que recordarme que había pasado otra noche sin dormir y eso no podía ser bueno en ningún caso.





NUDO




Estoy en la calle de buena mañana.

Voy a comprar el periódico.

Me da igual que no  haya dormido mucho y que el día vaya a ser la mierda de costumbre, voy a ver si el periódico me anima constatando que el mundo que me rodea está hecho una piltrafa.

La primera en la frente: El Papa dice que el matrimonio entre homosexuales acabará con la humanidad. 




La verdad es que la noticia tiene su gracia. Al menos a mí me lo parece. No quiero salir del armario, el matrimonio me produce pavor además de parecerme una de las instituciones más perniciosas que ha inventado nunca el ser humano, y al Papa lo considero el ser humano más infecto que hay sobre la faz de la tierra, me da pavor, y debería ventilar su armario de una puta vez.

La noticia del día. Inundando los medios. El Papa ha vuelto a hablar. Yo tengo que ir a trabajar. La humanidad se va a acabar por culpa de los gays y el Papa lo sabe antes que nadie.

Yo no gay, ni el Papa, ni papá… Aunque creo que sólo estoy completamente seguro de la  opción del medio.  Yo quiero acabar con la humanidad hace mucho tiempo, pero nunca he sabido cómo hacerlo. Ahora tengo que ir a trabajar. Cuando salga quizás piense un poco más en ello. El Papa me ha dado muchas pistas. La extinción de la humanidad es una de mis fantasías más húmedas de siempre. En mi armario entra luz desde el exterior…





DESENLACE




Esta noche voy a soñar con follarme a todo hombre que me encuentre por el camino. Y cuando digo hombre, digo persona de sexo masculino, no quiero que quede la duda de si estoy usando el maldito genérico y con ello me refiero a ambos sexos.

Voy a salir a la calle y al primero que me cruce le voy a dar mi amor de la mejor manera que pueda. Y luego iré a por otro, y a por otro, y a por otro… Hasta que esté cansado de follarme a todo los tíos que me encuentre.

Descansaré un rato y seguiré. Toda la noche. Aunque se convierta en otra noche sin dormir. A fin de cuentas, cuando más se liga es por la noche, o al menos eso es lo que todos creemos. Y hay que aprovechar.

Follaré y follaré hasta que alguno se enamore de mí. Y cuando estemos los dos enamorados nos casaremos rápidamente. Y le dejaré por el primero que pase. Y cuando me vuelva a enamorar, me casaré de nuevo. Y volveré a dejar a éste por el primero que pase. Y así…

Me casaré con todos los hombres que pueda. A mi madre no le gustará que salga del armario y me case con un hombre, pero con tal de ser la madrina en alguna boda y ver a su hijo de punta en blanco, el disgusto se convertirá en ilusión rápidamente. Aunque la ilusión se le pasará cuando lleve tres o cuatro bodas. Y más cuando se dé cuenta de lo rápido que lo voy a hacer. Y más aún, cuando sepa que lo hago por acabar con la humanidad… 

A esas alturas ya habrá amanecido y habré pasado otra noche sin dormir…

La humanidad seguirá existiendo y yo seguiré teniendo que ir a trabajar. 

Y el Papa, al respecto, ya puede decir misa (Nunca mejor dicho).




Nota del Traductor 1: 
Este post tiene hilo musical. No tiene nada que ver con el Papa, pero lo escrito aquí arriba no tiene nada que ver con él tampoco. 

Nota del traductor 2: 
En muchas de las líneas de esta historia se confunde el sexo con amor, y el amor con el sexo. Del sexo se llega al amor, y del amor al matrimonio. Del matrimonio al sexo no se dice nada. Y se obvia (conscientemente) lo improbable de que alguien como yo pueda ir por ahí follándose a lo primero que se le cruza, no por falta de ganas propias, sino por desgana de la otra persona. Sea hombre, mujer, animal o cosa…

Nota del traductor 3:
El mismo día que el Papa dice ésto, una turista suiza es detenida por intentar grabar un corazón en el interior de la Alhambra. Quizás no tenga nada que ver, pero por si acaso voy a seguir desconfiando muy seriamente de la humanidad. Se extinga o no…

lunes, 16 de mayo de 2011

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen IV): Dioses y monstruos

"Las mujeres más lindas resultan casi siempre las más aburridas, y ese es el por qué, de que ciertas personas no crean en Dios".
Woody Allen (Sin plumas)


FOTO: Yves Herman (REUTERS)

Ahí está. 
Mirándome directamente. 
Pendiente de mí, que presto toda mi atención. 
A pesar de que detrás de Él haya una nube de rabiosos fotógrafos que han venido a coger su mejor pose y que se tendrán que conformar con que Él se digne a dar la vuelta y dedicarles una miradita desde sus históricas gafas de pasta.

Ahí estoy. 
Plantado frente a frente a uno de mis mitos. 
Me mira directamente tras sus gafas de pasta negra, aunque detrás tenga una legión de fotógrafos pagados por buscar una instantánea con su mirada, con algún gesto, con alguna mueca. 
Me mira a mí y da la espalda al mundo. 
Al menos, mediáticamente. 
Hoy en día no eres nadie si no sales guapo en las fotos. 
Él nunca ha sido guapo, pero me da igual. 
Estoy enamorado de Él desde que lo conozco. 
Aunque no crea conocerlo a fondo, lo que sé ya me vale para rendirle pleitesía eterna. 
Es más de lo que de la mayoría de los habitantes del mundo en el que habito puedo decir.

Ahí estamos. 
En comunión. 
Lo divino y lo humano. 
Sin saber muy acertadamente quién es quién. 
Él no me conoce a mí. 
Yo sólo sé de Él por sus películas, por sus escritos… 
¿Quién engaña a quién? 
¿Merece la pena adorar a un ser pequeñito que da la espalda a una legión inmensa de periodistas acreditados para mirarme a mí?

Decían en Nadie conoce a Nadie que “hay que creer en algo, en la religión, en la política. O en un par de tetas, pero hay que creer en algo”…

Yo creo en las tetas, eso está claro. 
De religión y política no hablo porque pierdo amigos. 
De tetas sí me gusta hablar...

Hay gente a la que le gustaría creer en Dios, pero sólo cree en Billy Wilder.
A mí me gustaría creer en ti, pero creo en Woody Allen.

No sé quién o qué es Dios.

No sé si creo en Él o no.

Siempre he sido más de sacerdotisas.

Aunque a esas sí que no me las creo… 

Y me da igual.


Posdata Irrelevante (Como casi todas): Llevar tanto tiempo con esta canción de melodía del despertador quizás tenga algo que ver...


martes, 26 de octubre de 2010

Otra noche sin Dormir (Volumen 6): Manhattan y el trabajo.



Me desperté sudorosa y alterada… Lo primero es lo que realmente me molesta cuando pierdo el ritmo del sueño, lo despertarme sudorosa. Estar sudorosa es lo peor que le puede pasar a una mujer en la cama. Por supuesto, después de no poder dormir… Eso sí que es lo peor que te puede pasar.
Me levanté sin que se diera cuenta. No costó mucho -tiene un sueño muy profundo- y me planté en el lavabo a refrescarme un poco. Lo peor que te puede pasar una noche, después de no poder dormir y de estar sudorosa, es mirarte en el espejo y ver los pelos de loca que tienes de madrugada y descubrir lo mal que te queda su camiseta, por mucho que a ti te resulte muy cómoda para dormir. Quizás debería empezar a plantearme que lo de despertarme sudorosa se podría evitar durmiendo en pelotas. Eso me puede venir de que haya soñado con Marilyn Monroe y sus dos gotas de Chanel Número 5 para dormir. Desde que duermo tan mal, creo que empiezo a interpretar mejor mis sueños.
Mis sueños dormida, claro está.
3:52 A.M.: Como de costumbre, es demasiado tarde para volver a dormir, pero demasiado temprano para empezar a vivir si tu existencia se sustenta en un trabajo que detestas pero que te obliga a sentarte en él frente a una insulsa pantalla de ordenador a ver cómo te cuadran unas cuentas que no te importan lo más mínimo salvo cuando emiten señales extrañas que indiquen que están erradas y tu jefe se pueda cabrear contigo y tengas que buscar otro trabajo rutinario y deprimente con el que volver a comenzar el ciclo que te lleve a pasar más noches sin dormir rodeadas de obligaciones que te permitan alimentarte y permitirte algún que otro capricho de cuando en cuando…
A veces pienso que yo no debería ser así, que me han diseñado defectuosamente. Por qué pienso en tantas cosas…
4:07 A.M.: Me ha salido un pequeño grano en la nuca, en el nacimiento del pelo. No es que sea importante para no poder dormir, pero cuando no duermes descubres cosas insólitas que sólo tienen importancia en esos momentos.
¿Realmente merece la pena vivir así? Es duro hacerse esa pregunta cuando una está sudorosa, son las cuatro de la mañana, tiene el pelo revuelto como una loca, debe ir a trabajar en unas pocas horas y lleva puesta una camiseta de propaganda que le hace de camisón.
¿Es esto lo que me prometieron y por lo que tenía que rezar cuando era pequeña? Debería olvidarme de los gurús eclesiásticos de mi infancia y acercarme a los gurús de mi madurez. Enciendo la tele y no encuentro respuestas. Era de esperar. Busco en la estantería algún valor seguro, algo que nunca me falle y me topo con Manhattan.
 
Ahí están las respuestas:

¿Por qué vale la pena vivir? Ésa es una buena pregunta...

- Groucho Marx.
- Jimmy Connors.
- El segundo movimiento de la sinfonía “Júpiter”.
- Louis Amstrong y su grabación “Potato head blues”.
- Algunas películas suecas, claro.
- “La educación sentimental” de Flaubert.
- Marlon Brando.
- Frank Sinatra.
- Esas increíbles manzanas y peras de Cezanne.
- Los mariscos de Sam Wo´s.


"El rostro de Tracy..."
Saco una libreta y decido hacer mi lista de las cosas por las que merece la pena vivir...
9:57 A.M.: Suena el móvil. Mi jefe enfadado me pregunta por qué no he ido hoy a trabajar. No tengo excusa, me he quedado dormida. 
Quizás mañana sea otro día…


miércoles, 7 de julio de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 7): Las Mantis Religiosas



Nunca me gustó morir. 
Es algo para lo que nunca estuve preparado. 
 Hay veces que la vida te depara sorpresas, hay veces que la vida se convierte en muerte.


Me acerco a ti aunque sepa que me vas a matar. Aunque piense que quizás me acerque a ti precisamente por eso. Quiero ser devorado mientras copulamos salvajemente. Quiero que te comas mi cabeza, aunque no vayamos a tener un puto futuro. 

Yo te busco, mantis religiosa.

Me arrastro para que seas la mujer que se coma mi cabeza mientras copulamos como fieras, mientras follamos como insectos. La hembra dominante que sabe que un rato con ella no deja que la vida posterior merezca la pena y te mata. Para que me devores.

Me obsesionas, mantis religiosa. 

Tu monstruosidad sin conciencia aparente, sin debilidades visibles, seducen y dejan a tu paso un reguero de sexo y muerte. Quiero que me poseas, aunque en ello encuentre mi perdición, aunque encuentre un merecidísimo y mortal castigo.

Pasaré por encima de las cabezas cortadas de los que sufrieron lo mismo que yo, los que se obsesionaron contigo. Saltaré cualquier obstáculo buscando la muerte copulando contigo. 

Eres sublime, no especialmente bella, pero desprendes un infinito atractivo y una gran personalidad. 

¡Cómo caminas!
Cómo exhalas el humo a tu antojo sin que nada parezca importar a tu alrededor, tu peinado, tus gafas negras, tu aura, tu vestido… 
Todo totalmente medido. Todo controlado.

Te presentas fácil, accesible, y a la vez inalcanzable. Sólo te podré poseer si me convierto en tu esclavo, en el bufón de tu corte, en tu chico de los recados...

Te muestras fría, pero sé que eres ardiente. Tu apariencia frígida esconde el placer infinito. Tú eliges y llevas las riendas. Y sé que me vas a matar.


“Siempre he tenido debilidad para lo que yo llamo mujeres kamikaze. Las llamo kamikaze porque, bueno, se estrellan con el avión. Son autodestructivas. Pero se estrellan contra ti y tú te mueres con ellas”

 No eres una mujer kamikaze por las que tenía devoción Woody Allen en Maridos y Mujeres. No eres de aquellas que se lanzan vertiginosamente a la vida y deciden chocar contra mí: Soy yo el que te va a buscar, aunque sepa que el choque es mortal.

Eres una de las cosas, con absoluta certeza, por las que merece la pena vivir, aunque ese punto álgido de mi vida signifique mi muerte.



La perversidad humana no tiene límites:
¿Hasta qué punto, puede llegar la imaginación y la maldad de la mantis religiosa?
¿Hasta qué punto puede llegar a dominar una mujer como tú?

Quién es más perverso entonces...

¿Tú o yo?


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!