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domingo, 6 de junio de 2021

Microrrelatos sin pudor (Volumen 52): Llamada por WhatsApp

 



-Que te haya bloqueado en WhatsApp no tiene por qué indicar que no quiera que la llames. 
-¿Seguro?
-Seguro. Que te la cruces a menudo en los sitios de siempre es una mera cuestión de probabilidad estadística.
-¿Qué probabilidad?
-Mayor que la de encontrártela en otros sitios a los que nunca ibais. 
-¿Y que haga como que no me ve o no exista?
-Si no te acercas a ella y te haces visible no tiene por qué saber de tu existencia. Allí o en cualquier otro sitio.
-¿Y si la llamo y nada?
-Que la llames y no te coja el teléfono no tiene por qué ser un indicador ni una señal para que no lo sigas intentando. Tienes que seguir probando.
-¿Y que siempre esté apagada o fuera de cobertura?
-Eso ya es otra historia. Lo siento, pero es otra historia...





lunes, 1 de junio de 2015

Retratos ecuestres, ADSL, superpechos, llamadas telefónicas y demás dramas de la vida moderna





Dibujé un retrato ecuestre mientras hablaba por teléfono con ella. Cuando colgué me di cuenta de que me había salido algo parecido a una amazona con superpechos montada en una rata gigante. Volví al teléfono y atendí más de lo conveniente a un agente comercial de una compañía telefónica que trataba de venderme algo. No están acostumbrados a que las llamadas duren tiempo porque normalmente la gente cuelga de manera desagradable con cierta urgencia. Yo tampoco estoy acostumbrado a escucharlos ni quería que me vendieran nada. Pero pretendía hacer un dibujo mientras hablaba y la venta de una nueva línea ADSL o el cambio a unas mejores tarifas de móvil deberían ser lo suficientemente poco atractivas pero bien detalladas para que volviera a tratar de dibujar bien el retrato ecuestre que había intentado mientras hablaba con ella antes. Me salió una tía con unos pechos superlativos. Ni rastro del caballo. Las tarifas para móvil eran realmente interesantes y últimamente el ADSL no me va demasiado bien, pero ni aún así valoré analizarlas demasiado. Colgué y recordé que ella no tiene unos pechos superlativos. No sé dibujar pero me encantan las tetas desmesuradas. Y me encanta aún más ella a pesar de ser bastante plana.



martes, 6 de enero de 2015

Cabinas de teléfono







El otro día me dio por preguntar por ahí si recordaban cómo era antes de tener móviles. Nadie se acordaba. No le daban importancia a ese recuerdo o no lo tenían. No encontraban la razón de por qué yo preguntaba eso. Quizás eran demasiado jóvenes. Busqué desesperado una cabina de teléfono de esas que había por doquier antes de que existieran los móviles. Ahora ya casi no quedan. Antes servían para llamar y eran necesarias. Y también para que se cambiaran súper héroes dentro, para hacer bromas a amigos, para besarse, para buscar dinero suelto, para hacerse fotos estúpidas... 




Ahora casi no quedan, y menos que funcionen. Pero encontré una desde la que pude llamar. Marqué números al azar y a todo el mundo le pregunté si recordaba cuando no teníamos móviles. Casi todos me colgaron. Seguramente no querían aumentar su riesgo de cáncer echando un rato de conversación sobre el tema con el móvil al lado de su oreja. Yo no tenía riesgo porque estaba en una cabina. Hasta que me cogiste el teléfono tú y me reconociste. Pero también dijiste que no te acordabas. Ni de cómo era antes de tener móviles ni de mí. Y lloré porque me quedé sin batería. O eso me lleva pareciendo hace bastante tiempo. Si a día de hoy es un milagro encontrar una cabina de teléfono, con lo útil que aún pueden llegar a ser, no quiero ni imaginar lo que sería buscar un cargador de yo. Seguramente ni exista.




Bonus track: Obviamente, todo me acaba llevando a "La Cabina" de Mercero.







jueves, 15 de mayo de 2014

Epílogos que prologan

 



- Por fin me coges el teléfono. ¿No quieres hablar conmigo?
- Después de aquello… No mucho, la verdad.
- ¿No vas a olvidarlo nunca?
- Es imposible. Lo que hiciste no se puede olvidar nunca. No quiero hablar ¡Sal de mi vida! Dime lo que quieras, te escucho y no vuelves a llamar, ¿Entendido?
- Te llamo para… Hazte las pruebas.
- ¿Qué coño dices? ¿Sigues empeñado?
- Hazte las pruebas, por favor, no me hagas sentir así.
- ¡Déjalo ya!
- Luego no me hables más, me olvidas si quieres… Pero tienes que hacerte las pruebas, por favor.
- Voy a colgar. Que te quede claro: Yo NUNCA me he acostado contigo. ¡Olvídalo ya!




Ella colgó el teléfono. 

Él se quedó unos segundos confuso con el auricular en la oreja. Después colgó también y pensó que quizás era el momento de contratar otra compañía telefónica que le diera menos problemas.



B.S.O.: "I just called to say i love you" (Stevie Wonder)

miércoles, 7 de agosto de 2013

El listín telefónico no salvó mi vida



"Because maybe
You're gonna be the one that saves me
And after all
You're my wonderwall"

(“Wonderwall”, Oasis) 




Ya casi no tienen utilidad. Nadie los utiliza pero los siguen repartiendo. Es una reminiscencia del pasado más en la que vivimos sin pensarlo demasiado. Los listines telefónicos ya no sirven para casi nada. Nada para lo que fueron creados. Puedes calzar una mesa con él, secar hojas y flores entre sus páginas, elevar la pantalla de un ordenador, defenderte de un acosador arrojándoselo... Pero no sirven para buscar a nadie. La gente que conozco no está en él. Aunque nunca he buscado demasiado. No he sentido la necesidad. Sólo te he buscado a ti, y tú no figuras. Pero sí tu casa familiar. Aquella casa a la que nunca vas ya. Está ahí, un número de teléfono que no sirve para nada, es el de tu casa familiar. Lo hubiera utilizado si lo necesitara o si supiera que allí te podría encontrar. 




No. 

Seguramente no lo hubiera utilizado aunque supiera que podía encontrarte allí. Ya no soy una jovencita arrojada al peligro y al riesgo de esos que buscan el número de tu casa familiar y llaman sabiendo que puede contestar al otro lado cualquier componente de tu familia ya olvidada que dejaste atrás. No sé cuánta gente vivía en aquella casa cuando tú también estabas, pero no me arriesgaría. Y ahora ya no sirve para nada.

Recuerdo un tiempo en el cual eran poderosos. Eran indispensables y creías que todo estaba en ellos. Pero desde muy pequeña empecé a rebuscar en sus números y no encontraba respuestas a cosas que no me preguntaba. Sus páginas llenas de números no me dijeron dónde estaba Amelia Earhart ni quién mató a Laura Palmer. A escondidas busqué cómo contactar con Ronnie Biggs pero tampoco tuve suerte, ni siquiera pude contactar con el equipo KAS de ciclismo que despareció allá por el 79 sin dejar ni rastro. 

A día de hoy mis búsquedas son menos ambiciosas. Me gustaría saber dónde localizar a Spike Lee sin tener que pagar una de las entradas caras del Madison Square Garden para preguntarle por qué hace tanto que no veo ninguna película suya, preguntar a algún familiar si Danuta Lato sigue viva y cómo lleva lo de la gravedad, saber a qué dedica el tiempo libre  Dolph Lundgren, o su equivalente femenino, Brigitte Nielsen




Quizás todo sea tan estúpido como pensar ahora mismo en localizar a Latrell "Melodía de seducción" Sprewell o a Ana, la de Enrique y Ana. 
Quizás todo sea tan estúpido como mal suena poner una “a” delante de un nombre que empieza por “a” como es Ana. Pero claro, hay que respetar el orden alfabético, como bien aprendí del listín telefónico que tanto me ayudó, pese a todo, cuando era niña. Cuando era niña y mi única aspiración en la vida era encontrar a alguien cuyos demonios fueran compatibles con los míos.

Hoy aquellos demonios que nunca conocí del todo, me piden que corte el listín por la mitad. Me lo piden, pero llamando al listín Páginas Blancas. Por todo eso y alguna cosa más, me tengo que plantear muy seriamente por qué llamo listín a algo que mucha gente llama guía. Y dejar de darle vueltas porque, ya sea en la “M” de maravilla, o en la “W” de Wonderwall (que ni siquiera existe, ni en castellano ni en inglés), no vas a aparecer, aunque tú seas la que tienes que salvarme...


Mi maravilla...



B.S.O.: Wonderwall (Oasis)

martes, 12 de febrero de 2013

Vacío de poder, primavera triste (Historia levemente basada en la proposición vaticana a cabezadeavestruz para que ocupe la Silla de San Pedro)






El teléfono atronó e hizo añicos el silencio de las 12:30 de la mañana, obligándome a saltar de la cama mucho antes de lo habitual. El orden estricto que acompaña mis rituales vitales en los últimos tiempos se altera con facilidad por cosas como esta. Refunfuñando cogí el teléfono con un sólo pensamiento: “Que no sea una compañía telefónica para ofrecerme algo, que no sea un acento sudamericano preguntándome si estoy contento con mi servicio de ADSL, que no sea mamá preguntándome cuándo voy a verla...”

La primera en la frente: Una voz con marcado acento sudamericano (ecuatoriano o boliviano, no sé, seguro que argentino no porque ese tonillo lo reconozco bien) pregunta, con marcado tono maternal, si tengo unos minutos que tiene algo importante que decirme.

Evidentemente, una vez fuera de la cama y con el teléfono en la mano, no pensaba colgar sin más. Una vez que me han sacado de mi cama debo volcar toda mi ira con esa persona (Quien no deja de ser un mandado sin culpa de ello) que ha interrumpido mi necesario y habitual descanso de escasas 14 horas diarias. Sí, últimamente duermo mal y poco, pero no puedo controlarlo todo. Ni siquiera las llamadas telefónicas intempestivas...





No me interesa nada de lo que vaya a ofrecerme, realmente no tengo teléfono – le dije con tono agresivamente cazallero por aquello de ser las primeras palabras de alguien que se despierta y se fuma más de dos paquetes de tabaco al día.
Creemos que sí le interesa. Y no tiene nada que ver con teléfonos. Déjeme que le explique.
Adelante, pero dese prisa. No tengo mucho tiempo, tengo una entrevista de trabajo en unos minutos.

Las risas de mi interlocutor atronaron en mi cabeza removiendo y agitando de mala manera el recuerdo y el rechinar de hielos de los escasos diez o doce cubatas que tomé la noche anterior.

De eso precisamente quería hablarle...

Me acojoné. Mucho. Muchísimo. ¿Querría ofrecerme un trabajo? ¿Un misil trabajo-aire amenazaba con alterar mi linea de flotación? Estuve a punto de colgar, pero rechazar trabajos alegando que cuentas con que está al caer la herencia de una de las mayores fortunas del occidente civilizado y no lo necesitas ni está a tu altura, es uno de mis placeres ocultos preferidos. 

Le haré una oferta que no podrá rechazar, me dijo mientras yo pensaba en lo despreciable que seré cuando tenga el dinero de la herencia familiar a mi disposición.
Diga, soy todo oídos. ¿De dónde me llama?
Del Vaticano. 
¿Eso es una nueva compañía de móviles?
Del Vaticano, Ciudad del Vaticano.
¡Ah! Perdone, diga, diga...
¿Supongo que está usted al día de las últimas noticias?
Umm... Sí, mentí mientras pensaba en la relación que podía haber entre El Vaticano y que los Lakers hubieran vuelto a perder o que haya empezado Gran Hermano 14.
Queremos que ocupe la vacante.
¿La vacante?
Queremos que sea el nuevo Papa. Confiamos en usted.

Tentador. Sin duda. Mentiría si digo que nunca he fantaseado con ser mandamás en la Iglesia Católica, pero aquello no tenía ni pies ni cabeza.


cabezadeavestruz en Ciudad del Vaticano, por cortesía de @Juanferrera


Perdone, pero tengo una pequeña duda...
Diga.
Lo de Papa que me cuenta es lo de Ratzinger, ¿No? ¿Lo de Benedicto XVI? Y al nombrar el 16 me vino a la cabeza Pau Gasol y me quedé pensando de nuevo en las derrotas de los Lakers.
Si. ¿Sabe que ha dimitido?
¿Eso se puede?
Ha pasado y queremos que sea usted el nuevo Papa.
Perdone, me acabo de despertar y creo que no proceso bien. ¿Han pensado ustedes en los inconvenientes de su propuesta?
No vemos ninguno, más bien al contrario.
¿Que yo sea mujer, negra y atea no supone problema?
Nada, menudeces para lo que estamos hablando...
¿Y tengo que contestar ya?
Tiene usted exactamente 30 segundos. Colgaré y volveremos a llamarla en 30 segundos y tendrá que dar una respuesta. Ciao, mi querida negrita descreída, contamos con usted.

Me quedé perpleja con el teléfono en la mano. “Contamos con usted”. ¡Hacía tanto que no me decían algo tan bonito! 

Reaccioné rápido y marqué su número. Sí, SU NÚMERO. Hacía mucho tiempo que no hablaba con ella, pero tenía que hacerlo en ese preciso momento.

Hola, soy yo.
Ya, lo sé. Sale tu número. No lo he llegado a borrar nunca. Ni creo que lo haga. ¿Qué quieres? ¿Por qué me llamas ahora?

Me emocioné. Hacía tanto que no hablaba con ella que me desarmó un poco. Pero quedaba poco tiempo, tenía que reaccionar y los 30 segundos se agotaban.



Déjame hablar. Tardaré menos de 30 segundos y colgaré. No te puedo explicar más.
¿Ya estás con tus gilipolleces? ¿Después de tanto tiempo me vas a venir con cosas raras? Dime, te escucho...
Te quiero. Te quiero como siempre te he querido. Me voy. Tengo que hacerlo. Pero volveré a por ti. No sé cuándo ahora mismo, pero volveré cuando todo esto se acabe. Cuando todo esto acabe, seguirán existiendo chicas a las que las sandalias le sientan de maravilla con sus vestidos rojos, gente que devora kebabs como actos rutinarios de su ser social, cubos de cerveza para compartir que siempre se quedan escasos, bares con baños donde no funcione el pestillo, copas de garrafón, cigarrillos de liar y Bob Dylan. Seguiremos confiando en que la traición afila los rasgos y que a cada cerdo le llega su San Martín, y que familia no hay más que una y a ti te encontré en la calle. Y que la calle fue nuestra porque pensamos que podía serlo, mientras otros llenaban los salones de sus casas criticando lo que salía por sus televisores. Después de todo esto, seguiré pensando que te quedaría de vicio un piercing en tu ombligo pero no me importará mucho que te lo hagas o no, y que las sardinas saben mejor en ciudades con ríos que desembocan al mar y hechas al carbón. Al final, no serán más las canciones que queremos conocer que las que conocemos, y todo lo que me cantaste una vez nunca será parecido a lo que te queda por cantarme. Prince seguirá siendo un genio aunque no sepamos dónde está, y el francés será el idioma más sensual jamás utilizado para cantar algo romántico. 

¡Mil besos, amor! - y colgué.

Me quedé vacío pero no no me dio tiempo a pensar mucho en ello. El teléfono volvió a interrumpir mis pensamientos.

¿Tiene una respuesta?
Si.
¿Contamos con usted?
No puedo.
¿Por qué?

Y no supe que responder. Había gastado todos mis principios y mi sabiduría interna hablando con ella. Tuve que buscar una excusa rápida para quedar bien con El Vaticano.

¿Le gustan Los Simpsons?
¿Perdone? 
Que si le gustan Los Simpsons.
No sé de qué me habla...

Colgué convencida ya. Me preocupa que lleve tanto tiempo oliendo mal en Dinamarca y nadie haya hecho nada por remediarlo. Nadie.

Me preocupa que haya necesitado una excusa como la dimisión de Ratzinger para volver a hablar con ella. 

Y, sobre todo, pienso que hay que desconfiar profundamente de cualquier persona que no vea Los Simpsons.

Volví a llamarla.

Pero esa ya, amigas y amigos, es otra historia...







miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Apocalipsis llega demasiado pronto







Arthur Rimbaud murió demasiado pronto para imaginarlo.

Me hubiera gustado que él fuera el segundo de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, pero decidió desde muy joven que la vida no tenía mucha gracia y dejó de escribir para morir traficando con armas en África. Nunca  me perdonaré que no hubiéramos tenido tiempo de conocerle.

Nacimos tarde para los Rolling Stones, para follar sin conocimiento en Woodstock, para tirar piedras en el Mayo del 68 de París, para llorar a Lennon, para tomar La Bastilla, para meneárnosla con Sara Montiel…

Arthur Rimbaud nació demasiado pronto para ser mi amante. Ni siquiera me imagino con él en algo más que una fascinación lírica. Fue toda su vida lo bastante jovencito como para no ser santo de mis ansias sexuales.

Nacimos tarde y los muy grandes murieron pronto.

Creo que va a ser cuestión de dejar de mirar la ventana esperando la llegada del Apocalipsis y esperar al lado del teléfono por si llamas. Hay cosas para las que nunca es demasiado tarde…



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Hola Carlos, soy tú (Enlace patrocinado por Burger King):



Christina veía mucho la tele. En eso nos parecíamos mucho. Teníamos gustos comunes y ver la tele compulsivamente era uno de ellos. No solíamos hacerlo nunca juntos y eso enriquecía nuestras conversaciones porque siempre, al encontrarnos, contábamos las cosas distintas que habíamos visto cada uno. Después (Incluso alguna vez antes, o durante) follábamos, pero eso no viene a cuento, aunque fuera otro de nuestros gustos comunes. A ella no le gustaba hacerlo viendo la tele, y yo lo tenía que hacer solo y cuando ponían porno. 
Pero ya he dicho que no viene a cuento. 
Me hablaba de un anuncio que había tocado su moral. Contaba que alguien desde el 2011 llamaba a 1981 para explicar a un Carlos que era él mismo 30 años antes, cómo le iba a ir la vida y de qué debía y no, preocuparse. Era de una marca de hamburguesas que no entraba en nuestros gustos comunes. 
Pero eso tampoco viene a cuento.

Esta es la historia que Christina me contó un día de lluvia después de follar (O antes... O durante, no estoy seguro):



Imagina a Carlos en el 2011. Imagina lo que pasa por su cabeza:
Ayer quise llamarme a mí mismo. Quise llamar a mi yo de hace un montón de años, pero me dio vergüenza. No quería contarle que no tenía futuro, que él iba a convertirse en yo en unos años, y que el resultado no le iba a gustar, no iba a cumplir sus expectativas.

Imagina a Carlos en el 1981. Imagina lo que pasa por su cabeza:
Ayer quise llamarme a mí mismo. Quise llamar a mi yo de dentro de un montón de años, pero me dio vergüenza. No quería contarle que lo sentía, que lo que él era por mi culpa no tenía ya remedio, y que no pensaba hacer nada para remediarlo. Es triste, pero sé que el resultado no me va a gustar, no se cumplirán mis expectativas porque no tengo ningunas.

Imagina a otra Christina (Atemporal, como todas tus Christinas). Te voy a decir lo que pasaría por su cabeza:
Ayer quise llamar al Carlos de 2011. Quise llamarlo para que no se preocupe. Él sabe que lo sigo queriendo y que siempre lo querré. Que todos los errores que cometió desde que era el Carlos de 1981 y me anhelaba sin saber muy bien porqué, hasta llegar al Carlos de 2011 que por fin ha comprendido que soy Christina y que siempre lo seré haga lo que haga, son propios de alguien como él. De alguien enamorado de mí. De alguien que no sabe que está enamorado de mí, pero que sabe, y cada vez más, que soy Chrsitina y que siempre lo seré, haga lo que haga.

Mañana querré llamar al Carlos de 1981. Querré llamarlo para que no se preocupe. Es lógico que en su incipiente pubertad mal llevada, le ponga nervioso ver que no llega a tenerme como él quisiera, aunque aún no sepa cómo quiere quererme ni para qué. El fuego interno que brota cuando me ve es más importante que cualquier otro picor propio de la edad. Él aún no lo sabe, pero tengo que decirle que estoy ahí y que soy yo. Que siempre lo seré, pero que no soy suya, aunque sus anhelos puedan pasar por conquistarme para siempre.

Imagina que te llamo a cobro revertido. A 1981, a 2011 o a 2027. A cuándo quieras cogerme el teléfono. Te diré que soy yo. Me reconocerás. 
Y todo será como en todos los anuncios de perfumes: Todo será críptico pero envuelto de sensualidad. Todo será sensual pero tan críptico que no lo comprenderás.

Y sabrás que esa es mi esencia. 

Ese es mi perfume: Críptico y sensual, sensual y críptico. Eso es tu Christina. Y sólo tú lo comprendes, aunque sea 2027, 2011 o 1981. 




Christina veía mucho la tele. Me contó una historia porque había visto un anuncio que había tocado su moral y acabó tocando la mía.

No necesito ver el anuncio para entenderla. Yo no me llamo Carlos y a mí en la tele me gusta más el porno que los anuncios. 

Christina estará ahí siempre recordándome que no puedo esperar su llamada porque esas cosas sólo pasan en los anuncios. Y yo me olvidaré de creer que moriré por cualquier causa perdida que no sea ella. Mis sueños se limitarán a sobrevivir. Comiendo hamburguesas del Mc Donald's. 

Aunque a ninguno de los dos nos guste… 



lunes, 31 de enero de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 15): Cajas de Cerillas.

“Tú porque eres rubia y estás muy buena, pero la vida del friky es muy dura…”
(Conversación real ejecutada por una especie de Sheldon Cooper desmejorado a una, evidentemente, rubia que estaba muy buena, escuchada a la puerta de un concierto por la que suscribe)



Anoche dejé un par de paquetes de cerillas por ahí. Las camareras me miraban extrañadas. Eran para ti, pero parece que no las encontraste. No pasaste por los bares adecuados, o no te dieron mi mensaje.
Las camareras son unas perras celosas. Cada vez que entro en un bar me miran mal. Dice una amiga que me visto demasiado provocativa como para no esperar que me miren mal. ¿Celos? Por supuesto. Sé que estoy muy buena y lo aprovecho. Si no querían que fuera así, que no me hubieran convencido toda la vida de ello. Yo no lo elegí, simplemente lo aprovecho.

Dejar cajas de cerillas con mi teléfono por los bares que frecuento esperando que las llegues a encontrar es una actividad tan estúpida como arriesgada, pero no encuentro mejor forma de conseguir que veas que te estoy esperando. Cada vez me llaman más imbéciles que quieren follarme. Cada vez me cuesta más decirles que no. Cada vez me siento más inactiva sexualmente, aunque cada vez pase más gente por mi cama.



Mi cama te espera. Te lo puse en la última caja de cerillas que se quedó en el bar donde estabas aquella noche. Me dicen que no te han vuelto a ver por allí. Me dicen que no eras una clienta habitual. Me dicen que no pegamos nada. Me dicen muchas cosas mientras me miran las tetas.

Sólo quiero que vuelvas a mi cama.

Todavía no has estado en ella, pero ya te echo de menos.

Aún no te has ido y ya estoy esperando que me veas desnuda por primera vez.


PD: Soy yo, la rubia del fondo de la barra. Y el imbécil con el que estoy hablando no me importa nada, no te preocupes. Te espero, preciosa.



martes, 15 de junio de 2010

Cambio de Planes:



Ha pasado el día y no te he llamado.


Sé que te sonará a excusa fácil, pero hay días en los que las cosas no salen como a uno le gustaría.
No puedo decir que haya tenido cosas mejores que hacer, simplemente, no me he atrevido.
Sabes que no me gusta el teléfono, pero también sabes que te añoro.
Pasará el tiempo y seguiré echándote en falta, aunque no te llame. 


Quiero que estés orgullosa de mí, aunque hay días en los que las cosas no salen como a uno le gustaría.


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!