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lunes, 5 de mayo de 2014

Crónicas del aftersun (O el enésimo sueño en el que vi cómo Mario Benedetti ponía aftersun a Nacho Vegas)




Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo, ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos”

Mario Benedetti)


No soy un buen deportista. 

Mi cuerpo, del que tanto hablas a veces y al que tanto te aferras cuando estamos cerca, puede dar buena fe de ello. No me gusta perder. Ni siquiera sé comportarme en las victorias. Supongo que soy un simple jugador, pero quiero que el juego siga reglas que no tengo escritas. Soy un jugador al que le gusta cambiar las reglas a su antojo cuando sospecha que el desarrollo del juego no le convence del todo, o siente la amenaza de la derrota o de un final no esperado. Aquello de “en mi casa jugamos así”, pero fascinado por el tablero de juego que representa tu cuerpo. Me aterra pensar que disfruto tanto tu presencia porque siento pavor y un miedo infinito con tus ausencias.

No quiero vivir con miedo. Aunque ese miedo sea irracional. Ese miedo que te empeñas en convencerme de que no existe. Pero que es inevitable que lo sufra. Está en mi naturaleza, pero sobre todo es por la tuya.





Yo me pregunté a mí mismo,
sólo a un paso del abismo,
cómo voy a vivir
cuando te canses de mí”

Nacho Vegas)


Miedo a que te olvides de mí. Miedo de que me cambies por algo. Por una fascinación. Por un amor de verano. Por un calentón estival.
Por alguien que te comprenda mejor que yo (Aunque sabes que eso no existe).
Por algo que tenga una polla más grande que la mía (Aunque sabes que eso no es tan importante).
Por alguien que huela mejor que yo (Aunque sabes que mi olor es mío y los sucedáneos sólo son eso, sucedáneos).
Por alguien que folle mejor que yo (Aunque sabes que yo follo como tú quieres que te folle).
Por alguien que te recuerde que eres tú (Aunque sabes que conmigo puedes ser más tú que con nadie).
Por algo que ni siquiera tú te explicas (Aunque las explicaciones a mí siempre me han parecido excusas condescendientes).
Por algo que es lo que tú necesitas (Aunque nunca sepas lo que necesitas, sólo lo que no necesitas y que a veces se mezclan sin pudor, para discriminarlo en la resaca del día siguiente).
Por no estar en el momento adecuado en el sitio adecuado (Aunque nunca sepas dónde vas a estar al minuto siguiente).


(Storm Thorgerson)


Entiendo que no soy lo mejor que puedes encontrar. Pero sí lo seré siempre. Soy un corredor de fondo. Cuando todos se cansan, allí sigo yo, a mi ritmo. Al ritmo que tú me marcaste aunque ahora te canse mi falta de reprís. Te fascinan y te fascinarán siempre todos los velocistas pero, por mucho que te engañes, no llegarán al segundo kilómetro siendo los mismos. Están concebidos para brillar en la distancia corta, para fascinar con sus relámpagos de velocidad, con su imponente planta de pasada fugaz. Y ese es tu punto flaco. Los ves una y otra vez y siempre piensas que van a ser los maratonianos que esperas. Que esa chispa y explosión se puede mantener toda la distancia que tu quieres. Pero cuando pasan 400, 800 o 1500 metros ya no son así. Pero vuelves a caer una y otra vez. Los ves en los tacos de salida tan musculosos y bien formados. Tan perfectamente esculpidos para tus antojos. Tan máquinas engrasadas... Que crees que son así siempre. 

Y lo piensas una y otra vez. Y vuelves a caer cuando la carrera se alarga. Y miras atrás y allí sigo yo, corriendo a mi ritmo. Como el corredor de fondo que disimula sus carencias como atleta.

No soy un atleta. No soy un velocista. No soy siquiera un deportista. Pero puedo correr (o por lo menos andar) mundos por ti. Aunque tú te alejes de cuando en cuando en los brazos de fascinantes atletas musculados que seguramente hagan más trampas que yo… 

Aunque tú todavía no lo sabes…
Y cuando lo sabes, miras atrás…
Y encuentras al que se come mundos por ti…





B.S.O.: Cuando te canses de mí (Nacho Vegas)




jueves, 1 de agosto de 2013

Me cuesta tanto leerte






Llevo días en los que me cuesta un mundo escribir. No consigo sacar de mí lo que quiero plasmar en el papel. Le echo la culpa al calor, a mis distracciones mentales, al facebook, al mundial de natación, a la última temporada de “Breaking Bad” o “Cómo conocí a vuestra madre”, a tu puta madre, a la cantidad ingente de polvo y pelusas que hay en el teclado de mi portátil, a la fecha del cumpleaños de mi padre que nunca recuerdo cuál es o al exceso de drogas que quizás esté pasándome factura y mis neuronas no sean tan ágiles como estaba acostumbrado.

Le echo la culpa a todo lo que puedo.

Y después de hacer un listado con todas las culpas que se me ocurren, me doy cuenta de que con ello lo mismo puedo escribir un buen relato. Quizás debiera tomar todo lo que me impide escribir con fluidez y cierta calidad, y montar un tribunal que depurara responsabilidades aplicando una sentencia justa.

Me lanzo a buscar abogados, juez, fiscal, jurado y todo lo necesario para montar el asunto. Llega Agosto y cuesta mucho encontrar gente activa y recursos. Me frustro al darme cuenta de que haciendo esto también me estoy quitando tiempo y atención para escribir correctamente.

Borro la lista de excusas y me encuentro de nuevo con el documento en blanco. El blanco me recuerda que llevo días en los que me cuesta un mundo escribir. En lugar de buscar culpables, e investigar bien el tema, me decido a elegir una cabeza de turco que se lleve todas las culpas y que una vez condenada, me deje dormir tranquilo (Y escribir).

Miro por encima de la pantalla del ordenador. De esa extraña manera que miran algunos por encima de sus gafas apoyadas en la mitad de la nariz pero por encima de la pantalla de un ordenador como si tuviera que escribir más allá de ella. Y no te veo enfrente. Y me preocupo. Y me doy cuenta de que llevo un tiempo sin escribir nada decente que enseñarte y el único culpable no puedo ser yo.

Entonces es cuando todo tiene sentido: La culpa es TUYA.
Toda TUYA.
Desde que aprendí a escribir para TI, no hay ningún factor que influya tanto en mi rendimiento que .

Alguna vez me dijiste que no se me ocurriera jamás incluirte en mis escritos.
Alguna vez yo te contesté diciendo que todo lo que escribo eres y es para TI.
Alguna vez te enfadaste por algo que leíste.
Alguna vez te juré que lo único que te podía asegurar sobre mis escritos es que todo lo que escribiera sobre TI nunca lo iba a pasar a limpio.




Ahora me he dado cuenta de que llevo días en los que me cuesta un mundo escribir. Quizás esté muy ocupado leyéndote a todas horas...




jueves, 14 de marzo de 2013

Diálogos




No sé por qué me molestaba en discutir con él. Siempre tenía soluciones y le encantaba compartirlas con todo el mundo. Sabía cómo arreglarlo todo. Lo tenía muy claro:


Crearé la banda terrorista más sanguinaria y con más colaboradores del mundo.

¿Como el IRA o la ETA?

¡Qué antiguo! ¿No te has dado cuenta de que antes se decía La ETA y ahora se dice simplemente ETA? Es curioso, ¿Verdad?

Tienes razón, pero entonces, ¿Como el IRA o ETA?

Sí, como el IRA o ETA. Pero todo el mundo querría unirse, seríamos legión y millones por todo el globo. Todo el mundo querría participar y tendría algo que aportar.

Eso es malo.

No. Nuestros objetivos serían todos aquellos que hacen mal a la vida en general. Abusones, estúpidos, traficantes de armas, políticos, banqueros, gente despreciable… Nuestra causa no sería nada idealista. Simplemente eliminaríamos a quién sobrara o nos hiciera la vida imposible… ¿Tú no quieres matar a nadie?

No quiero matar a nadie. No creo que sea bueno siquiera desear matar a alguien.

Bueno, rectifico la pregunta: ¿No te gustaría que alguien desapareciera para siempre? ¿No sería mejor para tu vida que ciertos personajes no existieran?

Visto así…

Ahí estaremos nosotros… Toma nuestra tarjeta. Esto está a punto de ponerse en marcha.

¿Cómo dices?

Bueno, un gusto verte. Ya nos wasapeamos o nos llamamos un día de estos, que te vendes muy caro...

Claro, claro... Nos vemos en otra, ¡Ciao!

¡Nos vemos!




Cogí la tarjeta y era un 2x1 en el Pub “Diálogos”. 

Detrás, con bonitos y llamativos colores, tenía la dirección, el metro más cercano, las explicaciones... 


Abierto de Martes a Jueves hasta las 3:30. 
Viernes y Sábado hasta las 6:00.

Todos los Jueves sesión de DJ con éxitos de los 70, 80 y 90, los Viernes LIVE Music con nuestra banda y los Sábados diálogos y debates acerca de si está bien o mal matar gente por muy mala que sea. 
Introduciendo siempre el diálogo con el manido pero no menos útil “¿Mataría usted a alguien que ha matado a un familiar suyo? 
¿Y a Hitler?". 
Conveniente llevar estupefacientes en el cuerpo que ayuden al diálogo. 

Prohibido el consumo de drogas en el interior del local.



Arrugué la tarjeta en mi mano y la tiré hacia la papelera sintiéndome un poco Larry Bird. 

Pero Larry Bird tenía un excelso porcentaje de acierto y palidecería viendo mi lanzamiento que rebotó en un lateral de la papelera y cayó en el suelo vergonzosamente.

Seguí caminando abrumado y me sentí mal por haber ensuciado mi ciudad.



B.S.O.: "La dejo o no la dejo" (Albert Plá)





lunes, 25 de febrero de 2013

Microrrelatos sin pudor (Volumen 31): De drogas y abandonos




“It´s all in the game”
(Omar Little, The Wire)


Viniste descuidado, 
con tu andar despreocupado silbando aquella melodía tan hipnótica.

Pusiste el cañón de tu pistola en mi sien y esperaste mi rendición. 
Yo quería rendirme y tú apuntaste para que lo hiciera.




Sudé, sudé y sudé.

Cuando me rendí ya no estaba tu pistola. 
Ni tú. 

Busqué un método para dejar los narcóticos y tú me lo diste. Pero ya no estabas. Ni tu pistola.

Fuiste a robar a otros traficantes.
Me quedé sin nada, aunque no te interesaba ya, no te lo llevaste y sigues encontrándote con todos por casualidad por las calles.


Descuidado, con tu andar despreocupado silbando aquella melodía tan hipnótica.



“It ain't what you takin', it's who you takin' from, ya feel me? 
How you expect to run with the wolves come night 
when you spend all day sparring with the puppies?”
(Omar Little, The Wire)




lunes, 19 de noviembre de 2012

Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más



Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más.


Aquellas palabras atronaban en su cabeza como todas las que aprendió siendo pequeña y que aún sometían su escala de valores a paroxismos estúpidos como el consejo sobre pesca que le dio su abuelo, la recomendación de su profesora de ballet enfadada que precipitó sus anhelos de ser una gran bailarina o los Diez Mandamientos.




De los Diez Mandamientos ya no recordaba diez. Ni siquiera seis. O sí, pero no quería pensar en ello. No solía pensar en ello.

La cara de aquella puta entrenadora con modales nazis no se iba de su cabeza y cada vez que veía algo relacionado con el baile o andaba de puntillas la odiaba con más y más fuerza por haber sido tan cruel como para decir a una niña con todo un mundo de ilusiones por delante que se dedicara a otra cosa y dejara de ir a sus clases.

Sobre la pesca había olvidado casi todo. Menos el olor a tabaco negro de su abuelo y sus dientes extrañamente colocados. Pero le gustaba mucho el pescado. Y el marisco, aunque no tenga nada que ver con su abuelo y sus consejos de pesca.


Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más.


Su cabeza era así. Despreciaba los consejos, pero aquellas palabras empezaron a mirar a sus ojos con la fuerza de un millón de pollas erectas. De pollas de verdad, no de las que ella solía ver cuando salía y se emborrachaba.

Como buena chica de excesos, decidió salir aquel día y no beber. Nada de alcohol. Algún que otro refresco. Sin disimular con drogas.




Y vio pollas, sí. Pero le dieron tanto miedo al ir sobria que decidió que nunca más querría ver una polla sin haber bebido lo suficiente.


Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más, se dijo a sí misma y volvió al bar de siempre con ganas renovadas y un hígado ansioso de seguir mutando en paté…


Y no volvió a recordar ni a su abuelo, ni a la entrenadora de gimnasia, ni a los Diez Mandamientos. 
Bueno, quizás al Sexto sí, porque era inevitable…


Tu polla sabe a whisky barato y a ti. 
Sabe a whisky barato…





martes, 31 de julio de 2012

¿La vida va en serio?




"Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante."

(No volveré a ser joven, Jaime Gil de Biedma)




Cuando era pequeño, recuerdo cómo me despertaban de madrugada y me tiraban al pantano para que aprendiera a nadar.

Creo que me ahogué varias veces, pero no estoy del todo seguro. Si lo hice alguna vez, sería poco, porque a día de hoy, mi médico dice que estoy vivo y creo que sé nadar en pantanos.


Más tarde, fui un joven que sabía nadar. Recuerdo cómo me despertaban de madrugada y me tiraban al pantano para comprobar si podía evitar ahogarme.

Creo que nadé varias veces, pero no estoy del todo seguro. Si nadé alguna vez, sería poco, porque a día de hoy, mi psiquiatra me dice que estoy viva y creo que todavía sueño que me ahogo en pantanos.


Ahora que soy mayor, tengo pesadillas con un pantano que llega a mi cama y me moja. He recordado tantas veces cuando me despertabas en mi mejor sueño, cuando me sacabas de la cama en mi mejor momento, cuando la realidad me inundaba en mi mejor estado, que no recuerdo cómo era aquel pantano que me apartaba de tantas cosas.

He buscado en todas las drogas, en todas las terapias, en todas las religiones, en todas las ilusiones… Pero nada me hace quedarme en esa cama. 





Hoy, cansado y aburrido de ser mayor, asumo que mi vida debe estar en el pantano y he aprendido a buscar en las algas y los barros, lo que nunca pude tener en la cama en la que tantos buenos momentos dejé de pasar.

La vida por fin va a empezar a ir en serio: He decidido ir de putas… 




B.S.O.: “No volveré a ser joven” (Loquillo de un poema de Jaime Gil de Biedma)


viernes, 15 de junio de 2012

Escritos con (sin) dedicatoria



Hace algún tiempo empecé a escribirTE una novela. Creía que era lo que esperabas de . Lo hacía en los ratos muertos que el trabajo de enterrador me dejaba al cabo del día, o en los momentos de lucidez que aportaba mi otra ocupación como camello de estrellas del rock.

La gente dejó de morirse por la crisis y el rock se fue al carajo con la llegada de la incultura a las escuelas e institutos.

Empecé a enterrarme drogado para no mirar en qué se estaba transformando todo y escribía a la luz de un candil encerrado en panteones deshabitados rodeado de dosis de ilegalidad química. 

Decidí que la novela llenaría mi vida y dejé mis ratos libres para enterrar y drogar a iconos musicales. Me empezó a ir bien y me gustaba lo que escribía, aunque no supiera bien qué era.

Cuando volví a darme cuenta de que la novela la estaba escribiendo para TI, ya era demasiado tarde. ME estaba quedando preciosa y no recordaba qué es lo que esperabas de .



Catorce capítulos después aún me pregunto qué estoy escribiendo y qué es lo que esperabas de .

Ahora mismo la estoy escribiendo para . Quiero saber cómo acaba. Estoy escribiendo una novela para saber cómo es la novela que estoy escribiendo.

Quizás TE guste, pero no es para TI.

Bajo tierra y con las percepciones alteradas me di cuenta de que todo lo que quería escribir estaba dentro de , pero tanto giro del destino lo sacó fuera. Estaba escribiendo una novela que era una parte de para TI y ahora quiero regalármela.

Pasaron los días y quien me distribuía la droga desapareció en un oscuro cementerio. Enterré mis anhelos y los anestesié con nuevas sustancias que sacaron tras tu lápida todos mis deseos.

TE lancé mis palabras rodeadas de espacios y signos de puntuación para que te enamoraras de y acabé combinándolos en párrafos para conseguir los capítulos que dieran a luz la novela que YO quería leer.

Estoy deseando leerla, aunque ya no TE importe. 

Aunque ya sepa cómo acaba…


PD: Estas líneas van dedicadas a () TI, no son (TUYAS) MÍAS...

martes, 3 de abril de 2012

Acuse de recibo sin demora



"Si pudiera escribir una canción sobre cómo me siento ahora mismo, sería un éxito"
("Badlands", Terrence Malick)


Algunos días abrimos el mail
Algunos días pensamos que era mejor no abrirlo. 
Algunos días damos gracias por tener mail y recibir cosas. 
Algunos días creemos necesario contarlo. 
Algunos días son como hoy...
 
 


Sólo hoy pensamos que es indispensable cortar y pegar tal y como ha llegado:


“Buenas noches (por decir algo):

No sé quién o quiénes andáis detrás de esto. No sé si eres mujer, hombre, cosa o compendio de todo. Por ello me permitirás/éis que me refiera a quien me quiero referir como si fuera una cabeza de avestruz, cómo parece que te/os denomináis.
 
Mi estimada cabezadeavestruz (He visto que suele ir escrita así, todo junto y en minúsculas):
Hace tiempo que fantaseo con la idea de mandarte un mail. La timidez y el sentir que no soy quién para hacerlo me echaban para atrás. Pero lo que más me echaba para atrás era el pensar que ni siquiera le darías importancia.
 
Para mí es muy importante esto que escribo. Para mí no ha sido fácil dar este paso.
 
Necesito decirte, mi querida cabezadeavestruz, que me tienes desconcertada. Sé que no soy quién para decírtelo, pero creo que conociéndote como te conozco, prefirirás que te lo diga.
 
Sí, te conozco. Son muchas horas acompañándote (o debería decir mejor acompañándome tú a mi) y son muchos momentos íntimos los que hemos vivido.
 
Hace un buen tiempo alguien nos “presentó”. No te voy a contar concretamente ni cuándo ni cómo te vi por primera vez. El caso es que llegué, entré, miré de reojo y los rosados de tu aspecto me estuvieron a punto de echar fuera y dejarte en el olvido (o no conocerte) para siempre. Pero por alguna razón, a saber cuál, no me fui, entré y empecé a conocerte.
 
Empecé a acercarme a ti.
 
Vi en ti a alguien que me conocía sin saber de mi existencia. Vi que tenías algo que otras no tenían. Vi cosas que ahora mismo no recuerdo porque han ido evolucionando y creciendo con el paso de los días, con mis visitas a tu cuerpo, con mis lecturas en la oscuridad.
 
Empecé a acostumbrarme a tenerte cerca. Tomé como rutina saber que estabas ahí. Sólo tenía que conectarme a internet y te encontraba. Siempre. Fiel a mí, como nunca nadie lo ha sido. 
 
Llegué a fantasear, aunque sabía que no era más que eso, una fantasía, con el hecho de que escribías solo para mí. Todas tus palabras eran un canto a mi persona. Aunque escribieras sobre algo de lo que no tenía la menor idea o narraras algo que no comprendía o que aparentemente no me debería interesar. Eras tú en cuanto arrancaba cabezadeavestruz y yo ya tenía bastante.
 
Pero, ¡Qué ilusa era!
 
Como buena drogadicta, me fui acostumbrando a tus dosis, y cada vez quería más. Mejor dicho, cada vez me hacían menos efecto las que me dabas. Sé que no es justo, que era culpa mía. Que nadie se engancha a algo porque le obliguen. Que cuando una se mete algo tiene que saber lo que se está metiendo y los riesgos que conlleva. Pero si esto fuera realmente así, no habría drogadictos en el mundo. Y, sinceramente, por mucha fascinación inicial que tuviera contigo, nunca pensé que me pudiera enganchar de esta manera.
 
Pero sí, pasó.
 
Y empecé a sentirme como una drogadicta con dinero. Tenía mis dosis. De cuando en cuando eran suficientes y otras me sabían a metadona. Pero iba tirando. No fallabas. En algún sitio leí que una vez que pruebas la heroína es muy difícil que nada te pueda parecer igual porque realmente no hay nada comparable a la sensación de esa sustancia entrando en tu cerebro. Creo que en Trainspotting decían eso de que cogieras tu mejor orgasmo, lo multiplicaras por mil y ni siquiera así estarías cerca de esa sensación del buen chute de heroína.
 
Mezclaba días de caballo con días de metadona. Pero sobrevivía. No quiero decir que estuviera mal, pero sabía que no era bueno aquello. Y cuando pensaba en que quizás debía desengancharme un poco, cuando mi día a día me alejaba un poco de ti, volvía a picar, y resultaba que ése, precisamente ése, era el mejor chute que nunca había recibido. Y volvía a creer en ti, mi heroína particular. Y volvía a pensar que siempre estarías ahí, haciéndome llegar a sitios que ni sabía que existían.
 
Y, sí. Si te lo estás preguntando, sí. He tenido orgasmos contigo. No diré exageradamente que se parezca al tema que te he comentado que se dice en Trainspotting, pero sí, me has hecho volar muy lejos alguna vez. Me has excitado y me has hecho flotar. Algunas veces me he tocado porque no me quedaba otra. Otras lo he hecho porque me apetecía. El problema es que algunas ni siquiera me apetecía, ni me motivabas, pero quería hacerlo…
 
Les hablé a mis amigas de ti. Algunas se acercaban tímidamente. Otras no me hacían ni caso. Sospecho de un par de ellas que se han enganchado a ti aunque no me lo confiesen. Y luego están las locas…
 
Llega a ser todo tan extraño que paso de sentir la necesidad de gritarte al mundo, de compartirte con todas, de compadecerme de quien no te conoce o no te degusta, para encontrarme irritantemente celosa por las que se quedan prendadas de ti. Es una estupidez, lo sé. Tú ni siquiera me conoces, pero no puedo evitarlo.
 
Y me lío y no concreto…
 
Te preguntarás: ¿Qué coño me está diciendo esta tía? ¿Quién cojones es?
 
Pues mira, bonita: Da igual quién sea, aunque puedes ver mi dirección de mail y estoy identificada. Lo importante es que yo sí sé quién eres. Al menos, quién muestras que eres, como te he dicho al principio. Y por lo poco (o mucho) que te conozco y por lo que comentas constantemente por aquí, quieres, necesitas, pides insistentemente, que te comentemos, que te leamos, que te sintamos, que te digamos cosas… Pues aquí estoy. Y como, además, soy de las que ha hecho esto suyo y me he acostumbrado a creer que escribes para mí, me veo en la obligación de decirte todo lo que te estoy diciendo (para ponerte en antecedentes sobre todo) y gritarte todo lo que te voy a decir a partir de este punto.
 
ERES UNA CABRONA INSENSIBLE Y EGOÍSTA
 
Hace tiempo que no me emocionas.
 
Hace más tiempo aún que me da la impresión que escribes por escribir, que lo que publicas no es lo mismo que publicabas. Aquí te daré el beneficio de la duda y repartiré la responsabilidad conmigo misma como lectora voraz, porque supongo que no puedes sorprenderme, excitarme, conmoverme, turbarme, tocarme como antes y porque no debe ser fácil seguir escribiendo cosas como las que escribías, una y otra vez, según va pasando el tiempo. Admito la dificultad de seguir con ello y te eximo en parte de culpa porque es imposible que mantengas la tensión emocional que tenías en tus primeros tiempos. Entiendo que habrás perdido algo de interés en el tema, e incluso lo disculpo en parte, pero…
 
¡¡¡Llevas desde el 21 de Marzo sin escribir nada!!!
 
Estamos a 3 de Abril.
 
¿Te parece normal? ¿Te parece justo?
 
Me acostumbraste desde el principio a un ritmo más o menos regular de una publicación a la semana. Generalmente los Martes. En tu favor diré que muchas veces ese ritmo aumentó, aunque también otras veces disminuyó por publicaciones absurdas y simbólicas, o simples reseñas de otras publicaciones que no tienen ningún interés para mí. Pero llevas 13 días sin aparecer por aquí.
 
Llevo 13 días esperando…
 
Y esto ya es DEMASIADO.
 
Has bajado el nivel. Esto es así y lo sabes. Y ahora ESTO: ¡¡¡13 días!!! Me gustaría que no llegaran a más, comerme este mail, pero reviso antes de mandártelo y siguen siendo 13 días. No quiero que lleguen a 14...
 
Si has desaparecido, lo podrías decir. Por lo menos, escribe una buena despedida.
 
Creo que me lo merezco.
 
Creo que mucha gente (ya que te enorgulleces de ello, y tan a gala llevas los muchos que pasamos por aquí) merece una buena despedida.
 
O al menos, cruzo los dedos para que sea así, una buena explicación.
 
Que sea bonita y que emocione. Es lo mínimo que me (nos) puede(s) dar. Estás aquí gracias a mí (nosotros).
 
NO LO OLVIDES NUNCA.
 
 
Besos apasionados,
XXXXX”



Fue entonces cuando me decidí a escribir esa canción que hacía tanto que quería escribir y nunca me decidía a comenzar...

martes, 23 de agosto de 2011

Alejarse y mensajes en las botellas (La mentira del náufrago)


Cuando te alejas de algo, se muestra realmente importante si lo añoras más de lo esperado. Tiras una piedra al mar con la excusa de que vas a dar la vuelta y no pensar demasiado en ella y te descubres inútil para pasar más tiempo alejado sin tenerla cerca y sufres por imaginarla a la deriva en alta mar sin que puedas hacer nada más que anhelar enfermizamente volver, cogiendo un barco que pase junto a ella para constatar cuánto se ha hundido o cuánto os necesitáis.

"Alguien que me comprende
Alguien a alguien recordar de memoria cuando estoy de viaje
Cuando estoy muy lejos, sí.
Soy un vagabundo y camino bastante alrededor del mundo,
Pero quiero volver a mi casa, a alguna casa, para encontrar a esa princesa vampira
Que respira, que respira y me mira."

(La Parte de Adelante,  Andrés Calamaro)


Naufragué por la misma razón que quedan varadas todas las ballenas o todos los incautos que van de crucero por alta mar: Porque no creí que nunca iba a naufragar. Nadie se convierte en un Robinson Crusoe cualquiera si antes de montarse en el barco supiera que iba a naufragar. Nadie es un náufrago por gusto. Pero yo naufragué. Por esa misma razón que me hace ser igual de vulgar que el resto de personas que han pasado por el mismo trance. O por cualquier otra razón. Da igual, porque naufragué.

Quizás naufragué intencionadamente. Quizás no. Eso no tiene importancia. Lo que me aterra es pensar que una vez alejado del mundo, náufrago y perdido, seguí recordando que por mucho que me aleje de ti, voy a seguir recordándote siempre. Te voy a tener presente en mayor medida aún que si te tuviera presente constantemente.

Y ser náufrago tiene algún que otro inconveniente. El principal de todos, si eludimos nimiedades burguesas como comer y beber, es el de perder el contacto directo con el resto del mundo ajeno a tu isla.

El primer disgusto que me llevé al encontrarme en aquella isla desierta fue que no tenía cobertura en el móvil. Y mucho menos aún, wifi para conectarme al facebook o twitear algo... Por supuesto, no podía contactar con mi camello para que con simpatía me recordara lo bien que van sus niños en unos estudios que en buena medida, les estoy pagando muy gustosamente a base de transacciones menos esporádicas de lo que mi debilitada salud requeriría.

Pero sin cobertura, sin redes sociales, sin camello... Lo único que echaba en falta era a ti. A mi droga favorita. Y todas las drogas, con su ausencia, causan síndrome de abstinencia, digan lo que digan.

No podía llamar a mi camello. Y me preocupaban las carreras universitarias de sus hijos. A los que no conozco, pero los imagino. A ti si te conozco y te imagino más. Te imagino sin mí a tu lado y me convenzo de que yo no tengo la culpa, pero no puedo soportarlo.

El consuelo del náufrago. El consuelo del desterrado. 
No vienes a mí porque no te llamo. No estás a mi lado porque no te puedo decir que te necesito aquí. No sales en mi búsqueda porque no te lo hago saber. 
El consuelo del desterrado. El consuelo del náufrago.

En definitiva: La eterna mentira de los navegantes. Podemos entonar canciones sobre los amores que tenemos en cada puerto, pero de puertas para dentro, con la música apagada y el ron en forma de resaca, sabemos que no es cierto, que no es más que una pose. Y los náufragos sabemos mucho de poses porque no tenemos nada mejor que hacer que intentar estar presentables cuando nos rescaten.

Hay millones de tácticas, pero sólo una es tan clásica y romántica como para tenerla en cuenta olvidando wifis, coberturas y demás zarandajas inalcanzables, y asumiendo que soy algo más que un náufrago en una palangana (Lichis dixit). Tengo que emplear la técnica de toda la vida: 
 
El mensaje en la botella.
(Robin Wright, siempre Robin Wright... Como desees...)

Llevo media vida lanzando botellas al mar después de beberme su contenido. Ahora me queda otra media de espera para que alguien recoja alguna, sepa leer mi mensaje y venga a rescatarme.

Ahora apuro el poco vino que queda en la última botella de mi definitivo naufragio e introduzco en ella mi postrero y definitivo mensaje pidiéndote auxilio:

“Estoy aquí. Estaré aquí hasta que llegue alguien a buscarme. Y quiero que ese alguien seas tú”.

La lanzo con rabia lo más lejos que puedo. Quizás, sólo quizás, la veas, la recojas y sepas que es para ti.

Quizás, sólo quizás, debí firmar el mensaje.

Quizás, sólo quizás, así nunca sepas quién soy y me confundas con otro.

Quizás, sólo quizás, seguiré esperando.

Realmente, no tengo nada mejor qué hacer en esta isla desierta.

Desierta de ti....

martes, 30 de noviembre de 2010

Otra noche sin dormir (Volumen 7): La Señorita que vivía en un relato de misterio.

"Soy un paranoico al revés. Siempre sospecho que la gente está planeando algo para hacerme feliz."
(J.D. Salinger)

Llevaba un tiempo perdida. No sabía qué era pero sentía que había perdido la inspiración, la capacidad de imaginar cosas que antes salían solas. Las musas me han abandonado –llegué a pensar sin tener el menor respeto por mi autoestima- y se han ido con otra.
No había otra, de eso estaba segura, pero lo cierto es que no era capaz de plasmar todo lo que quería con la facilidad de tiempo atrás. Intentaba recordar con precisión cuándo había empezado a sentir aquello, pero son cosas que no tienen un momento concreto, o al menos eso pensaba entonces.
 
Sospeché de todos. No me fiaba de nadie. Paseaba por las calles en busca de la inspiración perdida y lo único que hacía era mirar con desprecio a todo lo que me rodeaba. En aquella casa, en ese bolso, en ese coche, en esa nariz, en ese envoltorio arrugado… Podía estar lo que me había quitado lo que yo más quería.

Si había problemas, debían de estar cerca. No tenía sentido que me perdiera buscando por ahí lejos, lo que no encontraba en mi contexto. Si debajo de todo aquello había un problema concreto, debía estar cerca de mí, cuando no, ser responsabilidad mía. Volví a hacerme daño, como de costumbre, y no me gustaba. Pero debía escarbar en la herida si quería salir de aquello. 
 
Tenía que buscar cerca de mí.
 
Empecé a molestar a mi entorno. Perdí los estribos haciendo responsable de lo que me pasaba a todo lo que tenía cerca, lo cual era peor que hacerlo con lo que tenía lejos, porque me dolía mucho más. A fin de cuentas me estaba maltratando a mí misma a costa de lo que me rodeaba.
 
Pasé de lo animado a lo inmaterial, y de lo inmaterial a lo concreto. Cuando alguien busca algo con desesperación, lo mejor es conservar la calma y remitirse a lo más obvio y lo más cercano y palpable.
En un ejercicio de practicidad poco común en mí, me dediqué a simplificar el problema y busqué donde solía trabajar con mi inspiración. 
 

 
 
Abrí el cajón de las drogas y estaba lleno, como de costumbre.
Abrí el cajón del porno y estaba repleto, como de costumbre.
Abrí el cajón del dinero y estaba vacío, como mandan los cánones.
Abrí el cajón de otras prioridades y estaba hecho una gelatina infame, como de costumbre.
Abrí el cajón de las Cosas No Importantes, y vi algo: Entre miles de personajes revueltos, entre millones de escenas evocadas, entre cientos de recuerdos aprovechables… Estaba ELLA.
 
Tan perdida como la dejé, pero sumida en el peor de los olvidos: El que te otorga tu creadora cuando ya no le eres útil. La Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio había sido abandonada sin ningún miramiento. Cuán despreciable me hubiera parecido aquello si no supiera que YO era la única responsable.
 
Hacía tiempo que me había comprometido a crearla, pero enfrascada en una subida de importancia de las drogas, el porno, el dinero y los recurrentes chupetones esporádicos a la gelatina informe del cajón de prioridades, decidí dejarla allí hasta mejor ocasión.
 
Hay veces en los que no se deben dejar las cosas en cajones poco frecuentados. Y ésa, sin duda, era una de ellas. La Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio estaba confusa y perdida, esperando que dejara de hacerla vivir aventuras fantasiosas que nada tenían que ver con ella, por mi mero placer de darle una forma más o menos aceptable. Ella no había llegado al cajón para ser una más, estaba destinada a vivir encerrada en un relato de misterio, no en un pastiche abandonado y recuperado de cuando en cuando. Ni siquiera en una vorágine de drogas, porno y dinero. Ni siquiera en un relato de prioridades…
 
Descubrí que mis carencias eran mayores de lo que nunca había estado dispuesta a pensar y que aquella Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio lo estaba pagando sin tener culpa.
 
Decidí pegarle una hostia con la mano abierta a mi autoestima, una patada en los huevos a mi ego, y un golpe bajo a todo mi ser, pero no sabía cómo se hacía. Tanto tiempo abriendo y cerrando cajones inadecuados me habían colocado en un pedestal inaccesible al que ni yo misma podía llegar.
 
La Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio, pese a todo, me miraba con misericordia. No quería hacer daño, no estaba allí para eso, aunque tendría todo el derecho a hacerlo.
 
La miré a los ojos como nunca antes había mirado a nadie. Sonreí y la dejé escapar.
 
Salió volando por una ventana cerrada debido al frío invernal, seguramente camino a la Inglaterra de la Época Victoriana, donde siempre supuse que se encontraría en su ambiente más adecuado.
 
La dejé escapar aún a riesgo de no volverla a ver más y me resigné a ver pasar el tiempo. No se llega a la Inglaterra de la Época Victoriana como quien baja al garaje a por más leña porque tiene frío.
 
Estaba segura de que la echaría de menos. Tendría que aprender a vivir como si nunca hubiera existido. Como si nunca la hubiera conocido.
 
Pasado el tiempo me sentí liberada.
 
Volví a componer canciones de amor una noche de Noviembre tal como hoy. A fin de cuentas, no sabía hacer otra cosa.
 
 
Aunque la Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio nunca llegara a comprenderlas.
Aunque nadie llegara a comprenderlas.
Aunque no tuviera ni idea de lo que era aquello del amor a lo que cantaba.
 
A fin de cuentas, no sabía hacer otra cosa…


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