jueves, 1 de agosto de 2013
Me cuesta tanto leerte
martes, 4 de junio de 2013
El cuento de los días que sería mejor no salir de la cama
lunes, 15 de febrero de 2010
SUEÑOS QUE ME HACEN SENTIR VIVA
Episodio I: El Cielo sobre Berlín
Esta mañana no me he despertado. He decidido subirme a tu brazo para ver el atardecer. Creo que estoy en Berlín pero no estoy seguro. Me da igual, la sensación que me embarga no tiene nada que ver con la capital alemana o con la película de Wenders.

He querido soñar, he querido volar. Voy vestido de blanco, pero no tengo alas. Hay quien cree que soy un ángel, pero mi fama es demoníaca. Oigo ruido aunque la placidez es enorme. Huelo tu cuerpo y huelo tu respiración. No sé si contarme lo que me está ocurriendo. No sé lo que me está ocurriendo. Estoy bien, pero no debería estarlo. El cielo está nublado y yo voy de blanco. No está bien que llueva en las bodas, simbolizan lágrimas en el matrimonio. Se está muy bien aquí. Mirar desde aquí arriba le confiere a todo una forma diferente:
Hay gente vomitando a escondidas, pero no me molesta.
Hay gente que se odia mintiéndose acerca de cómo les va en vida a cada uno, pero no me molesta.
Hay gente que despliega su magisterio vital a embobadas personas que le desprecian aunque le escuchen como si fuera el mesías, pero no me molesta.
Hay gente que jura que son los mejores amigos, pero no me molesta.
Hay gente que se besa a escondidas, aunque ya se están arrepintiendo de hacerlo sin llegar a cruzar los alientos, pero no me molesta.
Hay gente que se duerme aunque asegura estar pasándolo de cine pero no me molesta.
Hay gente que se ha cambiado de zapatos pero no me molesta.
Hay gente que no sabe qué hace ahí pero sigue estando y no me molesta.
Hay gente que espera a que otros propongan ir a otro sitio para poder irse a casa sin tener que dar explicaciones y no me molesta.
Hay gente que espera que se vaya su pareja para poder ser ellos mismos y no me molesta.
Hay gente y no me molesta.
Estás tú, pero no te veo. Aunque esté sentado en tu brazo. Te miro, aunque no te veo. Sospecho que me estás mirando, aunque no estás cerca. De repente de entre la neblina del momento sales majestuoso y radiante. Quiero que te acerques a mí y creo que te vas a acercar a mí, pero me hago el despistado. Quiero que vengas a mí, pero finjo no haberte visto. Es difícil no verte con ese traje blanco, con ese porte, con esa presencia, pero no te miro. A fin de cuentas, yo soy diferente: No soy como los demás, no soy como toda esa gente de ahí abajo. Pero tú tampoco. Voy de blanco radiante, aunque nadie lo sepa.
Episodio II: Wilde
Estás precioso esta noche. Todo el mundo se ha dado cuenta. Da igual que haya quien crea que no puedes venir así vestido a una boda. Nadie puede eclipsar a una novia en su día más importante, pero no es tu intención. Es tu manera de ser, eres tú en estado puro. Eres tú vestido de blanco en una boda llena de gente, aunque yo sólo te vea a ti. Aunque tú no me veas a mí. Aunque te disfraces de porte brillante y lenguaje seductor, yo sé que tienes debilidades. Como yo. Como los dos. Eres una pose. Una brillante, deseable, bella, fascinante y atrayente pose, pero una pose al fin y al cabo. Eres la imagen de un genio, un hombre con la osadía de enfrentarte a cualquier tipo de convencionalismo social y romper todos los tabúes. Por eso estás aquí, aunque nadie te espere, aunque nadie se quiera acercar a ti. Yo te estoy esperando, pero aún no lo sé, ni tú tampoco. Además, estás allí, tranquilo, recostado en un sofá con forma de brazo, medio ausente. ¿Dónde estás?

Me acerco sin saber bien porqué. Me arrodillo, sin que nada me lleve a hacerlo. Me postro ante ti. Ahora todos nos miran, soy consciente y me gusta. Cojo tu mano entre las mías. Llevas las uñas pintadas de blanco, como la novia, como no se deben llevar en una boda, como sabes que no me gusta que te las pintes, como me gusta pintármelas a mí… Pero no es tu mano, ni tampoco es la mía. Tengo cogida entre mis manos una que no es nuestra. Con las uñas pintadas de blanco, pero no es tuya y no es mía. Es más fina y alargada, pero está en tu brazo y supongo que con eso me vale. Nunca me he acercado más a ti y nunca te he mostrado mayor devoción que ahora y sé que eso te gusta. Como a mí. Aunque estés sentado en mi brazo. Aunque esté nublado. Hay gente alrededor y parece que nos miran, aunque tienen cosas que hacer. En los momentos postreros de la celebración de una boda todo el mundo tiene algo que hacer. Aunque sea irse a casa, aunque sea vigilar a su pareja, aunque sea mirarnos... Sobre todo si es mirarnos.
Cojo una mano (la tuya, la mía, otra…) entre las mías ¿No te parece precioso? ¿No te sientes bien aquí arriba?
Episodio III: El Ansia
Nos sonreímos y nos dedicamos una mirada sincera y abierta, de esas que abren un túnel en tu cuerpo y en tu mente, en mi mente y en mi cuerpo. De esas que hacen que la niebla lo envuelva todo y dejen de mirarnos, por mucho que lo deseen. Por mucho que nos deseemos. Esas miradas que conectan seres humanos por encima de todas las cosas. Desde lo más básico, sin máscaras, sin poses. Puedes sentir tu mano entre las mías y puedo sentir mis manos sobre las tuyas. Podemos sentir como se entrelazan las manos, que no son nuestras, que nunca han sido nuestras. Nos olemos y sentimos nuestros cuerpos y nuestras respiraciones.

Suena música, pero ya no la oímos. ¿Sabemos dónde estamos?
-Miriam: "Sólo hice una simple incisión. Te tomé sangre y luego tú tomaste la mía".
-Sarah: "Estás loca".
-Miriam: "Me perteneces. Nos pertenecemos".
-Sarah: "Tengo que largarme de aquí".
-Miriam: "Volverás. Volverás cuando el ansia duela tanto que pierdas la razón. Tendrás que aplacarla y entonces me necesitarás para que te enseñe cómo".
-Sarah: "Estás loca".
Suena “El Dueto de las Flores” de Lakme (Delibes) y el blanco lo inunda todo…
lunes, 18 de enero de 2010
Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (I):

Milana bonita…
El blanco es un color muy llamativo. Dicen que engorda, pero supongo que si estás delgada da igual lo nuclear que sea el blanco con el que te vistas.
Algo es blanco cuando su espectro abarca todos los colores. También es la pesadilla de todas las amas de casa cuando los niños son pequeños.
Vestir de blanco tiene muchas ventajas: El blanco sugiere pureza. El blanco combina con casi todos los colores. Por la noche no es tan habitual como el negro, por lo que vestirlo ayuda a llamar la atención. Se puede usar en cualquier época del año. Sólo está mal visto vestir de blanco riguroso, en una boda si no eres la novia (porque puedes robar su justificado protagonismo), pero este no parece ser el caso.
El blanco también tiene inconvenientes. Se ensucia con facilidad y requiere muchos cuidados a la hora de lavarlo para que se mantenga mucho tiempo como el primer día. Has de tener cuidado con la ropa interior porque puede transparentar y por supuesto, hace gorda. Pero, por encima de todo, el blanco es el centro de la diana de cualquier cosa.
La foto no tiene una calidad excelsa, pero el detalle de hacer un círculo rojo en ella hace que inevitablemente focalicemos nuestra atención en el interior de dicho círculo, obviando el resto de la instantánea.
En el interior del círculo rojo se ve a un individuo blandiendo lo que parece ser una pistola que apunta al hombre de blanco. Se trata de Ali Agca que está a día de hoy de actualidad por su salida de prisión, después de casi 30 años, donde fue confinado por la escena posterior a la que recoge esta instantánea.
Ahora tiene 52 años, pero eso no lo podemos saber por la foto. Las fotos no suelen transmitirnos la edad de los protagonistas, por mucho que nos empeñemos muchas en que salimos mayores en según qué poses. Ali Agca no estaba posando en la foto, por mucho que supiera (porque lo sabría) que pasaría a la historia.
Hoy es un hombre amenazado de muerte. Simplificando el asunto podemos imaginar una foto igual a ésta en la que él sea el vestido de blanco. Pero no es muy probable. Seguramente nunca vuelva a pisar el escenario de la foto, no creo que lo dejen. El hombre de blanco (objetivo) tampoco volverá a pisar ese escenario, aunque tiene un sustituto que también viste de blanco y lo pisa a menudo.
Cuando se hizo esta foto yo era muy pequeño. Creo que no sabía utilizar la cámara por aquel entonces. Hoy todo es más fácil, pero ya no tenemos al hombre de blanco y Ali Agca no pasa por ahí a menudo.
No me gusta vestir de blanco, me hace gorda.
Milana bonita…
viernes, 6 de noviembre de 2009
Me acuerdo de tí y me apetece reventar el cursiometro
LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN:
Si usted es diabético, no siga leyendo este texto.
Cuando decidí aceptar lo que siento por ti no tenía nada claro que un SMS no fuera suficiente. Con avisarte valdría. Ahora estoy seguro, estoy convencido que podría mandarte 1.200 mensajes para expresar lo que ruge en mi interior, y sobre todo, para que me entendieras, y aún así, no bastaría. Las palabras siempre se quedan cortas.
Claro que también te podría llamar por teléfono, pero la palabra sin el gesto nunca fue mi fuerte. Ni siquiera estoy seguro de que exista. Por mucho que me lo expliquen la veo virtual, la veo irreal. Además, ahora mismo me avergüenzo de mis gestos. Me parecen ridículos mi cara y mi cuerpo. No sé si sonreír o tensar los músculos. Cruzar los brazos denota distancia, cruzar las piernas te resultaría femenino. No sé qué hacer con mis miembros, no los siento míos.
Quizás debiera haberte escrito una carta en Blanco y Negro. El Blanco y Negro siempre me recuerda otro tiempo, otras películas, cuando no resultaba ridículo hacer locuras por amor, cuando siempre ganaba el bueno, el enamorado, que era yo, aunque no hubiera nacido.
O haber compuesto una melodía mágica y envolvente, la banda sonora de nuestras vidas. ¿Por qué no tenemos “nuestra canción”?
Si me pagaran un millón de euros cada vez que pienso en ti, dejarían de trabajar todas las personas que conozco y tu sueño de acabar con el hambre y la pobreza en el mundo se haría por fin realidad.
Ahora quiero que hagas que los míos dejen de ser utopías de adolescente que juega a no crecer ¿Lo recuerdas? Tú eres la campeona mundial y ni siquiera conoces las reglas, sueñas con ser Campanilla y yo sueño contigo.
Seguramente sea un don, pero haces que todo lo que te envuelve parezca mágico y que me haga feliz.
Hoy podría ser fiesta. El mero hecho de pensar en ti hace que gane el regalo de la tómbola, que la noria dé una vuelta más, que no me moleste el payaso del tren de los escobazos cuando trate de besarte en la oscuridad y que todos los que nos rodean sepan de repente que no necesito comprarte ninguna rosa para demostrar que te quiero.
Todas las canciones se olvidan, así son las cosas, pero tú me recuerdas constantemente que sigo vivo. Podría ser yo mismo, pero prefiero ser quién tú quieras que sea. Así me tienes buscando mi patria y mi bandera cuando la única nacionalidad posible es con la que tú puedas identificarme. Necesito tu presencia para entender mejor mi esencia.
Ya no quiero ser feliz, sólo quiero ser tuyo. Nunca puse barrotes a mi corazón pero ahora necesito que le pongas una cadena y un candado a mi alma.
Quiero que me des calor cuando tenga frío, quiero que me refresques cuando esté sofocado.
No sé lo que digo, sólo soy un canalla buscando tu sonrisa.
Voy a echarle valor. Todo es muy sencillo y ya no aguanto más: No puedo mirarte a los ojos sin sentir esa pasión de la que ya sólo se lee en las novelas románticas baratas.
Ahora comprendo que todo lo que he buscado en otro ser humano está en ti. Me gusta ser quién soy cuando estoy contigo.
Es infinito el amor que siento por todo lo que eres. No hay otra alma que nunca me haya echo sentir siquiera la mitad de la persona que soy cuando estoy a tu lado.
Me has cambiado para siempre por ser quién eres y por saber lo que significas para mí.
¿No vas a terminar tu obra? ¿No quieres pasar a la posteridad? No te niegues a ti mismo ser una celebridad. ¿Qué recordaríamos de Da Vinci sí hubiera dejado sin acabar la Gioconda? ¿Qué sería de Cervantes sin poner el punto y final al Quijote? ¿Hablaríamos de Mozart si se hubiera negado a seguir componiendo?
No te niegues a ese sentimiento: “El Padrino” es una trilogía, no se acabó diseñando el vestuario.
Úsame, haz de mí algo bonito. No permitas que la Luna nos vuelva a echar de menos. Lleva toda la eternidad añorándonos. No sé si merezco que me mires, no sé si merezco tu atención, no sé si merezco ser tuyo, pero permíteme ser presuntuoso por una vez en mi vida. Permíteme ser pedante. ¡Acercarme a ti es el acto más pedante que se puede cometer! Permíteme pensar que merezco tus miradas, permíteme pensar que merezco tus atenciones, permíteme pensar que merezco ser tuyo.
Permíteme pensar, aunque sea inmodestia, que puedo vivir. ¡Déjame vivir! ¡Ayúdame a vivir! Soy tan feliz cuando me das dolor, ¿no vas a darme también tu amor? Sálvame, con un beso y un abrazo y colmaré de mantas tu lecho para que no tengas frío. Soy tu cena ¿acaso no tienes hambre? Quisiera pintar una fuente en un papel para darte de beber ¿Acaso no tienes sed? No me dejes sentir que te estoy perdiendo cuando nunca te he tenido.
Me nublas la razón y emborrachas mi alma, eres un amor que desarma.
Ven con tus demonios hacia mí. Intenta aceptar lo que te pido aunque sea sólo durante 10 segundos. Con diez segundos bastaría.
Quiero que cuando respires el aire que me das te olvides del terror a la hoja en blanco... Soy un lienzo virgen, un fotograma sin filmar, soy una guitarra sin afinar...
Pero no temas. Si estamos juntos, los más bellos poemas brotarán de nuestras primaveras, paisajes paradisíacos colgarán de nuestras paredes, la mejor película de amor de la historia emocionará a media humanidad y nuestros cánticos harán soñar al más insensible.
Permíteme ser todo aquello que soñaste... Toma este instante precioso a cambio de todo lo que te he negado.
Tengo tu imagen en mi sangre, tu esencia en mi corazón y el cerebro dando tumbos por mis tripas. Creo que no merece la pena decir todo ésto si el primer día del resto de nuestra vida no empezó antesdeayer.
No te quiero engañar. Mi vida empezó el día en que la soledad me dijo que sólo podría ser vencida si tú me ayudas. No quiero seguir existiendo desde que soy consciente de todo esto: A partir de ahora quiero vivir. Y vivir sin ti sería ser un corazón sin sangre que bombear, un arco iris de cinco colores, un cine con las luces encendidas, un bar sin música, una vela sin mecha, un ipod sin batería, un gangster sin pistola, un concurso de camisetas mojadas sin líquido, una calculadora que sólo resta, un dedo sin uña y un ojo sin pestaña, una manzana sin veneno, un caramelo sin azúcar, un invierno sin Navidad o un verano sin playa, un Groucho sin bigote, un diamante sin pulir, un mechero sin gas, un Principito sin planeta, unas gafas de sol en un día nublado o una cigüeña sin campanario...
Quiero dejar de ser una nevera en un piso de estudiantes, un taxi con la luz verde encendida o un parque en un día lluvioso.
No puedo esperar más, lo siento, no tengo tiempo. Las Autoridades Sanitarias advierten: No amar (te) puede matar (me). No me queda batería en el móvil. Además, no puedo contarte todo ésto con un SMS. Creo que me falla la cobertura cuando no estás cerca.
martes, 3 de noviembre de 2009
Me he vuelto a poner el vestido de novia y he salido a la calle
Me he vuelto a poner el vestido de novia y he salido a la calle. Estaba terriblemente cabreada y cuando estoy terriblemente cabreada no pienso con claridad. Soy consciente de ello. Tan consciente soy, que siempre que me cabreo intento buscar claridad para calmarme, pero nunca es fácil. Podría decir que lo único que hago es buscar sucedáneos de claridad. Nadie actúa con claridad cuando está cabreada. Nadie está cabreado cuando actúa con claridad. Solamente los psicokillers parece que tienen la capacidad de hacerlo. Nunca conseguiré ser una buena psicokiller, me da miedo la sangre. No me gustan los psicokillers, pasan a la historia con una etiqueta que nunca quisieron tener. Cada psicokiller es único y por mucho que se empeñen los estudiosos en el tema, no tienen porqué tener motivaciones comunes (¿Qué motiva a un psicokiller? ¿Se despierta un día y decide ser un psicokiller?) Tiemblo estremecida sólo con pensar que algún día me despierte decidiendo ser algo. Si tengo claro y decidido lo que voy a ser ya sólo podré fracasar. Y ni siquiera me platearía buscar la claridad cuando me cabreo. Además, hay psicokillers tan patéticos que acaban tatuándose una esvástica en la frente para toda la eternidad.
Hoy estaba terriblemente cabreada y como tantas otras veces, he recordado que debía buscar la claridad. He rebuscado en mi interior pero allí no había nada claro. No hay nada claro últimamente por ahí dentro. He buscado en mi exterior, pero allí no había nada claro tampoco. No hay nada claro últimamente en lo que me rodea. He abierto el armario con intención de destrozar y quemar toda mi ropa por aquello de cumplir un cliché de las mujeres cabreadas que pierden los nervios y se dedican a romper toda esa ropa con la últimamente no se ven bien, y por extensión todo lo que se les cruza en el campo de visión, y he visto la claridad: Allí estaba mi vestido de novia, claro y resplandeciente. Resulta curioso que ahora lo vea claro y resplandeciente porque me casé –según la modista- de champagne. Lo veía ridículo y estúpido, pero según iba hablando con las amigas, me di cuenta que ninguna se había casado de blanco-blanco: De blanco hueso, de blanco desnudo, de blanco rum, de crudo, de blanco diamante, de marfil… Incluso una se vistió de azul cielo, pero claro, es la rara de la pandilla, y la que más posibilidades tenía de acabar siendo una psicokiller según el test de personalidad en nuestra clase de tercero.
Mi vestido de novia me sigue sentando como un guante. Siempre se comenta con hipocresía lo guapa que está la novia el día de la boda. Nadie se atreve en público a decir lo contrario, aunque muchas lo pensemos. Pero a mí me quedaba realmente como un guante. Como un guante de mi talla, porque los guantes muy grandes no quedan bien en manos muy pequeñas, y los guantes muy pequeños no caben en manos muy grandes. Me lo he puesto, me he sentado frente el espejo y he visto lo bien que me sigue quedando. Pero no se me ha pasado el cabreo. He salido corriendo a la calle muy cabreada, vestida de novia y dejando tras de mí el estruendo del fuerte portazo que he dado al salir, e instantes anteriores, el estallido del espejo al que he arrojado con rabia y cabreo lo primero que he tenido a mano, simplemente por seguir con los clichés.
Me he vuelto a poner el vestido de novia y he salido a la calle. No hay ningún cliché en salir a la calle corriendo con el vestido de novia puesto un día que no te vas a casar, a no ser que vayas a grabar un anuncio de colonia o un videoclip de dudoso gusto (¿Son lo mismo?). He pensado en Julia Roberts en “Novia a la Fuga” y me he cabreado aún más por tener una mente tan enferma como para que en momentos como éste me vengan a la mente películas tan terribles. Quizás deba ir más al cine para llenar mi cabeza con imágenes más estimulantes que Julia Roberts en “Novia a la Fuga”. Quizás, pero cerca de mi casa sólo hay una sala X y un Starbucks y, a pesar de ser creados para ello, ninguna de las dos opciones me estimula lo suficiente.
Corro y corro. Me alegro de haberme casado con un vestido corto y no haber encontrado el velo porque me facilita la carrera. También la gente con la que me cruzo me facilita la carrera. Se apartan de mí a mi paso como si llevara la peste aunque lo que lleve sea simplemente un vestido de boda y un monumental cabreo. Los vestidos de novia no están pensados para correr. Realmente, mi cuerpo tampoco está pensado para correr. Me hubiera gustado no haberme puesto las preciosas sandalias con las que me casé, pero una novia con zapatillas no es una novia. Si no me hubiera puesto las preciosas sandalias blanco marfil con las que me casé, el vestido de novia, y mi cuerpo hubiera estado pensado para correr, habría llegado más lejos.
Me caí apenas a cien metros del portal de mi casa. La gente que antes se había apartado de mí como si llevara la peste, ahora disimulaba malamente un morboso interés en la lejanía pero sin acercarse a mí para socorrerme. A fin de cuenta, instantes antes se habían apartado de mí como si tuviera la peste. Realmente, lo único que tenía ahora era un vestido de novia y un monumental cabreo. Me encontraba dolorida en el suelo, observada por gente a mi alrededor con aires de superioridad e simulada indiferencia.
Me he vuelto a poner el vestido de novia y he salido a la calle.
Charles Manson se tatuó una esvástica en la frente y tendrá que vivir con ello el tiempo que le quede.
Y yo, ni siquiera llegué a casarme nunca...



