lunes, 30 de enero de 2012
Cumpliendo con los Tópicos (Vol. 3): De libros, hijos y árboles (Y no por este orden)
martes, 9 de noviembre de 2010
El Agente de la Libertad Condicional de tu esposa recela de mí
Esteban
miércoles, 25 de agosto de 2010
Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 11): Preguntas y Trenes
En lugar de eso le he convencido para venir a ver trenes pasar haciendo que parezca que ha sido idea suya. Lo más apasionante de ser madre es tener una persona que crece a tu lado a la que puedes engañar todo el tiempo porque su dependencia hacia ti hace que te crea. Hasta que es demasiado tarde.
Hoy mi hijo ha vuelto a preguntarme por lo mismo. Lleva unos días muy pesado con ello, creo que sospecha algo. Ha creído que no le oigo con el ruido del televisor y ha encendido la radio en señal de protesta.
Cuando el ruido en casa ha sido insoportable lo he cogido de la mano y lo he llevado a ver trenes pasar. Le he dado las gracias por la buena idea que ha tenido de ir a ver trenes pasar y me ha sonreído.
Hoy mi hijo ha insistido en preguntarme una vez más. No sé cuánto tiempo voy a poder seguir evitando las respuestas. Creo que está cansado de que su madre no le conteste.
No tenía muchas ganas de caminar, pero finalmente le he convencido para que fuéramos a ver trenes pasar. Su sonrisa de aprobación vale todos los esfuerzos.
Mañana mi hijo me volverá a preguntar. Mañana quizás ya sea tarde.
Los trenes van desapareciendo, cada vez es más difícil encontrar las respuestas no buscadas.
No lo sé hijo, no lo sé…
¿Cuándo dejaremos de venir a ver trenes pasar?
Mañana hijo, quizás mañana… Cuando te hagas mayor
jueves, 10 de diciembre de 2009
Saturno devorando a un hijo
Hoy me ha sobresaltado esta imagen en la televisión. Parece ser que no es ningún fake y la verdad es que hay muchas de ellas por la red. Existen ciertas teorías que justifican este comportamiento en la falta de alimento que sufren los osos polares por el deshielo que causa el cambio climático, aunque muchas otras voces hablan de un comportamiento habitual en estos animales.
A mí me da bastante igual. Pero la foto me ha impactado. No soy padre, no quiero, ni creo que vaya a serlo nunca, pero la imagen del padre devorando a su hijo me ha remitido irremediablemente a Saturno devorando un hijo, una de las pinturas más estremecedoras que nunca haya tenido la suerte de ver.
Los osos polares son un enigma para mí, como también lo es Saturno. Sin embargo (o quizás por ello) solían estar entre nuestros favoritos cuando éramos pequeños. Los osos eran adorables, tan blanquitos, en aquellos parajes helados de los polos… Lo de Saturno era más lógico, porque era el único planeta que tenía algo diferente: Sus anillos.
Los Nikis lo encontraban aburrido y cantaban a un planeta que “está muy frío porque nunca hace calor” y llegaban a lamentar lo resfriados y congelados que estaban allí los pingüinos.
Los Zombies, pocos años antes, también relacionaban el frío con Saturno al iniciar una desesperada búsqueda que les llevaba de Groenlandia a los anillos de nuestro devorador de hijos.
Pero lo terrible de todo esto, más allá de la imagen del oso en sí, es el paso del tiempo. El negar el paso del tiempo devorando a las crías. Saturno es la representación de lo podemos llegar a ser, de lo que podemos llegar a hacer. Y ese oso ha vuelto, sangrientamente, a traerlo a mente.
Todo esto es muy extraño… Y luego hay quien se plantea qué sentido tiene que en una isla desierta del Pacífico haya un oso polar…
Lo puede decir la mitología griega, la romana, el libro de ciencias, Los Nikis, Los Zombies o una serie de televisión… Pero la realidad, una vez más, nos devora, y no tenemos más remedio que dejarnos caer en la ficción…
Al menos, eso no podremos devorarlo del todo (espero).




