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martes, 13 de septiembre de 2016

Mirar a las tetas




Tengo una amiga bizca. 
Me cuesta mucho estar cerca de ella. 
No puedo mirarla bien. 
Me da un poco de miedo y no sé cómo actuar. 
Es raro. 
Es raro lo que me pasa, pero la rara es ella. 
No puedo mirar, no ya sus ojos, sino su cara por extensión. 
Es zona de peligro. 
Si le miro la boca llegaré a sus ojos y no sabré cómo actuar. 
Probablemente se me note en los ojos. 
No sé cómo actuarán mis ojos al mirar los suyos desviados.
¿Se desviarán también? 
Es mi amiga pero no puedo con ello. 
Por eso cada vez es menos amiga porque cada vez me cuesta más lidiar con eso de que sea bizca. 
Tanto me cuesta que por evitar sus ojos, su cara, le miro el pecho. 
Y es incluso más violento. 
Porque sus tetas están muy bien. 
No tiene relación. 
No tiene nada que ver que alguien sea bizca con tener buenas tetas, pero en su caso es así. 
O a lo mejor de mirarlas tanto, sus tetas cada vez me gustan más. 
Pero es malo para la gente que me ve, porque seguro que se da cuenta. 
Gente que probablemente tenga un problema como el mío con la bizquera aunque le afecte de otra manera. 
Aunque lo afronten mejor o peor. 
Que le perturbe más o menos. 
El caso es que no puedo aguantar más el poder saber si sus pezones son bizcos también o no. 
No creo que tenga que ver, pero no lo he comprobado nunca. 
Y cada vez tengo más ganas de ver sus pechos y comprobar la alineación de sus pezones. 
Hay muchas chicas con pezones bizcos pero con bonita mirada. 
No sé cómo serán los pezones de mi amiga bizca. 
Y no puedo dejar de mirar sus pechos. 



Creo que me estoy enamorando de ella. 
Porque es bizca.






martes, 23 de agosto de 2016

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 17): La BELLEZA



Me contaron que Luis Eduardo Aute se había puesto muy malito. Hace poco. Me lo contó alguien. Parece que no tiene mucha importancia que te cuenten algo, pero hoy en día es un acto de belleza muy importante. Nos enteramos de todo por vías digitales y si una persona piensa que te tienes que enterar de algo y quiere contártelo antes de que tú lo sepas por otras vías es un importante momento de intimidad común. Una intimidad que será más o menos bonita en cuestión de quién es, qué es lo que te cuenta esa persona y a quién lo hace.
A mí me contó que Luis Eduardo Aute se había puesto muy malito una chica que me ponía muy malito a mí, pero por otras evidentes razones. Me dijo que si no me había enterado, que sabía que a mí me iba a afectar mucho porque me encantaba Aute. Concretamente, el Aute de "La belleza".




- Tú siempre fuiste muy "enemigo de la guerra y su reverso la medalla".

Yo lo encontré bellísimo y no quise confesar que ya me había enterado antes y que andaba un poco acongojado por ello. Me hice el sorprendido y el acongojado. Dejé que sintiera lo agradecido que estaba por su gesto y creo que incluso me acongojé por otros temas que no tenían nada que ver con Aute y mucho con los pechos de aquella persona que había tenido tan bello gesto conmigo.

Inmediatamente, como tantas veces, me sentí sucio y ruín. Aute estaba en el hospital. Alguien precioso había tenido un gesto bellísimo hacia mí y yo me fijaba en sus tetas. En definitiva, todo lo que hacía bello aquel momento me encargué de destrozarlo en mi mente en un instante. Así que tuve que contraatacar:

- ¿Qué es para ti la belleza?
- La canción de Aute.
- No. LA BELLEZA (y lo dije así, en mayúsculas, para que no tuviera dudas de la importancia de lo que estábamos hablando).
- La belleza (me respondió así, en minúsculas, y yo pensé que tampoco estaba mal que siguiera obsesionado con sus tetas si en la conversación ella bajaba la intensidad que yo le estaba poniendo para que fuera todo más bonito) depende del momento . Hay momentos que son bellos en si mismos, hay cosas que son bellas dependiendo del momento, pero la belleza... La belleza es difícil de explicar.

Le enseñe la foto:



- Creo que es una de las cosas más bellas que he visto últimamente.
- ¿En serio?
- Sí, ¿no te parece?
- No sé. Es bonita, pero "una de las cosas más bellas que has visto últimamente".
- ¿Por qué no?
- A no ser que últimamente no veas muchas cosas bonitas.
- Quizás sea eso.
- ¿Quieres verme las tetas?

Ahí me acojoné. Pasé del acongojo al acojone. Como tantas veces. Ella estaba jugando conmigo. Me quería demostrar que la belleza se puede encontrar en muchos sitios y que, por mi mirada, yo la podría encontrar en sus tetas. Me sentí inútil, como de costumbre y entre risas y demás conversaciones intrascendentes, aquellas tetas desaparecieron de mi vista y, con el tiempo, de mi vida.
A día de hoy sigo empeñado en encontrar la belleza en todas partes. Sea en forma de tetas o de canciones. Aún sigo teniendo esperanza. Lo mejor que puede tener uno en su vida es la esperanza de encontrar en algún instante LA BELLEZA.


B.S.O.: "La belleza", Luis Eduardo Aute.



lunes, 1 de junio de 2015

Retratos ecuestres, ADSL, superpechos, llamadas telefónicas y demás dramas de la vida moderna





Dibujé un retrato ecuestre mientras hablaba por teléfono con ella. Cuando colgué me di cuenta de que me había salido algo parecido a una amazona con superpechos montada en una rata gigante. Volví al teléfono y atendí más de lo conveniente a un agente comercial de una compañía telefónica que trataba de venderme algo. No están acostumbrados a que las llamadas duren tiempo porque normalmente la gente cuelga de manera desagradable con cierta urgencia. Yo tampoco estoy acostumbrado a escucharlos ni quería que me vendieran nada. Pero pretendía hacer un dibujo mientras hablaba y la venta de una nueva línea ADSL o el cambio a unas mejores tarifas de móvil deberían ser lo suficientemente poco atractivas pero bien detalladas para que volviera a tratar de dibujar bien el retrato ecuestre que había intentado mientras hablaba con ella antes. Me salió una tía con unos pechos superlativos. Ni rastro del caballo. Las tarifas para móvil eran realmente interesantes y últimamente el ADSL no me va demasiado bien, pero ni aún así valoré analizarlas demasiado. Colgué y recordé que ella no tiene unos pechos superlativos. No sé dibujar pero me encantan las tetas desmesuradas. Y me encanta aún más ella a pesar de ser bastante plana.



martes, 15 de abril de 2014

Terminará el domingo...


- Terminará el domingo y yo seguiré esperando la canción que me habías prometido.

- No sé hacer canciones.

- No hace falta saber. Ponle música a lo que ven tus ojos.




Hice el movimiento de taparme los ojos con las manos y sonreí. Cuando volví a la normalidad y recuperé la visión, ella ya no estaba allí. Me asusté. Me asusté como hacía mucho tiempo que no me asustaba. Me asusté y me sentí estúpida por estar siempre jodiendo las cosas con mis bromas. Y estuve asustada hasta que sentí sus labios en mi espalda.


- ¿Por qué no me quieres más?

- Te quiero más de lo que podemos soportar las dos.

- Yo puedo soportar todo. Hasta el peso de tus tetas.

- Yo no puedo soportar que bromees con mis tetas cuando estás echándome en cara que va a terminar el domingo y sigues esperando la canción que dices que te había prometido.

- Me lo habías prometido.

- Me confundes con otra.

- Nunca.


Lloré de impotencia porque sabía que me estaba mintiendo. Lloré esperando que terminara el domingo y que se olvidara de todo aquello. Lloré porque no creo en las canciones. Lloré porque no creo en la poesía. Lloré porque tengo motivos de sobra para haber perdido la fe.


- No creo en la poesía ni en las canciones.

- ¿Por qué? Eso es muy duro. Tú no eres así.

- Tú no sabes como soy.

- Te quiero y eso implica saber cómo eres.

- Te gustan mis tetas y eso implica creer que me quieres y que sabes cómo soy.

- Eres una cínica.

- Tengo mis motivos.

- Dime alguno.

- Podría enumerártelos pero llegaríamos al domingo que viene.

- Dime dos o tres.


Recordé cómo un día le pregunté a mi librero por qué todas las hojas de los libros que vendía estaban arrugadas y amarillentas y me confesó que sólo compra y vende libros que hacen llorar y que dejan poso de lágrimas y tristeza en sus páginas. Lloré y recordé que no quise hacerle ver que regentaba una librería erótica porque seguramente él ya lo sabía.


- Rimbaud acabó vendiendo armas en África hastiado de escribir.

- Vale, dime otra.

- Sidnead O´Connor acabó poniendo anuncios para follar con hombres peludos.

- ¿Quién es Sidnead O´Connor?

- Un buen día, Mark David Chapman compró un ejemplar de “El Guardián Entre el Centeno”, escribió en él "Esta es mi declaración" y firmó como "Holden Caulfield", mató de cuatro tiros a John Lennon, y se quedó leyéndolo hasta que le detuvo la policía.

- Me gustó mucho ese libro.

- Es un libro para adolescentes.

- ¿Alguna vez piensas en mí de verdad?

- Constantemente, y eso me impide hacer más cosas, como aprender a tocar la guitarra para hacerte una canción.

- ¿Alguna vez piensas?

- Terminará el domingo y yo seguiré masturbándome envuelta en sudores y calurosas preguntas.

- Terminará el domingo...


(Just Reading by Lust for Leica)



Recordé a mi librero. Lo recordé y supe que lo último que los dos querríamos ser en este mundo era gente de ciencias. Gente que supiera explicar por qué huele tan bien una librería vieja. Por qué tienen un olor tan embriagador los libros antiguos. Nos gustaría seguir siendo de esa clase de personas que lo primero que hace al agarrar un libro es olerlo, sin saber muy bien a qué se debe ese aroma tan maravilloso que percibimos en ese momento. Siempre, sin pensarlo demasiado, deducimos que el olor de los libros se da por sus componentes, entre ellos, entre ellos la tinta y el papel. 

Lo terrorífico fue conocer que el papel está conformado por una cierta cantidad de lignina, el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal, del que nunca antes habíamos oído hablar. Una lignina cuya función principal es darle firmeza a la madera de los troncos para que los árboles permanezcan erguidos y puedan crecer y no se conviertan en comida para microorganismos o enzimas. Por ello el papel, al venir de los árboles, tiene cierto nivel de lignina, lo que lo hace tener cierta resistencia y dureza. Pero al pasar el tiempo, la lignina se oxida. Esa oxidación es la que hace al papel ponerse amarillo, por eso los libros antiguos son así. Pero lo fundamental en este asunto es que cuando se oxida la lignina desprende más olor. Y la lignina, como todo en este mundo, tiene familia. Una familia en la que tiene un vínculo muy especial con la vainilla. Primas hermanas. El olor a vainilla entonces se suma a matices que llegan de los compuestos químicos empleados en la confección del libro, como el pegamento o la tinta. Y ahí viene el olor. Y eso es lo que no deberíamos conocer ni mi librero ni yo. Porque no somos gente de ciencia.

El problema es que este olor tan romántico, tan embriagador, también es un síntoma inequívoco de que el libro se está destruyendo. Como cuando cae el sol y empiezas a pensar que terminará el domingo...





martes, 20 de agosto de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 20): Me debería sacar el carnet de conducir (Segunda Parte)*


Anoche soñé que Catherine Deneuve me despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera. Sudoroso asumí la terrible realidad: Mi romanticismo empieza a estar bajo mínimos y mi criterio estético está empezando a bajar peligrosamente. 





Azorado por tan mala experiencia he empezado el día tomando el toro por los cuernos. He rebuscado en el cajón de los calzoncillos y, después de ignorar el hecho de que no había ninguno limpio y eso indica que me estoy abandonando a pasos agigantados, he recuperado tus cartas. Las he tirado encima de la cama y no he llegado a recordar por qué nos escribíamos cuando ninguno de los dos quería estar separado del otro ni tener que escribir cartas. He cogido una al azar creyéndome  Paula Vázquez en el Euromillón y la he leído con la esperanza de encontrar una respuesta a todo y, sobre todo, un punto de partida. Resulta que era una postal sin los necesarios tres códigos de barras de productos Pascual para entrar en el concurso, en la que estaban escritas unas breves palabras:

"Hola amor:

Te echo de menos. Mucho. 
Más de lo normal. 
Sigo sin entender por qué no te sacas el carnet de conducir y vienes a rescatarme. 
Sabes que sigo esperando que lo hagas y que mi carnet de conducir y mi coche no vale para ello.

Besos y dulces sueños."


Algo me recorrió la espalda recordándome que tenía espina dorsal y que no me sentaba bien estar tanto tiempo doblado. Pero más que la espina dorsal, la que hablaba a modo de descargas eléctricas en mi espalda, era ella. Ella estaba esperándome. Seguía haciéndolo. Seguro. Tan seguro como que yo seguía sin tener carnet de conducir y sin haberla rescatado. Miré a mi alrededor y vi las llaves del coche de mi padre en la mesa de la entrada. Esbozando el típico “hasta luego” casi sin vocales que solía dar a mis padres cada vez que salía de casa, di un portazo y me dirigí a coger el automóvil familiar como si fuera lo más habitual del mundo.

Evidentemente, no sabía conducir. Por no saber, no sabía ni como abrir el coche. Pero, contra todo pronóstico, lo puse en marcha y salí del garaje con total normalidad. Seguro que esa normalidad estaba basada en que seguía soñando, pero algo me decía que no.

No. 
Todos los coches no están equivocados y yo voy bien. Creo que finalmente puedo confirmar que el que ha cogido un desvío incorrecto y va contra dirección soy yo. Con todo lo que ello significa… Creo que no voy a poder salir de ésta. ¡Cuánto tráfico en contra! Es el momento en el que tengo que empezar a ver mi vida pasar como una serie de diapositivas a modo de inequívoco signo de que voy a morir. Y va a ser una muerte terrible. Me voy a estampar contra alguien a toda velocidad. Contra ese coche no, que es una familia y no quiero que mueran niños por mi culpa. Contra esa furgoneta no, que es un humilde repartidor y no tiene culpa de mi despiste. Contra esa jovencita no, que le quedan muchos años por delante y acaba de coger el coche de papá por primera vez. Contra ese coche tan viejo no, porque la humildad que demuestra hace que sospeche que la desgracia de morir ese cabeza de familia puede ser inmensa si le quito el sustento a los que debe tener detrás que ya ahora llegan a duras penas a fin de mes. Contra esa no, que tiene las tetas muy gordas y las tetas me han provocado mucha felicidad durante toda mi vida como para que no les haga un pequeño homenaje postmorten perdonando la vida a la poseedora de un buen par.

No encuentro una víctima propiciatoria contra la que me apetezca chocar para morir y no voy a poder aguantar mucho tiempo más este looping de esquivar coches y salir ileso…

Todo esto pasa en escasas décimas de segundo y se me está haciendo eterno.
Todo por coger el coche sin carnet, sin saber conducir, además de un desvío equivocado y no fijarme en la señal de prohibido.

¿Dónde está Nico Abad para estamparse contra él cuando se le necesita?




Milagrosamente, como tantas cosas en mi vida, me veo de repente cogiendo una salida a la carretera y aparcando correctamente en un hueco a la puerta de un bar. Esos bares que siempre han estado ahí cuando se les necesitaban, vuelven a salvarme el cuello. Las señales indican que debo tomarme unos buenos whiskies para calmarme y celebrar aquello, en el caso de que hubiera algo que celebrar, que siempre lo hay cuando el alcoholismo está llamando a tu puerta con insistencia.

Como no todo podía ser perfecto, a las tres o cuatro rondas, empiezo a cansarme de esperar a que me sirvan. Son cosas que me cabrean hasta en momentos como aquel. Unas buenas tetas detrás de la barra de un bar no siempre justifican un mal servicio. 


- ¡Perdona! ¿Me pones otra? Grité por enésima vez a esas tetas que tiraban de aquella camarera tan poco eficiente.
- Lo siento, vamos a cerrar.
- ¿Ya? ¿Y ahora donde voy? No puedo conducir así. Además no tengo carnet...
- Tranquilo, cierro y te quedas conmigo, que tengo algo que darte.


Todo el porno acumulado en mi cabeza durante tantos años empieza a darme información sobre lo que podían significar aquellas palabras. Normalmente, aunque tengo al porno en lo altares de mis mayores afectos y lo considero parte esencial de mi formación como persona, he de reconocer que su visión de la vida y de los comportamientos humanos, difiere ligeramente de lo que he ido viviendo yo. Aún así, siempre era el primero en reaccionar cuando de analizar comportamientos de personas atractivas a mi lado se trataba. 


- Toma -me dice mientras me entrega un sobre.
- ¿Qué es esto?
- Una de las cartas que se cayó de tu cama esta mañana al despertar.
- ¿Cómo?
- Léela...

Más asustado que sorprendido, abro el sobre nervioso y veo que era una carta de ella. Aquella letra era inconfundible. Antes de empezar a leer pasaron por mi cabeza unos cuantos conceptos acerca de los carnets de conducir, el amor, y las inevitables enseñanzas del porno.


"Hola amor:

Hace tiempo empecé a escribir una novela. Escribía lenta y pausadamente en mis ratos libres, sin que aquello pareciera avanzar mucho. Pero lo hacía. Voy por el tercer capítulo. La novela salía de mí y la escribía de dentro a afuera. Hoy está empezando a escribirse de fuera a adentro. Empecé a escribir una novela hace tiempo. Una novela para sacar lo que tengo dentro. Hoy estoy escribiendo una novela porque tengo ganas de leerla. Para ver qué me dice. Estaba dentro de mí. Ya está fuera. Estoy escribiendo una novela para leerla. Me está quedando muy bonita.

Besos."


Supongo que puse una cara de estupor tan evidentemente que aquellas sorprendentes tetas que llevaban a la camarera que me había dado la carta, se movieron para que una boca pudiera decir:

- ¿Y bien? ¿Algún problema? ¿Buenas noticias?
- No sé, la verdad... Supongo que me tienes que explicar algunas cosas porque...
- ¿De lo que pone en la carta? No la he leído, ¿Por quién me tomas?
- No, no... De todo lo demás: De cómo he llegado hasta aquí, de por qué tienes tú esta carta, por qué me la has dado, por qué sabes que hay cartas en mi cama desde esta mañana, cómo pueden ser tan maravillosas tus tetas.

Sonríe. Seguramente porque lo último no lo he dicho en alto aunque también me tenga bastante atolondrado. Es como aquello de que todo es tan y tan extraño y te sobrepasa tanto, que empiezas a dar importancia a lo que menos lo tiene. Aunque esas tetas eran bastante importantes. Mucho.

- ¿No te han enseñado que hay cosas que es mejor no saberlas porque rompen la magia?
- ¿Todavía crees en la magia?
- ¿Tú no?
- Yo sólo sé que he tenido un sueño rarísimo hoy con Catherine Deneuve en el queme despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera... 
- ¿Quién es Catherine Deneuve?
- Da igual, creo que estoy perdiendo el romanticismo y estoy muy preocupado.
- ¿No te preocupa más lo del carnet de conducir, tu aventura automovilística, la carta, mis tetas?




Asumiendo que lo de las tetas no lo había dicho y que era una jugada del porno acumulado en mi cabeza, contesto lo mejor que pude, intentando no ser grosero:

- Me preocupa que hay alguien que lleva mucho tiempo esperándome.
- ¿La Caterin esa?
- (Suspiro de resignación) No, la otra...
- ¿Me estoy perdiendo? ¿De quién hablas?
- Del romanticismo.
- Eso me gusta... Voy a cerrar; te llevo a algún sitio si me dices algo romántico... 
- A los clics de famobil cuando le quitabas el pelo tenían la cabeza hueca.


Pasó el día.
Y la noche sin poder dormir.
No recuerdo si nos besamos o no. Ni he vuelto a ver sus tetas. Pero la carta la tengo bien guardada junto con el resguardo del pago de la inscripción a la autoescuela. Ahora sólo espero que tu novela sea tan bonita como tú...




*
Es probable que nadie se lo plantee, pero en los últimos tiempos no hacemos más que sorprendernos con las lectoras y los lectores de cabezadeavestruz, y por si acaso avisamos para no caer en la tentación de ser traidoras: El que el título del relato incluya lo de “Segunda Parte” no implica que exista una (lógica por otra parte) “Primera Parte”, o sea que no que se vuelvan locas y locos rebuscando en el archivo del blog. Lo de poner “Segunda Parte” en el título podría indicar que hemos hecho algo tipo la saga de “Star Wars” y en un tiempo escribir y sacar las precuelas de todo esto. Pero no aspiramos a tener el éxito ni la demanda de la trilogía inicial (que luego resultó ser posterior) de “Star Wars”, ni nos acercaremos de cerca. Ni siquiera a la Trilogía de Chiquito de la Calzada. Bueno, aspirar, como diría Calamaro, aspiramos a seguir aspirando, que ya es bastante, pero esto no es el caso y nos estamos desviando (Y no estamos hablando de nuestros tabiques). El poner “Segunda Parte” en el título de esta entrada de cabezadeavestruz responde a un toque tramposo más de los que nos estamos haciendo adictas, como lo de que la parte femenina del blog escriba como personajes masculinos y viceversa, sabiendo que a nadie le importa un comino. Probablemente, la próxima entrega debamos titularla “La importancia de un comino: El retorno”

Nuestras sinceras disculpas por todo esto y el consabido agradecimiento por encontrarlos ahí una vez más.


PD: La Trilogía de Chiquito de la Calzada (“Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera”, “Brácula: Condemor II” y “Papá Piquillo”) nos parece una genialidad nunca bien valorada, por si alguien puede deducir lo contrario por lo escrito.



B.S.O.: Soy un macarra (Los Ilegales)



martes, 23 de julio de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 19): El sms de Holly Golightly



Anoche, de madrugada, recibí un sms. ¿Quién coño manda sms a estas alturas de la película? Evidentemente, al no estar habituada ya a recibir sms, no tenía silenciado el móvil para ello y sonó un pitido que seguramente despertó a todo el vecindario. 

Cosas del verano, del retraso en todas las actividades vitales y de las ventanas abiertas. Entra el olor del guiso de colifror a destiempo ¿Quién coño cocina coliflor a estas alturas de la película? por la misma ventana que oigo gemir a esa vecina a la que me encantaría ser yo quien le estuviera comiendo el coño de esa manera tan espectacular o que tanto parecía que le estaba volviendo loca. Creo que si esos gemidos no entraran en casa de la mano del olor al guiso de coliflor y del sonido los programas de tarot de otros vecinos, probablemente estaría masturbándome de manera irresponsable, soñándome entre las piernas de mi vecina. Y digo de manera irresponsable porque con este clima dejarse llevar por los deseos primarios conlleva un calentón y unos sudores que suelen hacer que no vuelvas a dormirte, por incomodidad térmica, en toda la noche. Incomodidad por el calor que lleva al insomnio, que conduce inevitablemente a volver a masturbarte porque, ya puestas, por un poco de calor y sudor más, y ya que no puedo dormir... 

Y se convierte todo en la típica noche cíclica cuando los termómetros no bajan de cierta temperatura y recalientan un termostato interno que ya de por sí nunca baja ni en los inviernos más fríos.



Anoche, de madrugada, aún sin haberme masturbado, como chica responsable a finales de Julio, recibí un sms. ¿Quién coño manda sms a estas alturas de la película? Pero, sobre todo, ¿Quién coño manda sms a esas horas de la noche un día de diario? Antes de que me abrume la potencia literaria de la combinación “día de diario” y que me vuelva a invadir el deseo de comerle el coño a la vecina que gime todas las noches como si se fuera a acabar el mundo (Que por otro lado es como hay que enfrentarse al sexo, con la total y completa conciencia de que se va acabar el mundo) tengo que confesar que me sorprendió mucho la remitente. En honor a la verdad, supuse que se trataba de un virus o de algo raro que le pasaba a mi smartphone. El sms venía de una tal Holly Golightly, que puede significar muchas cosas. Para mí es el nombre de la drag queen del bar de pollas en cabeza, camareros buenorros y actuaciones desenfadadas (en la definición que le da mi prima la desenfadada, esa que siempre está dispuesta a una buena fiesta con tal de dejar a su marido y tres hijas en casa con cualquier excusa que valga para demostrar que ella es la más lanzada y desacomplejada de todas las mujeres que conoce en el mundo mundial) al que fui pseudo obligada para celebrar mi segunda despedida de soltera. Para las más modernas de hoy en día es el nombre del personaje que interpreta Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes y del que tienen un cuadro en la pared aun sin saber más allá que se trata de Audrey y de la película aquella. Para otros es el nombre en clave de una importante espía rusa que jugó un papel fundamental en la segunda guerra del golfo y de la que casi nadie sabe nada. Ni siquiera yo que la estoy nombrando. En fin, Holy Golightly, lo que me recordó que ya he celebrado tres despedidas de soltera y todavía no me he casado, cosa a la cual no encontraría mayor problema si no fuera por la insistencia de mi madre en que se me va a pasar no sé qué de arroz y demás, porque no me atrevo a contarle que no creo en el matrimonio y que si algún día pasara por ese aro, seguro que no sería de blanco ni por la iglesia como ella sueña, y que probablemente no tendría a ningún chico apuesto a mi lado.


Holly Golightly


Anoche, de madrugada, mi vecina decidió que tras una primera sesión de aparente buen sexo, no se había acabado aún el mundo y debía ir a por más. Los televisores desde donde salían los sonidos inquietantes de los programas de tarot de madrugada fueron apagándose como la llama del fuego que calentaba el guiso del coliflor, y dieron paso a alguna teleserie en versión original, probablemente de mi vecino el pajillero, el que tantos días mi miraba el escote con deseo y que seguro ya habría terminado de masturbarse con los gemidos de mi querida vecina a la que me encantaría comerle el coño. Quizás el pajillero fantasee mientras se masturba escuchando los gemidos de mi vecina que realmente esos ruidos salen de mí, de la chica del escote que tanto le perturba cuando se cruza con él. Quizás. A lo mejor esto sólo sea un pretencioso deseo no deseado, donde mezclo en mi cabeza la satisfacción de sentirme admirada y anhelada con la repulsión de sentir que habito en los sueños húmedos de un personaje tan sudoroso como mi vecino el pajillero.

Anoche, de madrugada, leí el sms que me había enviado Holly Golightly y me entraron mil calores que sumar a los que ya tenía por los gemidos de mi vecina y por la sensación que me recorría la espalda que me indicaba que mi vecino el pajillero se la estaba cascando pensando en correrse entre mis tetas. Leí el sms y estuve a punto de sentir que la irresponsabilidad de masturbarse en una noche de finales de Julio tan calurosa era algo inevitable que no podría eludir por más fuerza que hiciera y por más cerebral que me pusiera, ya fuera volando a comerle el coño a mi vecina, o dejando que mi vecino el pajillero se masturbara y corriera encima mía. No. Hice una mueca de respulsión imaginando la caliente corrida y forcé a mi cabeza a volar hacía la entrepierna de mi vecina que ya parecía saciada y silenciosa y leí en voz alta el sms:


“Follarte es la mejor cosa que me puede pasar en la vida. 
Aunque para ti puede ser la peor cosa de tu vida. 
Besos, te echo de menos y sabes lo tenemos pendiente.”


Así. A pelo. Sin abreviaturas típicas ni aparentes ni llamativas faltas de ortografía.

¿Quién era? ¿Quién se ocultaba tras el nombre de Holy Golightly? ¿Quién coño conocía mi número y me mandaba un sms a esas horas un día de diario? ¿Quién cojones pensó que escribir “un día de diario” era aceptable? ¿Quién sería el siguiente que pasaría por el coño de mi vecina antes de que tuviera el placer de comérmelo como si se acabara el mundo? ¿Quién apaga los programas de tarot de su televisión cuando se necesitan?



Acalorada y turbada (que no masturbada, increíblemente aún, dadas las circunstancias) le di a responder. Sin saber quién era. Sin saber qué era. Sin sentirme en mí, más allá de relamerme porque casi sentía el sabor de mi vecina en mis labios, le di a responder.

Me puse la mano derecha entre las piernas y con la izquierda dejé caer el móvil para acariciarme a gusto. El móvil hizo bastante ruido al caer. Era tarde y todo el vecindario se habría sobresaltado, pero, al menos, era un ruido aislado, sin olor a guiso de coliflor, sin gemidos de orgasmo de mi vecina, ni payasadas engañabobos de tarot de madrugada. Ya estábamos sumergidos en el silencio y la luz de la pantalla del smartphone se apagó. 

Se apagó y no puedo leer lo que respondí.
Quizás esa, ya sea otra historia...



(Continuará. Quizás...)





domingo, 21 de abril de 2013

Terminará el domingo...





Terminará el domingo y yo seguiré esperando la canción que me habías prometido.

No sé hacer canciones.

No hace falta saber. Ponle música a lo que ven tus ojos.


Hice el movimiento de taparme los ojos con las manos y sonreí. Cuando volví a la normalidad y recuperé la visión, ella ya no estaba allí. Me asusté. Me asusté como hacía mucho tiempo que no me asustaba. Me asusté y me sentí estúpida por estar siempre jodiendo las cosas con mis bromas. Y estuve asustada hasta que sentí sus labios en mi espalda.




¿Por qué no me quiere más?

Te quiero más de lo que podemos soportar las dos.

Yo puedo soportar todo. Hasta el peso de tus tetas.

Yo no puedo soportar que bromees con mis tetas cuando estás echándome en cara que va a terminar el domingo y sigues esperando la canción que dices que te había prometido.

Me lo habías prometido.

Me confundes con otra.

Nunca.


Lloré de impotencia porque sabía que me estaba mintiendo. Lloré esperando que terminara el domingo y que se olvidara de todo aquello. Lloré porque no creo en las canciones. Lloré porque no creo en la poesía. Lloré porque tengo motivos de sobra para haber perdido la fe. 


No creo en la poesía ni en las canciones.

¿Por qué? Eso es muy duro. Tú no eres así.

Tú no sabes como soy.

Te quiero y eso implica saber cómo eres.

Te gustan mis tetas y eso implica creer que me quieres y que sabes cómo soy.

Eres una cínica.

Tengo mis motivos.

Dime alguno.

Podría enumerártelos pero llegaríamos al domingo que viene.

Dime dos o tres.


Recordé cómo un día le pregunté a mi librero por qué todas las hojas de los libros que vendía estaban arrugadas y amarillentas, y me confesó que sólo compra y vende libros que hacen llorar y que dejan poso de lágrimas y tristeza en sus páginas. Lloré y recordé que no quise hacerle ver que regentaba una librería erótica porque seguramente él ya lo sabía.


Rimbaud acabó vendiendo armas en África hastiado de escribir. 

Vale, dime otra.

Sidnead O´Connor acabó poniendo anuncios para follar con hombres peludos. 

¿Quién es Sidnead O´Connor?

Un buen día, Mark David Chapman compró un ejemplar de “El guardián entre el centeno”, escribió en él "Esta es mi declaración" y firmó como "Holden Caulfield", mató de cuatro tiros a John Lennon, y se quedó leyéndolo hasta que le detuvo la policía.

Me gustó mucho ese libro. 

Es un libro para adolescentes.

¿Alguna vez piensas en mí de verdad?

Constantemente, y eso me impide hacer más cosas, como aprender a tocar la guitarra para hacerte una canción.

¿Alguna vez piensas?



Terminará el domingo y yo seguiré masturbándome envuelta en sudores y calurosas preguntas.

Terminará el domingo...




B.S.O. I: Nothing compares 2U (Sidnead O'Connor)

B.S.O. II: God (John Lennon)



miércoles, 17 de abril de 2013

Relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse



Nota del Editor: Con motivo de la última visita de una delegación de cabezadeavestruz a la Biblioteca de Alejandría, comprobamos con no cierto estupor, que ese dicho habitual en nuestro entorno que dice que la noche que no sales es la que pasan las cosas más extraordinarias y tus amigos lo pasan mejor que nunca, es un concepto universal y que viene de los albores de los tiempos. Tras quitarnos la cara de sorpresa y comprar algún souvenir, hicimos el viaje de vuelta dispuestos a iniciar una gran investigación al respecto de tan curioso fenómeno en cuanto llegáramos, solicitando una beca del Ministerio de Cultura. Como de costumbre, cuando abrimos el procesador de texto, habíamos olvidado todos nuestros propósitos e hicimos como de costumbre: Escribir palabra tras palabra para ver dónde nos llevaba el asunto que nos proponía burlón el folio en blanco. Reproducimos a continuación, prácticamente sin censura, el texto surgido hace un rato, cuando nos pusimos a escribir un poema de amor a una chica que no nos hacía caso, a la que mandamos un caluroso saludo desde esta isla caribeña donde estamos gastando el dinero de la beca, en un resort con una pulsera de todo incluido que no nos deja teclear más, al menos correctamente.




Llegué al bar de costumbre. Solo, como todas esas veces que no encuentro con quién salir. Me acerqué a la barra y pedí un Johnnie Walker con Coca-Cola Light.

-Tengo Zero
-¿Que tienes cero Coca-Colas? Qué mala previsión para un jueves, ¿No?

Ni puta gracia tenía el chiste. Eso decía su cara.

-Jajaja
-Ni puta gracia te ha hecho el chiste, ¿No?
-No mucho, la verdad... ¿Quieres Zero entonces?
-Light.
-No tenemos.
-Pues Coca-Cola normal, me es igual.

Tuve la tentación de soltarle el discurso aquel que explica por qué tomo los cubatas con Coca-Cola Light que se remite a una cuestión de sabor, que no lo hago porque esté en plena operación bikini (aunque no me vendría mal planteármelo) y que si no hay light me es indiferente Zero o normal porque es una cuestión de gusto, no de calorías, y si la publicidad y leitmotiv de la Coca-Cola Zero es que sabe igual que la Coca-Cola normal casi que me la suda totalmente, pero pasé del tema porque ya había comprobado el poco interés que tenía en escucharme al ver que no estaba mientras pensaba esto y al recordar la cara de acelga que había puesto con el chiste que había abierto nuestra relación.

-¿No vienen tus colegas hoy?
-¿Quiénes?
-Tus colegas, con los que sueles venir.
-Bueno, estoy esperando... 

Mentí cual bellaco. Me sorprendió gratamente que se acordara de mí. Al instante pensé que se acordaba de alguno de mis amigos y que yo era un daño colateral porque en aquel sitio llamaba un poco la atención en cualquier caso.

-Esto está un poco flojo hoy, ¿No?
-Como todos los jueves últimamente.
-Ya, la crisis.

Análisis al nivel del mejor tertuliano. Sin duda mi conversación tenía muchísimo nivel esa noche.

-Pues hoy no está mal del todo.
-No sé, no sé...





Y de repente me vi solo. Sin nadie a quién soltarle mi explicación sobre por qué tomo Coca-Cola Light y que si no hay me da igual Zero o normal. Sin nada más que hacer que beber y escuchar la música mirando a todas partes por ver si mis ojos detectaban otra mirada y en un cruce de estos a alguien le daba lástima y se acercaba a mí viéndome sólo y desesperado... Pero vamos, que esos son mis típicos pensamientos de todas las noches, sean como sean y no dejan de ser lo que son: Pajas mentales Pensamientos. Sonaba “Boys don´t cry” de The Cure. Acompasé la canción con algunos movimientos de mis labios y de mi cabeza.

-Perdona ¿O no la quieres?

La camarera. Sus tetas. Otra vez. Quizás no me había fijado antes. Mentira, siempre me fijo en las tetas. Faltaría más. Eran ellas otra vez.

-¿Dime?
-Tu vuelta... ¿O no la quieres?
-Claro.
-Estás empanado, tío.

¿Me acababa de llamar “empanado”? ¿Esa cabeza que sobresalía de aquellas tetas me acababa de llamar “empanado”? ¿En un bar donde ni siquiera tenían Coca-Cola Light? ¿Querría ligar conmigo? ¿Debería preguntarle a qué hora sale? ¿Debería dejar que me lo propusiera ella?

-Jejeje
-Qué borde eres, ¿No?
-¿Yo? No he dicho nada.

Dije mientras me empezaba a enamorar perdidamente de ella.

-Esa risita...

Y puso esa maravillosa cara de acelga que tanto me gustaba desde que me enamoré de ella segundos antes.

-Perdona, se me ha escapado la risita en “e”.
-¿En “e”?
-Si, tengo una teoría sobre las risas y acabo de meter la pata.
-¿Por qué me miras las tetas cuando hablas?
-Perdona, no lo puedo evitar...
-No, tranquilo, me gusta, pero quiero que sigas hablando, sólo trataba de hacerte ver que era consciente de que me las estás mirando y eso me pone mucho...

(Nota del Editor: Parte de esta conversación se ha colado y no ocurrió realmente. Pedimos disculpas pero como tardaban mucho en traernos la bebida y el creativo del grupo se aburría, ha quitado el sitio en el teclado al mono hipernicotinado que normalmente escribe en cabezadeavestruz y ha empezado a inventarse cosas. No volverá a ocurrir, sinceras disculpas. Vuelve el mono habitual en cuanto se encienda el siguiente cigarro y retoma la historia desde la teoría de las risas)

-¿Teoría de las risas?
-Bueno, de las letras empleadas y de la duración.
-Estás colgado, tío...
-Puede ser, jajaja.
-Jajaja.
-Esa risa ha sido correcta y sincera, ¿Ves?
-Mira, no me vengas con gilipolleces, ¿Me explicas lo de las risas?

No sonó bien el tono de esa última frase, y la cara de acelga que me tenía enamorado fue más de acelga que nunca. Y, claro, lo de contigo pan y cebolla me parece bien, pero hartarse de acelgas... Además, tengo otra teoría, aunque esa no la expongo casi nunca en público, que dice que un buen par de tetas no garantizan un buen servicio detrás de una barra, y aunque hagan más agradable casi todo. Hay cosas que ni las mejores tetas del universo pueden disculpar cuando hablamos de tomar copas.

-Pues el “jajaja” es la risa correcta.
-Ya... ¿Y?
-A ver. A la hora de elegir letra para reír hay que ser cuidadoso. La risa en “i” resulta ridícula y sólo es aceptable en conversaciones con personas de poca edad y sugieren picaresca y demandan taparse la boca al emitirla. La risa en “e” denota falta de costumbre y superioridad. Es la risa emitida por tu jefe cuando te demanda que le sigas el rollo y te rías con él. La risa en “o” es antinatural en castellano porque suena a barbaridad o en su defecto es de Papá Noel, y de la “u” nos olvidamos por razones obvias. O sea que la única risa válida es en “a”.
-¿Y para eso tanto?
-Luego está lo del tamaño, que quieras que no, importa...
-Jijiji
-Bien empleada, jijiji...
-¡Oye, que parece que quieres ligar conmigo, no soy tonta!
-¿Ves? Funciona.
-Háblame del tamaño.
-Picarona...
-Gilipollas...
-Vale. Jajajaja, con cuatro sílabas, resulta excesivo y puede denotar risa cansina e incluso falsa. Dos sílabas denotan sarcasmo y pueden llegar a ser malinterpretadas, amén de quedarse cortas, y no digamos un solo “ja” que mostraría desaprobación o reto, algo totalmente alejado a lo que queremos expresar con la risa. De más de cuatro sílabas puede indicar falta de salud mental o que se te ha quedado pegado el dedo...
-¿Pegado el dedo?
-Claro, todo esto es teoría de la risa escrita. ¿No te lo había dicho?
-Estás como un puto cencerro, jajaja...

Y me resultó fascinante cómo aplicó mis enseñanzas a la conversación oral cuando todo lo que había desarrollado se refería al medio escrito y a la secreta ambición de poder utilizarlo en una conversación con ella vía WhatsApp cuando me dé su teléfono o metiendo mi cabeza entre sus tetas, para lo que no necesitaré su WhatsApp. Me resulta muy curioso comprobar ahora cómo estoy narrando la noche, dando una teoría sólo válida para el caso de tener que escribir las risas, y ustedes están leyendo el lenguaje oral pero convenientemente escrito sin convertirse en letras que indiquen lo que quiero decir con esa teoría...

(Nota del editor: Volvemos a pedir disculpas. El mono ha vuelto a ir a por tabaco y el reflexivo del grupo se ha puesto a continuar la historia y le acaba de dar un derrame cerebral intentando explicar cómo se narra algo que es lenguaje oral en un medio escrito, salvando la frontera de la pantalla que habla desde la oralidad pero escrita...)

(Nota del mono: El editor ha sufrido un colapso extraño. No volverá a ocurrir. No me separaré del teclado hasta que acabemos con esto, lo juro por mi padre. Por cierto, a mi padre lo conocen: Es el emoticono ese del monete que se tapa la boca pícaramente en el WhatsApp, vamos, el que se ríe con la “i”, pero no quiero volver al tema de las risas que nos liamos, nos habíamos quedado en el canalillo y las magníficas ubres de la camarera (Sí, los monos decimos “ubres” y no “tetas”, cosas simiescas que tampoco ha lugar que las explique ahora).)

-¿Las tetas otra vez?
-¡Uys! Sí, perdona...
-Nada, ya sabes. O sea que la risa válida y correcta es con “a” y tres sílabas.
-¡Correcto! Veo que has estado atenta y te has enterado de todo lo que he explicado.
-Por supuesto ¿Qué te habías creído? Soy una camarera y me entero de todas las conversaciones aunque no lo parezca.
-Perdona, no cumples el requisito básico de lo que yo considero el barman escuchador o el camarero psicólogo.
-¿Por qué? ¿Por mis tetas?
-Exactamente. Está mal que lo diga yo, pero ya que lo has dicho tú.
-Mis tetas no implican falta de inteligencia.
-Evidentemente, pero tampoco se requería demasiada inteligencia para comprender la teoría de las risas. Quizás un poco para aguantar mi conversación, pero por lo cansina, no por nivel demasiado elevado.
-Vamos, que alguien con buenas tetas no puede llegar a tu nivel intelectual...

Estaba sacando las cosas de madre. Parecía ella más obsesionada con sus tetas que yo mismo, que no podía evitar fijarme cada vez más, hasta el punto que había momentos en los que debía subir la mirada porque empezaba a olvidar cómo era su cara de acelga que tanto me había asustado, enamorado, despreciado, fascinado...




-Estás un poco obsesionada con el tema de tus tetas. Y luego dices que soy yo...
-Claro, no dejas de mirarlas y toda la conversación gira en torno a ellas.
-Porque tú quieres.
-Porque puedo...

Y dijo eso sosteniéndose las tetas con las manos y haciendo un ligero movimiento de alzarlas al cielo. Con mi fascinación por ellas no pude evaluar si era un comentario – movimiento jocoso, pícaro, agresivo, o de cualquier otra clase, porque no podía mirar su cara de acelga en esos momentos. 

-Pareces orgullosa de ellas.
-Puedo estarlo, ¿No?

¡Alarma! Pregunta trampa. Si respondía lo que creía al respecto, que es estúpido que alguien se sienta orgullosa u orgulloso de su cuerpo porque hay un gran componente genético del que no podemos atribuirnos ningún mérito y lo único que se podría hacer es felicitar a los progenitores, eso suena mal. Y si respondía que tiene mucho mérito construirse unas tetas así, asumiría y le haría ver que era consciente de que eran obra de un hábil cirujano y que el mayor mérito que tendría sería haber juntado el dinero para comprárselas y, en el mejor de los casos, la disciplina suficiente para trabajar en el gimnasio su mantenimiento, y eso, malo también. Aunque todo ello es estúpido porque yo, de natural humilde y de origen tímido y poco experimentado, soy de los que no valora la procedencia de las cosas mientras merezcan la pena. Algo así como encontrarse un billete de cinco euros en el suelo, que te da igual que acabe de salir del cajero y esté nuevito o que se le haya caído a alguien tras haber dado una tourné por Austria, pasando por Italia, moviéndose durante meses por Bégica, llegado a Francia y vía Portugal haber acabado en aquel lugar con mucha suciedad y algún que otro deterioro. No sabía qué responder...

-Claro.
-Claro, ¿Qué?
-Que sí, que claro.
-¿Claro que me puedo sentir orgullosa de ellas?
-A mí me encantan.
-Ya, ya me he dado cuenta. Mira, ven...

Y nos fuimos a la esquina de la barra, un poco apartados de la poca clientela del bar. Y con evidente intención de epatarme (Nota del mono: Siempre quise usar el verbo “epatar” en un relato y por fin lo he conseguido, felicítenme) metió su mano derecha de manera pícara por el escote y dejó al aire y ante mí, su maravilloso seno derecho. Tragué saliva y asumí que mi cara había pasado de normal (dentro de la normalidad que puede tener una cara como la mía) a la acelga, pasando por la babosa de río y a palidez aristocrática del que está a punto de darle un vahído. Se la guardó y creo que llegué a oír un sonido que provenía de su párpado izquierdo que bajaba y hacía un movimiento que podría llegar a ser un guiño. Y digo podría, porque evidentemente no lo vi.




-Bonita, ¿No?
-Ghdiedoeufden hasjhyue gtygbde...
-¿Cómo?
-Impresionante.
-Jajaja, joder tío, te acabo de enseñar una teta, podría decir algo más. No sé por qué me ha dado por ahí, pero... Ufff... Joder... Jajaja... ¿Ves? Hasta me estoy riendo de manera correcta.
-Pues no lo sé, no te estoy leyendo y no sé si estás riendo correctamente. Sólo tengo ojos para tu teta y no he querido distraerme leyendo lo que dices. Además, no podría valorar ahora eso.
-¡Jajaja! Venga, no me digas que no es la teta más maravillosa que has visto últimamente.
-Si, señora, si.
-¿O me vas a decir que puede haber alguna mejor por aquí?
-No, evidentemente, no hay demasiada gente por aquí hoy. Y menos con tetas. Y menos con esas tetas. Aunque yo creo que hay una mejor...
-¿Serás capullo? ¿Cuál?
-Tu teta izquierda.
-¿Cómo?
-Es una cosa personal, pero aún sin conocerla más que por su apariencia y por referencias que me ha dado su amiga de al lado, estoy convencido de que es mejor. Mejor, si cabe, ya sabes... Mejorando lo presente.
-¿Y por qué crees eso?
-Tengo querencia a las tetas izquierdas. Será porque soy diestro y el movimiento natural de mi cuerpo se dirige antes a ella que a la otra. A veces he pensado si los zurdos tienen querencia por las tetas derechas o no.
-No te la pienso enseñar. Ya has visto demasiado. Es más, no sé por qué coño he hecho lo que he hecho y estoy aquí hablando contigo.
-Porque hay poca gente en el bar y te aburres.
-Pues mira, sí. Voy a servir una copa allí, que me están pidiendo...

Y me sentí perdido. Perdido, solo y abandonado. Extraño como un naufrago en el Manzanares (Nota del mono: Joaquín Sabina patrocina esta historia y teníamos que meterlo como parte de la banda sonora), vacío como una isla sin robinsón...

Pasaron las horas y no se acercaba a mí. Seguía poniendo alguna copa, cargando cámaras de refrescos, hablando con el DJ, moviendo botellas, sonriendo a algún cliente... Pero para mí nada. Horas interminables, aunque luego me dí cuenta que fueron minutos, no muchos, aunque se me hicieron eternos. Su ausencia. 

Mi erección. Mi calentura. 

Fui a tomar aire para ver si se me pasaba un poco. Intenté cruzar mi mirada con la suya para que viera que salía y volvía cuando me fumara un cigarro y que no pensara que la abandonara, porque para abandonar tetas como aquellas estaba yo ahora... Pero no me vio.

Me fumé el cigarro y volví a entrar directamente al baño. Me encerré y dudé si volcar lo que me quedaba de farlopa de la noche anterior y meterme un tiro potente que me pegara un subidón, mear y salir rápido o meneármela de manera salvaje. Opté por mear...

Pero mi erección seguía ahí. Mear me resultó difícil y la excesiva fricción de los dedos en mi polla me hizo encontrar la excusa para hacer lo que tenía que hacer. Así pues, cerré el pestillo, me senté en el baño y continué con las fricciones hasta que empecé a sentirme un poco acalorado y turbado, comencé a estar muy bien y parecía que estaba sintiendo aquellas tetas en mi cara y su entrecortada respiración en mi faz de acelga. Casi podía oír su voz llamándome a gritos...

Hasta que me dí cuenta de que era su voz que me llamaba a gritos:

-¡Oye! ¿Qué haces ahí dentro? Está prohibido consumir drogas en este local, sal antes de que tenga que llamar al portero.
-No esttttoy consumieeeendo drogggas...
-¡Abre!
-Esssppeeeera un mmommento...
-¡Abre o la liamos!

Abrí. Aturullado abrí apresuradamente. No sin antes recomponerme un poco e intentar guardarme el miembro en el pantalón, empresa que resulto ardua y difícil.

(Nota del mono: Aquí dejaremos esto abierto para crear una ilusión extraña en usted y que no sepa si la dificultad de recogida de esa polla era debido a su descomunal tamaño en erección o a la tendencia de ir a la moda de su dueño que hace que últimamente vista pantalones muy ajustados como un buen moderno.)

-¿Dónde tienes la coca? No la habrás tirado, tonto, que venía a que me invitaras a una...
-Umm... Sí, ahora te pongo una...
-¡Jajaja! Ya veo... ¿Y eso es que tienes guardado un gran paquete de ella o te he sorprendido y te alegras de verme a mí y a mis amigas?




(Nota del mono: Pedimos disculpas por lo facilón, básico y manido de este diálogo. Evidentemente queda zafio y feo, pero el desarrollo de la conversación fue así de estúpidamente típico y convencional, y la escena en cuestión entró en una serie de vericuetos más o menos sórdidos, morbosos, extraños y calurosos, por lo que haremos una elipsis de la que saldremos indicando que hubo una felación en ese baño a cambio de un par de generosas rayas de farlopa y que cada uno por su lado, primero ella y luego él, salieron del baño disimulando, con los colores subidos al rostro, respingues de nariz y caritas de felicidad picaronas, similares a haber emitido una risa en “i” de más de tres sílabas a la manera del emoticono del monete que se tapa la boca con las dos manos en el WhatsApp)


-Vamos a cerrar ya mismo, ¿Te pongo la última?
-Sí, claro.
-Invito yo.
-Gracias.
-¿Por qué me miras así?
-¿Cómo te miro?
-No sé, no me miras las tetas, estás embobado mirándome la cara... Y debo de tener una carita de narices...
-Estás preciosa.
-Uyuyuy... Déjate de chorradas de esas, que no te pega.
-¿Y qué me pega?
-No sé, pero esas cosas no.
-No me conoces.
-Es verdad, pero te he chupado la polla y tú me has visto una teta. Nos conocemos más de lo que puedes conocer a mucha gente a nuestro alrededor y creemos que son conocidos.
-Aún falta que me enseñes mi teta preferida.
-No creo. Está muy dolorida de los achuchones que le has metido antes aunque te dije mil veces que no me apretaras tan fuerte.
-La emoción, ya sabes...
-Sí, la emoción, ya... Lo que pasa es que los tíos no sabéis tocar en condiciones una teta. Os creéis que hay que apretar cada vez mas fuerte, utilizar los pezones como si fueran granos que se pueden arrancar o diales de radio sintonizando los 40 Principales. Y no. No es así...
-Yo sé tocar tetas. Soy un auténtico profesional del tema. Siempre me ha encantado hacerlo bien. Antes no era un momento significativo para juzgarlo, era una situación extraña, pero déjame que te lo demuestre ahora cuando salgas. Además estoy deseando ver a mi teta preferida y luego mimar a las dos juntitas.
-¿Te queda coca?
-Ya has visto que he volcado.
-Bueno, pero podías tener más, ¿Yo qué sé?
-¿Qué pasa? ¿Que si no tengo más coca no hay teta para el nene?
-Dicho así queda feo, pero sí, algo de eso hay.
-Es cierto, suena feísimo.
-¿Te doy un vaso de plástico? Vamos a cerrar...


Y en ese momento, fundido a negro, empiezan a subir los títulos de crédito y parece que acaba el relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse, en el que me quedó por conocer a su teta izquierda, probablemente su mejor teta. 

Sólo probablemente...





B.S.O. I: Boys don't cry (The Cure)

B.S.O. II: Así estoy yo sin ti (Joaquín Sabina)

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