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martes, 13 de septiembre de 2016

Mirar a las tetas




Tengo una amiga bizca. 
Me cuesta mucho estar cerca de ella. 
No puedo mirarla bien. 
Me da un poco de miedo y no sé cómo actuar. 
Es raro. 
Es raro lo que me pasa, pero la rara es ella. 
No puedo mirar, no ya sus ojos, sino su cara por extensión. 
Es zona de peligro. 
Si le miro la boca llegaré a sus ojos y no sabré cómo actuar. 
Probablemente se me note en los ojos. 
No sé cómo actuarán mis ojos al mirar los suyos desviados.
¿Se desviarán también? 
Es mi amiga pero no puedo con ello. 
Por eso cada vez es menos amiga porque cada vez me cuesta más lidiar con eso de que sea bizca. 
Tanto me cuesta que por evitar sus ojos, su cara, le miro el pecho. 
Y es incluso más violento. 
Porque sus tetas están muy bien. 
No tiene relación. 
No tiene nada que ver que alguien sea bizca con tener buenas tetas, pero en su caso es así. 
O a lo mejor de mirarlas tanto, sus tetas cada vez me gustan más. 
Pero es malo para la gente que me ve, porque seguro que se da cuenta. 
Gente que probablemente tenga un problema como el mío con la bizquera aunque le afecte de otra manera. 
Aunque lo afronten mejor o peor. 
Que le perturbe más o menos. 
El caso es que no puedo aguantar más el poder saber si sus pezones son bizcos también o no. 
No creo que tenga que ver, pero no lo he comprobado nunca. 
Y cada vez tengo más ganas de ver sus pechos y comprobar la alineación de sus pezones. 
Hay muchas chicas con pezones bizcos pero con bonita mirada. 
No sé cómo serán los pezones de mi amiga bizca. 
Y no puedo dejar de mirar sus pechos. 



Creo que me estoy enamorando de ella. 
Porque es bizca.






miércoles, 14 de enero de 2015

Conversaciones postcoitum




¿Hasta que punto se puede decir
que la mirada de un ser humano es algo físico?”
(“El túnel”, Ernesto Sábato)




- ¿En qué momento estos ojos que parten de ser posteriores al sexo pasan a ser de nuevo anteriores?
- ¿Eso es que quieres repetir?
- Claro, pero lo pregunto porque si eso que dices es cierto, supongo que hay un momento en que mis ojos post cambian y pasan a ser pre si en mi interior algo dice que vamos a hacerlo otra vez.
- Los ojos post no desaparecen. Hasta que te duermes a mi lado. Y en ese momento aparecen de nuevo en los sueños. Luego ya la mañana es otra cosa.

En aquellos momentos ya lo sabía. Aunque creo que siempre lo supe. Tenía unos ojos preciosos. Unos ojos que inspirarían a toda una generación literaria o a un movimiento cultural completo. Unos ojos de esos que siempre transmiten cansancio, pero que de cansados que los ves, te enamoras de ellos, te inspiran una ternura inigualable. Una ternura que hace que no puedas menos que fascinarte e inevitablemente, enamorarte perdidamente de ellos para siempre. Porque unos ojos cansados, nunca dejan de estar cansados. Y por tanto, nunca dejan de tenerte atrapado. Y en momentos como aquellos, era más consciente que nunca.



- Me encanta mirarte. Sobre todo en estos momentos.
- Y a mí.
- Es impresionante lo que cambia el Franky anterior del Franky posterior.
- Sigo siendo yo.
- Tus ojos no son los mismos.
- Porque soy un tío raro y miro. Y porque me siento a gusto así, contigo, y me apetece estar pegado a ti y mirarte.
- Tienes razón, eres un tío raro. No sólo por esto, pero sí, eres un tío raro.
- La mayoría de los tíos con los que te has acostado ya estarían vistiéndose con cualquier excusa. Franky no, Diana. Franky está aquí, aunque nadie lo crea.
- Pues tengo experiencias de todo tipo.
- A mí me gusta estar así contigo. No creo que te haya pasado con muchos.
- ¿De verdad quieres que hablemos de eso ahora?
- No, quiero que te sientas bien y que hables de lo que quieras que hablemos.
- Hablemos de lo que quieras, me siento muy bien.
- Yo también.

Y todo era maravilloso. Aunque siempre, mi cabeza se fuera a sitios inconvenientes: ¿Conoces alguna pareja que sea feliz? ¿Realmente feliz? Fantaseaba diciéndome cosas que nunca me consideré capaz de decir en voz alta: Creo que no deberíamos acostarnos. Creo que no deberíamos acostarnos los dos solos ¿Nunca más?. Pero recordaba otros momentos, otras camas. Otras personas, otros cuerpos. Como el tiempo en el que cuando terminábamos de follar, algunas siempre miraban hacia arriba y me preguntaban si había pensado en pintar el techo…

- Se nota.
- ¿Se me nota?
- Se nota.
- Será porque estoy a gusto. Porque estoy muy bien.
- Echaba de menos esos ojos.
- Te miran muy a menudo. Nunca se han ido.
- Estos ojos no. Hacía mucho que no los veía.
- Aquí están, mirándote.
- Me encanta como me miras después.
- Después.
- Después.
- ¿Y antes? ¿No te gustan?
- Es diferente.

Y preguntas en mi interior. Sin poder controlarlas y sin saber si quería plantearlas fuera de mí, compartirlas con ella, con alguien: ¿Conoces la historia del que quiso volver a sentir el placer de aprender a hacer algo importante y vital por primera vez y se amputó los pies para tener que aprender a andar de nuevo? Cuando los demonios que la dirigen abandonen mi cabeza, quizás me convierta en algo aún peor de lo que soy ahora mismo y te resulte aún más insoportable…

 

- ¿No te gustan?
- Me gustan, pero ya te he dicho que es increíble como cambia tu mirada de antes a después.
- ¿Y durante?
- Durante hay de todo.

Sería tan bonito que me escribieras una canción...

jueves, 19 de diciembre de 2013

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 13): El beso denunciado

(Marco Bertorello, AFP)

Esta es una de las fotos más hermosas que he encontrado en la prensa últimamente. A pesar de ello, es noticia porque la joven protagonista, Nina, ha sido denunciada por acoso.
Nina.
Tan bella con los ojos cerrados. Es probable que sea bella con los ojos abiertos, mirándome, pero eso no puedo saberlo. Aunque lo sospecho.


Esta una de las fotos más lindas que he visto en los últimos tiempos y no estoy segura si me hubiera gustado hacerla a mí o si deseo con todas mis fuerzas ser protagonista en ella.

Me gustaría recibir los labios de Nina con esa no mirada tan sexy. Pero no me gustaría ser un antidisturbios por mucho que atraiga a Nina.

Me encantaría haber hecho la foto, pero soy feliz admirándola. Quizás deba condenar en mi tribunal de justicia propia universal a quien se le haya ocurrido denunciar a Nina por un acto que ha conllevado una imagen con tanta belleza.
Quizás sea un deseo oculto de ser casco de antidisturbio. Proteger la cabeza, la cara de manera transparente y recibir el acosador beso con los ojos cerrados a los dos lados del metracrilato. Desde pequeñita he querido ser cosas extrañas. Siempre he deseado que me miren con los ojos cerrados como está haciendo Nina en la foto. Convertirme en cualquier cosa que no sea yo. Hacer fotos como ésta. Siendo quien sea...


jueves, 12 de septiembre de 2013

El problema de jugar siempre al empate



- Está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, le dije mientras desayunábamos después de follar, por la mañana, nada más abrir los ojos.

- Está bien que follar sea lo primero que hacemos cuando llega el día, me dijo ella mientras mojaba su porra en el café. 

Mi cabeza se fue sin remedio a un burdo juego alegórico de lo más simplón analizando cómo entraba y salía la porra de su café para luego, una vez húmeda, entrar en su boca. Tuve uno de esos momentos en los que me siento de lo más vulgar pensando cosas que ni siquiera me paro a pensar pero aparecen en mi mente, que abochornarían a mi yo reflexivo. Pero la imagen de aquella porra del desayuno, poco tiempo después de haberme comido a mí por todos lados, porra (o churrito para ser exactos) incluida, era de lo más sugerente. Cuando veo cosas sugerentes en todo lo que me rodea, por muy cañí o vulgar que sea, como es el caso de una porra mojada en café, sé que pase lo que pase el resto del día ya lo he empezado ganando.




- Parece que hoy empezamos ganando. Nada más sencillo que empezar un día ganando si lo primero que haces cuando apenas has abierto los ojos, es follar.
- Eso es muy difícil.
- Acabamos de hacerlo, le dije con una seguridad impropia de mí.
- Hoy ha empezado bien. Dejémoslo ahí. Y cogió otra porra para proceder a mojarla nuevamente en el café y dar buena cuenta de ella.
- Parece que te has levantado con hambre... ¿No te has alimentado lo suficiente esta mañana?
- ¿Ves? No es tan fácil. Lo estás empezando a joder. Con lo bien que había empezado el día...
- Es broma, perdona.
- Da igual. 

Entonces yo cogí una porra y procedí a hacer lo mismo que ella pero cualquier persona que nos hubiera visto desde fuera se habría dado cuenta de que no es lo mismo. Aunque quisiera hacer lo mismo. Hasta ella se dio cuenta. Pero no dijo nada al respecto. Se fue a otro de sus sitios.

- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- ¿Cómo?
- Déjalo.
- No, dime..., le dije ya asustado.
- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- No sé, nunca lo he pensado.
- Ya. 

La porra se me estaba atragantando. El día que había empezado de maravilla porque está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, empezaba a ponerse raro ya en el desayuno.

- ¿Qué quieres cenar hoy? 
- ¿A qué viene eso ahora? ¿Estamos desayunando?
- No, para ver si me contestabas que tú no sabías pero que yo iba a cenar porra otra vez.
- Yo nunca hubiera dicho eso.
- Tenía que comprobarlo.
- ¿Quieres cenar porra esta noche?
- Quiero comértela ahora mismo.

Volvía a pensar que el día se había levantado maravilloso. Daba gusto desayunar así.

Me volvía loco que me la comiera. Ya fuera por la mañana o por la tarde, de noche o de día. Todo parecía posible cuando ella me comía la polla. Era algo que nunca podré describir con palabras por más que lo intente. Por más veces que me la haya comido. Recuerdo cuando intenté explicárselo a otra persona que no entendía lo que quería decir acerca de empezar de maravilla los días, de salir ya ganando, o de lo indescriptible que era lo que sentía cuando ella me comía la polla:

- ¿Has mirado sus ojos? Yo la primera vez que miré en ellos tuve la misma sensación que cuando escuché por primera vez a los Rolling Stones.
- ¿Sus ojos?
- Los ojos de alguien que te está comiendo la polla.
- No sé. 
- Ese es tu problema, no sabes. Quizás juegas siempre a empatar y luego pasa lo que pasa...




Aquella conversación no acabó bien. Aunque a mí me parezca que dije en ella cosas tan bellas que nunca crea poder repetir hablando de mirar unos ojos. Tiempo después, esa persona me comió la polla y estoy convencido que ambos estábamos pendientes de algo más que aquella comida porque recordábamos la conversación de los ojos. Y eso que fue con poca luz, de noche y con mucho deseo por ambas partes. Aquella comida acabó en empate. No volvimos a jugar el partido de vuelta. Pero eso ocurrió mucho tiempo después del maravilloso día del que estaba hablando que empezó muy bien por saber que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Ese día, el que empezó muy bien sabiendo que ya pasara lo que pasara habíamos hecho algo por haber follado al despertarnos, se empezó a torcer a media tarde. Todos los días se empiezan a torcer a media tarde. Es cuando comienza a aparecer el cansancio. Cuando cuesta más mantener la ventaja adquirida en los prolegómenos. 

Yo, aparte de una deficiente condición física, tengo poca fortaleza mental, y cuando los días empiezan a torcerse, me cuesta mantener el marcador a favor. Es algo que ella sabía y por eso se empeñó en comérmela antes de comer, en medio de la comida (a pesar de que estábamos en un restaurante) y en la siesta. A veces no miramos los días en toda su intensidad. Creemos que los martes no son más que antesalas de los jueves y así. Y así nos luce el pelo. Yo llegué a la cena con pocas ganas de hacer chistes de porras, ni de casi cenar.




Por aquellos tiempos yo quería ser escritor. Y como todos sabemos, un aspirante a escritor no deja de ser una persona como todas las demás solo que un poco más pretenciosa, embobada de sí misma y con ganas de demostrar constantemente que tiene ideas mejores que los que le rodean. Por aquellos tiempos yo solía joder bastante las situaciones y días en los que iba ganando cómodamente con mis ínfulas de literato maldito y genial. Y, claro, salté:

- Voy a hacerte un traje con mis letras, le dije en lo que yo consideraba un piropo maravilloso que la dejara epatada y a mi merced, bebiendo los vientos por mí.
- Yo lo que quiero es que me hagas un traje de saliva y te dejes de romanticismos. Ese es tu mayor problema conmigo, me replicó mientras intentaba comerme la polla una vez más.

Aquella noche acabó en tragedia. Ella seguía con hambre. Yo ya hacía mucho tiempo que había dado por bueno el empate. No me quedaban cambios y el equipo se resintió. Ella decidió jugarse el todo por el todo y buscó ganar aunque fuera en la tanda de penaltis. Yo ya había sido eliminado de la competición.

A día de hoy, recuerdo aquella jornada como un claro ejemplo de lo que pudo ser y no fue. La eterna promesa me llamaban. El de los días que empezaban de maravilla porque sabía que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Desde aquel día tengo miedo a las noches. Duerma solo o acompañado. Tengo miedo despertar y ver que el día no empieza ni siquiera en empate...



B.S.O.: "Un buen día" (Los Planetas)


lunes, 1 de abril de 2013

Microrrelatos sin pudor (Volumen 33): Te voy a sacar una sonrisa




Te voy a hacer reír, me dijo y temí que me fuera a contar un chiste.


Voy a enseñar tu sonrisa al mundo, añadió y me quedé perpleja esperando que la Policía Anticursi entrara por sorpresa y se lo llevara arrestado. 


Tienes que quitarte la mano de la boca, porque si no voy a ver tu sonrisa.





No necesitas verme la boca para saber si río, le dije ocultando mi sonrisa. Y no es lo mismo reír que sonreír.


Se dio la vuelta visiblemente afectado. 
Me pongo muy dura a veces con estas cosas, pero si no puede ver mi sonrisa en los ojos, que no trate de hacerme reír nunca, porque me reiré de él.


Y a ti, gracias por tu sonrisa. La veo incluso sin mirarte a los ojos...





B.S.O.: "Sonrisa valiente" (Alex Ferreira)



domingo, 26 de agosto de 2012

Fotos que me gustaría haber hecho a mí (Volumen 9): Tú tan genia y yo tan bello


se promènent dans la rue deux par deux”


(Françoise Hardy, Dalí y gatito por Jean Marie Perier)



Me dices que vienes conmigo porque quieres ver la luna a mi lado. 
Estás convencida de que la luna es más bella cuando estamos juntos. 
Te digo que tengo una casa  sin vistas pero nunca me escuchas. 

Nunca me escuchas más allá de lo que quieres oír. 
Y yo te lo permito porque no puedo negar nada a quien me mira con esos ojos.

Tus ojos y la luna.

La  noche perfecta.
La noche que vimos la luna a través de tus ojos.

Vienes a ver la fiera y te la encuentras agarrada a una correa que sale de mi mano.
En el fondo, soy un gatito tras un maquillaje profesional, te digo.
Y sin que yo te lo pida, me confiesas todo lo que yo nunca te he preguntado:

¿Sabes la única cosa por la que me gustaría ser rubia? ¿Pero ser muy, muy rubia? Para poder demacrarme un día, embadurnarme los ojos de negro para que contrasten con mi pálida piel, revolver mi pelo albino, y ponerme una diadema de princesita. Terroríficamente decadente. Eso una morena no lo puede hacer igual…

Yo callo y asiento. 
Como te gusta que haga.
Tú ves una cadena que te apresa donde yo veo un felino salvaje que juega con mis ovillos de lana disimulando.

Y así pasamos aquella noche que viniste a mi lado para viéramos la luna juntos y yo sólo miré tus ojos…


BIS:


(Dalí y Françoise Hardy por Jean Marie Perier)



Disfrázate conmigo, querida mía. 
Que las apariencias y lo establecido no nos atenace. 
Seamos quien queramos ser cuando deseemos serlo,
 sin importar que nos digan que así (aquí) no podemos hacerlo…

¿Recuerdas cuando me regalaste un felino salvaje que escribía poemas?

¿Qué ha sido de él?

¿Lo sabes?



martes, 17 de julio de 2012

Feliz cuando tú eres feliz




“Hay que saber nadar lo justo para abstenerse de salvar a los otros”
 (“París no se acaba nunca”, Vila – Matas)








Y entonces te miré y lo supe:

- Estoy muy feliz, estoy contenta
Me dijiste.

Y entonces miré tus ojos y lo supe:

- Me hace muy feliz verte feliz
Te dije

Y entonces me miraste desde dentro y lo supe.


Y no volvimos a decirnos nada. Estaba todo dicho. Mis ojos se dejaron a los tuyos y empezaron a brillar con más fuerza debido, seguramente, a la felicidad de la luz que transmitían los tuyos.

Tus ojos brillaron para mí y eso me hizo feliz. Feliz brillé para ti y creí ver que eso te hacía feliz a ti.

Y no hizo falta nada más.

Y a partir de ese momento supe que nunca más tendría miedo.
Y que pasara lo que pasara, siempre sería yo más feliz cuando tú también lo fueras.
Y a partir de ese momento supe que desde aquí, siempre necesitaré mirar la otra orilla para verte feliz.
Y a pesar de que nunca sabré nadar, estaré para la eternidad vigilando esos ojos que me dicen que eres feliz. “Hoy sopla el viento para ti” y me encanta que me dejes despeinarte con todo mi ser.
Y mi felicidad…


Pasara lo que pasara…




B.S.O.: "La otra orilla" (Los Enemigos)



miércoles, 21 de marzo de 2012

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 23): Día Mundial de la Poesía


Me desnudé por completo y me subí en el caballo blanco. 
El pudor hizo que me soltara el pelo para taparme un poco. 
Cabalgamos por la gran ciudad atravesando el atasco mañanero sin nada que pudiera pararnos. 
Absorta en mis pensamientos. 
No miraba nada. 
No escuchaba nada. 


Acerqué mi boca a la oreja del caballo para hacerle una confidencia. 
No recuerdo muy bien cuál fue. 


Si recuerdo que me dije a mí misma que iba cerrar los ojos para verte. 








Después leí en el periódico que me trajo la enfermera que era el Día Mundial de la Poesía
Me puse melancólica pero no funcionó.
Como diría Jeanette, hoy en mi ventana brilla el sol.


Y el sol no es bueno para la poesía…


viernes, 9 de marzo de 2012

Diálogo entre amigas: Historias habituales








- ¿Cómo ha ido? 
- Siempre quieres que te cuente todo. Mira que eres cotilla 
- Es lo de siempre 
- Todo lo tuyo es interesante, sea o no lo de siempre 
- Pero esto… Es lo de siempre más que nunca 
- ¡Cuenta! 
- ¿Por dónde empiezo? 
- Por el principio 
- Me acerqué y le dije “Hola ¿Echamos un polvo?” Me gustó. Le dije que si quería ir a mi casa o la suya. No nos presentamos 
- Lo de siempre 
- Nos volvimos locas durante toda la noche. Nos lamimos, comimos, y jugamos con todo lo que teníamos en nuestros cuerpos en aquella cama que no abandonamos más que para ir a mear o coger chocolatinas y refrescos de la nevera 
- Una gran noche 
- Efectivamente. Espectacular. Cuando desperté rendida tras horas y horas de pasión sexual, abrí los ojos y la vi vistiéndose, superé mi timidez y le pregunté muy bajito si quería que la llamara para salir por ahí de copas esa noche, que conocía un sitio de unos amigos donde ponían buena música 
- En el “RockanBola” no ponen buena música 
- No me refería al “RockanBola”. Quería ir a un concierto en la Sala “Trastero”. El caso es que me atreví y me arriesgué. Y podía haber pasado cualquier cosa, pero… 
- Pero… 
- ¡Aceptó! 
- Joder tía, ¡Qué bien! Estuvimos de concierto. Nos echamos unas risas, unas copas, algún que otro canutillo… La noche iba avanzando rápido pero tenía la impresión de que ninguna queríamos que acabara
- Esas cosas se notan: Las señales 
- Yo nunca las he sabido ver bien 
- Nadie lo diría 
- El caso es que llegamos a "El Ambigú"...
- ¿La llevaste a "El Ambigú"? 
- Era lo último que quedaba abierto. Ya sabes. A esas horas tiras de cualquier recurso
- Cualquier recurso sí, pero "El Ambigú"… ¡Qué pereza! 
- Pero era "El Ambigú" o nada. El último bar. Y la suerte estaba echada. Le eché morro y pensé que de perdidos al río. Que me lamentaría si no lo intentaba 
- Esa es la actitud 
- Y armándome de valor, me lancé y la besé. Despacito, con pudor, pero notaba que no estaba mal la cosa y le metí la lengua hasta los intestinos… ¡Qué ansia, Dios! ¡Qué manera de besarnos! 
- ¿Y? 
- Le propuse quedar para echar un café de tranquis algún día 
- ¿Tan rápido? 
- No… Le dije de esperar unos días, claro… ¿Por quién me tomas? 
-  No sabría decir… 
- No quería parecer impaciente ni desesperada 










- ¿Qué tal el café? 
- Genial. Hablamos de todo un poco 
- ¿Hubo conexión?
- Conectamos muy bien, ya te digo, hablamos de todo un poco..
- Tendrás que ser más específica. Quiero detalles, parece que no te das cuenta de con quién estás hablando 
- Fue mágico. Nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común. Hablamos de nuestra afición por los bajistas, de Lisboa, de cine clásico. Tomamos un par de licores y rematamos con un café descafeinado yo, y uno con hielos ella. 
- Uy… 
- Le aparté el pelo de la cara como en aquella película 
- ¿Qué película? 
- La táctica de Jorge Sanz, ¿No recuerdas? 
- "Los mejores años de nuestra vida" 
- "Los peores años de nuestra vida
- Perdón, me lío con los nombres. Pero sé la escena, la de "Los PEORES años de nuestra vida"… 
- Exacto. Creí que era el momento para lanzarme y lo hice. Y fue genial. 
- ¿Y cómo siguió? 
- Estaba lanzada. Acabamos los cafés y me armé de valor 
- Eso suena bien 
- ¿Me das tu móvil? 
- ¿Que te dé mi móvil?
- ¿Cómo? Me he perdido... 
- Que le pedí el móvil... 
- ¡Oh! ¿Y cómo se lo tomó? 
- Me miró extrañada. Me dio miedo, por un momento pensé que quizás me había pasado de rápida y lanzada, pero… Me lo dio… 
- ¡Genial! 
- Ya te digo 
- ¿Y entonces? 
- Tranquilidad, chica, tranquilidad 
- Pero cuenta, no te pares 
- Si no he parado… He dicho que tranquilidad. Que no quería joderlo. Estas cosas van a su ritmo 
- Tranquilidad, lógico, sigue 
- Después venía el cumple de Bea 
- ¡No! 
- ¡Sí! La llamé. No creas que no me costó, pero la llamé. Yo, con lo lanzada que soy, me costó un mundo. Traté de no dar importancia al tema y la llamé 
- Cuando tú te pones… 
- De primeras no me reconoció, pero al momento parecía casi muy contenta por mi llamada. No quería hacerme ilusiones, por si acaso. Y la invité a la fiesta 
- Y te dijo que iría... 
- Bueno, parecía con ganas pero tenía excusas. Tenía otros planes, que si patatín, que si patatán… Pero que le gustaría ir y que muchas gracias por invitarla y blablablá… 
- Pero, ¿Qué pasó? 
- Insistí en que podía llevar a gente, que iba a estar muy bien, que esas fiestas en casa de Bea suelen ser muy buenas y va mucha gente… 
- No tanta… 
- Bueno, tenía que vender la moto. Insistí y me dijo que seguramente iría 
- ¡Qué nervios! 
- No lo sabes tú bien: Me tiré un montón de días medio histérica, sin saber cómo actuar, qué hacer, qué ponerme… 
- Jo, tía… ¡Qué buena pinta! 
- Sí. Me puse la camiseta violeta esa que me gusta tanto… 
- A mí no, pero reconozco que te queda genial 
- Y los vaqueros de las grandes ocasiones 
- ¡Total! 
- Cuando llegué a la fiesta no me lo podía creer. Impresionante 
- ¿Había mucha gente? 
- Como siempre: Las fiestas de Bea son geniales 
- Será por la fecha que cumple años, que se apunta mucha peña. Siempre 
- Saludé a gente por allí. Saludé a Bea y le di el regalo. Y me dijo que estaba muy contenta por la cantidad de gente que había ido a la fiesta 
- Como casi siempre 
- Me echó una copa y me empezó a presentar por allí 
- ¡Joder!, Bea siempre tan cumplida 
- Es su fiesta, es normal... 
- Pero con el palo que te da a ti eso… 
- Ya... Cuando empezó a llegar más gente, y las copas empezaron a fluir, todo fue genial, como siempre 






- Pero, ¡Al grano! Qué me ibas a contar que… 
- Al mitad de la noche vi una chica con una camiseta como la tuya de fin de año 
- ¿Como la roja? 
- Igual 
- No le quedaría como a mí 
- Claaaaro, eso nunca 
- Pero, ¿Quién era? 
- Me acerqué a ella por detrás 
- Tú como siempre… 
- Se giró y me miró fijamente 
- Y tú la miraste a los ojos 
- ¡Por supuesto! 
- ¿Y? 
- Le dije que una amiga tenía una camiseta igual y nos presentamos 
- ¡Qué buena excusa! 
- Comenzamos una interesante conversación 
- Vamos, lo de siempre 
- ¡Sí! Lo habitual…







martes, 29 de noviembre de 2011

Territorio Felino (Esbozo de zarzuela gatuna en tres actos):



ACTO PRIMERO: “El gato delgado”

Mi mujer está preocupada por la delgadez del gato. No entiende cómo se le notan tanto las costillas. Mi mujer sólo tiene ojos para nuestro gato. Mejor dicho: para su gato.

A mí los gatos siempre me han parecido unos animales para no fiarse de ellos. No sé si me gustan o no los animales, pero los gatos me transmiten mucha desconfianza. Siempre tan esquivos, tan suyos, con esas uñas y esa mirada que te penetra, sobre todo por la noche.

No me fío de sus ojos, ni de su mirada.

Creo que él tampoco se fía de mí. 

Pasa el tiempo y cada vez está más delgado. Mi mujer está muy preocupada. Quiere mucho a su gato, aunque tenga esos ojos de los que no te puedes fiar. Como todos los gatos... 


ACTO SEGUNDO: “La mirada felina”

Sus ojos eran felinos. Eran los de una gata. Enamoraba a todo el que quería allí por donde fuera por esa mirada tan penetrante y misteriosa. Por esos ojos de gata.

No quería mirarla fijamente. Sus ojos me daban miedo. Bajaba la mirada cuando sentía clavarse sus felinos ojos en mí. No podía soportarlo. No me fiaba de ella. 

Sus eléctricos ojos azules… ¿O eran verdes? 

No sé, no me atrevía a mirarlos tan fijamente como para saberlo.

Pero cuando intuía que no me sentía a gusto, que desconfiaba, que me intranquilizaba… Me ronroneaba como sólo saben hacer las gatas como ella. Se arrimaba a mi cuerpo, ronroneaba, volteaba mi confianza y me producía un tremendo bienestar. Acabé dependiendo de sus ronroneos de igual manera que aterrado por sus ojos. Por sus eléctricos ojos azules ¿O eran verdes?





Le costaba dormirse a mi lado por las noches, pero mucho más, despertarse por las mañanas. No quería dormir de noche y ronroneaba por las mañanas haciéndose un ovillo acoplado a mi cuerpo.

Mi madre decía que nunca te puede fiar de la gente con ojos de gata. Ella era una gata con los ojos más felinos que hubiera visto nunca.

Lo pasábamos bien. Sobre todo por las noches. Cuando abandonaba los tejados del barrio y se acostaba a mi lado sin ganas de dormir. No le gustaban las mañanas, pero ronroneábamos apurando amanecer al nuevo día.

De cuando en cuando desparecía por el vecindario. Muchos la veían. Sus ojos iluminaban allí por donde pasaba. Pero siempre volvía a mi lado.  Una noche, antes o después volvía a mirarme, yo apartaba la mirada, ronroneaba y acabábamos en la cama deseando no amanecer al nuevo día.





Eran bellas nuestras noches. Cuando sus ojos más me miraban. Aunque creo recordar que en algunos momentos los vi cerrados. Eran los instantes en los que yo dejaba de tener miedo, me fiaba de ella y dejaba de ser la gata que paseaba por los tejados del barrio y que de cuando en cuando volvía a mi cama para dejarse llevar por la belleza de nuestras noches. Y las pocas ganas de despertarnos a ningún amanecer.

Llegó un tiempo en el que nuestras noches se espaciaban cada vez más. Sus paseos por los tejados cada vez eran más largos. Su búsqueda de leche y galletas en otros cada vez fue más frecuente. Empezó a cerrar cada vez menos los ojos. Me empezó a mirar cada vez con los ojos más claros, con su mirada más felina…

Recordé a mi madre y sus enseñanzas.

Y dejó de venir...



ACTO TERCERO (Y final): El alimento de los campeones. La comunión de los cuerpos. Tu recuerdo me sabe a comida de gato.


Dicen que 7 vidas tiene un gato. Tu recuerdo tiene 7 veces 7 como dicen en la Biblia. Yo tengo una pero seguiré esperando. Echo de menos que me mires. Echo de menos sentir esos ojos de gata penetrando mis entrañas con su luz verde azulada. ¿O era azul verdosa?
Mato el tiempo buscándote por los tejados. Sé que no aparecerás a menos que tú quieras, pero me gusta pensar que quizás en una de estas vidas (tuyas) te encuentre. No tengo previsto vivir mucho y estoy convencido que tus ojos me quitaban más vida aun cuando me mirabas fijamente, pero uno no puede olvidarse nunca de su gata.
Paso las horas engullendo comida de gatos a escondidas. 

A veces me pongo melancólico y canto felinamente
"Sometimes I feel so happy 
sometimes I feel so sad 
sometimes I feel so happy 
but mostly you just make me mad 
Baby, you just make me mad
Linger on your pale blue eyes"

Mi cuerpo, del que siempre te reías desde la dignidad de tu mirada de gata, está mejorando mucho. No llegará nunca estar lo suficientemente felino como para poder salir a buscarte por los tejados, pero cada día tengo mejor planta.

Mi dieta se compone básicamente de comida para gatos engullida con nocturnidad y alevosía cuando mi mujer no me ve. Cada vez compramos más comida para gatos y cada vez su gato está más delgado. Es raro que todavía no haya empezado a sospechar. Es raro todo lo que me pasa desde que dejaste de venir por mis tejados.

Es raro todo.

Paso las horas engullendo comida de gatos a escondidas...



Posdata aclaratoria (Inútil como de costumbre, innecesaria como siempre): 
El animal de la foto que acompaña este relato no es un gato. Ni una gata. Es un lémur. Me gustan los lémures. No me gustan los gatos. Ni las gatas, más allá de las diferentes catwomans de Batman. No me gustan las rubias, pero ahora no viene al caso.

Los lémures me parecen unos bichos muy curiosos. Algún día tendré que escribir algo sobre ellos para poder poner la foto de algún gato. 
O de alguna gata. 
O de alguna rubia. 

Aunque no me gusten…



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