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miércoles, 27 de mayo de 2015

Momentos






Momentos en los que recuerdas todo lo que aprendiste en Historia del Arte sobre las columnas romanas y griegas. 
Esos momentos en los que lo recuerdas porque sientes como todo tu mundo se viene abajo, como se desmorona. 
No recuerdas bien las columnas y entiendes que los pilares que te sustentan se están derrumbando. Dórico, Jónico, Corintio; buscas en tu cabeza pero tus recuerdos de conocimientos malamente adquiridos son sustituidos por los más modernos canales de documentales e imágenes sobre demoliciones de grandes edificios. 
Solo te consuela esperar que pase ese programa, llegue la noche y tras tres o cuatro copas sólo emitan tarotistas, películas pseudoporno, chat eróticos y refritos estúpidos que te vendrán mejor que sentir cómo el mundo se 
abre bajo tus pies.




viernes, 17 de enero de 2014

Otra noche (Volumen 23): Recuerdos, primavera y libélulas.


Me levanté aquella mañana turbada por la confusión. Masturbada horas antes, perdida en extraños pensamientos desde que me acosté. Mirarme al espejo y darme agua a la cara -porque aquello no puede llamarse lavar- no hizo más que confundirme más. La idiotez de empezar un nuevo día cuando todos parecen igual de viejos y repetidos. El engaño de ponerme guapa cuando cada vez estoy más fea y, sin embargo me importa menos. La terrible sensación de no saber qué día es hoy.

Hoy no es ayer. A veces tengo la tentación de explicarme todo así, pero seguramente no hay mucho que explicar ni ayer, ni hoy, ni mañana. Estoy viva y es más de lo que muchas personas pueden decir. Estoy viva y es peor de lo que mucha gente puede esperar.





Mañanas como ésta son cada vez más habituales en mi vida. Lo peor de estas mañanas es que van seguidas por el día y, habitualmente, eso no lo arregla. Estas mañanas que acarrean estos días. Días en los que es mejor cualquier cosa que ser yo, aunque no me gustaría ser nadie. Nunca he querido ser nadie que no sea yo misma, pero cualquier cosas sería mejor que ser yo. Quizás deba montarme en un barquito de papel y salir a navegar el día que tan lleno de nubarrones ha diseñado esta tremebunda mañana. En un barquito de papel que tenga la capacidad de, si las aguas son propicias, aguantar mi peso y navegar con tranquilidad y rumbo fijo a ninguna parte. O si las aguas están revueltas, recordarme tocando sus paredes que es frágil y que en cualquier momento puede deshacerse y dejarme caer al agua, navegando con dificultad con un destino terrible, sin poder cambiar de rumbo.

Voy a echar un pensamiento al aire: Como llegue la primavera y no estés a mi lado, voy a tener que tomar medidas muy serias.

Mi ropa sigue oliendo a ti. He probado docenas de detergentes y suavizantes diferentes, pero sigue oliendo a ti. Incluso he probado detergentes con suavizantes incorporados, de esos que no necesitas comprar las dos cosas porque ya te vienen en uno solo. El mundo sigue siendo un lugar estúpido en el que nos acostumbramos a comprar cosas de dos en dos, cosas que son necesarias la una para la otra y que, de repente, se innova y alguien las comercializa juntas, la una incorporada a la otra. Lo que hacía tu cama con nuestros cuerpos. Lo que hacía mi mente con la tuya. Oliendo a ti constantemente. Como este puñetero armario lleno de aromas y recuerdos. ¿Dónde están las polillas y el alcanfor cuando se les necesitan? 






Echo el pensamiento a volar y me doy cuenta de que más que pensar, te amenazo. Y amenazarte a ti, simple y llanamente es amenazar a la persona que ha echado el pensamiento a volar. Y me tengo miedo. Pánico. Pero que llegue la primavera y estés a mi lado, sólo pido eso, llámalo amenaza o pensamiento soltado al viento. Necesito que llegue la primavera y que estés a mi lado. Así no puedo. Quiero dejar de sólo sobrevivir. Una primavera llena de alergias, de bichos, de cambios de clima y de ti. Plena de ti y de tus olores ¿Sabes que libélula en inglés es “dragonfly”? Pensar que tu idioma es menos bello por no tener esas palabras. No haber visto una libélula en tu puta vida. Ni un dragonfly. O no estar segura. Joder, necesito un dragonfly en mi vida. Un dragonfly que pase cerca en primavera y que nos dé tiempo a que me lo señales con el dedo, me preguntes si sé qué es con tono sabiondo, y luego me sueltes aquello de que libélula en inglés es “dragonfly” y tirarnos horas hablando de lo bonita que es la palabra “dragonfly”, lo poco actractiva que es en castellano y lo horroroso que es el bicho.



Me ha costado asumirlo, pero ya soy completamente consciente: Soy adicta a tus recuerdos.







B.S.O.: "Puta" (Extremoduro)



martes, 28 de mayo de 2013

De Silvios Rodríguez, papeles manchados y abstinencias sexuales






Afronto el día harto de falsos poetas. Hace tiempo que supe desterrar de mis pensamientos y mi vida a los falsos profetas, pero hoy ha llegado el momento de empezar a desenmascarar a los falsos poetas. Me pongo demasiado intenso y decido masturbarme. Sólo para que se me pase el disgusto...


Abro el facebook y veo mi muro infectado de frases pseudopaulocoelhistas (por llamarlas de alguna manera) y de aspirantes a poner un anuncio en los periódicos que diga “Método infalible para mejorar su vida y para que todo le vaya bien. Pregúnteme cómo, tengo todas las respuestas. Y si no las encontramos, miramos en mi facebook”. Y ya que estoy en el facebook, me relajo un poco, miro tus fotos y decido masturbarme. Sólo para emplear el tiempo...


Escribo cartas de amor por dinero. Soy así de sucio. Vendo un sentimiento a cambio de unas monedas que me permitan comer y seguir dedicándome a mis vicios. Pienso que masturbarme sigue siendo gratis y decido hacerlo. Sólo por aprovechar la oferta...


Como por placer, pero cuando tengo que comer por la única razón de alimentarme, se convierte en un trámite pesado y engorroso. En esos momentos sueño con manjares que me motivan y me recuerdan que hay tiempos mejores, en los que comer por placer nubla cualquier almuerzo frugal de compromiso con mi propio cuerpo. Soñar con ciertos placeres me pone cachondo y decido masturbarme. Sólo para aplacar mi excitación...


(Christina Hendricks...)


Enciendo mi televisión. La mantengo encendida casi todo el día y una gran parte de la noche. Pero no veo tele porque está de moda despreciarla. Sólo veo series que bajo de internet. En ellas Betty Draper mata las palomas de su vecino con un rifle y Tony Soprano llora por sus patos huidos. Betty Draper me pone muy bruto, pero me gusta mucho más Joan Holloway, el personaje que interpreta Christina Hendricks. La imagino diciéndome cosas al oído mientras me tomo una copa en el Bada Bing y no me queda otra que masturbarme. Sólo porque es Christina...


Pienso en salir de casa. Descarto la idea porque temo encontrarme en medio de alguna conversación extraña en la que no tenga ganas de aportar nada porque no posea nivel suficiente para hacerlo. Como la vez que tuve que discutir contigo sobre el sentido de “Te doy una canción” de Silvio Rodríguez. A ti te parecía una canción preciosa que un poeta como Silvio Rodríguez le canta a su amada. A mí, mientras te miraba las tetas, me parecía una canción que usaban mis amigos en los campamentos para ligar con las chicas. Me susurraste aquello de “Cómo gasto papeles recordándote” al oído con intención de cantármela al oído y te dije que aquellos papeles que se gastan recordando son los kleenex del que se masturba pensando en ti. Te aterraste y tuve que justificar que llevo todo el año en curso sin acostarme con nadie por lo que todo me lleva a la masturbación, tus tetas y los papeles que gasto recordándote...


Me vuelvo a casa apesadumbrado por el tiempo que hace que no me acuesto con nadie y veo el paquete de kleenex encima de la mesa. No me queda otra que masturbarme. 

Sólo por gastar papeles recordando cómo era hacerlo contigo...




B.S.O. I: "Te doy una canción" (Silvio Rodríguez)

B.S.O. II: "Ay poetas" (La Cabra Mecánica)




martes, 26 de marzo de 2013

El Último Eructo: Una aventura en 3D del que fue tu héroe favorito





Ojalá hubieras estado allí para escucharlo. Fue una de esas cosas que tanto te gustaban cuando simulabas que me querías. Seguramente estabas riéndole las gracias a uno que estaba haciendo payasadas entre tus piernas al que no querrás volver a ver, pero que te salvó la noche, como tantos otros de los que ni te acuerdas ya.

Ojalá hubiera estado allí yo. Allí, entre tus piernas. Creo que me hubiera aguantado el eructo. Hubiera hecho otras cosas bonitas, allí donde a ti te gusta, de esas que no se cuentan porque me educaron en el sentimiento de que todo eso era sucio, pero que desde que decidí dejar de lado lo aprendido, para travestirme en un yo diferente y funcional, lo hago. Pero no lo cuento. El Niño Jesús llora y mata un gatito cada vez que cuento cosas de estas. Aunque sean la sublimación de mi amor por ti.


(Imagen de "Un perro llamado Dolor" de Luis Eduardo Aute)


Al Niño Jesús no le gusta que eructe. Me lo dijo una profesora cuando me escuchó hacerlo como respuesta a su ¿Cuánto son 3 por 2? Además de mandarme inmediatamente al Despacho del Director. Los años pasan y ahora eructo y recuerdo vagamente aquellos pasajes. Sospecho que la pregunta quizás no fuera ¿Cuánto son 3 por 2? Puede que fuera cualquier otra operación, pero era algo de matemáticas seguro. Seguro porque las risas de mis compañeros las recordaré siempre. Igual que recuerdo confusamente que, aunque me mandó al despacho del director, en aquellos tiempos a mí siempre me reñía y recluía en su despacho una mujer. Quizás fuera Directora o Jefa de Estudios.

No sé, mis recuerdos son borrosos y llenos de gilipolleces sin aparente sentido. Todo se va desfigurando con el tiempo. Incluido el último eructo. Y tu entrepierna...


Y eso es malo.

Muy malo.




B.S.O.: "Pasaba por aquí" (Aute)




jueves, 27 de diciembre de 2012

Recuerdos de cables y de calles



¿Recuerdas ese día que descubrimos el cable en la calle que en lugar de tener colgado un par de zapatillas por los cordones, como es lo habitual, tenía sujetadores?
Ese día fue el día más maravilloso de mi vida. El día que descubrí esos sujetadores colgados de aquel cable en aquella calle.




¿Recuerdas ese día después que volvimos a pasar y querías colgar tu sujetador en el cable y a mí no me hacía gracia?
Ese día fue peor que el anterior. El día que quisiste colgar tu sujetador de aquel cable en aquella calle y yo no te dejé y tú no lo entendiste.

¿Recuerdas ese día después de aquellos dos, cuando volvimos a pasar y señalaste el sujetador que habías colgado en el cable y que yo no te dejé anteriormente porque no me hacía gracia?
Ese día fue el día más maravilloso de tu vida. El día que me enseñaste tu sujetador colgado de aquel cable en aquella calle.

¿Recuerdas anoche cuando volvimos a pasar por la calle donde estaba el cable con los sujetadores colgados en lugar de zapatillas unidas por los cordones y yo te pedí que no miraras arriba y que te fijaras en lo bien que me quedaba tu sujetador puesto?
Ese día fue el día indicado para que terminara nuestra maravillosa historia común. El día que te enseñé tu sujetador puesto en mi pecho y tú decidiste mirar al cable.




Todo son recuerdos, pero a mí me queda tu sujetador. Huele a ti y no pienso colgarlo nunca de ningún cable. Sospecho que a ti te gustaría verme colgado del cable que descubrimos en aquella calle en el que había sujetadores en lugar de las típicas zapatillas unidas por los cordones.

Todo son recuerdos y todos son maravillosos.

(Al menos para mí)


lunes, 19 de marzo de 2012

He echado mi currículum en el Zara (Cuentos de la vida moderna, por y para evitar el olvido en la distancia)


(Un cuento para @BeAfricanita, con cariño, envidia, respeto y admiración)


Esto era una vez que yo sabía un cuento pero se me quedó dentro y no me acuerdo, voy a ver si me sale otra vez... 

"Dicen que hace un tiempo, desde la sala de armas uno de sus castillos preferidos en tierras del noroeste de la Península Ibérica, un tal Amancio Ortega (En lo sucesivo, A.O.), sentado en su sofá orejero de cuero morado, con una copa de whisky de malta en la mano, escuchó hablar de un currículum que se decía que había ido a parar a una de sus posesiones en un extraño giro del destino.

Como en él era habitual, discreta pero incansablemente, se puso manos a la obra para descubrir qué era lo que había detrás de aquel currículum, ya que su olfato de reconocido prestigio internacional detectaba algo que le intranquilizaba y no le dejaba conciliar bien el sueño sobre su montón de billetes de diferentes monedas de todo el mundo donde acostumbraba a dormir un poco menos mullido desde que se divorció de la mujer con la que compartía el imperio que había forjado de la nada tiempo atrás.

Las cámaras de seguridad de una de sus posesiones en la calle Fuencarral de Madrid, cerca de la Glorieta de Bilbao, le dieron la primera pista. Ahí descubrió una conversación, a ojos profanos banal, que sería el hilo de donde podría empezar a tirar.

("Chica Corazón" by @BeAfricanita)



Paseaban descuidados, disimulando preocupaciones y fingiendo felicidad (Como casi todo el mundo que pasea por las calles de una gran ciudad) unas personas aparentemente despreocupadas cuando una afirmación que superficialmente no venía a cuento y que no iba más allá, parece que desencadenó todos los acontecimientos posteriores.

¿Te he contado que he echado mi currículum en el Zara? 

Quién pronunció ingenuo esas palabras tenía en mente otros pensamientos añadidos. Las cámaras del grupo Inditex, aunque poca gente lo sabe, son capaces de captar esos pensamientos y procesarlos hasta hacerlos inteligibles para el paroxismo comercial (de ahí su éxito around the world):

Esas son las pequeñas cosas que te hacen grande. El hacer que yo crezca, aunque sea laboralmente. En este mundo en el que vivimos, somos lo que hacemos, y lo que hacemos por obligación es trabajar. ¿Qué mejor sitio que un Zara? 
Te reíste pensando que yo no encajaría allí.
Me reí pensando que no me conocías lo suficiente. Que no sabías cuán maleable puedo llegar a ser (Por dúctil, por fácil de convencer, no por malote…)
Nos reímos nuevamente. Lo hacíamos mucho. Eso no nos lo quitará nunca nadie. Aunque a algunos no les gustara.

El hilo musical de la tienda se coló en la interpretación de los pensamientos. Pasaba a menudo. El imperio Inditex tenía algún que otro fallo. A fin de cuentas era tecnología gallega…  “Con las ganas” de Zahara se coló en los pensamientos de aquel momento que desencadenaba toda la historia del currículum dejado en el Zara. "Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos… Y las palabras se me apartan, me vacían las entrañas..."

A. O. dio un respingo. Llamó inmediatamente a uno de sus sirvientes y sin disimular su enfado pidió que hiciera lo posible para que despidieran al responsable de todo el circuito de televisión de sus tiendas en la capital de España.  

Buscó un analista de lenguaje corporal que, mirando lo grabado en todas las cámaras de las tiendas de la zona, le diera alguna clave más de lo que pasaba por la mente de aquel chico desgarbado, algo pasado de peso y alto que había hecho esa afirmación frente la puerta de una sus tiendas…  

Según parece, era un tipo extraño, con unos pensamientos interiores que no se intuían con facilidad en su aspecto exterior o en sus gestos habituales. 

Descubrieron algún que otro penar en su interior: 
Te reprocharé siempre que sepas emular la voz del moreno de Los Pecos, infinitamente mejor que yo la del rubio. Pero asumo que hay millones de cosas que sabes hacer mejor que yo, y te quiero por hacerme pensar siempre que es al contrario o, cuanto menos, que no tiene importancia.

A.O. Puso en marcha su ejército de vigilantes del decoro en los Karaokes del mundo en pos de alguna pista que recondujera aquello. 

El informe de su equipo le indicó que el 78 % de las prendas que se ven en los Karaokes de España provienen del Grupo Inditex. Aquello no le satisfizo. A.O. pensó que era un mal porcentaje. También pensaba que los karaokes eran un invento del diablo, aunque tenía más de una docena de aquellos aparatos, regalo de familiares en fechas señaladas, guardados bajo llave en las bodegas de uno de sus castillos de verano. A.O. supo que aquello era complicado, más si se dispersaba en datos inútiles para su propósito. Siguió buscando en los deslavazados e inconexos pensamientos internos (¿Los hay externos?) de nuestro protagonista curricular.

Apretamos y comprimimos nuestra afición por la soledad del día antes, sin darnos cuenta de que añoramos y necesitamos la compañía del día después. Es esa estamos. En esa seguiremos mucho tiempo. Hasta que inevitablemente volvamos a encontrarnos. Y nos agarremos de la mano para cantar matando a todos de envidia cuando nos contemplen.

De nuevo las canciones, pensó A.O., habría que seguir la pista melódica. Quizás en la cabeza de aquella persona había más música que aptitudes para trabajar en alguna de sus tiendas. Buscó la última pista de reproducción que pasaba por aquella cabeza mal pensante y encontró algo extraño. ¿Cómo has tenido valor de hacer una canción de amor? De nuevo Zahara. 

-¡Que me la traigan inmediatamente! –gritó en la inmensidad de su castillo.

Nadie le escuchó (Como sospechaba que pasaba últimamente a pesar del irresistible crecimiento de su grupo empresarial) y una sirvienta que pasaba por allí le indicó que aquella canción podría ser “Adios” de Zahara. De nuevo Zahara, confirmado. 

-¿Por qué? –gritó A.O. al oído de la aterrada sirviente que salió huyendo escaleras abajo cómodamente ayudada porque ese día vestía unos leggins de oferta de Berskha.

Arrojó la copa de whisky a la chimenea. Siempre gustó de representar escenas cinematográficas como aquella. Incluso llevaba tiempo tentado en invertir en cine. Pero sólo tenía ofertas de cine español y él no tenía ningún interés en un cine que no incluyera grandes señores en sus castillos, planos fijos en la mirada de un señor omnipotente oteando sus posesiones mientras se intuye un pensamiento interior de persona justa hasta en la adversidad, películas de época, o un remake de "El Golpe", su película preferida de siempre.




Aquello le recordó algo. Revisó la transcripción del último video de los pensamientos del personaje del currículum. Había oído algo de cartas o de juego. Allí estaba…

- ¡Para ahí! ¡Justo ahí! ¡Vuelve atrás¡ ¡Amplíalo! ¿Qué es eso?

Dicen que en el póker sólo te puedes descartar una vez. Dicen que el póker es como la vida. Solo puedes cambiar cartas una vez en el póker y en la vida. Yo soy más de hacer trampas y siempre me ha gustado mucho jugar con ventaja. Creo que siempre he tenido buenas cartas, pero de no ser así, me las invento. Tú me has enseñado cómo un 4 de rombos puede ser tan bueno como la Reina de Picas si lo coges en el momento adecuado. Siempre me gustó jugar con ventaja. Y siempre quise tener cerca a una reina. Gracias por saber que cuando repartieron la segunda mano, tú y yo, juntos ya éramos una pareja de Reinas. Y con una pareja de Reinas ya se puede jugar. Y, además, siempre guardo un as bajo la manga… Como tú…

Una línea de ropa basada en los tiempos de "El Golpe". Unos motivos inspirados en la baraja francesa. Una línea con vistas a que vendiera mucho con estética de los grandes casinos de Las Vegas. ¡Dios! ¡Qué creativo podía llegar a ser! Era normal que dominara el mundo textil. Si algún día a los chinos les diera por dejar el tema ya no tendría rival y podría descansar tranquilo sabiéndose el rey del mundo de las telas que cubren las pieles de todo el mundo conocido. Se mesó los cabellos blancos que cada vez escaseaban más y recordó que debía centrarse nuevamente en aquello que le había hecho tirar el vaso de whisky contra la hoguera de manera cinematográfica.

Uno de nuestros últimos días pensé en regalarte un supercoco azul de peluche, pero pensé que era algo que no nos decía nada a ninguno de los dos. Lo volví a pensar y acepté que quizás era un buen regalo porque tú y yo no nos hemos dicho nada aunque lo hemos sabido casi todo. Al rato lo volví a dejar en el estante y salí por la puerta de la tienda con la idea en la mente de que lo que no nos dijimos nos distingue y lo que nos conocimos nos engrandece.

Vivirás todo una hora antes por tu geografía, pero lo cierto es que yo siempre anduve una hora después, hasta cuando compartíamos uso horario. 

¡Busquen en las tiendas insulares! –Gritó sin que nadie pudiera escucharlo- ¿Vendemos peluches en alguna tienda? El eco de su voz en su inmenso castillo se volvió contra él como las bofetadas que le daban aquellas chicas a las que cortejaba cuando era un adolescente humilde. Hoy A. O. era tan poderoso que aspira realmente a que todo el mundo conocido se uniforme bajo su criterio estético, desde la más rica al más pobre, desde el más moderno a la más clásica. Y bien que lo había trabajado desde muy temprana edad. Incluso dejando al lado cortejar a aquellas chicas que le gustaban por tener un futuro mejor, un presente de gloria hoy día, un futuro aterrador para cualquier empresario textil que pensara destacar. Recordó todo lo que le había costado, así sin venir a cuento. Y se puso triste. Y el hilo musical entró, ahora en su cabeza, desplazando sus pensamientos…

y aún repaso las lecciones una a una 
cada día 
yo no puedo aconsejarte 
ya es muy duro lo que llevo 
dejemos que corra el aire 
y digámonos adiós…"

Eso era de por allí. Era gallego, lo sabía. No estaba muy al tanto de la música moderna. Su último referente fue Juan Pardo y hace tiempo que no se sabe nada de él. A Julio Iglesias, también gallego, le retiró el saludo cuando no quiso hacer publicidad de él en Miami por mucho dinero que le ofreció. Juan Pardo no era así, pero hacía tiempo que no sabía de él. Además no era gallego. Qué lejos quedaban los tiempos de Juan y Junior o de Los Brincos. Pero aquellas tonadillas eran de otro gallego. Moderno y bajito, como quería pensar de sí mismo aunque viera a viejas sesentonas comprando ropa en sus outlets decantándose por las únicas prendas que había ideado él. 

Buscó en su agenda algún teléfono que le pudiera llevar a aquel gallego que cantaba lo de estudié mientras dormía, y llamó a un amigo de la TVG por si podía ayudarle. Sabía que ese amigo de juventud controlaba mucho el tema musical en Galicia porque produjo un par de programas con actuaciones en la tele que él pagaba como todos los gallegos. Marcó y esperó los tonos de llamada. Al otro lado sonó cómo descolgaban el teléfono. Pero se coló algo que no esperaba oír. Eran de nuevo  los pensamientos del chico del currículum:

Empujamos la luna aquella tarde, porque la luna no puede salir a esas horas. Y detrás descubrí aquella estrella. Aquella cosa luminosa que me enseñó por dónde pasear y hacia dónde ir cuando no se sabe bien ni dónde se está ni hacia dónde se va.




Si algo de todo lo que he aprendido de ti, quisiera que supieras y te sintieras responsable, sin duda sería ese extraño efecto que causabas en mí, cuando cada vez que hablábamos, me hacías pensar que era 2 de Enero, ya pasada la resaca, y podía plantearme renovar todas las ilusiones y proyectos nuevos que esos días todos nos sentimos capaces de emprender. Gracias por hacer que, tras todas nuestras conversaciones, me sintiera en un permanente 2 de Enero. Que anulara mi cuota del gimnasio más tarde, o que dejara de seguir aquel coleccionable, son ya cosas mías de las que no tienes un ápice de responsabilidad. En cualquier caso. Al tomar la esquina volvía a ser 2 de Enero. Ahora sólo quiero que sigas dándome muchos 2 de Enero en la distancia, con mayor intensidad aunque con inevitable menor frecuencia. Los necesito para seguir, sabes que odio el verano perpetuo al que tú te vas…

Tiró el teléfono al suelo y las piezas volaron por toda la estancia. Otra escena muy cinematográfica, pensó consolándose e intentando disimular la frustración. 

Se sirvió nervioso otro whisky de malta (escocés, off course) y pensó que últimamente bebía más de la cuenta. Su divorcio le había sumido en cierto aburrimiento y el aburrimiento le llevó a pensar demasiado. Pensando demasiado se aficionó a beber a solas y a solas llegó al escocés de malta. De ahí a pensar que últimamente perdía el tiempo con muchas tonterías había un paso.

El paso lo dio cuando se dedicó a vigilar más de lo debido sus tiendas. Su inabarcable red de negocios repartidos por todo el mundo. Desde su sofá orejero de cuero morado. En la soledad de su castillo del noroeste. Pensó que quizás así no llegaría a ser nunca tan feliz como cuando abrió su primera tienda y lo celebró con todos los que le habían acompañado en su aventura. Supo que el chico del currículum era un farsante que quizás había hecho ese comentario sin darle mayor importancia y que no debía quitarle el sueño. Entendió que trabajar demasiado no merece la pena si no disfrutas de la gente que tienes a tu alrededor. Quiso conquistar el mundo, pero el mundo es más pequeño que todas sus tiendas. Envidió a aquel cínico chaval que dijo “He echado mi currículum en el Zara” cuando quería decir que echará mucho de menos a la persona que iba a su lado.  Echó un último vistazo a las cintas de seguridad. Como punto final esta vez. Y lo vio todo claro:

Quizás algún día, después de confesarte todo esto, te decidas a cantarme aquella canción tan bonita…

“Trabajas en Inditex,
el mundo está a tus pies”

Todo se reducía a eso. 

Y a querer a la gente, aunque se diga cada vez menos. 

Y sentir el mundo a mis pies…"


Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado... 

miércoles, 22 de febrero de 2012

Me sobra Carnaval



“Y mira desde aquí,
se parecen a ti.
Dime, ¿Desde allí
todos también se parecen a mí?...”

(Me sobra Carnaval, Los Enemigos)


Pasé la resaca como pude. 

Hice inventario de momentos, desazones, besos, tragos, sonrisas, abrazos, caladas, risas, pensamientos, esnifadas y estares.

Recordé lo que quise hacer: Me disfracé de ti para sentirte más cerca.

Sé que no te encontré. Hubiera resultado extraño. 
No estabas o no quisiste cruzarte conmigo. Como tantas otras veces.

Recordé que me disfracé de ti para sentirte más cerca: No te vi.

Estarías con otra o simplemente no te encontré.
Bebí, fumé, esnifé, maldije y despotriqué por mi mala suerte.

Recordé que me disfracé de ti para sentirte más cerca y no te vi: No querías encontrarte a ti misma en mí.

Te busqué como si fueras tú, porque iba disfrazada de ti. 
Quise encontrarte y mis amigas me dijeron que debía haberme disfrazado de otra cosa. Que quizás no te quisiera encontrar para seducirte, sino para seducirme a mí misma.


(La Venus del Espejo, Diego Velázquez)


Les recordé que me disfracé de ti para sentirte más cerca, que no te vi y que no querrías encontrarte a ti misma en mí: Quizás fuera yo el que quería encontrarme en ti.
Miré en tus ojos y vi que no estaba allí. No me encontré, no te encontré.
Mis amigas me dijeron que era perverso querer follarse a alguien disfrazada de si misma.

Les recordé que me disfracé de ti para sentirte más cerca, que no te vi, no querrías encontrarte a ti misma en mí y quizás fuera yo el que quería encontrarme en ti: Soy perversa. 

Me disfracé de ti para saber qué se siente al follarse a una misma.
Lloré cuando supe que querer follarte disfrazada de mí suponía follarme a mí misma porque te quiero hasta el punto de saber que si te follo a ti me estaré follando a toda mí misma.
Lloré porque hice inventario de momentos, desazones, besos, tragos, sonrisas, abrazos, caladas, risas, pensamientos, esnifadas y estares.

Y pasé la resaca como pude: Sabiendo que te echo de menos y que follarse a una misma es una perversión muy dolorosa (Aunque muy excitante...).


martes, 29 de marzo de 2011

Ever dance with the devil in the pale moonlight?

Día 1: Preparativos del baile.

Número 2 salió de casa como todas las mañanas, apresuradamente, temiendo llegar tarde a su lugar de trabajo.
En la esquina de siempre, donde solía ver al indigente de costumbre, una figura misteriosa le sorprendió:
 
-    Buenos días, número 2. Soy el Demonio.
-    ¿Cómo dice?
-    Ya me has oído… Soy el Demonio y estoy muy descontento contigo últimamente. Tu comportamiento no está siendo nada adecuado.
-    ¿Quién es usted para decirme cómo me estoy portando últimamente?
-    Por última vez: Soy el Demonio y he venido a hacerte una advertencia. Últimamente te estás portando demasiado bien. Tenlo en cuenta.
Dicho lo cual, se esfumó tras una cortina de humo en las narices de Número 2.
Número 2 no le dio demasiada importancia. No solía dar importancia a casi nada, y menos a alguien que dice ser el Demonio y que le indica cómo tiene que comportarse.


Día 2: Preparativos del baile.
 
Número 2 salió de casa como todas las mañanas, apresuradamente, temiendo llegar tarde a su lugar de trabajo.
En la esquina de siempre, donde solía ver al indigente de costumbre, y donde el día anterior le pareció haber visto al Demonio, una figura misteriosa le sorprendió:
 
-    Buenos días, número 2. Soy el Ángel Caído.
-    ¿Cómo dice?
-    Ya me has oído… Soy el Ángel Caído y estoy muy descontento contigo últimamente. Tu comportamiento no está siendo nada adecuado.
-    ¿Quién es usted para decirme cómo me estoy portando últimamente?
-    Por última vez: Soy el Ángel Caído y he venido a hacerte una advertencia. Últimamente te estás portando demasiado bien. Tenlo en cuenta.
Dicho lo cual, se esfumó tras una cortina de humo en las narices de Número 2.
Número 2 no le dio demasiada importancia. No solía dar importancia a casi nada, y menos a alguien que dice ser el Ángel Caído y que le indica cómo tiene que comportarse.
Y además, ahora llovía sobre mojado. ¿El Ángel Caído no es el Demonio? ¿Estaba llegando tarde de nuevo al trabajo por distraerse con tonterías por la calle?




Día 4: El día después del baile.

Hace tiempo que Numero 2 vive en una resaca permanente. Cuando bebes tanto y tan a menudo, lo único destacable que te pasa es que no te da tiempo a distinguir el estado resacoso del resto de los estados para los que una persona como Número 2 está preparada. Se ha portado mal, como de costumbre… Y eso le alegra. 
Si vas a un baile, bebes moderadamente y te portas bien, eres un imbécil. 
Si vas a un baile, bebes, te drogas y te portas mal, eres un crápula.
 
Número 2 era una auténtica crápula.

Número 2 no le hace caso ni al Demonio, ni al Ángel Caído, ni al Diablo: Está por encima de todos ellos. Está por encima de ella misma. Número 2 es única, y si baila con alguien, bebe con alguien, se droga con alguien… Es porque ELLA quiere. Y eso le hace cada vez más feliz. Y ser cada vez más feliz le aleja del Infierno.
Número 2 es un cielo, aunque ella todavía no lo sepa. Aunque sea muy mala…


Día 3: Ever dance with the devil in the pale moonlight?
 

Ever dance with the devil in the pale moonlight?

Siempre recordamos los bailes a nuestra manera.
 
Número 2 no recordaba.  
Es lo bueno de algunas resacas.
Y también lo malo…



martes, 20 de abril de 2010

Microrrelatos sin Pudor (Volumen 4): 20 de Abril del 90


Se ha dado cuenta de que está allí sola y se ha puesto a recordar. 20 años después, el 20 de Abril del 2010.
Ya no existen noches juntos, en ninguna cabaña. No tiene ánimos para reírse siquiera. Los de antes ya no están. El cambio ya ni se recuerda, los críos son mayores y el tío aquel ha dejado de ser divertido. Ahora está en paro y no recuerda lo que era la música. Se ha olvidado para siempre de las canciones y no recuerda cuáles eran sus sueños.
Decide que es un buen momento para escuchar algún disco de aquellos tiempos. 20 años después podrían recuperar su gracia. Mira en su discoteca y se da cuenta de la broma terrible en que se ha convertido su vida 20 años después. Busca desesperadamente algo que le haga recordar aquellos días, ¿Qué recuerdos de aquella época puede merecer la pena traer al día hoy?

Abrumada, oye la alarma del microondas y se sobresalta. Olvida la discoteca, coge su vaso de leche caliente y se sienta en bata frente al televisor a ver qué se cuentan en Intereconomía.



Mañana será 21 de Abril del 2010, y todo volverá a la normalidad...


viernes, 6 de noviembre de 2009

Me acuerdo de tí y me apetece reventar el cursiometro

(Ligeramente “inspirado” en Bribriblibli de Extremoduro)


LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN:
Si usted es diabético, no siga leyendo este texto.


Cuando decidí aceptar lo que siento por ti no tenía nada claro que un SMS no fuera suficiente. Con avisarte valdría. Ahora estoy seguro, estoy convencido que podría mandarte 1.200 mensajes para expresar lo que ruge en mi interior, y sobre todo, para que me entendieras, y aún así, no bastaría. Las palabras siempre se quedan cortas.
Claro que también te podría llamar por teléfono, pero la palabra sin el gesto nunca fue mi fuerte. Ni siquiera estoy seguro de que exista. Por mucho que me lo expliquen la veo virtual, la veo irreal. Además, ahora mismo me avergüenzo de mis gestos. Me parecen ridículos mi cara y mi cuerpo. No sé si sonreír o tensar los músculos. Cruzar los brazos denota distancia, cruzar las piernas te resultaría femenino. No sé qué hacer con mis miembros, no los siento míos.

Quizás debiera haberte escrito una carta en Blanco y Negro. El Blanco y Negro siempre me recuerda otro tiempo, otras películas, cuando no resultaba ridículo hacer locuras por amor, cuando siempre ganaba el bueno, el enamorado, que era yo, aunque no hubiera nacido.
O haber compuesto una melodía mágica y envolvente, la banda sonora de nuestras vidas. ¿Por qué no tenemos “nuestra canción”?

Si me pagaran un millón de euros cada vez que pienso en ti, dejarían de trabajar todas las personas que conozco y tu sueño de acabar con el hambre y la pobreza en el mundo se haría por fin realidad.
Ahora quiero que hagas que los míos dejen de ser utopías de adolescente que juega a no crecer ¿Lo recuerdas? Tú eres la campeona mundial y ni siquiera conoces las reglas, sueñas con ser Campanilla y yo sueño contigo.

Seguramente sea un don, pero haces que todo lo que te envuelve parezca mágico y que me haga feliz.
Hoy podría ser fiesta. El mero hecho de pensar en ti hace que gane el regalo de la tómbola, que la noria dé una vuelta más, que no me moleste el payaso del tren de los escobazos cuando trate de besarte en la oscuridad y que todos los que nos rodean sepan de repente que no necesito comprarte ninguna rosa para demostrar que te quiero.

Todas las canciones se olvidan, así son las cosas, pero tú me recuerdas constantemente que sigo vivo. Podría ser yo mismo, pero prefiero ser quién tú quieras que sea. Así me tienes buscando mi patria y mi bandera cuando la única nacionalidad posible es con la que tú puedas identificarme. Necesito tu presencia para entender mejor mi esencia.

Ya no quiero ser feliz, sólo quiero ser tuyo. Nunca puse barrotes a mi corazón pero ahora necesito que le pongas una cadena y un candado a mi alma.

Quiero que me des calor cuando tenga frío, quiero que me refresques cuando esté sofocado.

No sé lo que digo, sólo soy un canalla buscando tu sonrisa.

Voy a echarle valor. Todo es muy sencillo y ya no aguanto más: No puedo mirarte a los ojos sin sentir esa pasión de la que ya sólo se lee en las novelas románticas baratas.

Ahora comprendo que todo lo que he buscado en otro ser humano está en ti. Me gusta ser quién soy cuando estoy contigo.

Es infinito el amor que siento por todo lo que eres. No hay otra alma que nunca me haya echo sentir siquiera la mitad de la persona que soy cuando estoy a tu lado.

Me has cambiado para siempre por ser quién eres y por saber lo que significas para mí.

¿No vas a terminar tu obra? ¿No quieres pasar a la posteridad? No te niegues a ti mismo ser una celebridad. ¿Qué recordaríamos de Da Vinci sí hubiera dejado sin acabar la Gioconda? ¿Qué sería de Cervantes sin poner el punto y final al Quijote? ¿Hablaríamos de Mozart si se hubiera negado a seguir componiendo?
No te niegues a ese sentimiento: “El Padrino” es una trilogía, no se acabó diseñando el vestuario.

Úsame, haz de mí algo bonito. No permitas que la Luna nos vuelva a echar de menos. Lleva toda la eternidad añorándonos. No sé si merezco que me mires, no sé si merezco tu atención, no sé si merezco ser tuyo, pero permíteme ser presuntuoso por una vez en mi vida. Permíteme ser pedante. ¡Acercarme a ti es el acto más pedante que se puede cometer! Permíteme pensar que merezco tus miradas, permíteme pensar que merezco tus atenciones, permíteme pensar que merezco ser tuyo.
Permíteme pensar, aunque sea inmodestia, que puedo vivir. ¡Déjame vivir! ¡Ayúdame a vivir! Soy tan feliz cuando me das dolor, ¿no vas a darme también tu amor? Sálvame, con un beso y un abrazo y colmaré de mantas tu lecho para que no tengas frío. Soy tu cena ¿acaso no tienes hambre? Quisiera pintar una fuente en un papel para darte de beber ¿Acaso no tienes sed? No me dejes sentir que te estoy perdiendo cuando nunca te he tenido.
Me nublas la razón y emborrachas mi alma, eres un amor que desarma.

Ven con tus demonios hacia mí. Intenta aceptar lo que te pido aunque sea sólo durante 10 segundos. Con diez segundos bastaría.
Quiero que cuando respires el aire que me das te olvides del terror a la hoja en blanco... Soy un lienzo virgen, un fotograma sin filmar, soy una guitarra sin afinar...
Pero no temas. Si estamos juntos, los más bellos poemas brotarán de nuestras primaveras, paisajes paradisíacos colgarán de nuestras paredes, la mejor película de amor de la historia emocionará a media humanidad y nuestros cánticos harán soñar al más insensible.
Permíteme ser todo aquello que soñaste... Toma este instante precioso a cambio de todo lo que te he negado.

Tengo tu imagen en mi sangre, tu esencia en mi corazón y el cerebro dando tumbos por mis tripas. Creo que no merece la pena decir todo ésto si el primer día del resto de nuestra vida no empezó antesdeayer.

No te quiero engañar. Mi vida empezó el día en que la soledad me dijo que sólo podría ser vencida si tú me ayudas. No quiero seguir existiendo desde que soy consciente de todo esto: A partir de ahora quiero vivir. Y vivir sin ti sería ser un corazón sin sangre que bombear, un arco iris de cinco colores, un cine con las luces encendidas, un bar sin música, una vela sin mecha, un ipod sin batería, un gangster sin pistola, un concurso de camisetas mojadas sin líquido, una calculadora que sólo resta, un dedo sin uña y un ojo sin pestaña, una manzana sin veneno, un caramelo sin azúcar, un invierno sin Navidad o un verano sin playa, un Groucho sin bigote, un diamante sin pulir, un mechero sin gas, un Principito sin planeta, unas gafas de sol en un día nublado o una cigüeña sin campanario...

Quiero dejar de ser una nevera en un piso de estudiantes, un taxi con la luz verde encendida o un parque en un día lluvioso.

No puedo esperar más, lo siento, no tengo tiempo. Las Autoridades Sanitarias advierten: No amar (te) puede matar (me). No me queda batería en el móvil. Además, no puedo contarte todo ésto con un SMS. Creo que me falla la cobertura cuando no estás cerca.


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