Mostrando entradas con la etiqueta Polla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Polla. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de mayo de 2014

Crónicas del aftersun (O el enésimo sueño en el que vi cómo Mario Benedetti ponía aftersun a Nacho Vegas)




Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo, ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos”

Mario Benedetti)


No soy un buen deportista. 

Mi cuerpo, del que tanto hablas a veces y al que tanto te aferras cuando estamos cerca, puede dar buena fe de ello. No me gusta perder. Ni siquiera sé comportarme en las victorias. Supongo que soy un simple jugador, pero quiero que el juego siga reglas que no tengo escritas. Soy un jugador al que le gusta cambiar las reglas a su antojo cuando sospecha que el desarrollo del juego no le convence del todo, o siente la amenaza de la derrota o de un final no esperado. Aquello de “en mi casa jugamos así”, pero fascinado por el tablero de juego que representa tu cuerpo. Me aterra pensar que disfruto tanto tu presencia porque siento pavor y un miedo infinito con tus ausencias.

No quiero vivir con miedo. Aunque ese miedo sea irracional. Ese miedo que te empeñas en convencerme de que no existe. Pero que es inevitable que lo sufra. Está en mi naturaleza, pero sobre todo es por la tuya.





Yo me pregunté a mí mismo,
sólo a un paso del abismo,
cómo voy a vivir
cuando te canses de mí”

Nacho Vegas)


Miedo a que te olvides de mí. Miedo de que me cambies por algo. Por una fascinación. Por un amor de verano. Por un calentón estival.
Por alguien que te comprenda mejor que yo (Aunque sabes que eso no existe).
Por algo que tenga una polla más grande que la mía (Aunque sabes que eso no es tan importante).
Por alguien que huela mejor que yo (Aunque sabes que mi olor es mío y los sucedáneos sólo son eso, sucedáneos).
Por alguien que folle mejor que yo (Aunque sabes que yo follo como tú quieres que te folle).
Por alguien que te recuerde que eres tú (Aunque sabes que conmigo puedes ser más tú que con nadie).
Por algo que ni siquiera tú te explicas (Aunque las explicaciones a mí siempre me han parecido excusas condescendientes).
Por algo que es lo que tú necesitas (Aunque nunca sepas lo que necesitas, sólo lo que no necesitas y que a veces se mezclan sin pudor, para discriminarlo en la resaca del día siguiente).
Por no estar en el momento adecuado en el sitio adecuado (Aunque nunca sepas dónde vas a estar al minuto siguiente).


(Storm Thorgerson)


Entiendo que no soy lo mejor que puedes encontrar. Pero sí lo seré siempre. Soy un corredor de fondo. Cuando todos se cansan, allí sigo yo, a mi ritmo. Al ritmo que tú me marcaste aunque ahora te canse mi falta de reprís. Te fascinan y te fascinarán siempre todos los velocistas pero, por mucho que te engañes, no llegarán al segundo kilómetro siendo los mismos. Están concebidos para brillar en la distancia corta, para fascinar con sus relámpagos de velocidad, con su imponente planta de pasada fugaz. Y ese es tu punto flaco. Los ves una y otra vez y siempre piensas que van a ser los maratonianos que esperas. Que esa chispa y explosión se puede mantener toda la distancia que tu quieres. Pero cuando pasan 400, 800 o 1500 metros ya no son así. Pero vuelves a caer una y otra vez. Los ves en los tacos de salida tan musculosos y bien formados. Tan perfectamente esculpidos para tus antojos. Tan máquinas engrasadas... Que crees que son así siempre. 

Y lo piensas una y otra vez. Y vuelves a caer cuando la carrera se alarga. Y miras atrás y allí sigo yo, corriendo a mi ritmo. Como el corredor de fondo que disimula sus carencias como atleta.

No soy un atleta. No soy un velocista. No soy siquiera un deportista. Pero puedo correr (o por lo menos andar) mundos por ti. Aunque tú te alejes de cuando en cuando en los brazos de fascinantes atletas musculados que seguramente hagan más trampas que yo… 

Aunque tú todavía no lo sabes…
Y cuando lo sabes, miras atrás…
Y encuentras al que se come mundos por ti…





B.S.O.: Cuando te canses de mí (Nacho Vegas)




jueves, 12 de septiembre de 2013

El problema de jugar siempre al empate



- Está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, le dije mientras desayunábamos después de follar, por la mañana, nada más abrir los ojos.

- Está bien que follar sea lo primero que hacemos cuando llega el día, me dijo ella mientras mojaba su porra en el café. 

Mi cabeza se fue sin remedio a un burdo juego alegórico de lo más simplón analizando cómo entraba y salía la porra de su café para luego, una vez húmeda, entrar en su boca. Tuve uno de esos momentos en los que me siento de lo más vulgar pensando cosas que ni siquiera me paro a pensar pero aparecen en mi mente, que abochornarían a mi yo reflexivo. Pero la imagen de aquella porra del desayuno, poco tiempo después de haberme comido a mí por todos lados, porra (o churrito para ser exactos) incluida, era de lo más sugerente. Cuando veo cosas sugerentes en todo lo que me rodea, por muy cañí o vulgar que sea, como es el caso de una porra mojada en café, sé que pase lo que pase el resto del día ya lo he empezado ganando.




- Parece que hoy empezamos ganando. Nada más sencillo que empezar un día ganando si lo primero que haces cuando apenas has abierto los ojos, es follar.
- Eso es muy difícil.
- Acabamos de hacerlo, le dije con una seguridad impropia de mí.
- Hoy ha empezado bien. Dejémoslo ahí. Y cogió otra porra para proceder a mojarla nuevamente en el café y dar buena cuenta de ella.
- Parece que te has levantado con hambre... ¿No te has alimentado lo suficiente esta mañana?
- ¿Ves? No es tan fácil. Lo estás empezando a joder. Con lo bien que había empezado el día...
- Es broma, perdona.
- Da igual. 

Entonces yo cogí una porra y procedí a hacer lo mismo que ella pero cualquier persona que nos hubiera visto desde fuera se habría dado cuenta de que no es lo mismo. Aunque quisiera hacer lo mismo. Hasta ella se dio cuenta. Pero no dijo nada al respecto. Se fue a otro de sus sitios.

- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- ¿Cómo?
- Déjalo.
- No, dime..., le dije ya asustado.
- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- No sé, nunca lo he pensado.
- Ya. 

La porra se me estaba atragantando. El día que había empezado de maravilla porque está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, empezaba a ponerse raro ya en el desayuno.

- ¿Qué quieres cenar hoy? 
- ¿A qué viene eso ahora? ¿Estamos desayunando?
- No, para ver si me contestabas que tú no sabías pero que yo iba a cenar porra otra vez.
- Yo nunca hubiera dicho eso.
- Tenía que comprobarlo.
- ¿Quieres cenar porra esta noche?
- Quiero comértela ahora mismo.

Volvía a pensar que el día se había levantado maravilloso. Daba gusto desayunar así.

Me volvía loco que me la comiera. Ya fuera por la mañana o por la tarde, de noche o de día. Todo parecía posible cuando ella me comía la polla. Era algo que nunca podré describir con palabras por más que lo intente. Por más veces que me la haya comido. Recuerdo cuando intenté explicárselo a otra persona que no entendía lo que quería decir acerca de empezar de maravilla los días, de salir ya ganando, o de lo indescriptible que era lo que sentía cuando ella me comía la polla:

- ¿Has mirado sus ojos? Yo la primera vez que miré en ellos tuve la misma sensación que cuando escuché por primera vez a los Rolling Stones.
- ¿Sus ojos?
- Los ojos de alguien que te está comiendo la polla.
- No sé. 
- Ese es tu problema, no sabes. Quizás juegas siempre a empatar y luego pasa lo que pasa...




Aquella conversación no acabó bien. Aunque a mí me parezca que dije en ella cosas tan bellas que nunca crea poder repetir hablando de mirar unos ojos. Tiempo después, esa persona me comió la polla y estoy convencido que ambos estábamos pendientes de algo más que aquella comida porque recordábamos la conversación de los ojos. Y eso que fue con poca luz, de noche y con mucho deseo por ambas partes. Aquella comida acabó en empate. No volvimos a jugar el partido de vuelta. Pero eso ocurrió mucho tiempo después del maravilloso día del que estaba hablando que empezó muy bien por saber que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Ese día, el que empezó muy bien sabiendo que ya pasara lo que pasara habíamos hecho algo por haber follado al despertarnos, se empezó a torcer a media tarde. Todos los días se empiezan a torcer a media tarde. Es cuando comienza a aparecer el cansancio. Cuando cuesta más mantener la ventaja adquirida en los prolegómenos. 

Yo, aparte de una deficiente condición física, tengo poca fortaleza mental, y cuando los días empiezan a torcerse, me cuesta mantener el marcador a favor. Es algo que ella sabía y por eso se empeñó en comérmela antes de comer, en medio de la comida (a pesar de que estábamos en un restaurante) y en la siesta. A veces no miramos los días en toda su intensidad. Creemos que los martes no son más que antesalas de los jueves y así. Y así nos luce el pelo. Yo llegué a la cena con pocas ganas de hacer chistes de porras, ni de casi cenar.




Por aquellos tiempos yo quería ser escritor. Y como todos sabemos, un aspirante a escritor no deja de ser una persona como todas las demás solo que un poco más pretenciosa, embobada de sí misma y con ganas de demostrar constantemente que tiene ideas mejores que los que le rodean. Por aquellos tiempos yo solía joder bastante las situaciones y días en los que iba ganando cómodamente con mis ínfulas de literato maldito y genial. Y, claro, salté:

- Voy a hacerte un traje con mis letras, le dije en lo que yo consideraba un piropo maravilloso que la dejara epatada y a mi merced, bebiendo los vientos por mí.
- Yo lo que quiero es que me hagas un traje de saliva y te dejes de romanticismos. Ese es tu mayor problema conmigo, me replicó mientras intentaba comerme la polla una vez más.

Aquella noche acabó en tragedia. Ella seguía con hambre. Yo ya hacía mucho tiempo que había dado por bueno el empate. No me quedaban cambios y el equipo se resintió. Ella decidió jugarse el todo por el todo y buscó ganar aunque fuera en la tanda de penaltis. Yo ya había sido eliminado de la competición.

A día de hoy, recuerdo aquella jornada como un claro ejemplo de lo que pudo ser y no fue. La eterna promesa me llamaban. El de los días que empezaban de maravilla porque sabía que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Desde aquel día tengo miedo a las noches. Duerma solo o acompañado. Tengo miedo despertar y ver que el día no empieza ni siquiera en empate...



B.S.O.: "Un buen día" (Los Planetas)


lunes, 19 de noviembre de 2012

Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más



Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más.


Aquellas palabras atronaban en su cabeza como todas las que aprendió siendo pequeña y que aún sometían su escala de valores a paroxismos estúpidos como el consejo sobre pesca que le dio su abuelo, la recomendación de su profesora de ballet enfadada que precipitó sus anhelos de ser una gran bailarina o los Diez Mandamientos.




De los Diez Mandamientos ya no recordaba diez. Ni siquiera seis. O sí, pero no quería pensar en ello. No solía pensar en ello.

La cara de aquella puta entrenadora con modales nazis no se iba de su cabeza y cada vez que veía algo relacionado con el baile o andaba de puntillas la odiaba con más y más fuerza por haber sido tan cruel como para decir a una niña con todo un mundo de ilusiones por delante que se dedicara a otra cosa y dejara de ir a sus clases.

Sobre la pesca había olvidado casi todo. Menos el olor a tabaco negro de su abuelo y sus dientes extrañamente colocados. Pero le gustaba mucho el pescado. Y el marisco, aunque no tenga nada que ver con su abuelo y sus consejos de pesca.


Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más.


Su cabeza era así. Despreciaba los consejos, pero aquellas palabras empezaron a mirar a sus ojos con la fuerza de un millón de pollas erectas. De pollas de verdad, no de las que ella solía ver cuando salía y se emborrachaba.

Como buena chica de excesos, decidió salir aquel día y no beber. Nada de alcohol. Algún que otro refresco. Sin disimular con drogas.




Y vio pollas, sí. Pero le dieron tanto miedo al ir sobria que decidió que nunca más querría ver una polla sin haber bebido lo suficiente.


Si paras de beber tanto, verás menos pollas, pero las disfrutarás más, se dijo a sí misma y volvió al bar de siempre con ganas renovadas y un hígado ansioso de seguir mutando en paté…


Y no volvió a recordar ni a su abuelo, ni a la entrenadora de gimnasia, ni a los Diez Mandamientos. 
Bueno, quizás al Sexto sí, porque era inevitable…


Tu polla sabe a whisky barato y a ti. 
Sabe a whisky barato…





viernes, 6 de abril de 2012

Otra Noche Sin Dormir (Volumen 13): Juan Manuel de Prada, Najwa Nimri y yo.


Sofocada.

Como casi siempre.
 
No desperté del todo porque cuando una no consigue dormir, realmente no despierta.



 

Llegaba tarde a la entrega de originales. Mi editor me había dado una prórroga más a cambio de una reducción del adelanto que tenía que haber recibido días atrás, con lo que llegamos a un acuerdo positivo y liberador para ambas partes. Yo no tenía que entregar y él no tenía que afrontar ese pago. 

Hasta anoche.
 
Descubrí que no tenía las páginas que debía haber entregado inevitablemente horas atrás. La excusa de “dame más tiempo, tengo algo mejor de lo que te prometí” ya no funcionaría por cuarta vez consecutiva. Él me conocía y sabía que lo único que hacía era intentar ganar tiempo.
 
Para colmo, Juan Manuel había encriptado sus archivos en el pc. Sospecho que él intuye que tiro de ellos cuando no me viene la inspiración. Juan Manuel había empezado a dejar de quererme, pero no puedo culparle. Él es un hombre de derechas que escribe muy bien. Yo soy su puta pasión oculta que acabaría con su carrera y su prestigio si saliera a la luz mi simple existencia a su lado.
 
Llevo un tiempo robándole textos a Juan Manuel. Juan Manuel escribe muy bien, o eso dicen los críticos literarios. A mí no me convence, pero tampoco me convencían ni su actitud, ni su físico, ni sus ideas cuando nos conocimos. Llevo un tiempo siendo la amante secreta de Juan Manuel de Prada y eso no es bueno para ninguno de los dos.
 
Él, tan de derechas, católico, gordo y sudoroso, con su prosa ortodoxa y llena de valores y trasfondos pseudohistóricos. Yo tan puta, delgada, roja, atea y heterodoxa en mi inexistente prosa propia. El día y la noche. La España azul y la España roja. Por eso nos fascinamos. Por eso nos juntamos. Por eso aprovecho sus salidas a misa, sus grabaciones en Intereconomía, sus procesiones de Semana Santa, para robarle sus textos y hacerlos míos. El nunca leerá lo que escribo (o eso me hace creer) por lo que el riesgo de que me descubra es mínimo. Pero ahora que pasa estos días de procesión en procesión, cuando más acceso tengo para rebuscar en sus textos privada y ocultamente, ha puesto clave a sus archivos en el pc.
 
Anoche llegó más temprano de lo habitual para un Jueves Santo. Las procesiones no habían podido salir por el clima. “El clima es ateo” me dijo. "No puedes decir esas cosas", le dije yo. "El clima es ateo y una puta como tú", insistió enfadado y dolido.
 
No me lo dijo, pero lo noté. 




Su grasienta humanidad no tenía secretos para mí. Estaba inquieto. Hacía mucho tiempo que no lo hacíamos. Para él, de puertas para fuera, hacerlo un Jueves Santo era sucio, despreciable, inadecuado e inaceptable. Siquiera pensar en ello. Pero desde que me conocía no podía controlar sus pensamientos. Y eso era algo que le unía inseparablemente a mí.
 
Najwa estaba de gira por oriente. No estaba disponible. Esa era la excusa que ambos aceptábamos para no hablar de ello. Aunque yo sabía que Najwa estaba cerca, que no había ido a Japón porque últimamente la crisis amenazaba con acabar con su carrera musical, y cada vez tenía menos compromisos aunque disimulara lo contrario.
 
Simplemente no me apetecía hacerlo. 

No sé bien cómo acabamos en esa espiral. A mí ya sólo me ponía Najwa y a Juanma sólo le ponía ver cómo Najwa me sodomizaba con un arnés negro mientras se masturbaba en el sofá sin que le dejáramos de mirar. Eso era lo más duro. Tener que mirar a ese engendro grasiento en camiseta blanca de tirantes con su polla en la mano mientras Najwa me daba cariño de plástico negro por detrás.
 
A Najwa Nimri todo le parecía bien. 

Hacía tiempo que con invitarla a dos martinis y dejarla hablar del karma y trascendentalidad todo podía ser. Últimamente no necesitaba ni los martinis. Se había acostumbrado adorablemente a nuestros juegos de sodomía plástica y voyeurismo.
 
Cuando Juanma se casó, Najwa pensó que todo había acabado. Nunca lo reconoció, pero yo supe que se sentía despreciada y que temía por perder sus pequeños juegos en nuestra cama. Najwa es alguien que nunca demostrará una debilidad en público, y reconocer que necesitaba nuestros encuentros era una debilidad de las más grandes que podía concebir. Juanma nunca reconocía debilidades tampoco. Pero Juanma es el más débil de los tres.
Juanma no había podido vestirse de nazareno esa noche. Pensó que el clima era ateo, como yo. Yo no soy ateo, pero él echa de menos mostrar su inexistente superioridad moral sobre mí. Pero aún más echaba de menos a Najwa con su arnés de polla negra metiéndomela por el culo.
 
Yo echo de menos verle vestido de nazareno. Echo de menos reconocer su orondo cuerpo tras la túnica, con sus gafas tras los orificios de la capucha. Siempre me han parecido muy interesantes los nazarenos con gafas. Más aún los nazarenos con gafas y gordos. Y, sobre todo, si sé quién es ese nazareno.
 
Sin despertar del todo, como cuando una no consigue dormir, le confesé mi problema.
 
Se indignó porque le robara sus escritos para hacerlos míos con ligeras variaciones. Amenazó con denunciarme. Yo sé que no podía hacerlo y que era un farol. No podía meterse en un fregado de acusaciones y contracusaciones porque él tenía más que perder que yo públicamente. Sus lectores tradicionalistas, católicos y de derechas huirían de sus libros. Sus jefes de Intereconomía lo despedirían fulminantemente. Su esposa recién adquirida lloraría en sus pechos y lo despreciaría como una niña detesta a un padre que ve que la engaña. Y Najwa lo violaría con nuestro arnés de polla negra mientras yo los miraría desde el sofá, en camiseta de tirantes blanca, tocándome como una loca, aunque no me pusiera lo más mínimo. 




 


Creo que voy a llamar a Najwa Nimri. Sé que se va a enfadar porque se supone que está de gira por oriente. Le voy a decir todo lo que he soñado. No lo va a entender, pero me va a soltar, con esa voz susurrante, una teoría sobre la trascendentalidad de nuestras almas, y la psicología de los sueños.
 
Estoy sofocada.
 
No he dormido.
 
Voy a encender la tele, poner Intereconomía y masturbarme como una loca.
 
Aunque no salga Juan Manuel.
 
Aunque no piense en Najwa.
 
Soñando que soy mejor escritora que él y mejor amante que ella...



jueves, 29 de septiembre de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 19): Soy un embustero del placer




¿Sabes de qué va "Like a Virgin"? Te diré de qué va "Like a Virgin". La canción habla de de una pequeña zorra, una máquina de follar. Polla, polla, polla, polla... Hasta que un día conoce a un tío. Un tío con una polla enorme. Un super-pollón. De ahí que cuando follan siente algo que no sentía desde que era virgen: dolor. Y de ahí el título: "Like a Virgin". 

(Reservoir Dogs)


Ayer estaba con otra mientras hacíamos el amor. Me miras y crees verme allí, pero yo estaba con otra.



Es duro de decir, pero prefiero que lo sepas antes de que veas en mis ojos que miro más allá de ti y estoy amando a otra mientras tú te sientes llena de mi amor.

No es un engaño, es una realidad. Nadie miente cuando llega al orgasmo. Te digo te quiero, pero he querido a otra mientras te amaba a ti. Aunque quizás he amado a otra mientras nos queríamos en la cama.


Tus ojos me dan miedo. Creo que vas a verme con otra en cualquier momento. Por eso cierro los ojos cuando llego al orgasmo. Para que no me veas con otra. Cierro los ojos para que no veas lo que yo miro.

Creo que tus ojos están viendo lo que yo veo. Creo que sabes que estoy con otra cuando follo contigo.

Lo único que te preocupa es que por primera vez en mucho tiempo tú te has descubierto haciendo el amor conmigo sin pensar en otro. 
Y eso te da miedo... Aunque yo piense en otra cuando te hago el amor.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cuando saque el rifle, te avisaré para que te pongas a cubierto




Cada día que pasa es un día menos que me queda por vivir. Vivir es algo más que lo que tú siempre has creído que era, pero cuando tenga tiempo para decírtelo, te quedará menos por vivir que a mí. Y eso que yo siempre pensé que moriría antes que tú.

Reconoces en mí la vida que no hay en ti. Yo vivo en ti la vida que no hay en mí. A ratos estos dos afluentes confluyen y formamos el río que va a dar al mar. Y la metáfora de la vida en forma de río que va a dar a la mar como muerte está ya muy vista, así es que tendremos que conformarnos con disfrutar del frescor de nuestros cuerpos y estremecernos con el paso a contrapelo de los salmones bajo nuestra piel.

Cada día que pasa queda menos agua bajo tu piel. Dicen que tres cuartas partes de nuestro cuerpo es agua, pero yo nunca lo he comprobado. También dicen que tres cuartas partes del planeta Tierra es agua, pero si no he comprobado mi cuerpo no me voy a meter ahora a comprobar el planeta en el que vivo. Perdería mucho tiempo y tengo cosas mejores qué hacer.

He comprado un rifle por catálogo. Era una oferta irrechazable. Cada vez compro más cosas por catálogo, aunque cada día que pase sea un día menos que me quede por vivir. Puede que sea por eso por lo que lo hago, pero no estoy muy seguro y tampoco tengo tiempo como para pararme a pensar en ello. Comprar por catálogo me gusta mucho. Comprar es algo inherente a mí desde el primer día que vi dinero a mi nombre en una cuenta corriente. Comprar por catálogo es tendencia desde que empecé a comprar cosas que podían hacer que los vecinos me miraran mal. Su política de envíos discretos ayuda a ocultar mis obsesiones de las miradas indiscretas. Cuando era un crío no sabía la manera de poder comprar una muñeca hinchable y llevarla a casa sin que nadie me viera. Con los catálogos y sus asépticos paquetes minimalistas encontré la manera y les estaré eternamente agradecido. Hoy me ha llegado el rifle. Quería comprarme un AK-47 o un Kalashnikov porque me suenan de las películas, pero la verdad es que sólo quería algo con lo que pudiera disparar a distancia y que matara. Además, descubrí que un AK-47 no es más que una manera de llamar a los Kalashnikov. En ninguna de las características de las armas del catálogo pone que maten, por lo que asumo que es una característica que se da por descontado de todas ellas, como que se da por descontado que una muñeca hinchable da menos dolores de cabeza que una prostituta porque no tienes que hablar de dinero antes de penetrarla, ni fantaseas con la terrible idea de la polla que ha entrado antes de la tuya allí si tienes la precaución de no dejársela a nadie.


Jose es el único conocido que ha osado pedirme una muñeca hinchable alguna vez. También es el único conocido que sabe que tengo muñecas hinchables desde que era un crío, al menos que yo sepa. Jose es el único conocido que sé que tiene armas de fuego en su casa y que las compra por catálogos. No he osado pedirle ninguna porque creo que las armas de fuego son como las muñecas hinchables y tengo miedo de fallar cuando apriete el gatillo fantaseando sobre cuántas pollas habrán apretado ese mismo gatillo.

Mi polla no es (ni nunca será ya) un gatillo que cause la muerte. No siquiera puedo matar a nadie de gusto con ella. Pero eso algo que no me preocupa cuando pienso que cada vez me quedan menos días por vivir y que es algo que se hace peor cada día que pasa. Nunca he tenido el gatillo a punto, ni he sido de los que ha querido tener una mira telescópica para no fallar el tiro. Cada día que pasa creo que mis pensamientos están más llenos de analogías fáciles y gastadas, y pensar en mi polla y en gatillos, me puede acabar llevando a pensar en gatillazos, y bien es sabido que un gatillazo tiene mucho de mental y de pensamientos, con lo que no puedo perder el tiempo pensando en ello, y menos, sabiendo que es un cliché muy poco original.

Nadie me preguntó nunca qué es lo que quería ser de mayor, y de mayor nadie recuerda que quiero seguir siendo pequeño. Por eso quiero sacar el rifle, quiero apuntar y quiero disparar. Y quiero que te pongas a cubierto. Por eso quiero que me vuelvas a coger el teléfono porque no quiero que te coja todo esto de sorpresa y te pueda dar alguna bala, aunque sea de refilón. Quiero que sepas que si te llamo es sólo para avisarte, para que sepas que no quiero hacerte daño, aunque mi llamada pueda hacerlo sin querer.

Me voy a asomar a la ventana y voy a esperar que todos anden por allí. Y voy a coger el rifle. Hay días mejores en los que pienso que debo asomarme a la ventana sin abrirla, y en el vaho que exhala mi cuerpo y queda en el cristal, escribir tu nombre. Esos días son los que pienso en ti y me invade un terrible sentimiento de culpabilidad por comprar rifles y muñecas hinchables por catálogo. Esos días en los que con sólo imaginar el roce de tu cuerpo, cualquier plástico y cualquier arma me hacen sentir terriblemente vulnerable y recuerdo que por muchos días que pasen tú siempre serás tú, como lo has sido siempre desde que pasaste bajo mi ventana y miraste hacia arriba.

Hasta que saque el rifle y tenga que avisarte para que te pongas a cubierto.

Cada día que pasa es un día menos que me queda por vivir. Vivir es algo más que lo que tú siempre has creído que era, pero cuando tenga tiempo para decírtelo, te quedará menos por vivir que a mí. Y eso que yo siempre pensé que moriría antes que tú.

Reconoces en mí la vida que no hay en ti. Yo vivo en ti la vida que no hay en mí.


Abrázame fuerte, que no pueda disparar…


jueves, 8 de septiembre de 2011

Basado en hechos irreales

 
“Dicen que me he acostado con siete Miss Mundo. 
Es mentira: Sólo han sido tres.”
(George Best)
 
 
Salí corriendo. Me empecé a subir los pantalones de mala manera, atropelladamente. Escaleras abajo, patéticamente, como un cliché de una mala (¿No lo son todas?) película americana adolescente.

Conseguí abrocharme el pantalón cuando ya corría por la calle. Gané velocidad al estar vestido de cintura para abajo. En ese instante no recordaba que habría sido de mi camiseta de George Best. ¡Dios Santo! ¿Había perdido la camiseta de George Best? ¡Con el trabajo que me costó comprarla en aquella subasta por E-Bay! ¡Con lo bien que me quedaba! ¡Con lo bien que me sentía con ella puesta…!
 
 
 

No tenía tiempo para pensar en cosas materiales. Seguía corriendo como alma que lleva el diablo (¿Quién ha dicho que las almas que llevan el diablo corren mucho? Nunca he entendido bien esa expresión…) buscando ponerme de una vez fuera de peligro.

Corría y corría como si estuviera preparado para ello. Quizás para correr mucho sólo sea necesario algo de que huir. Correr es de cobardes, pero cuando estás huyendo, ya se da por hecho que eres un cobarde. Cuando eres un cobarde, huyes, corres y recuerdas que llevas más de quince años postergando el momento en el que vas a dejar de fumar definitivamente, y todo sucede a la vez, bastan un par de minutos para que el resultado empiece a resultar lamentable.

Pero debía dejarme de exquisiteces y seguir hasta ponerme completamente a salvo. ¿Y mi camiseta? ¿Qué habría sido de ella? ¡Joder! Me costó una pasta por E-Bay…

Tanto cine americano adolescente me había enseñado que (¡Dios Santo! ¿Pueden el concepto “cine americano adolescente” y el verbo “enseñar” estar en la misma frase sin que chirríe demasiado?) la mejor manera de estar a salvo es adentrarse en una multitud, en un lugar público lleno de gente, en un evento abarrotado…

Al fondo de la calle estaba el centro comercial. Sería perfecto para mezclarme con la muchedumbre. Introducirme en cualquier tienda y estar completamente fuera de peligro. 
 
Además, probablemente hubiera WiFi. En cualquier centro comercial que se precie a día de hoy hay WiFi disponible, es la señal identificativa de estos nuevos tiempos de interconexión global. Y si la WiFi va bien, podría actualizar mi estado de facebook maldiciendo mi mala suerte por perder mi camiseta de George Best, postear algo nuevo en el blog con la palabra “tetas” repetida varias veces, y ver si hay alguna oferta interesante en infojobs. Seguramente descartaría la tercera opción por inútil, la primera por seguir bloqueada mi cuenta facebook por mis repetidas amenazas de muerte a Lina Morgan, y sólo me quedaría escribir un post con la palabra “tetas” repetida muchas veces. Seguramente lo titularía “Tetas, tetas y más tetas” y no sé muy bien qué contaría en él, pero repetiría todas las veces que pudiera la palabra “tetas” para aumentar el número de visitas del blog. Que sólo lo visitaran habitualmente una ex novia, una madre y un par de colegas de fiesta con poco criterio empezaba a ser muy triste y la estratagema de las tetas (“La estratagema de las tetas” puede ser un buen nombre para una próxima novela) aumentaría exponencialmente el número de visitas. Seguramente también aumentaría si pusiera la palabra “pene” o “polla”, pero aquel día, me parecía de mejor gusto la palabra “tetas”. Y además, me gustaban más.

Y, en medio de todo ese desbarajuste mental, propio de una persona escasamente equilibrada, me di cuenta: Llevaba la polla fuera. No me había olvidado de subirme la bragueta, no: Llevaba la polla fuera. Había perdido mi camiseta de George Best y llevaba la polla fuera. No tenía un miembro demasiado grande, pero todas las personas que habían salido corriendo de la tienda de velas en la que entré para disimular mi huída corrían despavoridas lejos de mí no por su tamaño, sino por su mera existencia y exhibición. ¡Perdonen ustedes! ¡No era consciente, lo juro…! ¡Ahora mismo me la guardo!
 
Pero no podía. No podía guardarme la polla en el pantalón. ¿He dicho ya que no era demasiado grande? Pues no era demasiado grande, y aún así, no me la podía guardar en el pantalón…. ¡Qué día llevaba! Pierdo mi camiseta de George Best, no encuentro WiFi para actualizar el blog con una entrada llena de la palabra “tetas” para aumentar el número de visitas, y no me puedo guardar la polla en los pantalones… La dependienta, terriblemente apurada por la situación pero muy eficiente (¿Se habría visto alguna vez en una situación similar?) y diligente, me dio una bolsa con la que taparme y me pidió amablemente que abandonara su tienda sin montar demasiado escándalo.
 
Salí de allí con la cabeza gacha y la polla erecta (¿Cómo me podía excitar en aquella situación?) aunque disimulada por la bolsa de la tienda de velas y te vi al fondo del pasillo. Me estabas buscando… ¿Dónde has estado? Mira qué facha ¿Qué horas son estas? Vete a la cama…
 
Me arropaste y me diste un beso en la frente. Me besaste en la frente aunque sabías que mi polla no era demasiado grande. Pero sé que a ti no te importaba. Mi erección había desaparecido. Ni te importaba qué había pasado. Ni siquiera quisiste saber dónde había dejado la camiseta de George Best que me había comprado por E-Bay y que habías pagado tú.
 
Sólo te importó que me había vuelto a librar de una multa por mear en la calle.
 
Y eso, mi querida amiga, no tiene precio…

 
 
Posdata aclaratoria (Inútil como de costumbre, innecesaria como siempre):
Este post no está basado en hechos reales. Ningún animal ha sido maltratado ni ha sufrido daño en su elaboración. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Nunca he tenido ninguna camiseta de George Best. Este blog tiene una página en facebook de la cual pueden hacerse fan pinchando el "me gusta".El tamaño de mi miembro (como su existencia) es un misterio a resolver. La palabra “tetas” aparece en este post con la intención que se menciona, además de ser un concepto que me gusta mucho. Yo no soy quien parezco ser.


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!