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miércoles, 1 de mayo de 2013

El twitter con el puzzle



La única capacidad que no querría perder nunca, es la de sorprenderme a mí misma. Es fácil de decir, pero es uno de los mayores retos que alguien puede tener. Te puede sorprender el mundo, la gente que te rodea, las circunstancias, el clima, la historia, una obra de arte, el color de sus ojos… Pero eso no vale de nada. 

Nada vale una mierda si no te sorprendes tú. Si tú no eres la mayor sorpresa que puedes encontrar. Día a día. Cuando más tranquila estás, cuando la rutina te llama, no hay más que sorprenderse. Sin buscar la sorpresa, encontrándola.

Probablemente esté diciendo una obviedad, pero si sabes que te vas a sorprender o te montas el equipo y el escenario necesarios para hacerlo, dejes de sorprenderte. 




Por eso no es tan fácil. La sorpresa es un estado emocional resultado de un hecho inesperado. Si busco el hecho, no existe la sorpresa, por mucho que el hecho sea maravilloso e imprevisible. Bajarle las bragas y ver lo que hay sería una sorpresa en el colegio, pero tras muchas bragas bajadas, lo que te puede sorprender es un color extraño del pubis, una depilación estrambótica, o un pene donde no esperabas que hubiera un pene.

Las sorpresas se rigen por mecanismos bastante simples: Si estás de espalda y no ves, ni oyes, ni esperas nada, llega alguien y te sorprende. Si sabes que eres muy guapa no puede sorprenderte que gustes a esa persona. Te puede sorprender que te lo diga, si es muy tímida. Sobre todo si es muda. Pero si eres guapa, lo sabes y no te sorprende que te lo digan. Te sorprendería no gustar o que te dijeran lo fea que eres. Si buscas adrenalina disparando a alguien no te sorprenderá matarlo si apuntas bien. Te sorprenderá, quizás, siendo muy liviana la teoría, lo que sientes al matar a una persona. Pero sólo la primera vez. Una cantidad de sangre inesperada si ya has matado a alguien disparando al mismo sitio y la misma distancia, un retroceso más fuerte de lo normal del arma…


Creé una cuenta de twitter en la que simplemente iba poniendo etapas de la resolución de un puzzle. No es que tuviera una cuenta y fuera haciendo un puzzle, sino que creé una específicamente para ello. Y tuve muchos seguidores. Muchísimos. 

Le conté que el twitter era mío. 
No lo sabía. 
Se sorprendió.

Le hablé de la sorpresa que me había llevado con la reacción. Esperaba que me siguieran, aún sin saberlo (aunque algunos estaban avisados y los necesitaba para ganar más seguidores) los que estaban al corriente y eran cómplices del asunto porque era una cosa diferente y rara.

No sabía qué interés podría despertar, pero lo hice.
Y empezó a llegar gente. Y gente. Y después, más gente…
Y cuando creía que estaba todo lleno, llegó más y más gente.
No paraban de aparecer seguidores sin saber muy bien porqué.
Y eso me sorprendió. 
Mucho.

Pero la verdadera sorpresa me la di yo: ¿Cómo podría sospechar que iba a conseguir seguir adelante durante tanto tiempo con tamaña tontería?

Todos me decían que era una gilipollez, pero me seguían en el invento. Y como ellos, muchísimas personas desconocidas que no sé cómo fueron llegando allí. 




Pasó el tiempo con un crecimiento cada vez más bestia y desmesurado de followers. Ya casi ni era sorpresa ver el número de nuevos adeptos a la causa que aparecía cada día. “El twitter del puzzle” nombraban en televisión como una frikada más del ciberespacio y como reflejo claro de la estupidez (o no) de la raza humana.

Y ahí estuve… Día a día. Una pieza nueva cada día.

Poniendo piezas. Recibiendo apoyos que no sé muy bien para qué. A la gente le apasiona hacerse notar y sentirse partícipe de chorradas extrañas. Fui poniendo una pieza todos los días, regularmente. Sin fallar ninguno.


Nadie sabe que el puzzle estaba hecho y me limitaba a poner las fotos ordenadamente. Nadie lo sabrá jamás. Nadie podrá verlo terminado. Ya no existe.

Y eso no es ninguna sorpresa para mí, pero lo sería para mucha gente.




B.S.O.: Surprise, surprise (The Rolling Stones)



jueves, 5 de mayo de 2011

Elegía por Osama Bin Laden


Sí.
Has venido hasta aquí.
Lo has hecho porque te ha llamado la atención el nombre de unos de los personajes más siniestros de la Historia de la Humanidad. Hay muchos, pero éste tiene, un lugar preferente y está ahora mismo de rabiosa actualidad.

No.
No has venido para verme a mí.
Yo no conocí a Osama Bin Laden. No soy analista político. No soy quién para hacer un juicio de su figura, ni de sus actos. No voy a entrar a analizar si está muerto o no, si está en el fondo del mar o si ni siquiera existe.

Yo sólo he nombrado a Osama Bin Laden para llamar tu atención.

No sé muy bien por qué, pero necesitaba llamar tu atención. Como tantas veces, no voy de cara. Necesito subterfugios extraños, como éste. Necesito hacer cosas raras. Necesito que sepas que existo. Necesito que sepas que estoy aquí.

Hay gente que vive y vivirá de la figura de Osama Bin Laden. Yo sólo lo voy a utilizar para que te acerques a mí. Muchas veces te he mentido. En millones de ocasiones te he dicho medias verdades. Sería imposible contar cuántas veces he disimulado. Ahora sólo estoy utilizando un sucio recurso para que llegues aquí y te acurruques a mi lado.

Estés donde estés, puede que llegues a mí porque te llama la atención una Elegía por Osama Bin Laden. No está aquí, ni es ésto. Dicho así puede quedar feo y rebuscado, pero ha funcionado: Estás aquí, has venido...


Necesito que te acurruques a mi lado. Te noto lejana, te veo fría. Pero soy tan despreciable que utilizaré cualquier recurso que sirva para acercarte a mí nuevamente. Quizás no deberías saberlo, pero he vuelto a esconderme tras un truco barato. Aunque creo que mandar a Osama Bin Laden al fondo del mar no habrá sido nada barato.

¡Es igual!
Para mí no es más que una excusa.
Un pretexto, una coartada, o como lo quieras llamar.

Soy yo.

Estoy aquí.

Y he utilizado a Osama Bin Laden para que sepas que sigo esperando que te acurruques a mi lado.

En un twitter por ahí he leído algo así como que "hay que ser muy malo para que te mate un Premio Nobel de la Paz".

En mi cabeza he encontrado miles de razones para explicarme por qué no te acurrucas a mi lado. Quizás deba buscarte en el fondo del mar. Debe ser un buen lugar para morir. 

Yo sólo quiero que te acurruques a mi lado. 

Aunque tenga que acordarme del fondo del mar…


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!