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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ya no tengo edad para que mi cabeza funcione como un puto diario de adolescente




Hola. 
Soy mayor. 
No tengo edad para escribir un diario.

Pero no llevé uno cuando era pequeña y eso me está pesando ahora mismo. En los últimos tiempos. Cuando ya no tengo edad para ello. Etapas no vividas en su preciso momento, se convierten en cargas y no puedes recuperarlas en otro instante que no toca. 

Hoy tengo problemas. Estoy desorientada. Mi cabeza funciona a base de punzadas sentimentales y reacciona a todo con la estructura de un diario de una adolescente en el lenguaje y la experiencia de una mujer que está de vuelta de todo.

Esa soy yo. 
Cómo me duele, pero soy yo. 






Hoy ha sido todo bueno. 
Por lo menos hasta ahora mismo. 
Desde esta mañana.

Un día comprendí que mi corazón era más blando de lo normal.
 Me lo enseñó la noche que me enamoró. 
Lo entendí porque su corazón era como la caja negra de un avión.  
Más tarde supe que si algo es el doble de bueno, 
probablemente durará la mitad.

Aquel momento en el que me miró a los ojos 
y me preguntó con su voz fuerte y decidida: 
¿Has visto Pauline en la playa?

Compartí el descubrimiento de que 
todas las chicas sueñan con vistas al horizonte.

Quería que dejara de besarle pero mis labios no respondían. 
No querían separarse. 
Temían que los suyos dijeran “vete, déjame ya...”

Las lágrimas se llevan el rímel mis ojos 
como la tinta del bolígrafo. 
Las lágrimas no me dejan ver la historia. 
Las lágrimas dejan de ser lágrimas para pasar a ser 
rímel decadente bajando 
por las mejillas escarpadas sin sonreír. 

Me rodeaste con tus brazos 
y en ese instante comprendí 
lo que significaba el verbo 
ESTREMECER.

Querida cabeza:
No vuelvas a dejar que el corazón gane en tu campo. 
Aspira al menos al empate 
y dejaré de forzarte a darle vueltas continuamente a todo,
 a no olvidar o a estructurar 
pasados pluscuamperfectos inexistentes. 

Cómo me fascinó leer lo de 
aquella mujer de la limpieza sueca 
Me gustaría hacerlo con una línea de metro 
contigo y todas tus putas amantes dentro.

En el fondo debería estar más centrada 
y dejar de hacer todo esto. 
Siempre se me olvida que 
soy diseñadora de futuros perfectos para los demás.

El candado con clave para que no entres 
en esta cabecita mía 
es más intimidatorio y simbólico 
que efectivo. 
Y si encima me la voy dejando 
por cualquier bar que encuentro abierto 
es normal que me pasen estas cosas.
Hay tantas cosas que quiero hacer 
y contarle a mi diario 
cuando llegue a ser joven 
que me asusta no llegar a tener tiempo. 

Sobre todo, por tu culpa. 

Por encima de cualquier cosa TÚ. 

Y el YO que nace 
cuando estás cerca.


¡Hasta mañana!


viernes, 6 de agosto de 2010

Microrrelatos sin Pudor (Volumen 10): El póster de Wendy James


Nacho tenía un póster de Wendy James a tamaño natural en su cuarto. No recuerda bien cuándo lo puso, por lo que nunca supo qué había detrás. 

Ese póster de Wendy James nunca supo que escondía un secreto.

Los posters a tamaño natural sirven para que la imaginación adolescente vuele a una altura en la que se puede llegar a confundir con la realidad. Detrás del póster de Wendy James estaba el mismo agujero que había detrás de todos los posters a tamaño natural de las habitaciones  de todos adolescentes del mundo. Nacho nunca lo supo. A día de hoy sólo lamenta que alguien le robó ese póster hace mucho tiempo. No sabe quién fue, pero ahí se empezó a acabar todo.

Eva no sabe quién es Wendy James. Tampoco le importa demasiado. Como todas las adolescentes, también tuvo posters a tamaño natural en la pared de su cuarto. Como todas las adolescentes, tampoco supo nunca que había detrás. Eva nunca tuvo dolor de cuello de retorcerse en los garitos cuando sonaba "Baby I don’t care" o "The only one", quizás no tuviera edad. Pero Eva tuvo su Wendy James particular, aunque no sé quién fue. Como Nacho, ya hace tiempo que desaparecieron los posters de su pared, y la adolescencia salió volando por su ventana.

Yo nunca fui adolescente, por eso soy como soy actualmente. Algunos dicen que me comporto como un adolescente, pero no tengo posters a tamaño natural en mi habitación. Pocos saben a lo que me dedico, pero todos saben que siempre estoy ahí. Sólo me separa de ellos el grosor del papel de un póster a tamaño natural.
Wendy James no era muy grande, al menos físicamente, pero encima del escenario era una auténtica bestia. Supongo que era lo que menos importaba al creador del poster a la hora de valorar los posibles compradores. Hace unos diez años que Wendy James dejó de sonar constantemente en todos los garitos complaciendo tanto al más macarra como al más pijo, pero lo peor de todo fue que dejaron de hacerse posters de tamaño natural de ella. El pop-punk de sus Transvision Vamp y su actitud explosiva y sexual dejaron paso a otros sueños húmedos. Hoy hay muchos que se preguntan dónde fueron los posters que ya no están.

Hay una red de túneles que une todos los sueños húmedos de los adolescentes del mundo. A esa red no se puede acceder a no ser que nunca hayas sido adolescente.
Si has sido adolescente, has tenido un poster a tamaño natural en tu pared tapando la entrada a los túneles. Yo nunca he sido adolescente y ahora me comporto como tal, por eso paseo por los túneles cuando los demás han empezado a ser mayores. Nunca me he atrevido a romper ese póster, pero detrás ya no está el sueño húmedo del adolescente. Algún día me atreveré a romper esa barrera, aunque me lleve una sorpresa al encontrar a alguien que echa de menos su adolescencia y su póster a tamaño natural.
(Gracias Eva y Nacho por la idea: Nos vemos por los túneles...)

Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!