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jueves, 19 de diciembre de 2013

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 13): El beso denunciado

(Marco Bertorello, AFP)

Esta es una de las fotos más hermosas que he encontrado en la prensa últimamente. A pesar de ello, es noticia porque la joven protagonista, Nina, ha sido denunciada por acoso.
Nina.
Tan bella con los ojos cerrados. Es probable que sea bella con los ojos abiertos, mirándome, pero eso no puedo saberlo. Aunque lo sospecho.


Esta una de las fotos más lindas que he visto en los últimos tiempos y no estoy segura si me hubiera gustado hacerla a mí o si deseo con todas mis fuerzas ser protagonista en ella.

Me gustaría recibir los labios de Nina con esa no mirada tan sexy. Pero no me gustaría ser un antidisturbios por mucho que atraiga a Nina.

Me encantaría haber hecho la foto, pero soy feliz admirándola. Quizás deba condenar en mi tribunal de justicia propia universal a quien se le haya ocurrido denunciar a Nina por un acto que ha conllevado una imagen con tanta belleza.
Quizás sea un deseo oculto de ser casco de antidisturbio. Proteger la cabeza, la cara de manera transparente y recibir el acosador beso con los ojos cerrados a los dos lados del metracrilato. Desde pequeñita he querido ser cosas extrañas. Siempre he deseado que me miren con los ojos cerrados como está haciendo Nina en la foto. Convertirme en cualquier cosa que no sea yo. Hacer fotos como ésta. Siendo quien sea...


viernes, 8 de febrero de 2013

Me sobra Carnaval





“Y mira desde aquí,
se parecen a ti.
Dime, ¿desde allí todos 
también se parecen a mí?”
(Me sobra Carnaval, Los Enemigos)



Un año perdido. Mirando atrás, seguro que serían muchos años perdidos. Perdidos en la impostura, en ser quien nunca he sido. Soy el único que lo sabe, pero perdí el tiempo disfrazado de cosas que no era, viviendo un Carnaval autoimpuesto que no coincidía con ninguna fecha de mi calendario. Y mucho menos de mi santoral.

Hoy me he disfrazado de ti. Me he embutido en tu piel porque sé que es la que mejor me sienta y he salido a celebrar la impostura. Con la actitud de disfrute y paraíso en mi cuerpo, que era el tuyo epidérmicamente. Hoy me he disfrazado de ti.



Hoy he triunfado con mi disfraz de ti. Estoy preciosa y la gente que sale con el espíritu loco de la fiesta del ser lo que no se es me ha mirado con deseo. Me he sentido deseada aunque he sabido que realmente te desean a ti.

Mi disfraz de ti me ha durado un rato.

Pasada la ilusión inicial de sentirme en tu piel, me he dado cuenta que me tira la sisa. La capacidad de movimientos es nula dentro de ti y creo sospechar que se ha descosido algo en el culo cuando me he agachado. No puedo levantar los brazos ni acercarlos para abrazar a nadie porque están demasiado pegados a mi piel. Me hace tripa. Para colmo, creo que me está saliendo urticaria porque vaya usted a saber de qué material está hecho tu piel y qué reacción provoca en mi cuerpo.

Como un loco me he metido en el baño de aquel bar para desprenderme de tu piel y poder disfrutar la noche sin tanto agobio encima. Con rabia y angustia, destrozándola. Exhausta mirando al espejo me he dado cuenta que vuelvo a ser yo fuera del disfraz de tu piel y me he sonreído pensando que la noche de Carnaval empezaba en ese momento. En cuanto cruzara la puerta del baño y volviera a la barra.

Las miradas en mi retorno con todo lo que me cruzaba no me gustó mucho. A primera vista, pero quién soy yo para valorar las miradas. Nunca fueron mi fuerte. Nunca miré de frente y soy miope. Y las miradas en Carnaval están, como mínimo, llenas de purpurina, o sea que no hay quien se fíe.

Pedí otra copa desconcertada. La camarera, tan solícita y seductora en Carnaval como el resto del año me miró de arriba a abajo y puso una mueca extraña. Algo así como el emoticono del Whatsapp que tiene la boca en forma de S tumbada y no supe muy bien qué pensar. Nunca sé qué pensar cuando me mandan ese emoticono, pero lo de la camarera era otra cosa. Quizás le puse cara de emoticono yo también porque se vio obligada a decirme lo que pasaba:

Te sentaba muy bien el disfraz. Estabas mejor antes, así sólo eres tú...



Así sólo soy yo - pensé, mientras un escalofrío me recorrió la columna y pillaba el primer antifaz abandonado que encontré encima de la barra para dejar de serlo...




"Dime, ¿Desde allí todos también se parecen a mí?"




B.S.O.: Me sobra carnaval (Los Enemigos)

viernes, 17 de agosto de 2012

Usted ESTÁ aquí



Miraba el panel informativo desesperada.

Perdón. Rectifico: Miraba el panel desasosegada.



El panel informativo tenía un gran mapa de la zona de la ciudad donde suponía encontrarse. Era nueva por allí y no podía estar del todo segura. No estaba del todo segura de nada. Eso le desesperaba y, a ratos, le desasosegaba. Había aprendido a vivir sin saber dónde estaba con certeza por mucho desespero y desasosiego que eso le provocara. Pero aquel panel informativo le pegó en los morros.


USTED ESTÁ AQUÍ



¿Por qué?
¿Quién era aquel cartel para decir aquello?
¿Cómo podía algo afirmar dónde estaba, si ni ella misma lo había sabido nunca?
Desasosegada, desesperada, asustada, indignada…

Respiró y antes de hacer una locura, dio una vuelta alrededor del cartel.

Miró al cielo, se miró a sí misma y volvió a mirar el cartel:



USTED NO ESTÁ AQUÍ



Quizás piensen que respiró aliviada.

No.

Se dio la vuelta y se sintió aún peor…



viernes, 27 de enero de 2012

Autobiografías robadas






Llevo años escribiendo mi autobiografía.

Ayer la busqué en el cajón y no estaba. No sé si la he extraviado  en alguna mudanza o si se perdió en mi último incendio interior.

Quizás me la hayan robado. Sé de unas cuantas que estarían encantadas de arrebatármela para hacerla suya. Cuando vives una vida que no te gusta, es difícil encontrar en el mercado negro una buena autobiografía con la que vivir mejor. No es heroína ni porno oriental. Se trata de una vida que te encaje como un guante. Y eso no es fácil de comprar. Al menos por aquí.

Desencantada me convencí de que podría pasarme el resto de mi vida buscando a la ladrona de mi autobiografía o empezar a escribirla otra vez.

Me pasaría los días y las noches buscando a alguien que hubiera vivido lo que ponía en mi autobiografía. Sé que la reconocería al instante, aunque fuera al fondo de un bar lleno de gente, en una manifestación de más de un millón de personas para los organizadores y unas siete mil personas para la delegación del gobierno o en un concierto de los Rolling Stones. La reconocería. Me reconocería. Pero sería muy cansado.

Quizás debería empezar a escribir otra. Así podría borrar todos los capítulos que no me quedaron bien la primera vez. Podría escribir una autobiografía más interesante, llena de pasajes excitantes, plena de emoción y de arrebatadores giros del destino. Podría hacerlo.

Pero no me acuerdo qué ponía en el primer borrador de mi autobiografía.

Quizás sea mejor así. Puede que esté aún por escribir. A fin de cuentas, nadie la va a leer. Puedo poner lo que me dé la gana. 

Pero no me acuerdo qué ponía.

Y eso me preocupa: Quizás no me haya dado cuenta aún de quién soy realmente. 




martes, 24 de enero de 2012

Aquella noche que quise ser Marlon Brando...




Aquella noche que quise ser Marlon Brando...
... no tenía máquina de escribir. 

Y tú lo recuerdas constantemente, como si fuera culpa tuya…

(Y no me gustó)





Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… recordé que no te gustaba nada porque lo conociste en el ocaso de su carrera, gordo y demacrado. Yo muero por tener un ocaso así si eso me diera su gloria anterior. 

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… me bebí cuatro botellas de bourbon mientras tú te desnudabas para mí. No pasó nada. Ni me emborraché ni pudimos follar. Creo que me apetecía más follarte que emborracharme, pero cuatro botellas de bourbon barato no ayudan.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… decidí escribirte una carta de amor porque nunca antes lo había hecho. Pero me dijiste que ya era demasiado tarde. Ni yo era Marlon Brando, ni el tiempo jugaba a mi favor.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… descubrí que estabas empeñada en convertir mis inviernos en primaveras y me obcequé en pensar que el Otoño se ha inventado para quedarse siempre en mí.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… supe que mi cabeza no iba a ser un trofeo en la pared de tus conquistas. Porque Marlon Brando es más importante que cualquiera de tus conquistas, aunque tú no lo creas. 

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… volví a sentir el sexo contigo, aunque nunca más quieras volver a acostarte conmigo. Volviste a descubrir que lo que significo entre tus sábanas, no lo conseguirá significar nadie. Y sales a la calle corriendo, con la sábana sujeta tapando tu desnudez a la manera de un manido cliché de película americana taquillera tratando de llegar a la estación para llegar justo en el momento en el que ves mi tren partir desde un andén que no te entiende. Como no te entendía yo antes de irme.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… te traté mejor que nunca. Quise ser un canalla pero me salió el perfecto caballero. Quise ser dulce y te excitaste por mi mal carácter. Quise besarte y me dejé comer por tus labios. Quise hacerte sentir una puta despechada y fui el amante más tierno del mundo. Todo salió perfectamente al revés. Como siempre nos gustó.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… llamé a tu puerta y entré aunque estabas ocupada.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… dejé atrás todas las ciudades en las que habíamos vivido para llegar a la playa montañosa que siempre nos prometíamos en sueños. Y metí mis pies en el agua mientras miraba las cumbres nevadas. 

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… vi que en nosotros el sol brilla con la fuerza de la mejor y más soñadora luna que nunca alumbró mis noches.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… te llamé por tu nombre


(Y todo te gustó)



Aquella noche que quise ser Marlon Brando...
... no tenía máquina de escribir. 

Y tú lo recuerdas constantemente, como si fuera culpa tuya…

(Y no te gustó)






Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… realmente quería ser Johnny Deep para poder haber sido amigo de Marlon Brando. 

Pero nunca te lo dije...

(Y no me gustó)


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