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lunes, 5 de mayo de 2014

Crónicas del aftersun (O el enésimo sueño en el que vi cómo Mario Benedetti ponía aftersun a Nacho Vegas)




Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo, ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos”

Mario Benedetti)


No soy un buen deportista. 

Mi cuerpo, del que tanto hablas a veces y al que tanto te aferras cuando estamos cerca, puede dar buena fe de ello. No me gusta perder. Ni siquiera sé comportarme en las victorias. Supongo que soy un simple jugador, pero quiero que el juego siga reglas que no tengo escritas. Soy un jugador al que le gusta cambiar las reglas a su antojo cuando sospecha que el desarrollo del juego no le convence del todo, o siente la amenaza de la derrota o de un final no esperado. Aquello de “en mi casa jugamos así”, pero fascinado por el tablero de juego que representa tu cuerpo. Me aterra pensar que disfruto tanto tu presencia porque siento pavor y un miedo infinito con tus ausencias.

No quiero vivir con miedo. Aunque ese miedo sea irracional. Ese miedo que te empeñas en convencerme de que no existe. Pero que es inevitable que lo sufra. Está en mi naturaleza, pero sobre todo es por la tuya.





Yo me pregunté a mí mismo,
sólo a un paso del abismo,
cómo voy a vivir
cuando te canses de mí”

Nacho Vegas)


Miedo a que te olvides de mí. Miedo de que me cambies por algo. Por una fascinación. Por un amor de verano. Por un calentón estival.
Por alguien que te comprenda mejor que yo (Aunque sabes que eso no existe).
Por algo que tenga una polla más grande que la mía (Aunque sabes que eso no es tan importante).
Por alguien que huela mejor que yo (Aunque sabes que mi olor es mío y los sucedáneos sólo son eso, sucedáneos).
Por alguien que folle mejor que yo (Aunque sabes que yo follo como tú quieres que te folle).
Por alguien que te recuerde que eres tú (Aunque sabes que conmigo puedes ser más tú que con nadie).
Por algo que ni siquiera tú te explicas (Aunque las explicaciones a mí siempre me han parecido excusas condescendientes).
Por algo que es lo que tú necesitas (Aunque nunca sepas lo que necesitas, sólo lo que no necesitas y que a veces se mezclan sin pudor, para discriminarlo en la resaca del día siguiente).
Por no estar en el momento adecuado en el sitio adecuado (Aunque nunca sepas dónde vas a estar al minuto siguiente).


(Storm Thorgerson)


Entiendo que no soy lo mejor que puedes encontrar. Pero sí lo seré siempre. Soy un corredor de fondo. Cuando todos se cansan, allí sigo yo, a mi ritmo. Al ritmo que tú me marcaste aunque ahora te canse mi falta de reprís. Te fascinan y te fascinarán siempre todos los velocistas pero, por mucho que te engañes, no llegarán al segundo kilómetro siendo los mismos. Están concebidos para brillar en la distancia corta, para fascinar con sus relámpagos de velocidad, con su imponente planta de pasada fugaz. Y ese es tu punto flaco. Los ves una y otra vez y siempre piensas que van a ser los maratonianos que esperas. Que esa chispa y explosión se puede mantener toda la distancia que tu quieres. Pero cuando pasan 400, 800 o 1500 metros ya no son así. Pero vuelves a caer una y otra vez. Los ves en los tacos de salida tan musculosos y bien formados. Tan perfectamente esculpidos para tus antojos. Tan máquinas engrasadas... Que crees que son así siempre. 

Y lo piensas una y otra vez. Y vuelves a caer cuando la carrera se alarga. Y miras atrás y allí sigo yo, corriendo a mi ritmo. Como el corredor de fondo que disimula sus carencias como atleta.

No soy un atleta. No soy un velocista. No soy siquiera un deportista. Pero puedo correr (o por lo menos andar) mundos por ti. Aunque tú te alejes de cuando en cuando en los brazos de fascinantes atletas musculados que seguramente hagan más trampas que yo… 

Aunque tú todavía no lo sabes…
Y cuando lo sabes, miras atrás…
Y encuentras al que se come mundos por ti…





B.S.O.: Cuando te canses de mí (Nacho Vegas)




martes, 23 de julio de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 19): El sms de Holly Golightly



Anoche, de madrugada, recibí un sms. ¿Quién coño manda sms a estas alturas de la película? Evidentemente, al no estar habituada ya a recibir sms, no tenía silenciado el móvil para ello y sonó un pitido que seguramente despertó a todo el vecindario. 

Cosas del verano, del retraso en todas las actividades vitales y de las ventanas abiertas. Entra el olor del guiso de colifror a destiempo ¿Quién coño cocina coliflor a estas alturas de la película? por la misma ventana que oigo gemir a esa vecina a la que me encantaría ser yo quien le estuviera comiendo el coño de esa manera tan espectacular o que tanto parecía que le estaba volviendo loca. Creo que si esos gemidos no entraran en casa de la mano del olor al guiso de coliflor y del sonido los programas de tarot de otros vecinos, probablemente estaría masturbándome de manera irresponsable, soñándome entre las piernas de mi vecina. Y digo de manera irresponsable porque con este clima dejarse llevar por los deseos primarios conlleva un calentón y unos sudores que suelen hacer que no vuelvas a dormirte, por incomodidad térmica, en toda la noche. Incomodidad por el calor que lleva al insomnio, que conduce inevitablemente a volver a masturbarte porque, ya puestas, por un poco de calor y sudor más, y ya que no puedo dormir... 

Y se convierte todo en la típica noche cíclica cuando los termómetros no bajan de cierta temperatura y recalientan un termostato interno que ya de por sí nunca baja ni en los inviernos más fríos.



Anoche, de madrugada, aún sin haberme masturbado, como chica responsable a finales de Julio, recibí un sms. ¿Quién coño manda sms a estas alturas de la película? Pero, sobre todo, ¿Quién coño manda sms a esas horas de la noche un día de diario? Antes de que me abrume la potencia literaria de la combinación “día de diario” y que me vuelva a invadir el deseo de comerle el coño a la vecina que gime todas las noches como si se fuera a acabar el mundo (Que por otro lado es como hay que enfrentarse al sexo, con la total y completa conciencia de que se va acabar el mundo) tengo que confesar que me sorprendió mucho la remitente. En honor a la verdad, supuse que se trataba de un virus o de algo raro que le pasaba a mi smartphone. El sms venía de una tal Holly Golightly, que puede significar muchas cosas. Para mí es el nombre de la drag queen del bar de pollas en cabeza, camareros buenorros y actuaciones desenfadadas (en la definición que le da mi prima la desenfadada, esa que siempre está dispuesta a una buena fiesta con tal de dejar a su marido y tres hijas en casa con cualquier excusa que valga para demostrar que ella es la más lanzada y desacomplejada de todas las mujeres que conoce en el mundo mundial) al que fui pseudo obligada para celebrar mi segunda despedida de soltera. Para las más modernas de hoy en día es el nombre del personaje que interpreta Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes y del que tienen un cuadro en la pared aun sin saber más allá que se trata de Audrey y de la película aquella. Para otros es el nombre en clave de una importante espía rusa que jugó un papel fundamental en la segunda guerra del golfo y de la que casi nadie sabe nada. Ni siquiera yo que la estoy nombrando. En fin, Holy Golightly, lo que me recordó que ya he celebrado tres despedidas de soltera y todavía no me he casado, cosa a la cual no encontraría mayor problema si no fuera por la insistencia de mi madre en que se me va a pasar no sé qué de arroz y demás, porque no me atrevo a contarle que no creo en el matrimonio y que si algún día pasara por ese aro, seguro que no sería de blanco ni por la iglesia como ella sueña, y que probablemente no tendría a ningún chico apuesto a mi lado.


Holly Golightly


Anoche, de madrugada, mi vecina decidió que tras una primera sesión de aparente buen sexo, no se había acabado aún el mundo y debía ir a por más. Los televisores desde donde salían los sonidos inquietantes de los programas de tarot de madrugada fueron apagándose como la llama del fuego que calentaba el guiso del coliflor, y dieron paso a alguna teleserie en versión original, probablemente de mi vecino el pajillero, el que tantos días mi miraba el escote con deseo y que seguro ya habría terminado de masturbarse con los gemidos de mi querida vecina a la que me encantaría comerle el coño. Quizás el pajillero fantasee mientras se masturba escuchando los gemidos de mi vecina que realmente esos ruidos salen de mí, de la chica del escote que tanto le perturba cuando se cruza con él. Quizás. A lo mejor esto sólo sea un pretencioso deseo no deseado, donde mezclo en mi cabeza la satisfacción de sentirme admirada y anhelada con la repulsión de sentir que habito en los sueños húmedos de un personaje tan sudoroso como mi vecino el pajillero.

Anoche, de madrugada, leí el sms que me había enviado Holly Golightly y me entraron mil calores que sumar a los que ya tenía por los gemidos de mi vecina y por la sensación que me recorría la espalda que me indicaba que mi vecino el pajillero se la estaba cascando pensando en correrse entre mis tetas. Leí el sms y estuve a punto de sentir que la irresponsabilidad de masturbarse en una noche de finales de Julio tan calurosa era algo inevitable que no podría eludir por más fuerza que hiciera y por más cerebral que me pusiera, ya fuera volando a comerle el coño a mi vecina, o dejando que mi vecino el pajillero se masturbara y corriera encima mía. No. Hice una mueca de respulsión imaginando la caliente corrida y forcé a mi cabeza a volar hacía la entrepierna de mi vecina que ya parecía saciada y silenciosa y leí en voz alta el sms:


“Follarte es la mejor cosa que me puede pasar en la vida. 
Aunque para ti puede ser la peor cosa de tu vida. 
Besos, te echo de menos y sabes lo tenemos pendiente.”


Así. A pelo. Sin abreviaturas típicas ni aparentes ni llamativas faltas de ortografía.

¿Quién era? ¿Quién se ocultaba tras el nombre de Holy Golightly? ¿Quién coño conocía mi número y me mandaba un sms a esas horas un día de diario? ¿Quién cojones pensó que escribir “un día de diario” era aceptable? ¿Quién sería el siguiente que pasaría por el coño de mi vecina antes de que tuviera el placer de comérmelo como si se acabara el mundo? ¿Quién apaga los programas de tarot de su televisión cuando se necesitan?



Acalorada y turbada (que no masturbada, increíblemente aún, dadas las circunstancias) le di a responder. Sin saber quién era. Sin saber qué era. Sin sentirme en mí, más allá de relamerme porque casi sentía el sabor de mi vecina en mis labios, le di a responder.

Me puse la mano derecha entre las piernas y con la izquierda dejé caer el móvil para acariciarme a gusto. El móvil hizo bastante ruido al caer. Era tarde y todo el vecindario se habría sobresaltado, pero, al menos, era un ruido aislado, sin olor a guiso de coliflor, sin gemidos de orgasmo de mi vecina, ni payasadas engañabobos de tarot de madrugada. Ya estábamos sumergidos en el silencio y la luz de la pantalla del smartphone se apagó. 

Se apagó y no puedo leer lo que respondí.
Quizás esa, ya sea otra historia...



(Continuará. Quizás...)





miércoles, 19 de junio de 2013

Microrrelatos sin pudor (Volumen 34): Las estaciones y el esmalte de uñas



Siempre tenía pintadas las uñas. Siempre. Las de las manos de un color y las de los pies de otro. Nunca estaban descuidadas. Ni las de los pies ni las de las manos. Constantemente tenía a la vista las de las manos, pero las de las pies estaban igual de impecables y estarán así el resto de su vida, aunque nadie las podía ver. Era algo suyo y siempre sería así. 
Sus uñas pintadas. Perfectamente pintadas. 
De diferente color las manos y los pies. 
Las de los pies siempre ocultas.




Pero un buen día llegó el verano. Aquel verano. Y pensó que quizás debía de dejar de pasar calor en los pies. Con miedo y mucho respeto a lo desconocido, se calzó unas sandalias. En aquel preciso momento comprendió que nada volvería a ser ya lo mismo. Vio sus uñas de los pies perfectamente pintadas y decidió ponerse unos guantes en las manos para pasar toda aquella estación que acababa de llegar a su vida. 
Aquel verano.

A partir de aquel verano, lucía zapatos cerrados en invierno y guantes en verano. Su vida ya nunca volvió a donde solía. 

Y empezó a pasarlo mal en primavera y en otoño.

Aunque siempre tenía perfectamente pintadas las uñas

Las de las manos de un color y las de los pies de otro.




sábado, 6 de octubre de 2012

De repente llegó el otoño...




“Abre los ojos: ya estás adentro de ti mismo,
en un barco de monosílabos navegas”
(Central Park, Octavio Paz)



De repente llegó el otoño… 

Releemos a Pessoa por aquello de buscar la melancolía otoñal, aunque los dos andamos sobrados de ella cuando estamos juntos. 

El otoño es tan maravilloso que nos une en el asco que te da a ti que empiece a llover y a hacer frío lo que lo convierte en atroz preludio del temido invierno y la angustia que me produce a mí llegar a estos días con un calor impropio, lo que lo transmuta en los estertores de mi repudiado verano de sudores y cuerpos al sol.

Lo único seguro en Otoño es pasear por Central Park, ver los colores y saber que se ha desbocao la primavera en miles de colores. 


"Hay el viento que esparce los reflejos
de Alicia desmembrada en el estanque"
(Central Park, Octavio Paz)




De repente llegó el otoño…

El otoño, tan propio él, volvió a convertirme en ciprés. Un ciprés alto, erguido y orgulloso, donde quiero guarecerte con mi sombra de los soles tardíos y cobijarte con mi cuerpo del agua y el frío tempranero.

Pero tú, linda y rebelde a la melancolía, buscas el advenimiento de la primavera y el refugio en arbolitos que aparentan ofrecerte mejor sombra y más seguridad a las borrascas. Y la encuentras sin saber, que esos árboles que no son este ciprés, no son más que presuntuosos y efímeros troncos que te ofrecen el apoyo necesario hasta que te recuestes lo suficiente para convertirte en enredadera y sea imposible que te separes de allí, aunque no te des cuenta hasta que llegue la primavera.

Parecen acogedores en tu melancólico otoño. Serán mortales cuando vuelvan los colores y se desboque la primavera. Porque no quieren que te desboques en primavera.



De repente llegó el otoño…


Y el ciprés otoñal sabe que en el fondo, no es más que un bonsái grande. Porque sabes que es un extraño bonsái grande, por mucho que aparente un árbol mortuorio, pero un bonsái que cada día saca una nueva hoja con la que cuidarte, sorprenderte.

Un falso bonsái de tamaño extraño, que cada día no tiene más ilusión que despertarte con un nuevo verso, una nueva canción.



De repente llegó el otoño…

Y el verso que hice cada día, te lo canté y se desbocó tu primavera… 

(Aunque yo siguiera en mi melancólica y mortuoria impostura otoñal tan lejana de esos meses de otro tiempo y de esos árboles de tan colorido y acogedor ramaje)




B.S.O. Otoñal I: Central Park (Loquillo)
B.S.O. Otoñal II: Puta (Extremoduro)

miércoles, 22 de agosto de 2012

Una noche de Agosto




"Yo quiero bailaaar toda la nocheee bailabailabailandoba bailabailabailandobáááááá"

¿Qué es esto? Despierto medio perdida con el retumbar del altavoz que hacía las veces de almohada y reposacuerpo bajo la somnolienta curva irregular en que estaba convertida sin saber muy bien cómo. 

¿Qué coño es esto? Me retumba todo en la cabeza y las luces, que alguien en un rapto de estupidez digna de la pena de muerte ha puesto seguramente sin querer en modo epilepsia, marean y dificultan mi instinto primario de saber quién soy y dónde demonios estoy.

¿Qué cojones? Sé quién soy, al menos en teoría, y empiezo a centrar el motivo por el que estoy allí. Valientes cabronas tengo por amigas, que han dejado que me sobe encima del altavoz y, para colmo, muy simpáticas ellas, parece que se ríen de mí y de mi segura cara de extrañeza tras recuperar mis constantes de humana pseudopensante desde el centro de la pista de esta infecta discoteca de verano.

Allí estaban. 
A lo suyo. 
A lo “nuestro”.

Como siempre. 

Es curioso ver este tipo de noches veraniegas desde la barrera. Da un punto de vista desconocido, diferente, más próximo a la realidad.

He fantaseado, y creo que a veces me he encontrado muy próxima a vivirlo, con tener la capacidad de salir de todo por un instante, quedarme en el sitio, pero escapar de mi cuerpo y de la situación que esté viviendo y verlo todo desde fuera, como si levitara por encima. Evidentemente esto no se lo he podido explicar a nadie porque si alguien escucha por un momento decir que levito por encima mía y las situaciones me dirá que me estoy pasando últimamente con ciertas sustancias o pensará que sigo estando tan loca como siempre. Es fantástico poder ver algo que me implica, fuera de mí, desde una distancia adecuada que dé perspectiva. Sólo se corre el riesgo de ver todo tan claro y salir tanto de una misma, que cueste volver cuando se quiere estar más pegada al terreno y a lo que toca, y despreciar terriblemente a todo lo que soy y me rodea.




¿De qué se ríen estas víboras? Estamos en la discoteca del pueblo, con ambiente festivo de Agosto y empiezan a llegar las horas en las que todas, incluidas las más feas del grupo, reciben las personalizadas babosas atenciones de todo aquel (todos) que ha pensado que ya es hora de empezar a emparejarse con alguien porque la noche se va acabando y las presas van escaseando. No es motivo de risas, más allá de parecer más risueñas y atraer (más aún) la atención de los depredadores que no han orientado aún su punto de mira.

Inevitablemente vuelvo a la realidad. 
A bailar con ellas.
A ser una más. 

Porque es lo que realmente soy, una más de mis amigas. Podría buscar algo importante de cada una que justificara mi diferencia y lo especial de mi persona, pero lo más importante es que estamos juntas, de fiesta una noche de agosto y, salvando las distancias, todas queremos pasarlo bien porque es lo que toca.

¿Qué clase de anormal está poniendo una noche de Agosto música que sonaba hace millones de veranos, cuando me daba igual y no me molestaban ciertas canciones?

Recuerdo todo lo que me ha dicho. No pasa de ser el típico cortejo de persona que se cree interesante, algo atractiva y cree poder seducir a otra con simpatía y gilipolleces varias, según disponga su pretendida víctima. Bastante original el chaval, la verdad. Conseguía tenerme pendiente y ligeramente interesada, mientras mezclaba ratos de indiferencia y momentos en los que mostraba que estaba por encima de todos esos convencionalismos del acto de cortejo. Pero no, no colaba. Yo estaba cerrada en banda por muy simpática que pudiera parecer, y sé mas de tema de lo que él pueda mostrar u ocultar por muy fácil que se lo ponga.

Todo eso pasó antes de quedarme dormida en el altavoz.
Todo eso pasó antes de ingerir alcohol como si no hubiera un mañana (Como siempre, pero como única dedicación visto lo que me rodeaba). 
Todo esto pasó antes del yoquierobailartodalanoche que me devolvió a la realidad.

Ese chico mono que perdió todos sus boletos cuando pasó aquel tipo a pedir fuego –cortejando también, por supuesto- y para hacerse el interesante le dijo que le gustaba mucho su camiseta y que cuánto tiempo hacía que Jarabe de Palo no sacaba nuevo disco…

¿Por qué sólo una de mis amigas –que ni siquiera lo dice- entiende mi actitud? Todas ven que está muy bueno, que lo rechazo, que lo desprecio, que le pongo cara de asco… Sólo ella ve normal lo que hago. Precisamente ella. Ninguna lo entiende, pero se conforman y no lo piensan más porque saben que soy un bicho raro. Una más de sus tonterías, pensarán sin duda. 

Tonterías, tonterías… 


Intentaría explicar que un tío que intenta ir de simpático no tiene porqué abarcar también la categoría de saber de todo y de interactuar con lo que sea por estar cerca mía. Un tío que confunde una camiseta de Los Enemigos con una de Jarabe de Palo merece todo mi desprecio y votaría a favor en un hipotético referéndum para que se reinstaurara la pena de muerte por ahorcamiento mientras la víctima lleva un mp3 con “DependedequeDependeBonitotodomeparecebonito” a todo trapo y en bucle hasta que un forense imparcial certificara su muerte para personas como ésta. 



¿Por qué salgo con ellas? Unas amigas que no le dan importancia a un tipo que confunde una camiseta de Los Enemigos con una de Jarabe de Palo las sitúa al mismo nivel que otras que tuve que veían más radical y trasgresor a Dani Martín haciendo el gesto de los cuernos con el mismo brazo en el que tiene tatuado “Niñato” que un simple movimiento de ojos de Keith Richards que ni siquiera saben quién es… 

Las noches de Agosto traen estas cosas. 

Las extrañas compañeras de viaje.

Rodeadas de música de otro verano y de ambiente etílico festivo aparentemente desinhibido.



Mientras, en el grupo, luce ella. Aunque no luzca, sólo yo la veo. Veo cómo me mira. Porque las chicas como ella no lucen en los grandes grupos, en las discotecas de pueblo, en las noches de Agosto. Las chicas como ella lucen a mi lado, junto a mí, y las dos lo sabemos, aunque lo evitemos porque tenemos claro que será nuestra perdición final. Preferimos adorarnos y acercarnos de mayor o menor manera, con cuidado, por miedo a sufrir una combustión espontánea si llegamos a dejarnos llevar totalmente por lo que nos pide el cuerpo. Nuestros cuerpos entrelazados no han sido concebidos para rozarse más de la cuenta las noches de Agosto.

Sé, aunque no lo haya visto, que ha sido la única que ha estado pendiente de mí mientras dormía en el altavoz. La única que se ha preocupado realmente, sin reírse por el pedo que pudiera o no llevar, y la imagen que estaba dando.

¿Por qué no me conocen y sólo me sacan para ir de fiesta? No les intereso. Si supieran la realidad de la mitad de cosas que ellas creen conocer de mí, no les gustaría tanto como amiga de fiesta. No me buscarían para que las acompañara a una discoteca de pueblo una noche de Agosto. Paseo mi carácter y voy por la vida con mi fiera que me defiende y me cuida, pero sólo sirve para protegerme de ellas, de todas ellas y de sus noches de Agosto. 

Si supieran que, digan lo que digan, nunca he sentido la necesidad de llevarme a nadie al baño de una discoteca se llevarían una gran decepción. Ellas son las reprimidas y yo la liberada, sin embargo, por mucho que lo crean, nunca he encontrado placer en llevarme a alguien a comerle la polla como una loca hambrienta en los apestosos baños de una discoteca de una noche de Agosto, ni me explico que placer se puede encontrar o que te lleva a provocar que te empotren en un urinario público presa de un deseo incontenible e insaciable alguien que tampoco soporta aguantar más lo que le pueda estar proponiendo. Me imaginan paseando siempre una tigresa de mascota, atada con una correa más leve de lo conveniente. Y que yo también soy la tigresa… 

Una tigresa que cree que la palabra empotrar se debería decir más.

¿WTF? Quiero comérmela a ella, quiero que me empotre contra el cabecero de su cama. Loca y salvaje, pero con higiene y ternura. La suciedad y la violencia la pondremos nosotras, con nuestras hambrientas mentes y nuestros inconfesables deseos.

¿Por qué sudo y estoy tan caliente? Creo que es hora de conseguir que algún pardillo de la disco me invite a algo. Es una de las ventajas importantes que encuentro de estar más o menos buena una noche de Agosto. Pasó la bajona. Estoy en la onda de nuevo.

Seguramente, si ella no se decide, acabe como más me apetece y como suelo acabar: Bajo las sábanas limpias, dispuesta a luchar contra mis ansias de comer techo o el helicóptero, relajada buscando algo en mis sueños. Sólo me joderá que en las noches de Agosto, las sábanas no suelen ser bienvenidas.


Algún día cogeré de la mano a alguien que venga a seducirme y no miraré más allá. 

Agarraré su mano y no me importará que baje conmigo a mis infiernos y arruinaré para siempre su vida. Sé quién soy y sé lo que puedo llegar a ser, y las personas que se acercan a susurrarme algo al oído una noche de agosto ni siquiera lo sospechan, y no entran en ello ni de cerca, pero algún día lo olvidaré. Y ese día dejaré de ser yo. Y aunque yo me dé cuenta y lo sufra, alguien llorará mi ausencia…

Una noche de Agosto no es para eso.

¿Qué habrá sido de Sonia y Selena?

¿Habrán muerto hace poco y por eso ponen tanto su canción?







Nota de la Editora: 

Esta historia, como pueden sospechar, está realizada en el marco de la Campaña de Telecinco "12 Meses, 12 Causas" para fomentar la lectura en Agosto. Dada la cantidad casi nula de personas que visitan cabezadeavestruz en este mes, la Dirección Editorial decidió dar vacaciones al becario que trabaja sin desmayo para que esto salga adelante, y lo mandó aislado al Convento dos Capuchos en Sintra, a trabajar en una nueva novela. Se le ha enclaustrado en una pequeña celda sin conexión a internet para que no se distraiga visitando sus páginas favoritas, tubegalore o intereconomía y se dedique en cuerpo, alma, sudor y sangre a la labor.
El ocasional lector o lectora que pase por aquí ya perdonará el descenso de nivel (ya es complicado, coincidirán con nosotras en ello) que quedará mitigado por la falta de criterio de cuantas y cuantos pasan por aquí de cuando en cuando, y por la bruma estival que de tan fresquita que es, pone los pezones en guardia para poca cosa más que olvidarse de cosas como esta.
El relato se iba a titular "Ella es un volcán" en homenaje al grupo que interpretaba la canción en los 80, La Unión, pero la Dirección Editorial de cabezadeavestruz ha caído en la cuenta de que eso de poner en el mismo texto las palabras "homenaje" y "La Unión" no cuadraba mucho... Y no nos referimos al insigne pueblo murciano...


martes, 26 de junio de 2012

Me aterra pensar que Elisabeth Shue pueda estar ahora colgando fotos de gatitos en Instagram



¿Recuerdas el verano aquel? Era como este, pero sólo hacía calor normal, no como dicen de este que bate records ahora. O éramos niños y no nos importaba tanto porque te encantaba provocar que te hiciera aguadillas en la piscina.

No era fresco aquel verano. 



No era fresco, pero para nosotros, que éramos niños y disfrutábamos de la piscina y de la inocencia de los días sin clase, no tenía nada que ver con este que está invadido por el pesimismo existencial del infierno de los termómetros desbocados.

Por aquel entonces, alguien de nuestro entorno la conoció. ¿Se tiene entorno cuando se es niño? Lo cierto es que alguien nos habló de ella. Era la novia de Karate Kid. ¿Qué era Kárate Kid? Nadie sabía como se llamaba, pero ya existía. No sé si para nosotros, que éramos niños que jugaban inocentemente en la piscina, pero existía. Pero en nuestro entorno ¿Hay entorno cuando se es feliz en una piscina haciéndose aguadillas? Había gente mayor que la descubrió. 




Años después, otro verano aún más caluroso, la conocimos un poco más. Era un verano con unas temperaturas peores que las del verano cuando apareció la novia de Karate Kid, pero aun así era mejor que este que vivimos ahora que, según parece, es el peor de la historia. 

Aquel verano ya no nos metíamos tanto juntos en la piscina. 

Empecé a sospechar que no te apetecía igual que antes provocarme para que te hiciera aguadillas. Y tú hablabas de Tom Cruise. Y yo, no sé si por despecho por no provocarme para que te hiciera aguadillas o porque ese verano hacía mas calor que en el que apareció la novia de Karate Kid pero menos que en este infernal que estamos viviendo hoy, desprecié al chico de las bebidas y descubrí a una chica con la que jugaba en el agua, aunque no le provocara que le hiciera aguadillas. No sabía su nombre, aunque sí el de Tom Cruise (y bien que lo supe tiempo después) pero la amé sin saberlo, aunque meses después no la recordara y descubriera que me fijé en ella simplemente por despecho a ese Tom Cruise al cual consideraba culpable de que ya no quisieras provocarme para hacerte aguadillas en la piscina. 

Cuando tú tenías ojos sólo para Tom Cruise, yo la miraba en Cocktail jugando en el agua, y luego la olvidé.

Luego llegó con ganas de Regreso al Futuro cuando yo ya sólo miraba al pasado. 

Cuando mi mente estaba en las temperaturas de aquel verano en el que me provocabas para que te hiciera aguadillas. Y allí estaba ella, en esos veranos que eran mucho peores a aquel primero, aunque mejores que este invadido por el aire subsahariano, y jugaba con Michael J. Fox en la segunda y la tercera parte de una trilogía de un Regreso al Futuro que evocaba a mi pasado provocado por ti, por tu deseo de ser presa de mis aguadillas.


Hasta que pasó lo que siempre pasa: 

Todo empieza en una copa. 
Todo comienza con el alcohol... 






Y dejé por fin de pensar en las aguadillas y me sumergí en mi vida disoluta hasta conocerla guiando al memo de Nicolas Cage en su viaje a la autodestrucción en la mágica e inevitable Las Vegas.

Y ahí te encontré por fin: SERA. La prostituta más bella que conocí jamás. La meretriz más comprensiva que nunca existió. La compañera de caída más comprensiva que pueda aparecer tras unos billetes sin importancia.

Busqué en mis bolsillos algo con lo que traerte a mi lado. Maldije el día en el que supe dónde estaba Las Vegas y lo difícil que podría ser llegar a ti. Desesperé de angustia al saber que nunca podría beber hasta la muerte porque nunca estarías a mi lado.

SERA





Estos días se subasta España para que un tal Sheldon Adelson construya por aquí Eurovegas. Todos ponen el grito en el cielo porque se le pone una alfombra roja a alguien para que traiga juego y vicio a costa de lo que sea, haya que modificar las leyes que haya que cambiar o quitar.

Yo no lo recibiré. No tiene mi apoyo. Sé que no podrá traerme a SERA.

Sabiendo que SERA no existe. 

Como no existe aquel verano que era como este, pero sólo hacía calor normal, no como dicen de este que bate records ahora. 

Como no existe la piscina en la que te encantaba provocar que te hiciera aguadillas en la piscina.

Como no existes tú.

Hubiera preferido que nunca hubiera existido Nicolas Cage, pero no soy yo quién decide las cosas. Ni siquiera cuando hacía aguadillas bajo provocaciones de Elisabeth Shue.

Ahora tengo miedo de que todo esto sea MENTIRA

Que Las Vegas sean un lugar utópico donde nadie ha estado jamás. Que el niño del Kárate regrese al futuro para tomarse unas cockteles con alguien desconocido y que ese no seas tú porque no eres más que un recuerdo tramposo, de algo no vivido.


¿Recuerdas aquel verano? 

Dicen en todos los informativos que este que estamos empezando a vivir es peor que nunca. 

Quizás no existan los informativos o sean MENTIRA

Yo sólo sé que Elisabeth Shue si existió. Al menos en mi cabeza. Como todo esto que te cuento.



Y lo peor de todo, es que estoy aterrado porque pienso que Elisabeth Shue puede estar ahora colgando fotos de gatitos en Instagram...




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