jueves, 26 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 5): El poeta que no llevo dentro y Carmina Ordóñez (La Divina)



Esto que te cuento sucedió en un tiempo, tan lejano, que casi no me acuerdo.



Había escrito un poema sobre la adicción a las drogas y caída a los infiernos, televisada hasta su muerte, de Carmina Ordóñez. Aquel poema había gustado mucho y hasta fue seleccionado como uno de los finalistas del concurso de un pueblo, de cuyo nombre no puedo (o quiero) acordarme, donde valoraron mi "desgarradora visión de la luz que se apaga en la naturaleza del sur de España”. 



Eso hizo volver a plantearme, aquella vez con tremenda razón, que o bien no sabía ni iba a saber escribir poesía nunca, o bien que estaba como un puñetero cencerro y todavía el mundo ni siquiera se había dado cuenta. Con el paso del tiempo, ya consciente de que la primera posibilidad la había ido constatado tras años de intentos y de fracasos, aposté a que la segunda opción empezaba a ir brotando al mundo, altanera y resentida, por haber estado más o menos oculta tanto tiempo. 



Entonces me acordé de que tú querías que te escribiera un poema. Y que me creías capaz de hacerlo. Pero, como sigue pasando el tiempo, y cada vez me lo dices menos, me estoy empezando a olvidar. Así es que no sé si puedo decirte que seremos felices, si comeremos perdices, de postre bizcocho y a mí me van a dar con un tomate pocho.





miércoles, 25 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 4): Aquella almohada





Nunca sabrás lo que es la melancolía si no duermes con ella. 
Yo dormí con ella una vez. 
En aquel hotel. 
Eran tiempos maravillosos. 
Desde entonces no hago más que gastarme todo mi sueldo comprando almohadas. 
No consigo encontrar ninguna como la compartimos aquella noche. 
Ya no duermo. 
Todas me molestan. 
Me acuesto porque hay noches que no encuentro motivo para no hacerlo. 
Pero me sienta muy mal. 
A veces me dejan el cuello hecho polvo y, en otras ocasiones, me impiden echar un buen polvo porque la posición de mi cabeza me distrae de la persona que tengo encima. 
No. 
Nunca sabréis lo que es pasar la vida en una permanente búsqueda porque ya no puedo vivir sin volver a encontrar la almohada de aquel hotel donde nos amamos aquella vez. 
Tendremos que probar. 
A amarnos. 
Sin melancolía. 
Esa puta que nos separa. 
No te la pienso presentar.
Nos debemos una noche.
Sin ella...




martes, 24 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 3): El café frío no mata pero sienta regular (por las mañanas)


¿Quién se ha muerto hoy? Despertó y al no encontrar notificaciones de WhatsApp, ni del mail, ni de Facebook ni Twitter, olvidó que el día estaba en marcha. Pero se puso en marcha. Apretó su botón de encendido y sin un plan establecido -como hacía algún tiempo desde que su vida dejó de tener rumbo porque se encontró solo y sin metas que perseguir- empezó a buscar las inexistentes rutinas de su día a día. Cuando mojó la tostada en el café y descubrió que no lo había calentado lo suficiente -llevaba un tiempo que no era capaz de encontrar el punto exacto al microondas a pesar de tenerlo hace más de diez años y llevar bebiendo café desde que tiene uso de razón- pensó que el día había nacido muerto. ¿Podemos matar a los días a voluntad? ¿O son ellos los que nos matan? ¿Se puede reanimar un día que agoniza? Nada, en teoría el día estaba naciendo... ¿Muerto? ¿Recordaría cómo se hace la Maniobra de Heimlich? ¿Habría muerto alguien ya? Seguro. Todo el tiempo muere gente. De la mayoría no nos enteramos. De otros nos enteramos cuando ya es tarde. Hay muertes que nos joden y nos matan por un rato. Por días, por meses. Ser el muerto en el entierro es una manera de joder a la gente aunque tú estés más jodido que nadie porque estás muerto. O no estás tan jodido porque no te enteras. Todos deberíamos morir de cuando en cuando. Para recibir los cariños que sólo recibe un muerto. O para resucitar. Resucitar es mejor que nacer. Cuando naces no sabes nada. Ni nadie sabe nada de ti. Si resucitas puedes retomar la vida donde la dejaste. Enmendar errores. Acercarte a la gente que has visto que te quiere de verdad cuando habías muerto. Matar a alguien. O enterarte de quién ha muerto hoy. 



Hay quien no celebra sus cumpleaños, que sería lo opuesto a la muerte. O que celebra su cumpleaños rememorando el día que se salvó de una muerte muy cercana. El día de cumpleaños como día en el que volvió a nacer. Pero con más consciencia. Sólo somos conscientes de lo importante que es nacer cuando lo hacemos ya de mayores. Cuando nos salvamos de una muerte, o de un palo muy gordo, y pensamos que hemos vuelto a nacer. Eso sí es un cumpleaños que merece la pena. No celebrar cómo salimos del vientre de nuestra madre sin hacer el menor esfuerzo y sin ser conscientes de ello. Quiero matarte para poder llorarte con razón. No estoy tan seguro de querer celebrar tus cumpleaños posteriores, pero te los regalo. Para que seas feliz con los que te hayan llorado en tu entierro. Yo voy a ir, si me dejan. Pero no voy a llorar. Creo. Y no creo que, a quien haya muerto hoy, le importe que el café esté tan frío...


B.S.O.: "Dama, dama" (Cecilia).



lunes, 23 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 2): Los discos que no escuchamos


Tenía mucho tiempo libre. Y no podía salir a la calle. Aquello le había cogido de sorpresa. Para colmo, aquella casa, que era muy pequeña para dos, se le hacía inmensa para uno solo. Era el primer día que se echaba un whisky en casa. El primer día en soledad que lo hacía. No es buena idea, se dijo. Pero lo hizo. Y se puso a pasear por la casa como un marqués por su palacio, con la copa de whisky en la mano. Tampoco sabía muy bien dónde ir. Sólo andaba de aquí para allá. Sin más. Sin beber. Con el whisky en la mano. De tanto pasear por su casa, aburrido, no hacía más que encontrar cosas que no recordaba que estaban allí. Los restos del naufragio, pensó. Las separaciones abruptas tienen esas cosas. Pierdes y ganas. Lo que pierdes lo tienes en mente constantemente. Lo que ganas no lo valoras. 




Miró en su discoteca y echó en falta muchos discos que estaba convencido que tenía. Casualmente, en ese preciso instante, era lo que más le apetecía escuchar. Por el contrario, vio muchos que no sabía que estaban allí. Ni que hubieran estado nunca. Esos que no escucharía por miedo a estropear el reproductor. Sacó un CD de un tal Manuel Carrasco. No recordaba nada que le llevara a ese nombre. Quizás un futbolista de cuando era pequeño, pero estaba convencido de que no se llamaba Manuel. Lo cogió como quién agarra una pegatina después de quitar la parte que deja al aire lo que pega antes de ponerla. Y entonces recordó. Recordó que no todo fue por aquella frase pero que aquella frase fue la gota que colmó el vaso. Nadie se separa por una frase, pero aquella frase marcó el final. Se vio a si mismo diciendo “ si pones un CD de Manuel Carrasco al revés, te queda un posavasos cojonudo”. Se sentó en la sala y encendió la televisión. Estaban echando una gala de Operación Triunfo. O algo así. Antes de cambiar de canal, posó el CD de Manuel Carrasco en la mesa, sin preocuparse por qué lado lo posaba, y puso encima el vaso de whisky. Cambió de canal y volvió a olvidarse de los discos que faltaban en su discoteca tras su separación.



domingo, 22 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena: Dusty Springfield no está haciendo un directo desde la otra habitación


Te despiertas por la mañana y no la sientes cerca. 
Oyes de lejos algo de música. 
Está encerrada en su habitación. 
Parece que está haciendo un directo. 

¿Cómo se ha puesto tan de moda esto de hacer directos por Internet? ¿La gente no puede escuchar la música cuando quiera? ¿No pueden buscar directos de sus artistas preferidos ya hechos hace tiempo? ¿Tanto interés tiene ver a alguien, en su habitación, haciendo las canciones de siempre con menos medios y dedicación? 

Suena Dusty Springfield. 
Crees que Dusty Springfield está haciendo un directo desde tu casa para todos sus fans en Instagram. 
Te das cuenta de que no sabes qué tipo de música hace Dusty Springfield. 
Pero está sonando. 
¿Desde cuando vives con Dusty Springfield?
 No sabes si te gusta, pero su nombre mola mucho. 
Dusty Springfield. 



Viene a ser como Jeanne Tripplehorn. 
Es un nombre que mola. 
La Tripplerhorn es actriz, pero tampoco recuerdas qué películas ha hecho. 
Pero el nombre mola mucho. 
Jeanne Tripplerhorn no vive en tu casa. 
Eso seguro. 
De hecho, sabes que Dusty Springfield, sea quien sea, no está haciendo un directo por Instagram desde la otra habitación. 
No sabes quién es, pero empiezas a estar convencido de que no está en tu casa. 

Deberías levantarte de la cama. 
No vives con nadie. 
No puedes sentirla cerca. 
No te preocupes. 
Algún día descubrirás quién es Dusty Springfield. 

Ahora tienes todo el tiempo del mundo para hacerlo. 
Si quieres...


B.S.O.: Son of preacher man (Dusty Springfield).

martes, 14 de enero de 2020

Microrrelatos sin pudor (Volumen 49): Reír sin follar





Creí que aquella chica que me sacó del bar, para llevarme a su casa, me iba follar salvajemente. Tenía el sexo a flor de piel, era sensual y libidinosa. Me atrapó con todo tipo de insinuaciones directas que sugerían una noche de sexo y desenfreno como pocas. Me dijo que me deseaba con todo su cuerpo y mente. Y acabamos haciendo una guerra de almohadas en el salón de su casa, vestidos con pijamas en tonos pastel. Me mostró su verdadero yo. Fue la cosa más bella que me había pasado en años.



miércoles, 6 de noviembre de 2019

Microrrelatos sin pudor (Volumen 48): Animal salvaje



Ya no recuerdo
Cómo era Antes
De conocernos
Y que me convirtieras
En un Animal
Salvaje


(CONTINUARÁ).



martes, 29 de octubre de 2019

Las 10 más vistas del año antes del 10.


Cumplimos 10 años.
Hoy es nochebuena.
Mañana navidad, y empieza el año 60 D.D. (después de Diego).
Como este último año no hemos escrito mucho por aquí nos tenemos que remitir a rescatar las 10 entradas más vistas antes de comenzar el año 10. No serán las mejores, pero seguramente tampoco las peores. Son las más vistas. A saber por qué.
Quizás no lleguemos a publicar más. A lo mejor fue bonito mientras duró. En cualquier caso, ha durado más de lo que nunca llegamos a imaginar.

10: "El Iter Sopena (Diccionario Ilustrado de la Lengua Española)".


9: "Besos furtivos".


8: "24 de julio: Santa Christina".



7: "26 de julio: Santa Ana".


6: "Me aterra pensar que Elisabeth Shue pueda estar ahoracolgando fotos de gatitos en Instagram".


5: "No quiero una media naranja, quiero un melón entero".


4: "Microrrelatos sin Pudor (Volumen 10): El póster de WendyJames".


3: "Buscad la belleza, es la única protesta que merece la penaen este asqueroso mundo".


2: "Los 27: Elegía por Amy Winehouse y absentas varias".



1: "Obsesiones y Parafilias (Volumen 9): La chica que soñaba conser el dedo pulgar de la mano derecha de Robert De Niro introduciéndose en laboca de Juliette Lewis en una escena de El Cabo del Miedo".




Pero, aunque hay que querer a todos los hijos y las hijas por igual (o eso se dice sin darle la importancia que tiene que se diga que "hay que querer"), siempre se tienen favoritos. Y como los mundos, hay otros, pero están en este...

Gracias por estar por ahí.



jueves, 20 de junio de 2019

Besos que explotan





Los besos más maravillosos que he vivido nunca son aquellos inesperados, los que empiezan con unas risas, con un acercamiento torpe, con unos toquecillos de cabeza a la manera de los ciervos, acercando mejillas y chocando la frente ligeramente hasta que los labios se rozan y de repente se dispara la pasión. Como el que acerca con miedo la llama de una cerilla a la mecha de un fuego artificial, con cuidado de no quemarse con ella, torpemente para no prender en un sitio inadecuado y que no le dé tiempo a huir porque le explota en la mano. 

Sí, definitivamente mis mejores besos han sido los que me han explotado en las manos...



lunes, 10 de junio de 2019

La Hepburn y los lunes





Los lunes me da por pensar.
O, al menos, me lo debo y lo intento.
Hoy es lunes y he pensado que Katharine Hepburn podía ser siempre lo que quería. Incluso ser más hombre que todos juntos. Más hombre que cualquier hombre que la pretendiera. Hoy lunes Katharine Hepburn hubiera sido más que tú y que yo juntos. Aunque tú y yo no seamos nada.
Es lunes.
Los lunes tú y yo no somos nada.
No como Katharine Hepburn, que era más hombre que todos juntos.
Incluso los lunes.
Cuando intento, porque me lo debo, pensar.
Los lunes me da por pensar.









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