jueves, 20 de junio de 2019

Besos que explotan





Los besos más maravillosos que he vivido nunca son aquellos inesperados, los que empiezan con unas risas, con un acercamiento torpe, con unos toquecillos de cabeza a la manera de los ciervos, acercando mejillas y chocando la frente ligeramente hasta que los labios se rozan y de repente se dispara la pasión. Como el que acerca con miedo la llama de una cerilla a la mecha de un fuego artificial, con cuidado de no quemarse con ella, torpemente para no prender en un sitio inadecuado y que no le dé tiempo a huir porque le explota en la mano. 

Sí, definitivamente mis mejores besos han sido los que me han explotado en las manos...



lunes, 10 de junio de 2019

La Hepburn y los lunes





Los lunes me da por pensar.
O, al menos, me lo debo y lo intento.
Hoy es lunes y he pensado que Katharine Hepburn podía ser siempre lo que quería. Incluso ser más hombre que todos juntos. Más hombre que cualquier hombre que la pretendiera. Hoy lunes Katharine Hepburn hubiera sido más que tú y que yo juntos. Aunque tú y yo no seamos nada.
Es lunes.
Los lunes tú y yo no somos nada.
No como Katharine Hepburn, que era más hombre que todos juntos.
Incluso los lunes.
Cuando intento, porque me lo debo, pensar.
Los lunes me da por pensar.









jueves, 16 de mayo de 2019

Orgasmos furtivos






Me he dado cuenta de que últimamente he usado la expresión “orgasmos furtivos” por encima de mis posibilidades. Creo que paso mucho tiempo escribiendo. Me doy cuenta. A la menor oportunidad me encuentro lo de “orgasmos furtivos” entre las palabras que escribo. Es curioso, pero cuanto más escribo, menos posibilidades tengo de encontrar “orgasmos furtivos”. Pero lo escribo una y otra vez. Si no escribiera me costaría muchísimo encontrar con quién tener orgasmos. Furtivos o no. Pero escribir tanto, y repetir lo de “orgasmos furtivos”, me está alejando de tenerlos. Tendría que vigilar más lo que escribo y los orgasmos que no busco por estar escribiendo. Tendría que preocuparme más de mis orgasmos (furtivos o no) y menos de lo que escribo. Porque llegará un momento que, de tanto escribir y no tener orgasmos furtivos, dejaré de poder tenerlos (furtivos o no). Me he dado cuenta de que últimamente he usado la expresión “orgasmos furtivos” por encima de mis posibilidades. Y tampoco escribo tanto como quisiera...




sábado, 30 de marzo de 2019

Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche...




Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche.

Cambian la hora. Cambiamos la hora. Dicen que nos quitan una. En las noticias avisan de que tenemos una hora menos para dormir. Mis amigos, en cambio, piensan que tenemos una hora menos para emborracharnos. Las redes sociales se inundan de gente que lamenta que esta noche van a perder una hora.

Yo no.

Creo que no voy a perder una hora porque no la he tenido nunca. Porque esa hora que desaparece, en realidad, no existe.

Yo no voy a perder una hora.

Sé que me gusta pensar que gané una hora en el cambio anterior. El bueno. El que la gente valora porque ganas una hora. Cuando dicen en los informativos que tenemos una hora más para dormir. En el que mis amigos dicen que nos vamos a emborrachar al nivel de una hora más. En octubre se inundaron las redes sociales de gente que celebraba que esa noche iban a ganar una hora.

Yo no gané nada.

Esta noche me gustaría recordar, si no quitaran la hora que desaparece, que aquella noche de octubre aprovechamos la hora que no existía para estar juntos sin que nadie se enterara.

Ni siquiera nosotras. Que no existimos ni nos conocemos.

Como esta noche.

Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche...








viernes, 15 de marzo de 2019

A veces te intento acariciar




A veces te intento acariciar.
A veces me pides que me acerque y entonces creo que debería acariciarte.
A veces te intento acariciar pero no puedo.

A veces te intento acariciar con palabras.
A veces me pides que me acerque y entonces creo que debería acariciarte con palabras.
A veces te intento acariciar con palabras pero no puedo.

En ocasiones siento que no puedo hacer lo que los dos queremos que haga.

A veces te intento acariciar pero no puedo porque no sé.
Ni con palabras...




miércoles, 13 de febrero de 2019

Elogio infame a la nostalgia.





Hay razones por las que antes todo era mejor.



Los amigos eran más amigos y sus problemas eran tonterías intrascendentes.
Los tomates sabían a tomates.
Y yo no sabía de tu existencia.



Hay más razones por las que antes todo era mejor, pero ahora sólo me acuerdo de estas.



martes, 5 de febrero de 2019

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 48): Tener dinero para amarnos.





Quiero volver a tener dinero.
Para comprar dos libros iguales.
Leerlos por separado y luego hablar de ello juntos.
Y si podemos, amarnos.
Dependiendo del libro.
Y de nosotras, claro.
Pero, sobre todo, del dinero.



lunes, 31 de diciembre de 2018

Se va a acabar el año y no me has besado...



Se va a acabar el año y no me has besado.

No estoy seguro de que tú lo tengas tan presente como yo pero para mí es una realidad ineludible. Me podría poner a hacer las típicas listas con lo mejor y lo peor del año que se va, con los buenos propósitos o las metas para el año que viene pero he decidido quedarme sólo con esto: se va a acabar el año y no me has besado.

No estoy seguro de que tú lo tengas tan presente como yo pero me gustaría pensar que estás leyendo esto y piensas que debería decir que se va a acabar el año y no nos hemos besado.

No es lo mismo. Quiero que nos besemos. 
Pero se va a acabar el año y no me has besado. No me atrevo. Necesito que nos besemos. Aún estamos a tiempo.

Para dejar de pensar que se va a acabar el año y no me has besado...



(Y si no lo has hecho, nos lo apuntamos como propósito de año nuevo. No se me ocurre ninguno mejor. Te espero...).



viernes, 30 de noviembre de 2018

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 47): Escribir(te) una canción.


Es viernes.
Pero podría ser cualquier otro día.
No tengo nada qué hacer.
Sólo pensar en ti.
(Sí, sigo poniendo tilde en “sólo” para diferenciarlo de “solo” aunque la R.A.E. haya dicho que no debe hacerse ya. Soy un talibán de diferenciar el concepto “solamente” del concepto “estar solo”).

Tengo mucho tiempo libre.
Pero podría ser cualquier otro día.
Eso me hace pensar más en ti.
(Voy a escribir letras de canciones hasta hartarme para que odies todo lo que nos pasó).





Pero si no se entera nadie, ¿para qué me sirve?
Repito. 
Por los altavoces:
(Voy a escribir letras de canciones hasta hartarme para que odies todo lo que nos pasó).



Ya casi ni me acuerdo de ti porque pienso en otra.
Pero esa ya es otra historia...
(Voy a escribir letras de canciones hasta que otra quiera que nos pase algo).






martes, 6 de noviembre de 2018

Siempre deseé que me leyeran en una lavandería


Siempre deseé que me leyeran en una lavandería. No sé muy bien por qué pero es así. Creo que nunca se lo he dicho a nadie. Es más, no recuerdo nunca haber hablado con nadie de lavanderías más allá de indicarle la dirección de la que frecuentaba cuando vivía en Escocia a alguien que me la preguntara o para saludar diciendo de dónde venía o iba cuando la usaba. También iba a lavanderías en México pero eran de otro tipo.




Siempre deseé que me leyeran en una lavandería. Pero es algo que no había deseado con todas mis fuerzas y quizás por ello no sabía cuánto lo deseaba. También deseé ser Ray Loriga, que Maribel Verdú me invitara a una caña, despreciar públicamente a los despreciables, pegarle una colleja a Ana Rosa Quintana, tocar a la guitarra “Like a Rolling Stone” con los Rolling Stones en un concierto en el que estuvieras tú entre el público, escribir “No tan Buenos Aires” de Calamaro, vivir en Buenos Aires, perseguirte por Central Park una mañana de otoño, y tampoco lo voy diciendo ni deseando con todas mis fuerzas. Por eso no sabía que lo deseaba tanto como que me leyeran en una lavandería.

Siempre deseé que me leyeran en una lavandería. Pero vivo en una ciudad en la que casi no hay lavanderías. La lavadora de mi madre es de las más difíciles que he aprendido nunca a manejar y eso que he tenido unas cuantas. Tener lavadoras te hace olvidar cuánto deseas que te lean en una lavandería pero lo importante es si la tienen o no los demás y si estamos acostumbrados a ir o no a las lavanderías. Aunque no sea a leer.

Siempre deseé que me leyeran en una lavandería. No me había vuelto a acordar hasta que me han mandado la foto. También deseé siempre tener un ojo de cada color o que los que tengo no lo pasaran mal mirando a los ojos de otra persona; deseo encontrar la respuesta al “¿para qué estamos aquí?” que nos hacemos desde que nacemos, en un rasca y gana; deseo poder entrar en cualquier hotel de Las Vegas por la cocina sin pedir permiso a nadie y que me saluden al llegar, o tener un globo y poderlo inflar cuando todo esto pase para que subamos y veamos todo desde allí arriba juntos, que es como deben verse las cosas, pero tampoco me había vuelto a acordar hasta ahora.

Siempre deseé que me leyeran en una lavandería. También deseé invitar a alguien a mirar la lavadora conmigo como hacían en “Tu vida en 65’”, estar convencido de que voy a morir con los deberes hechos, tener mil pares de gafas para desechar las que se me van rayando tras ponérmelas cuatro veces, encontrarle sentido a hacer los deberes, saber francés para seducirte de una manera tremendamente romántica, saber seducir intencionadamente, dejar de usar tanto adverbio terminado en –mente, escribir a dos manos un capítulo de una serie David Simon con él, decirte que más te pierdes tú y que sea verdad, o morir a los 54 riéndome de la maldición de los 27, pero no lo tengo de manera constante en la mente y eso me ayuda a vivir.



Siempre deseé que me leyeran en una lavandería. Pero, sobre todo, y eso lo tengo muy presente, siempre he deseado dar a la gente que me da, algo, al menos, del mismo nivel; deseo que nos acostemos juntos y disfrutes de un trío conmigo y con la persona que crees que soy, que sin duda es mejor; deseo con todas mis fuerzas no dejar que se me escape la gente que no quiere escaparse y que se acaba escapando porque no soy capaz de mostrarle que no quiero que se escape y que, aunque lo parezca, yo no tengo intención de escaparme; deseo hasta el punto de no recordar más deseos, que sigas teniendo capacidad de soñar por muchas pesadillas que te provoque.

Siempre deseé que me leyeran en una lavandería. Como deseo aprender de una puñetera vez a utilizar bien el punto y coma porque deseo usarlo a menudo y no lo sabía hasta ahora mismo.

Pero, sobre todo, siempre he deseado escribir algo como esto porque hasta que no me han dicho que me han leído en una lavandería no me he acordado que siempre deseé que me leyeran en una lavandería.

¡GRACIAS!




B.S.O. I: "Like A Rolling Stone" (The Rolling Stones).
B.S.O. II: "No tan Buenos Aires" (Andrés Calamaro).
B.S.O. III: Tu vida en 65', "La misión" (Miss Cafeína)


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