lunes, 25 de abril de 2011

25 de Abril: SEMPRE



Se acostó, y como todos los días, encendió la radio para dormir. Las diatribas insustanciales sobre los ases del balompié inundaron su cabeza y se fue adormilando…

Dejó de oír la radio y, sin saber bien si soñaba o despertaba de un sueño, creyó verlo claro nuevamente. Y le volvió a dar miedo:

Hace tiempo que la gente no sale a la calle.
Hace tiempo que no recordamos nada más allá de lo inmediato.
Hace tiempo que siento que no me queda tiempo.
Hace tiempo que el tiempo no existe.
Hace tiempo que me di cuenta que el tiempo no existe.
Hace tiempo que te intenté explicar que el tiempo no existe.
Hace tiempo que no sonreímos como cuando éramos niños.
Hace tiempo que el mundo ya no es lo que era.
Hace tiempo que ya no somos lo que éramos.
Hace tiempo que ya no somos lo que soñamos ser.
Hace tiempo que no soñamos…



Hace tiempo que supe que no soy alérgico a las flores.
Hace tiempo que alguien le dijo a mi madre, en el momento que llegué al mundo: “Acaba de tener usted un portugués”.
Hace tiempo que pongo la radio esperando una señal.

Como aquella noche.

Como aquel 25 de abril de 1974, cuando pasan venticinco minutos de las doce la noche, cuando Rádio Renascença transmite Grândola Vila Morena.


Subió el volumen y volvió a tener esperanza.

(Menos mal que nos queda Portugal...)


viernes, 22 de abril de 2011

Tirando de archivo: Besos Furtivos





La siguiente entrada fue publicada en cabezadeavestruz el 9 de Abril de 2010. Por la proximidad del Sábado de Gloria, lo oportuno de las fechas y alguna sugerencia recibida al respecto, nos congratulamos con la idea de volver a publicarlo y que alguien lo descubra por primera vez.Y por supuesto, lo hacemos...
Gracias por la atención y enhorabuena a los premiados



Siempre había tenido muchas ideas en la cabeza. A veces le dolía por no poder soportar tantas y tantas locuras (las llamarían algunos), ensoñaciones (dirían otros), divagaciones (pensaría ella) o estupideces (asegurarían sus mayores). Le dolía no poder dar rienda suelta a todo lo que su cerebro llega a tener en su interior. Le aterra pensar que habrá muchas más cosas dentro de su cabeza el día que se muera, que las que podrían salir de ella aunque viva catorce millones de vidas más sin actividad cerebral, dedicada exclusivamente a dar rienda suelta a sus ideas
Algunas son recurrentes: Son las mil veces repetidas. Son las que producen obsesión. Son las que cíclicamente se repiten una y otra vez y que nunca son satisfechas por más que las deje vía libre. Sueños, obsesiones, instintos…

Toda ella es especial. Le gusta la idea de besar a desconocidos sin que tengan tiempo de reacción e huir. Es una actividad excitante, furtiva, aunque también peligrosa. Las mejores ocasiones siempre aparecen a la salida o entrada de los bares atestados de gente. Una mirada esquiva aunque penetrante en la distancia. Un acercamiento que finge ser casual cuando las trayectorias de las personas se cruzan en sus respectivos intentos de salir y de entrar en el garito. Un acercamiento intencionado y un beso apasionado, para instantes después, desaparecer entre las masas. Las reacciones y consecuencias de la acción son muchas y las que la conocemos podríamos contar miles de anécdotas –algunas terribles, otras excitantes y maravillosas- surgidas de esa extraña costumbre. Su actual pareja es fruto de un beso a persona desconocida. Su anterior pareja dejó de serlo porque se enteró de que había practicado a menudo el beso a desconocidos. Su vida amorosa, puede decirse que gira en torno a su extraña tendencia de besar a personas desconocidas. Algunos le llaman sexo, ella y yo lo llamamos amor. Una de las formas de amor más puras y dignas que puede haber. Sin ambages ni condicionantes. Partiendo de la fascinación por alguien. Alguien no conocido, alguien al que acaba de ver en la lejanía y con el que quiere hacerse uno, aunque sólo sea el instante eterno de un beso apasionado.
Hay quien ve esto como una soberana gilipollez. Otras lo vemos como una bella manera de caminar por la vida. En esta sociedad se da demasiada importancia, pero para mal, a los besos. Se protegen y se hacen exclusivos. Se monopolizan. Se convierten en valla de propiedad. Se les cortan las alas. Ella simplemente es una liberadora de cariños y fascinaciones. Adora besar a desconocidos. Fugazmente. Apasionadamente. Con los cinco sentidos. Y esto es más de lo que se puede decir del noventa por ciento de los besos que se dan cada día en el mundo. Un beso suyo a una persona desconocida tiene más de verdad que la mayoría de los besos que los demás, timoratos cobardes, daremos durante toda la vida, por muy enamorados o apasionados que estemos en el momento de hacerlo. Un sorpresivo beso suyo conlleva más pasión y verdad que ninguno de los que yo llegaré a dar en mi vida. Sólo uno de sus besos a cualquiera transmite más amor que el que la mayoría de nosotras vayamos a compartir en nuestras insípidas y correctas vidas de besos medidos, calculados y casi programados.

Para ella son cinco segundos. Su beso hace que la vida sea eterna en cinco segundos. Y no necesita los cinco minutos que cantaba Víctor Jara, le basta con cinco segundos. Cinco segundos de ternura, de amor sincero, de pasión, de plenitud…
Adoraba las multitudes: En ellas se hacía más fácil encontrar personas a quienes besar. Aunque no las buscaba conscientemente. Los conciertos, las manifestaciones, los bares de moda… Todos esos sitios dónde se congrega mucha gente. Allí se movía como pez en el agua, eran sus “San Valentines” particulares.

A pesar de ser una chica terriblemente desordenada y disoluta, le llamaban poderosamente la atención, le encantaban, casi todas las manifestaciones y formas sagradas. ¿Qué hay más sagrado que el amor? Lo místico, lo sacro, lo ritual. Esperaba ansiosamente la llegada de la Semana Santa a su ciudad para extasiarse de manera disimuladamente profana con el deambular de los pasos por su ciudad, los olores a incienso, a claveles y a cera, los resplandores en las penumbras, los silencios, las solemnidades…
Sus amigas nunca entendieron dónde venía ese interés por tan arcaica tradición. No comprendían cómo a una chica como ella, con tantas diatribas mentales profundamente alejadas de lo ritual, de lo religioso, podía tener el más mínimo interés en una celebración tan rancia y arcaica como son los días en los que se conmemora, folklórica e hipócritamente, la pasión de Cristo.
La Semana Santa está masificada. Las procesiones son un hervidero de gente que ve pasear a dos filas de nazarenos que preceden a un paso que engrandece una figura religiosa. La oscuridad, lo solemne… Los olores, las músicas, los silencios… En esas celebraciones todo es más difícil: La gente observa, las masas juzgan, las personas miran con desdén a todo el que se salga del ritual. Por el centro de la celebración llevan túnicas y capirotes y nunca estás seguro de que cuando levantes la tela que le cubre la cara vayas a encontrarte la belleza que requiere un beso, por muy furtivo que sea.

Pero ella era diferente. Ella tenía mucho amor que dar ¿No es eso lo que predicaba Cristo? Ella quiso besar a quien merecía ser besado, como tantas otras veces. Pero esta Semana Santa no se jugaba una discusión con una pareja celosa, un bofetón a destiempo, o un enamoramiento indebido… Esta Semana Santa, en esa procesión no parecía una buena idea, pero como siempre dijo ella: ¿Quién marca qué está bien y qué no está bien?...

En los periódicos la trataron de loca, de provocadora, de obsesa, de desequilibrada… Tantos y tantos injustos adjetivos que a los que la conocemos nos parecieron excesivos cuanto menos, por no decir fuera de lugar e injustos. Más aún si analizamos la escasa descripción que se hacía en esa misma noticia de la cantidad de cofrades, de estandartes, de cirios, de cruces… Que golpearon su cuerpo sin piedad hasta que la policía la consiguió sacar de allí.

Paradójicamente recuerdo cómo ella decía que no había nada más peligroso que una persona “piadosa” y “beata” fuera de sí. Su educación en colegios del Opus le hacía hablar con cierto conocimiento de causa.


Hoy voy a verla al Hospital. Sigue sin tener buena pinta. Los médicos no dan mucha esperanza de recuperación. Seguramente no vuelva a andar en una buena temporada y va a tener que depender de alguien muchísimo tiempo para hacer las cosas más elementales. A pesar de todo, ella sigue sonriendo bajo los aparatos que le sujetan la mandíbula y las heridas que afean un poco (sólo un poco) su bello rostro. Ella sigue soñando. Ella sigue amando. Ella sigue viviendo:

- Tenemos que ir al cine en cuanto salga de aquí
- Lo que tú quieras. ¿Qué quieres ver?
- Alicia, la de Tim Burton
- Por supuesto, cuenta conmigo. Además, Johnnhy Depp en 3D debe estar…
- Lo que daría por poder besarlo… Si me lo cruzara un día de estos…
- ¿No puedes parar? ¿Cómo puedes estar pensando en eso ahora?
- No puedo. ¿Hay algo más importante con lo que soñar? ¿Hay algo más por lo que merezca la pena vivir?

No encuentro respuesta. Probablemente lleva razón.

Sólo hay algo que me gustaría que fuera diferente: Me gustaría ser Johnny Depp. Me gustaría ser desconocida para ella. ¡Cuántas veces he fantaseado con ser esa persona desconocida a la que miraba en el medio de una multitud y a la que acaba besando! ¡Cuántas veces he soñado con no conocerla para que ella me pudiera elegir a mí!

A veces me planteo que quizás debería darle un beso.
Pero no me atrevo.
Yo no soy como ella.
Yo soy normal.

Aunque no hay día que no me maldiga por serlo…



martes, 19 de abril de 2011

El Tomate: Ese gran desconocido


Hubo un tiempo en el que me dio por ir todas las tardes a tomar algo a aquel extraño local. No sé porqué pero me aficioné a ese rollito tan de moda de la vida sana y, además de otras estúpidas y cansinas acciones en pos de mejorar mi salud y mi estado físico, cogí la rutina de convertir aquel bar de cócteles naturales en uno de mis sitios de referencia y de visita obligada y casi diaria. Yo, que he frecuentado con verdadera devoción los peores antros de mi entorno y de varios kilómetros a la redonda, llevaba tiempo probando todas las combinaciones frutales que se ofertaban en aquel nuevo sitio de referencia.
Reconozco que lo empecé a frecuentar por pura moda y esnobismo, pero la mirada de aquella chica me atrapó y me dejé llevar. Empecé a tomarme como una obligación no faltar a mis tardes de frutas y verduras licuadas sólo por verla a ella.
Me miraba y yo la miraba. 
Primero con recelo, después más abiertamente. 
Me miraba y me sonreía. 
Toda mi vida he estado buscando la respuesta al interrogante del cruce de miradas. Yo sé porqué miro, pero nunca sospecho porqué me miran. El juego de miradas para ligar es esencial, pero nunca lo he controlado. Pero esa mirada, acompañada de esa sonrisa luminosa, no podía engañarme. Me miraba y la miraba, nos mirábamos. Aguantábamos la mirada de aquella manera que no dejaba lugar a dudas.
Mi nueva condición de chico sano aficionado a los combinados de frutas y verduras hacía más difícil que nunca el acercarme a ella. Si borracho siempre fui un pusilánime, en un ambiente saludable y energético era poco más que una acelga impasible.
Cuestión de tiempo, pensaba para mis adentros. Para mis cada vez más saludables adentros.
Y, sorprendentemente, llegó el día.
Ella se acercó a mí. Me dijo que llevaba mucho tiempo observándome y que quería invitarme a su cóctel favorito. 
Yo también llevo mucho tiempo observándote, dije como si no fuera evidente. ¿Qué lleva este cóctel? Pregunté sin el menor interés. De todo, dijo ella, con asombroso gran entusiasmo. Tómatelo y te hará bien, y luego te dejo que me invites tú a lo que quieras. Faltaría más, accedí como no podía ser de otra manera.
Así pasamos varios días. Así pasábamos las tardes en aquella maravillosa primavera. Evita los espárragos, el ajo, la cebolla, los lácteos, el brócoli, la coliflor, las coles de Bruselas… Me decía como si fuera una farmacéutica de barrio con mucha experiencia. Y por supuesto, evita los alimentos grasos, el pollo, las especias, el café, el chocolate… No fumas, ¿Verdad? Aquello empezaba a ser demasiado extraño. ¿Se trataría de una especie de sacerdotisa de una secta que quería captarme? Si así fuera lo habría conseguido de sobra, pues me esmeré en seguir sus consejos cual discípulo obediente, aunque fumaba y tomaba café a escondidas y nunca se lo confesé.

A partir de hoy, tienes que esforzarte en comer más piña, ciruelas, mango, nectarinas, perejil, menta, hierbabuena, te verde… Sí, mi ama, pensaba para mis adentros.
Mis adentros. 
Es lo que a ella interesaba. 
Mis adentros.
¿Por qué me dices todas estas cosas? ¿Qué quieres conseguir con todo esto? Le dije una vez que me armé de valor y que mi dieta y mi vida giraban torpe y totalmente en torno a ella… Y sobre todo, ¿Cuándo follamos? (Esto último no lo dije, pero evidentemente, ni todas aquellas frutas, verduras y recomendaciones alimenticias me lo habían quitado de la cabeza).
Llegado el momento lo sabrás.
¿Y cuándo será eso?
Pronto, ya estás casi preparado, aunque eso nunca se sabe. A partir de hoy, deberías darte al tomate todo lo que puedas, la primera impresión es muy importante. Bebe zumo de tomate o cómelo a diario. Todo lo que te parezca y puedas…
Pero… (El “cuándo follamos” no hacía más que retumbar en mi cabeza) Todo esto, ¿Para qué? ¿Por qué tomate?
 
El tomate aumenta la cantidad y hace que el semen sea más líquido. Ahí no supe que decir. Y ya te he contado demasiado. ¿Te fías de mí? Por supuesto… 
Había dicho la palabra semen y me había sonreído como nunca, nada malo podría pasar ya, aunque mis visitas al baño eran cada vez más frecuentes y extrañas desde que empecé a hacer caso de sus recomendaciones. Pues tranquilo, que en poco sabrás a cuento de qué viene todo esto. Y créeme, no te arrepentirás. Ninguno suele hacerlo. Toma, te he pedido un zumo de tomate. Por cierto, ¿No serás diabético? Me encantan los diabéticos… Estuve a punto de decir que sí, pero… ¿Quiere mi semen? ¿Para qué? Aquello no tenía ni pies ni cabeza… Seguramente eran imaginaciones mías, como siempre… Aunque no podía quitarme de la cabeza lo obvio: ¿Cuándo follamos?
Días después, como todas las tardes, llegué donde de costumbre, con la sensación de que se me estaba poniendo cara de ciruela atomatada y que todo el mundo me miraba. Pero faltaba algo: Su mirada, su sonrisa.
Por un momento me sentí una estúpida nectarina con patas al no verla por allí. Cuando desesperado empecé a buscar la cámara oculta que, seguramente, sería la responsable de toda aquella extraña historia y empezaba a ponerme rojo como un tomate, la vi llamarme desde la puerta del almacén.
Ven, tonto, ven aquí.
Suspiré aliviado. Y me faltó tiempo para cruzar todo el espacio que me separaba de ella.
Estás colorado, ¿Creías que no iba a venir hoy? Hoy es un día muy especial. Hoy es el día. Por fin ha llegado, creo que ya estás preparado. Estás rojo como un tomate…
“Rojo como un tomate” ¿Y qué esperabas? ¡Hoy es el día! ¿Cuándo follamos? Tengo mal cuerpo, creo que no voy a poder seguir mucho más tiempo con esto… Evidentemente no le dije nada esto. Sólo acerté a pronunciar un torpe y atomatado, Hola guapa, ¿Dónde vamos?
Pasa dentro y ponte cómodo. Siéntate en el sofá.
Velas aromáticas y el Purple Rain de Prince sonando de fondo creaban un ambiente inmejorable. Colocó un par de cojines y se arrodilló entre mis piernas. No sabía qué decir. Tampoco importaba ya: Había llegado el momento.
Me bajó los pantalones hasta los tobillos y mi polla saltó como un resorte en cuanto dejó de estar presa de la tela de mis calzoncillos. Pensé que quizás tenía una erección desde la primera vez que la vi. Se lanzó a mi entrepierna y me hizo la mejor felación que nadie pudo recibir nunca. Al menos eso me pareció a mí. No pude ni quise -creo- reaccionar. No dije nada, no hice nada. 
En menos de tres minutos descargué en su boca como un torrente desbocado. No dejó escapar ni una gota. Con deseo y sed inaudita paladeó todo lo que fue saliendo de mí como si de alguno de los cocktails del bar se tratara. Su lengua se movía hábilmente recogiendo todo lo que se escapaba entre la comisura de sus labios. Se incorporó y me dio las gracias.
¿Gracias? ¿Por qué?
Por haberte fiado de mí. Por haberme hecho caso. Espero que te haya merecido la pena.
Y tanto. Pero eso no lo dije. En su lugar esbocé un torpe y entrecortado Pe-pe-pe-ro…
De acuerdo, supongo que te debo una explicación.
Pues no vendría mal, creo yo...
Salimos al bar y nos tomamos unos zumos de tomate. Me explicó que de cuando en cuando, buscaba chicos que le llamaran la atención y que los viera saludables. Los intentaba convencer de las ventajas de estar sanos y de comer ciertos alimentos, además de evitar otros. Todo enfocado a dar un buen sabor al semen. Me dijo que sabía que yo tenía potencial, que sólo era cuestión de conducir mi alimentación. Me dijo que le encantaba el semen, pero no podía ni imaginar lo que se probaba por ahí. Me dijo que de tantas malas experiencias y malos tragos (Nunca mejor dicho) que había tenido, se propuso un buen día apostar sobre seguro, costara lo que costara. Primero buscó diabéticos. Después pasó horas muertas en las pastelerías, pero la mayoría de los que son muy aficionados al dulce lo descompensan con el resto de su dieta. Finalmente acabó encontrando aquel sitio donde solíamos entrar novatos en la materia como yo, gente fácilmente conducible por la vida sana y por las materias primas adecuadas para su causa. Llegó a un acuerdo con el dueño de la coctelería y le cedió aquel cuartito a cambio de no utilizarlo nunca antes de que la potencial “víctima” hubiera consumido un mínimo de 15 o 20 consumiciones. 
Y en esas estaba.
Le pregunté qué número hacía yo en su cacería.
No quiso contestarme por discreción.
Le pregunté qué tal sabía.
No quiso contestarme por discreción.
Nos pasamos así varias semanas. Empecé a abandonar la vida sana. Cada vez me cuidaba menos. Algún día incluso me recriminó que estaba relajando un poco mis costumbres. Me acusó de comer espárragos, ajo, e incluso me pilló fumando. Sin venir a cuento, dejé de ir a verla. Pensé que era lo mejor. No quería acabar mal con ella.
Hace poco volví a pasar por allí. La saludé y le pregunté qué tal le iba. Me dijo que últimamente estaba bastante bien la cosa. Tenía a varios chicos “enganchados”. No podía quejarse. Desde que abrieron un gimnasio frente a la coctelería el número de potenciales víctimas había aumentado de manera espectacular. Llevaba incluso una agenda para no encontrarse con momentos que pudieran incomodar a sus chicos.
Hablamos del semen de sus propiedades, de sus sabores y sinsabores, de sus texturas. Le pregunté si merecía la pena tanto esfuerzo. Me volvió a mirar como aquellas veces y sonriendo como sólo la he visto sonreír a ella me dijo:
Por supuesto. Merece mucho la pena. 
 
Le dije que porqué sólo valoraba el sabor y no sus propiedades para la piel. Me miró extrañada. ¿Qué le pasa a mi piel? Nada, preciosa, nada.
¿Quieres saber una cosa? Eres de lo mejorcito que me he encontrado y te echo de menos. ¿Sabes por qué? Creo que tú lo disfrutabas tanto como yo...
La besé y prometí volver a verla alguna vez.


Ha pasado el tiempo pero a día de hoy, todavía, cuando veo un tomate me pongo cachondo.

martes, 12 de abril de 2011

Atrapar un instante

La conocí de casualidad. Su película preferida era Atrapado en el tiempo, lo cual parece un dato sin importancia a primera vista, pero es la clave de la historia.
Si recuerdas la película, el personaje de Bill Murray se ve atrapado en un día de su vida, El Día de La Marmota, y se ve condenado a repetirlo una y otra vez. Después de un tiempo de frustración y de maldecir su suerte, con el desarrollo de la historia, lo va convirtiendo en una ventaja y aprende a disfrutar de ello.

Ella no quería vivir en El Día de la Marmota. Ella tenía la capacidad de atrapar los instantes. Tantas veces trató de enseñarme a hacerlo que con el tiempo, creo que empecé a conseguirlo de alguna manera.

No sé si lo hacía bien o mal, pero lo intentaba. Es una obsesión humana. Si estás viviendo algo fascinante, porqué no quedarse a vivir en ese momento. Si hay un momento que colma todo, la luz te atrapa, el calor te derrite, el placer te subyuga, el bienestar te arropa… ¿Por qué salir de él? ¿Por qué bajar a la Tierra? ¿Por qué buscar otro?
 
El mayor drama que encontraba en la vida es el saber que nada era eterno. Ella tenía la respuesta. Para ella, no existía la eternidad, pero sabía alargar los momentos todo lo que quería. Sabía atrapar el instante. Sabía quedarse en él hasta que encontraba otro mejor. Sin moverse, sin buscar demasiado. Atrapaba el instante.

No la veías. 
No estaba. 
No te reconocía. 
No la importabas. 
A no ser que fueras parte de SU momento. Y cuando te atrapaba en su momento, sabías que nada volvería a ser lo mismo nunca jamás.

Y no era fácil. 

Yo, lo reconozco, amante y esposa con vocación religiosa, no estoy educada para alcanzar tal grado de perfección. No estamos entrenadas en sensaciones intensas. No estamos preparadas para dejarnos atrapar por momentos demasiado intensos, o al menos, no para estar en ellos más tiempo que el instante en sí.

Miré atrás y me busqué en los bolsillos, pero no encontré más que despojos intensos. Momentos que no merecían ser atrapados pero que llevo guardados como si de una documentación más se tratara: El instante en el que me caí del triciclo cuando tenía tres años delante de la humanidad entera, el día en el que te vi con otro y le miré a los ojos, el segundo estribillo de Brown Eyed Girl rayado en un vinilo de mi hermano mayor por mis ansias de escucharlo una y otra vez, el despertar del coma terriblemente consciente, por primera vez, de que no sería esa gran gimnasta que soñaba ser antes del accidente…

Y pensé que debía tirarlos. 
Y los tiré. Una y otra vez. 
Y volvían a mí. Una y otra vez.

Ella siempre decía que los instantes hay que atraparlos, pero que también hay otros que te atrapan sin que tú lo quieras, incluso contra tu voluntad.
No había terminado aún de decir “voluntad” y la besé con toda mi alma.

-Atrapa este instante.
-No lo quiero, tengo muchos…

Me fui con la cabeza gacha esperando que mi mirada al suelo me diera más instantes o más momentos que atrapar… Pero me quedé con el último. Ella no lo quería pero yo me lo iba a quedar. Por fin había aprendido. Y ella también se lo quedaría. Aunque intentara tirarlo. Incluso contra su voluntad. De eso estaba segura…



Postdata Innecesaria (Como casi todas):
Hay quien piensa que esto debería haberlo posteado el 2 de Febrero que es cuando se celebra El Día de la Marmota. Pero esto, no va del Día de la Marmota, ni de la película. Ni siquiera de Andy McDowell… Va de instantes...


martes, 5 de abril de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 16): Jaulas para Grillos


Pasó media vida construyendo jaulas para grillos. 
Nadie le recuerda por ninguna cosa más que ésa. 
Es un buen motivo. 
Mucha gente busca la inmortalidad en actos inalcanzables, pero él sólo construía jaulas para grillos.

No sabemos bien por qué lo hacía, nunca lo contó. 
Hay quien dice que le daba miedo el mundo exterior y para evitarlo construía jaulas para grillos.

"Muchacha en la Ventana". Salvador Dalí



Ahora vivo en una jaula de grillos. 
No es muy amplia, pero estoy a gusto en ella. 
No necesito más para existir. 

Quizás la inmortalidad sea esto: 
Vivir en una jaula para grillos.


martes, 29 de marzo de 2011

Ever dance with the devil in the pale moonlight?

Día 1: Preparativos del baile.

Número 2 salió de casa como todas las mañanas, apresuradamente, temiendo llegar tarde a su lugar de trabajo.
En la esquina de siempre, donde solía ver al indigente de costumbre, una figura misteriosa le sorprendió:
 
-    Buenos días, número 2. Soy el Demonio.
-    ¿Cómo dice?
-    Ya me has oído… Soy el Demonio y estoy muy descontento contigo últimamente. Tu comportamiento no está siendo nada adecuado.
-    ¿Quién es usted para decirme cómo me estoy portando últimamente?
-    Por última vez: Soy el Demonio y he venido a hacerte una advertencia. Últimamente te estás portando demasiado bien. Tenlo en cuenta.
Dicho lo cual, se esfumó tras una cortina de humo en las narices de Número 2.
Número 2 no le dio demasiada importancia. No solía dar importancia a casi nada, y menos a alguien que dice ser el Demonio y que le indica cómo tiene que comportarse.


Día 2: Preparativos del baile.
 
Número 2 salió de casa como todas las mañanas, apresuradamente, temiendo llegar tarde a su lugar de trabajo.
En la esquina de siempre, donde solía ver al indigente de costumbre, y donde el día anterior le pareció haber visto al Demonio, una figura misteriosa le sorprendió:
 
-    Buenos días, número 2. Soy el Ángel Caído.
-    ¿Cómo dice?
-    Ya me has oído… Soy el Ángel Caído y estoy muy descontento contigo últimamente. Tu comportamiento no está siendo nada adecuado.
-    ¿Quién es usted para decirme cómo me estoy portando últimamente?
-    Por última vez: Soy el Ángel Caído y he venido a hacerte una advertencia. Últimamente te estás portando demasiado bien. Tenlo en cuenta.
Dicho lo cual, se esfumó tras una cortina de humo en las narices de Número 2.
Número 2 no le dio demasiada importancia. No solía dar importancia a casi nada, y menos a alguien que dice ser el Ángel Caído y que le indica cómo tiene que comportarse.
Y además, ahora llovía sobre mojado. ¿El Ángel Caído no es el Demonio? ¿Estaba llegando tarde de nuevo al trabajo por distraerse con tonterías por la calle?




Día 4: El día después del baile.

Hace tiempo que Numero 2 vive en una resaca permanente. Cuando bebes tanto y tan a menudo, lo único destacable que te pasa es que no te da tiempo a distinguir el estado resacoso del resto de los estados para los que una persona como Número 2 está preparada. Se ha portado mal, como de costumbre… Y eso le alegra. 
Si vas a un baile, bebes moderadamente y te portas bien, eres un imbécil. 
Si vas a un baile, bebes, te drogas y te portas mal, eres un crápula.
 
Número 2 era una auténtica crápula.

Número 2 no le hace caso ni al Demonio, ni al Ángel Caído, ni al Diablo: Está por encima de todos ellos. Está por encima de ella misma. Número 2 es única, y si baila con alguien, bebe con alguien, se droga con alguien… Es porque ELLA quiere. Y eso le hace cada vez más feliz. Y ser cada vez más feliz le aleja del Infierno.
Número 2 es un cielo, aunque ella todavía no lo sepa. Aunque sea muy mala…


Día 3: Ever dance with the devil in the pale moonlight?
 

Ever dance with the devil in the pale moonlight?

Siempre recordamos los bailes a nuestra manera.
 
Número 2 no recordaba.  
Es lo bueno de algunas resacas.
Y también lo malo…



lunes, 28 de marzo de 2011

Anticrónicas de Conciertos en lasgafasdemike.com: Acuse de Recibo con demora

Las ideas se acaban. Es triste, frustrante y casi incongruente, pero es así. Hacer de cada concierto una aventura diferente no es tan fácil como pude pensar hace tiempo. La verdad es que no sé muy bien porqué estoy escribiendo esto. Para lo único que iba destinado este post era para hacer referencia a las últimas Anticrónicas que han tenido a bien publicar en Las Gafas de Mike:




Vuelvo a refrendar desde aquí mi agradecimiento a la inconsciencia de los amigos de Las Gafas de Mike por permitirme tomarte unos zumos mientras escucho buena música y que encima me dejen contarlo. Por su puesto, mi infinita gratitud al verdadero maestro de las últimas anticrónicas, el Maese Cámara que me acompaña (Muy a su pesar a veces) y que hace que ciertas letras merezcan la pena ser leídas por las grandes instantáneas que las acompañan, y al pequeño duendecillo rojizo que se coló en las primeras filas vetadas para gentes de mi tamaño para hacer fotos el día que el maestro cumplía con otros menesteres...

Foto: Álvaro Hernández



Ahora que lo pienso, después de escribir estas cosas, tengo claro que quizás las ideas se agoten, pero los momentos merecen la pena y obligan a buscarlas aunque sea en el fondo de un vaso de zumo (O dos).

¡Salud!


PD: Para ver más fotos de Maese Cámara, pase por esta página donde tiene a bien poner un montón, desde que decidió "salir del armario" creativo...




lunes, 21 de marzo de 2011

Sembrando el pánico (La historia anteriormente conocida como “El cabrón con pintas”)

Toni era un cabrón con pintas. No sé si esa es la mejor definición que se puede hacer de él, pero llevo un montón de tiempo con ganas de escribir algo donde colocar la expresión “cabrón con pintas”.
Lleva toda la vida dedicándose a hacer lo que le viene en gana y, a ojos de los que le rodeamos, nada bueno sale de su cabeza. Cualquier cosa que se le ocurre tiene un reverso oscuro que da respeto o miedo al más pintado, cuando no es directamente delictivo y/o aberrante.
He de reconocer, aunque muy en voz baja, que algunas de sus ocurrencias me han hecho gracia y me han parecido fascinantes, pero no es la norma habitual. Lo habitual es la estupefacción.
Ser un niño bien, sin tener que preocuparse demasiado por ganarse la vida, le hizo desde muy pequeño poder ocupar su mente con cualquier cosa, aunque no fuera útil para nada más que para su extraño divertimento. Y cuando la mente se ocupa con cualquier cosa y eres un cabrón con pintas, no es muy difícil de sospechar que todo lo que hacía Toni podría llegar a ser tremebundo.



Hubo momentos más o menos graciosos. Cuando le dio por robar los tangas del tendedero de su vecina y sustituirlos sistemáticamente, durante varios meses, por bragas de abuela, la mayoría le reímos la gracia. Nos pareció curioso, incluso útil a alguno, cuando inspirado tras ver una web que clasificaba los WC de diferentes bares y restaurantes de la ciudad por su limpieza, se dedicó en cuerpo y alma a escribir un blog clasificando los WC de los bares y discotecas a los que iba, por la comodidad y facilidad para esnifar cocaína en ellos. Creó innumerables perfiles falsos de facebook de conocidas suyas sólo por el mero placer de contactar con gente haciéndose pasar por ellas y ver qué pensaban los demás o entablar extrañas relaciones sociales a espaldas de las protagonistas. Hubo un tiempo en el que estaba obsesionado con traumatizar a los niños de su vecindario y se dedicaba a empapelar las escaleras de montajes de Hello Kittys decapitadas y sanguinolentas o de fakes sexuales de Hanna Montana. Cada vez que se apuntaba a algún curso o trabajaba con ordenadores, tenía obsesión por robar la bolita que hacía andar a los ratones, con una rapidez pasmosa que hacía casi imposible que supieran qué había pasado y quién había sido. Hubo una temporada en la que se dedicaba a pasar las horas muertas en las bibliotecas públicas emborronando infantilmente la página 69 de todos los libros que podía sin levantar demasiadas sospechas y otra en la que compró una valla publicitaria de una de las autovías de entrada a la ciudad y colocó durante un tiempo la leyenda “Tú vida es una mierda y lo sabes” que seguramente haría estragos en la moral de mucho conductor despistado que la viera por primera vez.
Eran muchas las fechorías, y muchas más, seguramente, las que ninguno conocíamos. Para él eran meros entretenimientos, y según iba creciendo iban haciéndose más complejas, y a la vez más dañinas.



Un buen día compró una furgoneta blanca y la decoró como una ambulancia de una mutua privada. Se dedicaba a dar paseos a toda velocidad con la sirena aullando por toda la ciudad y se paraba en donde creía que podía despertar más interés y a la vez, más pánico o inquietud. Le fue cogiendo el gustillo. Incluso cuando quedaba con los amigos, llegaba con la ambulancia a toda velocidad con la sirena atronando a lo lejos, aunque fuera a un picnic campestre. Nadie entendía demasiado bien esta última costumbre que había adoptado. No le encontraban demasiado sentido, ni siquiera ninguna gracia. Yo sí.

Yo sí sé qué se siente al tener una ambulancia sonando a la puerta de tu casa cuando llegas. Toni también lo sabía, y por eso me resultaba tan extraño que disfrutara con ello. Pero nunca busqué demasiada lógica a las cosas que hacía o que podía sentir.

Ayer estuve tomando café con él. No sé si soy su mejor amigo, pero sí de los pocos que lo aguanta porque no lo juzgo demasiado. Hablamos de casi todo, y hace tiempo que aprendí a no valorar sus rarezas y ocurrencias. Él sabe que yo pienso que es un cabrón con pintas. Yo pienso que él sabe que en el fondo me cae bien. Los dos pensamos que lo pasamos bien juntos de cuando en cuando. Me dijo que llevaba un tiempo con la ambulancia y que estaba empezando a sentir cosas raras. Él cree que una ambulancia, aunque sea de mentira, tiene un propósito bueno, que es ayudar a salvar vidas. Y cree que los conductores de ambulancia son, en el fondo, ángeles… Y él no pasaba de ser un diablillo que enseñaba su buen corazón de cuando en cuando. Creía que se estaba pasando esta vez. Que lo de la ambulancia quizás fuera demasiado. Que debía dejarlo…

Yo, como acostumbraba, no le dije nada. Nos despedimos con un abrazo y cogió la ambulancia rumbo a la casa de uno de sus últimos ligues.

Hoy me he enterado de que llegó a tiempo. Dicen que cuando llegó a la puerta, bajó el padre de la chica nervioso y le pidió una camilla para meterla con rapidez en la ambulancia. Parece ser que salió disparado hacia el hospital más cercano con ella tendida en la parte de atrás y con el padre a su lado agradeciéndole la prontitud en la llegada. Corre el rumor de que ella, en un esfuerzo terrible le decía al padre “¡Es Toni!, ¡Papá, es Toni!...” El padre no entendía nada, pero la veía feliz. Sonreía a pesar de su estado.
Toni también sonreía, sin apartar la vista de la carretera. Era un cabrón con pintas, pero aplicado y perfeccionista. Sentía la sonrisa de la chica en su nuca. No podía verla, pero sentía la sonrisa. Al cabo de un buen rato de trayecto, esa sonrisa que sentía en la nuca aunque no podía verla se fue apagando. Toni empezó a sentirse nervioso. El padre sólo imploraba que por favor se diera más prisa. Toni sabía que todo había acabado: Ya no sentía nada en la nuca. Y giró la cabeza para constatar lo inevitable. Su nuca no le engañaba. Pero su nuca no tenía ojos para la carretera…

Dentro de un tiempo recordaré lo mucho que me enseñó.

Sobre todo, una verdad no muy extendida: Hasta un cabrón con pintas tiene sentimientos...

martes, 15 de marzo de 2011

La llama azul



Nunca nos presentaron debidamente. No te importó demasiado. A mí sí. Dicen muchas maldades de mí, pero la más falsa es que soy una egoísta despreciable. 

Soy la llama azul que te vigila por dentro. Me encanta bailar sobre tu cucharilla. He creído a veces que me harías arder para siempre, pero si no me quemas no existo. 
Acercarte a mí, con tu fuego es lo que me enciende. 
Acercarte a mí me hace burbujear nerviosa. 
Acercarte a mí es mi razón de existir. 

Quiero hacerte mía como nadie lo ha hecho jamás. Pero sin mostrarte interés, sutilmente, poco a poco. Sabes que lo que yo te he hecho sentir no lo va hacer nunca nadie ni nada. Te podrás enamorar de cualquier otra, pero siempre me recordarás a mí. Siempre me echarás en falta. Ese es mi triunfo. Esa es mi seguridad. Saber que por mucho tiempo que pase, por muchas que conozcas, nunca habrá otra que te quiera como yo. 
Nunca habrá otra que te haga sentir lo que yo.



A veces me cantabas. 
A veces pensaste que podía cambiar. A veces me negaste. A veces me alejaste. Pero una y otra vez te venía la canción a la cabeza. 

Me encanta arder y acurrucarme dentro de ti. Pero entre nosotros hay algo más. Me volvía loca cuando me cantabas al oído, en privado, sólo para mí aquello de Se dejaba llevar por ti, no esperaba jamás y no espera si no es por ti, nunca la oyes hablar, sólo habla contigo y nadie más, nada puedes sufrir, que ella no sepa solucionar… Y yo me ruborizaba. Y me hacía menos azul. Y sentía que yo era ella. Ella a la que tú recurrías. La única que nunca te falló. La única que siempre estuvo a tu lado. La única a la que amaste de verdad, por muchas mentiras que dijeras a otras. Por mucho que cambiara con los años. Por mucho que dejara de ser tan morena como cuando nos conocimos. Por mucho que te gustaría pensar que podías ir con unas y con otras sin acordarte y volver siempre a mí.

I don’t ever want to feel
Like I did that day
Take me to the place I love

Y yo te llevé.

Y nunca más quisiste separarte de mí. 
Y nunca conocerás a otra como yo. 
Esa soy yo. Lo sabías. 
Yo misma te lo dije antes de que te enamoraras de mí. 
Y ahora no puedes separarte de mí.


Asúmelo. 
Soy yo. 
Soy tu llama azul. 
La que necesitas para vivir. 
A la que siempre amarás. 

Y nunca te he fallado. 
Y siempre me amarás. 

Aunque no quieras asumirlo. 
Aunque creas que me engañas con otras…


Nota del Traductor:
Hoy me he acordado de Antonio Vega. También me he acordado de ti. Me necesitas aunque creas que ya no pinto nada en tu vida
Y tú siempre te acordarás de mí…



miércoles, 9 de marzo de 2011

Miradas Perdidas


Perdí unos ojos. 
Los dejé escapar, aunque sigo viendo esa mirada.



Ayer te vi. 
Nunca antes te había visto, aunque siempre te había imaginado. 
Como siempre, no fui yo delante de ti. 
No sé si te hubiera gustado que fuera yo delante de ti, 
pero no fui capaz. 
A veces es difícil estar a la altura 
de lo que se espera de una.
Y más, contigo.

Me miras y sé que es lo mejor que puedo sentir. 
Pero yo nunca he sabido mirarte. 
Al menos delante tuya. 
Al menos cuando sé que me estás mirando. 
Ni siquiera cuando siento que me estás mirando.
Es tanto lo que sé de ti, 
que me da miedo mirarte 
por lo mucho que sabes 
tú de mí.

A veces me derrumbo y siento 
que no merezco tus miradas. 
Estoy hundido y sé que no volverás a mirarme igual. 
Te has cansado de ver mi mirada perdida. 
Has dejado de mirarme porque yo no te miraba a ti.


Y duele haberlas tenido sin merecerlas.
Y duele haberlas perdido por no comprenderlas.
Y duele haberlas olvidado por no cuidarlas.
Y duele haberlas perdido por no mirarlas.
Y duele darse cuenta cuando ya no tiene remedio.



- ¿Te he has dado cuenta de que casi nunca miro a los ojos? 
- Sí. Es imposible no darse cuenta. Basta con mirarte.
- ¿Te has preguntado por qué?
- No, eso me lo tienes que decir tú. Creía que era culpa mía.
- No, no es culpa tuya. De hecho eres de las pocas personas a las que he mirado a los ojos alguna vez.
- Pues casi no me he dado cuenta.

El poder de tu mirada es infinito. Puede desarmarme, desnudarme, despojarme de todo… Pero también puede hacerme invencible, impenetrable, dármelo todo. Hoy tengo que conformarme con tu comprensión. Con que comprendas que necesito tu mirada para todo. Con que entiendas que aunque yo no te mire directamente, mis ojos están clavados en los tuyos continuamente. Aunque ya no quieras que lo haga.


- ¿Alguna vez has deseado la muerte de alguien?
- No, yo no soy así. Puedo odiar con todas mis fuerzas, pero nunca desearía la muerte de nadie. Me basta con eliminarlos de mi mente. Así ya estarán muertos para mí.
- Eso es imposible.
- No lo es. Mírame a los ojos...

Los ojos nunca te dicen toda la verdad.
Los ojos mienten.
Los ojos son el espejo de un alma 
que a veces está podrida.
Los ojos.
Tus ojos.
Los que han dejado de mirarme.
Los que se han cansado de que no los mire.
Los que se han hartado de mí.


“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos…”
Aunque ya haya muerto por no sentirlos en mí…

“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.
Y yo sabré que muero por no saber mirarte.
Por no saber mirarte como tú me has mirado a mí…



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