Pues no. El sexto año no ha tenido
mucha música, para qué engañarnos. Pero hay una lista de VI
Aniversario. Esta es la música que ha pasado por cabezadeavestruz
este año 6 (54 D.D.):
Hoy es San Narciso. Tampoco es que sea
relevante, pero aquello de Narciso o el narcisismo siempre ha sido un
motor importante para que esto siga vivo. Por muchas muertes que haya
alrededor. Por mucho que uno muera un poco a veces. Porque “Una de
las ventajas de estar muerto es que todos te quieren”. Y da gusto
que, llegando la fecha, el día de inicio de cabezadeavestruz 7.0, el
año 55 D.D. (Después de Diego), también llegan los muertos, las
calaveras y los diablitos a mi querida Oaxaca. Y mi buen hermano en
la distancia (y en la cercanía) Don Gilomeno me regala una
calaverita con todo el amor y el cariño, muy bien recibido en
momentos como este. GRACIAS, ARTISTA:
“Fer
muy cojonudo a la muerte le exigía,
que se lo llevase de
una vez al campo santo,
pues en esta vida ya no daba para tanto,
Y
de su presencia ya nadie prescindía.
La muerte sílfide dijo
entonces los grandes así mueren,
Y la ventaja de estar muerto es
que todos te quieren.
Yo no suelo concederles a todos el
favor,
De llevarlos desde antes a la presencia del Señor.
Pero
en complacencia a tu vida pondré fin;
Por que quiero que me leas
"el párpado del puercoespin"
¡Probresito de mi
compi, ese güey de Badajoz!
Ya no escribe mas el grande cabeza de
avestruz.
Todo mundo llora y reprocha cual saeta,
¿Donde
están los versos que me escribías cuando eras poeta?”
Y en estas, con el corazón encogido,
emocionado por sentir cariño de él y de much@s que sabéis quiénes
sois y que estáis ahí, como me gusta que sea, en otro acto más del
narcisismo habitual por estos lares, me congratulo de no escuchar eco
cada vez que paso por aquí y quiero decirles algo. Y ya van seis
años... ¡GRACIAS!
6 años. Esto
cumple el día 30 seis años de “vida”. El día 30 de octubre es
el inicio del Año 55 D.D. (Después de Diego) y debería empezar
cabezadeavestruz 7.0.
Poco podía
imaginar que las letras que comienzan este post, de “Los restos del naufragio” de Bunbury, pudieran llegar a tornarse tan proféticas y
adquirir tanta importancia en estos días. Sí, amiguit@s, mirar
cabezadeavestruz a día de hoy es mirar los restos de un naufragio. Ver
en ellos lo que nos queda y con qué podemos contar.
El año seis de
cabezadeavestruz ha sido sin duda el más pobre. El de menos
cantidad, el de menos que decir, el de menos que aportar, el de menos
que encontrar. Hemos naufragado. Y Oaxaca es muy responsable de ello. Para bien y para mal. Pero también lo es todo lo que nos ha rodeado y todo lo que nos ha
acontecido. Aunque si estas líneas están saliendo ahora mismo es
porque aún nos quedan “amigos que no nos quieren cambiar”.
No es fácil
escribir. Hay muchísimos escritores que escriben para huir de la
realidad. Escribir como huida. Yo no sé escribir pero cuando todo se
nubla, no me sirve para huir. Necesito huir de mi huida para poder escribir. Y últimamente, todas las palabras que me salían me
hacían consciente de la necesidad de huir y eso me dolía al
escribir.
Mi tolerancia al
dolor es limitada. Muy limitada. Yo escribo porque me hace feliz.
Incluso hay quien me ha dicho que cabezadeavestruz se creó para
follar. Seis años después, todo ha cambiado. Los momentos que nos
han llevado al naufragio nos han impedido escribir. Quizás ahora
baste con analizar y rebuscar entre ellos, a la manera de un buscador
de tesoros o de un, mucho más adecuado, pirata necrófago, para
volver a disfrutar y ver qué es lo que nos queda y qué es lo que
merece la pena.
Este aniversario
es el momento ideal para dejar de castigarse con los crímenes perfectos, diga lo que diga mi adorado Andrés. Porque sobreviviendo
es como un crimen perfecto deja de ser perfecto. Deja casi de ser
crimen.
Algun@s se
preguntarán por qué cuento todo esto. Pues no lo sé muy bien.
Probablemente esto no lo esté leyendo nadie. Y si alguien lo lee,
volveremos a ser felices y a dar por buenos estos seis años, eso que
hemos conseguido, eso que hemos alcanzado.
Si
cabezadeavestruz se creó para follar, a día de hoy ha optado por un
celibato plácido e higiénico. Evidentemente, gracias a
cabezadeavestruz hemos follado mucho recibido mucho cariño y empuje
para seguir adelante. No hay que rebuscar demasiado en los restos del
naufragio. La tormenta ya pasó.
El Subcomandante
Marcos dijo una vez que “morir no duele, lo que duele es el
olvido” y aquí estamos para celebrar que aquella tontería que se
creó para follar recibir cariño, cumple seis años y este fin de
semana habrá que celebrar el aniversario y el advenimiento del año
55 Después de Diego. Ni morimos, ni nos olvidamos. Ni matamos, ni
caeremos en el olvido. Porque aquí, de siempre, hemos querido
quedarnos a vivir en aquella maravilla de canción que compuso Josele
Santiago y a la que recurrimos de cuando en cuando. Porque Los
Enemigos siempre tuvieron razón y siempre son de esos restos del
naufragio que hay que recoger para que todo cuadre:
"Bienvenido
al
club de los que vamos a triunfar.
La
vuelta ya nos la darás.
¡Tú
vales, tú vales chaval!"
GRACIAS a tod@s
l@s que andáis por ahí. ¡Feliz cumpleaños!
Hoy han dado el Premio Nobel de Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra
persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el
Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como tantos otros días, me
gustaría ser el tío al que te estás follando porque no soy lo
suficientemente bueno para ti.
Me pasa todos los días. Me cambiaría
por él. Aunque lo deteste simplemente por hacer lo que hace. Aunque
tú también lo detestes pero no lo sepas. Porque es el que está
donde yo querría estar y no puedo porque no soy lo suficientemente
bueno para ti.
Me pasa hasta cuando no me tiene que
pasar. Me pasa cuando entro a una entrevista de trabajo. Cuando digo
que soy bueno para hacerlo, el mejor que pueden encontrar y miro al
entrevistador pensando si aunque lo deteste él también podría
meterse en tu cama porque yo no soy lo suficientemente bueno para ti.
Ya le llamaremos, me dice con una falsa
sonrisa. Ya llamaremos al que se está follando porque tú no eres
suficientemente bueno para ella, quiere decirme, pero no lo dice. Y
salgo ilusionado y con una sonrisa, y por un instante todo cuadra.
Estoy en Moratalaz y cuando me pongo los cascos, aleatoriamente suena
como primera canción “En la soleada tarde de domingo en un parque de Moratalaz” de La Cabra Mecánica. Tiene que ser una señal.
Avanza la canción y la señal está en
la letra: “Córtate el pelo y búscate un trabajo”. Y sé que me
tengo que cortar el pelo como a ti no te gustaría que lo hiciera.
Pero da igual, porque me gustaría ser esa persona, cortándome el
pelo o no, a la que te estás follando porque yo no soy lo
suficientemente bueno para ti.
Hoy han dado el Premio Nobel de
Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra
persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el
Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como estos últimos días, estoy
más cerca de estar muy lejos. Estoy a punto de salir por piernas
para no tener que estar pensando constantemente que me gustaría ser
el tío al que te estás follando porque no soy lo suficientemente
bueno para ti.
Lo que no me gustaría ser hoy es
Murakami. Ese no es lo suficientemente bueno para ti ni para el Nobel
de Literatura. Y a ambos os entiendo en este caso. Al menos en este
caso...
Perdona mi ausencia: Estaba tratando de
recomponer mi vida.
¿Cómo dices?
Nada, no te preocupes.
No, dime, dime.
¿Sabes lo que es intentar resolver un
puzzle del que cuando lo llevas bien encaminado te quitan las
instrucciones?
No son necesarias las instrucciones.
¿Y un modelo a seguir?
Solo si quieres que se parezca a algo.
Sí, quizás ese no sea mi caso.
¿Nunca has querido parecerte a nadie?
Nunca.
Pero algún modelo tendrás que seguir,
¿No?
Las instrucciones del puzzle.
¿Y cambiar de puzzle?
No quiero hacer puzzles. Seré un
rompecabezas toda la vida. No tener instrucciones quizás sea lo
mejor.
¿Podrás vivir con ello?
En ello estoy. Estoy tratando de
recomponer mi vida. Perdona mi ausencia.
¿Y cómo lo llevas?
Mal. No tan bien como tú. Cada noche dejo la puerta de mi
habitación abierta por si se te ocurre entrar y meterte bajo las
sábanas conmigo. Cada noche olvido mi miedo a los monstruos y lo
desconocido y dejo la puerta de mi habitación abierta por ti. Y
pasan las noches y no entras. Y está empezando a hacer frío.
Un melón de esos de piel
amarilla. Melonas, creo que les llaman. Redondito a ser posible. De
piel amarilla porque me parece más acogedora que la de los de piel
de sapo, que es como denominan a los verdes. ¿Quién quiere tener
algo relacionado con un batracio cerca? No. Los cuentos de princesas
que besan sapos y se convierten en príncipes, nunca me los he
creído. Menos aún cuando ni siquiera soy un príncipe, y mucho
menos aspiro a una princesa que me bese para serlo.
Quiero un melón.
¿Quién en su sano
juicio prefiere una media naranja a un melón entero? De piel amarilla y suavecita, pero consistente. Porque así te quiero de
primeras. Aunque tu piel sea más dura y fuerte de lo que aparenta a
la vista. Tu piel no es comestible, pero no me agrede. Que lo que me
agredan sean tus semillas. Dentro, cuando te coma. Las pipas, como
las llaman. Para que entren en mi boca y las expulse una a una, con
disimulo. Porque no queda bien nadie escupiendo las pipas de un
melón. Pero al menos es un melón. Un melón entero, no una media
naranja.
Quiero un melón entero,
no una media naranja. Y así cuando te canses de mí, siempre podré
agujerearte y meterte treinta segundos en el microondas para luego
hacer contigo todas esas guarradas que nunca quisiste porque deseabas
ser una media naranja.
P.D.(Innecesaria como de
costumbre): La foto no tiene medias naranjas ni melones. De lo que se
deduce que no tiene mucho que ver con la historia. Es cierto. Se
trata de una mítica escena de “Atlantic City” de Louis Malle, en
la que una joven Susan Sarandon se lava con limones mientras el
personaje del gángster, un anciano Burt Lancaster, le observa desde
otra ventana. Ese personaje deseable, atractivo y joven, hace que el
otro cansado y hastiado de todo, por el deseo recupere las ganas de
vivir. Creo que tengo esa escena en la cabeza desde que era un niño
y tenía muchas ganas de vivir. Ni siquiera sabía lo que eran las
medias naranjas ni me hacían puñetera gracia los limones. Y por
eso pongo otra foto tras la innecesaria postdata.
¡Limones y melones para
tod@s por leer hasta aquí!
Hace algunos años, en un
juego estilo a aquello del “Si fuera” que hacía Raffaella Carrá
en la tele, una amiga a la que admiraba y quería desde mi posición
de adolescente tímido y apocado, me identificó con este cuadro. “Si
fueras una obra de arte serías Bebedora de absenta de Picasso. Sabes
cuál es, ¿Verdad?”
Sí, mentí vilmente.
Mentí pero me hizo muchísima ilusión. Hay que recordar que en
aquellos tiempos no existía la posibilidad de agarrar el móvil y
con una rápida consulta al Señor Google (¿O será señora?)
descubrir de qué se está hablando. Pero me fascinó. Me sentí
honrado. Me gustó mucho. Como me gusta ahora la absenta. Pese a que
esté prohibida. Aunque esto no viene al caso ni es relevante.
Hace algunos días, en
una casualidad del destino de esas que no tienes planeadas (de ser
así no serían casualidades del destino), me di de bruces con la
Bebedora de absenta. No es que de fiesta me encontrara con algún ser
cautivador que se diluye en la bohemia despertando mi interés, sino
que entré en una exposición y allí estaba ella. De repente, como
si nada. Siendo una rareza en las exposiciones que suelo ver porque
es un caso extraño de lienzo que está pintado por las dos caras.
Por detrás, tenía “Mujer en el palco”, pero de eso me di cuenta un
buen tiempo después, tras mirar y remirar, embelesado, a Bebedora de
absenta.
Mi historia de amor con
la Bebedora de absenta desde aquel momento (desde hace años, no
desde hace algunos días) llegó a su culmen (hace algunos días, no
hace años) cuando me la encontré por sorpresa, altiva y desafiante
en medio de una sala del Museo Reina Sofía. Una historia que siempre
estuvo ahí y a la que no hice mucho caso porque me dejaba vivir en
paz, sin tener que demostrar constantemente cuánto la quería. La
historia, no el cuadro que pertenece a otro museo. Mi historia de
amor hacia ella define la biografía sin escribir de mi menos
interesante vida. Apareció sin venir a cuento, cuando yo no sabía
qué quería ser de mayor pero confiaba con serlo todo, y se mostró
ante mí cuando olvidé ser mayor porque creía serlo ya todo. Tanto
tiempo estuve buscándola, que cuando el resto de mi vida estaba tan
alicatada como para no pararme a pensar qué podía haber fuera de
ella porque lo único que me pedía el cuerpo era vivirla desde
dentro como estaba haciendo, que cuando apareció casi ni me di
cuenta y por poco me paso de largo. Pero la encontré. Quizás fuera
una señal de la que no me percaté en aquel instante, pero a partir
de aquel momento, uno de tantos que agrupados hacían de mi vida algo
por lo que no preocuparse cómo es la vida (que es sin duda uno de
los signos más claros de que estás viviendo algo importante, no
preocuparte qué es lo que estás viviendo ni pensarlo demasiado) y
seguir cada día sintiendo qué bien se está cuando se está bien,
marcó el principio del fin. Como si de un círculo vicioso (por
aquello de la absenta no podría ser de otra manera) vital se
tratara, días después de encontrármela, se llevó por delante todo
lo que tenía. Sin yo quererlo, por supuesto. Sin esforzarme por
ello. Pero todo se fue. Y me quedé con el recuerdo. Tal y como
recuerdo cuando la Bebedora apareció en mi vida. Como con tantas
otras cosas.
Hace algunos días dejé
de pensar que todo estaba bien. Olvidé que mi vida era tan
maravillosa como para encontrarme con la Bebedora de absenta en medio
del Reina Sofía de casualidad y disfrutarlo. Se cerró el círculo.
Sin absenta con la que evadirse. Y se cumplió el vaticinio de hace
algunos años, cuando supe que todo iría bien, cada vez mejor, hasta
que se rompiera por cualquier cosa. Giró la rueda. El círculo se
cerró. Y la espiral me lleva de hace algunos días a hace algunos
años. De no saber ahora mismo qué quiero ser de mayor como me
pasaba en aquel entonces. De ser consciente de que la vida son tres
días como lo era por aquellos tiempos, pero que esos tres días me
los han dado a mí porque soy especial y diferente a las y los demás.
Porque vivir con sensación de abismo permanente, como me sobrevino
la existencia hace unos días, sólo requiere voluntad para
transformar el vértigo en excitación. Me asomé al barranco
obligado hace algunos días y tuve miedo de caer. Dejé de mirar
abajo recordando hace algunos años y tuve placer de caer.
He vuelto a ser yo. Aquel
que era cuando no sabía quién era ni qué quería ser de mayor.