jueves, 24 de enero de 2013

CERRADO POR DEFUNCIÓN








Apareció el cartelito. Y me dio envidia. Hay cosas inconfesables que pasan por nuestra cabeza y no sabemos, ni podemos, pararlas. Tenía envidia de que algo se cerrara por una defunción. Tenía celos de la defunción. Quería ser el difunto. O quizás quería cerrarme.

No quería morir como todos asumimos.

Cerrado por defunción de qué.

¿Murió el corazón?
¿Murió el alma?
¿Mató su vida?

En cualquier hospital le dirían que ni está muerto, ni siquiera enfermo, aparentemente.

Quizás una muerte cerebral tan de moda últimamente. No hay más que mirar alrededor o encender la tele para ver(nos) personas que son capaces de vivir funcionalmente con una muerte cerebral como característica fundamental.



"Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren. Los que tenían algún pero contigo, convierten todo en parabienes y no ven más que virtudes en tus caracteres como persona.

Te lloran, te elogian, te suben a los altares aunque antes de estar muerto te quisieran enterrar en el infierno y tirar la llave al mar.

Lo peor de estar muerto es que descubran en algún momento que no lo estás. Y peor aún es que te pueden caer de 6 meses a 3 años, aunque presentes atenuantes como cierto desequilibrio mental o pruebes que no estabas muerto para cobrar algún seguro, evitar pagar tus deudas o conseguir defraudar con objeto de lucrarte. ¿Para qué querría lucrarse un muerto?

Estar muerto está muy bien si puedes disfrutarlo.

Nadie quiere morir, pero todos fantaseamos con ver nuestro entierro y saber qué dirán de nosotros cuando no estemos. Fantaseamos con estar cuando todos piensan que nos hemos ido.

Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren. Hasta quien no debe quererte. Al menos, en público. Si consigues disfrutar de esa ventaja, eres el difunto, falso o no, más afortunado del mundo. Aunque estés muerto. Esa es la única pega.




Una de las ventajas de estar muerto es que no tienes que preocuparte de qué te pones porque nadie debería verte. Pero yo siempre he sido muy coqueto. Muerto o no, me preocupa lo que llevo encima de mi piel porque aunque nadie lo vea, o lo deba ver, creo que afecta a mi persona la imagen que tenga en cada momento.

Sólo hay que pensar en el luto:
Hay muchas teorías sobre el luto. Hay gente que habla de los mejores colores que debes llevar encima si quieres ligar, hacer una buena entrevista de trabajo, ir a un acto social. Pero no encuentro nada que me diga cómo he de vestir si estoy muerto. Sé que hay ciertas recomendaciones para los que se quedan cuando uno se muere. El luto ya no es tan obligatorio y recurrente como en tiempos de mis abuelos, pero sigue siendo conveniente demostrar cierta tristeza vistiendo de oscuro, cuando no de negro. Pero no hay nada indicado para el verdadero protagonista: El muerto.

Yo estoy muerto. No literalmente, pero sí para los que se dan cuenta de mi ausencia. Pero soy un muerto atípico: No he sido enterrado con un caro traje, ni siquiera desnudo.
Una de las desventajas de estar muerto es que no te puedes mover a tu antojo con total libertad, por mucho que lo pareciera. Si no quiero dejar de estar muerto, o matar de un susto a alguien viéndome, he de ser todo lo cuidadoso que pueda. Y eso no me permite estar cambiándome de ropa continuamente.

Hace unos días me armé de valor y me compré una camiseta del Celtic de Glasgow. Siempre la quise tener en vida, pero me daba cierta vergüenza. Las rayas horizontales me hacen parecer gordo. Creo que a todo el mundo. La ortodoxia dicta que la raya horizontal da impresión de grosor y la vertical estiliza. Además de eso, no es una camiseta demasiado discreta. Las rayas verdes y blancas, igual que el Sporting de Portugal, también llamado Sporting de Lisboa, otra camiseta que podría haber sido la elegida de no encontrar la del Celtic, ya que viene a ser básicamente la misma cambiando el escudo y la publicidad, son cualquier cosa menos para pasar desapercibido. Supongo que es un reto que me pongo a mí mismo. No ir discreto pero sí actuar con discreción. “No amar a nadie, pero hacer el amor a todo el mundo” que diría un personaje aún por determinar de esta historia.

A ese personaje aún por determinar de esta historia no le gusta el fútbol, pero tiene un buen puñado de camisetas de equipos de toda índole. Creo que, a pesar de no gustarle el fútbol, tiene una acertada visión de un buen número de equipos por una mera fascinación estética por su indumentaria. A ese personaje aún por determinar de esta historia nunca le gustó la camiseta del Celtic de Glasgow. La veía demasiado chabacana. Le recordaba al Betis o a la Selección Andaluza. Él era más de la elegancia azul del Rangers, el rival de la ciudad. Yo nunca me podría poner una camiseta del Rangers por muy bonita que sea. Ahí, ese personaje aún por determinar de esta historia, tenía ventaja. Al no gustarle el fútbol, no tenía filiaciones con ningún equipo, más allá que por su apariencia estética. A mí el Rangers me caía especialmente mal. Me caía mal en oposición al Celtic, los dos rivales de la ciudad de Glasgow. Una de las rivalidades más encarnizadas del planeta futbolístico.



Reconozco que hay cosas que no son nuevas para mí en esta situación. Estar muerto es algo que debería haber hecho antes y todo hubiera sido mejor. Hay gente que ha deseado que me muriera y no volviera a aparecer más de una vez a lo largo de mi vida. Pero una cosa es desearlo y otro obtenerlo. Creo que Oscar Wilde dijo aquello de “Ten cuidado con lo que deseas no vaya a convertirse en realidad” y aplicado a mi muerte no puede venir más al caso. Cuando otro personaje aún por determinar de esta historia me dijo adiós con un sonoro portazo, trató de que fuera consciente de que por ella estaría mejor muerto. Pero sé que en el fondo, ese otro personaje aún por determinar de esta historia, no pensaba eso. Una cosa es desear una muerte hipotética, y otra ser consciente de que alguien que ha sido muy importante para ti va a morir o ha muerto. Por mucho daño que te haya causado alguien, cuando muere sólo recuerdas lo bueno. No hay nada mejor que morirse para que elogien a uno hasta términos superlativos y seguramente falsos por su dimensión. El que era un déspota que trataba mal a todo el mundo pasa a ser el hombre de fuerte carácter, amigo de sus amigos y fiel a sus principios como nadie. El cabrón egoísta que iba por la vida preocupándose sólo de sí mismo pasa a ser el alma libre que a todos cautivó en vida. Incluso el insustancial que pasa por la vida sin pena ni gloria consigue, al morir, llegar a ser ese ser que no se dejaba conocer pero que era una bellísima persona cuando te acercabas a él.

Yo he tenido todos los defectos posibles. He hecho más maldades de las que la media ponderada de la humanidad puede soportar en un solo ser para no variar demasiado. He sido un ser despreciable. He sido a ratos un despojo. He sido yo, egoísta y ególatra, ambicioso y ruin, he pisado todo lo que tenía que pisar, he escondido inseguridades en desprecios terroríficos hacia quienes me rodeaban y me querían. Pero ahora estoy muerto. Ahora todo eso son ventajas. Ahora son todo parabienes. Ahora hay lágrimas. Ahora hay elegías.

Tenía que haber acelerado el proceso. Tuve que haber muerto cuando ese otro personaje aún por determinar de esta historia lo deseó, aunque sólo fuera por hacerla pasar una vida desdichada pensando que estaba muerto por su culpa. Aunque fuera cruel. Aunque sólo fuera por quedarme por encima una vez más.

Cuando alguien muere, rápidamente se recuerda su fecha, lugar e incluso circunstancias de nacimiento, como preludio a glosar los hechos más destacados de su vida.

Una de las ventajas de estar muerto es que todo parece mejor de lo que fue.

Una de las ventajas de estar muerto es que nadie en su sano juicio se atreve a destacar de tu vida los defectos o los errores cometidos, por encima de las virtudes o los aciertos, por muy difícil que hubiera sido verlo así tan sólo un tiempo antes. Tan sólo antes de morir.

En la muerte se recuerda el nacimiento. Es curioso cómo los extremos se tocan de cuando en cuando. Habitualmente el nacimiento nunca te recuerda la muerte, pero en la muerte sientes la necesidad de recordar el nacimiento.

Todos se fueron a Lisboa a celebrar mi muerte. Como creían que a mí me hubiera gustado. La mayoría entendía que allí debían cerrar el ciclo de mi vida volviendo al origen. Allí sería el mejor lugar para celebrar la pena que les afligía con mi muerte. Despertar la alegría en una de las ciudades más melancólicas del mundo. Reír cuando todos lloran. Llorar por dentro cuando exhibes una sonrisa para que todos los que te rodean se sientan mejor. Celebrar mi muerte con un homenaje a mis orígenes.

Los más íntimos escucharon muchas veces de mi boca que algo único y especial me unía a Lisboa. Algo más allá de lo vital, de lo material, de lo corpóreo.



Mis padres se casaron en Abril del 74. Como buenos chicos ordenados y tenían todo planeado. No se habían tocado, al menos eso sigue pensando mi madre, más de la cuenta antes del matrimonio, para llegar como Dios manda al mismo. Mi madre sigue convencida de que es la primera chica con la que estuvo mi padre. Mi padre calla e inventa excusas peregrinas cuando le saludan por la calle antiguas amigas. Lo que viene a ser una pareja estándar de aquella época, pero con un toque romántico. Su luna de miel, su primer gran viaje juntos, iba a ser a Lisboa.

Pero hete aquí que a unos militares se le ocurrió la brillante idea de cambiar el régimen político del país y devolver la libertad a un pueblo que llevaba bastante tiempo bajo el yugo de la Dictadura. Hete aquí que sonó Grândola Vila Morena el 25 de abril del 74, a eso de veintitantos minutos después de las 12, por Radio Renascença, y esa era la señal que dio comienzo a la Revolución de los Claveles. Y hete aquí a aquella pobre pareja de enamorados a punto de casarse que ven que por mucho que les gusten los claveles, la libertad y todas esas cosas que iban a conseguir los portugueses con su maravillosa revolución, tuvieron que cambiar su lugar de partida, retrasando y condicionando para siempre mi existencia.

Quizás de aquel no nacimiento llego a esta no muerte.

Al menos oficialmente..."






Voy a poner en cabezadeavestruz un cartelito que ponga “CERRADO POR DEFUNCIÓN”. Porque quizás esté difunto y no lo sepa. Aunque vosotros podáis pensar otra cosa. Probablemente más importante.

CERRADO POR DEFUNCIÓN.




B.S.O.: Dead flowers (The Rolling Stones)


B.S.O.II: Grândola Vila Morena (Zeca Alfonso)


domingo, 13 de enero de 2013

Microrrelato Sin Pudor (Volumen 30): Pastillas para soñar con otras cosas



"Deja pasar la tentación
Dile a esa chica que no llame más
Y si protesta el corazón
En la farmacia puedes preguntar:
¿Tiene pastillas para no soñar?"
(Pastillas para no soñar, Sabina)




Y te despiertas sabiendo que no la vas a ver. 
Y abres el cajón buscando la pastilla que hace que eso tenga menos importancia. 
Y descubres que no te quedan pastillas y que no la vas a ver. 
Y el dolor se hace insoportable y la angustia te agarra el pecho. 
Y sales a la calle a buscar las pastillas a cualquier precio. 
Y esa sensación de ausencia con la que has despertado se convierte en algo peor porque te faltan las pastillas. 
Y es mucho peor, pero ya sólo te acuerdas de las pastillas. 


Y así van pasando los días...




B.S.O. I: Pastillas para no soñar, Joaquín Sabina.
B.S.O. II: Dextroanfetamina, Los Ilegales.

martes, 8 de enero de 2013

Ornitología para adultos (Cuento sobre pajaritos y gente fea)



"Eco de lejos le espía y suspira: ¡Amor!
Como confesarlo sin su propia voz
Un claro del bosque se abre para los dos
La cálida tarde presiente lo peor"
(Canción del Eco, Christina Rosenvinge)



Os voy a contar un cuento. Una historia bonita sobre los pajaritos, el sol y una pequeñita y gris persona que aprendió a volar. Un pequeño cuento de alguien que aprendió a volar sin saber que quién sube muy alto tiene que asumir que la caída puede ser muy dura. 

A esa personita la llamaremos Llo. La podríamos llamar Tu, Ella o Nosotras, pero Llo será el nombre que le pongamos en este cuento.

Llo era una personita sencilla y feliz. Era dichosa y vivía contenta. O al menos eso parecía para todos los que la rodeaban. Llo miraba al cielo y sonreía. Era su actividad preferida. Muchos pensaban que estaba loca, pero Llo era feliz y nadie sabía muy bien por qué. 

¿Quién eres tú niña loca?




Llo miraba al cielo y sonreía porque miraba a sus pajaritos. Cualquiera podía pensar que había estudiado ornitología o que tenía costumbres raras, pero ni esa rama de la zoología tenía especial interés para ella, ni tenía costumbres. 
Llo era rara. 
Llo era maravillosa. 
Y Llo miraba el cielo y sonreía constantemente.

Llo miraba al cielo y se dejaba embelesar por sus pajaritos...


Y embelesarse con sus pajaritos la hacía sonreír y, sobre todo, la hacía vivir. 
Y Llo vivía. 
Y la gente a su alrededor lo sabía y se daba cuenta.

Y de tanto mirar al cielo aprendió a vivir en la tierra. Si hay una moraleja que se puede sacar de este cuento, sin duda será que cuanto más mira al cielo alguien paradójicamente, mejor vive en la tierra. Y viviendo en la tierra Llo era feliz y hacía feliz a quienes la rodeaban. 

Pero un día nublado, como tantos otros en la tierra, Llo miró al cielo y encontró todo gris y oscuro. Y tan gris y oscuro andaba todo aquello, que no podía localizar a sus pajaritos. 

Llo, tremendamente perdida –porque cuando Llo no veía a sus pajaritos andaba perdida, por mucho que no lo pareciera- decidió aventurarse y pasear por sí sola por aquello que era la tierra, por aquel sitio por donde solía andar mirando al cielo. Y miró a su alrededor con desespero buscando alguien que la guiara, alguien de los que estaban tan a gusto a su lado cuando era feliz y miraba al cielo sonriendo. Pero cuando todo se nubla, nadie aparece. Llo sabía eso desde que era muy pequeñita, pero lo había olvidado de tanto mirar al cielo y sonreír, y en ese momento se dio cuenta dolorosamente de nuevo.

Y andando y andando, desorientada como nunca, llegó al lago. A ese lago tan bonito donde rebotaban luminosos los rayos de sol tantos días bellos y se dio cuenta que no brillaba nada allí.

Curiosa, se asomó al lago y vio la realidad:
El agua reflejó su rostro a modo de espejo y Llo no pudo menos que pedir clemencia. Gritó y gritó. Imploró a su alrededor para que alguien escuchara lo que tenía que decir. Lloró una explicación que no tuvo a quién darla y se mortificó dándose cuenta de su fealdad que tanto tiempo había disimulado por tener la cara mirando al cielo y sonriendo.

En ese momento lo supo todo, aunque no hubiera nadie cerca que se lo pudiera explicar:
El pájaro que la guiaba se había despistado por mirar muy directamente el sol y ahora vagaría por el suelo sin ningún rumbo. 
Por siempre.



Llo tuvo que haber estudiado ornitología para hacer todo lo que quiso hacer. Ahora optará por cortarse el pelo mucho y dejarse crecer el pelo de la cara, que son cosas que Llo, aunque es una chica, siempre puede hacer y lo había olvidado. 

No estudió ornitología en su momento y por eso perdió a su pájaro guía. Ahora espera no tener que estudiar peluquería para rasurarse bien la cabeza y dejarse una bella barba...

Quizás así olvide que un día fue feliz, miraba al cielo y sonreía y ahora no tenía ni a quién contárselo.





B.S.O. I: Canción del Eco, Christina Rosenvinge.
B.S.O. II: Sha La La, La Cabra Mecánica.

miércoles, 2 de enero de 2013

La historia que iba a ser más larga pero ha quedado así por tratar de tu cuerpo y de ti, que eres muy pequeñita


(Historia basada en cuerpos reales)





Si pudiera, haría un mapa de metro de tu alma. 

Me centraría en tu cuerpo. Pondría líneas regulares entre tus lunares para así crear una red de trenes que abarcara todo para llegar con facilidad de un lugar a otro. 

Crearía unos intercambiadores de transportes como núcleos neurálgicos de la red en tus pezones, el piercing de tu ombligo y tu clítoris. 

Seré feliz con mi abono transportes viajando por ti. Explorando tu alma en tu cuerpo. 

Porque hay pocos que te lleguen al alma pulsando tu clítoris. 

Yo soy uno de ellos. 

Y tengo abono transporte.


Todo esto, si pudiera…







BSO: Si pudiera, Los Suaves





jueves, 27 de diciembre de 2012

Recuerdos de cables y de calles



¿Recuerdas ese día que descubrimos el cable en la calle que en lugar de tener colgado un par de zapatillas por los cordones, como es lo habitual, tenía sujetadores?
Ese día fue el día más maravilloso de mi vida. El día que descubrí esos sujetadores colgados de aquel cable en aquella calle.




¿Recuerdas ese día después que volvimos a pasar y querías colgar tu sujetador en el cable y a mí no me hacía gracia?
Ese día fue peor que el anterior. El día que quisiste colgar tu sujetador de aquel cable en aquella calle y yo no te dejé y tú no lo entendiste.

¿Recuerdas ese día después de aquellos dos, cuando volvimos a pasar y señalaste el sujetador que habías colgado en el cable y que yo no te dejé anteriormente porque no me hacía gracia?
Ese día fue el día más maravilloso de tu vida. El día que me enseñaste tu sujetador colgado de aquel cable en aquella calle.

¿Recuerdas anoche cuando volvimos a pasar por la calle donde estaba el cable con los sujetadores colgados en lugar de zapatillas unidas por los cordones y yo te pedí que no miraras arriba y que te fijaras en lo bien que me quedaba tu sujetador puesto?
Ese día fue el día indicado para que terminara nuestra maravillosa historia común. El día que te enseñé tu sujetador puesto en mi pecho y tú decidiste mirar al cable.




Todo son recuerdos, pero a mí me queda tu sujetador. Huele a ti y no pienso colgarlo nunca de ningún cable. Sospecho que a ti te gustaría verme colgado del cable que descubrimos en aquella calle en el que había sujetadores en lugar de las típicas zapatillas unidas por los cordones.

Todo son recuerdos y todos son maravillosos.

(Al menos para mí)


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Buscando complicidad y ayuda

¡Felicidades!
Si aún no lo sabías es porque no te hemos dado el suficiente tostón con el tema y este post te parecerá nuevo y noticiable: ENHORABUENA.
Muchas y muchos no tienen tu misma suerte y están un poco (bastante) hasta las narices de que les digamos que voten y voten y dejen de votar...





cabezadeavestruz se presenta por tercer año consecutivo a los Premios 20blogs del diario 20 minutos. Son unos premios prestigiosos que pueden darnos el empujón adecuado hacia ese sitio que no sabemos aún cuál es, pero al que queremos ir.

En anteriores ediciones sólo podían votar blogueros y blogueras inscritas en el concurso. Este año se abren las votaciones a todo el mundo. Simplemente tenéis que registraros en 20minutos.es y luego pinchar el siguiente ENLACE y votar por cabezadeavestruz


Si no os parece adecuado votar a cabezadeavestruz, tenéis más de 800 opciones en la categoría de Cultura y Tendencias donde elegirnos, que es la categoría en la que participamos, pero probablemente Dios matará un gatito, tu casa olerá mal, no podrás llevar a tu niño a la universidad y tu aparato de música se pondrá automáticamente en bucle y no podrá parar de emitir canciones de Amaia Montero...

Además, podéis votar en el resto de categorías y descubriréis sitios estupendos donde pasar el tiempo mejores que esas páginas que veis tan a menudo y que han provocado que vuestra expresa haya capado varias cosas en el internet del curro...


A votar, a votar... Que el mundo se va a acabar. No os confiéis porque ya nos hayamos olvidado de los mayas, porque me sé yo de unas cuantas razones que indican que el Fin del Mundo está al caer. Pero esa ya, es otra historia... 



miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Apocalipsis llega demasiado pronto







Arthur Rimbaud murió demasiado pronto para imaginarlo.

Me hubiera gustado que él fuera el segundo de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, pero decidió desde muy joven que la vida no tenía mucha gracia y dejó de escribir para morir traficando con armas en África. Nunca  me perdonaré que no hubiéramos tenido tiempo de conocerle.

Nacimos tarde para los Rolling Stones, para follar sin conocimiento en Woodstock, para tirar piedras en el Mayo del 68 de París, para llorar a Lennon, para tomar La Bastilla, para meneárnosla con Sara Montiel…

Arthur Rimbaud nació demasiado pronto para ser mi amante. Ni siquiera me imagino con él en algo más que una fascinación lírica. Fue toda su vida lo bastante jovencito como para no ser santo de mis ansias sexuales.

Nacimos tarde y los muy grandes murieron pronto.

Creo que va a ser cuestión de dejar de mirar la ventana esperando la llegada del Apocalipsis y esperar al lado del teléfono por si llamas. Hay cosas para las que nunca es demasiado tarde…



miércoles, 12 de diciembre de 2012

La asistencia de Sarunas Marciulionis en el servicio de caballeros




- ¿Quién era para ti Marciulionis?
- ¿Cómo?
- ¿Que quién era para ti Marciulionis?
- No te comprendo…
- Vale, Marchulenis creo que se le llamaba en España…
- Si.
- ¿Y eso a qué coño viene ahora?





Le acerqué el turulo y aspiró con ansia la raya que quedaba. Luego se chupó el dedo índice y lo pasó por encima de aquella tarjeta acabando con todos los restos que quedaban para llervarlo otra vez a su boca.

Me ponía mucho ver a una chica meterse cocaína.

Sonaba de fondo “Majete” de Rosendo. O quizás fuera “Flojos de pantalón” o “Pan de higo”, no recuerdo bien, pero seguro que era Rosendo. Aunque ahora que lo cuento, puede que fuera una canción de Leño. En cualquier caso, sonó algo en el bar que nos gustaba y nosotros seguíamos en el servicio. Lo que era seguro es que no era “Cosita” porque esa canción siempre la reconozco bien y me acuerdo mucho de ella, suene cuando suene y esté dónde esté.

Salimos del baño. La música atronó en cuanto abrimos la puerta. Nos miraron mal los que estaban esperando al pasar a su lado y nos adentramos en el bar. Pegué un trago a la copa mirándola. Me pone mucho ver a una chica meterse cocaína o recordar cómo se acaba de meter cocaína conmigo hace escasos momentos. Pero recordé algo.

- ¿Sarunas Marciulionis? ¿A qué coño ha venido eso?
- ¿Perdona?
- Mar-ciu-lio-nis –dije gritando, mientras hacía el gesto de botar un balón de baloncesto y encestarlo en una canasta imaginaria para que tratara de entender de qué le hablaba porque con la música no me estaba escuchando bien.

Reía. Sin más.

Volvimos al baño un rato después. Ella tenía ganas de meterse más y yo también. Pero yo tenía más ganas aún de ver cómo se metía porque me ponía mucho ver a una tía meterse cocaína.

- ¿Volvemos a hablar de Marchulenis?
- ¿Marciulionis?
- Antes lo hice porque en estos espacios tan estrechos me pongo muy nerviosa si voy con alguien a meterme.
- A mí me pone… No me dejó acabar y me comió la boca.
- …Marchulenis... Pude balbucear.



Pasó la noche, y finalmente nos metimos en su cama porque los dos consideramos que era lo mejor que se podía hacer a esas horas dada la temperatura que asolaba la ciudad en aquellos tiempos.

No volvimos a hablar de Sarunas Marciulionis ni de nada. Estoy seguro que fue una estratagema suya porque se dio cuenta de lo mucho que me ponen las tías metiéndose cocaína…





B.S.O. I: Majete, Rosendo.
B.S.O. II: Flojos de pantalón, Rosendo.
B.S.O. IIIPan de Higo, Rosendo.
B.S.O. IV: Cosita, Rosendo.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Fotos que me gustaría haber hecho a mí (Volumen 10): Se llamaba Alicia, creo que decía






La encontré. 
Agobiada. 
Era una chica que se sentía muy grande y vivía en un mundo muy pequeño...

Le pregunté y no recuerdo bien si se llamaba Alicia o era algo que a mí me gustaba que fuera así.

La olvidé. 
Agobiada. 
Soy una chica que se siente muy pequeña y vive en un mundo muy grande...



B.S.O.: Alicia (Expulsada al País de las Maravillas), Bunbury.



lunes, 3 de diciembre de 2012

Hoy es Lunes pero anoche soñé que entraba en su biblioteca y le robaba un libro



El lunes empezó bien. Mejor que un Domingo de resaca, aunque cuando no tienes mucho más que hacer que admirarla y perseguir su aura por todas partes, te da igual el día en el que vives. 

Me invitó a su casa. Me invitó, como tantas otras veces, pero tenía algo especial para mí, para ese lunes después de que yo hubiera soñado que entraba en su biblioteca y le robaba un libro. 

Me dijo que no tenía biblioteca. 

Eso me paralizó. 




Mis sueños estaban muy lejos de la realidad. Le pregunté dónde tenía sus libros o si usaba un e-book y por eso no tenía biblioteca. Fantaseé con la idea de robar un archivo informático del posible e-book hasta que pensé que esas cosas tan de películas de espías son demasiado avanzadas para que se cuelen en mis sueños. 

Y más aún, si en mis sueños sale ella...


Me llevó a su despacho y me dijo que mirara.

Miré.

Tenía los libros en una estantería colocados al contrario que todo el mundo. Los ponía con el lomo hacia dentro, de manera que al mirarlos, veías una combinación extraña de diferentes tonalidades de blanco, beige, según las páginas de cada libro. No me explico cómo podría reconocer cada libro, pues había muchos. No sé por qué lo hacía así, al contrario que el resto de los mortales. No me atreví siquiera a comentárselo, pero vio mi cara de asombro y de su boca salieron aquellas palabras:

- Viene a ser como Amsterdam: Sabes que puedes comprar hierba en los coffee shops porque la gente lo cuenta, pero hasta que no llegas y lo compras, no tienes claro que es lo que todo eso significa. Eso son mis libros del revés. 
- Quizás sea el resto del mundo el que los tiene al revés... ¿Has pensado alguna vez comprarte un e-book? Yo tengo uno y me encanta, es muy práctico.
- Nunca podrás meter una flor seca que te regale en tu e-book. Vas a tener que volver a coger un libro de verdad.

Y tras decir eso, me dejó a solas con su estantería llena de libros colocados con el lomo hacia adentro. 

Me olió un poco a marihuana, pero no quise decir nada.




Hoy es Lunes pero anoche soñé que entraba en su biblioteca y le robaba un libro


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