jueves, 29 de septiembre de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 19): Soy un embustero del placer




¿Sabes de qué va "Like a Virgin"? Te diré de qué va "Like a Virgin". La canción habla de de una pequeña zorra, una máquina de follar. Polla, polla, polla, polla... Hasta que un día conoce a un tío. Un tío con una polla enorme. Un super-pollón. De ahí que cuando follan siente algo que no sentía desde que era virgen: dolor. Y de ahí el título: "Like a Virgin". 

(Reservoir Dogs)


Ayer estaba con otra mientras hacíamos el amor. Me miras y crees verme allí, pero yo estaba con otra.



Es duro de decir, pero prefiero que lo sepas antes de que veas en mis ojos que miro más allá de ti y estoy amando a otra mientras tú te sientes llena de mi amor.

No es un engaño, es una realidad. Nadie miente cuando llega al orgasmo. Te digo te quiero, pero he querido a otra mientras te amaba a ti. Aunque quizás he amado a otra mientras nos queríamos en la cama.


Tus ojos me dan miedo. Creo que vas a verme con otra en cualquier momento. Por eso cierro los ojos cuando llego al orgasmo. Para que no me veas con otra. Cierro los ojos para que no veas lo que yo miro.

Creo que tus ojos están viendo lo que yo veo. Creo que sabes que estoy con otra cuando follo contigo.

Lo único que te preocupa es que por primera vez en mucho tiempo tú te has descubierto haciendo el amor conmigo sin pensar en otro. 
Y eso te da miedo... Aunque yo piense en otra cuando te hago el amor.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cuando saque el rifle, te avisaré para que te pongas a cubierto




Cada día que pasa es un día menos que me queda por vivir. Vivir es algo más que lo que tú siempre has creído que era, pero cuando tenga tiempo para decírtelo, te quedará menos por vivir que a mí. Y eso que yo siempre pensé que moriría antes que tú.

Reconoces en mí la vida que no hay en ti. Yo vivo en ti la vida que no hay en mí. A ratos estos dos afluentes confluyen y formamos el río que va a dar al mar. Y la metáfora de la vida en forma de río que va a dar a la mar como muerte está ya muy vista, así es que tendremos que conformarnos con disfrutar del frescor de nuestros cuerpos y estremecernos con el paso a contrapelo de los salmones bajo nuestra piel.

Cada día que pasa queda menos agua bajo tu piel. Dicen que tres cuartas partes de nuestro cuerpo es agua, pero yo nunca lo he comprobado. También dicen que tres cuartas partes del planeta Tierra es agua, pero si no he comprobado mi cuerpo no me voy a meter ahora a comprobar el planeta en el que vivo. Perdería mucho tiempo y tengo cosas mejores qué hacer.

He comprado un rifle por catálogo. Era una oferta irrechazable. Cada vez compro más cosas por catálogo, aunque cada día que pase sea un día menos que me quede por vivir. Puede que sea por eso por lo que lo hago, pero no estoy muy seguro y tampoco tengo tiempo como para pararme a pensar en ello. Comprar por catálogo me gusta mucho. Comprar es algo inherente a mí desde el primer día que vi dinero a mi nombre en una cuenta corriente. Comprar por catálogo es tendencia desde que empecé a comprar cosas que podían hacer que los vecinos me miraran mal. Su política de envíos discretos ayuda a ocultar mis obsesiones de las miradas indiscretas. Cuando era un crío no sabía la manera de poder comprar una muñeca hinchable y llevarla a casa sin que nadie me viera. Con los catálogos y sus asépticos paquetes minimalistas encontré la manera y les estaré eternamente agradecido. Hoy me ha llegado el rifle. Quería comprarme un AK-47 o un Kalashnikov porque me suenan de las películas, pero la verdad es que sólo quería algo con lo que pudiera disparar a distancia y que matara. Además, descubrí que un AK-47 no es más que una manera de llamar a los Kalashnikov. En ninguna de las características de las armas del catálogo pone que maten, por lo que asumo que es una característica que se da por descontado de todas ellas, como que se da por descontado que una muñeca hinchable da menos dolores de cabeza que una prostituta porque no tienes que hablar de dinero antes de penetrarla, ni fantaseas con la terrible idea de la polla que ha entrado antes de la tuya allí si tienes la precaución de no dejársela a nadie.


Jose es el único conocido que ha osado pedirme una muñeca hinchable alguna vez. También es el único conocido que sabe que tengo muñecas hinchables desde que era un crío, al menos que yo sepa. Jose es el único conocido que sé que tiene armas de fuego en su casa y que las compra por catálogos. No he osado pedirle ninguna porque creo que las armas de fuego son como las muñecas hinchables y tengo miedo de fallar cuando apriete el gatillo fantaseando sobre cuántas pollas habrán apretado ese mismo gatillo.

Mi polla no es (ni nunca será ya) un gatillo que cause la muerte. No siquiera puedo matar a nadie de gusto con ella. Pero eso algo que no me preocupa cuando pienso que cada vez me quedan menos días por vivir y que es algo que se hace peor cada día que pasa. Nunca he tenido el gatillo a punto, ni he sido de los que ha querido tener una mira telescópica para no fallar el tiro. Cada día que pasa creo que mis pensamientos están más llenos de analogías fáciles y gastadas, y pensar en mi polla y en gatillos, me puede acabar llevando a pensar en gatillazos, y bien es sabido que un gatillazo tiene mucho de mental y de pensamientos, con lo que no puedo perder el tiempo pensando en ello, y menos, sabiendo que es un cliché muy poco original.

Nadie me preguntó nunca qué es lo que quería ser de mayor, y de mayor nadie recuerda que quiero seguir siendo pequeño. Por eso quiero sacar el rifle, quiero apuntar y quiero disparar. Y quiero que te pongas a cubierto. Por eso quiero que me vuelvas a coger el teléfono porque no quiero que te coja todo esto de sorpresa y te pueda dar alguna bala, aunque sea de refilón. Quiero que sepas que si te llamo es sólo para avisarte, para que sepas que no quiero hacerte daño, aunque mi llamada pueda hacerlo sin querer.

Me voy a asomar a la ventana y voy a esperar que todos anden por allí. Y voy a coger el rifle. Hay días mejores en los que pienso que debo asomarme a la ventana sin abrirla, y en el vaho que exhala mi cuerpo y queda en el cristal, escribir tu nombre. Esos días son los que pienso en ti y me invade un terrible sentimiento de culpabilidad por comprar rifles y muñecas hinchables por catálogo. Esos días en los que con sólo imaginar el roce de tu cuerpo, cualquier plástico y cualquier arma me hacen sentir terriblemente vulnerable y recuerdo que por muchos días que pasen tú siempre serás tú, como lo has sido siempre desde que pasaste bajo mi ventana y miraste hacia arriba.

Hasta que saque el rifle y tenga que avisarte para que te pongas a cubierto.

Cada día que pasa es un día menos que me queda por vivir. Vivir es algo más que lo que tú siempre has creído que era, pero cuando tenga tiempo para decírtelo, te quedará menos por vivir que a mí. Y eso que yo siempre pensé que moriría antes que tú.

Reconoces en mí la vida que no hay en ti. Yo vivo en ti la vida que no hay en mí.


Abrázame fuerte, que no pueda disparar…


martes, 20 de septiembre de 2011

Anticrónicas de conciertos en lasgafasdemike.com: Acuse de recibo con muuuuucha demora



Tardamos en dar constancia, una vez más, de ciertas Anticrónicas publicadas en Las Gafas de Mike (Por cierto, con renovada imagen, pasen y vean...).

La más reciente, el Festival En Vivo de Getafe, de donde alguno que otro salió muerto de tantos días y horas de conciertos, y de tanto polvo respirado (Sin segundas...)

Anteriormente, la tercera edición del Festival CaslaRock, que trae la segunda parte de "Yo tenía un novio que tocaba en el CaslaRock", que fue escrita en la segunda edición del Festival, la primera en la que asistimos por allí, y estamos ansiosos porque nos inviten a la cuarta... Vamos, un lío de números, ediciones y reediciones, pero un gran festival, todo hay que decirlo...

Sinkope en el III CaslaRock (Foto: Álvaro Hernández)


Y la más antigua que queda sin ser mencionada aquí, pero no por ello menos importante, Nacho Vegas en 5 frases y sonidos circenses.


cabezadeavestruz y su consejo editorial quiere dejar constancia desde su humilde rincón del infinito agradecimiento hacia lasgafasdemike.com por dejar que asomemos la cabeza por allí de cuando en cuando, y aplaudir la inconsciencia de las mentes que llevan tan fabulosa página musical por seguir permitiendo que estas Anticrónicas aparezcan de cuando en cuando aún a riesgo de tener problemas con la justicia...

Y de justicia es, igualmente, recomendarles la página donde tiene a bien colgar las maravillosas fotos que aparecen en la mayoría de estas anticrónicas (Bueno, en este caso sólo en una de las tres...) el Maese Cámara que suele poner freno a las veleidades del anticronista de turno...

¡Salud! Nos vemos en algún concierto...




lunes, 12 de septiembre de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 18): Fotografías para despertar feliz


Cuenta una leyenda que en aquella ciudad paseaba un chico triste y solitario, al que todos pensaban que le pasaba algo aunque intentara disimularlo. 

Dicen que paseaba y paseaba intentando sonreír y poner buena cara a cuántos se encontraba, aunque los que le conocían bien, sabían que no era más que una forma de disimular su tristeza y soledad. 

Cuenta esa leyenda que, un buen día, vagando por las calles como tantas veces, vio a una chica que le hizo sonreír. Que salió corriendo hacia ella, con cuidado de que no pudiera verle y que la siguió discretamente hasta que estuvo seguro de que era ella. 

Dicen que su teléfono móvil no tenía batería y no pudo fotografiarla. Que guiñó un ojo a modo de obturador, abrió bien el otro enfocando y que registró una imagen suya mentalmente. 



Cuentan que se fue corriendo a casa, nervioso. Que iba con los ojos cerrados y que iba dando tumbos chocando por todas partes, con todo lo que se encontraba a su paso. 

Dicen que se metió en la cama y que sin abrir aún los ojos, puso el despertador. 

Cuentan que le costó mucho dormirse, que tenía la imagen de aquella chica en la cabeza y que no quería que se borrara por un mal sueño no controlado. 

Dicen los que vivían en su mismo inmueble que aquella mañana el despertador sonó varias veces. Que sonó más de lo normal, aunque fuera un chico al que le costaba sacudirse el sueño. Que el chico despertó una y otra vez para ver la instantánea que había capturado el día anterior. Que cuando la encontró y supo que era ella, se levantó de la cama con una sonrisa. 

Cuentan que a partir de ese día, dicen por la ciudad que el chico siempre fue feliz. 

Lo que nadie dice ni cuenta es que esa chica, desgraciadamente, no soy yo…

Y sigo esperando que me hagas una foto, aunque sea con el móvil. 





jueves, 8 de septiembre de 2011

Basado en hechos irreales

 
“Dicen que me he acostado con siete Miss Mundo. 
Es mentira: Sólo han sido tres.”
(George Best)
 
 
Salí corriendo. Me empecé a subir los pantalones de mala manera, atropelladamente. Escaleras abajo, patéticamente, como un cliché de una mala (¿No lo son todas?) película americana adolescente.

Conseguí abrocharme el pantalón cuando ya corría por la calle. Gané velocidad al estar vestido de cintura para abajo. En ese instante no recordaba que habría sido de mi camiseta de George Best. ¡Dios Santo! ¿Había perdido la camiseta de George Best? ¡Con el trabajo que me costó comprarla en aquella subasta por E-Bay! ¡Con lo bien que me quedaba! ¡Con lo bien que me sentía con ella puesta…!
 
 
 

No tenía tiempo para pensar en cosas materiales. Seguía corriendo como alma que lleva el diablo (¿Quién ha dicho que las almas que llevan el diablo corren mucho? Nunca he entendido bien esa expresión…) buscando ponerme de una vez fuera de peligro.

Corría y corría como si estuviera preparado para ello. Quizás para correr mucho sólo sea necesario algo de que huir. Correr es de cobardes, pero cuando estás huyendo, ya se da por hecho que eres un cobarde. Cuando eres un cobarde, huyes, corres y recuerdas que llevas más de quince años postergando el momento en el que vas a dejar de fumar definitivamente, y todo sucede a la vez, bastan un par de minutos para que el resultado empiece a resultar lamentable.

Pero debía dejarme de exquisiteces y seguir hasta ponerme completamente a salvo. ¿Y mi camiseta? ¿Qué habría sido de ella? ¡Joder! Me costó una pasta por E-Bay…

Tanto cine americano adolescente me había enseñado que (¡Dios Santo! ¿Pueden el concepto “cine americano adolescente” y el verbo “enseñar” estar en la misma frase sin que chirríe demasiado?) la mejor manera de estar a salvo es adentrarse en una multitud, en un lugar público lleno de gente, en un evento abarrotado…

Al fondo de la calle estaba el centro comercial. Sería perfecto para mezclarme con la muchedumbre. Introducirme en cualquier tienda y estar completamente fuera de peligro. 
 
Además, probablemente hubiera WiFi. En cualquier centro comercial que se precie a día de hoy hay WiFi disponible, es la señal identificativa de estos nuevos tiempos de interconexión global. Y si la WiFi va bien, podría actualizar mi estado de facebook maldiciendo mi mala suerte por perder mi camiseta de George Best, postear algo nuevo en el blog con la palabra “tetas” repetida varias veces, y ver si hay alguna oferta interesante en infojobs. Seguramente descartaría la tercera opción por inútil, la primera por seguir bloqueada mi cuenta facebook por mis repetidas amenazas de muerte a Lina Morgan, y sólo me quedaría escribir un post con la palabra “tetas” repetida muchas veces. Seguramente lo titularía “Tetas, tetas y más tetas” y no sé muy bien qué contaría en él, pero repetiría todas las veces que pudiera la palabra “tetas” para aumentar el número de visitas del blog. Que sólo lo visitaran habitualmente una ex novia, una madre y un par de colegas de fiesta con poco criterio empezaba a ser muy triste y la estratagema de las tetas (“La estratagema de las tetas” puede ser un buen nombre para una próxima novela) aumentaría exponencialmente el número de visitas. Seguramente también aumentaría si pusiera la palabra “pene” o “polla”, pero aquel día, me parecía de mejor gusto la palabra “tetas”. Y además, me gustaban más.

Y, en medio de todo ese desbarajuste mental, propio de una persona escasamente equilibrada, me di cuenta: Llevaba la polla fuera. No me había olvidado de subirme la bragueta, no: Llevaba la polla fuera. Había perdido mi camiseta de George Best y llevaba la polla fuera. No tenía un miembro demasiado grande, pero todas las personas que habían salido corriendo de la tienda de velas en la que entré para disimular mi huída corrían despavoridas lejos de mí no por su tamaño, sino por su mera existencia y exhibición. ¡Perdonen ustedes! ¡No era consciente, lo juro…! ¡Ahora mismo me la guardo!
 
Pero no podía. No podía guardarme la polla en el pantalón. ¿He dicho ya que no era demasiado grande? Pues no era demasiado grande, y aún así, no me la podía guardar en el pantalón…. ¡Qué día llevaba! Pierdo mi camiseta de George Best, no encuentro WiFi para actualizar el blog con una entrada llena de la palabra “tetas” para aumentar el número de visitas, y no me puedo guardar la polla en los pantalones… La dependienta, terriblemente apurada por la situación pero muy eficiente (¿Se habría visto alguna vez en una situación similar?) y diligente, me dio una bolsa con la que taparme y me pidió amablemente que abandonara su tienda sin montar demasiado escándalo.
 
Salí de allí con la cabeza gacha y la polla erecta (¿Cómo me podía excitar en aquella situación?) aunque disimulada por la bolsa de la tienda de velas y te vi al fondo del pasillo. Me estabas buscando… ¿Dónde has estado? Mira qué facha ¿Qué horas son estas? Vete a la cama…
 
Me arropaste y me diste un beso en la frente. Me besaste en la frente aunque sabías que mi polla no era demasiado grande. Pero sé que a ti no te importaba. Mi erección había desaparecido. Ni te importaba qué había pasado. Ni siquiera quisiste saber dónde había dejado la camiseta de George Best que me había comprado por E-Bay y que habías pagado tú.
 
Sólo te importó que me había vuelto a librar de una multa por mear en la calle.
 
Y eso, mi querida amiga, no tiene precio…

 
 
Posdata aclaratoria (Inútil como de costumbre, innecesaria como siempre):
Este post no está basado en hechos reales. Ningún animal ha sido maltratado ni ha sufrido daño en su elaboración. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Nunca he tenido ninguna camiseta de George Best. Este blog tiene una página en facebook de la cual pueden hacerse fan pinchando el "me gusta".El tamaño de mi miembro (como su existencia) es un misterio a resolver. La palabra “tetas” aparece en este post con la intención que se menciona, además de ser un concepto que me gusta mucho. Yo no soy quien parezco ser.


martes, 6 de septiembre de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 17): Vestirse para las ocasiones y mirar atrás



No iba vestida para la ocasión.

Ni la música ni la conversación iban con ella. Se apartó discretamente a una esquina del salón. La gente parecía feliz en la fiesta. No encajaba allí, pero no podía irse. No en ese momento.

Cruzó la sala donde todos bailaban y aparentaban estar felices. Repartió sonrisas a diestro y siniestro para no parecer desubicada y llegó al balcón. Se asomó discretamente y recordó porqué estaba allí. Miró la luna y encontró la respuesta.

Volvió a cruzar la sala. Todos seguían bailando y aparentando estar felices. No repartió sonrisas aunque pudiera parecer desubicada.

No encajaba allí, pero nadie lo hacía realmente. Sólo ella lo sabía. La gente parecía feliz en la fiesta. La esquina del salón estaba ahora ocupada por dos que se besaban como si no hubiera un mañana. Y ella se maldijo por abandonar la esquina antes de tiempo. 


Fuera de aquellos besos, ni la música ni la conversación iban con ella.

Tampoco podía pasarse la noche entera preguntándole a la luna si puede volver atrás. Además, no iba vestida para la ocasión.

No podía quedarse ni volver a cruzar el salón. Tampoco podía irse, ni asomarse a encontrar respuestas en la luna.

Se quedó en medio de ninguna parte, rodeada de gente. Como tantas otras veces. En su esquina del salón se besaban, en la fiesta bailaban y aparentaban ser felices, y la luna había desaparecido.

No iba vestida para la ocasión. Tampoco podía volver atrás.

Se puso una copa, empezó a bailar y aparentó ser feliz.

Aunque de reojo mirara la esquina del salón.

Aunque no fuera vestida para la ocasión…



martes, 30 de agosto de 2011

Convesaciones encubiertas en DVD



Interior. 
Habitación de una casa. 
Algo de luz entra por la ventana que tiene las cortinas a medio correr y la persiana por la mitad. Ella está desnuda encima de la cama y parece que a él le molesta que parte de ella se apoye sobre el periódico.


Ten cuidado, todavía no lo he leído
Te va a oler a mí cuando lo hagas
Todo me huele a ti últimamente
Qué majo eres cuando quieres…
¿Te leo el horóscopo?

Ella pone cara de haber escuchado una excusa barata para que le dé el periódico y no se lo estropee más.

Sí, por favor…
¿Capricornio?
¡Escorpio, capullo! Como si no lo supieras… El día menos pensado te voy a clavar mi aguijón y te vas a enterar para siempre de lo que es ser Escorpio.
Escorpio: Hoy vas a tener una experiencia que va a cambiar la vida. Encontrarás una persona especial a la que deberás conceder todos sus deseos…
Venga, gilipollas… Léelo en serio…
Es en serio, mira…

Se acercan al periódico, pero antes de que ella pueda leerlo él, entre risas se acerca a su boca y la besa apasionadamente. 
Ella se deja llevar y empieza a sonar El dúo de las flores del Lakmé de Delibes…

¿No oyes música?
Sí claro, la han puesto porque nos estamos besando… ¿No recuerdas que estamos en medio de una película romántica de esas que tanto detestas?
En serio… ¿No la oyes?
No, no la oigo
Suena como la de la ópera aquella que me recomendaste una vez.
¿Aquella que nunca llegaste a ver?
Pero si tú decías que la ópera hay que verla en vivo y no en la tele...
Ya, pero tenía la esperanza de que al menos, vieras una en DVD. He de confesarte que la música de esa ópera la conocí antes por una película.
¿Cuál?
La hemos visto juntos, y hablamos de ello. Creo que a veces no me escuchas…
Si te escucho, pero tengo mala memoria… ¿La de Susan Sarandon y Catherine Deneuve?
Pero de la peli ni te acuerdas, ¿No?
Bueno, me acuerdo de esa escena… Y es la música…



De repente, en un movimiento rápido, se separan y él enciende la tele. Ella pone cara de indisimulado disgusto.

Es un momento, no te preocupes.
No me gusta que veas la tele cuando estamos juntos. Quiero que me atiendas sólo a mí.
Puedo hacer dos cosas a la vez.
No, no puedes… Eso sólo lo podemos hacer las mujeres.
¿Ya no te acuerdas de aquel día?


Ella empieza a contener lo que parece que va a convertirse en llanto. Se levanta de la cama y se acurruca en una esquina de la habitación visiblemente afectada. 
Fundido en negro


Extras del Director (Mayores de 18 años. Puede que la escena esté censurada en la zona de reproducción de su DVD por contener escenas no recomendables):

11 de Septiembre de 2001:
Sus sentimientos son contradictorios. No sabe muy bien por qué está haciendo eso.

Cree que tiene ganas de llorar pero no lo hace.
Cree que siente rabia pero no le afecta.
Cree que debería sentirse abrumada por lo que está viendo pero no es así.

En la televisión, en aquel preciso momento, dos aviones acaban de derribar las Torres Gemelas de Nueva York. 
No puede apartar la vista de la pantalla.
Siente que está viviendo un momento histórico.
Siente que ya nada volverá a ser igual.
Siente que está viendo los escombros del mundo que le tocará vivir a partir de ese momento.

Sus pezones están muy duros. Él los agarra y aprieta como nunca. Un calor invade todo su ser como nunca antes. Su polla parece más grande y dura que nunca, y cree que llega a sitios de su interior donde nunca nadie había llegado en la vida. Un escalofrío casi constante va de su nuca al interior de sus muslos atrapándola brutalmente. Cree que está siendo follada como nunca nadie lo había hecho antes.

Y una lágrima asoma en sus ojos.
Y un estremecimiento la invade cada vez más fuerte.
 
Por mucho que le culpe a él, sabe que ha sido ella la que ha provocado que estén follando. Está a cuatro patas recibiendo toda su fuerza. Está frente al televisor mientras se están cayendo las Torres Gemelas de Nueva York y no puede dejar de mirar ni de sentir.
 
Y un grito sale de su boca inundando todo el mundo conocido, y le da igual que esté hecho escombros…

martes, 23 de agosto de 2011

Alejarse y mensajes en las botellas (La mentira del náufrago)


Cuando te alejas de algo, se muestra realmente importante si lo añoras más de lo esperado. Tiras una piedra al mar con la excusa de que vas a dar la vuelta y no pensar demasiado en ella y te descubres inútil para pasar más tiempo alejado sin tenerla cerca y sufres por imaginarla a la deriva en alta mar sin que puedas hacer nada más que anhelar enfermizamente volver, cogiendo un barco que pase junto a ella para constatar cuánto se ha hundido o cuánto os necesitáis.

"Alguien que me comprende
Alguien a alguien recordar de memoria cuando estoy de viaje
Cuando estoy muy lejos, sí.
Soy un vagabundo y camino bastante alrededor del mundo,
Pero quiero volver a mi casa, a alguna casa, para encontrar a esa princesa vampira
Que respira, que respira y me mira."

(La Parte de Adelante,  Andrés Calamaro)


Naufragué por la misma razón que quedan varadas todas las ballenas o todos los incautos que van de crucero por alta mar: Porque no creí que nunca iba a naufragar. Nadie se convierte en un Robinson Crusoe cualquiera si antes de montarse en el barco supiera que iba a naufragar. Nadie es un náufrago por gusto. Pero yo naufragué. Por esa misma razón que me hace ser igual de vulgar que el resto de personas que han pasado por el mismo trance. O por cualquier otra razón. Da igual, porque naufragué.

Quizás naufragué intencionadamente. Quizás no. Eso no tiene importancia. Lo que me aterra es pensar que una vez alejado del mundo, náufrago y perdido, seguí recordando que por mucho que me aleje de ti, voy a seguir recordándote siempre. Te voy a tener presente en mayor medida aún que si te tuviera presente constantemente.

Y ser náufrago tiene algún que otro inconveniente. El principal de todos, si eludimos nimiedades burguesas como comer y beber, es el de perder el contacto directo con el resto del mundo ajeno a tu isla.

El primer disgusto que me llevé al encontrarme en aquella isla desierta fue que no tenía cobertura en el móvil. Y mucho menos aún, wifi para conectarme al facebook o twitear algo... Por supuesto, no podía contactar con mi camello para que con simpatía me recordara lo bien que van sus niños en unos estudios que en buena medida, les estoy pagando muy gustosamente a base de transacciones menos esporádicas de lo que mi debilitada salud requeriría.

Pero sin cobertura, sin redes sociales, sin camello... Lo único que echaba en falta era a ti. A mi droga favorita. Y todas las drogas, con su ausencia, causan síndrome de abstinencia, digan lo que digan.

No podía llamar a mi camello. Y me preocupaban las carreras universitarias de sus hijos. A los que no conozco, pero los imagino. A ti si te conozco y te imagino más. Te imagino sin mí a tu lado y me convenzo de que yo no tengo la culpa, pero no puedo soportarlo.

El consuelo del náufrago. El consuelo del desterrado. 
No vienes a mí porque no te llamo. No estás a mi lado porque no te puedo decir que te necesito aquí. No sales en mi búsqueda porque no te lo hago saber. 
El consuelo del desterrado. El consuelo del náufrago.

En definitiva: La eterna mentira de los navegantes. Podemos entonar canciones sobre los amores que tenemos en cada puerto, pero de puertas para dentro, con la música apagada y el ron en forma de resaca, sabemos que no es cierto, que no es más que una pose. Y los náufragos sabemos mucho de poses porque no tenemos nada mejor que hacer que intentar estar presentables cuando nos rescaten.

Hay millones de tácticas, pero sólo una es tan clásica y romántica como para tenerla en cuenta olvidando wifis, coberturas y demás zarandajas inalcanzables, y asumiendo que soy algo más que un náufrago en una palangana (Lichis dixit). Tengo que emplear la técnica de toda la vida: 
 
El mensaje en la botella.
(Robin Wright, siempre Robin Wright... Como desees...)

Llevo media vida lanzando botellas al mar después de beberme su contenido. Ahora me queda otra media de espera para que alguien recoja alguna, sepa leer mi mensaje y venga a rescatarme.

Ahora apuro el poco vino que queda en la última botella de mi definitivo naufragio e introduzco en ella mi postrero y definitivo mensaje pidiéndote auxilio:

“Estoy aquí. Estaré aquí hasta que llegue alguien a buscarme. Y quiero que ese alguien seas tú”.

La lanzo con rabia lo más lejos que puedo. Quizás, sólo quizás, la veas, la recojas y sepas que es para ti.

Quizás, sólo quizás, debí firmar el mensaje.

Quizás, sólo quizás, así nunca sepas quién soy y me confundas con otro.

Quizás, sólo quizás, seguiré esperando.

Realmente, no tengo nada mejor qué hacer en esta isla desierta.

Desierta de ti....

sábado, 13 de agosto de 2011

Te debo un cuento (Capítulo Segundo):



Es la noche. Es el momento. Es el instante buscado.

Llevaba tiempo detrás de ese preciso momento en el que se pondría a escribir lo mejor que nunca había escrito. Para ella. Se lo debía. Se lo había prometido. Lo iba a hacer.
 
Había llegado la hora. Aunque fuese muy tarde. Aunque llevara unas copas de más.

Para todo hay un momento adecuado, pero siempre lo reconocemos cuando ya ha pasado. Ella sabe que ese y no otro, es el momento adecuado para escribir el cuento que le debía. Los demás no solemos encontrar nunca los momentos adecuados y nos conformamos con la ilusión de estar de cuando en cuando en el instante preciso en el sitio indicado, pero no es más que una mera ilusión de la que también nos damos cuenta después. Ella sabe que ese es el momento adecuado. Es el instante. Es el día. Está decidida.
 
Tiene claro que quiere escribir un cuento para ella. Está convencida. Está decidida. Es el momento. Sabe lo que quiere contar.

Sigilosamente se acurruca a su lado en la cama.

- Estoy malita -le dijo horas antes.
- No te preocupes, yo estoy aquí para curarte o hacerte tu dolencia más llevadera.
- Qué buena eres.
- Me preocupo por tí
- Demasiado a veces...
- Nunca es suficiente.
- Qué buena eres conmigo...
- Contigo...

La acercó a su pecho y le acarició su pelo revuelto. Hizo que se sintiera bien. Sintió que la protegía y que estaba allí para dar lo que necesitaba ella en ese preciso momento. Le susurró al oído unas palabras que sabía que siempre funcionaban cuando eataba mal y lo necesitaba, y se lanzó.

- ¿Te he contado el cuento de cuando era romántica e idealista?
- No, pero sabes que me encanta que me cuentes cuentos.
- Pues ven. Acércate a mí. Esta es una historia real. De antes de que me conocieras. De cuando yo era romántica e idealista.

Y sintió que era el momento. Había llegado la hora de contarle el cuento que le había prometido tantas veces. De hacer que se sintiera la cosa más especial del mundo entre sus brazos, aunque su supiera que había algo dentro de ella que la hacía rechazar esas emociones porque no quería dejarse llevar demasiado para no sufrir. Daba igual. Era el momento. Lo sintió. Lo sabía. Le iba a contar el cuento que le debía hace tanto tiempo...

"Erase una vez, cuando tú y yo no nos conocíamos, y cuando el mundo era más oscuro y más gris, una chica que pensaba que era maravilloso todo lo que le rodeaba, y que era feliz con todo lo que sentía.

Esa chica acostumbraba a dejarse llevar por las emociones y por los sentimientos, y eso, no le hacía ningún bien, aunque normalmente no se daba cuenta de ello.
 
Era una chica feliz, como tú y como yo, alegre y plena. Sabía que nada podía apartarla de su felicidad más que sus pensamientos, y por eso, eliminaba los que no le gustaban. Llevaba consigo mismo una férrea disciplina del “no dolor” y el “no sufrimiento”. Podría decirse que para lo único  que había nacido y crecido era para aquello que todas quisiéramos: Para disfrutar de la vida, sin ambages, sin preocupaciones, sin calentones morales, sin culpabilidades, sin excusas...

Solía comprar flores a menudo. 
 
Adoraba las flores. 

Compraba ramos de flores todos los días para pasear por la calle, como si se las llevara a alguien. Pero antes de llegar a casa, siempre las tiraba en la papelera.
 
 

 
Para medio barrio era la chica del ramo de flores que iba a buscar a su amado todos los días. La mayoría de la gente que la vio más de una vez, la identificaba con la romántica soñadora que volvía a casa todos los días con un ramo de flores para la persona que amaba. Había otros que pensaban que era una luchadora que perseguía un amor imposible al que quería ver caer en sus brazos llevandole un ramo de flores todos los días.

Nadie estaba en lo cierto. Ella misma no estaba en lo cierto.
Compraba a diario un ramo de flores, paseaba por la calle con él, llegaba al portal de su casa y... Lo tiraba en la papelera.

Así, día tras día. Impecablemente vestida, con una sonrisa arrebatadora, con una mirada chispeante, paseaba el ramo de flores por el barrio sin más destino que la papelera frente a su portal. Día tras día. La misma rutina. La misma felicidad. Las mismas miradas de envidia y recelo en los que la conocían de verla pasear el ramo de flores todos los días.

Medio barrio la amaba tan sólo de ver su sonrisa. Otro medio soñaba con ser el receptor de aquel precioso ramo de flores diario. Los demás fantaseaban con cruzar la mirada con aquellos ojos arrebatadores y ser los receptores de aquel ramo diario.

Pero nadie conocía su historia. Nadie sabía quién podía ser el receptor de aquel ramo, de aquellas miradas, de aquella sonrisa...

Ella, ajena a todo lo que la rodeaba, paseaba día tras día con el ramo de flores por el barrio. Camino a casa. Sonrisa encendida, mirada soñadora. Compraba un ramo cada día más bonito. Sonreía cada vez más. Miraba como sólo una chica que pasea ramos de flores diariamente puede mirar. Y, siempre, al llegar a su portal, lo tiraba en la papelera.
Hasta que un día, ocurrió lo que nadie esperaba. 

Ella, feliz y dichosa. Con sus pensamientos ajenos al dolor o a la trascendencia. Sin saber porqué o cómo, su actitud despertaba todo tipo de sentimientos en la gente que la rodeaba, llegó a su portal, se giró para tirar el ramo como siempre y, sin que sospechara muy bien porqué, se encontró con que la papelera habitual había desaparecido.

Presa del pánico y aterrada por una situación en la que nunca se había encontrado, entró nerviosa en el portal. Subió las escaleras de dos en dos como si se sintiera perseguida y acosada. Llegó a la puerta de su casa con el ramo en la mano y, sin saber muy bien porqué, llamó a la puerta en lugar de  abrir con sus llaves como hacía siempre.

-Perdón, ¿Quería algo?
-Sí, pero no sé muy bien qué...
-¿Cómo?
-Este ramo es para ti...

Presa de un ataque de timidez, dio la vuelta por donde había venido y echó a correr a la calle nuevamente, quizás en busca de la papelera desaparecida.
 
- ¡Oye! ¡Vuelve aquí! ¡No salgas corriendo!
 
Ella no escuchó nada. Estaba totalmente desarmada ante los acontecimientos. Las flores eran sus espadas y ahora no tenía siquiera armadura. Escuchó de fondo una voz que gritaba a los cuatro vientos:
-Me encanta las flores... Llevo mucho tiempo esperándolas. ¡Gracias!

Se dio la vuelta dispuesta a poner su mejor sonrisa para afrontar la situación. Miró hacia donde venían las voces y vio unos ojos que desarmaron los suyos. Volvió a mirar y encaminó sus pasos hacia allí."


Aunque eso, como tantas veces, es otra historia...

La besó en la frente y notó que tenía algo de fiebre. 
 
Dijo “Buenas noches” aunque sabía que no podía oírla y que no había llegado a escuchar ni la mitad del cuento.
No importó. Vio que su sueño transmitía placidez y eso, pensó, era lo que buscaba al contar el cuento. 
 
La volvió a besar, ahora en los labios, y fantaseó conque horas más tardes volvería a besar esos labios para desear buenos días.
 
¡Buenos días!


lunes, 1 de agosto de 2011

Angustias de Agosto y AK-47



Me quedo sin tiempo. Miro a sus ojos y sé que es capaz de hacerlo. Hace un rato no pensaba que pudiera ser capaz, pero ahora sí lo creo. 
 
Y tengo mucho miedo.
 
Me quedo sin tiempo para encontrar la respuesta. Debería poner a mi disposición toda aquella chispa e ingenio del que siempre me convenció de ser poseedor. Quizás no debí mostrarle nunca mi lado más bonito. Quizás no debí nunca mostrarle mi encanto sin ambages. Ahora no me veo capaz de superar el nivel que me pide, el nivel que algún día le di.
 
Me quedo sin tiempo. El cañón de su AK-47 apunta directamente a mi estómago. Me gustaría pensar que está apuntándome al corazón para que tenga una muerte lenta y porque ya me lo ha roto en pedazos y sólo quiere rematarme. Pero no. Apunta a mi barriga porque sabe que así tendré una muerte más lenta y dolorosa. No puedo ni imaginar qué le puedo haber hecho para que olvide todo lo bueno que hemos vivido y quiera hacerme sufrir hasta en el momento de mi muerte. Un asesinato. Aunque me siga pareciendo tremendamente extraño decirlo, lo veo y estoy seguro de que lo va a hacer.
 
 

 
 
Me quedo sin tiempo. Sus pezones están apuntándome como si se estuviera poniendo cachonda con la situación. Tres disparadores directos a mi vientre. Sus pezones también me han hecho daño alguna vez, por eventuales ausencias, pero combinados con el cañón del AK-47 no sé qué pensar. Si no fuera porque por primera vez en mi vida siento realmente cerca la muerte, me excitaría terriblemente la situación.
 
-    Se te está acabando el tiempo
-    ¿Por qué? ¿Qué vas a hacer conmigo?
-    ¿Lo dudas? ¿Todavía no te has dado cuenta de que voy a matarte?
-    No te creo capaz –miento como un bellaco una vez más.
-    Sabes que soy capaz de eso y más
-    Te creo capaz de muchas cosas y lo sabes, pero, ¿Por qué quieres matarme?
-    Quiero matarte por ser quién eres. Por ser lo representas para mí. Por haberte cruzado en mí camino. Porque me has dado cosas que nadie me ha dado… Tengo miles de razones, pero la principal es que has terminado por hartarme. 
-    ¿Y esa es suficiente razón para matar a alguien?
-    ¿Quieres que te dé más? Te he dado unas cuantas
-    Ninguna razón es suficientemente convincente como para que asuma que TÚ quieres matarME
-    No querría hacerlo realmente, pero no me queda otra opción. Sabes que no eres el primero. Además, no espero que lo asumas, aunque creo que sabes que esto pasaría algún día…
-    ¿Qué no soy el primero? –ahora sí que estaba asustado- ¿Has matado a mucha más gente?
-    Te lo he dicho un montón de veces. A ti te he confesado cosas que no he confesado a nadie, y esa es una de ellas. Por eso me duele tanto matarte, pero por eso también, me siento tan obligada a hacerlo…
-    ¿Qué me has confesado que has matado a gente? ¿Cuándo? El decir a fulanito “lo he matado”, a menganita “la maté porque ella se lo buscó”… ¿Quería decir literalmente eso? ¿De verdad? Siempre supuse que significaba algo así como que estaban muertas para ti, no que directamente las mataras…
-    Pues creo que contigo siempre he sido muy sincera. Me habrás entendido mal, pero yo te lo he dicho siempre todo muy clarito.
-    Claro, como que era lo más especial que tenías, que era maravillosa, que me necesitabas, que me echabas de menos, que no había nadie como yo, que cambiabas todo por mí… Y resulta que soy un kleenex más. Pero no te conformas con tirarme a la basura, sino que quieres matarme…
-    Todo eso era verdad. Y lo sabes. Pero también sabías que este momento llegaría tarde o temprano.
-    No. Nunca lo supe. Nunca lo quise ver así. ¿Tanto me has amado como para ahora tener que odiarme para compensarlo? ¿Tan difícil se te hace que yo te ame como para querer matarme? ¿Tienes dudas sobre mí y no te conformas con ir con quien quieras, jugar conmigo, utilizarme… Sino que quieres matarme?
 
Calla por respuesta. Creo ver en sus ojos algo de inseguridad. Quizás ese sea mi mayor pecado: He sabido ver desde el principio sus inseguridades. He sabido traspasar su barrera de seguridad sin que me diera permiso y he visto en su interior algo diferente a la actitud perdonavidas y apabullante con la que se comporta por el mundo.
 


Me quedo sin tiempo para encontrar la respuesta. Está esperando. Está nerviosa. Por mucho que intente aparentar, parece dudar, conozco esa mirada. Es el momento de darle lo que me pide, pero no soy capaz. No encuentro las palabras. Y aunque las encontrara, quizás no sean las que ella está esperando. En el caso que esté esperando algunas palabras y no sea un farol más. 
Quizás no debí mostrar nunca mi lado más bonito. 
Quizás no debí nunca mostrar mi encanto sin ambages. Ahora no me veo capaz de superar el nivel que me pide, el nivel que algún día le di. Cuando se bate algún record mundial, te embarga la alegría, y nunca nos imaginamos que un momento como ese hay que superarlo y cada vez es más difícil. Ahora la presión me puede y tengo que batir de nuevo mi propio record mundial en un último intento, por muy elevado que lo dejara la última vez. Y ahora no busco la gloria, ni siquiera fascinarla. Tengo que dejarla tan impresionada como para que olvide que quiere matarme y vuelva a admirarme como la record woman mundial que soy y a la que tanto admiró.
 
-    ¡Vamos! Se me acaba la paciencia
-    ¿Qué quieres? ¿Cómo quieres que te diga algo con eso apuntándome a la cabeza?
-    No te estoy apuntando a la cabeza, te voy a disparar al estómago –lo sospechaba-como no me des lo que quiero ahora mismo… Sólo te pido que lo hagas una vez más. Que vuelvas a impresionarme como siempre lo has hecho. Quiero que me des sólo una razón para que no tenga que matarte.
-    Tú siempre has hecho lo que te ha dado la gana. Hasta contigo misma. No intentes ver en mí, justificación para hacer ciertas cosas… Y menos, si una de esas cosas es matarme.
 
Cambió su mirada de inseguridad, por esa (falsa) que tanto conocía cuando me explicaba lo que hacía y dejaba de hacer, sin el menor atisbo de duda en la corrección o no de sus actos. Acarició el gatillo del AK-47 mostrándome a las claras que estaba a punto de disparar. ¿Cómo disparar? Dispararme. Bajó la mirada apuntando en un acto innecesario por la distancia que nos separaba pero que quedaba muy bien cinematográficamente. Pero aquello no era una puta película aunque mirarla siempre lo hubiera sido hasta ese momento. Ahora estábamos hablando de mi vida. Esa vida que ella hizo a ratos tan feliz y a ratos tan insatisfactoria. Esas insatisfacciones nunca las hubiera conocido si no la hubiera dejado traspasar mis escudos de seguridad, pero también me hubiera perdido ratos de absoluta felicidad. Absoluta y tremebunda felicidad. Era un riesgo que asumí. Pero no asumo que quiera matarme. Creo que sus pezones se están poniendo cada vez más duros. Y ahora, increíblemente, me estoy poniendo cachonda mirándola.
 
-    ¡Dime algo! ¡Por favor! Dime porqué no tengo que matarte…
-    Porque no quieres matarme. Porque no puedes hacerlo. Porque quieres matarme por no matarte tú misma. Porque no puedes soportar todo lo que soy para ti. Porque no encuentras mentiras que te convenzan.
-    ¿Eso es lo único que se te ocurre?
 
Me callé. 
No había facilitado las cosas. Si necesitaba escuchar algo que la impulsara un poco más a matarme, era justo lo que acababa de decir.
No era lo que esperaba oír de mi boca. Esa boca a la que tantas veces besó e intentó convencer de ser diferente a todas las demás. Esa boca que la quería creer siempre y que ahora, sintiendo la amenaza del AK-47, la creía como nunca antes lo había hecho. Esa boca que tan pocas veces la reprochó que buscara en otros cuerpos y en otros calores cosas que sabía que nunca encontraría más que en mí, por mucho que ella quisiera engañarse. Porque sólo yo supe abrazarla, tocarla, besarla, pensarla, creerla, comerla, adorarla, amarla… Aunque ella no quisiera verlo así.
 
Ahora ya lo había visto. Sólo así podría llegar a comprender que quisiera matarme. Ahora ya lo ha visto y, engañándose una vez más, va a matarme para no admitirlo. Para seguir pensando que todo lo controla. Ahora ya lo he visto. Era el momento.

-    Soy lo mejor que has encontrado en tu vida. Te has sentido conmigo más especial que con nadie. Y sabes que por mucho que busques, por mucho que te intentes convencer, una vez pasada todas las fascinaciones iniciales por unos o por otras, siempre sabrás que lo que yo soy para ti, no lo podrá llega a ser nunca nadie. Y eso te duele. Te desarma totalmente y no lo puedes soportar. No fui yo la que decidió que todo era tan bonito como para no pensar en nada más que en ello. Fuiste tú la que siempre te complicas, la que siempre buscas, la que siempre analizas, la que me mirabas con fecha de caducidad porque siempre ha sido tu estilo, y porque no puedes parar de justificarte todo lo que haces, aunque en el fondo, tiempo después descubres que te has engañado y eso conmigo nunca te pasó. Simplemente soy yo. Lo sabes, lo supiste el día que nos conocimos, y lo sabrás siempre… Hagas lo que hagas ahora mismo…
-    Tienes razón: Siempre estarás en mí. Siempre nos recordaré. Pero nunca lo admitiré en público, lo siento. No puedo cambiar lo que soy. Ni siquiera la imagen que doy…

Sonaron varios disparos que se oyeron por todo el vecindario. 
 
Era el principio de Agosto. Medio mundo estaba de vacaciones. Los informativos darán buena cuenta del suceso. En Agosto no pasan cosas reseñables y cualquier cosa es noticia. 
 
Hasta las muertes por amor. 
 
Hasta los asesinatos cometidos para no asumir el amor. 
 
Hasta los suicidios consentidos. 
 
Hasta las muertes por angustia…



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