miércoles, 17 de marzo de 2010

El Baúl de las Miserias Perdidas (Capítulo 3): Mazinger Z

Rescato del Baúl de mis miserias un texto que presenté hace bastante tiempo a un concurso de Relatos Eróticos. Como ha sido la norma habitual, tampoco ganó nada (razones obvias, nuevamente, viendo el texto). El Concurso exigía que el relato incluyera alguna referencia al preservativo. Aprovecho, con actitud profiláctica, para recomendar que te abstengas de seguir leyendo porque es para mayores y se dicen cosas guarras.



“Cualquier lugar, cualquier día de cualquier mes de este o aquel año.

Me encanta empezar así tus cartas. A veces pienso que les da importancia. A veces creo que soy un poco tonta, pero algo de misterio y mucho de personalidad si que les da.

¿Cómo te va todo? Espero que bien. Perdona pero ya sabes que soy incapaz de empezar una carta sin estos tópicos convencionalismos. Son los resquicios que quedan de mi afición epistolar adolescente con la que espanté a tantos novios. La verdad es que me gustaría saber más de ti. Seguramente eso sea lo que me impulsa a hacerte saber de mí. ¿Llega o no llega esa Christinita? Como sigas siendo tan exigente, al final vas a tener que adoptarla. O adoptarlo, como tú prefieras.

Yo sí tengo novedades: He conocido a un chico. Bueno, ya sé que eso no es una novedad digna de mención, lo importante es que he conocido a Esteban. Sí, vale, eso de “Esteban” te puede sonar como a la que oye llover, pero Esteban es algo más. Sabes además lo reticente que estoy últimamente a escribir, sin embargo, tengo que contártelo:
Me voy a vivir con él. Voy a dar el gran paso.

Aunque no puedo decir que no se viera venir:
Primero empecé a usar sus camisetas por la mañana, luego dejé un cepillo de dientes en el vaso de su cuarto de baño y con el paso del tiempo fui convirtiendo su piso en algo cada vez más mío. Hasta que ayer me propuso que me mudara allí definitivamente y dejara de pagar el alquiler y abandonara mi triste y solitaria buhardilla. Y lo he hecho... ¡Lo he hecho!...

Suena igual que cuando me viniste ese domingo a las ocho de la mañana, me sacaste de la cama con una torpe excusa y disculpa a mis padres y me dijiste las mismas palabras: Lo he hecho... ¡Lo he hecho!... Aquella noche habías perdido la virginidad con el que parecía el chico más maravilloso del planeta Tierra y tenías que compartir tu felicidad conmigo. Yo sentí una profunda e insana envidia. Hoy te cuento que me he ido a vivir con el chico más maravilloso del planeta Tierra y mentiría si dijera que no quiero que sientas envidia. Envidia sana, pero envidia a fin de cuentas.

No estoy segura si voy a resultar muy pesada o si debo resumirte la historia. Bueno, ya veremos…
Estaba medio liada con el chico del pueblo de mis padres que ya te conté. Ya sabes cómo era aquello. Lo pasábamos bien, nos veíamos poco por la distancia, sexo esporádico y gratificante, sin comeduras de olla ni historias de compromisos mal entendidos... O sea, bien. No me presentaba la menor complicación. Por eso cuando me fui acercando a Esteban no tenía ninguna traba emocional que me perturbara. Sí, soy así de fría a veces, aunque sea una pose para vivir más cómoda. Esteban es ese chico que conoces hace tiempo con el que has coincidido poco y eso no te ha hecho ni plantearte siquiera si te atrae o no. Simplemente no había oportunidad ni sentía la necesidad. Aunque siendo sincera conmigo misma, cero que me atrajo desde la segunda o la tercera vez que coincidimos.

Circunstancias de la vida hicieron que pasara a verlo muy a menudo que nos fuéramos sintiendo cada vez más atraídos, más conectados. Circunstancias de la vida hicieron que como dos adolescentes nos besáramos un buen día en el que superamos nuestros miedos mutuos y sobrepasamos nuestro límite de afecto inconscientemente preestablecido. Una noche que no llegó a más que unos besos, pero que fue la gota que desbordó el vaso. Una noche fatal. Una noche genial pienso ahora.

Y te preguntarás, ¿Y luego qué? Eso era lo que me pasaba por la cabeza ¿Y ahora qué? ¿A qué me llevaba ese despertar de la pasión? Nos habíamos besado, así pues, me llegaba el reto. Estaba claro que los dos habíamos dado un gran paso. Nos habíamos librado de nuestra parte racional y nos abandonamos a lo que nos pedía el cuerpo y el corazón y nos liamos. Pero después, ¿Qué?. A fin de cuentas había sido un calentón de adolescentes y no pasamos de ahí, pero estábamos bastante talluditos para tonterías de púberes. ¿Qué debíamos hacer tras esos besos? ¿Qué etapas deberíamos acometer? ¿Qué debía hacer al volverlo a ver? ¿Quién daría el pistoletazo de salida? La verdad es que me preocupaba bastante. Más que eso, me aterraba ¿Y si él no sentía lo mismo que yo? No, no era muy probable, o era un gran actor. ¿Y si él tuviera las ideas muy claras y no se quisiera complicar la vida en esos momentos? Miles, qué digo miles, millones de dudas me asaltaron ese par de días que me separaron de él hasta nuestro reencuentro.

Frialdad, no podía esperar más que encontrarme frialdad, y eso es lo que había. Afortunadamente él estaba en una situación mental muy parecida, por no decir idéntica, que la mía. Tras el gélido reencuentro fue él el que consiguió meter el punzón para romper el hielo: Me invitó a tomar café en su casa con una burda excusa que ni siquiera recuerdo y todo se precipitó.

Yo me precipité sobre Esteban el momento justo en el que me hizo una ligera señal, al menos eso percibí yo, con la que me dio permiso para atacar. Y ahí llegó el escándalo. No estaba muy segura de contártelo, nadie lo sabe, pero Chris, si no te lo cuento a ti, reviento. Puede que llevemos mucho tiempo sin vernos y que hayamos perdido algo de fluidez en nuestra amistad, pero eres la persona que mejor me ha entendido nunca, con la que más cosas he compartido y la única que puede conocer algo como esto, o por lo menos, la primera a la que me debo atrever a contárselo.

¿Has visto en la tele un anuncio en el que un chico le propone a su chica tener un hijo y ella, para apoyar su negativa, le confiesa que el problema está en que es de Urano y no de Alicante, quitándose la careta y mostrando su verdadero rostro de extraterrestre? Pues no te diré que Esteban sea de Urano, pero cuando se quitó los pantalones tuve una impresión idéntica a la que tuvo el chico del anuncio.
No, tranquila. No voy a aburrirte con una fantasmada acerca del tamaño de su polla, lo que te voy a contar suena más increíble y probablemente, qué digo probablemente, seguro que te vas a quedar de piedra.
Como suele ser habitual en mí, le quité rápidamente la camiseta y empecé a besarlo por su cuello, su estómago, sus hombros... Todo estupendo. Se recostó y fui dominando la situación. Besaba y besaba mientras él me acariciaba. Qué dulce. Sus manos no mostraban las prisas habituales de la mayoría de los hombres que conozco. Acariciaba todo mi torso sin lanzarse como un loco a mi culo o a mis tetas, aunque no los olvidaba. Sin prisas pero sin pausa, delicadamente ponía un maravilloso interés en todas las partes de mi cuerpo sin despreciar unas ni priorizar otras.

Me llevaba al séptimo cielo recorriendo mi columna vertebral desde el culo hasta el nacimiento del pelo. Dulcemente, tomándose todo el tiempo del mundo en el trayecto, sólo perturbado por mi camiseta y el incómodo y molesto broche de mi sujetador. Parecía no tener la más mínima prisa. Yo en cambio, empezaba a tenerla y me quité el top, me desabroché el sostén como seña de que así estaba bien y que todo iba como la seda.

Cariñosamente lo separó de mis tetas y bajó las correas por los brazos hasta que me lo quitó y lo arrojó al fondo de la habitación. Cayó una taza de café pero ni nos dimos mucha cuenta ni le dimos demasiada importancia, aunque creo que en esos momentos ninguno de los dos hubiéramos hecho caso, ni nos hubiera molestado ninguna circunstancia.

Ahora le tocaba a él: Se dio la vuelta, se colocó sobre mí y empezó a sustituir sus manos por sus labios. Con la misma delicadeza comenzó a recorrerme de arriba abajo y yo no pude más que dejarme hacer y limitarme a pasear mis manos, torpes manos en esos momentos, de su cuello, de su cabeza, al final de su espalda, a su culo, con leves incursiones por su pecho.

Con una habilidad impropia del género masculino que yo había conocido hasta entonces me hizo volar masajeándome los pezones mientras mordía y besuqueaba mis orejas y mi cuello. Nunca había sentido los pezones tan duros, creo que incluso me dolieron un poco. ¡Cómo me estaba poniendo! No podía ser verdad, era demasiado bonito, y yo no suelo tener tanta suerte. Y no estaba en un típico flash de enamorada obnubilada por la situación. Pero era real, lo estaba sintiendo, podía tocarlo, podía besarlo...

No podía más, algo debía estar equivocado. Y era el momento, desgraciadamente pensaba, de empezar a descubrirlo: Bajé mis manos al cierre de su pantalón y desabroché el botón. No me dejó seguir. Me sujetó con delicadeza las muñecas y las apartó de su entrepierna. Se incorporó por encima de mi cuerpo y mirándome desde la altura que le confería ese magnífico pecho, esos anchos y fornidos hombros y ese musculado cuello, ¡Dios como está!, dijo muy serio:

- “Prepárate a ver algo que nunca has imaginado. No quiero que te asustes, confía en mí, ni en tus sueños has podido ver algo igual.”
¡Joder, Esteban! No le pegaba lo más mínimo decir esas cosas. O estoy confundida desde que lo conozco, o no era él. Sí, claro, también cabía la posibilidad de que estuviera de cachondeo. A fin de cuentas, y en esto es un genio, no se toma en serio nada o casi nada y hace gracias y payasadas de cualquier cosa. No podía menos que esperar que para él, el sexo fuera también una fiesta de risas entremezcladas entre la pasión desbocada y los gemidos enfermizos.
- Vaya, campeón –titubeaba un poco, pero creo que sonó creíble- enséñame lo que estoy e
sperando.

Me contestó algo así como Quiero que me prometas que veas lo que veas no vas a salir corriendo y vas a dejar que te explique…

Ostias, esto era demasiado. En cuestión de décimas de segundo pasaron por mi cabeza doscientos millones de tipos de penes: inmensos, microscópicos, de colores, torcidos, atrofiados, amorfos, invisibles… Lo mismo se había operado para ser tía. A fin de cuentas, sabía perfectamente todo lo que necesitaba, como si fuera una tía sin ningún rasgo de la habitual educación machista que todas y todos hemos recibido.
- Basta, le dije (o no sé si me lo dije a mí misma) ¿A qué estas esperando? Desnúdate…
- Pero, prométemelo, me interrumpió.
- ¿El qué?¿Que no me voy a asustar?
- No, bueno… mejor te lo cuento antes…
- No me jodas, déjate de gilipolleces ya… Empezaba a resultarme molesta la situación.
- Vale, vale… Vamos a ver… A lo bruto, sin rodeos: Yo no tengo lo que cualquier hombre suele tener entre sus piernas. Bueno… Dudaba y se le veía preocupado, si estaba actuando, desde luego era de Oscar. Bueno, si lo tengo, pero no es igual…
- Ya, ya supongo ¿Crees que no he visto ninguna nunca? Son diferentes, ése es uno de sus encantos…
- No, no es eso Se empezó a sentir molesto, o al menos eso parecía ¿Crees en los duendes?
- Sí, en David el Gnomo…Realmente estaba empezando a cansarme y a sentirme incómoda.

Si hubiera tenido un aparato para medir mi grado de excitación en esos momentos, habría descendido a niveles ínfimos superado por la irritación y por la desesperación.

- Déjate de cachondeo. Quiero que me escuches con atención y no te rías de mí…
- Pero, ¿Estás en serio?...Me incorporé de la cama y fui a buscar la camiseta que andaba por ahí tirada. Cuenta, cuenta. Te escucho.

En ese momento empezó soltar por su boca una historia inverosímil como nunca había escuchado y que soy incapaz de transcribirte literal porque es sin duda la historia más increíble y extraordinaria que he oído nunca. Es más, creo que jamás leí libro ni vi película que se acerque ni de lejos a la historia que me contó.
Chris, ¡Era increíble! Ahora veo que es muy fácil que me tomes por loca, o que creas que me ha dado por probar sustancias demasiado peligrosas, pero si alguna vez te he pedido que me creas, si alguna vez has confiado ciegamente en mí, intenta multiplicar ese esfuerzo por mil y hazlo ahora.

Básicamente me contó que había pasado tiempo aficionado a llamar a teléfonos eróticos. Sigo sin comprender cómo un tío de su atractivo necesita recurrir a esas cosas. Cosas de hombres, supongo. El caso es que un buen día vio un anuncio que le llamó poderosamente la atención y, aunque se había prometido a sí mismo tiempo atrás, tras la primera factura de teléfono, no volver a llamar a ese tipo de líneas, no pudo reprimirse. Había algo que le empujaba a ello. Era en una cadena local de esas en las que a ciertas horas sólo hay anuncios de contactos y líneas 806 a las tantas de la mañana. Apareció uno con la pantalla completamente en negro donde sólo se veía el número de teléfono en letras rojas en el centro, en el que una voz sugerente le preguntaba si quería que su duende particular hiciera realidad sus deseos más íntimos. Sí, ya sé que es lo más típico del mundo, pero él sabe porqué tenía que llamar.

Y pese a habérselo jurado a sí mismo millones de veces, bajó a una cabina telefónica para evitar tener problemas con la factura y llamó.

La misma voz le propuso cumplir el sueño dorado el sueño dorado de cualquier hombre: Era su duende particular y si le indicaba su dirección completa le mandaría por correo lo que todo hombre hoy en día ansiaba poseer. Con darse una crema en su polla daría un giro radical a su vida y no sólo en el sentido sexual. Conseguiría aunar en ella la eficacia del preservativo y la potencia de la viagra, y todo ello sin tener que usar jamás ninguno de los dos.

Él, evidentemente se asustó, pero la voz era tan convincente que acabó por darle con recelo la dirección de su casa.

Días después encontró en su buzón la misteriosa crema. El caso es que segundos después de untarse toda la polla con ese mejunje, por supuesto ni se lo pensó dos veces, ni tardó más de treinta segundos en ponerse a ello, empezó a sentir un terrible dolor. No era escozor ni irritación, no era un dolor común. Tenía las características y la intensidad de la rotura de un hueso, pero claro, en la polla no hay huesos y era cuanto menos, extraño.

Corrió al baño a lavársela arrepintiéndose de la tontería que había cometido a la que no encontraba la menor explicación. Se le pasó el dolor ligeramente, empezó a sentir un ligero alivio y se vistió.

Segundos después recibió una llamada, y en el identificador del móvil salía un enigmático nombre: “Tu duende particular” ¿Cómo era posible aquello? Evidentemente él no tenía en su agenda ningún número con ese nombre, no había dado su teléfono a nadie últimamente, ni nadie sabía de su aventura telefónica…
Descolgó y la voz sensual de siempre le pidió que se desnudara y se mirara la polla. Sin saber cómo, esa voz tenía la facultad de lograr que se olvidara de todo, del dolor, de lo extraordinario de la situación, y obedeció sin más.

No podía creer lo que vio. Tuvo que mirársela varias veces: Su polla había sido sustituida por un vibrador metálico que por más que lo tocara para cerciorarse, no dejaba de tener la misma sensibilidad habitual de su antigua amiguita.
Sólo había una diferencia. Tenía un regulador que ajustaba la dureza y longitud y tenía que recibir unos cuidados similares a los de un vibrador. Eso era todo. Por lo demás, funcionaba exactamente igual que el miembro viril de cualquiera, eso sí, la sensual voz de duende se lo repitió varias veces bien claro, con la eficacia del preservativo y la potencia de la viagra…

Y Chris, ahí estaba yo, con la boca abierta, sin saber muy bien cómo reaccionar ni qué decir. No puedes ni imaginar lo que pasó por mi cabeza. Terror, pavor, incredulidad… En ningún momento atisbé el menor indicio de que Esteban estuviera de cachondeo o me estuviera soltando la trola del siglo. Era a la vez todo tan increíble pero a la vez con tantos rasgos de que no podía ser falso… Sin saber muy bien porqué, me lancé a sus pantalones y se los bajé. Le arranqué literalmente los calzoncillos y… Ahí estaba tal y como la había descrito. ¡Era cierto!

¡Dios! ¡Chris!, no sé cómo superé el shock pero lo primero que hicimos a los pocos segundos fue ponernos a follar como locos. No me preguntes cómo pude pero según él, su duende hacía que provocara ese efecto nada más que alguien viera su nuevo vibrador, o polla, o como se le quiera llamar… Yo le llamo Mazinger Z.

No estoy muy segura de cómo puedo contarte todo esto, pero me voy a vivir con Mazinger Z. Es insaciable, es el mejor amante que existe, seguro y fiable, con la eficiencia del preservativo, poderoso y contundente, con la potencia de la viagra, y me voy a vivir con él.

Creo que tengo mucho que contarte. Creo que esta carta no sirve para mucho, pero necesitaba saber que lees esto y esperar ansiosamente nuestro encuentro para poder darte más detalles.

No Chris, no me he vuelto loca. Simplemente me siento la Afrodita más afortunada que nunca conoció Mazinger Z.

Y además, adoro a Esteban.
Y a ti también, Chris.

Un abrazo, y espero tu llamada.

Besos,
Beatriz.”


Arrugué la carta indignada y se la arrojé a la cara sin siquiera mirarlo. No sabía si sentir rabia, impotencia o indignación. Cuando me giré y ví sus ojos, entendí que Esteban no sabía ni comprendía nada de lo que pasaba. Estaba absorto aplicándose vaselina en Mazinger Z.

A pesar de mi cabreo me lancé sobre él y lo hicimos. Como nunca, como dos locos en celo. “Con la eficacia del preservativo y la potencia de la viagra”



martes, 2 de marzo de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 3 BIS): Escribir Poesía



O poeta é um fingidor.

Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente
(Pessoa)

Me machaca. Me destroza el ánimo. Me desespera. Me irrita hasta la locura. Me exaspera. Me angustia. Me bloquea. Me duele. Me pesa. Me obsesiona. Me idiotiza. Me hace vulnerable.
No sé escribir poesía. Ni siquiera para ti. No sé escribir poesía. Ni siquiera mala poesía.
Una de las cosas más dignas que hacer en esta vida sin metas en la que vivo podría ser escribir poesía. Pero no sé. Tengo amigos que sí saben. Y saben hacerlo muy bien. Pero yo no. Para hacer algo tienes que intentarlo, tienes que poner todos tus sentidos en ello. Tienes que esforzarte, tienes que trabajártelo. Pero sobre todo tienes que querer hacerlo.

Yo quiero escribir poesía, pero no sé. Puede parecer una cuestión menor. Puede parecer la rabieta de un niño mimado, pero quiero escribir poesía. No quiero ser un poeta, me conformo con
escribir poesía (aunque parezca lo mismo, no tiene casi nada que ver). Me encanta la poesía. Me emociona la poesía. Me turba, me inquieta, me relaja, me hace volar, me hacer vivir la buena poesía… ¡Cómo me gustaría saber escribirla!

Me gustaría embriagar con “El Vino de los Amantes” pero se me adel
antó Baudelaire o realizar un “Inventario de lugares propicios al amor” pero ya lo hizo Ángel González.
Creo que una brizna de hierba no es inferior a nada, pero no soy, ni nunca seré Walt Whitman. Recito “Poeta en Nueva York” como si de un padrenuestro se tratara, pero quiero escribir mi propia poesía.

No necesito que sea especialmente buena (¿Quién dice si la poesía es buena o mala?), no necesito que sea espacialmente mala. Sólo necesito escribir poesía. Y no sé hacerlo. Y no tengo esperanzas en que en el futuro sepa hacerlo. Quizás necesite pasar una "Temporada en el Infierno" con Rimbaud.



Quizás necesite lanzarme con William Blake al Camino del Exceso para llegar al Palacio de la Sabiduría. Quizás si supiera escribir poesía podría disimular muchas cosas de mí que no me gustan. Podría decirte a las claras, y no en palabras de Panero, que no es tu sexo lo que en tu sexo busco sino ensuciar tu alma, pero me atormento oyendo a Byron susurrarme al oído aquello de hubo un tiempo ¿Recuerdas?, e inevitablemente me viene a la cabeza que No volveré a ser joven y me dejo llevar por Gil de Biedma:


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante

Y siento que mi tiempo se acaba aunque me queden tantas cosas por ver, y sobre todo por escribir. Y me apodero de Alberti para lamentar que nunca vi Granada, a pesar de que se apodere de mí desde crío Espronceda con su "Canción del Pirata" y crea

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

Quiero escribir poesía. Quiero escribir poesía que hable de ti. Quiero escribirle un soneto a un ignoto Dios que me desprecia por el tipo de vida que llevo. Quiero escribir poesía que cante la belleza de una chica de pelo dorado a la que nunca llegaré a poseer. O a una Niña morena y ágil, pero ya me apropiaría de Neruda, y no me gustaría besarte en la boca porque

Me gusta cuando callas porque estás como ausente,

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.

Y aún así mi obsesión es masajearte con mis palabras. Llegar a fundirme en tu cuerpo con los versos acertados. Hacerte sonreír líricamente para llevarte al llanto sin solución de continuidad. Alejarnos juntos de lugares comunes que me recuerden que no sé escribir poesía. Para luego despertarme al día siguiente, y aún entre las sábanas susurrarte al corazón que

Soñé contigo esta noche:
Te desfallecías de mil maneras
Y murmurabas tantas cosas...
Y yo, así como se saborea una fruta
Te besaba con toda la boca
Un poco por todas partes, monte, valle, llanura.

Aunque me tenga que servir de Verlaine. Seguramente sea lo más fácil. No obsesionarme con querer escribir poesía. Es posible que toda ya esté escrita, y yo haya nacido para utilizarla sin más (y sin menos). Para usar el verso del maestro para llegar a ti, sin preocuparme de que sea lo suficientemente perfecto para merecer llamarse poesía. ¡Oh capitán, mi capitán! Me dirás, fantaseando con que sea yo quien te escribe los poemas cuando lo más bello que puedo hacer por ti es vigilar tus zapatos en primera línea de playa cuanto tú te sumerges en el mar. Y cuando te falle, volver a la infancia y recurrir a Darío para ofrecerte mi más bella "Sonatina" y elogiar tu tristeza y tus suspiros, aunque lo que me obsesione realmente sea tu boca de fresa. Quiero cantar al mundo que sólo me alimento de poesía. Que la poesía me sirve para ser quien siempre quise ser. Que poesía soy yo:

- Cuando quieras hablar en serio conmigo, a lo mejor ya es tarde, y ni siquiera habrás aprendido entonces a escribir poesía... Eso es un golpe bajo... Tú te lo has buscado Yo me lo he buscado…

A fin de cuentas no soy más que un humilde seguidor de Luis Chamizo y “El Miajón de los Castúos”: Y sus dirá tamién cómo palramos, los hijos d'estas tierras, porqu'icimos asina: jierro, jumo y la jacha y el jigo y la jiguera.

Pero nunca nadie dijo que Chamizo y Dylan no estuvieran conectados


Princess on the steeple
and all the pretty people
They're drinkin', thinkin' that they got it made
Exchanging all kinds of precious gifts and things
But you'd better lift your diamond ring,
you'd better pawn it babe
You used to be so amused
At Napoleon in rags
and the language that he used
Go to him now, he calls you,
you can't refuse
When you got nothing,
you got nothing to lose
You're invisible now,
you got no secrets to conceal.


Ellos son así. Ellos saben escribir poesía. Yo ni siquiera puedo intentarlo sin rubor. Pero me han acercado a ti. Me han prestado sus palabras, me han donado sus pasiones. Me han enseñado a sentir, me han ayudado a volar. Si algún día me acerco a ti, se lo debo a ellos. A ellos, que me recuerdan todos los días que merece la pena vivir por escuchar su poesía. Aunque yo no sepa escribirla, aunque no pueda escribirla, aunque no quiera escribirla.

A ellos, y a David, y a Andreas, y a Fernando, y a Ulises y a tantos otros que se acercaron a mí con una poesía, aunque sospechen que yo no sé escribirlas. ¡Cabrones! (Gracias)


E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.
(Pessoa)


Obsesiones y Parafilias (Volumen 3): Escribir Poesía



Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo

Fernando Pessoa (Poeta y Escritor Portugués, 1888-1935)


lunes, 1 de marzo de 2010

Mister Barbie: Cuarta Entrega

Mister Barbie vuelve a la carga en la web de
la
Asociación Cívica Ciudad de Badajoz.


Este mes: Vincent Gallo y la Información Deportiva.

Esperando sea de su interés y su agrado, reciban rubios saludos y ósculos varios.


martes, 16 de febrero de 2010

El Baúl de las Miserias Perdidas (Capítulo 2): Carta de Amor

Pasado el subidón de pasteleo que supone el día de San Valentín, rescato hoy de mi Baúl de Miserias una carta que presenté a un concurso con motivo de "tan señalado día", que por supuesto (razones obvias viendo el texto) no gané. Espero no reventar el medidor de edulcorantes.




Cuando decidí aceptar lo que siento por ti no tenía nada claro que un SMS no fuera suficiente. Con avisarte valdría. Ahora estoy seguro, estoy convencido que podría mandarte 1.200 mensajes para expresar lo que ruge en mi interior, y sobre todo, para que me entendieras, y aún así, no bastaría. Las palabras siempre se quedan cortas.

Claro que también te podría llamar por teléfono, pero la palabra sin el gesto nunca fue mi fuerte. Ni siquiera estoy seguro de que exista. Por mucho que me lo expliquen la veo virtual, la veo irreal. Además, ahora mismo me avergüenzo de mis gestos. Me parecen ridículos mi cara y mi cuerpo. No sé si sonreír o tensar los músculos. Cruzar los brazos denota distancia, cruzar las piernas te resultaría femenino. No sé qué hacer con mis miembros, no los siento míos.

Quizás debiera haberte escrito una carta en Blanco y Negro. El Blanco y Negro siempre me recuerda otro tiempo, otras películas, cuando no resultaba ridículo hacer locuras por amor, cuando siempre ganaba el bueno, el enamorado, que era yo, aunque no hubiera nacido.
O haber compuesto un melodía mágica y envolvente, la banda sonora de nuestras vidas. ¿Por qué no tenemos “nuestra canción”?

Si me pagaran un millón de euros cada vez que pienso en ti, dejarían de trabajar todas las personas que conozco y tu sueño de acabar con el hambre y la pobreza en el mundo se haría por fin realidad.
Ahora quiero que hagas que los míos dejen de ser utopías de adolescente que juega a no crecer ¿Lo recuerdas? Tú eres la campeona mundial y ni siquiera conoces las reglas, sueñas con ser Campanilla y yo sueño contigo.

Seguramente sea un don, pero haces que todo lo que te envuelve parezca mágico y que me haga feliz.
Hoy podría ser fiesta. El mero hecho de pensar en ti hace que gane el regalo de la tómbola, que la noria dé una vuelta más, que no me moleste el payaso del tren de los escobazos cuando trate de besarte en la oscuridad y que todos los que nos rodean sepan de repente que no necesito comprarte ninguna rosa para demostrar que te quiero.

Todas las canciones se olvidan, así son las cosas, pero tú me recuerdas constantemente que sigo vivo. Podría ser yo mismo, pero prefiero ser quién tú quieras que sea. Así me tienes buscando mi patria y mi bandera cuando la única nacionalidad posible es con la que tú puedas identificarme. Necesito tu presencia para entender mejor mi esencia.

Ya no quiero ser feliz, sólo quiero ser tuyo. Nunca puse barrotes a mi corazón pero ahora necesito que le pongas una cadena y un candado a mi alma.

Quiero que me des calor cuando tenga frío, quiero que me refresques cuando esté sofocado.

No sé lo que digo, sólo soy un canalla buscando tu sonrisa.

Voy a echarle valor. Todo es muy sencillo y ya no aguanto más: No puedo mirarte a los ojos sin sentir esa pasión de la que ya sólo se lee en las novelas románticas baratas.

Ahora comprendo que todo lo que he buscado en otro ser humano está en ti. Me gusta ser quién soy cuando estoy contigo.

Es infinito el amor que siento por todo lo que eres. No hay otra alma que nunca me haya echo sentir siquiera la mitad de la persona que soy cuando estoy a tu lado.

Me has cambiado para siempre por ser quién eres y por saber lo que significas para mí.

¿No vas a terminar tu obra? ¿No quieres pasar a la posteridad? No te niegues a ti mismo ser una celebridad. ¿Qué recordaríamos de Da Vinci sí hubiera dejado sin acabar la Gioconda? ¿Qué sería de Cervantes sin poner el punto y final al Quijote? ¿Hablaríamos de Mozart si se hubiera negado a seguir componiendo?
No te niegues a ese sentimiento: “El Padrino” es una trilogía, no se acabó diseñando el vestuario.

Úsame, haz de mí algo bonito. No permitas que la Luna nos vuelva a echar de menos. Lleva toda la eternidad añorándonos. No sé si merezco que me mires, no sé si merezco tu atención, no sé si merezco ser tuyo, pero permíteme ser presuntuoso por una vez en mi vida. Permíteme ser pedante. ¡Acercarme a ti es el acto más pedante que se puede cometer! Permíteme pensar que merezco tus miradas, permíteme pensar que merezco tus atenciones, permíteme pensar que merezco ser tuyo.
Permíteme pensar, aunque sea inmodestia, que puedo vivir. ¡Déjame vivir! ¡Ayúdame a vivir! Soy tan feliz cuando me das dolor, ¿no vas a darme también tu amor? Sálvame, con un beso y un abrazo y colmaré de mantas tu lecho para que no tengas frío. Soy tu cena ¿acaso no tienes hambre? Quisiera pintar una fuente en un papel para darte de beber ¿Acaso no tienes sed? No me dejes sentir que te estoy perdiendo cuando nunca te he tenido.
Me nublas la razón y emborrachas mi alma, eres un amor que desarma.

Ven con tus demonios hacia mí. Intenta aceptar lo que te pido aunque sea sólo durante 10 segundos. Con diez segundos bastaría.

Quiero que cuando respires el aire que me das te olvides del terror a la hoja en blanco... Soy un lienzo virgen, un fotograma sin filmar, soy una guitarra sin afinar...

Pero no temas: Si estamos juntos, los más bellos poemas brotarán de nuestras primaveras, paisajes paradisíacos colgarán de nuestras paredes, la mejor película de amor de la historia emocionará a media humanidad y nuestros cánticos harán soñar al más insensible.

Permíteme ser todo aquello que soñaste... Toma este instante precioso a cambio de todo lo que te he negado.

Tengo tu imagen en mi sangre, tu esencia en mi corazón y el cerebro dando tumbos por mis tripas. Creo que no merece la pena decir todo ésto si el primer día del resto de nuestra vida no empezó antesdeayer.

No te quiero engañar. Mi vida empezó el día en que la soledad me dijo que sólo podría ser vencida si tú me ayudas. No quiero seguir existiendo desde que soy consciente de todo esto: A partir de ahora quiero vivir. Y vivir sin ti sería ser un corazón sin sangre que bombear, un arcoiris de cinco colores, un cine con las luces encendidas, un bar sin música, una vela sin mecha, un discman sin pilas, un gangster sin pistola, un concurso de camisetas mojadas sin líquido, una calculadora que sólo resta, un dedo sin uña y un ojo sin pestaña, una manzana sin veneno, un caramelo sin azúcar, un invierno sin Navidad o un verano sin playa, un Groucho sin bigote, un diamante sin pulir, un mechero sin gas, un Principito sin planeta, unas gafas de sol en un día nublado o una cigüeña sin campanario...

Quiero dejar de ser una nevera en un piso de estudiantes, un taxi con la luz verde encendida o un parque en un día lluvioso.

No puedo esperar más, lo siento, no tengo tiempo. Las Autoridades Sanitarias advierten: No amar (te) puede matar (me). No me queda batería en el móvil. Además, no puedo contarte todo ésto con un SMS. Creo que me falla la cobertura cuando no estás cerca.



lunes, 15 de febrero de 2010

SUEÑOS QUE ME HACEN SENTIR VIVA



Episodio I: El Cielo sobre Berlín

Esta mañana no me he despertado. He decidido subirme a tu brazo para ver el
atardecer. Creo que estoy en Berlín pero no estoy seguro. Me da igual, la sensación que me embarga no tiene nada que ver con la capital alemana o con la película de Wenders.


He querido soñar, he querido volar. Voy vestido de blanco, pero no tengo alas. Hay quien cree que soy un ángel, pero mi fama es demoníaca. Oigo ruido aunque la placidez es enorme. Huelo tu cuerpo y huelo tu respiración. No sé si contarme lo que me está ocurriendo. No sé lo que me está ocurriendo. Estoy bien, pero no debería estarlo. El cielo está nublado y yo voy de blanco. No está bien que llueva en las bodas, simbolizan lágrimas en el matrimonio.
Se está muy bien aquí. Mirar desde aquí arriba le confiere a todo una forma diferente:
Hay gente vomitando a escondidas, pero no me molesta.

Hay gente que se odia mintiéndose acerca de cómo les va en vida a cada uno, pero no me molesta.
Hay gente que despliega su magisterio vital a embobadas personas que le desprecian aunque le escuchen como si fuera el mesías, pero no me molesta.

Hay gente que jura que son los mejores amigos, pero no me molesta.
Hay gente que se besa a escondidas, aunque ya se están arrepintiendo de hacerlo sin llegar a cruzar los alientos, pero no me molesta.
Hay gente que se duerme aunque asegura estar pasándolo de cine pero no me molesta.
Hay gente que se ha cambiado de zapatos pero no me molesta.
Hay gente que no sabe qué hace ahí pero sigue estando y no me molesta.

Hay gente que espera a que otros propongan ir a otro sitio para poder irse a casa sin tener que dar explicaciones y no me molesta.
Hay gente que espera que se vaya su pareja para poder ser ellos mismos y no me molesta.
Hay gente y no me molesta.

Estás tú, pero no te veo. Aunque esté sentado en tu brazo.
Te miro, aunque no te veo. Sospecho que me estás mirando, aunque no estás cerca. De repente de entre la neblina del momento sales majestuoso y radiante. Quiero que te acerques a mí y creo que te vas a acercar a mí, pero me hago el despistado. Quiero que vengas a mí, pero finjo no haberte visto. Es difícil no verte con ese traje blanco, con ese porte, con esa presencia, pero no te miro. A fin de cuentas, yo soy diferente: No soy como los demás, no soy como toda esa
gente de ahí abajo. Pero tú tampoco. Voy de blanco radiante, aunque nadie lo sepa.

Episodio II: Wilde

Estás precioso esta noche. Todo el mundo se ha dado cuenta. Da igual que haya quien crea que no puedes venir así vestido a una boda. Nadie puede eclipsar a una novia en su día más importante, pero no es tu intención. Es tu manera de ser, eres tú en estado puro. Eres tú vestido de blanco en una boda llena de gente, aunque yo sólo te vea a ti. Aunque tú no me veas a mí. Aunque te disfraces de porte brillante y lenguaje seductor, yo sé que tienes debilidades. Co
mo yo. Como los dos. Eres una pose. Una brillante, deseable, bella, fascinante y atrayente pose, pero una pose al fin y al cabo. Eres la imagen de un genio, un hombre con la osadía de enfrentarte a cualquier tipo de convencionalismo social y romper todos los tabúes. Por eso estás aquí, aunque nadie te espere, aunque nadie se quiera acercar a ti. Yo te estoy esperando, pero aún no lo sé, ni tú tampoco. Además, estás allí, tranquilo, recostado en un sofá con forma de brazo, medio ausente. ¿Dónde estás?


Me acerco sin saber bien porqué. Me arrodillo, sin que nada me lleve a hacerlo. Me postro ante ti. Ahora todos nos miran, soy consciente y me gusta. Cojo tu mano entre las mías. Llevas las uñas pintadas de blanco, como la novia, como no se deben llevar en una boda, como sabes que no me gusta que te las pintes, como me gusta pintármelas a mí… Pero no es tu mano, ni tampoco es la mía. Tengo cogida entre mis manos una que no es nuestra. Con las uñas pintadas de blanco, pero no es tuya y no es mía. Es más fina y alargada, pero está en tu brazo y supongo que con eso me vale. Nunca me he acercado más a ti y nunca te he mostrado mayor devoción que ahora y sé que eso te gusta. Como a mí. Aunque estés sentado en mi brazo. Aunque esté nublado. Hay gente alrededor y parece que nos miran, aunque tienen cosas que hacer. En los momentos postreros de la celebración de una boda todo el mundo tiene algo que hacer. Aunque sea irse a casa, aunque sea vigilar a su pareja, aunque sea mirarnos... Sobre todo si es mirarnos.
Cojo una mano (la tuya, la mía, otra…) entre las mías ¿No te parece precioso? ¿No te sientes bien aquí arriba?

Episodio III: El Ansia


Nos sonreímos y nos dedicamos una mirada sincera y abierta, de esas que
abren un túnel en tu cuerpo y en tu mente, en mi mente y en mi cuerpo. De esas que hacen que la niebla lo envuelva todo y dejen de mirarnos, por mucho que lo deseen. Por mucho que nos deseemos. Esas miradas que conectan seres humanos por encima de todas las cosas. Desde lo más básico, sin máscaras, sin poses. Puedes sentir tu mano entre las mías y puedo sentir mis manos sobre las tuyas. Podemos sentir como se entrelazan las manos, que no son nuestras, que nunca han sido nuestras. Nos olemos y sentimos nuestros cuerpos y nuestras respiraciones.


Suena música, pero ya no la oímos. ¿Sabemos dónde estamos?


-Miriam: "Sólo hice una simple incisión. Te tomé sangre y luego tú tomaste la mía".

-Sarah: "Estás loca".

-Miriam: "Me perteneces. Nos pertenecemos".

-Sarah: "Tengo que largarme de aquí".
-Miriam: "Volverás. Volverás cuando el ansia duela tanto que pierdas la razón. Tendrás que aplacarla y entonces me necesitarás para que te enseñe cómo".
-Sarah: "Estás loca".


Suena “El Dueto de las Flores” de Lakme (Delibes) y el blanco lo inunda todo…


martes, 9 de febrero de 2010

El Baúl de las Miserias Perdidas (Capítulo 1): "Perfect Day (cover by The Chunguitos)"

En este baúl recopilaré, con la frecuencia que me dicte mi moral o mi falsa vergüenza, cosas que se han ido quedando en el camino, cosas que por una razón u otra, ya escritas, se han quedado en alguna antigua publicación, en algún rincón remoto (a veces con toda la intención).

Recupero este relato publicado originalmente en el primer número de la Revista "Baluarte", editada por la Asociación Cívica "Ciudad de Badajoz"





PERFECT DAY (Cover by The Chunguitos):


“Just a perfect day,
Drink Sangria in the park,
And then later, when it gets dark,
We go home”

Lou gustaba de pasear por Castelar para bajar un poco la resaca. Yo nunca tuve resaca. No me lo explico muy bien, pero los patos de Castelar nunca me parecieron demasiado atractivos como para ir a pasar la resaca allí, mirándolos. Quizás por ello nunca tuve resaca. Lou tuvo resacas de todos los colores. Probablemente mezclar sustancias fuera la causa. No lo supe nunca a ciencia cierta. Si yo nunca tuve resaca, ¿Porqué Lou habría de tenerla por mezclar sustancias?

Desde que dejamos la Velvet nuestras vidas habían seguido caminos cada vez más divergentes. Pero siempre nos cruzábamos por Menacho. Estábamos completamente separados, pero Menacho seguía acercándonos. Porque si algo nos uniría para siempre era la afición a pasear por Menacho mirando lascivamente a las niñatas de pendientes de perlas que pasean del Zara al Amichi y se paran curiosas en los escaparates de Massimo Dutti. Seguimos siendo fieles a la única cosa que no nos ha exigido fidelidad en todas nuestras vidas. Las estrechas y abarrotadas aceras que prolongan los terribles escaparates estaban siempre llenas de adolescentes coquetas que se saben deseadas y huelen a Don Algodón. Con gafas negras y con actitud neoyorquina, curiosamente no llamábamos la atención rozándonos con las presumidas compradoras, por culpa de esas pequeñas aceras.

Bob Dylan es más radical a ese respecto y no volverá a pisar la calle Menacho mientras Suzanne viva. Es muy orgulloso. No perdonará nunca haberla descubierto rebuscando tangas entre niñatas histéricas en el cajón de rebajas de ese mastodóntico atrapasueños comercial que ahora ocupa el inmenso inmueble que antes albergaba su cine favorito. Dentro de él había pasado millones de noches tratando de convencer a chicas como Suzanne para que le dejaran entrar dentro de ellas. No allí, y nunca durante la película si ésta no era rematadamente mala. Detestaba lo que los mortales llaman la fila de los mancos. Al cine se va a ver cine y el cine te ayudará a mostrar tu magnetismo, tu irresistible encanto del Medio Oeste Americano, pero nunca a meter mano. A no ser que la película fuera rematadamente mala, que también las había, pero a las que nunca entraba. Un Medio Oeste Americano que a veces venía de San Fernando. Estoy a veinte minutos de allí. Llegaré en diez, nos solía decir desde la Estación.

La idea de un día perfecto para Lou y los suyos era pasar la tarde del Domingo bebiendo sangría en el parque, pero desde que la ley antibotellón entró en vigor ya no tuvo más excusa que pasar su día perfecto en Chicago. No en el Chicago de los Estados Unidos, sino en el Chicago de toda la vida, en el de los anises, en el de los heavys, desde donde siempre nos decía - estoy a veinte minutos de allí. Llegaré en diez- aunque nos intentara convencer de que estaba en la Estación viendo pasar trenes.

Ver pasar trenes en la Estación de Badajoz nunca ha sido una buena idea para pasar un día perfecto. Es prácticamente imposible ver pasar trenes en esa Estación. De la Estación llegan y salen trenes, cada vez menos, por lo que verlos pasar, por muy nostálgicos que nos queramos poner, es prácticamente imposible. Hubo un tiempo en el que todo era diferente. Era el tiempo en el que los días perfectos se sucedían uno tras otro. Ni siquiera conocía a Lou Reed por aquel entonces, pero la idea de pasar la tarde en el parque bebiendo sangría, era muy similar a nuestra costumbre de beber calimocho en el parque a casi cualquier hora. Eran días perfectos. Y además, podíamos ver pasar trenes y trenes, sin necesidad de estar en la Estación.

Ya no somos los chicos ingenuos que se bañaban en el río sin temer por sus vidas. ¡Bendito Guadiana que tantas vidas no te llevaste aunque eran merecedoras de que lo hicieras! ¡Cuántas apuestas saliendo de la Feria merecieron acabar en tu fondo! Ahora somos modernos y sabemos por internet qué peligro alberga nuestro río. Nunca volveré a echarme en sus brazos sin protección. También ahora está tan lejos la Feria que ni siquiera hacemos apuestas. Y donde antes estaba la Feria, se llena al caer el sol de utilitarios con asientos abatibles, que buscan rubricar en sus interiores el día perfecto. Es tanto de lo que nos previene internet que, estoy dejando de vivir por miedo a lo que me rodea. Temo a Lou y temo a Bob. Dice internet que no son de fiar, aunque haya crecido en sus brazos. A pesar de todo, Dylan vivía convencido de que internet no era más que otro medio para ser rechazado por una mujer.

“Now Suzanne takes your hand
And she leads you to the river”

A veces miro atrás y añoro esos días. Bob me llama estúpido cada vez que me ve un poco melancólico. Dice que le recuerdo a Leonard. No entiende esa manía que tenemos por aquí de mirar atrás con pesar. Para Bob, lo que dejas atrás, debe quedarse atrás. Seguramente tenga razón. Ángel Cristo pasó por la ciudad, dejó aquí a sus leones y no quiso mirar atrás. Es probable que la actitud de Ángel no tenga nada que ver con la de Bob. Es más, estoy convencido que lo más cerca que ha estado Ángel Cristo de Bob Dylan fue el día que estuvimos bebiendo sangría en el parque cantando Like a Rolling Stone, esperando que se hiciera de noche, escuchando como agonizaban de hambre sus leones. Todo debería haber sido diferente. Mi vida hubiera sido muy distinta si mis padres, cuando hice la Primera Comunión, en vez del recurrente reloj-calculadora me hubieran regalado un disco de Dylan. Incluso les hubiera salido más barato.

Odié con toda mi alma aquel reloj-calculadora. Le obligaba a hacer operaciones complicadísimas. Lo usaba constantemente esperando que muriera de puro agotamiento. Llegué a hablarle más que a Lou y a Bob. Dedicaba todos mis esfuerzos a intentar quitarle la vida, pero era más fuerte que yo. Le trataba con desprecio, me bañaba con él esperando que el agua le sentara a él tan mal como a mí la sangría del parque por las tardes de los días perfectos. Llegué a amenazarle de muerte: "Me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir!".

Y así, sin más, un buen día, se fue. Como se fueron los patos de Castelar. Cuando menos lo esperábamos. Cuando sustituimos las migas de pan por sangría y nuestra idea del día perfecto se transformó en beberla en el parque, y así, más tarde, cuando anocheciera, volver a casa.

“How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?”


lunes, 8 de febrero de 2010

¿Existe cura para la desidia?

Me escabullo. Me hundo en mí mismo. Desaparezco del mundo que me rodea. Soy yo, inhibido en mí mismo. Pierdo consistencia como persona porque existo muy poco fuera de mí. Pasan las horas, pasan los días y no salgo de mí mismo. Invento e invento excusa tras excusa para no salir de mí mismo. A veces ni invento excusas. Cualquier eventualidad, por nimia que sea, me sirve para seguir arropado en mi regazo, con una falta total de respeto hacia mi integridad social. Elimino cualquier contacto con el exterior para seguir navegando en un interior de aguas cada vez más residuales. Ni siquiera atraco en puerto. Ni siquiera veo tierra firme. No voy más que a la deriva en un río sin oleaje.

Abandono mi alrededor. Me quedo en mí mismo. No busco fuera. Es más, desprecio lo de fuera. Ni eso, me produce desidia lo de fuera, no llego a despreciarlo. Me busco y no me encuentro. O más bien, estoy perdido por falta de expediciones en mi búsqueda.

Ni llamo ni me llaman. Ni estoy ni dejo estar. Me he convertido en un viejo arisco sin ser viejo y sin tener el valor para ser arisco con lo que me rodea. Si al menos fuera arisco, tendría una buena excusa para no encontrarme y dejarme ir.

Dejo que pasen los días como si hubiera más. Me pongo recordatorios en cualquier sitio para no olvidar que tengo que vivir, que no me puedo dejar llevar por la desidia. Abandono todo lo que tenga que plantearme pensar ligeramente antes de hacerlo. Todo lo que me recuerde, aunque sea vagamente, a alguna responsabilidad. Vivo en un permanente programa de mínimos. Cumplo con lo estrictamente necesario para seguir interactuando con el mundo. Incluso a veces, menos.


Indolence (Pierre Bonnard)

Abandono el sexo compartido por la masturbación. Aunque fantasee constantemente en conquistas y orgías. El mero hecho de pensar en entablar una relación con alguien me provoca el mayor de los fracasos amorosos conmigo mismo. No me acerco a las chicas aunque piense –e incluso esté seguro- que están esperando a alguien como yo. El mundo sería un lugar más sano si nadie esperara a nadie como yo. Me masturbo incluso después de rechazar una buena proposición de sexo compartido. El mero hecho de masturbarme me hunde una y otra vez en mí interior. Hasta se podría pensar que eyaculo para dentro si no fuera porque uno de los pocos rasgos que presento de ser humano es que aún me corro -casi- a voluntad. Llegará el día en que ni eso lo controle y descubriré que estoy finalmente seco. Seco y podrido.

Podrido de malestar. De estar mal sin hacer nada por siquiera estar. La desidia me lleva hacia los demonios, y ni ellos me hacen reaccionar. Veo pasar los días como las horas. Y las horas hace algún tiempo me empezaron a parecer bastante más cortas que veintitantos minutos. Los minutos no existen. Basta con ver que un reloj pone que faltan trece minutos para las dos cuando en el de la muñeca faltan quince y en el despertador diez. Ese intervalo de minutos está perdido. Después de mirar la hora del despertador, ya nunca volverán a falta trece minutos para las dos. Es imposible, cuando hay algún sitio en el que sólo faltan diez y mi mente ya se va a menos cinco.


lunes, 1 de febrero de 2010

Fotos que me gustaría haber hecho a mí (II):




Hoy se cumplen 15 años de una de las patadas más famosas de la historia del fútbol. Paradójicamente, esta patada no se produjo dentro las líneas del terreno de juego sino contra la grada. El genial jugador francés Eric Cantona, fue expulsado del terreno de juego y en su camino hacia los vestuarios respondió con una acrobática patada a los insultos proferidos por un hincha del equipo rival. El tiempo ha pasado y hoy, quince años después, se sigue recordando aquella patada y se hacen eco de ello en todas las secciones de información deportiva de la mayoría de los medios de comunicación. No recuerdo que se le dé cobertura a otra acción del genial astro francés. No hay efemérides de ninguna de las maravillas que pudiera hacer dentro de las líneas del campo.

Robbie Flower, futbolista del Liverpool, tras marcar un penalti se echó a la línea de cal simulando esnifar cocaína para burlarse de la hinchada rival (Everton) que afirmaban que era adicto a esa droga. Sin duda alguna, la acción de Flower nos plantea una duda: ¿Está dentro o fuera del campo? ¿Es un caso parecido al de Cantona?

Siempre me han gustado los malditos. La perfección puede llegar a ser aburrida. Yo no soy un tío raro. La mayoría de la gente está rodeada de gente imperfecta. Desconfiamos de los triunfadores, de la gente brillante. Nos gusta encontrar defectos, debilidades… Pero de ahí, a recordar más las miserias que las genialidades hay un paso. Siempre me han gustado los rebeldes, los contestatarios. El gesto de Flower en su momento me pareció sublime. No hay mejor manera de dar en los morros a alguien que dar la vuelta a su ataque y ridiculizarlo. La respuesta de Cantona, sin embargo, fue diferente. Flower se burló de todos los que se reían de él, de todos los que lo habían puesto en el centro de la diana y tiraban sus dardos venenosos. Cantona se rebajó a niveles impropios de su grandeza: Hoy es noticia el 15 aniversario de su patada. No hay onomásticas de sus genialidades dentro de las líneas que Flower simuló esnifar para sacar de quicio a toda la hinchada rival.

“No soy un hombre, soy Cantona” dice el francés interpretándose a sí mismo en “Looking for Eric”, la última película de Ken Loach. Soy un mitómano sin remedio, pero me fascinan los malditos. Lo único que dijo Cantona cuando sufrió la sanción de 9 meses sin jugar y 2 semanas de cárcel por el incidente de kung-fu con el aficionado fue: “Pido perdón a todos, al Manchester United, a mis compañeros de equipo, a los fans, a la Federación… y también quiero disculparme con la prostituta que compartió mi cama la tarde pasada”.

Dos estilos diferentes de enfrentarse a los que te odian y te desprecian.

No me gusta demasiado el fútbol, pero me gustan las celebraciones de los goles originales y con mensaje. Sea esnifarse la línea de fondo o sea mostrarse arrogante y desafiante. Cantona pasa por ser una de las personas que más me ha transmitido con la mirada y la pose aún no siendo seguidor de su equipo. Pararse a mirar con seriedad al infinito, a la grada, pero a todos y cada uno de los millones de personas que podemos mirarlo en ese momento es una genialidad de pose al alcance de muy pocos. Si alguna vez recibo un aplauso me gustaría transmitir lo que Eric Cantona transmitía con esa pose y esa mirada.




Porque todos, alguna vez, nos hemos subido el cuello de la camiseta y nos hemos creído un poco mejor que los demás. Porque a todos nos encantaría ser unos putos genios y vivir bajo nuestras propias normas y a nuestra manera, y además, alardear de ello.

Porque a todos nos gustaría ser Cantona, aunque nos acerquemos más a Flower: Sólo hay que buscar una línea.



Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!