domingo, 24 de enero de 2010

Marino Lejarreta, El Junco de Berritz


Marino Lejarreta
tiene problemas para dormir. No porque tenga la conciencia intranquila, como se suele pensar, más bien por lo viejo que está su colchón. Los muelles se le clavan por todo el cuerpo cuando se echa en él, pero el dinero no le llega para comprarse otro. Tiene que decidir si come todos los días o si descansa bien, y su apetito es demasiado voraz como para decidir comprar un colchón y dejar de comer.


Su vida no ha sido fácil. Ha tenido que aguantar desde muy pequeño las chanzas en el colegio por la ocurrencia que tuvo su padre al ponerle Marino para que, al juntarlo con el apellido familiar, Lejarreta, recordara a un ciclista muy famoso por aquel entonces. A veces piensa, y con razón, que no todo el mundo debería tener derecho a ser padre. Y eso es algo muy duro de pensar, sobre todo si lo piensas de tu padre.

Se siente mal. No descansa. Hay días que llora al descubrirse los moratones por el cuerpo cuando sale de la ducha y se mira al espejo. Agua fría, aunque más frío es mirarse al espejo y ver su cuerpo marcado por los jodidos muelles del, cada vez más fino, colchón.


El Junco de Berritz
le marcó la vida. Y a él no le dio tiempo siquiera a decidir si le iba a gustar el ciclismo. Sus compañeros de colegio le mostraron claramente el camino hacia el desprecio por tan sacrificado deporte. Marino no lo pasa tan mal hoy en día. Los mayores suelen disimular más las bromas (por no decir que hay gente que pierde la capacidad de hacerlas según crece) y la actualidad de su homónimo no está constantemente en la televisión.
Podrían haberle llamado Paco García o Juan López y a pesar de ser nombres infinitamente más corrientes por estos lares no lo hubiera pasado tan mal. Pero Marino, cuando su apellido es Lejarreta era una auténtica putada.

No duerme y le pesa la identidad. Tiene el cuerpo lleno de moratones y ni uno es de caídas con la bicicleta. Nunca ascenderá ningún puerto de montaña, siquiera andando. Sólo asciende a su
Alpe D’Huez
particular cuando llega la noche y el sueño le puede, aunque sepa que no va a poder dormir.
Acostumbra a tratar de seducir a chicas sin más objetivo que encontrar un sitio donde dormir cada noche, huyendo de su maltratadora cama. Pero sin dinero es difícil ligar. Seguro que el Marino Lejarreta que le ha jodido la vida, el que inspiró al cabrón de su padre para tan tremebunda broma, no tiene problemas ni económicos ni sentimentales, y mucho menos de sueño y de magulladuras por el cuerpo, esté dónde esté ahora mismo.

Hoy sale de “caza” una vez más: No busca a ninguna chica guapa, es más, últimamente lo intenta con chicos también, simplemente busca un sitio donde poder dormir. Fantasea con el día en el que alguien, tras cumplir con sus requerimientos sexuales, le mire a la cara y le pida
que se quede a dormir
. Una vez más. Pero no suele pasar. Tras el calentón inicial, sus moratones por todo el cuerpo dan una imagen de insalubridad demasiado importante como para obviarla. Además, no es un gran amante. Siempre que se acuesta con alguien (no para dormir, aunque sí con esa intención final) está tan presionado que no da todo lo que se puede esperar de él. Muchas veces ni se le levanta. En el fondo le hace cierta gracia. Un poco de humor negro y trágico, pero imagina cómo hubiera sido hace unos años si la gente comentara que a Marino Lejarreta no se le levantaba. Hay alguna posibilidad, piensa, de que esto pudiera ser así: Los ciclistas se pasan media vida, al límite de su esfuerzo físico, posando con dolor sus testículos sobre diminutos y duros sillines de bicicleta. Quizás lo leyó en algún sitio, pero cree recordar que entre los ciclistas hay un altísimo porcentaje de tipos estériles por el maltrato que el desempeño de su actividad provoca en sus testículos. Quizás Marino fuera uno de los más afectados. Quizás. Triste consuelo. Aunque, bien mirado, la esterilidad no es lo mismo que la impotencia, a pesar de ir relacionadas obviamente, y con un poco de mala suerte, Marino Lejarreta es un excepcional amante, con un miembro descomunal de erecciones espectaculares y estéril.

¡Qué me importa la esterilidad! Yo sólo quiero dormir, o sea, follar para después dormir. Me da igual seas guapa, feo, gordo, top-model o un orco salido de los pantanos de la Tierra Media… Quiero follarte hasta que te quedes a gusto y me dejes dormirme a tu lado. No hay mayor fantasía sexual que cantarte al oído que
sólo quiero despertarme contigo…
No tengo mayor deseo que eso.

Vuelve a casa sólo y deprimido, una vez más. En este terrible momento, previo a su pesadilla, saca fuerzas de flaqueza para consolarse imaginando a los cabrones que le machacaron en el colegio por llamarse Marino. Seguramente ninguno de aquellos ha ligado esta noche. Alguno, el más guapete, será hoy calvo, gordo y feo y estará casado con una mujer que le mangonea y le hace la vida imposible. El más graciosete, probablemente esté muerto por haber hecho alguna inadecuada chanza en momento inapropiado o habrá perdido toda su gracia para ser un ser plano y lineal con una aburrida vida de contable de entidad financiera cercana a la quiebra… Se apena por encontrar consuelo en tan fantasiosa realidad, pero es el único que encuentra momentos antes de volver a su particular tortura diaria.

No puede dormir. Una vez más, como tantas otras. Una vez más, se levanta y pone la televisión. En el canal internacional de ETB ponen en diferido una carrera ciclista. No le interesa lo más mínimo, pero algo le ha hecho poner ese canal. Una estridente voz narra con pasión lo que pasa en la carrera. Parece que está bastante interesante a juzgar por el tono y la velocidad de su discurso. Otra voz intercala comentarios más sosegados y menos apasionados entre tanto despliegue de velocidad narrativa. Esa voz le resulta familiar, pero nunca ha estado en el País Vasco y odia el ciclismo. Es imposible. Le resulta familiar aunque apostaría un dedo que no la había escuchado antes.

Pulsa el botón de información del programa:
3:30-6:00: Retransmisión Deportiva (Redifusión)
Palabras más adelante descubre el horror: Comentarios a cargo de Marino Lejarreta, el Junco de Berritz.

Ahora sí que no podrá dormir.

Es duro llamarse Marino y pasar la vida en una ciudad interior.


lunes, 18 de enero de 2010

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (I):



Milana bonita…

El blanco es un color muy llamativo. Dicen que engorda, pero supongo que si estás delgada da igual lo nuclear que sea el blanco con el que te vistas.

Algo es blanco cuando su espectro abarca todos los colores. También es la pesadilla de todas las amas de casa cuando los niños son pequeños.

Vestir de blanco tiene muchas ventajas: El blanco sugiere pureza. El blanco combina con casi todos los colores. Por la noche no es tan habitual como el negro, por lo que vestirlo ayuda a llamar la atención. Se puede usar en cualquier época del año. Sólo está mal visto vestir de blanco riguroso, en una boda si no eres la novia (porque puedes robar su justificado protagonismo), pero este no parece ser el caso.

El blanco también tiene inconvenientes. Se ensucia con facilidad y requiere muchos cuidados a la hora de lavarlo para que se mantenga mucho tiempo como el primer día. Has de tener cuidado con la ropa interior porque puede transparentar y por supuesto, hace gorda. Pero, por encima de todo, el blanco es el centro de la diana de cualquier cosa.

La foto no tiene una calidad excelsa, pero el detalle de hacer un círculo rojo en ella hace que inevitablemente focalicemos nuestra atención en el interior de dicho círculo, obviando el resto de la instantánea.

En el interior del círculo rojo se ve a un individuo blandiendo lo que parece ser una pistola que apunta al hombre de blanco. Se trata de Ali Agca que está a día de hoy de actualidad por su salida de prisión, después de casi 30 años, donde fue confinado por la escena posterior a la que recoge esta instantánea.

Ahora tiene 52 años, pero eso no lo podemos saber por la foto. Las fotos no suelen transmitirnos la edad de los protagonistas, por mucho que nos empeñemos muchas en que salimos mayores en según qué poses. Ali Agca no estaba posando en la foto, por mucho que supiera (porque lo sabría) que pasaría a la historia.

Hoy es un hombre amenazado de muerte. Simplificando el asunto podemos imaginar una foto igual a ésta en la que él sea el vestido de blanco. Pero no es muy probable. Seguramente nunca vuelva a pisar el escenario de la foto, no creo que lo dejen. El hombre de blanco (objetivo) tampoco volverá a pisar ese escenario, aunque tiene un sustituto que también viste de blanco y lo pisa a menudo.

Cuando se hizo esta foto yo era muy pequeño. Creo que no sabía utilizar la cámara por aquel entonces. Hoy todo es más fácil, pero ya no tenemos al hombre de blanco y Ali Agca no pasa por ahí a menudo.

No me gusta vestir de blanco, me hace gorda.

Milana bonita…


miércoles, 13 de enero de 2010

2010, 1984 y Mayo del 68 (Todos Después de Cristo)


No me he marcado propósitos de año nuevo. Hace demasiado frío. Y eso que el frío me gusta. Siempre vienen a mi mente imágenes de rusas altas y rubias vistiendo solamente abrigos de piel. Supongo que son cosas que debería hacerme mirar. Igual que lo de los propósitos de año nuevo.

Este año no voy siquiera a comprar las primeras y fascinantes (en cuestión calidad – precio) entregas de ninguna colección por sugestivas que sean. Ya está todo inventado, no creo que me sorprendan.

Voy a comprar el 2010. Creo que es la inversión más rentable que se puede hacer a corto plazo hoy en día. En momentos tan convulsos de la economía mundial no hay nada como apostar por los valores seguros, aunque ya se sabe que en cuestiones económicas no hay nada seguro al cien por cien.

¿Qué nos ofrece el 2010? Nada que no nos ofrecieran años anteriores, pero a día de hoy, todavía parece un año rentable. Puede subir su valoración día a día. Puede ser aprovechable. Es cierto que cada día que pasa el riesgo de que se devalúe y pase a ser un valor a despreciar es muy alto, y yo mismo soy el primero que parece no ser consciente de esto ya que llevamos 13 días del mismo y todavía no me he afeitado todo lo que arrastro del 2009, pero no soy un animal bursátil sino un simple aficionado a la vida.

A día de hoy los Reyes no han pasado por mi casa. Es otro de los motivos del retraso en ponerme los pantalones este 2010. Seguro que mi tendencia a no valorar estas tradiciones tenga algo que ver con el asunto. Habrá que esperar el regalo de Primera Comunión que la vida también me debe.

Los Reyes no han pasado por casa, pero sí por medio mundo. Decidí obviar su rechazo y me hice hace unos días una fortaleza de cartones de cajas de juguetes que encontré en los contenedores el día de Reyes. Desgraciadamente es asaltada a diario por los huérfanos del hospicio vecino que, más desgraciados aún que yo y con menos esperanzas en el 2010 que el propio 2010, periódicamente buscan los entretenimientos que prometen en vivos colores mis paredes. He desistido de tener techo para no tener que dormir leyendo el cuadro de los requisitos tecnológicos de cada juguete. En mis tiempos sólo existía uno que era aquello de las pilas (no incluidas).

Quizás debiera regalarme algo yo mismo, pero no puedo gastar mucho dinero, al fin y al cabo, aún estoy a tiempo de comprar acciones del 2010. Entro en una librería de ocasión. La librera duerme tras el mostrador con insólita tranquilidad y con la cabeza erguida. Quizás no duerma y simplemente haya cerrado los ojos un momento. Por si acaso paseo entre los estantes con sigilosa parsimonia. Me encanta el silencio de estas tiendas, sólo alterado por la caída de algún ejemplar que se despeña de los estantes cuando intentamos buscar más de la cuenta. Casi siempre son los mismos libros los que se caen, y esto, en 2010 sigue siendo igual que en 1984. Se van al suelo los mismos libros e independientemente de la altura de la que se descuelguen suenan siempre igual. Cae por los suelos algún ejemplar en inglés de Alasteir Crowley. No hay casi nada en castellano de este autor. Me da igual, no domino el inglés pero tampoco me gustan las traducciones al castellano mal hechas. Además, no me interesa demasiado Alasteir. También se caen siempre, indefectiblemente, alguna colección de relatos de Poe, las “Rimas y Leyendas” de Bécquer, muchos libros de Ágatha Christie y el “Drácula” de Bram Stoker, pero nunca cae ninguna del resto de sus obras. Pregunto por ellas a la librera durmiente pero parece que no quiere despertar aún al 2010. Si supiera que el Gran Hermano aún nos vigila, y que por mucho tiempo que pase, siempre será así, incluso en este 2010, no dormiría tan tranquila.

Decido guardarme en el abrigo algún libro de poemas de alguien que se llame Vicente. Sólo recuerdo a Huidobro y a Aleixandre y del primero no veo nada por los estantes. Me guardo en el bolsillo exterior del abrigo una edición hispanoamericana de las Poesías Completas de Aleixandre que probablemente no me guste al llegar a casa por sus giros sudamericanos en el lenguaje, pero un libro gratis siempre es un libro gratis. Un aspecto que nos indica lo al alza que empieza el 2010 es el frío con el que ha empezado. Gracias a ese frío llevo puesto este abrigo en cuyos bolsillos me caben las Poesías Completas de Aleixandre y otro libro (de ningún Vicente) que me llama la atención y que al ser muy fino guardo en mismo bolsillo, dedicado a la pesca en los ríos de Castilla y León. No me gusta la pesca, pero me encanta leer guías y manuales sobre cosas de las que no entiendo absolutamente nada y sobre las que no tengo el mínimo interés. “La Guía Completa de la Pesca por ríos de Castilla y León 1996” es un buen ejemplo. El 2010 es otro.

La librera despierta justo cuando me planteo llenar el otro bolsillo del abrigo con algunos ejemplares de MAKOKI doblados adecuadamente para que quepan bien y no se estropeen demasiado. Con voz cansada de librera hastiada de las letras me increpa porque no se pueden doblar los tebeos. Me entran ganas de contestarla que son cómics, no tebeos, pero no creo que tenga la menor importancia. Salgo a la calle sin los Makokis y me voy a mi fortaleza de cartones para leer a Vicente Aleixandre de atrás a adelante, de su poesía más moderna a la más antigua. Ya tendré tiempo para los ríos castellanoleoneses y sus peces de hace catorce años.

Al llegar a mi fortaleza de cajas de juguetes que encontré en los contenedores el día de Reyes, para mi sorpresa me recibe en la puerta un felpudo personalizado con mi cara. Estos pequeños fenómenos son los que me hacen creer que merece la pena apostar por el 2010. "Los huérfanos del hospicio vecino habrán tenido un detalle conmigo por los malos ratos que me hacen pasar", me engaño sin ningún tipo de rubor.

Fantaseo con la idea de hacerme más pequeño este 2010. Si hubiera llegado ya el 1984 todo sería más fácil. Pero hemos de apostar por el año diez. No quiero tener problemas en los quicios de las puertas. Sueño con poder ser diminuto y pasar entre las piernas de las niñas en minifalda. Sueño con reducir mi anchura al mínimo para que el roce con el interior de sus muslos sea totalmente intencionado. Sueño con la invisibilidad. Sueño con comprar el 2010. No sé si estoy a tiempo. Por si acaso, voy a hacer una buena oferta: Mi alma y el espíritu de todos los que dicen haber estado en Mayo del 68 en París, a cambio de un 2010 menguante. Todo el mundo marca como propósito para el nuevo año algo que siempre implica crecer, hacerse más grande. Yo quiero hacerme pequeño. Debe ser más fácil. Pero no es un propósito de año nuevo, es una necesidad. El único propósito a día de hoy es invertir en el 2010.

¿No has pensado nunca lo práctico que sería ser diminuto? Siempre vienen a mi mente imágenes de rusas altas y rubias vistiendo solamente abrigos de pieles. Supongo que son cosas que debería hacerme mirar. Igual que lo de los propósitos de año nuevo.


martes, 29 de diciembre de 2009

Cumpliendo con los Tópicos (Vol. 2): Mister Barbie vuelve con su Tercera Entrega

En la página web de la Asociación Cívica "Ciudad de Badajoz", regresa Mister Barbie con su tercera entrega, en esta ocasión, cumpliendo con lo que se espera de un artículo por estas fechas:

"El Almendro, los propósitos del Casco Nuevo, el AVE y el Señor Scrooge: Cumpliendo con los tópicos Navideños".

Gracias a todas y todos por vuestra atención. Que los Reyes os lo premien con una buena cantidad de Barbies... (O Madelmans para los más depravados)


Muchos besos bajo el muérdago



lunes, 21 de diciembre de 2009

Obsesiones y Parafilias (Volumen 2)

En el maravilloso y muy recomendable blog del Club de Lectura MAZALE he posteado, como segundo volumen de Obsesiones y Parafilias, una reseña con objeto de animar a todos a la lectura de uno de los clásicos que me obsesionan: Lolita, de Vladimir Nabokov.




Nunca es mal momento para volver a los clásicos, sobre todo sin son grandes, sugerentes, perniciosos, preciosos, turbadores, inquietantes, evocadores, desasosegantes, conmovedores... Como lo es "Lolita"...

"...lo ofensivo no suele ser más que un sinónimo de lo insólito."


domingo, 20 de diciembre de 2009

Cumpliendo con los Tópicos (Vol. 1)


Dickens de Navidad (por Charles Cuento):


-¡Oye tú! ¿Dónde vas con esa sonrisa de gilipollas?

Hace frío. Hace mucho frío. Los virus pasean exultantes en un ambiente propicio. Lejos de desfallecer, se hacen cada día más fuertes. No podemos hacer nada contra ellos. Hace frío. Los virus aman al frío. Mi negra garganta nicotinada no podrá hacer nada con este frío contra tantos eufóricos virus. Es sólo cuestión de tiempo. Odio la Navidad. Hace mucho frío.

- ¿Por qué coño vas sonriendo por la calle?

La nieve cubre los hombros de su abrigo oscuro. Hay quien dice que sólo es caspa, pero es un abrigo tan antiguo que podría tratarse de cualquier cosa. Nadie se atrevería a preguntarle qué era exactamente lo que brillaba en los hombros de su avejentado abrigo. Su tez es sombría. Su mirada lejana y amenazante. Sus rasgos, afilados, no hacen pensar que tras de ellos se encuentre una persona amable. Definitivamente, no era una persona amistosa, pero eso no es demasiado importante.

- Pareces imbécil, ¿De qué te ríes?

Suele pasear sin aparente rumbo todos los días a la misma hora por el mismo sitio. Es fácil seguirle la pista, pero si en algún momento descubre que le sigues, seguramente lo pasarás mal. No aparenta tener muchos amigos. No aparenta nada más allá de ser un viejo gruñón con un viejo abrigo de paño con los hombros cubiertos de algo parecido a nieve o caspa.

- ¿Hay algo que te obliga a reírte solo? ¡Agacha esa cara de tonto! No tienes motivos para ser feliz.

Siempre compra el ABC en el quiosco más próximo a su casa. Todos los días. Aunque haga mucho frío, como hoy. Hay quienes piensan que lo compra porque es de derechas, pero están equivocados. No se le conocen afiliaciones políticas. No hay nada en su comportamiento que pueda darnos una pista de sus valores personales en cuestiones políticas más allá de su compra habitual del ABC. Hace mucho frío y el compra el ABC. Lo compra porque es el periódico que más esquelas tiene en su interior, aunque hay quienes piensan que lo compra por ser de derechas.

- ¿Es que no te das cuenta de que todo es una vulgar mentira?

Tiene un acento inglés muy acusado. Su figura me da cierto respeto. Miedo casi, si no se tratase de un anciano. No sé muy bien a qué viene todo esto pero me veo increpado por un anciano angloparlante, malhumorado y siniestro, sin venir a cuento y sin capacidad de respuesta. ¿Por qué me acusa de ser feliz? ¿Por qué le molesta mi sonrisa? Odio la Navidad, pero parece que a él, mi cara le sugiere lo contrario. ¿A quién coño le importa si odio o amo la Navidad? ¿Quién es ese viejo para echarme en cara si voy por la calle sonriendo o llorando? Acelero el paso. Si algo he aprendido con los años es que lo mejor que se puede hacer para evitar problemas es huir de ellos. Entierro mi cabeza bajo tierra una vez más.

- ¡Niñato gilipollas! ¿No ves que te estás dejando llevar por una mentira tramposa y repetitiva? ¿No ves que todo está planeado por los Centros Comerciales para que gastes sin medida? ¿No te das cuenta que tu vida es igual de desdichada que el mes pasado?

No sé que le habrán contado a este pobre viejo, pero no me apetece contestarle. Odio la Navidad, pero parece que él piensa todo lo contrario. No me apetece sacar la cabeza a la superficie. Espero pacientemente que pase el chaparrón. Es curioso el mundo bajo la superficie. Ahora entiendo porqué entierro la cabeza bajo la tierra tan a menudo: No sólo trato de huir, también veo una realidad subterránea muy interesante.

- ¡Saca la cabeza y enfréntate a mí, cobarde!

No tengo el menor interés en tener una discusión sin sentido con un viejo tan siniestro. No tengo interés en intentar excusarme por algo que no sé muy bien qué es. Empujo la cabeza más abajo. El mundo subterráneo es fascinante. Si alguna vez tienes posibilidad, no lo dudes, mete la cabeza bajo tierra y verás maravillas inesperadas. Un duendecillo fantasmagórico me llama y me dice que vaya a con él a ver mi pasado. No me interesa. Ray Loriga dice en “Tokio ya no nos quiere” que “la memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te trae cualquier cosa”. No tengo ganas de viajar al pasado.

- ¡La Navidad es una gran falsedad!

Al rato de irse el duendecillo que me quiere llevar al pasado, aparece otro, más moderno, con interés de llevarme al futuro. Yo, aunque ferviente seguidor de Woody Allen que una vez dijo que "me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida", decido pasar también de él. Nunca me he fiado demasiado de los duendecillos fantasmagóricos. Y menos si me quieren llevar con ellos.

- ¡Deja de reírte y sé un hombre!

Aparece un tercer duendecillo. A éste ya lo veo venir. Será el de las Navidades Presentes. Le podré preguntar qué ocurre por aquí arriba, por encima de mi cuello. Me dará respuestas a todo lo que me está pasando. Me ayudará a afrontar el futuro con entereza, conociendo mi pasado. ¡Ven a mí, fantasma de las Navidades Presentes! ¡Sácame de esta pesadilla!


No es quién espero. Es un duendecillo publicitario. No hace otra cosa que despistarme de lo ridículo que es mi situación. Estoy huyendo de un viejo siniestro y no se me ha ocurrido otra cosa que meter la cabeza bajo tierra. La gente por la calle sólo ve a un imbécil con la cabeza bajo tierra y al lado a un viejo siniestro pegándole voces. Sólo espero que no sea el señor Scrooge. Sólo quiero que esto no le sepa nunca nadie. Sólo espero que pasen estas fiestas sin que me pase nada por meter la cabeza bajo tierra. Sólo quiero tener valor para enfrentarme al Señor Scrooge aunque me amenace con las esquelas del ABC. Sólo espero encontrar otro tipo de duendecillos.

- ¡¡Odio la Navidad!!

Ya nos habíamos dado cuenta, Señor Scrooge, pero déjeme sacar la cabeza de una vez, que esto está empezando a ser bastante ridículo. Aunque en estas fechas esté permitido casi todo.


jueves, 10 de diciembre de 2009

Saturno devorando a un hijo




Hoy me ha sobresaltado esta imagen en la televisión. Parece ser que no es ningún fake y la verdad es que hay muchas de ellas por la red. Existen ciertas teorías que justifican este comportamiento en la falta de alimento que sufren los osos polares por el deshielo que causa el cambio climático, aunque muchas otras voces hablan de un comportamiento habitual en estos animales.

A mí me da bastante igual. Pero la foto me ha impactado. No soy padre, no quiero, ni creo que vaya a serlo nunca, pero la imagen del padre devorando a su hijo me ha remitido irremediablemente a Saturno devorando un hijo, una de las pinturas más estremecedoras que nunca haya tenido la suerte de ver.


Los osos polares son un enigma para mí, como también lo es Saturno. Sin embargo (o quizás por ello) solían estar entre nuestros favoritos cuando éramos pequeños. Los osos eran adorables, tan blanquitos, en aquellos parajes helados de los polos… Lo de Saturno era más lógico, porque era el único planeta que tenía algo diferente: Sus anillos.

Los Nikis lo encontraban aburrido y cantaban a un planeta que “está muy frío porque nunca hace calor” y llegaban a lamentar lo resfriados y congelados que estaban allí los pingüinos.

Curioso…

Los Zombies, pocos años antes, también relacionaban el frío con Saturno al iniciar una desesperada búsqueda que les llevaba de Groenlandia a los anillos de nuestro devorador de hijos.

Curioso…


Pero lo terrible de todo esto, más allá de la imagen del oso en sí, es el paso del tiempo. El negar el paso del tiempo devorando a las crías. Saturno es la representación de lo podemos llegar a ser, de lo que podemos llegar a hacer. Y ese oso ha vuelto, sangrientamente, a traerlo a mente.

Todo esto es muy extraño… Y luego hay quien se plantea qué sentido tiene que en una isla desierta del Pacífico haya un oso polar…

Lo puede decir la mitología griega, la romana, el libro de ciencias, Los Nikis, Los Zombies o una serie de televisión… Pero la realidad, una vez más, nos devora, y no tenemos más remedio que dejarnos caer en la ficción…

Al menos, eso no podremos devorarlo del todo (espero).


miércoles, 9 de diciembre de 2009

Санкт-Петербург



San Petersburgo. Meriendo unos tacos mejicanos mirando la ajetreada vida que hay tras mi ventana. La vida sigue aunque fuera de mi ventana haga frío. En San Petersburgo hace mucho frío. Al menos esta tarde. Pero la vida no para. Tenía entendido que en las ciudades frías no había vida en cuanto se ponía el sol. Aquí hace horas que se ha puesto el sol y siguen paseando por la calle. La temperatura es fría, aunque esté comiendo tacos mejicanos. Me gusta mucho esta ciudad. Aunque haga frío. No me molesta demasiado el frío, siempre me ha parecido más insufrible el calor excesivo. Contra el frío hay abrigos y mantas que echarse por encima. Cuando el calor aprieta, no hay prendas suficientes que quitarse. Puede llegar un momento en el que estés completamente desnuda y aún así estar sudando. No hay solución para el calor. Y yo siempre he sido muy calurosa.

San Petersburgo se llamaba antes Leningrado, y antes aún, Petrogrado. Los cambios de nombre nunca son fáciles, pero yo no estuve aquí cuando eso pasó. Bastante tengo con no confundirme con los nombres cuando pido tacos mejicanos y lo que realmente quiero pedir son fajitas. Se está bien en esta habitación con vistas. Está bonita San Petersburgo tras mi ventana. Aunque no se vea mucho porque es noche cerrada. Voy a subir un grado más la calefacción. Me gustaría que estuvieras aquí conmigo. No te gusta el frío, pero sé que esta habitación con vistas a San Petersburgo te resultaría muy confortable. Está muy bien climatizada. En los países fríos se suelen cuidar mucho esos detalles, y Rusia es un país frío. San Petersburgo es una ciudad muy fría. Aunque comamos tacos mejicanos mirando la ajetreada vida que hay tras la ventana pensando que quizás queríamos comer fajitas y les han cambiado el nombre.

Pienso que debería tomarme un vodka. Aquí debe ser bueno, aunque no me guste mucho el vodka y no sepa apreciarlo. En algún momento leí que el vodka nunca se congela si es bueno. Rápidamente fui al congelador y metí la botella de vodka que tenía por casa. En mi casa siempre hay vodka aunque nadie lo bebe. Supongo que es herencia de una educación materna enfocada a tener siempre lo que puedan querer las visitas que quizás nunca aparezcan. El vodka se congeló totalmente, de lo que deduzco que no era bueno. No esperaba tener vodka bueno en casa, pero tampoco debería esperar tener vodka simplemente. No me apetece tomar vodka ahora, por muy bueno que sea.

San Petersburgo está empezando a desaparecer entre el frío y la oscuridad. Están encendidas las luces del Palacio de Invierno. He terminado los tacos mejicanos pensando que quizás quería fajitas y tú sigues sin estar aquí. Hay cosas que nunca cambian, salvo los nombres de esta ciudad y la utilización del Palacio de Invierno. ¿Abre en verano?

Hay muchas cosas que debería plantearme en mi vida y muchas dudas por resolver a las que tendría que dar respuesta, pero aquí ya es muy de noche y la temperatura no anima a salir a la calle. Voy a ver qué echan en la tele rusa. Algún día, alguien debería plantear un ensayo sobre la tendencia que tiene el Abuelo Simpson a travestirse tan a menudo. Algún día, porque hoy están encendidas las luces del Palacio de Invierno.



Explicaciones


Me debes una explicación, dices visiblemente enfadado.

No sé qué tipo de explicación quieres, pero yo misma, no tengo explicación para mí. Qué quieres que te explique cuando llevo un tiempo perdida en tierras desérticas. Qué quieres que te explique cuando hace mucho tiempo que las explicaciones dejaron de ser importantes para mí, para pasar a ser meras excusas.

¿Quieres que te cuente cómo me siento?

¿Quieres que te cuente qué es lo que veo cada vez que me miro al espejo?

¿Quieres que te explique qué es sentirse parte de una desoladora visión del mundo que tiene como rasgo fundamental el no saber si el mundo en el que estoy es en el que quiero estar? ¿Quieres que te explique por qué no tengo respuestas para ninguna pregunta? ¿Quieres que te explique por qué mis respuestas no responden a nada y ni siquiera se las puede llamar respuestas sino vacilaciones?

¿Quieres que te explique por qué últimamente no pienso…?

Háblame. Sé valiente por una puta vez en tu vida. Insúltame, dime que te has aprovechado de mí, dime que me odias, dime que soy despreciable… o dítelo a ti misma, pero dime algo, me dices cada vez más enfadado.

He olvidado hablar. He olvidado hablar, cuando hablar significa algo más que juntar palabras inteligibles y lanzarlas al mundo para que alguien las descifre y les encuentre un sentido racional.

He olvidado razonar. He olvidado que tengo que hablar y razonar para poder vivir en este mundo.

He olvidado casi todo, y lo peor es que no dejan de atormentarme los recuerdos.

¿Qué quieres? ¿Que hable yo? ¿Que te diga todo lo que pienso de ti y de tu despreciable comportamiento conmigo? ¿Que pase de ti? ¿Que te grite, que te insulte?...Dices sin darte cuenta que me estás preguntando cosas que tú mismo te estás respondiendo. Y si a alguna de tus preguntas no le encuentras respuesta, desde luego yo, no la tengo.
Si sintiera algo en estos momentos, sin duda debería sentirme culpable. Culpable de verte destrozado, de verte fuera de control. De ver cómo te han superado los acontecimientos. De verte vulnerable, perdido, derrotado, engañado, despreciado… Pero no siento nada. No me siento bien por ello, simplemente no siento nada. No es personal. No más allá de mi persona. Si consiguieras verte utilizado, quizás empezaras a ver la luz al final de este túnel.¿Sería muy torpe por mi parte sugerirte que siento que te veas utilizado? No sé si sería torpe, pero sería mentira, no lo siento. No me importa. Baby, i don’t care

¿Te sientes utilizado? Lo he dicho… No me importa, pero le he dicho. No me lo creo, pero ahí te lo dejo. Ahora vendrá la explosión.

¡Claro que me siento utilizado!. Y ahora me siento humillado, engañado, estafado… Siento -¿Por qué dudas ahora? ¿Es posible que te esté desbordando todo? ¿Te has descolocado totalmente?- Siento… Me siento una puta mierda… Pero ahora me das asco, mucho asco…

Hasta aquí. Lo último que necesita una persona autodestructiva como yo, que ha pasado de tocar fondo a encontrarse perdida en los desiertos abisales sin rumbo ni ganas de buscarlo, es que alguien como tú intente empujarla más abajo. No te equivoques chato, no hay más. No hay nada más abajo. Y eso sólo lo sabemos los que estamos en el fondo sin ganas de subir. Pero no quiero que me pise la cabeza alguien tan estúpido como tú. Por muy bueno que estés.

No me jodas. No fui yo quién empecé esto. Mi voz suena muy segura. Da la impresión de tener un control de la situación fuera de lo común. Como si todo siguiera un plan maquiavélicamente preparado por una arpía de mi calaña. Pero es falso. Es un reflejo áureo de la actitud que se toma cuando todo ya da igual. Te recuerdo que yo no quise nunca que te acercaras a mí. Te recuerdo, por si se te olvida, que el único que insistió en esto, fuiste tú. Si no sabes lanzar faroles, no los uses, porque puedes perderlo todo. Has perdido, lo siento, pero has perdido por intentar ganar con una pareja de cuatros, cuando lo único a lo que podíamos aspirar era a un poco de sexo frugal.

¿Qué coño estás diciendo? ¿Cómo se puede ser tan hijadeputa (suena como si lo hubieras dicho todo junto) y tan víbora? ¿Es que nunca has sido sincera conmigo?

La sinceridad está sobrevalorada. Me acabo de dar cuenta que no es el momento para bromear, pero la distancia entre lo cínico y la broma es casi únicamente una cuestión de estado de ánimo. Y además (No me cortes ahora, que estoy lanzada y no creo que vayas a sacar mucho más de mí) yo nunca te he mentido, y no te lo voy a repetir más. Siempre te dije que esto no valía la pena, que no tenía sentido. Tú eras el primero que sabía que no íbamos a ninguna parte, pero me venías con el placer del camino… Pues te has encontrado un agujero terrible al dar el primer paso. Y, ¡Déjame en paz! Yo ya estoy en un agujero muy profundo, pero es mío y me he acostumbrado a él. No me intentes sacar de aquí. Estoy bien… Bueno, no estoy bien, pero es mi puto problema. Y no recuerdo haber pedido ayuda. Por supuesto que me atraes, que me pones a cien. Pero eso no quiere decir que me tenga que acostar con todo aquello que me pone

Pero, si ni siquiera nos hemos acostado… Me arrastraste dentro del ascensor… Yo a acostarse, lo llamo a otra cosa…

Eres bueno tío, eres muy bueno…

De acuerdo, no nos hemos acostado. Llámalo como quieras. ¿Yo te arrastré al ascensor? Qué fuerte soy, ¿No?... No te vi demasiado preocupado porque te arrastrara, ¿No?... ¡Da igual! Si te he arrastrado al ascensor ha sido porque no podía soportar más tu seducción. ¿No te das cuenta? Llevabas muchísimo tiempo esperando algo, provocando algo… El problema es que no has encontrado lo que tú querías, y eso, te jode.

Tía, estás enferma. Yo creía que teníamos feeling (¡Qué bonito!, con eso del feeling justificamos toda esa atracción que hemos tenido, sufrido y trabajado en los últimos tiempos), que te ponía… Existía deseo y, eso, o eres una puta actriz digna de óscar, o era así. Dime simplemente que querías desahogarte conmigo y lo has hecho.

Quería desahogarme contigo y lo he hecho…

Qué incómodo es el silencio cuando el cinismo trasciende todas las reglas básicas en la comunicación interpersonal y a uno de los dos le supera y a la otra le da igual.

Gracias. Por lo menos me demuestras de qué tipo de pasta estás hecha. Pena no haberme dado cuenta antes…

Mira, me da igual, pero tengo una curiosidad. Miento como en los tiempos en los que las cosas me importaban: ¿Cómo se puede pasar de estar fascinado por mí a despreciarme como a nada en el mundo en cuestión de días?

Te respondo con otra pregunta. Esto significa que no sabes qué responder: ¿Cómo se puede pasar de arrastrarme a un ascensor, hacerme el amor de la manera más viciosa y deseosa posible a no querer ni rozarte conmigo ahora?

Yo no te arrastré al ascensor a hacer el amor. Yo te llevé a otra cosa.

En eso estoy de acuerdo contigo.

Por lo menos, estamos de acuerdo en algo.

En el fondo, todo se reduce a distinguir entre sexo y amor.



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