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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Tres días (five years)




¿Aceptarías que te quisiera sólo tres días?
Es de lo único que dispongo.
¿Será suficiente para ti?
¿Estás preparada para asumir que te voy a querer simplemente tres días?
¿Podrías renunciar a que te quisiera tanto porque sólo van a ser tres días?

¿Serías capaz de cambiar el "tres" y los "días" por otro número y otra unidad de tiempo y estar conforme? ¿Podrías llegar a conformarte?

Tres días pueden ser una vida.
Five years puede ser poco.
Se me acaba el tiempo y no quiero dejar de querer por eso...






domingo, 6 de diciembre de 2015

El desayuno como medida de todas las cosas


El día que vuelvas a quererme QUIZÁS yo solo desee volver a desayunar todas las mañanas contigo en estas tazas.



Porque lo más importante de querernos, lo mejor de las historias, son los desayunos.


Todo empieza con un poema.
Todo empieza con una canción.
Todo empieza con una historia.
Todo acaba cuando llega el BESO.


Lo nuestro empezó con un BESO.
Después del BESO empezó la historia.
Y la historia arrancó con una canción.
Y terminó con un poema.
Un poema que nunca te escribí.
Como aquel cuento.


Siempre fuimos diferentes. Aunque también tengamos nuestro BESO, nuestra historia, nuestra canción y, por supuesto, teóricamente (solo teóricamente) nuestro poema. Y aquel cuento que nunca te escribí.

Ya tengo las tazas para desayunar juntos el resto de las mañanas que deseemos. Cuando vuelvas a quererme. Del poema y el cuento ya hablaremos cuando tengamos el café caliente...







P.D. I: Las tazas las venden aquí: http://bag-apart.com/producto/pack-anniealvy/
Que vuelvas a quererme y desayunemos juntas en ellas no vale 19 €.

P.D. II: Escribir en reglones cortos no hace poesía. 







jueves, 29 de octubre de 2015

VI Aniversario: De músicas, narcisos, muertes y quereres

Pues no. El sexto año no ha tenido mucha música, para qué engañarnos. Pero hay una lista de VI Aniversario. Esta es la música que ha pasado por cabezadeavestruz este año 6 (54 D.D.):





Hoy es San Narciso. Tampoco es que sea relevante, pero aquello de Narciso o el narcisismo siempre ha sido un motor importante para que esto siga vivo. Por muchas muertes que haya alrededor. Por mucho que uno muera un poco a veces. Porque “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren”. Y da gusto que, llegando la fecha, el día de inicio de cabezadeavestruz 7.0, el año 55 D.D. (Después de Diego), también llegan los muertos, las calaveras y los diablitos a mi querida Oaxaca. Y mi buen hermano en la distancia (y en la cercanía) Don Gilomeno me regala una calaverita con todo el amor y el cariño, muy bien recibido en momentos como este. GRACIAS, ARTISTA:

Fer muy cojonudo a la muerte le exigía, 
que se lo llevase de una vez al campo santo,
pues en esta vida ya no daba para tanto,
Y de su presencia ya nadie prescindía.

La muerte sílfide dijo entonces los grandes así mueren,
Y la ventaja de estar muerto es que todos te quieren.

Yo no suelo concederles a todos el favor,
De llevarlos desde antes a la presencia del Señor.

Pero en complacencia a tu vida pondré fin;
Por que quiero que me leas "el párpado del puercoespin"

¡Probresito de mi compi, ese güey de Badajoz!
Ya no escribe mas el grande cabeza de avestruz.

Todo mundo llora y reprocha cual saeta,
¿Donde están los versos que me escribías cuando eras poeta?”



Y en estas, con el corazón encogido, emocionado por sentir cariño de él y de much@s que sabéis quiénes sois y que estáis ahí, como me gusta que sea, en otro acto más del narcisismo habitual por estos lares, me congratulo de no escuchar eco cada vez que paso por aquí y quiero decirles algo. Y ya van seis años... ¡GRACIAS!


B.S.O.: "Canción del Eco" (Christina Rosenvinge).






miércoles, 6 de marzo de 2013

Historia para un miércoles



Quiero saber cómo son tus martes. 
Todos tus martes. 
Es lo único que te pido sólo para mí. 
Nadie te lo ha pedido nunca y nadie te lo va a pedir. 
Es algo que puedes darme y lo quiero. 

Quiero saber cómo son tus martes. 
Todos tus martes. 
Hasta que no tengas nada que contarme.



Cuando no tengas nada que contarme, dejarán de interesarme tus martes. 
Y quizás en ese momento, todo lo demás me dé exactamente igual.
Y podrás olvidar todo esto.


Pero, hasta que llegue ese momento, quiero saber cómo son tus martes. 
Lo quiero sólo para mí. 
Porque sé que puede ser mío y nadie más lo va a querer tener. 




B.S.O.: "Hoy es domingo" (Los Toreros Muertos)

martes, 12 de febrero de 2013

Vacío de poder, primavera triste (Historia levemente basada en la proposición vaticana a cabezadeavestruz para que ocupe la Silla de San Pedro)






El teléfono atronó e hizo añicos el silencio de las 12:30 de la mañana, obligándome a saltar de la cama mucho antes de lo habitual. El orden estricto que acompaña mis rituales vitales en los últimos tiempos se altera con facilidad por cosas como esta. Refunfuñando cogí el teléfono con un sólo pensamiento: “Que no sea una compañía telefónica para ofrecerme algo, que no sea un acento sudamericano preguntándome si estoy contento con mi servicio de ADSL, que no sea mamá preguntándome cuándo voy a verla...”

La primera en la frente: Una voz con marcado acento sudamericano (ecuatoriano o boliviano, no sé, seguro que argentino no porque ese tonillo lo reconozco bien) pregunta, con marcado tono maternal, si tengo unos minutos que tiene algo importante que decirme.

Evidentemente, una vez fuera de la cama y con el teléfono en la mano, no pensaba colgar sin más. Una vez que me han sacado de mi cama debo volcar toda mi ira con esa persona (Quien no deja de ser un mandado sin culpa de ello) que ha interrumpido mi necesario y habitual descanso de escasas 14 horas diarias. Sí, últimamente duermo mal y poco, pero no puedo controlarlo todo. Ni siquiera las llamadas telefónicas intempestivas...





No me interesa nada de lo que vaya a ofrecerme, realmente no tengo teléfono – le dije con tono agresivamente cazallero por aquello de ser las primeras palabras de alguien que se despierta y se fuma más de dos paquetes de tabaco al día.
Creemos que sí le interesa. Y no tiene nada que ver con teléfonos. Déjeme que le explique.
Adelante, pero dese prisa. No tengo mucho tiempo, tengo una entrevista de trabajo en unos minutos.

Las risas de mi interlocutor atronaron en mi cabeza removiendo y agitando de mala manera el recuerdo y el rechinar de hielos de los escasos diez o doce cubatas que tomé la noche anterior.

De eso precisamente quería hablarle...

Me acojoné. Mucho. Muchísimo. ¿Querría ofrecerme un trabajo? ¿Un misil trabajo-aire amenazaba con alterar mi linea de flotación? Estuve a punto de colgar, pero rechazar trabajos alegando que cuentas con que está al caer la herencia de una de las mayores fortunas del occidente civilizado y no lo necesitas ni está a tu altura, es uno de mis placeres ocultos preferidos. 

Le haré una oferta que no podrá rechazar, me dijo mientras yo pensaba en lo despreciable que seré cuando tenga el dinero de la herencia familiar a mi disposición.
Diga, soy todo oídos. ¿De dónde me llama?
Del Vaticano. 
¿Eso es una nueva compañía de móviles?
Del Vaticano, Ciudad del Vaticano.
¡Ah! Perdone, diga, diga...
¿Supongo que está usted al día de las últimas noticias?
Umm... Sí, mentí mientras pensaba en la relación que podía haber entre El Vaticano y que los Lakers hubieran vuelto a perder o que haya empezado Gran Hermano 14.
Queremos que ocupe la vacante.
¿La vacante?
Queremos que sea el nuevo Papa. Confiamos en usted.

Tentador. Sin duda. Mentiría si digo que nunca he fantaseado con ser mandamás en la Iglesia Católica, pero aquello no tenía ni pies ni cabeza.


cabezadeavestruz en Ciudad del Vaticano, por cortesía de @Juanferrera


Perdone, pero tengo una pequeña duda...
Diga.
Lo de Papa que me cuenta es lo de Ratzinger, ¿No? ¿Lo de Benedicto XVI? Y al nombrar el 16 me vino a la cabeza Pau Gasol y me quedé pensando de nuevo en las derrotas de los Lakers.
Si. ¿Sabe que ha dimitido?
¿Eso se puede?
Ha pasado y queremos que sea usted el nuevo Papa.
Perdone, me acabo de despertar y creo que no proceso bien. ¿Han pensado ustedes en los inconvenientes de su propuesta?
No vemos ninguno, más bien al contrario.
¿Que yo sea mujer, negra y atea no supone problema?
Nada, menudeces para lo que estamos hablando...
¿Y tengo que contestar ya?
Tiene usted exactamente 30 segundos. Colgaré y volveremos a llamarla en 30 segundos y tendrá que dar una respuesta. Ciao, mi querida negrita descreída, contamos con usted.

Me quedé perpleja con el teléfono en la mano. “Contamos con usted”. ¡Hacía tanto que no me decían algo tan bonito! 

Reaccioné rápido y marqué su número. Sí, SU NÚMERO. Hacía mucho tiempo que no hablaba con ella, pero tenía que hacerlo en ese preciso momento.

Hola, soy yo.
Ya, lo sé. Sale tu número. No lo he llegado a borrar nunca. Ni creo que lo haga. ¿Qué quieres? ¿Por qué me llamas ahora?

Me emocioné. Hacía tanto que no hablaba con ella que me desarmó un poco. Pero quedaba poco tiempo, tenía que reaccionar y los 30 segundos se agotaban.



Déjame hablar. Tardaré menos de 30 segundos y colgaré. No te puedo explicar más.
¿Ya estás con tus gilipolleces? ¿Después de tanto tiempo me vas a venir con cosas raras? Dime, te escucho...
Te quiero. Te quiero como siempre te he querido. Me voy. Tengo que hacerlo. Pero volveré a por ti. No sé cuándo ahora mismo, pero volveré cuando todo esto se acabe. Cuando todo esto acabe, seguirán existiendo chicas a las que las sandalias le sientan de maravilla con sus vestidos rojos, gente que devora kebabs como actos rutinarios de su ser social, cubos de cerveza para compartir que siempre se quedan escasos, bares con baños donde no funcione el pestillo, copas de garrafón, cigarrillos de liar y Bob Dylan. Seguiremos confiando en que la traición afila los rasgos y que a cada cerdo le llega su San Martín, y que familia no hay más que una y a ti te encontré en la calle. Y que la calle fue nuestra porque pensamos que podía serlo, mientras otros llenaban los salones de sus casas criticando lo que salía por sus televisores. Después de todo esto, seguiré pensando que te quedaría de vicio un piercing en tu ombligo pero no me importará mucho que te lo hagas o no, y que las sardinas saben mejor en ciudades con ríos que desembocan al mar y hechas al carbón. Al final, no serán más las canciones que queremos conocer que las que conocemos, y todo lo que me cantaste una vez nunca será parecido a lo que te queda por cantarme. Prince seguirá siendo un genio aunque no sepamos dónde está, y el francés será el idioma más sensual jamás utilizado para cantar algo romántico. 

¡Mil besos, amor! - y colgué.

Me quedé vacío pero no no me dio tiempo a pensar mucho en ello. El teléfono volvió a interrumpir mis pensamientos.

¿Tiene una respuesta?
Si.
¿Contamos con usted?
No puedo.
¿Por qué?

Y no supe que responder. Había gastado todos mis principios y mi sabiduría interna hablando con ella. Tuve que buscar una excusa rápida para quedar bien con El Vaticano.

¿Le gustan Los Simpsons?
¿Perdone? 
Que si le gustan Los Simpsons.
No sé de qué me habla...

Colgué convencida ya. Me preocupa que lleve tanto tiempo oliendo mal en Dinamarca y nadie haya hecho nada por remediarlo. Nadie.

Me preocupa que haya necesitado una excusa como la dimisión de Ratzinger para volver a hablar con ella. 

Y, sobre todo, pienso que hay que desconfiar profundamente de cualquier persona que no vea Los Simpsons.

Volví a llamarla.

Pero esa ya, amigas y amigos, es otra historia...







martes, 5 de febrero de 2013

La inquietante conexión entre el “Te quiero” mal dicho y el polvo mal echado.





Te quiero porque creo que entiendes como soy. 
Te quiero porque a ti te puedo contar lo que a nadie le puedo contar. 
Porque puedo sentir que mi vida a tu lado cobrará sentido y dejará de ser vacía. 
Te quiero porque me preguntaste cuántos años tenía cuando murió mi padre 
y eso nadie me lo había preguntado jamás. 
Te quiero tanto que me gustaría…”

(“Tu vida en 65'”, María Ripoll, basada en la obra de teatro homónima de Albert Espinosa, 2006)




      4.35 AM. Interior Noche.


He tenido que dejar de mandar mails porque me aterraba el momento en el que, después de desarrollar todo el mensaje, de escribir todo lo que tenía pensado decir, revisarlo y quedar más o menos conforme (nunca se queda conforme uno), le daba a enviar y me avisaba que el mensaje no tenía asunto. Nunca supe qué asunto poner en los mails. He optado por tomar la decisión menos dolorosa: Dejar de escribir mails para no tener que pensar un asunto que ponerles. Etiquetar o titular el mensaje es más de lo que podría asumir nunca, y es lo que me pedía el servidor de correo cuando le daba a enviar. Su mensaje no tiene asunto ¿Quiere ponerlo ahora? También podría haber optado por seguir mandando mails sin asunto, pero ¿Quién los leería? ¿Leerías tú un mail que no llevara asunto?


Creo que no


Soy la única persona que conozco que consume porno adyacente. Lo consumo compulsivamente. Tengo un archivo ingente de porno. Soy la única persona que conozco que consume porno adyacente. El porno que está entre las escenas que todo el mundo ve. La conversación forzada, la situación extrañamente patética o ridícula que conduce al mete y saca, las palabras previas a la mamada de turno, la excusa que termina en trío... Consumo vorazmente la parte de las películas porno que todo el mundo pasa adelante para llegar a lo que les interesa realmente. Yo lo hago al contrario. Alguna vez reviso las escenas sexuales por si hay algún tipo de comentario u ocurre algo más allá del folleteo. Así soy de adyacente. Así me gusta el porno. Así voy tirando.





5.32 AM.  Interior. Primeras luces del alba.


Te juro que es la primera vez que me pasa

¿El qué? 
¿Que no se te levanta 
o que me has dicho “te quiero” 
sin que tuvieras que decírmelo?
 No me importa, no te preocupes


¿El qué? 
¿Que no se me levante
 o que te he dicho “te quiero” 
sin que tú quieras que te lo diga?


No me quieres, déjalo...


No se me levanta, déjalo...




Fin del capítulo






"Y esos hombres que tú admiras
que parecen visigodos
mucho músculo, poco cerebro
y luego lloran como todos
(Te quiero, Siniestro Total)




B.S.O. I: Sexo Chungo (Siniestro Total)
B.S.O. II: Sexo Chungo II (Siniestro Total)
B.S.O. III: Te quiero (Siniestro Total)




lunes, 19 de marzo de 2012

He echado mi currículum en el Zara (Cuentos de la vida moderna, por y para evitar el olvido en la distancia)


(Un cuento para @BeAfricanita, con cariño, envidia, respeto y admiración)


Esto era una vez que yo sabía un cuento pero se me quedó dentro y no me acuerdo, voy a ver si me sale otra vez... 

"Dicen que hace un tiempo, desde la sala de armas uno de sus castillos preferidos en tierras del noroeste de la Península Ibérica, un tal Amancio Ortega (En lo sucesivo, A.O.), sentado en su sofá orejero de cuero morado, con una copa de whisky de malta en la mano, escuchó hablar de un currículum que se decía que había ido a parar a una de sus posesiones en un extraño giro del destino.

Como en él era habitual, discreta pero incansablemente, se puso manos a la obra para descubrir qué era lo que había detrás de aquel currículum, ya que su olfato de reconocido prestigio internacional detectaba algo que le intranquilizaba y no le dejaba conciliar bien el sueño sobre su montón de billetes de diferentes monedas de todo el mundo donde acostumbraba a dormir un poco menos mullido desde que se divorció de la mujer con la que compartía el imperio que había forjado de la nada tiempo atrás.

Las cámaras de seguridad de una de sus posesiones en la calle Fuencarral de Madrid, cerca de la Glorieta de Bilbao, le dieron la primera pista. Ahí descubrió una conversación, a ojos profanos banal, que sería el hilo de donde podría empezar a tirar.

("Chica Corazón" by @BeAfricanita)



Paseaban descuidados, disimulando preocupaciones y fingiendo felicidad (Como casi todo el mundo que pasea por las calles de una gran ciudad) unas personas aparentemente despreocupadas cuando una afirmación que superficialmente no venía a cuento y que no iba más allá, parece que desencadenó todos los acontecimientos posteriores.

¿Te he contado que he echado mi currículum en el Zara? 

Quién pronunció ingenuo esas palabras tenía en mente otros pensamientos añadidos. Las cámaras del grupo Inditex, aunque poca gente lo sabe, son capaces de captar esos pensamientos y procesarlos hasta hacerlos inteligibles para el paroxismo comercial (de ahí su éxito around the world):

Esas son las pequeñas cosas que te hacen grande. El hacer que yo crezca, aunque sea laboralmente. En este mundo en el que vivimos, somos lo que hacemos, y lo que hacemos por obligación es trabajar. ¿Qué mejor sitio que un Zara? 
Te reíste pensando que yo no encajaría allí.
Me reí pensando que no me conocías lo suficiente. Que no sabías cuán maleable puedo llegar a ser (Por dúctil, por fácil de convencer, no por malote…)
Nos reímos nuevamente. Lo hacíamos mucho. Eso no nos lo quitará nunca nadie. Aunque a algunos no les gustara.

El hilo musical de la tienda se coló en la interpretación de los pensamientos. Pasaba a menudo. El imperio Inditex tenía algún que otro fallo. A fin de cuentas era tecnología gallega…  “Con las ganas” de Zahara se coló en los pensamientos de aquel momento que desencadenaba toda la historia del currículum dejado en el Zara. "Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos… Y las palabras se me apartan, me vacían las entrañas..."

A. O. dio un respingo. Llamó inmediatamente a uno de sus sirvientes y sin disimular su enfado pidió que hiciera lo posible para que despidieran al responsable de todo el circuito de televisión de sus tiendas en la capital de España.  

Buscó un analista de lenguaje corporal que, mirando lo grabado en todas las cámaras de las tiendas de la zona, le diera alguna clave más de lo que pasaba por la mente de aquel chico desgarbado, algo pasado de peso y alto que había hecho esa afirmación frente la puerta de una sus tiendas…  

Según parece, era un tipo extraño, con unos pensamientos interiores que no se intuían con facilidad en su aspecto exterior o en sus gestos habituales. 

Descubrieron algún que otro penar en su interior: 
Te reprocharé siempre que sepas emular la voz del moreno de Los Pecos, infinitamente mejor que yo la del rubio. Pero asumo que hay millones de cosas que sabes hacer mejor que yo, y te quiero por hacerme pensar siempre que es al contrario o, cuanto menos, que no tiene importancia.

A.O. Puso en marcha su ejército de vigilantes del decoro en los Karaokes del mundo en pos de alguna pista que recondujera aquello. 

El informe de su equipo le indicó que el 78 % de las prendas que se ven en los Karaokes de España provienen del Grupo Inditex. Aquello no le satisfizo. A.O. pensó que era un mal porcentaje. También pensaba que los karaokes eran un invento del diablo, aunque tenía más de una docena de aquellos aparatos, regalo de familiares en fechas señaladas, guardados bajo llave en las bodegas de uno de sus castillos de verano. A.O. supo que aquello era complicado, más si se dispersaba en datos inútiles para su propósito. Siguió buscando en los deslavazados e inconexos pensamientos internos (¿Los hay externos?) de nuestro protagonista curricular.

Apretamos y comprimimos nuestra afición por la soledad del día antes, sin darnos cuenta de que añoramos y necesitamos la compañía del día después. Es esa estamos. En esa seguiremos mucho tiempo. Hasta que inevitablemente volvamos a encontrarnos. Y nos agarremos de la mano para cantar matando a todos de envidia cuando nos contemplen.

De nuevo las canciones, pensó A.O., habría que seguir la pista melódica. Quizás en la cabeza de aquella persona había más música que aptitudes para trabajar en alguna de sus tiendas. Buscó la última pista de reproducción que pasaba por aquella cabeza mal pensante y encontró algo extraño. ¿Cómo has tenido valor de hacer una canción de amor? De nuevo Zahara. 

-¡Que me la traigan inmediatamente! –gritó en la inmensidad de su castillo.

Nadie le escuchó (Como sospechaba que pasaba últimamente a pesar del irresistible crecimiento de su grupo empresarial) y una sirvienta que pasaba por allí le indicó que aquella canción podría ser “Adios” de Zahara. De nuevo Zahara, confirmado. 

-¿Por qué? –gritó A.O. al oído de la aterrada sirviente que salió huyendo escaleras abajo cómodamente ayudada porque ese día vestía unos leggins de oferta de Berskha.

Arrojó la copa de whisky a la chimenea. Siempre gustó de representar escenas cinematográficas como aquella. Incluso llevaba tiempo tentado en invertir en cine. Pero sólo tenía ofertas de cine español y él no tenía ningún interés en un cine que no incluyera grandes señores en sus castillos, planos fijos en la mirada de un señor omnipotente oteando sus posesiones mientras se intuye un pensamiento interior de persona justa hasta en la adversidad, películas de época, o un remake de "El Golpe", su película preferida de siempre.




Aquello le recordó algo. Revisó la transcripción del último video de los pensamientos del personaje del currículum. Había oído algo de cartas o de juego. Allí estaba…

- ¡Para ahí! ¡Justo ahí! ¡Vuelve atrás¡ ¡Amplíalo! ¿Qué es eso?

Dicen que en el póker sólo te puedes descartar una vez. Dicen que el póker es como la vida. Solo puedes cambiar cartas una vez en el póker y en la vida. Yo soy más de hacer trampas y siempre me ha gustado mucho jugar con ventaja. Creo que siempre he tenido buenas cartas, pero de no ser así, me las invento. Tú me has enseñado cómo un 4 de rombos puede ser tan bueno como la Reina de Picas si lo coges en el momento adecuado. Siempre me gustó jugar con ventaja. Y siempre quise tener cerca a una reina. Gracias por saber que cuando repartieron la segunda mano, tú y yo, juntos ya éramos una pareja de Reinas. Y con una pareja de Reinas ya se puede jugar. Y, además, siempre guardo un as bajo la manga… Como tú…

Una línea de ropa basada en los tiempos de "El Golpe". Unos motivos inspirados en la baraja francesa. Una línea con vistas a que vendiera mucho con estética de los grandes casinos de Las Vegas. ¡Dios! ¡Qué creativo podía llegar a ser! Era normal que dominara el mundo textil. Si algún día a los chinos les diera por dejar el tema ya no tendría rival y podría descansar tranquilo sabiéndose el rey del mundo de las telas que cubren las pieles de todo el mundo conocido. Se mesó los cabellos blancos que cada vez escaseaban más y recordó que debía centrarse nuevamente en aquello que le había hecho tirar el vaso de whisky contra la hoguera de manera cinematográfica.

Uno de nuestros últimos días pensé en regalarte un supercoco azul de peluche, pero pensé que era algo que no nos decía nada a ninguno de los dos. Lo volví a pensar y acepté que quizás era un buen regalo porque tú y yo no nos hemos dicho nada aunque lo hemos sabido casi todo. Al rato lo volví a dejar en el estante y salí por la puerta de la tienda con la idea en la mente de que lo que no nos dijimos nos distingue y lo que nos conocimos nos engrandece.

Vivirás todo una hora antes por tu geografía, pero lo cierto es que yo siempre anduve una hora después, hasta cuando compartíamos uso horario. 

¡Busquen en las tiendas insulares! –Gritó sin que nadie pudiera escucharlo- ¿Vendemos peluches en alguna tienda? El eco de su voz en su inmenso castillo se volvió contra él como las bofetadas que le daban aquellas chicas a las que cortejaba cuando era un adolescente humilde. Hoy A. O. era tan poderoso que aspira realmente a que todo el mundo conocido se uniforme bajo su criterio estético, desde la más rica al más pobre, desde el más moderno a la más clásica. Y bien que lo había trabajado desde muy temprana edad. Incluso dejando al lado cortejar a aquellas chicas que le gustaban por tener un futuro mejor, un presente de gloria hoy día, un futuro aterrador para cualquier empresario textil que pensara destacar. Recordó todo lo que le había costado, así sin venir a cuento. Y se puso triste. Y el hilo musical entró, ahora en su cabeza, desplazando sus pensamientos…

y aún repaso las lecciones una a una 
cada día 
yo no puedo aconsejarte 
ya es muy duro lo que llevo 
dejemos que corra el aire 
y digámonos adiós…"

Eso era de por allí. Era gallego, lo sabía. No estaba muy al tanto de la música moderna. Su último referente fue Juan Pardo y hace tiempo que no se sabe nada de él. A Julio Iglesias, también gallego, le retiró el saludo cuando no quiso hacer publicidad de él en Miami por mucho dinero que le ofreció. Juan Pardo no era así, pero hacía tiempo que no sabía de él. Además no era gallego. Qué lejos quedaban los tiempos de Juan y Junior o de Los Brincos. Pero aquellas tonadillas eran de otro gallego. Moderno y bajito, como quería pensar de sí mismo aunque viera a viejas sesentonas comprando ropa en sus outlets decantándose por las únicas prendas que había ideado él. 

Buscó en su agenda algún teléfono que le pudiera llevar a aquel gallego que cantaba lo de estudié mientras dormía, y llamó a un amigo de la TVG por si podía ayudarle. Sabía que ese amigo de juventud controlaba mucho el tema musical en Galicia porque produjo un par de programas con actuaciones en la tele que él pagaba como todos los gallegos. Marcó y esperó los tonos de llamada. Al otro lado sonó cómo descolgaban el teléfono. Pero se coló algo que no esperaba oír. Eran de nuevo  los pensamientos del chico del currículum:

Empujamos la luna aquella tarde, porque la luna no puede salir a esas horas. Y detrás descubrí aquella estrella. Aquella cosa luminosa que me enseñó por dónde pasear y hacia dónde ir cuando no se sabe bien ni dónde se está ni hacia dónde se va.




Si algo de todo lo que he aprendido de ti, quisiera que supieras y te sintieras responsable, sin duda sería ese extraño efecto que causabas en mí, cuando cada vez que hablábamos, me hacías pensar que era 2 de Enero, ya pasada la resaca, y podía plantearme renovar todas las ilusiones y proyectos nuevos que esos días todos nos sentimos capaces de emprender. Gracias por hacer que, tras todas nuestras conversaciones, me sintiera en un permanente 2 de Enero. Que anulara mi cuota del gimnasio más tarde, o que dejara de seguir aquel coleccionable, son ya cosas mías de las que no tienes un ápice de responsabilidad. En cualquier caso. Al tomar la esquina volvía a ser 2 de Enero. Ahora sólo quiero que sigas dándome muchos 2 de Enero en la distancia, con mayor intensidad aunque con inevitable menor frecuencia. Los necesito para seguir, sabes que odio el verano perpetuo al que tú te vas…

Tiró el teléfono al suelo y las piezas volaron por toda la estancia. Otra escena muy cinematográfica, pensó consolándose e intentando disimular la frustración. 

Se sirvió nervioso otro whisky de malta (escocés, off course) y pensó que últimamente bebía más de la cuenta. Su divorcio le había sumido en cierto aburrimiento y el aburrimiento le llevó a pensar demasiado. Pensando demasiado se aficionó a beber a solas y a solas llegó al escocés de malta. De ahí a pensar que últimamente perdía el tiempo con muchas tonterías había un paso.

El paso lo dio cuando se dedicó a vigilar más de lo debido sus tiendas. Su inabarcable red de negocios repartidos por todo el mundo. Desde su sofá orejero de cuero morado. En la soledad de su castillo del noroeste. Pensó que quizás así no llegaría a ser nunca tan feliz como cuando abrió su primera tienda y lo celebró con todos los que le habían acompañado en su aventura. Supo que el chico del currículum era un farsante que quizás había hecho ese comentario sin darle mayor importancia y que no debía quitarle el sueño. Entendió que trabajar demasiado no merece la pena si no disfrutas de la gente que tienes a tu alrededor. Quiso conquistar el mundo, pero el mundo es más pequeño que todas sus tiendas. Envidió a aquel cínico chaval que dijo “He echado mi currículum en el Zara” cuando quería decir que echará mucho de menos a la persona que iba a su lado.  Echó un último vistazo a las cintas de seguridad. Como punto final esta vez. Y lo vio todo claro:

Quizás algún día, después de confesarte todo esto, te decidas a cantarme aquella canción tan bonita…

“Trabajas en Inditex,
el mundo está a tus pies”

Todo se reducía a eso. 

Y a querer a la gente, aunque se diga cada vez menos. 

Y sentir el mundo a mis pies…"


Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado... 

martes, 24 de enero de 2012

Aquella noche que quise ser Marlon Brando...




Aquella noche que quise ser Marlon Brando...
... no tenía máquina de escribir. 

Y tú lo recuerdas constantemente, como si fuera culpa tuya…

(Y no me gustó)





Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… recordé que no te gustaba nada porque lo conociste en el ocaso de su carrera, gordo y demacrado. Yo muero por tener un ocaso así si eso me diera su gloria anterior. 

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… me bebí cuatro botellas de bourbon mientras tú te desnudabas para mí. No pasó nada. Ni me emborraché ni pudimos follar. Creo que me apetecía más follarte que emborracharme, pero cuatro botellas de bourbon barato no ayudan.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… decidí escribirte una carta de amor porque nunca antes lo había hecho. Pero me dijiste que ya era demasiado tarde. Ni yo era Marlon Brando, ni el tiempo jugaba a mi favor.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… descubrí que estabas empeñada en convertir mis inviernos en primaveras y me obcequé en pensar que el Otoño se ha inventado para quedarse siempre en mí.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… supe que mi cabeza no iba a ser un trofeo en la pared de tus conquistas. Porque Marlon Brando es más importante que cualquiera de tus conquistas, aunque tú no lo creas. 

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… volví a sentir el sexo contigo, aunque nunca más quieras volver a acostarte conmigo. Volviste a descubrir que lo que significo entre tus sábanas, no lo conseguirá significar nadie. Y sales a la calle corriendo, con la sábana sujeta tapando tu desnudez a la manera de un manido cliché de película americana taquillera tratando de llegar a la estación para llegar justo en el momento en el que ves mi tren partir desde un andén que no te entiende. Como no te entendía yo antes de irme.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… te traté mejor que nunca. Quise ser un canalla pero me salió el perfecto caballero. Quise ser dulce y te excitaste por mi mal carácter. Quise besarte y me dejé comer por tus labios. Quise hacerte sentir una puta despechada y fui el amante más tierno del mundo. Todo salió perfectamente al revés. Como siempre nos gustó.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… llamé a tu puerta y entré aunque estabas ocupada.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… dejé atrás todas las ciudades en las que habíamos vivido para llegar a la playa montañosa que siempre nos prometíamos en sueños. Y metí mis pies en el agua mientras miraba las cumbres nevadas. 

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… vi que en nosotros el sol brilla con la fuerza de la mejor y más soñadora luna que nunca alumbró mis noches.

Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… te llamé por tu nombre


(Y todo te gustó)



Aquella noche que quise ser Marlon Brando...
... no tenía máquina de escribir. 

Y tú lo recuerdas constantemente, como si fuera culpa tuya…

(Y no te gustó)






Aquella noche que quise ser Marlon Brando…
… realmente quería ser Johnny Deep para poder haber sido amigo de Marlon Brando. 

Pero nunca te lo dije...

(Y no me gustó)


sábado, 31 de diciembre de 2011

Quiso cambiar de año (Feliz 1984)




"Los niños nunca deberían ir a la cama, cuando despiertan son un día más mayores."
(Descubriendo Nunca Jamás)




Quiso escribir algo que le ocupara el tránsito entre un año y otro. No comía uvas habitualmente, por ahí no habría problemas. Siempre estaba en otro sitio, salvo cuando estaba con ELLA.

Quiso decir tantas cosas, pero no era el día indicado, ni la noche adecuada.

Quiso pensar en ELLA, pero se dio cuenta de que siempre lo hacía.

Quiso ser detallista con la fecha, con el cambio de año, con la noche de todas las noches, con el día de los nuevos amaneceres, con las evaluaciones indulgentes y los propósitos ambiciosos, consigo mismo, con ELLA… Pero se dio cuenta de que siempre lo hacía.

Quiso darse cuenta de que siempre lo hacía.

Quiso cambiar de año y se dio cuenta de que siempre lo hacía, y que el año le cambiaría a él. 

Miró en su bolsillo y encontró lo que necesitaba. Estaba en todas partes, pero sólo en ese momento se dio cuenta. Invirtió todo lo que le quedaba en pensar en ELLA con todas las fuerzas y cuando se dio cuenta ya había transitado de un año a otro. 

La gente a su alrededor saltaba y bailaba feliz por algo inmaterial que esperanzaba a todos sin pensar que era una noche más y que era una excusa. Quiso explicárselo a todos, pero se dio cuenta que siempre lo hacía y decidió pensar en ELLA. 

La gente a su alrededor saltaba y bailaba feliz, pero él era la persona más feliz, saltarín y bailongo de los presentes, pensando en ELLA, sin estar allí.

Estando donde siempre quería estar. 

Sintiendo lo que quería sentir.

Sin tránsitos ni traumas. 

Sin uvas.

Con ELLA.

Con ELLA.

Con ELLA.

¡Feliz 1984!


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