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lunes, 1 de febrero de 2021

Enero es el peor mes para conocer a alguien




Nos conocimos en enero, que es el peor mes para conocer a alguien. Pese a ello, llegado marzo seguíamos juntos y cada vez estábamos más unidos. Tanto que decidimos pasar el día del padre en pareja. Para ella era especial porque hacía poco que había perdido al suyo. Para mí también, aunque un poco menos, porque yo hacía tiempo que había decidido no querer al mío. Lo celebramos como mejor se celebran las cosas en pareja, bajo una manta en el sofá viendo películas. Ella era más de series pero me concedió ese gusto a cambio de que yo me responsabilizara de elegir las películas. Y responsabilizarse de elegir las películas cuando estás con ella es mucho responsabilizarse. Elegí un abanico de varias que nos podrían valer a los dos, aunque todas ellas eran parte de mi altar de los afectos por el cine más grande que podía tener. El Padrino II, La gran belleza, Lolita y Remando al viento. Sí, ya sé que no tiene ninguna lógica la elección, pero en aquel momento me pareció adecuada. Y le sumé Eyes wide shut por aquello de introducir algo subido de tono por si podía después introducirme yo en ella. Aún estábamos en esa fase en la que la prioridad al quedarnos solos era el sexo. Y no sólo para mí. Empezamos a ver Eyes wide shut y aquello desembocó en polvo salvaje en el sofá. Salvaje pero cuidadoso porque hacía frío en aquella casa cada vez que alguna parte de nuestros cuerpos se salía más tiempo de la cuenta de debajo de la manta por muy calientes que anduviéramos. Tanto andábamos que se nos fue de las manos e hicimos ruido como si de nuestros gemidos y gritos fuera a llegar más placer. He estado con alguna que otra chica que así lo pensaba, pero esa es otra historia. Nuestros gritos molestaron a los vecinos de abajo, muy amigos de su difunto padre como supe tiempo después, y de la molestia pasaron a la indignación. Aporrearon el suelo seguramente con una escoba o algo así para que nos diéramos por avisados pero lejos de eso nos entró más hambre sexual. Luego, cansados de escuchar nuestra lujuria, gritaron pidiendo un poco de respeto para el vecindario. Hasta que, hartos de todo, subieron y empezaron a aporrear al puerta. Ella decidió que por mucho que nos molestara tenía que abrir y salir de aquello lo más dignamente que fuera posible, si había manera. Un señor mayor, con indudables maneras y aspecto de guardia civil retirado, entró en la casa buscando la orgía que suponía que teníamos montada. Tras no ver más que un arrecido personaje con el pelo revuelto que estaba tapado por una manta que no le cubría entero y era yo, miró la mesa y cogió el montón de las películas como si de un censor que se tratara. Pues vaya, dijo, tampoco tenéis mal gusto. Eso podría haber relajado el ambiente pero mi erección y lo extraño de la situación hacía que el gustoso debate cinéfilo que siempre me gusta tener fuera la más lejana de las opciones de lo que quería hacer en aquel momento. Bajé la cabeza y vi como se alejó musitando algo así como que él no se quería meter en nuestra vida pero que a su padre no le gustaría eso que estábamos haciendo y mucho menos que todo el vecindario se enterara por el escándalo que estábamos montando. Contó ya en la puerta que en el mismo sofá que estábamos mancillando él debe confesar que vio junto al padre de mi chica alguna película prohibida antes de que nosotros hubiéramos nacido, pero que eso no lo sabe ninguna de sus parejas. ¡Cómo hecho de menos a tu padre y aquellos ratos de cine! dijo y le dio dos besos, cuídate y no seáis malos, y se fue con las películas escaleras abajo. Mi chica volvió al sofá pero ya no se quitó más la bata que se había puesto para abrir la puerta. No retomamos la película. Ni el sexo, que fue lo peor. Se acurrucó sobre mí con evidente melancolía y tristeza. Pero en mi cuerpo desnudo su roce hizo que se me levantara y eso a ella le molestó y se lo tomó como un insulto. Me invitó a irme y yo obedecí avergonzado por la dureza de mi polla. Cuando iba por la calle me di cuenta de lo raro de una situación que había hecho que alguien me hubiera quitado alguna de mis películas preferidas en mis propias narices. Al llegar a casa me masturbé mucho. Aunque eso no tenga importancia. Dejé que se enfriara todo un poco y no me atreví a decirle nada. Pasó el día y ella tampoco me dijo nada. Ni un mensaje ni nada. Dos días, tres, cuatro... 



Sin saber cómo, se nos fue la intimidad y no nos volvimos a ver ni a hablar por un tiempo. Hasta que un día, un par de años después, nos encontramos en la filmoteca. Ponían una versión del director de Eyes wide shut y al estar los dos solos en la fila para entrar no encontramos excusa para no sentarnos juntos a verla. No hablamos mucho, como ambos sabemos que hay que hacer en una sala de cine, y al salir teníamos los dos una -sospecho- falsa excusa de prisa para no poder seguir hablando más allá de la despedida. Tengo que devolverte las películas, me dijo. ¿Las recuperaste? le pregunté extrañado. No, pero tengo que devolvértelas. Da igual, no te preocupes, para ti. Si algún día recuperas Lolita sí me gustaría tenerla porque no la encuentro, pero no te preocupes por lo demás. Te la recuperaré y así quedamos cuando te la dé para hablar un rato, ¿vale?
Los dos sabíamos que no valía. Meses después encontré en mi buzón un DVD de la Lolita de 1997, de Adrian Lyne con una nota que decía "Te lo debía. No tengo fuerzas para quedar contigo y hablar pero espero que siempre me recuerdes como yo lo hago, como algo bonito y feliz y deseándote lo mejor. Siempre."
Reconozco que me emocionó. Y no he vuelto a saber de ella. Ahora, todos los días del padre su recuerdo vuelve a mi mente y mi alma se pone un poco dura y sonrío. Siempre la tendré en el altar de mis amores vitales. Pero, sobre todo, siempre recordaré que me devolvió la Lolita que no era. La que llevé a su casa era la versión de Stanley Kubrick de 1962.

Enero es el peor mes para conocer a alguien, sin duda.



sábado, 28 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 7): El día de la Mariposa Tecknicolor, Nabokov, Fito Páez y Vera



“Todas las mañanas que viví
Todas las calles donde me escondí
El encantamiento de un amor...”

Hoy, 28 de marzo, es el Día Internacional de la Mariposa Tecknicolor. Aprovechando este día, que hace años que lo celebro como se debe, y que es para mí lo que para otros es su cumpleaños, os voy a contar la bella historia de la mariposa que dio origen a este nombre y esta celebración. Una mariposa que, con su existencia, da lugar a un club muy exclusivo, con representantes en todo el mundo, al que tengo el honor de pertenecer y ser parte activa.



Antes de contar la historia tengo que indicar, como salvedad importante, varios aspectos que hacen, de este cuento, algo más que un cuento normal:

Yo, como toda persona de bien, tengo a Cecilia Roth en el altar de mis afectos. 
En el de mis libros preferidos de la historia, “Lolita” de Nabokov. 
Vera, el nombre de la mujer de Vladimir, es el de tres niñas, de edad similar, que son mi sobrina y otras dos sobrinas “adoptadas”, hijas de dos de las personas más importantes en mi vida. 
Creo que la palabra “crisálida” es una de las más bellas que existe en nuestro idioma.
En el altar de mis ambiciones perdidas está el desear ser un estrella del rock argentino. Si bien siempre estuvo delante Calamaro, Ceratti, Charly o Spinetta, tampoco me hubiera importado ser Fito Páez. Sobre todo en la época en la que fue pareja de Cecilia Roth.
Y, sobre todo, como cualquier niño de mi generación, dediqué un importante tiempo de mi vida a recoger hojas de morera y a “cultivar” gusanos de seda para que acabaran convirtiéndose en mariposas.



¿Quién iba a sospechar que, aquellas actividades infantiles que muchos tuvimos, de recoger hojas de morera para criar gusanos de seda, nos iba a llevar a algunos a esto? A esto tan grande e importante.

A pesar de que le llamábamos gusano de seda, no era más que una oruga que formaba parte del proceso como parte del desarrollo por el que pasa la vida. El círculo comenzaba cogiendo las hojas y depositándolas en una caja. Se ponían los huevos de las mariposas en las hojas de morera, y eso daría lugar a la oruga, la larva. Esa oruga se convertiría en crisálida, de la que emerge, haciéndose adulto el gusano ya metamorfoseado en mariposa. Una mariposa que acabará poniendo huevos cerrando y, a la vez, abriendo el círculo. Uno de los círculos más perfectos y continuos de la vida en este mundo. El primer contacto que tuvimos, de niño, con la metamorfosis.

El gusano de seda es considerado el animal que más come del reino animal con respecto a su tamaño y tiempo de vida. Esto se debe a que durante su letargo en el capullo, sueños de muda y etapa adulta no se alimentan y, además, tienen que dejar las reservas suficientes a su prole para que sobreviva en el huevo. La larva emplea el almidón de las hojas que ha consumido, transformado en dextrina por su metabolismo, para producir el hilo de seda. El material, líquido en el interior del cuerpo, se solidifica en contacto con el aire. Girando sobre sí misma, fabrica alrededor de su cuerpo durante unos cuatro días, una envoltura oval (el capullo) formada por un único hilo de hasta novecientos metros de largo. Capullo es una palabra, que como adjetivo, también ha estado muy presente en mi vida. Pero más en mi etapa adulta que en aquellos juegos de ser Dios que tenía de pequeño. Dentro del capullo mudarán dos veces más. Tras estas mudas, el color de la oruga aparecerá “sucio”, y su piel arrugada y algo húmeda que se secará y alisará transcurridas unas horas. Al eclosionar de la crisálida, tras unos veinte días en condiciones normales, la mariposa rompe el capullo con una secreción ácida que separa los hilos de seda y sale al exterior. La mariposa vivirá de tres a siete días y no se alimentará, tan sólo buscará pareja para que las hembras puedan efectuar una puesta. Los machos son de un tamaño ligeramente menor, abdómenes más estilizados y alas más grandes, y se mueven mucho más que las hembras. Estas mariposas miden unos tres centímetros de envergadura de alas, son de color blanquecino o gris pálido, con marcas amarillentas en las alas y antenas plumosas de color negruzco. Tras el apareamiento, las hembras comienzan la puesta de unos cuatrocientos huevos en las ramas y hojas de morera, y mueren poco después. El tiempo para disfrutar de ver en vida a estas mariposas, como a las tecknicolor es, por tanto, muy limitado. Belleza efímera, como tantas cosas en esta vida. De ahí de lo difícil que es admirarlas. O capturarlas, a la manera de Nabokov, para después dedicarse a su estudio y contemplación.

“Todos yiran y yiran
Todos bajo el sol
Se proyecta la vida
Mariposa tecknicolor
Cada vez que me miras
Cada sensación
Se proyecta la vida
Mariposa tecknicolor...”

Vladimir Nabokov (1899-1977) fue el hijo mayor de Vladimir Dmitrievich Nabokov y Yelena Ivanovna Rukavishnikova. Nació en un ambiente rico y aristocrático. Nada comparable a los gusanos de mis cajas de zapato infantiles. En su casa se hablaba ruso, inglés y francés, por lo que fue trilingüe a muy corta edad. En 1919, Nabokov y su familia se exiliaron a Crimea con el Ejército Blanco y luego a Alemania huyendo del bolchevismo ruso. Fue autor de diez novelas en cirílico y ocho en inglés. Entre ellas, “Ada o el ardor”, “Pnin”, “Pálido fuego” o la imprescindible “Lolita”. Su afición por cazar, dibujar y catalogar mariposas le llevó a recorrer gran parte del mundo con sus pantalones cortos, su gorra a cuadros y un gigantesco cazamariposas. Se cuenta que cuando su padre fue detenido por sus actividades políticas, el pequeño Vladimir, con ocho años, le llevó a la cárcel uno de estos lepidópteros como regalo. Llegó a trabajar para el Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard. Fue el primero en clasificar las mariposas azules de América, y dio nombre a una veintena de especies. Entre ellas, la “Cyllopsis pertepida dorothea”, que llamó así en honor a Dorothy Leuthold, joven a la que daba clases de ruso y de la que no haremos más mención en esta historia. En sus memorias relata cómo, en una ocasión, creyó haber cazado un espécimen desconocido, cuya descripción envió a la publicación “The Entomologist”. Pero, tras hacer las comprobaciones, resultó que ya había sido descubierto años antes por un tal Kretschmar. Como venganza, Nabokov bautizó así a un personaje de vida poco afortunada en una de sus historias. 

Al final de su existencia, recibió el reconocimiento de los entomólogos. Incluso hay un par de especies que llevan su apellido: el doguillo de Nabokov, Eupithecia nabokovi, y la Nabokovia cuzquenha, una polilla de color marrón oscuro que dibujaba, a menudo, en sus dedicatorias.



Cuentan que Nabokov, ya en su lecho de muerte, lloró al ver una mariposa volando tras la ventana. Aquellas fueron, según parece, sus últimas lágrimas. 

“La melancolía de morir en este mundo
Y de vivir sin una estúpida razón...”

Mariposa Tecknicolor” es una de las canciones más difundidas en las radios y de la carrera del rosarino Fito Páez, y una de las más celebradas en la década de 1990. Compuesta e interpretada por él, el propio Fito Páez explicó parte de la génesis de la Mariposa. En este vídeo se puede ver una versión censurada de la explicación. Fue editada por primera vez como segundo tema de su octavo disco (“Circo Beat”). En 1994. De las lágrimas de Nabokov, al ver una mariposa tras los cristales de la ventana, en su lecho de muerte en 1977, hasta la fecha de la primera publicación de “Mariposa Tecknicolor”, pasan diecisiete años. Como diecisiete segundos son los arrebatados al vídeo de Fito explicando la conexión de su canción con Nabokov. La experiencia que todo lo explica y que hace que hoy, 28 de marzo, algunas personas, no habilitadas para poder contar la historia al completo, celebremos el Día Mundial de la Mariposa Tecknicolor. Con diecisiete besos (este año desde la ventana) a las diecisiete primeras personas que creamos merecedoras de este arrebato de felicidad que es la Mariposa Tecknicolor. 

Diecisiete es la edad que tiene Ariel Rot cuando muere Nabokov. Ariel, como hermano de Cecilia (Roth, con “hache”, no como su hermano que no la lleva, cosas de artistas) fue cuñado de Fito durante muchos años, lógicamente. Como músicos argentinos, han colaborado en multitud de ocasiones, pero no consta en ningún sitio que Ariel haya cantado nunca “Mariposa Tecknicolor”. Aunque estuvo cerca, en el disco de Fito grabado en directo en Madrid (“No sé si es BA o Madrid”). En ese disco colabora en “Giros”. Un disco en el que, por supuesto, está la Mariposa y que se inicia con “11 y 6”. Diecisiete.

Cecilia Roth se instaló en España cuando su hermano tenía diecisiete años. Llegó a España a tiempo de vivir intensamente la movida madrileña, de participar en películas de Almodóvar y de acoger a su hermano Ariel, que daría lugar a Tequila y Los Rodríguez. 



Y todo esto, como os lo cuento, forma una crisálida que sólo es comprensible bajo los acordes y la melodía de "Mariposa Tecknicolor". Una canción que cantamos gente de todo el mundo como un himno a la alegría. Que dejan, para la esperanza, unos versos de cierre que, indefectiblemente, son los que tienen que cerrar este cuento:

“Llevo un destino errante
Llevo tus marcas en mi piel
Y hoy sólo te vuelvo a ver”.





P.D.: Todo este cuento es falso y tramposo. Salvo la gran mayoría de los datos que en él se mencionan. Tampoco creo que sea muy relevante. Sólo era una excusa para contar algo sobre una de las canciones más bellas que se han compuesto jamás en castellano y mandar los diecisiete besos que hoy no puedo dar en persona. 
Uno es tuyo. 
Con todo mi amor.


jueves, 31 de enero de 2013

Método para dejar de fumar al estilo de Jeremy Irons.







Franky siempre había sido una persona muy peculiar. Peculiar es una palabra sencilla y no puede abarcar todo lo que podríamos decir de Franky como persona, pero las palabras, como para tantas otras cosas, se quedan cortas para expresar certeramente lo que siempre había sido Franky.

Peculiar y pintoresco. Dogmático y creativo. Raro. Pero con mucha personalidad. Tanta como para pasarse media vida estableciendo teorías que a todos nos parecen más o menos descabelladas, cuando no absurdas, y hacerlas ley de vida. O para crear comportamientos y rutinas en base a su peculiar (¿Otra vez peculiar? ¿No hay otra palabra?) manera de enfrentarse al mundo.

Recuerdo bien cuando le dio por dejar de fumar. Sin decírselo a nadie, a su bola, sin que se notara demasiado. Sin que se notara más que por una cosa: Se iba mimetizando progresivamente con el Jeremy Irons atormentado y enfermizo de sus mejores películas.

Recuerdo que mi padre, analfabeto funcional para el cine, siempre reconocía a Jeremy Irons en cuanto salía en la pantalla de la televisión y decía aquello de “Este hombre ya va a empezar a pasarlo mal” refiriéndose al que él llamaba “El que hizo Kafka, y estaba fabuloso el tío”.

Mi padre era así, en muchos aspectos como Franky ¿Peculiar? Algún día tendré que mirar seriamente lo de apuntarme a un cursillo de incremento vocabulario o meterme de lleno en el acopio y estudio de palabras polisémicas que palíen ciertas carencias tan peculiares como esta que me abruma ahora mismo. Como no poder encontrar el término adecuado para definir a Franky en el aspecto que estoy contando y que la única palabra que me cuadre, cuadre perfectamente con un padre cuasi analfabeto cinematográficamente que a pesar de ello conoce a Jeremy Irons aunque lo llame “El que hizo Kafka, y estaba fabuloso el tío” y que en todas sus apariciones vaya a sufrir, a pasarlo muy mal y, sobre todo, a arrastrar una existencia atormentada y apesadumbrada en la película de turno.

Quizás debería compatibilizar mi curso de vocabulario con una visionado intensivo de la filmografía de Jeremy Irons, porque todo lo que me viene a la mente cumple a rajatabla con la teoría de mi cinematográficamente analfabeto padre: Kafka, Herida (Damage), Madame Buterfly, La casa de los Espíritus, Belleza Robada, Lolita... 

Jeremy el atormentado, sin duda. 

Algún día alguien le tendrá que hacer un homenaje en tonos grises, con música barroca de fondo, tipo “El Atormentado Jeremy Irons y sus tribulaciones”.




- He inventado el método definitivo para “dejar” de fumar.
- ¿Sí o qué? ¿Y cómo es el asunto? ¿Y por qué dices el “dejar” entre comillas?

Se creó un silencio incómodo entre los dos. ¿Cómo era posible que yo viera las comillas de “dejar” si estábamos hablando? Quizás, así, escrito todo parece una tontería sin importancia, pero estas letras son reflejo de una situación hablada, donde las comillas no salen. El silencio amenazaba con explotarnos en la cara y el fantasma de la atormentada presencia de Jeremy Irons planeaba por encima de nosotros con cara de no entender nada de lo que estábamos hablando, de las comillas de “dejar” y de que su vida fuera una tortura psicológica que amenazaba con derrotarlo. ¿Debía romperlo yo de alguna manera? ¿Proponer sexo en ese momento era adecuado aunque los dos supiéramos que era una mera excusa para romper el silencio incómodo?

- El “dejar” entre comillas es porque realmente no quiero dejar de fumar.
- Entonces, ¿Para qué un método para dejar de fumar?
- “Dejar” de fumar, perdona.
- Vale, “dejar” de fumar, ¿Para qué?
- Yo no quiero dejar de fumar. Yo sólo quiero “dejar” de fumar sin más. Quiero volver a los tiempos donde fumar tenía sentido. No excederme en el fumar porque sí. No fumar sin más. Quiero “dejar” de fumar, y para ello, no hay mejor método que fumar siempre con un sentido y un por qué.
- ¿Porque "te gusta" no vale?
- No. Sabes que acabo fumando como un condenado y no recuerdo si me gusta o no, sólo fumo. Como tú.
- Tienes razón. Dime.
- Sólo fumar cuando se hace algo bien. Cuando se cumple.
- ¿Cómo?
- Solamente fumar tras una razón clara. Sólo fumar cuando me haya “ganado” el cigarro. Convertir el acto de fumar en una recompensa.
- O sea, a ver si lo entiendo: ¿Sólo vas a fumar cuando hagas algo bien? ¿Cuando te digan que está bien hecho? ¿Cuando pienses que te lo mereces? ¿Cuando consigas algo?
- No, no... Esto es válido para todo el mundo. Piensa: ¿Cuál es el cigarro que más apetece? ¿Cuál es el cigarro al que más le cuesta renunciar todo el mundo que quiere dejar de fumar?
- ¿El de después de comer?
- Exacto. El de después de comer, el de después del sexo, el de después de cagar, el de después de hacer algo placentero...
- ¿El de después de cagar? Tengo que decirte que para mucha gente es al contrario, por la mañana temprano...
- Bueno, eso son detalles.
- Y uno de mis mejores amigos no perdona el cagar con el cigarro, ni antes ni después.
- Olvídame. Tú casi no fumas y no quieres “dejarlo”...

Y tras su evidente enfado, se dispuso a contarme, con todo lujo de detalles su maquiavélico plan que cambiaría el mundo del tabaco y de nuestras relaciones con él. Todo el mundo hace algo. Algo que merece la pena. Y si no lo hace, para qué plantearse “dejar” de fumar o nada. Cada cual debe coger su tarea principal, su desarrollo personal y ponerlo antes del cigarro. Así se podría provocar una simbiosis importantísima entre el fumar y el desarrollo personal. Fumar sólo al terminar de enlazar los cuatro acordes principales de la canción que estás escribiendo, un cigarro tras terminar de grabar la toma adecuada de lo que estás creando, el pitillo de después del punto que cierra ese párrafo maravilloso...



Fumar así haría que forzáramos nuestra creatividad aunque fuera por la necesidad de fumar. Nos obligaríamos a trabajar en lo que nos hayamos metido aunque sea simplemente por las ganas de echarnos un cigarro.

El cigarro de después nos llevaría a multiplicar el antes de manera brutal.

Sólo fumar tras hacer algo bien o tras el sexo.

- ¿Cuánto llevas sin follar? -le dije sin pensarlo demasiado.
- ¿Es una proposición?
- No, es curiosidad.
- Ni me acuerdo...
- Pero, ¿Estás llevando a cabo tu método para “dejar” de fumar?
- Claro. Me va genial.
- Hace siglos que no escribes nada bueno...
- Más hace que no follo.
- Entonces casi ni fumarás. Eso es bueno.
- Qué va, fumo un montón más que antes.
- ¿Y eso?
- Me masturbo compulsivamente...

Se creó un silencio incómodo que estuve a punto de romper agarrándole el paquete y proponiéndole sexo por compasión, pero no hubiera estado bien.

- Pero... ¿Tanto?
- Más

Empecé a hilar todo. Su progresiva mimetización en Jeremy Irons tenía un porqué.

- ¿Fumas más que antes?
- Mucho más. Me la pelo constantemente.
- Pero...
- Tranquila... Puedo “dejarlo” cuando quiera.

Volvieron las comillas. Esta vez las acompañó con unos dedos que hicieron el típico gesto de entrecomillar pero que a mí sólo me transmitieron una frenética actividad en su entrepierna.

- Hablando de Jeremy Irons: ¿Qué cara pondría en una cena romántica, a la luz de las velas, con Amaia Montero cantándole eso de “Te voy a escribir la canción más bonita del mundo”? No sé, acabo de pensarlo...

Franky era así. ¿Peculiar?

Y se hacía muchas pajas últimamente (No le quedaba otra)




B.S.O.: "Qué bien me lo paso" (Los Enemigos)



viernes, 28 de octubre de 2011

¿Vas a publicar algo nuevo? (Reflexiones en primera persona en torno a dos años de cabezadeavestruz)


-    Sí.
-    Sí... ¿Qué?
-    Que algo nuevo tendré que publicar
-    ¿Algo como lo del año pasado?
-    Pues no lo sé… Eso ya está hecho, ¿No?
-    Ya, pero todo ha cambiado. Ha pasado un año. Las cosas no son iguales.
-    Yo tampoco soy la misma.
-    Nadie es la misma persona en dos momentos diferentes de su vida.
-    No estaría yo tan segura.
-    Tú no estás segura de nada nunca.
-    Ahí tienes la respuesta entonces…

No sé quién soy ahora mismo. No sé qué debo hacer ahora mismo. No sé desde cuándo a mí me preocupa hacer lo que debo hacer. No sé desde cuándo hablo sola. No sé porqué escribo en femenino si llevo una asquerosa barba de cinco días que hace que me hayan pedido el billete tres veces en el metro, en un trayecto de 6 paradas.
Quizás debería replantearme todo. Eso requeriría un esfuerzo, pero no puedo seguir haciendo lo mismo continuamente

-    Tú no haces lo mismo siempre. Cada historia es diferente…
-    Gracias guapa, pero ni tú eres objetiva, ni eso es verdad…
-    Cuando te pones así no hay quien te aguante
-    Lo sé, pero si no lo hiciera no sería yo

Hay cosas que pasará el tiempo y no conseguiré. Tampoco sé si es lo que quiero. cabezadeavestruz me quita tiempo para conseguir escribir la gran novela que tengo entre manos desde que me conozco y que, desde luego no es El Párpado del Puercoespín.

Tú me quitas tiempo y lo sabes, pero no puedo resistirme a tu sonrisa.

Yo me quito tiempo manipulando mi entrepierna porque es algo que no pienso dejar de hacer nunca.



No pienso encerrarme en un desván, ni tengo intención de ser perseguida por los nazis. Aunque eso implique no llegar a escribir algo como “El Diario de Ana Frank
Me gustaría escribir “Lolita” pero no quiero que todos piensen que soy un pederasta. No puedo recorrerme la Ruta 66 porque no tengo carnet de conducir, ni voy a hacer dedo por la América profunda porque me da cada vez más miedo, ni pienso colarme de polizón en trenes de mercancía. Eso significa que no escribiré nunca “En el Camino” ni seré jamás un escritor de la Generación Beat. Ya no tengo edad para hacer lo que hizo Rimbaud. Ni interés tengo en hacerme traficante de armas en África. Y mucho menos, morir joven.
Paso de estar amenazado de muerte. No quiero escribir “Los Versos Satánicos”.
No quiero casarme y tener encima de la mesa el corazón de mi esposo fallecido, por lo que no escribiré nunca “Frankenstein” ni pasaré noches locas con Lord Byron* en un caserón jugando a inventar historias de terror.
Soy incapaz de escribir adecuadamente sin la utilizar palabras terminadas en “-mente”. No podré escribir coherentemente “Vivir para contarla” de Gabriel García Márquez, ni me podré sentir Stephen King con naturalidad, al igual que no tengo archivadores cerca de mí que me puedan inspirar para escribir “El Mago de Oz” basándome en el cajón O-Z como hizo Frank Baum, y mucho menos pienso practicar la medicina como Arthur Conan Doyle aunque eso me impida escribir posteriormente las novelas de Sherlock Holmes.
Estoy radicalmente en contra de llevar una vida como la de Edgar Allan Poe para escribir algo de su calidad, ni pienso trabajar en Correos aunque luego gane el Premio Nobel de Literatura cuando me echen por no atender mucho el trabajo como le pasó a William Faulkner.
Quizás haya algún psicópata esperando que escriba algo para tenerlo como libro de cabecera cuando mate a alguien, por lo que no quiero arriesgarme a la manera de J. D. Salinger y el asesino de John Lennon con “El guardián entre el centeno”, o alguna editorial deseando cambiar el título a lo que escriba porque se retrasen en los plazos a la manera del “1984” de Orwell que fue concebido como 1980 aunque eso ya no importe ahora. Al bueno de George seguro que sí le importó, y a mí también me importaría.

No quiero despedirme de mi marido, oyendo voces y desasosegada por la felicidad vivida, antes de ahogarme intencionadamente en el río, temiendo volverme loca otra vez, simplemente por pasar a la historia de la literatura a la manera de Virginia Wolf, ni suicidarme tras varios intentos fallidos como Emilio Salgari, para luego dejar escritas varias cartas, entre ellas una a mis editores pidiendo que se ocupen de los gastos de mi funeral, ya que ellos se han enriquecido a mí costa.


-    Te estás poniendo muy trágico
-    Es lo que pienso
-    Estás flipando un poco… Quizás deberías empezar por ponerte a escribir y luego ya si eso, te pones a pensar en esas cosas
-    Me gusta hacer planes con antelación
-    No. Eso es mentira. No te gusta. Nunca lo has hecho
-    A lo mejor ya va siendo hora
-    No te lo crees ni tú…

Y no me lo creo ni yo. No me creo nada. Ni creo en mí mismo.

-    Lo importante es que creas un poquito en ti
-    Yo creo en mí
-    Pues ponte a demostrarlo. A demostrárselo a todo el mundo. A demostrármelo a mí
-    ¿No será que tú no crees en mí?
-    Yo creo en ti más de lo que tú creerás en ti mismo nunca
-    Eso es imposible
-    No hay nada imposible

Nada es imposible. Quizás debiera alistarme en la marina y más tarde explicar las características técnicas de los aviones en los manuales de aviación de la compañía Boeing para emular al desconocidísimo pero admirado Thomas Pynchon, del que apenas se sabe. A fin de cuentas, de mí tampoco se sabe casi nada. No soy admirado ni estoy en la historia de la literatura universal, pero es un comienzo.

-    Deberías empezar por publicar un post en condiciones y dejar de poner chorradas en el facebook
-    ¡Oye! No te metas con el caralibro, significa mi mayor fuente de ingresos
-    ¿De ingresos? Más quisieras…
-    De ingresos en forma de gente que llega a cabezadeavestruz
-    Ya, pero eso no da dinero
-    Sí, pero si no entrara nadie sería muy triste
-    Yo entraría
-    Sí, pero tú no eres objetiva
-    No podrías soportar que lo fuera
-    Prueba
-    No quiero

Yo tampoco quería. Era un farol. Quizás deba hacer caso de sus consejos. Quizás deba escribir algo interesante, al menos para publicarlo aquí y ahora. Quizás después de dos años deba ponerlo todo en este post. Abrir cabezadeavestruz a todos mis anhelos y frustraciones, a todos mis delitos y pecados, a todas mis virtudes y bienhaceres, a ti, a mí y a nosotros, y a ellos que aún no nos conocen. Tengo que hacer un post donde poner todo lo vivido y por vivir. Tengo que escribir algo interesante y que a ti te impacte. Por lo menos a ti, aunque no seas objetiva.



Pero tendría que mirar hacia atrás, y últimamente tengo tortículis y además me da miedo convertirme en una estatua de sal.

Y no puedo mirar hacia adelante porque eso significaría madurar, y me da más miedo y tortículis aún…

Me miraré el ombligo aunque me dé un poco de vértigo y vergüenza. Como casi siempre.

-    Termina tu copa, que vamos a otro sitio
-    ¿A dónde?
-    ¿Dónde quieres ir?
-    Eres tú la que has dicho que termine mi copa para ir a otro sitio. Será porque sabes dónde vamos a ir.
-    No. Simplemente ya me he cansado de estar aquí
-    Como de costumbre…
-    Como de costumbre ¿Qué?
-    Como de costumbre, te cansas de las cosas aunque no sepas muy bien porqué ni para qué…
-    Me estoy cansando
-    Y yo

No quiero que me digan que simplemente no sé emplear el lenguaje (inglés) y que no es un jardín de infancia para escritores aficionados como le dijeron a Kipling al despedirle del Examiner de San Francisco aunque luego vaya a escribir (If...) ... y aprenda por fin a escribir poesía con mayúsculas. No quiero que busquen mis huesos en una cuneta cuando alguien recuerde que dije que “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio” a la manera de Lorca.

-    Eres un misterio
-    Como la poesía
-    Tú no sabes escribir poesía
-    Lo sé, no hace falta que hagas sangre
-    Pero deberías escribir algo bonito de una vez
-    ¿Algo bonito es algo que te pueda gustar a ti?
-    Principalmente
-    No sabes lo que quieres
-    Tú tampoco, por eso soy tan importante a tu lado
-    Yo sí sé lo que quiero, lo que pasa es que ahora no me acuerdo.
-    Tú no quieres más que chorradas y de esas me acuerdo hasta yo…
-    ¿Chorradas?
-    Quieres ser Ivan Ferreiro enseñando dos dedos al público cantando M con los Piratas en el momento que la canción dice “y aún seguimos siendo dos”…
-    No veo que hay de malo… Y además, también lo hago cuando dice “nunca más seremos dos” y “esta casa es para dos”…
-    Ni de bueno…
-    Voy a tener que asesinarte: Sabes muchas cosas de mí
-    Tú me las has enseñado
-    Tú me has enseñado a enseñártelas. En cualquier caso: Voy a tener que asesinarte.
-    Escríbeme algo bonito antes. Me lo debes
-    Lo sé. Todavía te debo un cuento
-    Me debes mucho más
-    También lo sé…

Gracias por estar ahí. Esto no sería lo mismo sin ti. Probablemente, ni sería…


Posdata aclaratoria (Inútil como de costumbre, innecesaria como siempre):
Este post no está basado en hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es intencionado, obviamente.
Este post está enmarcado en la Campaña “12 Días 12 Causas” iniciada con el objeto de festejar el 2º Aniversario de cabezadeavestruz.
La Campaña se está desarrollando fundamentalmente en el caralibro (Sí, ya sé, tú no tienes… Pero yo no tengo la culpa…) y está repasando algunos momentos ¿dignos? de mención de este segundo año de existencia, la apertura de la cuenta en twitter de cabezadeavestruz, además de repasar la música que por aquí ha pasado, las imágenes que nos han acompañado, y las que dan sentido a todo esto… Culminará con una gran bacanal lúdico festiva al más puro estilo cabezadeavestruz al final del día 30 de este mes, cuando empiece el año 52 D. D**.y se inicie el tercer año de este rincón al que has tenido a bien dedicar un ratito.
Corre el rumor que el aspecto de todo esto que estás viendo va a cambiar con motivo del cambio de año (Que este año coincide también con un cambio horario que hará más intensa y espectacular la fiesta del aniversario por contar con una hora más) pero como sobre todo lo que pasa por aquí, sólo podemos decir aquello de “hasta aquí puedo leer” y arrojaremos la tarjetita al público sin saber muy bien qué va a pasar… A lo mejor ganamos la calabaza (Aprovechando la coincidencia con Jalogüín) o nos retiramos a un chalet en Torrevieja (Alicante) y abandonamos todo contacto con lo que nos rodea… Todo es posible, está en tu mano… Pero tienes que decidirte ya… 

Besitos para ellos y abrazos para ellas.

 
*: Gracias a Lord Byron si he pasado alguna que otra buena noche, pero esto ya es un chiste privado, que después de dos años poniendo cosas, me apetecía hacer…
** Después de Diego

lunes, 21 de diciembre de 2009

Obsesiones y Parafilias (Volumen 2)

En el maravilloso y muy recomendable blog del Club de Lectura MAZALE he posteado, como segundo volumen de Obsesiones y Parafilias, una reseña con objeto de animar a todos a la lectura de uno de los clásicos que me obsesionan: Lolita, de Vladimir Nabokov.




Nunca es mal momento para volver a los clásicos, sobre todo sin son grandes, sugerentes, perniciosos, preciosos, turbadores, inquietantes, evocadores, desasosegantes, conmovedores... Como lo es "Lolita"...

"...lo ofensivo no suele ser más que un sinónimo de lo insólito."


jueves, 5 de noviembre de 2009

Enlace patrocinado de 30 minutos

Estoy habituado a no hacer demasiado caso de los mensajes publicitarios. Suelo cruzarme con cosas más importantes a las que dedicar mi atención. Pero soy débil. Muy débil. Cada vez más débil.

Generalmente, no nos damos cuenta que ha pasado tiempo en nuestra vida que ya no volverá. Hoy he tenido uno de esos momentos en los que soy consciente de más cosas de las que debería serlo para vivir tranquilo. He visto cómo ha pasado media hora de mi vida que no volveré a disfrutar. Seguramente no hubiera hecho nada importante en esa media hora, pero jode mucho darse cuenta que la has perdido.

En media hora se pueden hacer muchas cosas. Treinta minutos pueden ser claves para cambiar drásticamente una vida. Media hora puede ser suficiente para ver el mundo alrededor de manera que nunca podría imaginar. En treinta minutos se pueden hacer muchas cosas.

Las TATU cantan en su canción 30 minutes:

30 minutes, a blink of an eye
30 minutes, to alter our lifes
30 minutes, to make up my mind
30 minutes, to finally decide
30 minutes, to whisper your name
30 minutes, to shoulder the blame
30 minutes of bliss, 30 lies
30 minutes, to finally decide

En media hora se pueden hacer muchas cosas:

Sentarme en el baño y volver a leer el inicio de “Lolita” de Nabokov.

Mirar a alguien, enamorarme, tomar un café con ella, hablar de algo como si el mundo se fuera a acabar sin preocuparme de nada más que nosotros, desenamorarme y prometerme a mí misma que nunca más me volveré a enamorar.

Presentar una instancia no demasiado compleja en un organismo público, siempre y cuando haya preparado los papeles necesarios previamente.

Probar mi capacidad pulmonar intentando aguantar la respiración, probando mi resistencia tratando de superarme cada vez, evitando el desmayo.

Registrar un cajón de casa en el que no miras muy a menudo. Si vives acompañado será aún mejor si no es tuyo.

Tratar de darme de baja de mi compañía telefónica. Sea la que sea, probablemente no sea suficiente, pero estaré entrenado para cuando lo tenga que hacer de verdad y con prisas.

Quemar hormigas con una lupa. Será terrible para ellas y para mi espalda. Y no es posible hacerlo días nublados. Además, probablemente alguien me llame la atención por hacerlo y no tenga edad, pero a los 7 años no me parecía tan malo y gastaba más tiempo en ello.

Abrir el messenger, facebook, skype o cualquier cosa que me permita contactar con alguien y preguntarle qué tal le va, cuánto hace que no nos vemos, qué es de su vida… Cuando la conversación se ponga interesante ya habremos invertido los 30 minutos.

Ver “El Perro Andaluz” de Buñuel y reposar sus imágenes en el inconsciente tras los 17 minutos que dura.

Entrar en una peluquería, pedir turno para lavar y marcar, sentarse a leer el Hola o el Marca (sí, leerlos…) y aún me sobrará tiempo para despedirme cortésmente de las peluqueras mientras me excuso por no poder esperar más y pedir cita para otro día.

Apuntar a un inexistente hijo a una academia de idiomas, preocupándome por su programa educativo muy seriamente.

Escuchar “La Leyenda del Tiempo” de Camarón de la Isla, “El Manifiesto Desastre” de Nacho Vegas, “Highway 61 Revisited” de Dylan, “Cabrón” de La Cabra Mecánica, “Alta Suciedad” de Calamaro o “A Little More Blue” de María de Medeiros

Cocinar algo siguiendo las instrucciones del programa 22 minutos del Canal Cocina. Los 8 minutos restantes se me irán en algún detalle sin importancia porque a diferencia de Julius, yo necesito 30 para hacer lo que él en 22.

Grabar un bloque de anuncios (viéndolos) de cualquier cadena generalista en prime time y posteriormente verlos probando cuánto recuerdo de lo que he visto minutos antes. Si el bloque publicitario excede la duración de 15 minutos (caso bastante probable), parar la grabación en ese momento y realizar el ejercicio igualmente… Total, el final no importa…

En media hora hay muchas cosa que hacer…


Yo las he invertido en un viaje en autobús.

La fuerza de la campaña publicitaria ha hecho mella en mí.


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