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miércoles, 20 de enero de 2021

Es muy fácil (si lo intentas)


Para mí la vida es algo que me sale mejor si no pienso en cómo debe ser. Algo así como que la felicidad mayor es cuanto menos presente la tengo. No me preguntes por mi vida porque no te voy a contestar.


Eso me dijo y como me veía el desconcierto en los ojos, me besó. 

Me besó e hicimos el amor como nunca. 

Creo que me lo hizo ella a mí. 

Mejor que nunca. 

Más que en toda mi vida. 

Para que no pensara en ello. 

Entonces entendí que si no pensaba mucho en la vida no temería tanto a la muerte, ni sentiría que se me escapa entre los dedos.





Es muy fácil, si lo intentas.


Dijo tarareando la canción. 

Aquella canción que yo no conocía en ese momento y que cuando la conocí me pareció una solemne gilipollez facilona. 

Pero así era ella. 

No una solemne gilipollez facilona, sino alguien que vivía a tope e irradiaba vitalidad porque guardaba bajo llave el secreto de no pensar nada en la vida.


Se trata de exprimirla. 


Me dijo tiempo después. 

Cuando yo ya estaba seco, o eso entendí enseguida.





Aún hay días que la echo de menos. 

Y los demás, la sigo buscando. 

Para seguir exprimiéndonos juntos. 

Porque la vida no es más que eso. 

Es muy fácil (si lo intentas).




B.S.O.: "Es muy fácil" (de Los Mitos, versionada por Siniestro Total).



lunes, 11 de mayo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 25): Tengo, tengo, tengo y tú no tienes nada.


TENGO una libreta que se escribe sola. 
Recuerdos de ti sin conocerte.
Un libro que se lee sin siquiera ver su portada ni abrir sus páginas.
TENGO un amor que no sabe que lo es y orgasmos furtivos sin tocarme.
Un disco que se oye sin sacarlo de su funda.
Cuentan por ahí que hay archivos de Word que se escriben solos y llenan cientos y cientos de páginas, y miles y miles de caracteres, sin que hayas iniciado nada en él.



TENGO un dolor que me mata lentamente (y eso tampoco sé por qué es).
Tantas cosas que se resumirían en una sola.
En una sola cosa que no te voy a decir qué es.
Porque es la única que no TENGO.
Un antídoto contra el dolor.
Porque no quiero tenerte.

Y TENGO ganas de que me tengas...



B.S.O.: "Esta vida es una mierda" (Siniestro Total).




jueves, 3 de octubre de 2013

Domingos de resaca




Mis padres ven los toros en la televisión.
Yo leo atontada en el sofá.
A mis padres les gustan los toros.
Yo leo para pasar la resaca 
sin atender demasiado.

Mis padres comentan los toros que ven por la televisión.
Yo mezclo la indiferencia hacia lo que ellos hacen, 
el libro
 y la resaca de las vivencias de la noche anterior.





Los toros son un gran entretenimiento para mis padres.
Yo reconozco los errores cometidos la noche anterior,
 leo las líneas de un libro que no me interesa 
y reposo la resaca en el sofá.

Anoche mis padres dormían 
mientras yo buscaba la corrida.
Y mañana quizás sea lunes, 
o no. 
Depende del toro, 
depende de las letras de este libro 
que alguien escribió para mí 
y depende de mis padres.

Pero sobre todo depende de mi resaca...



B.S.O.: "Alégrame el día" (Siniestro Total)



miércoles, 8 de mayo de 2013

Respuestas sin preguntas




V se había colado en aquella rueda de prensa. Sin saber bien de qué iba, ni por qué, pero una vez que se acomodó en la silla nadie pareció percatarse de su intromisión. Empezó la rueda de prensa y los medios comenzaron a preguntar por un orden establecido por el moderador que iba señalando con el dedo a personas que habían levantado previamente la mano, y que, tras indicar nombre y medio de comunicación, soltaban el interrogante a la protagonista de todo aquello.

- ¿Se puede decir que este es su proyecto más personal?
- Si. Sin duda estoy un momento clave de mi carrera. Todo lo que me ha pasado en la vida ha hecho que me encontrara en disposición de mostrar al público todo lo que antes estaba guardando. Creo que este nuevo proyecto es más íntimo y maduro, es el más personal, y espero que guste tanto a los que me han seguido siempre como a la gente que no les interesaba previamente y que, espero, ahora pueden encontrar en este trabajo algo diferente que les atraiga.

V se había colado en aquella rueda de prensa porque últimamente, aburrida de pasear por la ciudad sin rumbo, había tomado la muy humana costumbre de acercarse a todos los sitios donde veía que había revuelo, gente acumulada, curiosos. No sabe muy bien cómo se había colado, pero allí estaba, escuchando aquello que no sabía muy bien de qué iba.

- ¿Cree que todo lo que ha pasado en su último año está reflejado en este nuevo trabajo? ¿Cómo afronta su carrera tras los cambios que ha dado su vida estos meses atrás?
- Bien, he indicado previamente que no estábamos aquí para hablar de mi vida privada, perdone. Pero sí, este trabajo es muy personal y, obviamente, está influido por todo lo que pasa en mi vida, y por todo lo que veo a mi alrededor, es inevitable.





V se había colado en aquella rueda de prensa y encontró algo inesperado: Una mesa donde alguien (bastante guapa y amable, por cierto) contestaba cortésmente a todo lo que se le preguntaba, con una sonrisa y con una aparente posesión de la verdad muy curiosa. V pensó que quizás había encontrado el lugar que estaba buscando y las respuestas en aquella rueda de prensa donde se había colado y, superando su enfermiza timidez, se lanzó al vacío y levantó la mano con miedo, dispuesta a preguntar.

- Usted -le indicaron enérgicamente mientras le señalaban con el dedo desde la mesa central.
- ¿Yo?
- Sí, usted, la del suéter violeta.
- Pues mire, quería saber...
- Perdone, sabe usted las reglas ¿Nos dice medio y nombre? Y recuerde que sólo se permite una pregunta por persona, por favor.
- Esto... Medio no tengo... Y mi nombre... Me pueden llamar V.
- ¿Perdone? ¿Usted no debería estar aquí o me lo parece a mí?

Se escuchó un runrún en la sala y V sintió como todo el mundo murmuraba mirándola de reojo. Tuvo miedo del tono de voz de aquella persona que manejaba la rueda de prensa con poder de decir quién y cuándo se puede preguntar. Agachó la cabeza aterrada y pareció emitir un suspiro o una leve disculpa entre dientes mientras comenzaba a agacharse de vuelta a su asiento.

- No se preocupe, haga la pregunta -Intervino la protagonista del acto y su voz amable y la sonrisa que ponía en la distancia parece que daba fuerzas a V para no llegar a asentar su trasero en la silla de vuelta al anonimato y la empujó a recuperar la verticalidad y llenar sus pulmones de aire como paso previo a lanzar la pregunta- Pero, por favor, ¿Cómo te llamas?
- V. Muchas gracias. Me llamo V.
- Encantada V, y la pregunta es...

V se vio en la oportunidad de su vida. Se encontró frente a la posibilidad de obtener todas las respuestas que estaba buscando. O, al menos, poder formular las preguntas. Carraspeó y, sin vencer del todo la timidez pero con un arresto impropio de su personalidad pública, lanzó la pregunta con un pequeño hilo de voz casi inaudible que provocó que tuviera que repetirla por dos veces, con el consiguiente murmullo de los asistentes:

- En una sociedad donde todo está controlado y organizado, ¿Por qué no hay algún sitio donde poder encontrar amigos para mí? ¿No existe ninguna manera o ninguna figura que pueda colmar mi necesidades puntuales de amistad? ¿

Se creó un gran silencio, seguido por alguna risita extemporánea, hasta que el moderador del evento acudió al rescate de la situación.

- Perdone, pero creo que no es el foro adecuado ni lo que nos ha traído aquí hoy preguntas como esas. ¿De verdad está preguntando usted por qué no existen amigos para usted cuando los necesita? ¿Está preguntando si no hay manera de conseguirlos?
- Si, exactamente... No me salían las palabras.
- Bueno, no es el momento...
- Perdona, déjame -interrumpió la protagonista de la rueda de prensa- Si no les importa voy a intentar responder a nuestra querida V.




¿"Nuestra querida V"? ¿Aquella desconocida con tanta atención en torno a ella la estaba llamando “Querida V”?

- ¿Quieres saber si se pueden conseguir o no amigos para ti cuando los necesitas?
- Si.
- Existen, mi querida V, y se llaman acompañantes. Se trata de un servicio generalmente usado más por los hombres que por las mujeres, pero puede buscar un acompañante y pagarlo cuando quieras. Mismamente, en casi cualquier diario encontrarás muchas opciones.
- ¿Por qué no existen personas a las que pueda contar mis penas cuando lo necesite?
Existen, mi querida V, y se llaman psicólogos. Y más baratos que los psicólogos, se llaman barmans.
- ¿Personas que me puedan indicar hacia dónde va mi vida? ¿Para qué estamos aquí?
- Bueno, esa es más compleja, pero en resumen, para lo primero están los orientadores sociolaborales y para lo segundo, curas o consejeros espirituales.


El silencio y el estupor se habían apoderado de todos los presentes en aquella rueda de prensa. Ni siquiera el moderador, seguramente curtido en mil batallas, parecía saber reaccionar ante aquello y su expresión facial parecía más de un fan obnubilado ante V y su presencia, que la de alguien que debe controlar una rueda de prensa.

Se había generado una situación muy cinematográfica en la cual, dos personas a cierta distancia, se miran intensamente, en silencio, ajenas a todo lo que pasa a su alrededor. Y a su alrededor, el silencio fue tornándose en murmullo, luego en algarada, hasta que el moderador reaccionó buscando la siguiente pregunta entre los asistentes. 

Antes de que nadie volviera a levantarse, la protagonista del acto (V no, la interrogada) se excusó diciendo que había sido un placer, pero que le requerían más compromisos y que el acto había terminado. Se levantó del escenario y, sin dejar de mirar a V, salió por un lado de la sala con un gesto casi imperceptible que V interpretó claramente como una invitación a que la siguiera.

En instantes, la escena cambió, y las dos se encontraron en el asiento trasero de un lujoso coche en marcha, con cristales tintados.

- ¿Quieres tomar algo?
- Agua, sólo agua, por favor.
- Pues yo necesito algo más fuerte -dijo ella mientras le acercaba un botellín de agua a V.
- Para mí el agua es lo suficientemente fuerte.
- ¿No bebes?
- No debo.
- ¿No debes?
- No bebo.

El coche marchaba a gran velocidad, aunque V sólo lo intuía por lo rápido que pasaban las cosas tras el cristal ya que la estabilidad y la comodidad de aquella parte de atrás con nevera y totalmente aislada del conductor, no lo indicaban de ninguna manera. No se preguntó nada. No era el momento. No sabía nada y nadie le había dado opción a preguntar. Pegó un trago de la botella que acabó con más de la mitad del agua de un tirón.


- Nadie nos dijo que iba a ser así, ¿Verdad?
- ¿Cuándo?
- Cuando eres pequeña, o luego, no te avisan.
- ¿No te avisan de qué?
- De que todo esto iba a ser así.
- No, no nos avisaron.
- No nos dieron un jodido manual de instrucciones.
- No sabíamos que podríamos llegar a necesitarlo.
- Quizás no. Y quizás no lo hubiéramos leído nunca, pero por lo menos sabríamos hoy que lo tuvimos y no le hicimos caso.
- No nos dieron manual de instrucciones.
- No nos avisaron que esto sería así.


V volvió a pegar un trago al botellín de agua y la acabó. En otras ocasiones pensaría cómo en dos tragos había acabado con ella y eso le haría pensar muchísimas cosas y estaría entretenida con aquel pensamiento un buen rato, pero en aquel momento y en aquellas circunstancias, no sabía si no pensaba porque no podía pensar o si, simplemente, le había desbordado la situación hasta desparramar sus pensamientos. Estaba pensando.


- Tú no sabes quién soy yo, ¿Verdad?
- No -respondió V extrañada.
- Da igual, yo tampoco sé quién eres tú, aunque eso es más lógico.
- ¿Sí?
- Si. Pero no es importante.
- Ya sé que no soy importante.
- No quería decir eso.
- Da igual.
- ¿No vas a preguntarme nada más?
- No.
- Yo nunca he preguntado demasiado. Hasta ahora. Siempre he tenido miedo a las respuestas. 
- Yo tengo miedo a las preguntas y no conozco las respuestas.
- Las respuestas están en las preguntas. Por eso me dan miedo las preguntas.
- ¿Nunca habías querido preguntar por miedo a las respuestas?
- Me acabas de hacer una pregunta...
- Lo siento...
- No te preocupes, me gusta. Me ha gustado mucho lo que has hecho hoy, allí, en la rueda de prensa. Y quiero compartir algo contigo.



Paró el coche y V fue invitada a bajar. Bajó el chófer, que era una chica negra con uniforme y gorra al estilo de Oteliña, aquella que tuvo Cela y que se hizo famosa por un anuncio donde el nobel gallego la instaba a comer porque estaba muy flaca. Puso un papel en la mano izquierda de V y, mirándola a los ojos, le dijo que ahí estaban las respuestas, lo único que debía saber. Que su jefa había sido educada en un modelo de sociedad falocéntrica, como todos, y lejos de considerarlo un problema, lo había convertido en una gran virtud que la ayudó a comprender todo. La falsa Oteliña cerró la mano de V sobre el papel y volvió a subir al coche. En ese momento se bajó el cristal de la ventanilla de atrás:

- Eso es lo único que necesitas saber. No busques respuestas. No te hagas preguntas. No me hagas mucho caso.

El coche arrancó dejando una gran polvareda tras de sí en otra escena puramente cinematográfica. V miró a su alrededor y no reconoció aquel lugar. Pero lo urgente era leer el papel que tenía en su mano izquierda. Una frase, sólo ocho palabras:



V sonrió y tuvo ganas de gritar y preguntar al viento, pero recordó lo de guardarse las respuestas para sí misma y no formular preguntas. Pero a partir de ese día, todo cambió, y V siempre supo que viviría una gran duda en su interior: 

¿Qué hacer si el malo y la chica son la misma persona?

Pero aprendería a vivir con ello...







B.S.O.: "Mata al malo y pilla a la chica" (Siniestro Total)






martes, 9 de abril de 2013

El cuento de la niña que no quería ser Sonny Crockett


Érase una vez,

Un niño y una niña que eran muy amiguitos y que siempre estaban juntos. Y aquellos niños, vivían en un tiempo en el que todos querían ser Sonny Crockett, aunque ella, siempre diferente, quería ser el negro.

Eran inseparables desde pequeñitos, pero fueron creciendo y un día, el niño dejó de querer ser nadie mientras que ella iba cambiando de modelo constantemente. Se cansaron el uno del otro y se separaron para siempre, sabiendo que si volvían a encontrarse, él nunca la reconocería porque ella sería otro.

Pasaron los años y el niño se iba aburriendo de no querer ser nadie y de no ser siquiera él. La niña, por el contrario, cada vez cambiaba más de ser otros. Tanto que su familia decía que ella se había perdido de querer ser tantos otros diferentes y que ya hacía mucho tiempo que no sabían ni quién era porque no habían vuelto a reconocerla.

Así pues, como en tantos otros cuentos, los dos amiguitos de la infancia se habían separado inevitablemente y no había nada ni nadie que pudiera volver a reunirlos...




Pero como en tantos otros cuentos que nos contaron de pequeñitos, el niño, convertido ya en el apuesto príncipe, héroe o aventurero de turno, recordó a su amiguita de la infancia y decidió emprender una cruzada llena vicisitudes y de actos de arrojo y valor, que no caben aquí porque no nos patrocina Disney (aún), que la acabarían llevando hasta ella y, tras muchos encuentros en los que no la reconocería, miraría en el fondo de su corazón y acabaría conectando con aquella amiguita de la infancia que, de repente también lo reconocería a él.

Pero como Disney no nos patrocina (aún) y los trajes de Sonny Crockett pueden volver a ponerse de moda el día menos pensado, el niño, ya convertido en un héroe legendario, lejos de mostrar ternura y salvar a su amiguita de la infancia, ya convertida en una DJ yonki gafapasta y referente de la cultura underground de la ciudad donde había regresado tras, según ella, triunfar por todo el mundo siendo otros, le propinó una bofetada porque se sintió mal al ver que le trataba como una mierda después de todo lo que había pasado para encontrarla, y que no tenía la menor posibilidad de acostarse con ella porque le miraba como un inculto leñador rudo y fuera de lugar en su ambiente de superior nivel cultural e infinitamente más moderno. 

Deprimido y derrotado, nuestro héroe de manos largas e instintos primarios volvió al lugar donde los dos iniciaban sus aventuras cuando eran pequeñitos e inseparables. Pero como Disney no nos patrocina (aún), aquel lugar se había convertido en el picadero de su ciudad y tras tropezar con algún coche que se movía y emitía ruidos rítmicos, y aguantar el improperio de alguno de los habitantes de aquellos vehículos, se asomó al borde de la ladera donde todo empezó y descubrió que habían puesto un aparato para observar las vistas.

Tras unos segundos de duda entre si mirar por el aparatito o asomarse con sigilo a ver qué hacían en el interior de alguno de los coches, optó por la primera opción ya que el euro a introducir por la ranura que lo activaba era menos que los quince que le acababa de pedir otra antigua amiga de la infancia que andaba por allí por meterse su pequeño guerrero de poderosa cabeza rosada en su boca o los treinta por algo más que no acabó de entender bien pero que no detallaremos ya que aunque no nos patrocine Disney (aún), tenemos pudor en reflejar en este cuento ciertas expresiones.

Y tras echar el euro, comprobó como el tomavistas de aquella colina ofrecía una maravillosa imagen de la ciudad. Enfocaba perfectamente la discoteca de verano donde se vieron por última vez. Observó con detenimiento, pero no se vio. A ella la distinguió allí siendo otro. Verano tras verano. Se dio la vuelta y decidió bajar de la colina rumbo a la ciudad. Sin pasar por la discoteca. Sin buscarla. Quizás fuera mejor así.

A la mañana siguiente se compró un traje de Sonny Crockett, se lo puso y se sentó en un parque esperando que volviera a ponerse de moda para ser el primero en acercarse a su antigua amiguita y demostrarle que volvía a estar en la onda.

Quizás así, si la cogía un poco puesta, podría tirársela...

Y años después, cuanto contara esta historia a sus nietos, convenientemente almibarada, les confesaría que él también quiso ser Sonny Crockett, pero que tuvo una amiga que quería ser el negro. 

Y comieron perdices y vivieron felices, aunque Disney no patrocine esta historia...

(Aún)





Nota del traductor: 
Este cuento no está basado en hechos reales. Aunque sí está basado en ciertas leyendas, como todos los cuentos... Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia y no se ha maltratado a ningún animal en su elaboración. El autor afirma sin vergüenza que, a pesar de todo, nunca quiso ser Sonny Crockett. En las últimas declaraciones que se le atribuyen afirmaba haber querido ser Punky Brewster. Pero esa ya, amiguitas y amiguitos, es otra historia...

Y no sabemos si Disney querrá patrocinarla (Aún)




B.S.O.: "Miami Vice Theme" (Siniestro Total)

martes, 5 de febrero de 2013

La inquietante conexión entre el “Te quiero” mal dicho y el polvo mal echado.





Te quiero porque creo que entiendes como soy. 
Te quiero porque a ti te puedo contar lo que a nadie le puedo contar. 
Porque puedo sentir que mi vida a tu lado cobrará sentido y dejará de ser vacía. 
Te quiero porque me preguntaste cuántos años tenía cuando murió mi padre 
y eso nadie me lo había preguntado jamás. 
Te quiero tanto que me gustaría…”

(“Tu vida en 65'”, María Ripoll, basada en la obra de teatro homónima de Albert Espinosa, 2006)




      4.35 AM. Interior Noche.


He tenido que dejar de mandar mails porque me aterraba el momento en el que, después de desarrollar todo el mensaje, de escribir todo lo que tenía pensado decir, revisarlo y quedar más o menos conforme (nunca se queda conforme uno), le daba a enviar y me avisaba que el mensaje no tenía asunto. Nunca supe qué asunto poner en los mails. He optado por tomar la decisión menos dolorosa: Dejar de escribir mails para no tener que pensar un asunto que ponerles. Etiquetar o titular el mensaje es más de lo que podría asumir nunca, y es lo que me pedía el servidor de correo cuando le daba a enviar. Su mensaje no tiene asunto ¿Quiere ponerlo ahora? También podría haber optado por seguir mandando mails sin asunto, pero ¿Quién los leería? ¿Leerías tú un mail que no llevara asunto?


Creo que no


Soy la única persona que conozco que consume porno adyacente. Lo consumo compulsivamente. Tengo un archivo ingente de porno. Soy la única persona que conozco que consume porno adyacente. El porno que está entre las escenas que todo el mundo ve. La conversación forzada, la situación extrañamente patética o ridícula que conduce al mete y saca, las palabras previas a la mamada de turno, la excusa que termina en trío... Consumo vorazmente la parte de las películas porno que todo el mundo pasa adelante para llegar a lo que les interesa realmente. Yo lo hago al contrario. Alguna vez reviso las escenas sexuales por si hay algún tipo de comentario u ocurre algo más allá del folleteo. Así soy de adyacente. Así me gusta el porno. Así voy tirando.





5.32 AM.  Interior. Primeras luces del alba.


Te juro que es la primera vez que me pasa

¿El qué? 
¿Que no se te levanta 
o que me has dicho “te quiero” 
sin que tuvieras que decírmelo?
 No me importa, no te preocupes


¿El qué? 
¿Que no se me levante
 o que te he dicho “te quiero” 
sin que tú quieras que te lo diga?


No me quieres, déjalo...


No se me levanta, déjalo...




Fin del capítulo






"Y esos hombres que tú admiras
que parecen visigodos
mucho músculo, poco cerebro
y luego lloran como todos
(Te quiero, Siniestro Total)




B.S.O. I: Sexo Chungo (Siniestro Total)
B.S.O. II: Sexo Chungo II (Siniestro Total)
B.S.O. III: Te quiero (Siniestro Total)




martes, 13 de noviembre de 2012

Microrrelatos sin pudor (Volumen 29): La historia de un tipo triste cualquiera



Érase una vez un tipo triste cualquiera.

Un tipo como tú o como ese en el que estás pensando. 
Como tantos otros. 

Aparentemente, su vida era buena y habitual. 
Su deambular por el mundo era intachable y nadie se atrevería a decirle lo contrario. 

Pero este tipo triste cualquiera, vivía una típica vida triste cualquiera que le hacía comprar pecados en los Todo a 100 chinos porque los de las grandes superficies le parecían muy caros y elegantes.

Día a día, el tipo triste cualquiera se creía feliz con su vida de saldo, porque comprar pecados en los Todo a 100 chinos no estaba mal, y casi todo el mundo lo hacía aunque nadie lo contaba. 

Mes a mes, año a año, el tipo triste cualquiera vivía su aparente vida buena y habitual.

Hasta que llegó un buen día que fue a comprar su pecadillo habitual al Todo a 100 chino de debajo de su casa y se enteró que ya no quedaban y que no los iban a traer mal.

Asustado se marchó y se dio cuenta que ya era tarde para todo y que no volvería a pecar.
Ni siquiera de saldo.
Y pensó que daba igual.

A fin de cuentas, él solo era un tipo triste cualquiera. 







B.S.O.:Oh, qué raro soy” (Siniestro Total)

jueves, 18 de octubre de 2012

Te buscaba en todas y no sabía que eras tú






Desde muy pequeñito comprendí que soy de ese tipo de personas afortunadas que han nacido para trabajar en Playboy.

Afortunado por trabajar en Playboy, pero escritor de sus artículos, de los textos que acompañan a las fotos y que nadie lee. Ni siquiera podría asistir a las sesiones fotográficas con las guapas de turno porque yo sólo tendría que escribir los textos. A los fotógrafos les gusta trabajar solos.

Admiraría al fotógrafo, como es lógico, envidiaría a los que maquillan a las chicas, incluso al que compra la revista y se mete de lleno en los reportajes con fotos de guapas desnudas.




Yo trabajaría en Playboy pero sería una persona ajena a las tetas y demás estímulos característicos de la publicación.

Hablaría con grandilocuencia de lo que hago para ganarme la vida, como es norma habitual en la sociedad en la que vivimos, pero evitaría dar muchos detalles, para que nadie supiera de mi frustración.

Frustración de no encontrarme solo frente a las modelos y actrices que pasaran por la revista.
Frustración de intentar llevarme a tantas a la cama y no conseguirlo.
Frustración de llevarme a menos a la cama y follar buscándote en todos los cuerpos, todos los sabores, todos los olores.


Y creo que estaría bien así. No podría estar viendo tetas constantemente y preguntándome ¿Dónde estás? 

Ya es duro que me pase simplemente al enfrentarme al folio en blanco…






Postdata de actualidad:
Hoy ha fallecido Sylvia Kristel. Emmanuelle, la gran Emmanuelle. Con ella han muerto muchas de las cosas que mataron a mi infancia. Hoy me he sentido un poco viudo.

Se fue la mujer que nos enseñó por primera vez que se puede follar a miles de kilómetros del suelo.




Se fue la mujer que hizo que cada vez que veo un sofá de mimbre sufra una terrible erección. 
Aunque sólo sea por imaginarte a ti sentada en él…



B.S.O. I: ¿Dónde estás? (Jaime Urrutia y amigos)
B.S.O. II: Emmanuelle negra en el valle de los zombis (Siniestro Total)


martes, 8 de mayo de 2012

Obsesiones y Parafilias (Volumen 13): Vidas lejanas, raíces y narices




B.S.O. : "Todo por la napia" (Siniestro Total)



Siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias. Aquella mañana me había despertado tarde, como tantas veces, pero con malas noticias, como tantas otras...

Esa mañana las noticias estaban lejos, muy lejos. Las noticias estaban donde pasé los primeros años de mi vida, donde tengo las raíces. 

Donde dicen que se tienen las raíces, porque yo no he dejado de regarme por todo el mundo. Y las raíces no me han anclado a ninguna tierra y a ningún sitio concreto. Por eso me sienta tan mal que corra el viento, aunque se flexible como el junco y no tieso como el ciprés que diría el Talmud.

Por eso, aunque siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias, me sentí obligado a hacerlo. No miré atrás. Sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad.

Esa mañana llegaron las noticias y tuve que salir corriendo. Me dijeron que ya no había vuelta atrás, que había muerto y no me lo habían querido decir hasta entonces. Me enfadé. De esa manera que alguien se enfada para tapar algún sentimiento que le oprime. Sin sentido, por hacer algo diferente y no dejarme caer en la emoción. Me enfadé por no haber sido avisado con tiempo.

Debería haberlo sabido, pero por mí mismo, no porque me avisaran antes o después. El enfado no tenía sentido y no era justo. La urgencia me comía y tenía que salir corriendo.

Pillé el primer avión que pude, enfadándome nuevamente, esta vez con el aeropuerto, con los fabricantes de maletas que no son estables cuando corres mucho, con quien decide el espacio entre asientos en los aviones de bajo coste, con las azafatas que insisten en convencerme que en un vuelo tan corto no podía pedir más whiskys pagara lo que pagara...

Nadie de mi familia estaba en el aeropuerto esperándome. Estaban velando el cuerpo y además no sabían cuando llegaba. Volví a enfadarme. Esta vez con los fabricantes de baterías de móviles, con los taxistas que no hacen turnos de noche y con los que, aunque lo hacen, no usan desodorantes y son del Real Madrid...

Enfado tras enfado hasta el cabreo final.



Llegué al tanatorio a tiempo. Al menos eso creía. Allí estaban todas y todos. Sorprendidos por verme. Y volví a enfadarme. Por su sorpresa, por sus palabras vacías, por sus abrazos lacrimógenos, por ese interés que tenían todos en contarme los bueno que era y la desgracia que es que siempre se vayan los mejores y además, de que se vayan tan jóvenes.

Me enfadé porque me estaban haciendo perder el tiempo. Quería verlo. 

- ¿Estás seguro?
- Claro, he venido a eso.
- No es agradable.
- Ya supongo...

Entré en la sala. El ataúd estaba cerrado. Llevaba horas cerrado allí y la gente estaba en el pasillo. Nadie pasaba a verlo, no se atrevían. Pero en cuanto yo entré, la mayoría se acercó al cristal para ver cómo me acercaba a abrir el ataúd y ver qué coño hacía allí, sin parar, tras llegar totalmente acelerado y visiblemente enfadado y sudoroso.

No era agradable, no. Pero no había vuelta atrás. Llevaba puesto un traje precioso, como de boda de un hijo. Aunque nunca vio casarse a ninguno de ellos, parece que guardara ese traje para una ocasión especial, y esa, sin duda lo era. Pero nadie quería verlo, aunque estuviera muy elegante.

Busqué en sus manos, entrelazadas sobre el pecho, pero no había nada. Las separé y miré bien en sus mangas. Nada. Los bolsillos exteriores de la chaqueta no tenían más que alguna estampa religiosa y una poesía que no quise leer, y un par de botones seguramente recuerdo de alguien que no quise saber qué significaba ni quién era.

Ahora sí que me estaba enfadando de verdad. 

Me estaba enfadando con ganas y con razón.

Me enfadaba cada vez más recordando cuando me sentí obligado a vivir muy lejos. Recordando cuando no miré atrás porque sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. En ese momento que supe que vivir muy lejos tendría consecuencias, pero que tendría que haber tenido la cabeza más fría y haber cogido todo lo que me pertenecía antes de partir.

Y si no cogí todo lo que me pertenecía, al menos tendría que haber recuperado lo que era mío e iba a necesitar para el resto de mi vida, porque podía pasar algo como aquello. Y había pasado y ahora no había vuelta atrás. Tenía que encontrarla como fuera.

Desabroché la chaqueta y empecé a rebuscar enfadado y nervioso en los bolsillos interiores. 

- Pero ¡Qué coño estás haciendo!
- Déjame, estoy buscando una cosa.
- No tienes respeto ninguno.
- Nunca lo he tenido, lo sabes...

La cosa empezaba a ponerse difícil. 

Yo estaba cada vez más enfadado, y la gente que andaba por allí se estaba empezando a enfadar, pero conmigo, simplemente por buscar lo que era mío y necesitaba.

- ¿Crees que puedes venir aquí, a estas horas, abrir el ataúd y ponerte a revolver sin el menor respeto? 
- Lo estoy haciendo, ¿No lo ves? Además, no creo que le esté faltando el respeto a nadie.
- Mira la gente. Está impresionada. Están asustados. No tiene ni idea de lo que pretendes, nadie ha querido ni ha podido ver el cuerpo… ¿A ti no te impresiona?
- Por supuesto, y me está costando… Pero dejadme tranquilo, necesito una cosa.
- ¿Qué cosa? ¿No te puedes estar quieto?
- Voy a coger lo que es mío. Y lo voy a coger ahora, dejadme tranquilo.
- ¡Dios! Esto no hay quién lo soporte… Voy a llamar a todos para que te detengan y te estés quieto.
- ¡¡¡Déjame!!! Estoy buscando y como sigas así no voy a terminar nunca, ¡Joder!

Ahora ya estaba completamente enfadado. 

Con todos esos que se estaban arremolinando en torno al cuerpo para importunarme y conmigo mismo por no encontrarla. Y más aún, por no haber cogido en su momento todo lo que me pertenecía, al menos haber recuperado lo que era mío e iba a necesitar para el resto de mi vida, porque podía pasar algo como aquello que había pasado. Tenía que haberlo hecho cuando me sentí obligado a vivir muy lejos y me fui sin miré atrás porque sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. Y ahora, las consecuencias que siempre supe que vivir muy lejos tendría, estaban encima de mi, y estaban empezando a ser cada vez peores por la incomprensión de todos los que allí estaban y se estaban enfadando por lo que estaba haciendo. Tenía que encontrarla como fuera.

- ¡¡¡Ya está bien!!! Estate quieto ya, por las buenas o por las malas, no nos hagas montar un escándalo… Hoy no. Aquí no. Ahora no.

Me agarraron y me separaron del ataúd. Quise revolverme pero me enfadé aún más y eso me tranquilizó y respiré…

- Sólo vengo a por lo que es mío.
- ¿Nos vas a decir qué es lo que buscas más allá de montar un escándalo en el tanatorio?
- Eso es mi problema. Pero he venido de muy lejos a por ella y no me pienso ir sin recuperarla. Es mía, sólo mía…

Se hizo el silencio. Y empezaron a hablar todos a gritos. Sólo entendía una cosa: “Está muy feo venir aquí después de tanto tiempo por tu interés a buscar cosas que quizás no sean tuyas, habrá que esperar al testamento”.

Ahí ya me encendí. No pude más:

- Me da igual testamentos y herencias: Lo que es mío, es mío, y lo pienso recuperar ahora mismo. Son muchos años esperando.
- Podrías esperar que se enfriara el cadáver…
- Al cadáver ya le da igual.
- No te entendemos. Esperábamos que ibas a tener cara como para ponerte a pelear por la herencia, pero no así…
- No pienso pelear por la herencia. Sólo quiero lo que es mío…
- Como todos.
- No. Yo sólo quiero lo que es mío. La herencia os la podéis repartir como os plazca. 
- Es lo que pensábamos hacer. No queremos saber nada de ti, como tú no has querido saber nada de nadie estos años…

Me volví a enfadar. Quizás, simplemente el enfado subió de intensidad, porque no había dejado de estarlo desde mucho tiempo atrás, pero me estaba alterando demasiado.

- ¡¡¡Iros todos a tomar por culo!!! 
- Tranquilo… Estate tranquilo, no la montes, por favor…
- Dejadme que la encuentre y me iré enseguida…

No pude decir más. 

Algo me pinchó en el brazo y lo siguiente que recuerdo es verme en las sillas del tanatorio con todo casi desierto. Había gente alrededor pero parece que velaban a otro muerto. Me dolía terriblemente la cabeza. Supuse que me habían drogado. Recordaba una enfermera pululando por allí momentos antes de perder la conciencia, mirándome como si escondiera algo. No podía respirar. Como siempre.

Y esa asfixia me recordó que siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias. Que nada tendría que ver con las raíces, donde dicen que se tienen las raíces. Me asfixiaba por no haber mirado atrás, aunque supiera que si hubiese mirado, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. 

Pero podría respirar.



Pensé buscar un abogado, presentar una demanda. Luchar por la herencia, aunque no me interesara más que lo que era mío. “Como a todos” me diría mi letrado y me prometería un buen reparto. Pero yo sólo quería lo que era realmente mío. Lo que dejé atrás y no me llevé conmigo.

Quería mi nariz. 

Aquella que me robó cuando era niño y que nunca había podido recuperar. 

Quería volver a respirar y dejar de asfixiarme.

Quería…

Entonces, y sólo entonces, me di cuenta: Estaba respirando. No había recuperado mi nariz, eso era seguro, pero estaba respirando por primera vez en mucho tiempo.

Quizás volver por allí me hizo recobrar la nariz sin que yo lo supiera, porque no estaba asfixiado como solía. 

Como me ocurría desde que salí a vivir muy lejos.

A lo mejor mi nariz se quedó en un bolsillo interior de aquel elegante traje mortuorio y no la recuperaría nunca, pero volvía a respirar.

Por eso, aunque siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias, me di cuenta que volver a intentar recuperar aquella nariz robada en mi infancia, en la última oportunidad que tenía de hacerlo fue una buena idea. No miré atrás. Sabía que si miraba, seguramente me hubiera quedado. Y si me hubiera quedado, mis sueños nunca se hubieran convertido en realidad. 

Aunque tuviera que vivir una vida sin sueños ni nariz... 

Porque, precisamente, el no tener sueños ni nariz era una certeza bastante más real que todo lo que me había pasado en aquella vida desde entonces...


Siempre supe que vivir muy lejos tendría consecuencias…




B.S.O. (II): "Mi nariz" (Andrés Calamaro & Andy Chango)




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